REINA DOÑA MARÍA, Comedia famosa de, LA
DATOS BIBLIOGRÁFICOS
Ver / Ocultar secciónTítulo
Título: REINA DOÑA MARÍA, Comedia famosa de, LA. Procedencia: Copia manuscrita en el castillo de Zámek Kynžvart
Autoría
Autor: Félix Lope de Vega y Carpio. Fiabilidad: De autoría dudosa
Peregrino
Citado en El peregrino I: No
Citado en El peregrino II: No
Parte
No presente en la colección de Partes de Lope de Vega
Manuscrito
Tipo: Copia
Localización: Viena, Österreichischen Nationalbibliothek (Austria)
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 546-47.
Nota: Una búsqueda actual, realizada por Alejandro García Reidy, descarta esa ubicación, y localiza el manuscrito en la biblioteca del castillo de Zámek Kynžvart de la República Checa, bajo la signatura "30-D-17a (19055) Hs. Kynžvart 145". El manuscrito está digitalizado y puede consultarse en la base de datos www.manuscriptorium.com.
Otras ediciones del siglo XVII
No consta
Colecciones modernas
*Ref. bibliográfica: Menéndez Pelayo, M., ed.: Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española. ( 15 vols.). Madrid, RAE, 1890-1913. VIII (BAE, CXCVIII).
* Edición utilizada
Ediciones singulares modernas
No consta
Versiones y traducciones
No se conocen
Bibliografía secundaria
- Allué Salvador, M.. "Una tetralogía aragonesa en el teatro de Lope de Vega". Boletín del Museo Provincial de Bellas Artes de Zaragoza. núm. 2. p. 3-33. 1942.
Nota: Las cuatro comedias a que se refiere son: La campana de Aragón, La reina doña María, El piadoso aragonés y El mejor mozo de España.
- Arjona, J. H. . "Ten Plays Attributed to Lope de Vega". Hispanic Review. núm. 28. p. 319-40. 1960.
- Osma, José M. de. "Nota a Gustos y disgustos son no más que imaginación". Hispania. núm. 20. p. 47-54. 1937.
- Wolf, Ferdinand. "Uber Lope de Vega’s Comedia famosa de la Reina María. Nach dem autograph des verfassers. (Im besitze s. d. des Hern Fürsten v- Metternich)". Sitzungsberichte der philosophischhistorischen Classe der kaiserlichen Akademie der Wissenschaften. núm. XVI. p. 241 y siguientes. 1855.
Nota: Tirada aparte: Viena, Aus der Kaiserl, Konigl, hof. und Staatsdruckerel, 1855.
ANOTACIONES PRAGMÁTICAS
Ver / Ocultar secciónDatación
Fecha: 1604-1608
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 546.
Nota: Según MB, si la comedia es de Lope, sería de 1604-1608
Dedicatorias
No existe dedicatoria.
Cómputo de versos
Número: 2832
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 546.
CARACTERIZACIONES
Ver / Ocultar secciónPersonajes no computables
Observación: Tocan chirimías.
Personajes computables
Universo social
Tiempo histórico
Edad Media
Nota: La acción transcurre a principios del siglo XIII, en torno al nacimiento de Jaime I de Aragón (1208).
Marco espacial
Acto 1
Topónimo: Roma. [Italia]. Europa. Espacio: interior del palacio papal.
Topónimo: Barcelona. [España]. Europa. Espacio: interior del palacio real.
Acto 2
Topónimo: Montpellier. [Francia]. Europa. Espacio: afueras de la ciudad; exterior de las murallas.
Topónimo: Barcelona. [España]. Europa. Espacio: interior del palacio real.
Acto 3
Topónimo: Barcelona. [España]. Europa. Espacio: interior del palacio real.
Duración
Acto 1: Número indeterminado de semanas
Entreacto 1 a 2: Número indeterminado de días
Acto 2: Número indeterminado de días
Entreacto 2 a 3: 9 meses
Acto 3: 2 días
Género
Género principal:
- Drama > historial > profano > hechos famosos públicos > España > medievales.
Observación: Aunque los personajes son históricos (el rey don Pedro es Pedro II llamado el Católico, 1174-1213, hijo de Alfonso II de Aragón) el conflicto dramatizado, como sucede a menudo en Lope, es más bien de carácter privado, pues tiene que ver con el amor adulterino del rey y con su rechazo de la esposa.
Extracto argumental
Acto 1
El acto se abre con una escena de gran impacto visual y simbólico: "descúbrese debajo de un sitial el Papa, y a sus lados dos Cardenales, teniendo cada uno una pieza del arnés de don Pedro, que sobre un bufete le están desnudando". Estamos pues en Roma, donde el Papa está armando caballero al rey don Pedro de Aragón, acompañado de don Pedro Torrellas, don García y don Jaime. El Papa, además de armar al Rey, también le concede "nuevo blasón", "las bandas rojas sobre campo de oro", en razón de las empresas guerreras de don Pedro contra los infieles (la referencia histórica es al destacado papel que tuvo el rey don Pedro en la batalla de Las Navas de Tolosa contra los árabes). Tras recibir estas honras, el rey don Pedro dirige al Papa una súplica: solicita que le conceda el divorcio ya que aborrece a su esposa, doña María, heredera de Montpellier, a causa de su extrema fealdad. Aparte, don Pedro Torrellas y don García comentan que la fealdad de su esposa no es más que una excusa, pues el verdadero motivo de la petición del rey es su desamor. La audiencia es interrumpida por la llegada de un correo que trae una carta de doña María para el Santo Padre en la que le pide que no oiga la petición del Rey, pues ella le quiere y suplica que no lo aparten de su lado. No hallando causa justificada, y atendiendo la petición de la Reina, el Papa niega el divorcio a don Pedro e intenta persuadirlo para que regrese junto a su esposa. En este momento, hasta la sala donde tiene lugar la audiencia llega el rey de Montpellier don Guillermo, hermano de doña María, "de camino, furioso": viene a solicitar la ayuda del Pontífice para que el rey don Pedro su cuñado abandone el continuo hostigamiento al que tiene sometido su reino desde hace cuatro años. Don Pedro dice que suspenderá la lucha sólo en cuanto reciba la dote de su esposa que todavía le debe don Guillermo. El Papa tercia entre los dos: el rey Guillermo se compromete a saldar la deuda en el plazo de seis años, y don Pedro tiene que aceptar el pacto y dar la mano a su enemigo, aunque, por sus apartes, se ve que a regañadientes. De hecho, en cuanto don Guillermo queda a solas en el palacio del Papa, recibe a través de un soldado la noticia de que el ejército de su cuñado ha invadido sus tierras y la ciudad de Montpellier. Don Guillermo ha perdido el último reducto de su reino. Determina pues, hasta que se solvente la situación, permanecer en Roma. Los caballeros romanos Urbano, Colona, César y Espínola, apiadados de su triste situación, le ofrecen sus casas y sus bienes. En ello, llega Turín, un lacayo del rey Guillermo, que informa a éste de que la Infanta de Navarra, su futura esposa, ha sido capturada por los hombres de don Pedro entre Arlés y Montpellier.
A todo esto, en Barcelona, Torrellas, que acaba de volver de Roma, informa a la reina doña María de que el Papa no ha concedido el divorcio al Rey. La Reina se alegra de ello, aunque le duele el desamor de su esposo: ella sabe que el Rey está enamorado de doña Juana, pero no quiere manifestar sus celos pues, como explica en una preciosa tirada en redondillas, "quien más ama, ése ha de estar / más sin celos". Sin embargo, al saber que el Rey sólo ha escrito a doña Juana, rompe a llorar. Por su parte, doña Juana, que sale al tablado leyendo la carta de don Pedro, manifiesta su deseo de que el rey vuelva con la opinión cambiada y enamorado de la reina. Las dos mujeres empiezan a hablar, tratando de las fiestas que podrían organizarse para recibir al rey, pero son interrumpidas por Rodoaldo, embajador de Jerusalén, portador de nefastas noticias para la reina. Conrado, rey de Jerusalén, que ha sido asesinado, ha dejado como heredera a su hija María. Los cardenales de Jerusalén y el maestre de San Juan, al conocer que el rey don Pedro pretende divorciarse de doña María, le ofrecen ahora la corona de este reino si acepta casarse con la hija de Conrado. Tras oír a Rodoaldo, la reina se desmaya, pero al recobrar el aliento pide a Torrellas que escriba a Aragón para que sus leales la socorran ante tan conflictiva situación. De este modo da por finalizado el primer acto.
Acto 2
En su campamento en las afueras de Montpellier, el rey don Pedro, ocupado en conseguir el poder absoluto de la ciudad, no puede impedir sentir una gran pesadumbre por estar lejos de doña Juana, y ciertos celos. Esto le lleva a una ensoñación muy larga que le trae como fuera de sí, hasta el punto de que no escucha el ruido de las cajas y el grito de alarma de sus soldados. Éstos han dado con tres villanos, uno de los cuales armado a pesar de la prohibición de llevar armas: dos de ellos han huido, el tercero ha sido capturado y ahora Garcerán lo trae a la presencia del Rey. El villano es en realidad Turín, que trataba de entrar en Montpellier acompañado por César y don Guillermo, los tres disfrazados de carboneros. Don Pedro ordena que Turín le traiga a su "padre", César, y su "hermano", don Guillermo. Casi a continuación salen al tablado los tres fingidos carboneros que protagonizan una escena de cierta comicidad: don Guillermo se hace pasar por mozo bobo, y los tres adoptan el lenguaje vulgar propio de la clase social que representan. El rey don Pedro y el mozo bobo -don Guillermo- conversan acerca de la vivencia del amor en la distancia. El mozo aconseja al Rey que someta su imaginación y que vuelva a su casa. Agradecido por el consejo, el Rey entrega al "padre" del mozo, César, un anillo con el sello real. Cuando los tres carboneros se han despedido, el Rey da orden de que se prepare su vuelta a Barcelona.
La acción se desplaza ahora a Barcelona, donde el embajador Rodoaldo le está declarando su amor a doña Juana. Ésta le contesta que no es libre para decidir por sí misma y le recomienda que trate el asunto con la Reina o con el Rey. Justo entonces sale la reina doña María acompañada por dos nobles aragoneses, don Artal de Alagón y don Pedro de Luna, que han venido para apoyar a la reina en su crisis con el Rey. Cuando Rodoaldo le pide a la Reina licencia para casarse con doña Juana, la Reina se la niega por el interés que el Rey tiene en ella. Entonces, identificando como culpable de la situación a doña Juana, los dos nobles aragoneses intentan matarla; pero la Reina lo impide temiendo las represalias de su esposo. Rodoaldo también sale en defensa de doña Juana.
Mientras tanto, en las afueras de Montpellier, Elvira la infanta de Navarra suplica en vano a don Pedro que deje libre a su prometido y le restituya cuando menos a Montpellier. Llegan un capitán de don Pedro a anunciarle que todos sus soldados han dejado la ciudad, y ante el estupor del Rey que nunca ha dado ese orden, le dice que un mensajero con su sello les ha ordenado que salieran de Montpellier. Don Pedro sospecha entonces de los tres villanos, pero ya es tarde: don Guillermo ha recuperado la ciudad y se ha encerrado dentro con sus fieles. Cuando don Guillermo y César se asoman desde lo alto de la muralla, don Pedro exige la restitución de Montpellier, y ante la negativa de Guillermo le promete que ahogará en el mar a la infanta de Navarra, doña Elvira, su prometida. Don Guillermo se desespera mientras don Pedro se embarca para Barcelona llevándose a la infanta con él.
En el palacio real en Barcelona, doña Juana pide a la Reina que la deje ir lejos de la Corte, pues tiene miedo a que finalmente alguien la mate; pero la Reina se lo impide, deseosa de la felicidad de su esposo. Llega en ello Garcerán anunciando que el Rey está a punto de llegar, y se retira un momento a hablar con doña Juana quien le cuenta la ofensa de la que ha sido víctima. Cuando llega el Rey, ya sabe que doña Juana ha sido molestada, y muestra su desagrado hacia la Reina mandándole que quede encerrada en sus aposentos. Para que doña Juana le cuente lo que ha ocurrido en su ausencia, la cita para la noche en sus aposentos. Tras una animada discusión con los nobles aragoneses, el Rey se marcha y quedan en el tablado las tres damas, doña María, doña Elvira y doña Juana. Ésta, para demostrar su lealtad, le propone a la Reina que sea ella la que acuda a la cita con el Rey. Acaba de este modo el segundo acto de la comedia.
Acto 3
Han transcurrido varios meses desde que la Reina, suplantando a doña Juana, entrara en el aposento de don Pedro. Resultado de este fraudulento encuentro es el nacimiento de don Jaime, hijo de doña María y del Rey, quien vive enrabiado por no conocer todavía a los encubridores de su esposa. Su deseo es vengarse de ellos, pero lo que dice es que quiere tener la seguridad de ser el padre del hijo de doña María. Doña Juana, de quien don Pedro sigue enamorado, le asegura que no conoce personalmente a quienes organizaron el engaño, pero, ante sus insistencias, y tras haberle hecho jurar que no se vengará en los responsables, sugiere al Rey que organice un torneo al que deberán presentarse los encubridores. Por otro lado, el Rey, para satisfacer a los nobles aragoneses en sus demandas, ingenia una estratagema. Propone a doña Juana que acepte a Rodoaldo, el embajador de Jerusalén, como marido. Evidentemente, el matrimonio no se llevará a cabo y el Rey visitará a la dama en secreto. Doña Juana y Rodoaldo aceptan. El rey ignora que ambos tienen sus propios planes.
Mientras, en sus habitaciones, doña María habla con su hermano don Guillermo, que ha entrado en palacio disfrazado de religioso para verlas a ella y a su prometida Elvira, que sigue estando prisionera de don Pedro. Le cuenta que su honor se ve puesto en entredicho si nadie sale a defenderla en el torneo, y su hermano le jura que saldrá él, y que no teme la venganza de don Pedro. Entonces don César, que le acompaña, se ofrece a salir también para defenderle de la ira del Rey.
Al día siguiente, el Rey da instrucciones a Garcerán: en el momento en el que dé comienzo el torneo, Garcerán deberá irrumpir en el patio y comunicar a don Pedro que Rodoaldo ha raptado a doña Juana. El Rey se mostrará aliviado, los nobles aragoneses pensarán que ya se ha solucionado el problema de doña Juana, y don Pedro podrá gozar en paz del amor de ésta con el consentimiento de Rodoaldo. A continuación, "suenan cajas y trompetas o chirimías; siéntase el Rey; parecen a un corredor doña María y doña Elvira; entran arrebozados con bandas Artal, Luna, don Guillén, César y Turín, del mismo modo, y los que puedan acompañen al Rey". Antes de que pueda empezar el torneo, Garcerán entra y da al Rey la noticia del rapto de doña Juana. Don Pedro se muestra satisfecho y Garcerán no consigue hacerle entender que no se trata de una ficción como estaba planeado sino que doña Juana y Rodoaldo han aprovechado el juego para huir de veras de la Corte. A todo ello sale Torrellas diciendo al Rey que don Guillermo está en palacio y que es uno de los embozados. Rompiendo la palabra dada, el Rey suspende el torneo y ordena a los participantes que se descubran. Aparecen así Artal y Luna, los nobles aragoneses, y don Guillermo y César. Artal y Luna reconocen haber sido cómplices de la Reina pero justifican su acción ante el Rey manifestando que lo hicieron para salvaguardar la corona. Don Guillermo reivindica por su parte el honor de su hermana y le echa en cara a don Pedro su crueldad. Al mismo tiempo, el Rey por fin comprende que doña Juana se ha fugado de veras. En vista de todos estos acontecimientos, el Rey resignadamente lo da todo por bueno ("¡Gran desdicha! / No hay resistencia al cielo"): libera a doña Elvira y perdona las deudas a don Guillermo. Con el comunicado de don Pedro a todos los presentes de su marcha a Aragón acompañado de su hijo y esposa dan por finalizadas las desdichas de doña María y la comedia.
OBSERVACIONES A LA OBRA
Ver / Ocultar secciónObservación: Acto I: Acotación: Quédese suspenso, mirándole Luis.
Este personaje no aparece en ninguna parte de este acto. Podría ser un error.
Acto II: Acotación: Apártase confuso Cabrera.
Este personaje no aparece en ninguna parte de este acto. Podría ser un error.
Acto III:
Roberto [sic, por Torrellas], pág. 388.
Acotación: Don Guillén [sic, por Don Guillermo de Montpeller], pág. 389. A partir de aquí, en las acotaciones, don Guillermo es denominado Don Guillén, pág. 390