CAMPANA DE ARAGON, Comedia famosa, LA
DATOS BIBLIOGRÁFICOS
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Título: CAMPANA DE ARAGON, Comedia famosa, LA. Procedencia: Parte 18; P1; P2; final Acto III
Autoría
Autor: Félix Lope de Vega y Carpio. Fiabilidad: De autoría fiable
Peregrino
Citado en El peregrino I: Sí
Citado en El peregrino II: Sí
Parte
Parte XVIII (1623)
Manuscrito
Tipo: Copia
Localización: Parma, Biblioteca Palatina (Italia)
Ref. bibliográfica: Restori, Antonio: Una collezione di commedie di Lope de Vega Carpio ([CC.* V. 28032 della Palatina Parmense]). Livorno, Tipografia Francesco Vigo, 1891. 18.
Nota: Signatura CC.* V. 28032/ XIX. Es una copia de la Parte 18 realizada por Isidro Rodríguez en 1733
Otras ediciones del siglo XVII
Título: LA CAMPANA DE ARAGÓN
Suelta: Suelta [s.l., s.i., s.a.]
Atribución: Lope de Vega
Ref. bibliográfica: A. Castro y H. A. Rennert: Vida de Lope de Vega (1562-1635) (Notas adicionales de F. Lázaro Carreter). Salamanca, Anaya, 1969. 452.
Nota: Suelta en la British Library. Lo más probable es que sea una desglosada de la Parte
Colecciones modernas
*Ref. bibliográfica: VVAA: Teatro Español del Siglo de Oro (Base de datos de texto completo publicada en CD-ROM). ProQuest LLC, Chadwyck-Healey, 1997.
Ref. bibliográfica: Menéndez Pelayo, M., ed.: Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española. ( 15 vols.). Madrid, RAE, 1890-1913. VIII.
Ref. bibliográfica: Lope de Vega: Obras escogidas (Estudio preliminar... de Federico C. Sainz de Robles). Madrid, Aguilar, 3 vols., I-1946;II-1955;III-1958. III.
Ref. bibliográfica: Paloma Cuenca Muñoz y Jesús Gómez: El teatro de Lope de Vega. Madrid, Editorial Turner-Fundación Castro, 1993 ss. VIII.
Ref. bibliográfica: E. Hartzenbusch: Comedias escogidas de Lope de Vega. (4 volúmenes) (Integradas en la Biblioteca de Autores Españoles, vols. XXIV, XXXIV, XLI y LII. 4 volúmenes). Madrid, Rivadeneyra (BAE), 1853, 1855, 1857, 1860. III (BAE, XLI).
* Edición utilizada
Ediciones singulares modernas
- La campana de Aragón, ed de Soria Andreu, Francisca, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2004
Nota: Sigue la Parte, comparándolo con Hartzenbusch.
Versiones y traducciones
- Antonio Martínez de Meneses y Luís de Belmonte Bermúdez, LA GRAN COMEDIA DE LA CAMPANA DE ARAGÓN, Santa Bárbara (California), eHumanista. Journal of Iberian Studies, vol. 32
http://www.ehumanista.ucsb.edu/publications/monographs
, 2016
Nota: El único testimonio conservado es un ms. de la Biblioteca Nacional de Madrid , que atribuye la primera jornada a Martínez de Meneses y la segunda y tercera a Luís de Belmonte. La obra ha sido editada y estudiada por Alejandro Alagón en la revista digital eHumanista..
Bibliografía secundaria
- Alagón Ramón, Alejandro Rafael. ""El tema literario de la Campana de Huesca"". Romero Tobar, Leonardo. Temas literarios, II. Zaragoza: Prensas de la Universidad de Zaragoza. Serie Clío y Calíope. 2014. p. 52-110.
- Calvo, Florencia. "Diálogos, historia e ideología en La campana de Aragón de Lope de Vega ". Spang, Kurt. El drama histórico: teoría y comentarios . Pamplona: EUNSA. 1998. p. 159-169.
- Lewis Galanes, Adriana. "El monje-rey y la mujer-varón en La campana de Aragón, de Lope de Vega". Criado de Val, Manuel. Lope de Vega y los orígenes del teatro español. Madrid: Edi-6. 1981. p. 491-498.
Nota: Actas del I Congreso Internacional sobre Lope de Vega.
- Osma, José M. de. "Tres etapas en la dramatización de una leyenda: La campana de Huesca". Hispania. núm. 24. p. 180-92. 1941.
- Sâmbrian, Oana Andreia. "In hoc signo vinces: representación y escenificación de las cruzadas en el teatro de Lope de Vega". Huerta Calvo, Javier. Monstruos de apariencias llenos. Barcelona: Grupo de investigación Prolope. 2012. p. 149-166.
Nota: Sobre: El cerco de Santa Fe, La campana de Aragón, El sol parado, El rey sin reino y La Santa Liga.
- Simón Díaz, José. "El tema literario de La campana de Huesca". Revista de Literatura. núm. 7. p. 30-49. 1955.
- Ubieto Arteta, Antonio. "La campana de Huesca". Revista de Filología Española. núm. 25. p. 29-61. 1951.
- Vindel Pérez, Ingrid. "Análisis y estudio del material cronístico en una comedia de senectud: La campana de Aragón ". Espéculo: Revista de Estudios Literarios. núm. 27. {Falta páginas artículo}. 2004.
Nota: Revista digital. URL del documento: http://www.ucm.es/info/especulo/numero27/campana.html .
ANOTACIONES PRAGMÁTICAS
Ver / Ocultar secciónDatación
Fecha: 1596-1603, probablemente 1598-1600
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 239.
Dedicatorias
A Don Fernando de Vallejo, Colegial del Colegio mayor de san Bartolomé, y hijo del señor Gaspar de Vallejo, Caballero del hábito de Santiago, del Consejo supremo de su Majestad.
Cómputo de versos
Número: 3278
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 52.
CARACTERIZACIONES
Ver / Ocultar secciónPersonajes no computables
Observación: Aunque la acotación inicial de la obra habla de ‘cristianos’, introducimos en su lugar "soldados" como personaje no computable dado que, en el contexto de la batalla que se está produciendo, nos parece más clarificador.
Personajes computables
Universo social
Tiempo histórico
Edad Media
Nota: Acontece entre el final del reinado de don Pedro I de Aragón, el de don Alfonso I el Batallador y el de don Ramiro II el Monje (siglo XII).
Marco espacial
Acto 1
Topónimo: Huesca. [España]. Europa. Espacio: ante los muros de la ciudad; interior del monasterio de San Ponce; en palacio; camino de Huesca.
Topónimo: Jaca. [España]. Europa. Espacio: riscos.
Acto 2
Topónimo: Zaragoza. [España]. Europa. Espacio: ante los muros de la ciudad; interior del palacio real; interior de una casa.
Topónimo: Fraga. [España]. Europa. Espacio: interior del palacio del alcaide; ante los muros de la ciudad; campo a las afueras de la ciudad.
Topónimo: Huesca. [España]. Europa. Espacio: interior del monasterio de San Ponce.
Acto 3
Topónimo: Zaragoza. [España]. Europa. Espacio: interior del palacio real, en la sala de audiencias, ante las habitaciones de la reina, en la antecámara y en la cámara del Consejo; interior de la casa de don Nuño.
Topónimo: Fraga. [España]. Europa. Espacio: prisión de doña Elvira; jardín.
Topónimo: Huesca. [España]. Europa. Espacio: interior del monasterio de San Ponce.
Duración
Acto 1: Número indeterminado de días
Entreacto 1 a 2: Número indeterminado de días
Acto 2: Número indeterminado de meses
Entreacto 2 a 3: 2 meses
Acto 3: Número indeterminado de semanas
Observación: Existe un gran desajuste entre el tiempo de la acción y el tiempo histórico: si la obra aparenta transcurrir en unos meses (ritmo que marca, por ejemplo, el amor entre don Nuño y doña Elvira), históricamente abarca un período de unos treinta y tres años, desde el final del reinado de don Pedro I de Aragón, pasando por la totalidad del reinado de don Alfonso I el Batallador, hasta llegar a los comienzos del reinado de don Ramiro II el Monje.
Género
Género principal:
- Drama > historial > profano > hechos famosos públicos > España > medievales.
Géneros secundarios:
- Drama > historial > profano > hechos particulares > hazañas.
Extracto argumental
Acto 1
En Aragón, en pleno campo de batalla, el rey don Pedro, junto con su hermano don Alfonso y uno de sus caballeros más leales, don Fortunio Lizana, llegado al combate desde su destierro en los Pirineos junto con trescientos hombres armados con mazas, contemplan asombrados la imagen de Santiago que envuelta en un divino resplandor se muestra ante ellos. Convencidos de que el santo es san Jorge, todos se arrodillan ante él atribuyéndole la victoria que acaban de lograr frente a los moros. Agradecido por la valentía y lealtad demostradas por don Fortunio en el campo de batalla, el rey don Pedro se disculpa por haberlo desterrado injustamente y le otorga el nuevo título de "don Fortunio de la Maza", por su destreza en el manejo de este instrumento. En ese momento, don Nuño, subido en lo alto del muro, coloca el estandarte real proclamando la conquista de Huesca por el rey don Pedro. Animado por la victoria, el joven caballero muestra, como señal de su proeza, cuatro cabezas de moros, pertenecientes a los cuatro reyes que don Pedro ha abatido en la batalla. Agradecido a sus vasallos, el monarca dispone nuevas armas en el escudo de Aragón (la cruz de San Jorge y las cuatro cabezas), recompensa a don Fortunio con la tenencia de Huesca y a don Nuño con una parte del botín y con otras "dos o tres" a su hermano, don Alfonso. Hecho el reparto, el monarca se dispone a partir hacia el monasterio de San Ponce para visitar a su hermano Ramiro, cuando llega ante él don Pedro de Atares anunciándole el avance de las tropas del rey moro de Zaragoza, Albochacén, ayudadas por don García, hermano del rey de Castilla. Invadidos por la cólera, don Pedro y sus caballeros se preparan para ir a su encuentro.
En el monasterio de San Ponce, don Ramiro, recibe las enseñanzas de fray Leonardo acerca de la humildad, la obediencia y también la contemplación, ayudándose con citas y casos célebres del Antiguo Testamento y de los Santos Padres. Siguiendo los consejos de Leonardo, Ramiro se retira para meditar. Arrodillado, comienza a rogar a Dios para que guarde a sus dos hermanos hasta que finalmente es vencido por el sueño. En ese momento, se oye una trompeta y se descubre a Aragón, dama vestida de luto y armada, que viene para anunciar a Ramiro los deseos que Dios tiene de convertirlo en el próximo rey. Pese a las protestas del joven que no quiere saber nada de honras ni de imperios, Aragón se marcha dejándole claro que nada podrá hacer contra los designios divinos y, angustiado, Ramiro termina por despertarse. Sus gritos alertan a fray Leonardo que, al oír lo sucedido, le aconseja no subestimar a los sueños, pues "cuando Dios algo revela / en sueños, grande misterio / el alma entonces recela". Finalmente, ambos se marchan, mientras Leonardo reprende a Ramiro por haberse dormido durante la meditación.
En los valles de Jaca, la bella doña Elvira, en hábito de hombre, acaba de conocer por uno de sus criados, Porcelo, que su padre don Fortunio ha obtenido el perdón del rey y la alcaidía de Huesca, como recompensa por su apoyo y el de sus hombres en la batalla contra los moros. En contra de lo esperado, doña Elvira no está contenta, ya que teme que la vuelta de su padre a su real estado la obligará a abandonar el hábito de hombre y las libertades y ventajas que este conlleva, para adoptar el de mujer, cuyos movimientos son mucho más limitados que los del sexo opuesto. Ama y criado continúan discutiendo, cuando aparece don Fortunio para traerle la buena nueva a su hija, acompañado de don Nuño que al ver al supuesto joven se queda admirado de su belleza, mientras esta-este comienza a alardear de su fuerza y bravura ante el recién llegado. Finalmente, Juan-Elvira se adelanta para disponerlo todo en casa. Ya a solas, don Fortunio, bajo la promesa de mantenerlo en secreto, le confía a don Nuño el motivo por el que la muchacha vive en hábito de varón. Todo se remonta al hecho de que el rey don Pedro, deseoso de vengar la muerte de su abuelo Ramiro, buscó venganza en la sangre de Fernando, su tío el conde de Castilla, y al saber que a su muerte había dejado una hija bastarda de dos años bajo la tutela de don Fortunio, se la reclamó. Temeroso de que el rey pudiera cometer una injusticia, el vasallo se había negado a entregársela y por ello, había sido mandado prender, obligándolo a refugiarse junto a su familia en las montañas de Jaca. Allí, muerto su verdadero hijo don Juan, don Fortunio vistió a la pequeña en hábito de muchacho y así, adiestrándose en la caza y la lucha, vivió como don Juan hasta entonces. La petición que le hace ahora a don Nuño es que se la lleve con él como paje a la Corte, sin revelarle el secreto a nadie, ni siquiera a ella misma. Su amigo acepta, aún a sabiendas de que el favor puede costarle la vida.
En palacio, la Corte está de luto por la muerte del rey don Pedro. Reconocido como nuevo monarca por los principales caballeros de la corte, don Alfonso determina aplazar su proclamación como rey hasta que hayan expulsado a los moros y, recuperado el Pilar, pueda coronarse en Zaragoza. Por el momento, su único deseo es trasladar el cuerpo de su hermano al monasterio de San Ponce.
De camino a Huesca, junto con don Fortunio, doña Elvira y don Nuño van ensimismados y melancólicos. Ella, súbitamente enamorada del caballero, se ilusiona con la idea de que tal vez pueda manifestarse como mujer ante él algún día. Don Nuño, también enamorado, siente la desesperación de no poder cortejarla por el juramento hecho a su amigo. A su llegada a Huesca, se topan con la procesión que acompaña el cuerpo sin vida de don Pedro a San Ponce. Tras él va don Alfonso que, al ver a los viajeros, les cuenta el plan a seguir con los moros. Finalmente, todos se unen a la comitiva.
Acto 2
Amparados en los muros que rodean Zaragoza, el rey moro y sus dos alcaides se quejan de la fiereza del ataque de don Alfonso. Sus temores a que los cristianos tomen la ciudad son cada vez mayores y por eso convocan a todo el pueblo, hombres, mujeres y niños a defenderla.
Los aragoneses, por su parte, armados con rodelas y escalas, se disponen a asaltar los muros animados por las palabras de su rey don Alfonso que apelan a la nobleza y bravura de sus linajes (Pardo de la Casta, Lope de Luna, García de Vidaura, Pedro de Atares, y hasta el propio Juan-Elvira que porta el estandarte). Impaciente por demostrar su valor, don Nuño promete ser el primero en colocar el pendón sobre el muro y así lo hace. Arrimadas las escalas, el soldado sube por el muro y comienza a luchar ferozmente, junto con el resto de los caballeros, hasta que los moros huyen y él planta el estandarte. Entretanto, abajo, las puertas ya han sido derribadas y don Alfonso logra tomar la ciudad. Emocionado, exclama "Abrazadme, sagrada Zaragoza".
Mientras el enemigo clama victoria, el rey moro y los suyos discuten temblorosos hacia qué lugar huir, decidiéndose finalmente por Toledo. Entre lágrimas, Albochacén se despide de la ciudad y parte para Castilla.
Tomada la ciudad, los soldados aragoneses se disponen a disfrutar de su botín. Entre ellos, también está el valeroso Juan-Elvira, que, daga en mano, corre tras una dama mora, Arminda, para hacerse con todo su dinero. A pesar de su rudeza, la mora no parece ofrecer resistencia alguna, ofreciéndose amorosamente a acompañarlo en su camino. Tal sumisión no parece contentar, en cambio a Juan-Elvira que, furioso, la insulta y amenaza con matarla, a fin de que se vaya. Sale en ese momento don Nuño lamentándose, ya que cree haber perdido a su amada en la batalla; sin embargo, al verla discutir tan animadamente con la mora, el caballero corre a ella y la abraza emocionado.
Algún tiempo después, ha llegado el ansiado día de la coronación de don Alfonso como rey de Aragón. Lo acompañan su hermano fray Ramiro, fray Leonardo y sus más leales caballeros. Aprovechando la ocasión, Ramiro se decide a hablar seriamente a su hermano. Haciendo gala de su humildad y devoción, le recuerda a don Alfonso que el fin último de la guerra es ensalzar la fe cristiana y que para ello debe expulsar a los moros de España. Sin embargo, continúa, eso es excusa para que sus tropas profanen los lugares sagrados haciendo de ellos posadas para "sus gentes, sus caballos y armas fieras". Ante las palabras de Ramiro, el Rey acepta humildemente la reprensión, excusándose por ser estas, necesidades surgidas de la guerra, que, no obstante, promete evitar en el futuro. Don Fortunio llega en ese momento desde Huesca para avisar al rey de que una partida de moros ha salido de Fraga dispuesta a atacar su reino. Sin más dilación, don Alfonso se despide de su hermano y parte de nuevo para el campo de batalla.
Deseosos de saber si su amor es correspondido, don Juan-Elvira y don Nuño recurren a la bella Arminda para provocarse celos recíprocamente. El caballero espera que gracias a este falso cortejo su amada termine por revelarse ante él como mujer, sin que él se vea obligado a quebrantar su juramento. Afortunadamente, Arminda, que se ha declarado sobrina del rey moro, no parece oponer mucha resistencia a su nuevo pretendiente, cansada de la frialdad y maltrato de su dueño actual. Al verlos juntos, los celos de Juan-Elvira se descubren, pues, furiosa, se hace con la muchacha obligándola bajo amenazas e insultos a tomar el camino a Fraga, ante la mirada divertida de don Nuño, contento de ver que su plan ha surgido efecto.
Tarife, el alcaide de Fraga, acaba de recibir aviso de la llegada de don Alfonso y sus hombres a la ciudad. Sin dejar de admirar el valor y heroísmo del rey cristiano, el moro se dispone a salir al camino para combatirle.
Reunidos en consejo ante los muros de Fraga, don Alfonso y sus nobles deliberan en secreto el modo de acometer el asalto a la ciudad. Entretanto, don Nuño continúa su estrategia de dar celos a doña Elvira-Juan, llegando a pedirle que le regale a Arminda. A punto de iniciar el asalto al rey moro, el rey don Alfonso se hunde súbitamente bajo la tierra (‘Húndese el rey por artificio en el tablado’, dice la acotación), ante la mirada aterrorizada de los nobles que interpretan el suceso como un castigo del cielo por haber profanado el templo sagrado con sus armas y caballos, tal y como les había advertido Ramiro. Decididos a no seguir adelante sin su rey, parten para Huesca preocupados ante la incertidumbre de tener que elegir un nuevo monarca.
Mientras tanto, Elvira continúa en el campo arremetiendo duramente contra Arminda, cuando es sorprendida por Tarife y otros moros. Tras relatarles sus infortunios junto al soldado cristiano, Arminda logra que el alcalde le conceda a Elvira-Juan como esclavo.
En el monasterio de San Ponce, Ramiro llora la muerte de su hermano, mientras fray Leonardo trata de consolarlo con el ejemplo y doctrina de grandes autoridades. Mientras ambos dialogan acerca del castigo divino de don Alfonso, llega don Nuño, delegado por la asamblea de nobles, para informar de que Aragón continúa sin rey. Al parecer, el candidato más firme al trono, don Pedro de Atares, había sido desestimado por su arrogancia, por lo que finalmente todos los caballeros habían coincidido en designar a Ramiro como nuevo monarca. Una decisión que urge tomar, habida cuenta de que los moros de Andalucía y los de Toledo, viendo a Aragón sin rey, ya se han puesto en marcha para reconquistar Zaragoza. Atemorizado por las nuevas noticias, Ramiro corre a esconderse en el refectorio, donde, tras una cortina, descubre una imagen de la Virgen que mediante milagrosas señales logra hacerle entender que debe aceptar su nuevo destino como rey. Viendo que se trata de la voluntad de Dios, finalmente, Ramiro sale de su escondite y acepta, ante los nobles, el trono de Aragón.
Acto 3
En palacio, reunidos los nobles don Pedro de Atares, Lope de Luna y García de Vidaure se cuestiona la forma de gobernar del nuevo rey. Aunque el pueblo se muestra contento con su monarca por su humildad, ellos no comparten la misma opinión; molestos con su rusticidad y sencillez, se quejan de que el Rey apenas cuenta con ellos en su gobierno.
El rey don Ramiro, acompañado por don Sancho, su secretario, se dispone a prestar audiencia. Entretanto, comenta con don Fortunio la sentencia recién llegada de Navarra según la cual se reconoce su gobierno también en este reino. En ese momento llega a palacio, por orden de Ramiro, fray Leonardo, que al ver a su antiguo discípulo convertido en rey, corre a postrarse a sus pies, mientras este, agradecido y humilde, se arrodilla a su vez ante el fraile. Hechos los saludos oportunos, Ramiro le pide que tome asiento junto a él en un acto que irrita a los nobles, todos ellos en pie. Finalmente, el rey le cuenta a Leonardo el motivo por el que lo ha mandado llamar: tras lograr la bula papal que le permitía acceder al trono, en Navarra se elige a don García como nuevo rey, negando la petición de Aragón de que Ramiro asuma la corona también en este territorio. Ambos reinos se enzarzan en una batalla que les servirá a los moros como ocasión idónea para tratar de recuperar lo perdido. Los dos reyes cristianos, conscientes del peligro, deciden dejar la cuestión de la corona en manos de seis sabios o jueces que, finalmente, declaran a Ramiro rey y a don García condestable de Navarra. Ahora, Ramiro espera la llegada de su futura esposa, la infanta, mientras le confiesa a su antiguo maestro lo mucho que extraña la vida del monasterio y sus deseos de levantar un templo en Huesca.
Finalmente, el rey se dispone a dar audiencia. Sin embargo, todos los conflictos que se le presentan son tan grotescos que don Fortunio teme que hayan sido escogidos por los nobles para poner en evidencia su ignorancia y rusticidad. La noticia de la llegada de la infanta interrumpe la audiencia y Ramiro se adelanta a recibirla, mientras Leonardo parte de nuevo para San Ponce.
Entretanto, don Fortunio, aprovechando que están solos, pregunta a don Nuño sobre Elvira-Juan. Cuando su amigo, que tras la desaparición de la muchacha durante la batalla de Fraga la cree muerta, le confiesa, apenado, que la joven había fallecido dos meses antes alcanzada durante la batalla, don Fortunio monta en cólera acusando a su compañero de haberla gozado y después haberla asesinado o escondido. Don Nuño trata en vano de disculparse y finalmente, ambos piden campo para el desafío.
Mientras tanto, doña Elvira-Juan, todavía presa, sufre los vaivenes sentimentales de su dueña, Arminda, que unas veces la castiga para vengarse por su antiguo trato y otras, trata de conquistarla amorosamente ofreciéndole regalos. Ante su insistencia, la bella Elvira termina por confesarle que ha escrito a su dueño para que acuda a salvarla. Ante su reticencia, Arminda termina por perder la paciencia y, furiosa, hace que la encadenen.
Zaragoza recibe con alegría la llegada de la nueva Reina; no tanto Ramiro que, por ser inexperto en materias de amor, confiesa sentir cierto temor y vergüenza a "cosa tan nueva". Empujado por los nobles a darles un sucesor, finalmente el rey se marcha a cumplir sus deberes conyugales, mientras estos se mofan de su inexperiencia.
Aplazado el duelo entre Fortunio y él, don Nuño les está contando, apenado, a sus fieles soldados Peralta y Mateo, lo injusto de las acusaciones, cuando recibe la carta de doña Elvira-Juan comunicándole su paradero y pidiéndole que acuda a rescatarla. Animado por la noticia, el caballero termina por confesar a sus soldados la verdadera identidad de doña Elvira para que estos puedan ayudarle a liberarla.
Por su parte, don Fortunio se encuentra en el monasterio de San Ponce por orden de Ramiro, que le ha enviado para darle un mensaje a fray Leonardo. Convencido de que esta misión es una excusa para alejarlo de la corte y evitar el desafío con don Nuño, el caballero no sabe que, en realidad, el Rey ha escrito a su antiguo maestro para pedirle consejo acerca de la conducta que ha de tomar ante las continuas faltas de respeto de sus nobles y su sospecha de conspiración. Así pues, mientras don Fortunio continúa fanfarroneando sobre su venganza, Leonardo decide contestar con la misma prudencia, y sin poner nada por escrito, le pide al caballero que únicamente le transmita a su rey lo que le ha visto hacer en el jardín "porque le has de responder / a los ojos, no al oído".
Entretanto, don Nuño y sus amigos acuden, disfrazados de moros, al lugar donde Elvira-Juan se halla presa. Escondidos, observan a la muchacha labrar un jardín, mientras llora su desventura. Finalmente, llega Arminda intentando cortejarla de nuevo. Don Nuño sale entonces de su escondite y tras prender a la mora, sale huyendo de vuelta a palacio con Elvira y los criados.
A su regreso de San Ponce, don Fortunio transmite al rey el mensaje del fraile, ofreciéndole relato de cómo en un jardín lleno de las más hermosas flores, Leonardo se había detenido a cortar las más altas, dejando vivas las más humildes y pequeñas. Ramiro entiende al instante el mensaje e inmediatamente ordena a su vasallo convocar a todos los grandes y nobles del reino para comunicarles su deseo de hacer construir una campana que se oiga en todo el mundo. A pesar de su desconcierto, don Fortunio parte a cumplir la orden ya que "el Rey, o en bien, o en mal / ha de ser obedecido".
Finalmente, todos los nobles del reino se presentan en palacio. Antes de pasar al aposento del rey, don Fortunio les comunica la noticia de la campana, nueva que estos reciben entre burlas, mofas e incluso amenazas de rebeldía, para indignación del fiel don Fortunio, que clama al cielo castigo para los traidores. Finalmente, los nobles entran en consejo. Don Nuño llega también en ese momento, pero antes de entrar en la cámara real, presenta a Elvira-Juan a don Fortunio, que feliz por el encuentro, le ofrece la mano de la muchacha, quedando por fin revelada su verdadera identidad. Arminda, sorprendida por la revelación, pide su conversión al cristianismo, mientras queda prometida al soldado Peralta.
En ese momento, llegan a palacio por orden del rey dos o tres niños, hijos de los Grandes. A su entrada en la cámara real, le sigue ruido de armas. Finalmente, se corre una cortina y se ven las cabezas cortadas de los nobles dispuestas a modo de campana, y a Ramiro, cetro y espada en mano y el mundo bajo sus pies, apoyado sobre ella. Tras invocar, solemne, a Aragón presentándole la campana, conmina enérgicamente a los niños para que tomen ejemplo de lo sucedido, mientras estos le juran obediencia, con lo cual acaba la pieza.