BUENA GUARDA, Comedia, LA
DATOS BIBLIOGRÁFICOS
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Título: BUENA GUARDA, Comedia, LA. Procedencia: Parte 15 (1621); P2; final Acto III, tachado; licencias de representación que aparecen en el autógrafo
Título: ENCOMIENDA BIEN GUARDADA, Comedia, LA. Procedencia: Autógrafo; Copia del s. XIX; final Acto III, tras tachar el otro título; licencias de representación que aparecen en el autógrafo
Observación: En los versos finales del autógrafo ponía "Félix.- Aquí, para ejemplo, acaba, / como verdadera historia, / Senado, La Buena Guarda." (está tachado y puesto "La encomienda bien guardada")
Autoría
Autor: Félix Lope de Vega y Carpio. Fiabilidad: De autoría fiable
Peregrino
Citado en El peregrino I: No
Citado en El peregrino II: Sí
Parte
Parte XV (1621)
Manuscrito
Tipo: Autógrafo
Localización: Madrid, Biblioteca Nacional (España)
Ref. bibliográfica: M. Presotto: Le commedie autografe di Lope de Vega. Catalogo e studio. Kassel, Edición Reichenberger, 2000. 221.
Nota: Signatura: Ms. Vitr. 7-16. Manuscrito autógrafo firmado en Madrid a 16 de abril de 1610
Tipo: Copia
Localización: Madrid, Biblioteca Municipal (España)
Ref. bibliográfica: M. Presotto: Le commedie autografe di Lope de Vega. Catalogo e studio. Kassel, Edición Reichenberger, 2000. 225.
Nota: Signatura: 2171-8. Copia del autógrafo realizada en 1837.
Otras ediciones del siglo XVII
No consta
Colecciones modernas
*Ref. bibliográfica: VVAA: Teatro Español del Siglo de Oro (Base de datos de texto completo publicada en CD-ROM). ProQuest LLC, Chadwyck-Healey, 1997.
Ref. bibliográfica: Menéndez Pelayo, M., ed.: Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española. ( 15 vols.). Madrid, RAE, 1890-1913. V (BAE, CLXXXVII).
Ref. bibliográfica: Lope de Vega: Obras escogidas (Estudio preliminar... de Federico C. Sainz de Robles). Madrid, Aguilar, 3 vols., I-1946;II-1955;III-1958. III.
Ref. bibliográfica: E. Hartzenbusch: Comedias escogidas de Lope de Vega. (4 volúmenes) (Integradas en la Biblioteca de Autores Españoles, vols. XXIV, XXXIV, XLI y LII. 4 volúmenes). Madrid, Rivadeneyra (BAE), 1853, 1855, 1857, 1860. III (BAE, XLI).
* Edición utilizada
Ediciones singulares modernas
- La buena guarda, ed de Gasparetti, Antonio, Lanciano, Carabba, 1939
- La buena guarda, ed de Díez y Giménez Castellanos, Pilar, Zaragoza, Ebro, 1964
Nota: Sigue el ms. autógrafo. Colección Biblioteca Clásica Ebro;102. Serie Teatro; 42.
- La buena guarda, ed de Artigas, María del Carmen, Madrid, Verbum, 2003
Nota: Ed. de la tesis doctoral Edición crítica y anotada de La buena guarda de Lope de Vega presentada en la Universidad de Virginia, y publicada anteriormente de forma facsimilar (Michigan: Ann Arbor, 1990).
Versiones y traducciones
- LA FEDELE CUSTODE, trad. de Gasparetti, A., Catania, Edizioni paoline, 1964
Nota: Traducción al italiano.
- DIE TREUE HÜTERIN, trad. de Wurzbach, Wolfgang, Viena, Anton Schroll, 1925
Nota: Traducción al alemán.
Bibliografía secundaria
- Aranda, Maria. "Comedias de santos: le transgresseur face à ses répondants divins. 3. La buena guarda". Aranda, Maria. Le galant et son double. Toulouse: Presses Universitaires du Mirail. 1995. p. 246-260.
- Artigas, María del Carmen. Edición crítica y anotada de La buena guarda de Lope de Vega. University of Virginia. 1990.
- Artigas, María del Carmen. "La unión de los opuestos en Clara, el personaje femenino de La buena guarda de Lope y su similitud con el mito clásico de Démeter-Perséfone ". Revista de estudios hispánicos. núm. 22. p. 53-58. 1995.
- Artigas, María del Carmen. "'La mancha en la sangre versus la mancha en el alma' en La buena guarda de Lope de Vega". Romance Notes. núm. 32, 2. p. 127-132. 1991.
- Artigas, María del Carmen. "El mito del paraíso en La buena guarda (1610) de Lope de Vega". Explicacion de Textos Literarios. núm. 19, 2. p. 29-36. 1990-1991.
- Canning, Elaine. "Identity and the Refashioning of Role in La buena guarda: the cases of Carrizo and Félix ". Bulletin of Spanish Studies: Hispanic Studies and Research on Spain, Portugal and Latin America. núm. 84, 7. p. 859-870. 2007.
- Gómez, Jesús. "Discontinuidades y contradicciones en los personajes de la comedia". Bulletin of Hispanic Studies. núm. 83, 1. p. 27-43. 2006.
- Lázaro Carreter, Fernando. "Cristo, pastor robado: las escenas sacras de La buena guarda ". Kossoff, A. David; Amor y Vázquez, José. Homenaje a William L. Fichter. Estudios sobre el teatro antiguo hispánico y otros ensayos . Madrid: Castalia. 1971. p. 413-427.
- McGrady, Donald. "Alfonso X: Fuente de La buena guarda de Lope de Vega". Bulletin of Hispanic Studies. núm. 88, 7. p. 719–726. 2011.
- Rees, Margaret A.. "La buena guarda de Lope de Vega y "Félix Culpa": una fusión del mundo medieval y del renacimiento". Blasco Pascual, Francisco Javier; de la Fuente Ballesteros, Ricardo; Caldera, Ermanno; Álvarez Barrientos, Joaquín. La comedia de magia y de santos . Madrid: Júcar. 1992. p. 97-106.
ANOTACIONES PRAGMÁTICAS
Ver / Ocultar secciónDatación
Fecha: 1610
Ref. bibliográfica: M. Presotto: Le commedie autografe di Lope de Vega. Catalogo e studio. Kassel, Edición Reichenberger, 2000. 221.
Nota: Ms. Aut. B.N. (Madrid). Fechado a 16 de abril de 1610.
Dedicatorias
Dirigida a don Juan de Arguijo, veinticuatro de Sevilla
Cómputo de versos
Número: 2896
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 62.
CARACTERIZACIONES
Ver / Ocultar secciónPersonajes no computables
Personajes computables
Universo social
Tiempo histórico
Tiempo indeterminado
Marco espacial
Acto 1
Topónimo: Ciudad Rodrigo. [España]. Europa. Espacio: exterior de un oratorio de doncellas; interior de la casa del padre de doña Clara.
Acto 2
Topónimo: Ciudad Rodrigo. [España]. Europa. Espacio: exterior del oratorio de doncellas; calle de la ciudad; prado a las afueras de la ciudad; interior del oratorio de doncellas; hospedaje a las afueras de la ciudad.
Acto 3
Topónimo: Coll de Balaguer. [España]. Europa. Espacio: cerca de la orilla del mar.
Topónimo: Ribera. Río Tajo. [España / Portugal]. Europa. Espacio: prado cerca del río; aldea.
Topónimo: Ciudad Rodrigo. [España]. Europa. Espacio: interior de un oratorio de doncellas; exterior de un oratorio de doncellas.
Duración
Acto 1: Número indeterminado de días
Acto 2: Número indeterminado de días. Nota: La acción comienza durante la noche del mismo día en el que transcurre el final del acto primero y se extiende a lo largo de varios días más.
Entreacto 2 a 3: 3 años
Acto 3: Número indeterminado de días
Género
Género principal:
- Drama > historial > religioso > hagiográfico y leyenda.
Extracto argumental
Acto 1
Es mediodía en Ciudad Rodrigo. Una pareja de damas, Leonarda y Luisa, y otra de galanes, don Juan y don Luis, acuden tardíamente a misa a un oratorio de doncellas. Las dos jóvenes son recriminadas satíricamente por el hermano Carrizo, a causa de su aspecto, poco adecuado para el lugar y la situación. Ofendidos por la riña, los visitantes se marchan, dejando solo al sacristán. Pronto vemos que el rigor de éste no es tan grave como aparenta, pues al oír la música y cantos del Carnaval que provienen de la calle, los pies de Carrizo apenas pueden resistirse al baile. A punto está de unirse a la algarabía cuando aparece el mayordomo Félix, enviado por doña Clara, dama joven que vive retirada en el oratorio, para recordarle al sacristán la orden de hacer un monumento nuevo para el lugar. Aunque Carrizo no le presta mucha atención, distraído con los cantares, finalmente ambos determinan verse a las dos en la portería del oratorio, donde Félix hablará con doña Clara.
Ido el sacristán, el mayordomo comienza a lamentarse por su desdicha, pues ama secretamente a doña Clara, "madre" del lugar. Al verlo tan triste, doña Clara comienza a interrogarlo acerca de la causa, hecho que lleva al joven a confesarle su amor. Creyendo que el suceso es obra del demonio, doña Clara se retira a hacer penitencia, mientras Félix, desesperado, determina reprimir sus sentimientos.
En casa de don Pedro, padre de doña Clara, el viejo concierta con Ricardo el casamiento de su otra hija, doña Elena, con un galán de nombre don Carlos a quien su viejo amigo representa. Llega en ese momento el propio don Carlos y, al ver a tan gallardo joven, don Pedro determina darle la mano de su hija, si bien le pide que lo mantenga en secreto de momento para evitar dar que hablar a sus enemigos. La noticia, sin embargo, no alegra a la futura esposa que confiesa sentir envidia de la posición de su hermana doña Clara. La conversación queda interrumpida con la llegada de Carrizo, que trae unos presentes a la familia de parte de doña Clara y también noticias de su buena disciplina y santidad.
Entretanto, Félix ha acudido de nuevo a hablar a doña Clara, temeroso de que pueda estar enfadada con él. Sin embargo, nada más verla, sus sentimientos afloran aún con más fuerza. Asustada, doña Clara le aconseja continuar haciendo penitencia para olvidarla.
Al oratorio también ha acudido don Carlos para entrevistarse con Carrizo. El galán sospecha que su negocio de casamiento con don Pedro puede haberse deteriorado por culpa de algún tercero y, por ello, le pide al sacristán que interceda por él ante Elena llevándole un papel donde le confiesa su amor por ella. Aunque en un primer momento Carrizo se niega, cuatro doblones lo convencen de aceptar la petición, y guarda la carta de don Carlos junto con la correspondencia que doña Clara mantiene con su hermana Elena. Ya frente a doña Clara, Carrizo confunde las cartas y entrega a doña Clara la del galán. Mientras la lee, Félix se presenta ante ella declarándose dispuesto a suicidarse por su amor. Los sentimientos del joven terminan por quebrar la firmeza de doña Clara que, finalmente, confiesa amarlo también. Ambos determinan huir al día siguiente por la noche gracias a la ayuda de Carrizo, convencidos de su colaboración, dada la comprometida carta de don Carlos que poco antes llevaba en su haber.
Acto 2
A medianoche Félix, mientras espera ante las puertas del oratorio a su amada, trata de convencer a Carrizo para que les acompañe en su huida. Aunque el sacristán en un principio no sabe por qué pretenden convertirlo en tercero de sus amores, termina por confesar su contento por poder dejar la sotana dado lo mucho que le gustan las mujeres. Doña Clara aparece entonces, en hábito de seglar dispuesta a huir, pero tremendamente afectada por la culpa. Atormentada por su pecado, antes de irse, pide a la Virgen que cuide de las doncellas acogidas al oratorio, convencida de que "en Vos las dejo buena guarda". Finalmente, el grupo parte. En ese momento, se obra el milagro: se oye la voz de la Virgen dando orden a un ángel de hacerse pasar por doña Clara, ocupando así su lugar y servicio en el oratorio durante su ausencia.
Don Carlos, que ha sido rechazado por doña Elena, confiesa, celoso, a Ginés, su lacayo, sus sospechas de que don Juan ha sido el artífice de la traición de la que ahora promete vengarse. En ese momento, entra un ángel disfrazado de Carrizo, fingiendo traer orden de doña Clara para que don Carlos se presente ante ella. El galán y el lacayo parten hacia el oratorio.
Entretanto, en un verde prado rodeado de hermosas fuentes (según el tópico literario del locus amoenus) los amantes, Félix y Clara, aprovechan la pausa para dedicarse mutuos requiebros. Impulsado por la quietud del lugar, Félix se queda dormido sobre el regazo de su amada. Aparece entonces un pastor que ha abandonado a su rebaño únicamente para encontrar una oveja perdida. El encuentro altera profundamente a Clara, que interpreta el encuentro en clave simbólica, según la imagen de Cristo como pastor ("Parece que el pastor imita a Cristo"), del cual ella sería la oveja perdida; sin embargo, cuando se lo cuenta a Félix, éste trata de tranquilizarla diciéndole que tan sólo ha sido un sueño. La llegada de Carrizo, en hábito de soldado, feliz por la buena vida a la que se ha entregado, interrumpe la soledad de los amantes que, finalmente, deciden partir hacia Toledo.
Entretanto, don Carlos conversa con la fingida doña Clara-ángel acerca de su problema. Tras prometerle interceder a su favor ante don Pedro, consigue que el galán se marche abandonando sus ansias de venganza. Ido el galán, el ángel continúa cumpliendo los servicios de doña Clara en el oratorio con tal devoción y piedad que nadie sospecha del cambio.
Alojados en un hospedaje, Félix, atemorizado por una serie de hechos que apuntan a una intervención divina, confiesa a Carrizo su intención de abandonar a Clara y volver a Italia. Dejándole tan sólo una carta donde le explica el motivo de su huida, el galán parte junto al sacristán. Cuando doña Clara despierta y el huésped le entrega el papel, se arrepiente de haber negado a Cristo por un hombre y decide ir en busca de Dios con la esperanza de que éste la perdone y vuelva a abrirle las puertas a su alma.
Acto 3
Han transcurrido tres años desde que Félix abandonara a Clara en el hospedaje. Tras su huida, había viajado junto con Carrizo por Italia y Francia, pero siempre abatido y atormentado por su pecado, por el que ahora cree merecer la muerte. Por eso, de nuevo en tierras españolas (a poca distancia de Barcelona), con el aspecto mudado por el paso del tiempo "en rostro, barba y vestidos", han decidido regresar a Ciudad Rodrigo. De camino, el antiguo mayordomo confiesa su profundo arrepentimiento por haber abandonado a su amada, mientras Carrizo celebra, contento, el regreso a la patria. De repente, son asaltados por unos bandoleros que les obligan a desnudarse; sin embargo, su aspecto es tan lamentable, que los bandoleros terminan por darles una vieja librea para que se cubran. Finalmente, los viajeros continúan su camino, triste Félix por su desgracia, alegre Carrizo porque así ataviados recibirán buenas limosnas.
Mientras, en una huerta a orillas del Tajo, un viejo villano trata de enseñar a su hijo a hacer injertos; sin embargo, el muchacho, distraído, termina por confesarle a su padre su deseo de casarse con Juana (que es en realidad Clara), una mujer llegada a su quinta tres años antes, que vive desde entonces "como una santa, recogida en una oración perpetua y en ayunos". Tras convencer a su padre, Cosme se encuentra con Juana-Clara que, vestida de labradora, continúa rogándole a Dios su perdón, confiada en su misericordia. Al ver al muchacho, la dama se deshace de él rápidamente. La llegada de unas damas y galanes entretenidos en amorosos requiebros y de dos gentilhombres que tratan de cortejarla hacen creer a Clara que todo es obra del demonio. Por ello, vuelve la vista al cielo suplicando a Dios que la perdone. En ese momento, reaparece ante ella el antiguo pastor, aquél al que había conocido durante su huida con Félix a orillas del Tormes y que tanto la había turbado. Entristecido, el joven pastor le confiesa que continúa buscando su oveja perdida, convencido de que ella no se atreve a regresar por miedo. Ya a solas, Clara interpreta el encuentro como una señal divina de que puede regresar a casa en Ciudad Rodrigo donde pasará el resto de sus días como penitente.
En el oratorio la vida transcurre con absoluta normalidad. Preocupado por los problemas con su yerno don Carlos, perdido entre el juego y las mujeres, don Pedro ha acudido al oratorio para pedir consejo a la que él cree su hija Clara. Tras oír sus penas, el ángel-Clara, ataviado con el hábito de la doncella, promete hablar con el esposo descarriado. Mientras esperan la llegada del joven, acude al oratorio un platero para informar a la fingida doncella de que la custodia encargada ya está terminada. Finalmente, don Carlos aparece y, aunque en un principio niega las acusaciones, al ver que la supuesta doña Clara conoce milagrosamente sus escarceos amorosos con otra joven, termina por confesar, avergonzado y arrepentido, sus pecados y promete no volver a darle disgusto a su esposa. En ese momento, una hortelana viene para avisar a doña Clara de que una de las doncellas que viven retiradas en el oratorio está ahogándose en el estanque. Durante la ausencia de Clara-ángel, don Carlos y Ginés comentan la santidad de doña Clara, cuando regresa la hortelana, admirada por el milagro que acaba de presenciar: la joven ha entrado en el estanque y, sin mojarse el hábito, ha salvado a la muchacha.
En ese mismo momento, la verdadera Clara, todavía en hábito de labradora, llega a las puertas del oratorio donde se encuentra con Ginés y Carlos. Por ellos conoce, horrorizada, que Clara de Lara sigue viviendo en ese lugar; sin embargo, pronto su temor se disipa al ver al ángel. Advertida de lo ocurrido en su ausencia, fruto de la intervención de la Virgen, a la que el ángel se refiere simbólicamente como Buena Guarda, Clara entra en el oratorio para ocupar su lugar, feliz de saber que Dios la ha acogido de nuevo en su seno.
A su llegada a la ciudad, Félix y Carrizo viven la misma experiencia que doña Clara al enterarse por medio del Carrizo fingido de que ni su ausencia ni la de Clara han sido percibidas en el lugar. Totalmente desconcertados, los recién llegados deciden acudir al oratorio, donde la antigua dama, ya en hábito de recogida, intenta aclimatarse a los cambios producidos durante su marcha. Su desconocimiento de los hechos ocurridos en los tres últimos años es interpretado por sus allegados como meros olvidos, fruto de su devoción a Dios. Al verla, Carrizo y Félix están aterrados; es ella la que les da cuenta del milagro sucedido y Félix, arrepentido, decide retirarse para confesar sus culpas.
OBSERVACIONES A LA OBRA
Ver / Ocultar secciónObservación: Fue representada por la compañía de Riquelme. Así se señala en la Parte 15 y en el manuscrito se conservan licencias de representación en Madrid a 16 de junio de 1610, Sevilla 29 de mayo de 1611, Madrid 3 de noviembre de 1612 y 6 de noviembre de 1614. También aparece en el manuscrito los actores que formaban la compañía de Riquelme: Pedro de Callenueva; Catalina Valcacer (esposa de Riquelme); Vivar; Mariana Martínez y Luis de Haro (matrimonio que había pertenecido a la compañía de los Granadinos en 1603); España; Basurto; Olmedo; María de Argüello; Luis de Quiñones; Benito de Castro; Coronel; Jerónima. Pero lo más curioso de esta obra reside en su argumento. En el manuscrito Lope había situado la acción en un monasterio siendo la protagonista una monja. Como aquello pareció indecente a los censores, hubo de cambiarse el monasterio por un Oratorio de doncellas, y de tal manera pasó a la edición de la Parte. El cambio de lugar afectó a la protagonista (que ya no era una monja), a algunos versos y al vestuario que tuvo también que adecuarse a la nueva situación