HONRA POR LA MUJER, Comedia famosa de, LA
DATOS BIBLIOGRÁFICOS
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Título: HONRA POR LA MUJER, Comedia famosa de, LA. Procedencia: Parte 24 (1633); Suelta; Manuscrito de la Bibliioteca Nacional de Madrid mss. 14.979
Título: HONRA POR LA MUJER, LA. Procedencia: Manuscrito de la Bibliioteca Nacional de Madrid, mss. 17.109
Autoría
Autor: Félix Lope de Vega y Carpio. Fiabilidad: De autoría dudosa
Observación: Marilyn RUIZ-ASCARZA (An Examination of Objective Methods for Determining "Comedia" Authorship. Together with Case Studies of Eight Plays Attributed to Lope de Vega, Tesis doctoral. Universidad de Virginia, 1975), rechaza que sea de Lope
La copia manuscrita de BNE, 17109, está firmada por Luis Gómez, al que cede la paternidad La Barrera en sus adiciones manuscritas.
Peregrino
Citado en El peregrino I: No
Citado en El peregrino II: No
Parte
No presente en la colección de Partes de Lope de Vega
Manuscrito
Tipo: Copia
Localización: Madrid, Biblioteca Nacional (España)
Ref. bibliográfica: A. Castro y H. A. Rennert: Vida de Lope de Vega (1562-1635) (Notas adicionales de F. Lázaro Carreter). Salamanca, Anaya, 1969. 468.
Nota: Signatura: Mss. 17.109. En la portada: "Escriuiose en cien poçuelos a 9 de nouiembre de 1622. Luis Gomez"
Tipo: Copia
Localización: Madrid, Biblioteca Nacional (España)
Ref. bibliográfica: Biblioteca Nacional (España). Junta Nacional del III Centenario de la muerte de Lope de Vega.: Catálogo de la Exposición Bibliográfica de Lope de Vega. Madrid, Biblioteca nacional, 1935. 44.
Nota: Signatura: Mss. 14.979
Tipo: Copia
Localización: Melbury House, Biblioteca privada (Reino Unido)
Ref. bibliográfica: Presotto, Marco: Manoscriti teatrali del Siglo de Oro nella collezione Holland a Melbury House (Annali di Ca’Foscari. Rivista della Facoltà di Lingue e Letterature Straniere dell’Università di Venezia, No. XXXVI, 1-2 (1997), 489-515.). . 504.
Nota: Grafía del siglo XVIII. Se trata de una copia de la Parte 24 de las de Diferentes Autores, según aparece en la portada
Tipo: Copia
Localización: Parma, Biblioteca Palatina (Italia)
Ref. bibliográfica: Restori, Antonio: Una collezione di commedie di Lope de Vega Carpio ([CC.* V. 28032 della Palatina Parmense]). Livorno, Tipografia Francesco Vigo, 1891. 27.
Nota: Signatura CC.* V. 28032/ XIX
Se trata de una copia de la Parte 24 de las de Diferentes Autores
Otras ediciones del siglo XVII
Título: LA HONRA POR LA MUJER
Suelta: Suelta [s.l., s.i., s.a.]
Atribución: Lope de Vega
Ref. bibliográfica: A. Castro y H. A. Rennert: Vida de Lope de Vega (1562-1635) (Notas adicionales de F. Lázaro Carreter). Salamanca, Anaya, 1969. 468.
Nota: Se conservan ejemplares en British Library y en Munich
Título: LA HONRA POR LA MUJER
Colección: Parte 24 (Zaragoza, Diego Dormer, 1633)
Atribución: Lope de Vega
Ref. bibliográfica: Biblioteca Nacional (España). Junta Nacional del III Centenario de la muerte de Lope de Vega.: Catálogo de la Exposición Bibliográfica de Lope de Vega. Madrid, Biblioteca nacional, 1935. 99.
Nota: En la Biblioteca Municipal de Madrid se encuentra una desglosada de esta Parte, con signatura 2170-C/18869-2.
Colecciones modernas
*Ref. bibliográfica: E. Cotarelo et al. eds.: Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española [nueva edicion] (Con prólogos de E.Cotarelo y Mori y otros, 13 vols.). Madrid, RAE, 1916-1930. VI.
* Edición utilizada
Ediciones singulares modernas
No consta
Versiones y traducciones
No se conocen
Bibliografía secundaria
No consta
ANOTACIONES PRAGMÁTICAS
Ver / Ocultar secciónDatación
Fecha: 1610-1615
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 479, 480.
Nota: Copia manuscrita fechada el 9 de noviembre de 1622
Dedicatorias
No existe dedicatoria.
Cómputo de versos
Número: 2977
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 479.
CARACTERIZACIONES
Ver / Ocultar secciónPersonajes no computables
Observación: Acompañamiento de criados
Acompañamiento real
Personajes computables
Universo social
Tiempo histórico
Edad Media
Nota: La acción transcurre durante el siglo XIV
Marco espacial
Acto 1
Topónimo: Belflor. Europa. Espacio: en el campo; en los alrededores de una quinta; en una sala de la quinta; en la corte; en una sala del palacio del rey; en un corredor de la casa de la condesa de Belflor; en la ventana del aposento de la condesa de Belflor; en la calle; en un balcón del aposento de la condesa de Belflor.
Acto 2
Topónimo: Lisboa. [Portugal]. Europa. Espacio: Monasterio de San Jerónimo.
Topónimo: Belflor. Europa. Espacio: en casa de la condesa Margarita en la corte; en el palacio; en el jardín de la condesa Margarita.
Acto 3
Topónimo: Belflor. Europa. Espacio: palacio del rey; casa de los condes de Belflor.
Topónimo: Florencia. [Italia]. Europa. Espacio: palacio de la reina Rosaura.
Duración
Acto 1: 1 día. Nota: La acción da comienzo un día de primavera y acaba de noche, sobre la hora de la cena.
Entreacto 1 a 2: Número indeterminado de días
Acto 2: 1 día. Nota: la acción da comienzo antes del alba y acaba de noche.
Acto 3: 1 día. Nota: La acción se inicia a la mañana siguiente.
Género
Género principal:
- Comedia > universo de irrealidad > libre invención > palatina.
Extracto argumental
Acto 1
La acción da comienzo un día de primavera. El conde Uberto se encuentra con su esposa Margarita en Belflor, su condado dependiente del reino de Hungría. Mientras pasean por el campo hablan de su feliz matrimonio. De repente se presentan ante ellos Ausonio y el marqués Leonido, que los informan de que el rey de Hungría, don Enrique, que se encontraba cazando por allí cerca, se ha caído del caballo. El animal lo ha arrastrado, enganchado el pie del monarca en el estribo, largo trecho, y lo ha dejado en situación cercana a la muerte.
Don Enrique es llevado a la casa del conde Uberto, a quien Leonido apremia para que se desplace a Belflor a solicitar la ayuda de los médicos. El rey, que reposa en una sala de la quinta acompañado por la condesa Margarita, aprovecha para confesarle que la ama y que ha fingido el accidente para poder hablar con ella. La condesa intenta hacerle entrar en razón y, pese reconocer que, en su juventud, antes de casarse con el conde había estado enamorada de él, le explica claramente que ahora se debe, noble dama, a su noble esposo: tuvo amor y ahora tiene honor. Ante la insistencia de don Enrique, Margarita abandona la sala y el marqués Leonido, que ha escuchado la conversación al paño, aconseja al rey que ofrezca un cargo importante a Uberto en palacio. Premiando a Uberto, quizás consiga el favor de la dama. En cuanto regresa el conde, algo receloso por la pronta recuperación del monarca -¡Que vais penetrando celos!-, don Enrique pone en práctica la recomendación de Leonido y nombra Mayordomo Real al conde que, en compañía de su esposa, se traslada ese mismo día a la corte.
Ya en el palacio real, el don Enrique está lamentándose de su suerte cuando llega el conde Uberto, que no duda en recordar al monarca de Hungría y Escitia (Escocia en el texto), ante los cortesanos, los muchos y valiosos servicios que su familia, legítima causa de su actual fortuna y recompensa. Don Enrique añade a los títulos de Uberto el marquesado de Lipona y la privanza en palacio.
Llegada la noche, Margarita se impacienta, algo celosa, por la tardanza de su esposo y Porcia, su criada, apunta a la posibilidad de que el rey lo tenga entretenido en palacio, de sobra probada la fidelidad del conde hacia su bella esposa, lo que hace merecer a la criada una sortija en premio a su tranquilizadoras palabras.
El monarca, con capa de ronda y embozado, abandona el palacio con intención de visitar a Margarita en su casa. En un corredor de la vivienda tiene lugar el encuentro entre la dama, que va acompañada de su criada Porcia, y el rey, al que escolta Leonido. Margarita desconoce al hombre que se dirige a ella y, desconfiando del embozado, que se identifica, fallidamente, como el conde, ella y su criada se encierran en su aposento. Entonces aparece Uberto, junto a su fiel criado Valón, y descubre en el zaguán la presencia de los embozados. El conde sospecha que se trata del rey, pero, cuando le pide que se identifique, el misterioso caballero huye. Acto seguido, Margarita sale al balcón de su aposento y suplica al caballero que se ha atrevido a entrar en su casa que se aleje de su calle, ya que compromete con su presencia el honor de su marido. Es el conde quien recibe las palabras de la honrada dama, y de este modo obtiene una prueba irrefutable de la fidelidad y honestidad de su esposa. La condesa cierra el balcón y a continuación Leonido se dirige a Uberto para anunciarle que el rey quiere verlo en palacio. Leonido lleva una capa que el conde recuerda haber visto en el zaguán minutos antes. Uberto ya no tiene ninguna duda: los títulos y los oficios que el rey le ha concedido en este día son dorados venenos que sólo sirven al propósito de conquistar a la condesa; Si puedo –concluye- yo moriré,/ honor, primero que os pierda.
Acto 2
Han transcurrido varios días. La acción da comienzo antes del alba. En el monasterio de San Jerónimo, en Lispona (la ortografía del lugar varía a lo largo de la obra: Lipona / Lispona), se encuentra retirado Laurencio, el padre de Uberto; durante gran parte de su vida estuvo al servicio de la corona de Hungría. A su valor guerrero y al de sus antepasados debe Enrique, actual monarca del país, su reino. En el presente, en conversación con su criado Ruperto, reniega Laurencio de la que antaño consideró virtud, la ambición, entregado a la quietud y la piedad, y confiando en que el rey Enrique sepa premiar su valor en la figura de su hijo. Ruperto le explica que vive feliz y apartado el conde de la corte, en Belflor, con su bella esposa Margarita.
Uberto llega sorpresivamente para explicar a su padre el acoso al que su mujer, y él mismo, están siendo sometidos por el rey, que lo ha premiado para tratar de vencer la resistencia de su honrada esposa, a la que amó doncella. Laurencio le aconseja tranquilidad, que no se enfrente al rey, a cuya ofensa debe poner el freno de la lealtad: el monarca debe recordar el respeto que le debe por los servicios prestados. Laurencio entrega a su hijo un lienzo en el que se encuentran dibujadas todas las batallas y territorios ganados por su familia para el reino de Hungría. Parten Uberto y Valón con la esperanza de llegar a la corte antes de que anochezca.
Mientras tanto en su casa se encuentra Leonido intentando convencer a Porcia para que le deje hablar con la condesa. A cambio de que le franquee al rey, su señor, la entrada del aposento de Margarita, Leonido ofrece a Porcia una cadena que ésta rechaza con firmeza. A todo esto, el conde ya ha llegado a su casa y, escondido, ha presenciado, satisfecho por la lealtad de la criada, la discusión entre Porcia y Leonido. Cuando Leonido se dispone a entrar por la fuerza en el aposento de Margarita es interceptado por Uberto. Leonido trata en vano de engañarlo explicándole que él mismo ha tratado de visitar a Porcia, de la que quedó prendado cuando la vio en Belflor. En respuesta a la patraña, Uberto despide a la criada de su servicio para evitar en adelante la presencia de intrusos en su casa. Valón y Margarita interceden por Porcia; consciente de su lealtad, promete Uberto a Valón que Porcia será su esposa y a Margarita no puede negarle su readmisión.
En ese momento, anuncia Ausonio la presencia de don Enrique en casa del conde. Éste lo informa de su reciente visita a Laurencio y extrae el lienzo que representa la fidelidad y el valor con los que su familia han defendido la corona de Hungría. El monarca, sin embargo, no sólo no presta la más mínima atención al relato de Uberto, sino que sólo se muestra preocupado por cortejar (no queda claro su lo hace en apartes o en público), a la condesa, que se encuentra en la misma sala. Desesperado por la situación, amor, celos y honor, Uberto recurre a la ayuda de su padre y envía a Valón a Lispona a por él.
Mientras tanto ya ha anochecido y Margarita ha salido al jardín de su casa, al cual tiene acceso el rey a través de una puerta falsa que encuentra abierta. Al encontrarse con Margarita, en contra de la voluntad de la dama, el rey le besa una mano. Muy ofendida y disgustada por la acción, Margarita le quita al rey una daga para cortarse la mano. Hasta ella llega Uberto, que desde la puerta falsa del jardín ha visto la escena. Con una mano le arrebata la daga mientras con la otra sostiene a la condesa turbada y casi caída. A todo esto, el rey aprovecha la situación para huir y, cuando el conde se queda solo en el jardín reflexionando sobre lo sucedido, decide que fingir que no sabe nada es la mejor manera de no perder la honra, sobretodo sabiendo que su mujer es ejemplo de honor. Sus pensamientos son interrumpidos por el marqués Leonido y Ausonio, quienes, en nombre del rey, le piden que se dé preso. Uberto se niega a entregar la espada hasta conocer la causa de su detención: La espada, darla me agrada;/ pero a qué causa decí:/ ¿voy preso?. Y se niega a entregar su acero a alguien que no sea el propio rey. Aparece entonces en escena el conde Laurencio pidiendo las oportunas explicaciones. Leonido explica que el conde sostenía una daga contra don Enrique. Laurencio irá preso en nombre de su hijo. El verdadero y único motivo de su situación, declara Uberto, es el odio que por su honradez, la honra por la mujer, le profesa el rey.
Acto 3
Ausonio y Leonido explican a don Enrique la intervención de Laurencio en defensa de su hijo. El rey imagina que, si Margarita lo rechazó tras haber honrado a su marido, quizás lo acepte al verlo deshonrado. Laurencio se entrevista en una sala de palacio con el rey y le hace entrega de las llaves del cuarto dónde se encuentra prisionero Uberto, en su propia casa. El rey lo eleva a duque de Urbino, y Laurencio le recuerda que un ducado es justa recompensa a las acciones de su familia, pues no hay condesa, esta vez, que justifique el ascenso. Laurencio, con la fuerza de la razón y las canas, habla muy seriamente al rey sobre lo injusto e inapropiado de su comportamiento con Uberto y la esposa de éste. El rey se muestra arrepentido y despide a Laurencio cortésmente con una misión, la de ir hasta la ciudad de Florencia a recoger a su futura esposa, la reina Rosaura de Inglaterra. Laurencio marcha convencido de que el rey ha recapacitado: Durmió el rey entre su error;/ mas volviendo en su valor,/ su sangre le ha despertado.
Tras abandonar Laurencio la corte, el rey, Leonido y Ausonio se dirigen a la casa de los condes de Belflor. Los encuentran juntos y el rey ordena que Uberto sea trasladado a palacio donde le espera una nueva prisión, vista la suavidad de la primera. Al ver Margarita que se llevan a su esposo, dando por hecho que lo espera la muerte (llega a imaginar y verbalizar el proceso de ejecución), enloquece. A continuación, la condesa protagoniza una singular y divertida escena en la que, creyéndose muerta, pues le han llevado el alma del conde, cree entrar en el purgatorio del amor. Valón le sirve de guía y glosa las imágenes que Margarita dice ver.
Mientras tanto, Laurencio llega a Florencia y poco después lo hace Valón para informarlo de la prisión de su hijo y de la locura de su nuera. Por su parte, Rosaura, la futura reina de Hungría, que se encontraba muy cerca del lugar donde hablaban Laurencio y Valón, oye cómo el rey anda perdidamente enamorado de otra dama. Ocultando su identidad, Rosaura pide a Valón que le hable de los amores del rey de Hungría. El criado le cuenta con detalle este asunto haciendo especial hincapié en la conducta firme de la dama solicitada, que siempre antepuso su honor y el de su marido a los deseos del monarca.
Mientras tanto en la corte húngara, en vista de su inminente matrimonio, el rey se muestra afligido por su proceder con el conde Uberto, que le otorga su respetuoso perdón sin dudarlo e le impide que se arrodille impúdicamente ante él como muestra de sentido arrepentimiento. Enrique ordena la presencia de la condesa en la corte para que vea con sus propios ojos que su esposo vive. Cuando la condesa llega a palacio les explica a todos que ha fingido enloquecer de amor para poder así perder el respeto al rey en caso de que el conde hubiera muerto y el monarca la persiguiera de nuevo. Aclarada esta situación, Rosaura pide a Enrique que cese en sus intentos de conquistar a Margarita. El rey no sólo accede a sus deseos, sino que declara que la defensa a ultranza que la dama ha hecho de su honra ha sido finalmente la luz que lo ha sacado de la confusión en la que vivía. Ambos, el rey y su futura esposa, coinciden en reconocer que los condes de Belflor son personas excepcionales y piden ser coronados por ellas. Se abre, pues, una cortina y aparecen debajo de un dosel el conde y la condesa, cada uno con una corona en las manos. Rosaura toma la corona de manos de Margarita y se la pone en la cabeza, pero ésta, reconociendo a Rosaura como señora y reina, se la quita y la corona en su lugar. Por su parte, el rey y el conde han realizado los mismos gestos. Con la indicación de Rosaura para que Margarita se acerque y las palabras que el rey dirige al conde, mi lado ocupad/ que toda esta honra alcanza/ vuestro honor por la mujer, da por finalizado el acto y la comedia.