HERMOSA FEA, LA



DATOS BIBLIOGRÁFICOS

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Título

Título: HERMOSA FEA, LA. Procedencia: Parte 24

Autoría

Autor: Félix Lope de Vega y Carpio. Fiabilidad: De autoría probable

Peregrino

Citado en El peregrino I: No
Citado en El peregrino II: No

Parte

Parte XXIV (1641)

Manuscrito

No consta

Otras ediciones del siglo XVII

No consta

Colecciones modernas

*Ref. bibliográfica: VVAA: Teatro Español del Siglo de Oro (Base de datos de texto completo publicada en CD-ROM). ProQuest LLC, Chadwyck-Healey, 1997.

Ref. bibliográfica: E. Cotarelo et al. eds.: Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española [nueva edicion] (Con prólogos de E.Cotarelo y Mori y otros, 13 vols.). Madrid, RAE, 1916-1930. XII.

Ref. bibliográfica: E. Hartzenbusch: Comedias escogidas de Lope de Vega. (4 volúmenes) (Integradas en la Biblioteca de Autores Españoles, vols. XXIV, XXXIV, XLI y LII. 4 volúmenes). Madrid, Rivadeneyra (BAE), 1853, 1855, 1857, 1860. II (BAE, XXXIV).

* Edición utilizada

Ediciones singulares modernas

No consta

Versiones y traducciones


- LA BELLA BRUTTA, trad. de Biancolelli, Orsola, Recaldini (Bologna), Recaldini, 1669
Nota: Traducción al italiano.

- Luceño, Tomás, LA HERMOSA FEA, Madrid , Prensa Popular, 1923
Nota: En el tít: Comedia en cuatro actos. Original de Lope de Vega; refundida por Tomás Luceño.

- Paso, Alfonso; Mathias, Julio, LA HERMOSA FEA, [Madrid?], Alfil, 1964
Nota: En el tít.: comedia original de Lope de Vega; revisada y refundida en dos partes por Alfonso Paso y Julio Mathias.

Bibliografía secundaria


- Francisco, Álvaro . ""La hermosa fea" de Lope de Vega, revisada por Alfonso Paso y Julio Mathias". Francisco, Álvaro. El espectador y la crítica : el teatro en España en 1963. Valladolid: Francisco Alvaro. 1964. {Falta páginas capítulo}.
Nota: Prólogo de José López Rubio.

- Thomas, H.. "A Forgotten Translation of Lope de Vega". Modern Language Review. núm. 35. p. 378-380. 1940.


ANOTACIONES PRAGMÁTICAS

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Datación

Fecha: 1625-1632, probablemente 1630-1632
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 478, 603.

Dedicatorias

No existe dedicatoria.

Cómputo de versos

Número: 2761
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 477.


CARACTERIZACIONES

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Personajes no computables

  • Acompañamiento
  • Criados y lacayos
  • Personajes computables

  • Belisa, criada, criada [de Celia]

  • Capitán

  • Celia, prima de la Duquesa Estela, [dama], prima de la duquesa Estela

  • El Conde

  • El Gobernador

  • Julio, criado, criado [de Ricardo]

  • La Duquesa Estela, [prima de Celia], [protagonista]

  • Octavio, amigo de Ricardo, [caballero], amigo de Ricardo

  • Ricardo, príncipe de Polonia; que actúa de [Lauro], [secretario de Ricardo], [protagonista]
  • Universo social

  • Universo de la corte. Cargos de gobierno (alcaides, gobernadores...)
  • Universo de la nobleza. Alta nobleza
  • Universo de la nobleza. Nobleza media
  • Universo de la servidumbre. Criados
  • Tiempo histórico

    Tiempo indeterminado

    Marco espacial

    Acto 1
    Topónimo: Ducado de Lorena, [Francia]. Europa. Espacio: calle; interior de palacio.

    Acto 2
    Topónimo: Ducado de Lorena, [Francia]. Europa. Espacio: interior de palacio de la Corte.

    Acto 3
    Topónimo: Ducado de Lorena, [Francia]. Europa. Espacio: calle; balcón y jardín de palacio; interior de palacio en la Corte.

    Duración

    Obra: Número indeterminado de días
    Acto 1: Número indeterminado de días
    Acto 2: Número indeterminado de días
    Acto 3: 1 día (aprox.)

    Género

    Género principal:

    • Comedia > universo de irrealidad > libre invención > palatina.

    Extracto argumental

    Acto 1
    Ricardo, príncipe de Polonia, y Julio, su criado, ambos procedentes de "nuestra Alemania", se encuentran en Lorena y comentan entusiasmados con un caballero amigo, Otavio, francés, la belleza de la Duquesa. Ricardo imagina una traza para enamorarla: enviarle a Julio con un mensaje para su prima Celia, excusando visitarla por haber de seguir camino hacia España, y hacerle llegar verbalmente que el príncipe ha encontrado fea a la Duquesa, a pesar de su fama. Él, por su parte, permanecerá de incógnito en la ciudad buscando la ocasión de entrar en contacto con ella.
    La Duquesa y Celia comentan lo descortés que se ha mostrado el príncipe, "este nuevo Adonis Marte", por no visitar a su prima y andar embozado por la ciudad. La Duquesa, famosa por sus desdenes y por haber rechazado a todos sus pretendientes, arde en deseos de saber qué opina de ella este "gallardo alemán" y de verle, pues es bien sabido que privar a una mujer de ver lo que desea es aumentar su deseo. Es introducido Julio, que entrega su mensaje de excusa a Celia. La Duquesa le acosa para conocer qué opinión lleva el príncipe de sus estados y, sobre todo, de ella, pero Julio hace que se resiste y finalmente, y en aparte, le declara a Celia que el príncipe la ha encontrado fea. Celia no se lo puede creer y Julio se desmarca muy gustoso de la opinión de su señor, pues es obvio que la Duquesa es bellísima. A solas las dos damas, Celia se hace de rogar hasta que finalmente le confiesa a la otra su secreto: "Dijo, el necio, que eras fea". La Duquesa, indignada, sólo puede pensar en vengarse: lo enamorará únicamente para darse el placer de rechazarlo.
    Ricardo sigue trazando invenciones (pues es "el fingimiento/ el primer paso de amor"). Ahora se trata de implicar al mismísimo Gobernador y a ello se aplica Otavio, quien lo visita para hacerle saber que Ricardo, príncipe de Polonia, que se halla de viaje hacia España, ha sido objeto de un robo de unas joyas por parte de un secretario suyo y para rogarle que, sin hacerle daño, pues es un caballero, recupere discretamente lo robado. El secretario es, en realidad, Ricardo disfrazado, que con este pretexto piensa quedarse en la corte de Lorena para poder estar cerca de la Duquesa.
    Mientras, Julio ha vuelto a palacio donde Celia tiene que entregarle la respuesta al billete de su prima. Julio, que tiene menos de gracioso que de discreto, no soporta que Celia lo trate de necio y le da una lección sobre quien es, en verdad, la necia. Finalmente Julio hace un elogio encendido de la belleza de la Duquesa, que los ha estado observando "detrás de aquella antepuerta". Sale la Duquesa y, agradecida, le ruega que se quede a su servicio. Les interrumpen el Gobernador y Otavio que le leen a la Duquesa la carta del príncipe y le comunican que han detenido a Lauro, el supuesto secretario ladrón. Introducen a Lauro, que en realidad es Ricardo, y la Duquesa le recrimina su acción, no sin dejar de observar su gallardía. Ricardo-Lauro, en un largo parlamento, cuenta entonces que él es francés, de Lorena, aunque criado en Cracovia, y aficionado a la astrología. Un día, ya en Lorena, y durante una cacería, se sintió fulminado por la belleza de una dama, por eso cuando Ricardo quiso marchar hacia España él se excusó y decidió quedarse en Lorena. Ricardo, que le amaba mucho y que no podía prescindir de él, ha inventado la falsa acusación del robo para recuperarlo. La Duquesa le cree y le ofrece su ayuda, mientras en apartes la Duquesa y Celia comentan la impresión que les ha hecho el mozo y Ricardo y Julio la buena marcha de su ficción.


    Acto 2
    La Duquesa expone a Celia sus planes de venganza contra Ricardo y la traza que se ha de seguir para hacerle venir a palacio. Piensa valerse para ello de Julio, que llevará a Ricardo una carta en la que la Duquesa se confiesa enamorada de él y le envía un retrato. Las dos damas sienten una gran curiosidad por saber quién es la dama encubierta a la que Lauro ama, pero Julio no suelta prenda, antes bien las aguijonea un poco más, y cada una de ellas llega a pensar -y a decir- que es la otra.
    Mientras tanto Otavio confiesa a Ricardo (Lauro) su amor por Celia y le pide que, en correspondencia por su cooperación, interceda por él ante la dama. Ricardo encomienda a Julio una carta para el Gobernador, en una intriga como ésta atiborrada de cartas que van y vienen entre unos y otros. La Duquesa aborda a Lauro (Ricardo) para exponerle el agravio de Ricardo y le pide que la ayude en su traza, escribiendo una carta a Ricardo, al tiempo que lo hace partícipe de su plan de venganza y que elucubra sobre lo que no debe ser una mujer (ni Alférez, ni filósofo) y sobre lo que sí debe ser, por encima de todo, hermosa y discreta. No se priva Estela (la Duquesa) de interrogar a Lauro sobre quién es la dama por la que se ha quedado en la corte de Lorena, y cuando Lauro le dice el nombre de Celia ella se siente postergada y se enfada, lo que provoca un encendido discurso amoroso de Lauro, quien le confiesa indirectamente su amor, que se ha esforzado en disimular por causa de tanta desigualdad como los separa. Estela, que antes le ha hecho ver que ella no castigaría a quien se atreviera a amarla, queda ahora contenta. Mientras madura su encuentro, secreto, con Ricardo, cuando por fin llegue, la Duquesa hace creer a Celia que a quien ama Lauro es a ella, aunque no debe hacerse ilusiones pues tiene en tratos su casamiento. Celia muestra su conformidad a la Duquesa, pero en cuanto se topa con Lauro (Ricardo) le muestra su agradecimiento por amarla, incitándole a ello, pero se encuentra con la sorpresa de que Lauro le confiesa que debe renunciar a su amor por ella , en nombre de su amistad hacia Otavio, quien le confesó su amor por ella, y le pidió su ayuda. Furiosa, Celia no le cree y le echa en cara no sólo su falta de amor, sino también su falta de valor por no haber atajado las confidencias del amigo con la de sus propios amores.
    El Gobernador se presenta a la Duquesa con una carta del Príncipe de Polonia en la que se muestra arrepentido por haber solicitado la detención de su Secretario, a quien ahora declara ser su primo y su mejor amigo, y pide que se reúna con él, en una aldea cercana, donde ha debido detener su viaje hacia España al caer enfermo. La Duquesa muestra en todo momento sus reticencias a que Lauro vuelva a reunirse con su señor, y en esto se presenta Julio que dice venir de vuelta de ver a Ricardo, a quien entregó la carta que le diera la Duquesa, con su retrato, y cuenta que le produjo tal impacto que al punto sanó de su enfermedad, pidió vestidos y caballos y se disponía, fervorosamente enamorado del retrato, a visitar a la Duquesa. Esta dispone que el encuentro sea de noche, en secreto, y a las rejas de sus jardines. Lauro se finge celoso, pero Estela le asegura que será Ricardo quien tendrá celos de él. A solas con Celia, ésta le invita a cortejarla cuando Ricardo llegue a cortejar a Estela, pero Lauro-Ricardo le contesta que no lo hará sin licencia de Otavio.


    Acto 3
    Ricardo y Otavio se dirigen a su cita con las damas; Ricardo teme que la Duquesa advierta que Lauro y Ricardo son la misma persona, aunque confía, instigado por Otavio, en que la noche oscura y lluviosa le ha de favorecer, y en que "como es tan poderosa/ la imaginación", la de la Duquesa le ha de ayudar. Ricardo justifica toda su traza: asegurarse el amor de una mujer soberbia que rechazó a todos sus pretendientes, y que pudo rechazarlo a él si se hubiera ofrecido sin ficciones. Otavio se muestra pesaroso porque Celia no parece amarle, pero Ricardo le asegura que se la entregará, cuando pueda disponerlo. Julio sale a su paso para avisarles que ya es la hora (pasada la medianoche) y que la Duquesa ya está a las rejas. Cuenta entonces que la ha visto en su alcoba, con ropa de levantar, hermosísima, y cuenta también que, deseosa ella de saber sobre los celos de Lauro, ahora que Ricardo está ya en la corte, le ha contado que Lauro y Ricardo han pasado toda la noche juntos, hablando de ella. 'En dos balcones altos, y apartados, están la Duquesa y Celia, teniendo las cortinas dellos con las manos'. Les hacen señas desde allí y Ricardo ordena a Otavio dirigirse al de Celia como si fuera Lauro, mientras él se dirige al de Estela como Ricardo. Estela se deja cortejar por Ricardo, y le corresponde, pero también se muere de celos al comprobar que Lauro está cortejando a Celia; por ello pide a Ricardo que le traiga a Lauro y que él entretenga a Celia. Ricardo finge obedecer, pero lo que delibera hacer es volver él a hablar con Estela, ahora en el papel de Lauro, mientras Otavio vuelve con Celia, y sigue en su papel de Lauro. Estela da seguridades de su amor a Lauro y le confía un vez más que si se finge amorosa con Ricardo es para poder castigarlo por haberle llamado fea. Llega la aurora y las damas se retiran. Quedan Ricardo feliz y Otavio triste, y al retirarse sorprenden dormido a Julio, que despierta sobresaltado al creer que le atacan enemigos.
    Al día siguiente, Celia y Estela disputan, pues la primera no se resigna a que la segunda la prive de Lauro, que no es su igual y que si la corteja es por interés. Ambas se van encrespando y sacan a relucir sus versiones contradictorias de lo ocurrido "anoche": para Celia, Lauro ha estado toda la noche con ella, confesándole su amor; para Estela, Lauro también ha estado con ella, y también le ha manifestado su amor. Celia finalmente se muestra dócil y renuncia a la competencia con su señora, mientras que Estela, ilusionada, ruega a los cielos que concierten sus amores. Julio la invita a ver los regalos que le envía Ricardo, y entre ellos un retrato de Lauro enmarcado con diamantes. ¿Cómo de Lauro?, se asombra Estela. Julio responde que por haberla oído Ricardo decirle amores a Lauro. Estela lo desmiente. Se presenta Lauro y los dos amantes se requiebran y, por turno, se muestran sus celos respectivos de Ricardo y de Celia. Finalmente Lauro, en un bello, extenso y acongojado parlamento, pide a Estela que le deje marchar con su tristeza a España, pero ella le confirma su amor y le ruega que colabore en su venganza, que le propone ejecutar de inmediato, y cuyo plan le expone: por medio de Lauro convocará a Ricardo a la corte para desposarse con él, pues le ha dado la palabra, y entonces, en público, y amparada por sus tropas, prevenidas para el caso, le retirará la mano y la palabra ("porque si os parezco fea, / vos me parecisteis necio") y se las dará a Lauro, vengándose de paso también de Celia, que estará confiada en que Lauro se case con ella, como ella le habrá anunciado. Tras ello, Ricardo-Lauro le confía a Julio: "Hoy ha de quedar deshecho, / Julio, todo este teatro / de la fortuna, y del tiempo".
    La Duquesa anuncia al Gobernador las dobles bodas y le advierte para que tenga prevenidos a sus soldados. Julio anuncia la llegada del Príncipe, acompañado de Lauro y del Conde, y advierte a la Duquesa que Ricardo y Lauro son tan parecidos que ni él acierta a distinguirlos. La Duquesa experimenta un momento de duda acerca de su propósito de venganza. Cuando se presentan todos, y entre ellos Ricardo, "galán, de camino y plumas", la Duquesa cree que es Lauro, pero Ricardo la desengaña, y ella se siente burlada. Ricardo pide al Conde, a Otavio y a Julio que confirmen su identidad y tras ello, y en un largo parlamento, revela la trama de sus invenciones y le declara su amor. La Duquesa acepta las bodas y concede las de Celia y Otavio. Como no hay criada para Julio, se le otorga una sustanciosa renta.
    Ricardo despide la comedia:
    "Aquí dio fin el Poeta
    a la hermosa fea, Senado;
    pero con esta advertencia:
    si os agrada, será hermosa,
    y si no, la hermosa fea."


    OBSERVACIONES A LA OBRA

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    Observación: La representó en Valencia en 1632 (antes del 26 de abril) Cristóbal de Avendaño, según Rennert (CR, 467), y en Palacio, en 1631, la misma compañía de Avendaño, a quien se pagaron, el 26 de abril de 1632, 400 reales por esta obra y por La noche de San Juan (MB, 478). MB piensan que la fuente de ambas noticias es la misma (MB, 478).


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