SABER PUEDE DAÑAR, Comedia famosa, EL
DATOS BIBLIOGRÁFICOS
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Título: SABER PUEDE DAÑAR, Comedia famosa, EL. Procedencia: Parte 23 (1638); final del Acto III
Autoría
Autor: Félix Lope de Vega y Carpio. Fiabilidad: De autoría probable
Peregrino
Citado en El peregrino I: No
Citado en El peregrino II: No
Parte
Parte XXIII (1638)
Manuscrito
No consta
Otras ediciones del siglo XVII
No consta
Colecciones modernas
*Ref. bibliográfica: VVAA: Teatro Español del Siglo de Oro (Base de datos de texto completo publicada en CD-ROM). ProQuest LLC, Chadwyck-Healey, 1997.
Ref. bibliográfica: E. Cotarelo et al. eds.: Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española [nueva edicion] (Con prólogos de E.Cotarelo y Mori y otros, 13 vols.). Madrid, RAE, 1916-1930. XIII.
Ref. bibliográfica: E. Hartzenbusch: Comedias escogidas de Lope de Vega. (4 volúmenes) (Integradas en la Biblioteca de Autores Españoles, vols. XXIV, XXXIV, XLI y LII. 4 volúmenes). Madrid, Rivadeneyra (BAE), 1853, 1855, 1857, 1860. III (BAE, XLI).
* Edición utilizada
Ediciones singulares modernas
No consta
Versiones y traducciones
No se conocen
Bibliografía secundaria
- Aparicio Maydeu, Javier. "El saber puede dañar. Lope enredado en la madeja de la cultura". Insula: revista de letras y ciencias humanas. núm. 658. p. 10-11. 2001.
Nota: Monográfico dedicado a Teatro Lope de Vega: género, escena y recepción.
- Villarino, Edith Marta. "La desvergüenza como desmesura en comedias de Lope de Vega". La desvergüenza en la comedia española. En: XXXIV Jornadas de teatro clásico (Almagro, 5 - 7 de julio de 2011). Felipe Blas Pedraza Jiménez, Rafael González Cañal, Elena Marcello (eds.). Cuenca: Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha. 2013. p. 89-99.
Nota: Especialmente sobre Porfiando vence amor y El saber puede dañar.
ANOTACIONES PRAGMÁTICAS
Ver / Ocultar secciónDatación
Fecha: 1620-1625
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 552.
Dedicatorias
No existe dedicatoria.
Cómputo de versos
Número: 2892
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 551.
CARACTERIZACIONES
Ver / Ocultar secciónPersonajes no computables
Personajes computables
Universo social
Tiempo histórico
Tiempo indeterminado
Marco espacial
Acto 1
Topónimo: París. [Francia]. Europa. Espacio: exterior de la casa de Celia y Rosela; interior del palacio real; interior de la casa de Celia y Rosela.
Acto 2
Topónimo: París. [Francia]. Europa. Espacio: exterior de la casa de Celia y Rosela; interior de la casa de Celia y Rosela; interior del palacio real; calle de la ciudad; jardín.
Acto 3
Topónimo: París. [Francia]. Europa. Espacio: interior de la casa de Carlos; interior del palacio real; interior de la casa de Celia y Rosela.
Duración
Acto 1: 2 días. Nota: La acción empieza en la noche de un día y termina a lo largo de la mañana siguiente
Entreacto 1 a 2: Número indeterminado de horas
Acto 2: 2 días. Nota: La acción empieza en la noche de un día y termina a lo largo de la mañana siguiente
Entreacto 2 a 3: 1 día
Acto 3: 1 día
Género
Género principal:
- Comedia > universo de irrealidad > libre invención > palatina.
Extracto argumental
Acto 1
El Príncipe de Francia Ludovico está enamorado en secreto de Celia, dama hija del noble Aurelio. Cuando al fin se resuelve a visitarla una noche sin que ella lo sepa, descubre un caballero rebozado que sale de su casa y manda a Camilo, su privado, a que lo detenga. El galán se niega a identificarse y comienza a pelear con Camilo. La aparición del Príncipe pone fin a la disputa. El caballero se descubre: se trata de Carlos, un galán de los más valerosos del reino. Éste está realmente allí porque ama y es amado por Celia mas, por sospechas, afirma que su presencia allí se debe a su amistad con Rugero, hermano de Celia. Va disfrazado, afirma, porque se disponen a salir juntos a cortejar damas. El Príncipe, que no queda del todo convencido, le advierte que adora a Celia y que, a partir de entonces, se ande con cuidado. Como ve que Carlos entra y sale como quiere de la casa, le encomienda, para desgracia del galán, que sea su tercero en amores. Nada puede hacer Carlos para evitarlo. Cuando el Príncipe y los suyos se retiran, Carlos y su criado Turín hablan con Celia, que ha salido a la reja, y le cuentan lo sucedido. Ella promete su amor al galán y le recomienda que entretenga al Príncipe, pues él, como todos los poderosos, al final se cansará de su capricho. Celia se despide de Carlos cuando escuchan "gran gente y ruido / de instrumentos": es el duque Octavio que viene a ver a su amada Rosela, hermana de Celia. Ha visto rondar al príncipe por el lugar y teme que sea para ver a Rosela. Ésta le dice que el Príncipe pretende a su hermana, mas no queda demasiado convencido el galán, que se va porque ya está amaneciendo.
Al día siguiente, en palacio, el Príncipe confiesa a Camilo que no ha podido dormir. Ama a Celia mas no quiere imponer su poder sino enamorarla. Le confiesa que, como sospechaba de Carlos, lo ha hecho su tercero para obligarle a guardar obediencia y no enamorar a Celia. Llega entonces el propio Carlos, con el propósito de entretener al Príncipe, tal y como le aconsejó Celia. Impaciente, el otro no se lo permite y le entrega un papel para la dama. Carlos no quiere llevarlo, pues dice que debe respeto a Rugero, el hermano. El Príncipe acaba imponiendo su gusto y le obliga. Cuando el Príncipe sale dejándolo solo con su criado Turín, Carlos se desplaza hacia la casa de Celia, que "tan cerca está de Palacio"; tan cerca, que ni el amo ni el criado salen del tablado y enseguida llegan, a falta de acotación, al interior de la casa. Salen a recibirlos Celia y Rosela. Allí, Carlos se lo cuenta todo a Celia y, mientras piensan cómo responder al papel, llega Rugero. Su padre acaba de comentarle que la libertad con que Carlos entra y sale de la casa no conviene al honor de sus hijas; y así, mientras le ruega que no entre más en casa, le ofrece en matrimonio a una de las dos, la que él prefiera. Carlos, por no declararse abiertamente y no ser descortés con Rosela, les deja elegir a ellas y se va. Celia dice a su hermano que ella se casará con Carlos, mas afirma que Rugero debe ir a pedir la venia al Príncipe, pues Carlos es criado suyo. Cuando se ha marchado, Rosela se asombra de lo que ha hecho su hermana, pues es sabido por ellas que el Príncipe montará en cólera. Su hermana le contesta que ha preferido eso al riesgo de que el hermano case a Carlos con Rosela.
Mientras, en palacio, el Príncipe, alertado de que Octavio visita a menudo a las hermanas, le pregunta a quién está él sirviendo. El duque, que sospecha que el Príncipe ama, como él, a Rosela, le miente diciéndole que el motivo de sus visitas es Celia. Celoso, el Príncipe le descubre que él también la ama y le prohíbe acercarse a ella. Llega entonces a palacio Rugero, para solicitar la boda entre Carlos y Celia. El Príncipe debe improvisar y dice que ya había decidido él de antemano el casamiento entre Carlos y Rosela, pues quiere dejar a Celia para el duque Octavio que la quiere. Igualmente contento, Rugero se marcha. Aparece Carlos y el Príncipe le manifiesta su enfado por haber intentado casarse con Celia; pero Carlos niega, disimulando y diciendo que la prueba de su inocencia está en que le trae el papel con la respuesta de la dama. Mientras el Príncipe lo lee, Octavio informa a Carlos de que el príncipe acaba de casarlo con Rosela; y se va haciendo acto de generosidad, diciéndole que se la cede por ser él su amigo. Cuando el Príncipe termina de leer el billete, Carlos se niega a seguir sirviéndole en una materia tan delicada por comprometer el honor de su amigo Rugero; entonces Turín se ofrece a ayudar al Príncipe y éste le encomienda que concierte una cita secreta esa noche con Celia. A cambio le colmará de riquezas. Cuando Turín y Carlos quedan solos, acuerdan servirse de toda clase de astucias contra el deseo del Príncipe, pues "quien ama / […] tiene licencia / para usar en cualquier tiempo / engaños y estratagemas".
Acto 2
Esa noche, Turín convence a Inés, la criada, para que en la oscuridad se finja Celia y reciba al Príncipe. Prometen repartirse el dinero. Cuando llega el Príncipe llevan a cabo el plan. Mientras el Príncipe habla con la falsa Celia, llegan al lugar Octavio y Carlos que, habiéndose descubierto los corazones, se proponen ayudarse mutuamente ante los abusos de poder de los que están siendo víctimas. Escondidos sorprenden al Príncipe en la reja y le oyen ufanarse de que ha logrado una promesa de su amada. Sin verles, pasa por delante de ellos y se marcha. Carlos cree entonces que Celia le ha traicionado y a duras penas logra Octavio convencerle de que no entre en la casa y arme un escándalo a esas horas de la noche. Sin embargo, Carlos debe entrar de algún modo y ambos amigos idean una estratagema: fingen que han peleado con espadas.
En el interior de la casa las dos hermanas están protestando con Rugero por el casamiento impuesto por el Príncipe a cada una de ellas, cuando Inés anuncia que Carlos, con la espada desnuda, solicita entrar. Al tratarse de un asunto de fuerza mayor, el honor del hogar no se ve afectado. Entra Carlos, cuenta que ha encontrado a un hombre bajo la reja y que, peleando en la oscuridad, cree haberle herido. Luego dice haber reconocido la voz del duque Octavio y le pesa la posibilidad de haber matado a su amigo. Rugero parte raudo a casa de Octavio a preguntar por su salud y deja a Carlos en la casa con las damas. Ante todo, Carlos tranquiliza a Rosela, que se ha quedado pálida, y le cuenta que todo ha sido una invención. Seguidamente echa en cara a Celia su traición con el Príncipe. Nada sabe la dama de ello y defiende su inocencia. Vuelve en ese momento Rugero, con la feliz nueva de que Octavio está bien.
Al otro día, el Príncipe recibe a Carlos y le cuenta que al fin Celia le corresponde pues le ha fijado una cita en un jardín. Insiste además en que quiere casar a Carlos con Rosela. Éste se niega, pues la sabe enamorada de Octavio, pero, una vez más, el Príncipe impone su poder y le obliga a comenzar a visitarla. Ya en la calle, el abatido Carlos se encuentra con Turín y, pensando que ha hecho de intermediario entre Celia y el Príncipe, quiere matarlo. El criado le revela entonces que era Inés la que recibió al Príncipe y la que le dio la promesa de verle. Carlos se arrepiente de su desconfianza con su amada y quiere ir a pedirle perdón, cuando la ve que está a punto de subir a una carroza con su hermana. Se acerca entonces, y trata de hablarle, pero Celia, enojada, ignora a Carlos (la escena es muy graciosa, porque las damas van pasando de una puerta a otra, y Carlos tras ella hablando; pero Celia, en vez de contestarle, sólo habla con el escudero que tiene que llevarlas al campo).
En un jardín propiedad de Octavio, el Príncipe está junto a sus criados y el propio Duque esperando a Celia. Ella le citó ahí la noche anterior. La impaciencia del noble va creciendo hasta que llega el coche de las damas. Cuando el Príncipe trata de hablar amorosamente a Celia, ésta muestra no saber nada de la noche anterior. Él se da cuenta de que ha sido engañado y suplica a Celia que le diga si es Carlos el caballero al que ella ama. La dama dice que no corresponde a su recato contestar abiertamente y que lo hará en unos minutos por medio de un papel. Al rato llega Inés con uno en el que pone Pregúntasme si le quiero: número cincuenta y uno. Nadie sabe descifrar el enigma hasta que llega el mismo Carlos, que ha venido siguiendo el coche. El príncipe le dice que el papel es de una dama al que le han preguntado si quería a un galán y que esa es su respuesta; y le pide que lo descifre si puede. Inocentemente, Carlos acierta, pues, visto en números arábigos, cincuenta y uno es muy similar a un "sí". El Príncipe monta en cólera y echa de allí a Carlos. Para sus criados y Octavio, decreta que Carlos debe morir ese mismo día. Turín advierte por su parte a Carlos que, como se ha demostrado, en ocasiones el saber puede dañar.
Acto 3
Carlos está abatido en su casa. Turín le anuncia que dos damas embozadas quieren verle. Se trata de Celia y Rosela, acompañadas por Inés. Sin descubrirse todavía, Celia pregunta a Carlos el porqué de su humor melancólico y él le contesta que se debe a un desengaño amoroso; con palabras encubiertas, Celia trata de hacer entender a Carlos que puede haberse equivocado, y discuten así hasta que las damas por fin se descubren. Entonces los dos amantes se explican sobre el malentendido del jardín, y Celia reprocha a Carlos por haber revelado al Príncipe el enigma de su respuesta: ese "saber" ha dañado irremediablemente al que fuera privado del Delfín, pues éste ahora lo aborrece. Son interrumpidos por la llegada del Príncipe y las damas deben esconderse y huir por la puerta trasera. El Príncipe ha venido a buscar los objetos y las cartas que Carlos tuviera de Celia. El galán se ve obligado a entregarlos. Sin ninguna discreción, el Príncipe lee en voz alta un par de cartas, para mayor desdicha suya ya que en ellas Celia habla mal de su augusto enamorado y manifiesta a Carlos todo su amor. Con las cartas, venía un bello retrato de Celia, pintado en un lienzo grande, que Carlos guardaba como su mayor tesoro: el Príncipe se lo lleva también. Cuando el Príncipe se ha marchado, llega a la casa Octavio. Le cuenta a Carlos que tiene el encargo del Príncipe de matarle, mas, sabiendo que es injusto y dada la amistad que les une, ha decidido revelárselo. Carlos se lo agradece y le dice que anuncie al Príncipe que le ha matado. Él, por su parte, huirá disfrazado a Alemania o a Flandes.
En la corte, Camilo está tratando de hacer ver a su señor que ha cometido una grave equivocación mandando matar al galán. El Príncipe se empieza a disgustar con su criado cuando ambos son interrumpidos por la llegada de Inés, la criada de Celia, con un mensaje de su señora: Celia ha sabido que el Príncipe tiene ciertos objetos y cartas que le pertenecen, y la ha enviado para recuperarlos o, en su defecto, comprarlos. El Príncipe accede, mas se guarda para sí el precio que tiene pensado pedir por los objetos. Aparece entonces Octavio contando que, habiéndolo tratado previamente con un cazador, éste ha matado por la espalda a Carlos y Octavio lo ha sepultado junto a una acequia. Ante la noticia, el Príncipe da muestras de arrepentirse y se marcha dolido; aunque Octavio no le descubre la verdad porque teme que su señor cambie nuevamente de idea.
Es ya casi de noche. En casa de Celia están llegando los objetos pedidos al Príncipe. Aparece Rugero en la casa con la triste noticia de la muerte de Carlos. Celia se queda helada pero, cuando Rugero se marcha, aparece Carlos, contando la verdad de lo sucedido. Le dice que tiene que partir, para continuar con la mentira, si no, el Príncipe tomará represalias con Octavio. Tras una patética despedida entre Carlos y Celia, y justo cuando están a punto de abrazarse, llega el Príncipe, dispuesto a cobrar el pago por los objetos que ha enviado. Carlos se esconde tras el retrato de Celia. A la dama, el Príncipe dice que, en pago de las cartas, sólo le pide el permiso de venir a verla, que Celia le concede; no así el de abrazarla, que exige en cambio del retrato. Despechado una vez más, el Príncipe la emprende con el retrato queriendo hacerle pedazos; pero antes de que pueda tocarlo, sale de detrás de él Carlos. El primer movimiento del Príncipe es matar a Carlos, al que creía ya muerto; pero se lo impide la llegada de Octavio, Rugero y Turín. Preguntando el criado por la sepultura de su amo, el Príncipe contesta que Octavio sabe dónde queda Carlos, y habiendo vuelto Octavio a contar la mentira de su muerte, el Príncipe hace salir a Carlos de detrás del retrato y reprocha a Octavio por haberle mentido. Insiste además en su voluntad de matar al rival, y lo condena a muerte; entonces Celia pide la vida de su amado, cual nueva Lucrecia que se ofrece sin amor a los deseos del Príncipe para salvar a Carlos, que obviamente prefiere morir. Ante "tan amorosa pendencia" el Príncipe cae en la cuenta de que todos han actuado bien menos él y se arrepiente. Bendice pues en el acto las bodas múltiples que ponen fin a la acción: de Carlos con Celia, Octavio con Rosela y Turín con Inés.