REY POR SU SEMEJANZA, EL
DATOS BIBLIOGRÁFICOS
Ver / Ocultar secciónTítulo
Título: REY POR SU SEMEJANZA, EL. Procedencia: Copia manuscrita de la BNE (anteportada del Acto II, en donde se atribuye la obra a Lope)
Título: REY POR SEMEJANZA EN ASIRIA, EL. Procedencia: Portada de la copia manuscrita de la BNE (en donde se atribuye la obra al licenciado Grajales, es decir Juan de Grajales)
Observación: En los versos finales se alude al título: "Aquestos, señores, son / parte de los grandes hechos / de Altemio, que vino a ser/ rey por semejanza, siendo / un humilde labrador. / Los demás de sus sucesos / no se refieren aquí, / por no dar lugar al tiempo".
Autoría
Autor: Félix Lope de Vega y Carpio. Fiabilidad: De autoría dudosa
Peregrino
Citado en El peregrino I: No
Citado en El peregrino II: No
Parte
No presente en la colección de Partes de Lope de Vega
Manuscrito
Tipo: Copia
Localización: Madrid, Biblioteca Nacional (España)
Ref. bibliográfica: Paz y Mélia, A.: Catálogo de las piezas de teatro que se conservan en el Departamento de Manuscritos de la Biblioteca Nacional. (La primera edición en: Madrid, Colegio nacional de sordomudos, 1899.). Madrid, 2ª edición, Blass, S.A. Tipográfica, 1934. 480.
Nota: Signatura mss. 14.967, letra del siglo XVII. En la portada se da el título El rey por semejanza en Asiria y se atribuye a Grajales [i. e. el licenciado Juan de Grajales], pero en la segunda jornada se titula El rey por su semejanza y se atribuye a Lope.
Otras ediciones del siglo XVII
No consta
Colecciones modernas
*Ref. bibliográfica: E. Cotarelo et al. eds.: Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española [nueva edicion] (Con prólogos de E.Cotarelo y Mori y otros, 13 vols.). Madrid, RAE, 1916-1930. II.
* Edición utilizada
Ediciones singulares modernas
No consta
Versiones y traducciones
No se conocen
Bibliografía secundaria
No consta
ANOTACIONES PRAGMÁTICAS
Ver / Ocultar secciónDatación
Fecha: 1597?-1603?
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 548, 604.
Nota: Considerada por MB de 1597?-1603, en la p. 548, y de 1599-1603, en la p. 604, y siempre de dudosa autenticidad.
Dedicatorias
No existe dedicatoria.
Cómputo de versos
Número: 2634
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 548.
CARACTERIZACIONES
Ver / Ocultar secciónPersonajes no computables
Personajes computables
Universo social
Observación: Los personajes de Altemio y su padre, Riseo, denominados tan sólo como "labradores" en el elenco de personajes, parecen pertenecer a la categoría de labradores acomodados que disponían de sus propias manadas y no estaban al servicio de ningún señor.
Tiempo histórico
Edad Media
Nota: La acción tiene lugar en un tiempo indeterminado: el hecho de que el rey de Asiria tenga por nombre Antíoco apuntaría a que la acción transcurre en la Antigüedad, pero la presencia de embajadores egipcios musulmanes y las menciones al cristianismo situarían la acción vagamente en algún momento de la Edad Media.
Marco espacial
Acto 1
Topónimo: Asiria, [Iraq/ Turquía/ Siria / Irán]. Asia. Espacio: interior del palacio real; montes a las afueras de la ciudad; jardín del interior de una casa de campo.
Acto 2
Topónimo: Asiria, [Iraq/ Turquía/ Siria / Irán]. Asia. Espacio: interior del palacio real.
Acto 3
Topónimo: Asiria, [Iraq/ Turquía/ Siria / Irán]. Asia. Espacio: interior del palacio real; campo de batalla a las afueras de la corte.
Duración
Acto 1: 3 días
Acto 2: 2 días
Entreacto 2 a 3: 1 mes
Acto 3: 1 día
Género
Género principal:
- Comedia > universo de irrealidad > libre invención > palatina.
Extracto argumental
Acto 1
La acción se abre a las dos de la tarde en el Palacio del Rey de Asiria Antíoco, quien está vistiéndose y departiendo con el Conde, acompañado de cortesanos. Julia, dama de la Reina, de la cual el Rey está enamorado, pasa por sus estancias y el Rey aprovecha para pedirle que le dé aguamanos. El Rey, fascinado por la belleza de la dama, dedica a Julia una serie de halagos. Su esposa, la Reina, aparece por sus estancias y le pregunta a Julia qué hace allí, puesto que había estado reclamando sus servicios. Julia se disculpa diciendo que había sido el Rey quien le había pedido que le diera el aguamanos. La Reina hace evidentes sus celos, por lo que el Rey Antíoco, pidiendo que le deje estar, le propina un bofetón. Inmediatamente la Reina cuenta el suceso a su primo, Roberto, y le promete que se vengará del Rey con la muerte. Roberto, quien espera ser esposo de la Reina y, por tanto, rey de Asiria, promete a la Reina aprovechar la ocasión y matar al Rey, pero le pide respetar la vida de Julia, puesto que, según él, se ha mostrado esquiva con el Rey.
Por su parte, el Duque Federico, el Marqués Fabricio y otros grandes comentan la ofensa sufrida por la Reina y proponen vengarse también del Rey Antíoco, por lo que deben reunirse en casa del Marqués Fabricio.
La acción se desplaza al monte, donde unas voces de cazadores "dentro" dan cuenta de cómo el Rey y Roberto están persiguiendo a un ciervo; enseguida aparece el Rey "rodando por una peña del monte" hasta desaparecer tras una de las puertas del vestuario, increpando a Roberto como responsable de su muerte.
Tres días después, en el jardín de una "casa de placer", la Reina, quien ya se estaba arrepintiendo de las órdenes dadas a Roberto, recibe de éste la noticia de la muerte del Rey. Al ver la actitud pesarosa de la Reina, Roberto le echa en cara su arrepentimiento y le reclama lo prometido. En ello, llega el cortesano Filipo, que cuenta a la Reina cómo el Rey, siguiendo a un ciervo, se ha perdido por los montes; además, dice que el vulgo mantiene la creencia de que el Rey en realidad ha muerto, y que quien lo ha matado son ella y Roberto. Mientras Roberto y Filipo salen a ver en qué para la agitación del vulgo contra la Reina, ésta se queda sola, cuando ve llegar a Altemio, un labrador extremadamente parecido al Rey que acaba de dejar la casa de sus padres, cansado de su trabajosa vida de pastor. La Reina cree que se trata de Antíoco, que vuelve a vengarse de ella; para aplacarlo, corre a su encuentro y lo abraza, ante la estupefacción del villano. Tras una escena bastante cómica de malentendidos, en la que el labrador asegura a la Reina que se engaña, convenciéndola sólo después de muchas insistencias, la Reina le cuenta en breve su historia, proponiéndole que suplante la identidad del Rey para evitarle el acoso del vulgo y la prisión a la que ya ha sido condenada. Altemio acepta no sin encontrar problemas como su analfabetismo.
Mientras, aunque el Marqués muestra cierta oposición a hacer presos a la Reina y a Roberto, el Duque atrapa a Roberto y lo desarma para llevárselo a prisión; lo mismo intenta hacer con la Reina, que se resiste hasta que aparece Altemio, vestido de Rey. Todos se maravillan de verlo vivo, y más Roberto, quien le había dado muerte con sus propias manos y duda si soñó o si el pretendido Rey es un impostor. Altemio, que finge muy bien la identidad del Rey, cuenta cómo se perdió siguiendo un ciervo y no consiguió volver hasta hallar un rústico que le dio comida y posada. El príncipe Jacobo, hijo de Antíoco, se sorprende también al ver a su padre vivo; y Altemio responde a sus preguntas con palabras de doble sentido, que aluden al repentino cambio de fortuna experimentado. Los Grandes piden disculpas a la Reina por su atrevimiento, y ella magnánimamente los perdona; luego, a solas con Altemio, lo felicita por su gravedad y aplomo.
Acto 2
En palacio, Filipo, Alberto y Aurelio asisten a las deliberaciones del Rey y se admiran del cambio experimentado por éste en cuestiones económicas; por una parte, ofrece más dinero para las obras de piedad y para los pobres; por otra, recorta las rentas que había ofrecido a su privado el Conde Arnesto. Cuando éste llega y le ofrece al que cree que es el Rey una hoja en blanco para que ponga su sello, como solía hacer normalmente Antíoco, Altemio se niega. Además, avisándole de que el vulgo murmura sobre su privanza, le aconseja que tenga cuidado con sus amigos, todos fingidos, y que permanezca en su casa por un tiempo sin ir a verle. Tras la salida del Conde, Filipo y Aurelio le explican los "agravios y vejaciones" que realizan cada día los señores de su reino, y Altemio se propone remediarlos. Entra la Reina y Altemio, delante de todos sus sirvientes, le declara su amor, y lo mismo hace la Reina, pero no cuando hace salir a todos. La Reina no parece aceptar en un principio que el amor mostrado por Altemio sea verdadero y cuando lo reconoce, se escandaliza por ser éste un villano. Altemio, por el contrario, había creído que el amor que mostraba la Reina era verdadero, y no entiende cómo ha podido trocar sus humildes pensamientos por atrevimientos como éste.
Al día siguiente, el Conde, el Duque, Roberto y el Marqués hablan sobre los extraños comportamientos del Rey: las limosnas a los pobres, su desinterés por las mujeres, su amor por la Reina y el aborrecimiento de Julia... El Conde hasta llega a sospechar que no se trata del verdadero Rey; y el Duque comenta que es un Nerón al revés, que en vez de pasar de la virtud al vicio como el emperador romano, ha pasado del vicio a la virtud. En ese momento hace entrada Altemio, junto a su fingido hijo, el Príncipe. Altemio le quiere dar lecciones de gobierno por lo que al Duque, al Marqués y al Conde les pide que le den una parte de sus rentas pues no es razón que el Rey pase necesidad teniendo tan poderosos vasallos. El Duque se opone a esta decisión por mucho que él represente la máxima autoridad, pues, dice, cuando el Rey pide dinero a sus vasallos de hecho les está pidiendo un tributo, un "pecho", y ser pecheros ofende su honor. Altemio dice que por esa desobediencia recibirán escarmiento, pero los nobles no cejan de su negativa y se van uno tras otro, muy ofendidos. El Príncipe, por su parte, se muestra indignado por el ejemplo que le pretende dar, pero Altemio le pide paciencia pues aún no ha visto el fin que pueden producir sus decisiones. El príncipe se va, y Altemio, que se queda reflexionando sobre su amor por la Reina, decide aprovechar hasta las últimas consecuencias su parecido con el Rey. Así, cuando entra la Reina, para cortar de una vez con sus dudas e incertidumbres, Altemio declara que su identidad de villano era fingida: "Antíoco soy, tu esposo,/ no Altemio, pobre villano". Esta declaración sume a la Reina en el mayor desconcierto y angustia: si se trata verdaderamente de Antíoco, la castigará por su traición; si se trata de Altemio, ¿cómo puede ella ser la mujer de un villano sin perder su honor? Decide entonces averiguar la verdadera identidad de Altemio rastreando sus orígenes, yendo en busca del que Altemio le había dicho que es su padre.
En otra parte, tiene lugar una escena de amor y celos entre Roberto y Julia: Roberto afirma que ya no quiere a la Reina sino a ella, pero Julia, que antes le quería siendo despreciada por él, ya no le quiere porque, a su vez, ahora ama al Rey quien, sin embargo, la ignora. Llegan en ello los Grandes muy preocupados por el cadalso enlutado que se ha montado en mitad de la plaza. Mientras tanto, Altemio y Aurelio disponen lo necesario para confesar al Conde Arnesto, a Roberto, al Marqués y al Duque. Los grandes, atemorizados, se acercan a Altemio, y cuando éste les pregunta qué han decidido acerca del préstamo que les había pedido, todos acceden a dárselo, aunque quejándose del modo como los ha inducido a ello. Entonces, Altemio dice que los trata tal y como ellos tratan a sus vasallos, y les descubre la verdad, que ha montado todo aquello para que enmendaran su comportamiento, por lo que pueden gozar de sus rentas como les plazca. El acto se cierra con las alabanzas al fingido Antíoco, que se está comportando con la virtud de "otro segundo Trajano".
Acto 3
Ha pasado un mes desde la transformación de Altemio en el Rey de Asiria. La Reina ha llamado a palacio al padre de Altemio, Riseo, y le pregunta por sus hijos. Éste le cuenta que tenía un hijo llamado Altemio, pero se fue porque lo había reprendido por matar de una pedrada a un toro. La Reina entiende entonces que la afirmación de Altemio, de que él es Antíoco, es fingida; pero al mismo tiempo la narración de la fuerza y las hazañas de Altemio que le hace su padre la inclina amorosamente hacia el rey fingido. La Reina lleva a Riseo ante Altemio y, aunque el padre lo reconoce, el hijo finge no hacerlo, por no perder a la Reina. No obstante, reconoce para sí que es una crueldad lo que está haciendo con su padre y al final decide revelar su identidad abrazando a su padre. Pero la Reina, que queriendo al rey fingido no puede admitir que se trata de un simple labrador, insiste en que se trata de un error de Riseo, y que Altemio no es Altemio su hijo sino Antíoco Rey de Asiria; y despacha a Riseo pidiéndole que guarde el secreto de lo ocurrido. Altemio se queda solo, y a continuación entra Alberto, quien revela a Altemio que el Príncipe ama a una dama llamada Leonora, y que ha sido sorprendido con ella "en sus brazos y en su cama". Altemio entonces manda llamar al Duque y al Marqués, y les pide que prendan al Príncipe, pero ellos dudan y se resisten a hacerlo, tanto más en cuanto que el joven se ha refugiado en las estancias de su madre la Reina. Entonces Altemio en persona va al encuentro del Príncipe y le ordena darse a prisión; el joven acata la decisión del Rey, pero la Reina se enfurece, y amenaza con revelar a todos los Grandes la verdadera identidad del Rey fingido. Altemio no muestra ningún miedo ante esta perspectiva, y es la misma Reina la que, al ir a revelar el secreto, por dos veces se calla porque entiende que, revelándolo, tendría que revelar también los motivos de su conducta. En esto, se anuncia la llegada del embajador del gran Soldán de Egipto, Ceilán, que se dirige a ratificar las paces acordadas ya por Antíoco, por lo que la Reina le pide a Altemio que ceda en todas las partes del tratado. Aun así, Altemio, tras una lectura parcial del tratado, lo rompe y declara la guerra al gran Soldán, para defender "la ley de Cristo" (con anacronismo evidente). Más tarde, hace presencia ante Altemio Teodora, una viuda cuya hija gozó el Rey haciendo entrada violentamente en su casa y a quien había prometido seis mil ducados y una boda con un hombre principal. Altemio, a quien le disgusta pagar por los errores de Antíoco, decide darle veinte mil ducados a la viuda, ante el escándalo de los Grandes por su liberalidad. Por otra parte, Arcano, un soldado a quien el Rey había prometido dos mil ducados si daba muerte al capitán Teodoredo, hace entrada pidiendo la cantidad prometida. Altemio, cada vez más escandalizado por los delitos de Antíoco, finge acceder pero ordena en secreto a Aurelio que le den garrote al ejecutor de ese homicidio. Ante el anuncio de la misa, Altemio quiere ir a San Juan, pero Alberto le recuerda que está anatematizado por los diezmos que quitó a la Iglesia, por lo que Altemio hace que se reponga la deuda con la Iglesia, doblando la cantidad que se le debe. En ello, Filipo anuncia que el gran Soldán ha entrado ya en los territorios pregonando la guerra. Ante esta noticia, y habiendo sabido por los Grandes que nadie lo quiere acompañar a la guerra, Altemio hace llamar al Príncipe para decirle que va a enfrentarse con el Soldán, que si lo quiere acompañar. El Príncipe acepta, y, arrollados por su ejemplo, también los nobles deciden seguirle, alabando su valor y prudencia. Al ver la escena, la Reina decide finalmente que Altemio va a ser su esposo, "que mejor es, caso llano / un villano, si es de ley, / con pensamientos de rey, / que un rey con los de villano". Julia anuncia que no ha quedado hombre en la ciudad, pues todos se han ido viendo a su Rey partir. También la Reina y Julia se van porque quieren ir a morir donde los hombres.
Ya en el campo de batalla, la Reina y algunas mujeres se unen a las tropas, mientras un extraño prodigio asombra a todos: un águila persigue una infinidad de pájaros negros que van huyendo de ella. Altemio anuncia que se trata de un buen augurio, mientras arenga a todos a la batalla. A continuación se ve Altemio saliendo "tras algunos moros", y persiguiéndolos con un árbol que ha arrancado de sus raíces.
Todos cantan victoria y salen triunfantes. La Reina declara su amor a Altemio, afirmando que es muy consciente de su identidad; se concierta el enlace entre Roberto y Julia; y Altemio cierra la obra afirmando que sólo se ha representado una parte de "los grandes hechos" de su vida.