BURLAS VERAS, Comedia famosa, LAS
DATOS BIBLIOGRÁFICOS
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Título: BURLAS VERAS, Comedia famosa, LAS. Procedencia: Verso final de la Jornada 3; Suelta de la British Library; Suelta de la BMM; título de la ed. crítica de S.L. M. Rosenberg (1912)
Observación: Esta obra es distinta de la titulada también Las burlas veras o El amor invencionero y Española de Florencia, publicada en Escogidas XII (1658), y también en una Suelta de la BMM. Editada por Rosenberg (Filadelfia, 1911). Tanto Rosenberg como MB descartan la autoría de Lope.
Autoría
Autor: Félix Lope de Vega y Carpio. Fiabilidad: De autoría probable
Observación: Morley y Bruerton la ubican en su estudio entre las "Comedias de dudosa o incierta autenticidad", aunque son conscientes que Rosenberg, Rennert y Castro y Ruiz Morcuende no dudaron de su atribución. Al final, en las Tablas cronológicas, la incluyen entre las "Comedias que probablemente son de Lope" (p. 602)
Peregrino
Citado en El peregrino I: No
Citado en El peregrino II: No
Parte
No presente en la colección de Partes de Lope de Vega
Manuscrito
No consta
Otras ediciones del siglo XVII
Título: LAS BURLAS VERAS
Suelta: Suelta (s. l., s. i., s. a.)
Atribución: Lope de Vega
Ref. bibliográfica: Pérez y Pérez, María Cruz: Bibliografía del Teatro de Lope de Vega (Cuadernos Bibliográficos no.29). Madrid, C.S.I.C., 1973. 83.
Nota: Madrid. Colección del Sr. Entrambasaguas. 8-A; Madrid. Biblioteca Municipal. Signatura 2170 (10); París. Biblioteca Nacional de Francia. Signatura 8- YG- 1308 (36). Se conserva también un ejemplar en Londres, British Library, signatura 11728.h.3.(8.), que es probablemente el documento indicado por Aguilar, Ii, p. 1815, como perteneciente a la colección de Lord Ilchester (nota de mpr)
Colecciones modernas
*Ref. bibliográfica: E. Cotarelo et al. eds.: Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española [nueva edicion] (Con prólogos de E.Cotarelo y Mori y otros, 13 vols.). Madrid, RAE, 1916-1930. X.
* Edición utilizada
Ediciones singulares modernas
- Las burlas veras, ed de Rosenberg, S.L. Millard, Philadelphia, University of Pennsylvania , 1912
Versiones y traducciones
No se conocen
Bibliografía secundaria
No consta
ANOTACIONES PRAGMÁTICAS
Ver / Ocultar secciónDatación
Fecha: 1620-1626, probablemente 1623-1626
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 427, 602.
Dedicatorias
No existe dedicatoria.
Cómputo de versos
Número: 2641
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 427.
CARACTERIZACIONES
Ver / Ocultar secciónPersonajes no computables
Personajes computables
Universo social
Tiempo histórico
Tiempo indeterminado
Marco espacial
Jornada 1
Topónimo: Augusta. Sicilia, [Italia]. Europa. Espacio: calle; palacio de Augusta donde reside la princesa Celia (aposentos de Celia, y salas).
Jornada 2
Topónimo: Augusta. Sicilia, [Italia]. Europa. Espacio: palacio de Augusta donde reside la princesa Celia.
Jornada 3
Topónimo: Augusta. Sicilia, [Italia]. Europa. Espacio: palacio de Augusta donde reside la princesa Celia.
Duración
Jornada 1: 1 día. Nota: La acción da comienzo a primera hora de la mañana (Flora: "Hoy parece que amaneces más triste") y acaba de noche (Celia: "Venid a verme mañana").
Entreacto 1 a 2: 1 día. Nota: entre el acto I y el II transcurre un día.
Jornada 2: 1 día. Nota: La acción se inicia al día siguiente del acto anterior.
Entreacto 2 a 3: Número indeterminado de horas. Nota: Entre el acto II y el III transcurren horas, puede, incluso, que menos tiempo.
Jornada 3: Número indeterminado de horas. Nota: La acción tiene lugar en el mismo día que el acto anterior; y acaba por la tarde.
Género
Género principal:
- Comedia > universo de irrealidad > libre invención > palatina.
Nota: Es del grupo de las comedias "de secretario", con intriga de amores entre el secretario y su señora
Extracto argumental
Jornada 1
Celia, princesa de Augusta, que ha enviudado recientemente de Alejandro Cesarino, gran Duque de Milán, se muestra melancólica en su palacio siciliano. Su padre, el príncipe Alberto, pretende casarla de nuevo, esta vez con Eduardo, el duque de Calabria, enlace al que ella, sin embargo, se opone, ya que, además de no haber olvidado todavía a su difunto marido, Celia es partidaria del matrimonio fundado en el amor.
Por otra parte, Felisardo, el duque de Urbino, obnubilado por la hermosura de la princesa, contemplada en un retrato, se ha desplazado hasta Sicilia para conquistarla. Consciente de las convicciones de Celia en materia de amor y matrimonio, ha decidido ocultar su identidad, y sus títulos, con la finalidad de enamorarla por su propia valía. Junto a su privado Otavio, trama un plan para acercarse a ella. La mejor vía, a juicio de su ayudante, es ganarse la confianza de uno de los servidores más cercanos a la princesa: Rugero, su secretario particular.
En palacio, sirvientes y amigos de Celia intentan distraerla de su misteriosa melancolía. Fabio propone, como entretenimiento, la lectura de los poemas que Rugero destina a Flora, con quien mantiene un honesto romance. Sin embargo, los versos del secretario, alabanza del amor correspondido, disgustan a la princesa, quien muestra, desde poco tiempo atrás, cierta irritación hacia su favorito. Rugero aparece en ese momento para comunicar a Celia que su casamiento con el duque de Calabria ya ha sido acordado por Alberto, anuncio que le reporta una severa reprimenda de la princesa. Ya a solas, Rugero se interroga sobre la actitud de su señora mientras Fabio propone, por primera vez, que responde a los encontrados sentimientos que experimenta, honor y amor, que la fuerzan a aborrecer lo que ama: a su criado Rugero.
Llega entonces el Príncipe Alberto, a quien el secretario informa de la negativa de su hija a aceptar el casamiento con el duque de Calabria. El progenitor, sin embargo, no desiste de su idea y promete a Rugero, si consigue el asentimiento de Celia, devolverlo rico y próspero a su anhelada España.
Poco después, en la calle, Fabio y Rugero son atacados por un grupo de hombres. Felisardo acude al rescate y salva sus vidas. El lector intuye que este asalto era el plan del duque de Urbino para ganar la voluntad del español. Rugero, efectivamente, ofrece sus servicios a Felisardo, quien le confiesa su identidad y su amor por la princesa. Aunque el secretario le advierte de que es una difícil empresa, está dispuesto a ayudarle y le recomienda que, para acercarse a Celia, se haga pasar por un pintor, pues a la dama le encanta la pintura. La sugerencia parece de fácil ejecución para Felisardo, que confiesa tener afición y estilo para ese arte.
En palacio, mientras tanto, Celia, celosa, ansía destruir el amor de su secretario hacia Flora; para tal fin, encarga a Serafina, una de sus damas de compañía, que conquiste el corazón de Rugero. Llega entonces Felisardo, bajo la identidad de una pintor llamado Lauro, para enseñar sus obras a Celia, que queda encantada y le pide que se quede a su servicio. Serafina empieza entonces a poner en práctica el encargo de seducir a Rugero, que se aparta de ella sorprendido por el repentino interés de la dama. Celia, celosa también de Serafina, detecta por fin que la causa de su melancolía es el creciente amor que experimenta hacia su secretario.
Jornada 2
Fabio propone un nuevo método para distraer a Celia: un juego que consiste en fingir un enamoramiento, con todo lo que ello comporta: papeles, citas, etcétera. Varios son los candidatos a galán propuestos por Fabio, pero el papel lo representará, por petición expresa de la dama, Rugero. De este modo, la princesa podrá declarar su amor sin perder el honor por ser mujer de más alta condición que el secretario.
Rugero, que se muestra encantado en presencia de Celia, reprende poco después a Fabio por haber lanzado semejante idea, ya que sólo le traerá problemas con su ama y con Flora. Misteriosamente para el espectador, el criado le anima diciéndole que, en el momento en que desvele su verdadera identidad, los problemas no serán tales.
Felisardo y su privado, Otavio, por su parte, han ideado un plan para evitar el enlace de la deseada Celia con el duque de Calabria. Rugero debe enviar al futuro esposo una misiva de Alberto, quien sigue empeñado en celebrar el matrimonio contra la voluntad de su hija; a la misiva se adjuntará un fiel retrato de Celia que debe, dada la belleza de la dama, precipitar la llegada de Eduardo. La trama ideada por Felisardo, a la que se presta Rugero, consiste en sustituir ese hermoso reflejo por otro en el que Celia no resulte demasiado favorecida.
La princesa y su secretario inician su fingida relación. Rugero entrega a Celia, como requiebro, un papel de amor; la dama, encantada, se retira a meditar una respuesta. Flora, que todo lo ha visto, interroga a Fabio. La pobre dama ha visto cómo primero su amado Rugero es cortejado por Serafina, y ahora parece estar enamorado de Celia. Fabio le asegura que todo es un juego para distraer a la princesa, pero Flora no le cree y ve confirmadas sus sospechas cuando llega el papel de respuesta de la señora.
Cuando consigue encontrarlo a solas, Flora reprende a Rugero por su inconstancia, pero éste aduce como defensa que la relación que mantiene con Celia es ficticia, y no duda en mostrarle el papel escrito por la princesa, que aparece en mitad de la disputa y obliga a Flora a retirarse. Acto seguido, rompe su fingido romance con Rugero, al que acusa de indiscreto por desvelar el contenido de su nota.
Fabio insiste en que la princesa ama en realidad a Rugero, pero el honor no le permite entablar una relación con un hombre de inferior categoría social. Le anima a continuar cortejando a la princesa, y Rugero, que se siente cada vez más enamorado de ella, accede. Celia, por su parte, se declara dispuesta a continuar con el juego pero, cuando éste pasa a mayores y debe dar sus brazos al secretario, vuelve a rechazarlo.
Para salir de dudas y comprobar los verdaderos sentimientos de la princesa, Fabio y Rugero planean darle celos; para tal fin, el secretario reemprende el cortejo de Flora. Celia, de inmediato, los interrumpe, hecho que convence definitivamente a Rugero de los sentimientos de la dama y lo decide a conquistarla.
Jornada 3
El príncipe Alberto recibe una carta de Eduardo, el duque de Calabria, en la que éste se muestra arrepentido por haber aceptado casarse con Celia; semejante cambio de actitud está motivado, aunque la misiva no lo dice, por el espantoso retrato que de la dama ha recibido. El príncipe monta en cólera y, a punto de declarar una guerra por la ofensa, manda a su privado Riselo a pedir cuentas al duque.
Mientras tanto, Celia y Rugero continúan jugando a las burlas veras: ya son dos amantes, ya señora y secretario. El pobre galán está desconcertado, pero no ceja en su empeño de enamorar verdaderamente a la princesa. En otro lugar de palacio, Flora discute con Serafina, y ésta le confiesa que sólo trató de enamorar a Rugero por encargo de Celia. Riñendo están cuando aparece la princesa que, para poner fin a la disputa, manifiesta que a partir de ese momento Rugero es suyo y sólo suyo.
El secretario comunica a su criado que está seguro del amor de Celia a pesar de su extraño comportamiento. Rugero, que se da cuenta de que la diferencia de estado está haciendo sufrir mucho a la princesa, es instado una vez más por Fabio a revelar su verdadero origen, mas omitiendo por el momento un gran número de detalles. Rugero accede y comunica a Celia sus orígenes: nació noble, pero segundón, en una importante ciudad española. Allí se enamoró de una dama, pero ésta fue ultrajada por el valido de su hermano, primogénito y príncipe. Rugero, atormentado por el dolor de su amada, asesinó al violador, pero la venganza le acarreó la enemistad de su hermano. La suma de ambos sucesos, el crimen y la disputa fraterna, precipitaron la muerte de su padre, hecho que provocó la huida de Rugero a Sicilia, donde ha estado sirviendo seis años como secretario de la princesa. Se compromete a desvelar el nombre de su familia y su ciudad de origen si descubre que el amor de Celia es sincero; la princesa prometerá amor a Rugero si es capaz de demostrar su noble origen.
Más tarde llega a Sicilia don Félix, amigo de Rugero, con nuevas de España. El hermano de Enrique, verdadero nombre de Rugero, ha muerto y él es ya príncipe de Cataluña y conde de Barcelona. Rápidamente, Enrique comienza a escribir una carta al príncipe Alberto para solicitar la mano de la ahora libre Celia. Después habla con Felisardo, a quien confiesa que también él ama a Celia y que ha pedido su mano. Ante las acusaciones de deslealtad del duque Urbino, Enrique le cuenta que no le debe amistad alguna, pues conoce la treta mediante la cual Felisardo pretendió ganarse su favor: un antiguo criado del Felisardo se lo contó todo.
La llegada a Sicilia de Eduardo, duque de Calabria, dispuesto a desagraviar a Alberto, pone fin a la comedia. Le enseña el monstruoso retrato que recibió y le confiesa que por él ha repudiado a Celia. Se descubre el engaño de Felisardo en el momento en que la princesa se presenta ante el duque Calabria, que queda prendado de su belleza y la vuelve a pedir en matrimonio a Alberto. Sin embargo, el príncipe manifiesta que ya ha concedido la mano de su hija al conde de Barcelona. Cuando Celia reclama su derecho a elegir marido, Rugero revela ser don Enrique, el conde de Barcelona. El príncipe Alberto bendice a los dos futuros esposos y ofrece a Eduardo y Felisardo la posibilidad de casarse con Serafina y Flora; ellos, despechados, la rechazan.