ROBO DE DINA, Comedia famosa, EL
DATOS BIBLIOGRÁFICOS
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Título: ROBO DE DINA, Comedia famosa, EL. Procedencia: Parte 23 (1638); fnal del Acto III; copia manuscrita BNE
Autoría
Autor: Félix Lope de Vega y Carpio. Fiabilidad: De autoría probable
Peregrino
Citado en El peregrino I: No
Citado en El peregrino II: No
Parte
Parte XXIII (1638)
Manuscrito
Tipo: Copia
Localización: Madrid, Biblioteca Nacional (España)
Ref. bibliográfica: Paz y Mélia, A.: Catálogo de las piezas de teatro que se conservan en el Departamento de Manuscritos de la Biblioteca Nacional. (La primera edición en: Madrid, Colegio nacional de sordomudos, 1899.). Madrid, 2ª edición, Blass, S.A. Tipográfica, 1934. 482.
Nota: Signatura mss. 14.910. Copia de principios del siglo XIX.
Otras ediciones del siglo XVII
No consta
Colecciones modernas
*Ref. bibliográfica: VVAA: Teatro Español del Siglo de Oro (Base de datos de texto completo publicada en CD-ROM). ProQuest LLC, Chadwyck-Healey, 1997.
Ref. bibliográfica: Menéndez Pelayo, M., ed.: Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española. ( 15 vols.). Madrid, RAE, 1890-1913. III (BAE, CLIX).
* Edición utilizada
Ediciones singulares modernas
No consta
Versiones y traducciones
No se conocen
Bibliografía secundaria
- Aaron, M Audrey. Lovers Genteel or Gentile Lope de Vega’s El robo de Dina. Moscow, ID: Univ of Idaho. 1977.
- Canning, Elaine M.. "Sacred Souls and Sinners: Abstinence and Adaptation in Lope’s Religious Drama". Samson, Alexander; Thacker, Jonathan. A Companion to Lope de Vega. Woodbridge, UK: Tamesis. 2008. p. 147-158.
- García Reidy, Alejandro. "Lope de Vega y su recreación dramática del rapto de Dina". Domínguez Matito, Francisco; Martínez Berbel, Juan Antonio. La Biblia en el teatro español. Vigo: Editorial Academia del Hispanismo. 2012. p. 411-420.
- Oleza, Joan. "Los casos del Antiguo Testamento en el teatro de Lope de Vega". Domínguez Matito, Francisco; Martínez Berbel, Juan Antonio. La Biblia en el teatro español. Vigo: Editorial Academia del Hispanismo. 2012. p. 359-376.
Nota: Sobre: La corona derribada, La hermosa Ester, La historia de Tobías, El robo de Dina y Los trabajos de Jacob.
- Primorac, Berislav. "Crimen y castigo en El robo de Dina de Lope de Vega". Dicenda: Cuadernos de filología hispánica. núm. 10. p. 257-266. 1991-1992.
- Stanger, Jennie Abolafia. "El drama español basado en el Viejo Testamento. El robo de Dina, comedia bíblica de Lope de Vega.". Judaica. núm. 7. p. 191-99. 1940.
ANOTACIONES PRAGMÁTICAS
Ver / Ocultar secciónDatación
Fecha: 1615-1622
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 550, 602.
Nota: Aunque en principio MB la incluyen entre las de dudosa o incierta autenticidad, concluyen "La comedia es de Lope (p. 550), y la incluyen finalmente entre las "Comedias que probablemente son de Lope" (p. 602).
Dedicatorias
No existe dedicatoria.
Cómputo de versos
Número: 2886
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 550.
CARACTERIZACIONES
Ver / Ocultar secciónPersonajes no computables
Observación: Se habla de un baile de gitanas (no gitanos). Los criados salen con lanzas. La gente con ramos y guirnaldas. Aparece ganado. En el Acto II salen, con Simeón, Leví, etc., "los que más pudieren."
Personajes computables
Universo social
Tiempo histórico
Antiguo Testamento
Marco espacial
Acto 1
Topónimo: Mesopotamia, [Oriente Próximo]. Asia. Espacio: campo.
Topónimo: Canaán. [Israel / Gaza / Cisjordania]. Asia. Espacio: campo.
Acto 2
Topónimo: Canaán. [Israel / Gaza / Cisjordania]. Asia. Espacio: campo; interior del palacio de Siquem.
Acto 3
Topónimo: Canaán. [Israel / Gaza / Cisjordania]. Asia. Espacio: campo; interior del palacio de Siquem.
Duración
Género
Género principal:
- Drama > historial > religioso > Antiguo Testamento.
Extracto argumental
Acto 1
Jacob, que, de acuerdo con el relato bíblico, había emigrado a casa de su tío Labán (en Mesopotamia) para evitar la venganza de su hermano (Esaú) por haberle robado la bendición de su padre (Isaac), ha decidido, después de haber servido durante muchos años a su tío, fugarse clandestinamente para volver a la tierra de su padre, llevándose con él a sus esposas (Raquel y Lía, hijas de Labán) y a sus hijos (los nietos de Labán). Enterado de ello -y aquí comienza la acción-, Labán, acompañado de Asur y unos criados, va persiguiendo a Jacob, pero al amanecer, rendido por el cansancio de la persecución, se duerme. Tiene entonces un sueño-visión ("Dé vuelta un árbol que estará en el teatro", reza la acotación) en el que un ángel le ordena que no se atreva a hacer ningún mal a Jacob. De modo que cuando, al despertar, Labán se encuentra con Jacob y su comitiva, obedeciendo las órdenes divinas, se limita a reprocharle su comportamiento tan ingrato por fugarse con sus hijas, robándole además sus dioses. Jacob, por su parte, justifica el rapto de sus hijas por el temor a que Labán no hubiera permitido que se las llevara, dada la ingratitud que Labán había tenido con él durante todos los años que ha permanecido a su servicio; y le reta a recuperar sus dioses si es que puede encontrarlos entre los enseres que transporta. (Es Raquel la que, en efecto, ha hurtado los dioses de su padre, que esconde hábilmente para que no pueda encontrarlos). Labán, pues, no encuentra lo que busca, mientras Jacob protesta por la desconfianza de su suegro, que duda de él a pesar de las muestras de honradez que le ha dado en el cuidado y administración de su ganado durante todos los años que le ha servido. Terminada la infructuosa búsqueda, Labán y Jacob firman las paces poniendo por testigos unas piedras colocadas en un lugar al que llaman Galaad; Labán se despide emocionadamente de sus hijas y nietos y desea a José, el nieto bienamado hijo de Raquel, la conquista de un reino. Pero al proseguir su camino, a Jacob le asalta la preocupación de encontrarse de nuevo con su hermano Esaú, que quizá aún no ha olvidado su odio contra él. Tales sospechas son confirmadas por Leazar, que se ha adelantado para explorar el terreno y le avisa de que Esaú está cerca con mucha gente preparada para la guerra. Mientras toda su gente se va para prepararse al encuentro con Esaú, al que piensan pedir paz y misericordia, Jacob a solas pide a Dios que lo proteja de su hermano. Entonces "baje de lo alto con la invención del pozo un ángel" (Dios), que mantiene con Jacob una pelea de la cual sale reforzado en su valor. El ángel, bendiciéndole, le cambia el nombre por el de Israel. Inmediatamente Jacob y Esaú llegan a encontrarse, y Esaú, contra los presentimientos de Jacob, lo recibe fraternalmente y le ofrece su hospitalidad. Jacob le presenta a su familia y le ofrece regalos; Esaú, por su parte, pretende acompañarlo, pero Jacob le ruega que se adelante porque él seguirá su camino.
Más tarde, el príncipe Siquén, que está descansando en su jornada de caza, ve acercarse los rebaños conducidos por los hijos de Jacob. Cuando se encuentran, éstos le comunican que vienen de Mesopotamia y se dirigen a la tierra de sus antepasados, y que su padre, Jacob, está entrevistándose con el Rey padre de Siquén para obtener el permiso de residencia en su tierra. Gran contento les sobreviene a todos cuando llegan Bato y Leazar anunciando que Jacob y el rey Emor se han concertado y ya se están disponiendo las cosas para quedarse. En medio del alborozo general, sin embargo, una tristeza le embarga a Bato, enamorado de Zelfa sin que ésta le corresponda. Así que cuando ésta llega con Dina, para burlarse del pobre pastor y poner a prueba su amor, decide gastarle una broma y le manda a una fuente cercana, custodiada por una serpiente, a cuyas aguas se dice que se debe la proverbial belleza de las mujeres de Siquén. Mientras Bato, lleno de temores y a regañadientes, va a cumplir su misión, llegan el rey Emor, el príncipe Siquén, Jacob y sus hijos. Jacob les presenta a Dina, de quien queda inmediatamente enamorado el príncipe Siquén. Y el acto termina con un sacrificio que rinden todos al Dios de Jacob mientras Siquén contempla extasiado la belleza de Dina.
Acto 2
Son las fiestas en honor de Astarté, diosa del amor, y todos los habitantes de la ciudad se dirigen al templo para ofrecerle sacrificios. Simeón, Leví y Rubén, que contemplan la escena, comentan la maravilla arquitectónica del templo y las engañosas creencias paganas, pero rápido se alejan de allí para no dejar solos los rebaños ni ser vistos por el príncipe Siquén, que se acerca confesando a Alfeo su perdido enamoramiento de Dina. Los siquenitas (Fenicia, Lisena, Crisaldo, Cintio) hacen ofrendas y peticiones a la diosa Astarté, mientras Dina, que disfrazada y acompañada por Zelfa contempla la fiesta, se admira de la música, de los bailes de gitanas, del adorno y la belleza de las mujeres de Siquén. Ya las dos mujeres se disponen a abandonar el lugar cuando se les acerca el príncipe Siquén, el cual se atreve a declararle de inmediato su enamoramiento a Dina. Ésta lo rechaza con amabilidad, rogándole respeto a su condición y honor e invocando su desvalimiento por estar alejada de la protección de su familia. Pero Siquén insiste en lograr la correspondencia de la dama, que ya sintiéndose acosada forcejea por escapar del lugar, temiendo ser descubierta y deshonrada. Lo logra, finalmente, pero Siquén, furioso por la actitud de la mujer, concibe la idea de raptarla contra el consejo de su criado Alfeo.
Mientras tanto, Bato, ya cerca de la fuente de la belleza, está a punto de caer en el engaño urdido por Zelfa y al que contribuye Leazar haciéndose pasar por la serpiente. Rubén, Leví y Simeón, que se acercan también a la fuente con su ganado, ven a Bato, que les cuenta sus propósitos, y cuando los hijos de Jacob van a disparar con sus hondas a la supuesta serpiente, Leazar sale de su escondrijo descubriendo con ello la burla.
Dina y Zelfa, que, al desembarazarse de Siquén, se han encontrado con las siquenitas Fenisa y Lisena, hablan con las mujeres siquenitas procurando su amistad. En estas circunstancias son sorprendidas por Siquén, que, acompañado de varios criados, consuma el rapto de Dina.
La escena vuelve a la fuente donde Simeón, Rubén y Leví dan de beber al ganado; al anochecer, reciben la visita de su padre Jacob, que les expresa su felicidad por hallarse en Siquén; y, viendo a sus hijos apacentando el ganado, recuerda con nostalgia el momento en el que él mismo conoció a su esposa Raquel.
Mientras tanto, en otro lugar, el príncipe Siquén declara a Dina insistentemente su amor y justifica su rapto, pero la muchacha lo rechaza reprochándole su falta de nobleza por haberse atrevido a deshonrarla de esa manera. Logra escapar de su raptor, cuando aparece Alfeo para reprocharle también al príncipe su loco atrevimiento y su insensatez al haberse enamorado de una dama cuya categoría no le corresponde. Pero el príncipe proclama una vez más su amor por Dina, recuerda a su criado que la muchacha procede de la noble estirpe de Isaac y de Abraham y está decidido a rogarle a su padre que hable con Jacob para concertar su matrimonio con Dina.
Acto 3
Jacob está dando gracias a Dios y alabando su grandeza, cuando entran en escena Zelfa y Bato, ella rechazándolo por importuno y él reprochándole su burla y desagradecimiento. Jacob entonces le pregunta a Zelfa por el paradero de Dina, pero la criada le oculta lo ocurrido, diciéndole que dejó a su señora conversando con unas mujeres de Siquén. Inmediatamente aparece Dina descompuesta y relata a su padre extensamente lo ocurrido, desgarrada de dolor. Jacob, que ha escuchado a Dina con sorpresa, le recrimina su curiosidad femenina, causa y ocasión de su deshonra. Dina se exculpa ante su padre, pero al ver en la respuesta de Jacob cierta actitud comprensiva hacia la conducta de Siquén, contesta que él no puede ser buen juez en un caso parecido, tanto por haber amado mucho ("Por fuerza tendrá blandura / juez, supuesto que honrado, / a quien tanto han sobornado / el amor y la hermosura") como porque su edad avanzada le aconseja una prudencia que ella juzga tibieza ("Padre, yo estoy deshonrada: / donde ha de cortar la espada / no es necesario el consejo"). Le deja por tanto, confiando en que serán sus hermanos los vengadores de su honra. Jacob, que ve la indignación de Dina por su (aparentemente) fría actitud ante el suceso, afirma en un monólogo que la prudencia de su edad aconseja medir bien la venganza. Manda Jacob llamar, entonces, a sus hijos.
El príncipe Siquén, por su parte, le está solicitando a su padre, el rey Emor, que convenga su matrimonio con Dina. Emor trata de disuadirlo con los mismos argumentos que empleó Alfeo, la baja categoría de la muchacha para su condición de príncipe. Pero ante la insistencia de Siquén en su determinación de casarse con Dina por amor, el Rey decide hablar con Jacob. Éste, sin embargo, remite su respuesta definitiva a la proposición de matrimonio hasta haberse aconsejado de sus hijos. Cuando, extrañados por la urgente llamada de su padre, llegan Rubén, Simeón, Leví, Isacar, Dan y Neptalín ante Jacob, todos hacen un consejo de familia. Jacob les relata las circunstancias en las que Dina fue ofendida por el príncipe Siquén, pero juzga que, no teniendo remedio lo sucedido, parece aconsejable reparar el agravio cediendo a los deseos del Rey, que le ha propuesto la solución más ventajosa para todos, casar a Dina con Siquén. Como los hijos deciden reflexionar a solas, Jacob los deja, manifestándoles que él acatará la decisión que convengan. Ya solos, contrastan sus diferentes pareceres sobre la mejor solución a la afrenta: unos (Dan, Rubén, Neptalín) son partidarios de aceptar la opinión de Jacob, que no desea la venganza, y otros (Leví, Isacar, Simeón), por el contrario, creen que la villanía de Siquén no debe quedar sin castigo. Leví finalmente impone el criterio de la venganza, pero llaman a su padre y le ocultan su decisión diciéndole que Dina debe casarse con Siquén. De modo que cuando Emor y Siquén vienen a concertar el matrimonio, los hijos de Jacob les manifiestan su acuerdo con la sola condición de que Siquén y todos los habitantes del reino sean circuncidados. Mientras Emor se va para pedir al pueblo la aceptación de esta condición, Siquén se queda pensando en su amada y está a punto de entrar en su casa cuando se le aparece "una sombra con una túnica y rostro negro, sombrero, espada y daga ceñida", presagio de su próxima muerte, que le impide la entrada a la casa de Jacob. En ello llega su criado Alfeo con la noticia de que los siquenitas aceptan la circuncisión. Cuando Zelfa le trae la noticia, Dina se siente desgraciada: nada le importa la conveniencia de su matrimonio con un príncipe, ella sólo advierte que la afrenta a su honor va a quedar sin reparo y habrá de casarse con un hombre no deseado. Pero está confesándole a Zelfa estos pesares, cuando llega Bato para anunciar la ejecución de la venganza de sus hermanos, que han aprovechado los dolores de los siquenitas por la circuncisión para matar al Rey, al príncipe Siquén y para prender fuego a la ciudad. Jacob, espantado del crimen de sus hijos, teme las represalias futuras de los siquenitas, pero sus hijos le piden perdón y le consuelan justificando su acción para vengar su honra. En estas tribulaciones de Jacob, un ángel se le aparece para ordenarle que se dirija al monte Betel. Jacob le pide la bendición para sus hijos y ordena abandonar la tierra de Siquén.
OBSERVACIONES A LA OBRA
Ver / Ocultar secciónObservación: Hay abundantes acotaciones escénicas