PRÓSPERA FORTUNA DE DON BERNARDO DE CABRERA, Comedia famosa, LA
DATOS BIBLIOGRÁFICOS
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Título: PRÓSPERA FORTUNA DE DON BERNARDO DE CABRERA, Comedia famosa, LA. Procedencia: Doce comedias de Lope de Vega. Parte 29 (Huesca, 1634), espúrea, de la Colección de Diferentes Autores
Observación: En los dos últimos versos de la Jornada III dice D. Bernardo: "Y aquí convida Lisardo / para la adversa fortuna", esto es, para la Segunda Parte.
Autoría
Autor: Félix Lope de Vega y Carpio. Fiabilidad: De autoría dudosa
Observación: Cotarelo (1916-1930, III, pp. VIII-XII, y VIII, pp. XLII-XLIV) cree que las dos comedias de Bernardo de Cabrera (La próspera fortuna y La adversa fortuna) son de Lope, aunque refundidas posteriormente por Vélez de Guevara y Rojas Zorrilla. Por otra parte, C. E. Aníbal (1925) es partidario de atribuírselas a Mira de Amescua.
Morley-Bruerton (1968, 542) concluyen que la atribución es dudosa, y que el mismo poeta, tal vez Mira de Amescua, escribió probablemente las dos comedias de Bernardo de Cabrera.
Peregrino
Citado en El peregrino I: No
Citado en El peregrino II: No
Parte
No presente en la colección de Partes de Lope de Vega
Manuscrito
No consta
Otras ediciones del siglo XVII
Título: LA PRÓSPERA FORTUNA DE DON BERNARDO DE CABRERA. COMEDIA FAMOSA
Colección: Doce comedias de Lope de Vega Carpio [y otros]. Parte 29 (Huesca , Pedro Lusón, 1634)
Atribución: Lope de Vega Carpio
Ref. bibliográfica: Profeti, Maria Grazia: La collezione "Diferentes autores". Kassel, Reichenberger, 1988. 155, 158.
Nota: Según Profeti se trata de una Parte espúrea, que excluye de la Colección de Diferentes autores.
Existe un ejemplar en la BN de Madrid, signatura R/14147, confirmada por RRM en el Catálogo On Line.
Observación:
Colecciones modernas
*Ref. bibliográfica: E. Cotarelo et al. eds.: Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española [nueva edicion] (Con prólogos de E.Cotarelo y Mori y otros, 13 vols.). Madrid, RAE, 1916-1930. VIII.
Observación: Antonio Serrano ha editado La próspera fortuna de don Bernardo de Cabrera en la recopilación de textos de Mira de Amescua: Teatro completo, III, Agustín de la Granja, coord., Granada, Universidad de Granada, 2003.
* Edición utilizada
Ediciones singulares modernas
No consta
Versiones y traducciones
Bibliografía secundaria
- García Sánchez, María Concepción. "Leales en escena". En torno al Teatro del Siglo de Oro. En: Jornadas XXI-XXIII. (Almería, 2004, 2005 y 2006). Antonio Serrano (coord.). Almería: Instituto de Estudios Almerienses; Diputación de Almería. 2007. p. 149–161.
- García Sánchez, María Concepción. "Escenificación de la pérdida de la privanza en dos bilogías amescuanas". Escenografía y escenificación en el teatro español del Siglo de Oro. En: Actas del II Curso sobre Teoría y Práctica del Teatro organizado por el Aula Biblioteca Mira de Amescua y el Centro de Formación Continua, (Granada, 10–13 noviembre, 2004). Roberto Castilla Pérez, Miguel González Dengra (eds.). Granada: Universidad de Granada. 2005. p. 145–168.
- Jessup, Mary Helen . "Rotrou's Dom Bernard de Cabrère and Its Source La próspera fortuna de don Bernardo de Cabrera". Modern Language Notes. núm. 6. p. 392-396 . 1932.
Nota: vol. 47.
- Ruano de la Haza, José María. "El condenado por desafortunado: Próspera y Adversa fortuna de don Bernardo de Cabrera, de Mira de Amescua". Escenografía y escenificación en el teatro español del Siglo de Oro. en: Actas del II Curso sobre Teoría y Práctica del Teatro organizado por el Aula Biblioteca Mira de Amescua y el Centro de Formación Continua, (Granada 10–13 noviembre, 2004). Roberto Castilla Pérez, Miguel González Dengra (eds.). Granada: Universidad de Granada. 2005. p. 437–51.
- Serrano Agulló, Antonio. Teatro e historia en Mira de Amescua: Don Bernardo de Cabrera. Kassel: Reichenberger. 2006.
- Serrano Agulló, Antonio. "Teatro e Historia en la batalla de Alguer". La teatralización de la historia en el Siglo de Oro español. En: Actas del III Coloquio del Aula-Biblioteca "Mira de Amescua", (Granada, 5 - 7 de noviembre de 1999) y cuatro estudios clásicos sobre el tema. Roberto Castilla Pérez, Miguel González Dengra (eds.). Granada: Universidad de Granada. 2001. p. 459–476.
- Serrano, Antonio. "Para recuperar a Mira de Amescua". Cuadernos de Teatro Clásico. núm. 11. p. 127–138. 1999.
Nota: Monográfico sobre: Doce comedias buscan un tablado. Dirigido por Felipe B. Pedraza Jiménez.
- Serrano, Antonio . "El espacio escénico en La próspera fortuna de don Bernardo de Cabrera de Mira de Amescua ". RILCE: Revista de Filologia Hispanica. núm. 2. p. 217-236 . 1991.
Nota: vol. 7.
ANOTACIONES PRAGMÁTICAS
Ver / Ocultar secciónDatación
Fecha: 1599-1603
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 541-542.
Nota: 1599 es fecha dudosa (MB, 542)
Dedicatorias
No existe dedicatoria.
Cómputo de versos
Número: 3043
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 541.
CARACTERIZACIONES
Ver / Ocultar secciónPersonajes no computables
Personajes computables
Universo social
Tiempo histórico
Edad Media
Nota: Época del reinado de Pedro IV de Aragón, en el siglo XIV.
Marco espacial
Jornada 1
Topónimo: Zaragoza. [España]. Europa. Espacio: Patio en el palacio real.
Jornada 2
Topónimo: Zaragoza. [España]. Europa. Espacio: Sala en el palacio real; patio del palacio real; interior del palacio.
Jornada 3
Topónimo: Zaragoza. [España]. Europa. Espacio: Patio en el palacio real; interior del palacio; balcón de la Infanta.
Duración
Género
Género principal:
- Drama > historial > profano > hechos particulares.
Nota: Esta obra tiene su continuación inmediata en la titulada "La adversa fortuna de Don Bernardo de Cabrera".
Observación: La traza mayor es la de las mudanzas de fortuna.
Traza muy importante, aunque complementaria de esta, es la de la amistad entre caballeros, puesta a prueba por las mudanzas de la fortuna.
Extracto argumental
Jornada 1
En Zaragoza, en el patio del palacio real, don Lope de Luna espera que pase el Rey de Aragón, Pedro IV, para ofrecerse a su servicio. Allí conoce a don Bernardo de Cabrera, ante quien se queja de su adversa fortuna, que espera que varíe en la corte aragonesa; don Bernardo confiesa, en cambio, que la variable diosa, merced divina, lo favorece en todas las ocasiones. En el mismo lugar, Roberto, leonés que se ha desplazado a Aragón por necesidad, se presenta a Lázaro, en busca ambos de un amo a quien servir. Don Bernardo se muestra decidido a fraguar una inquebrantable amistad con don Lope, puesto que los dos caballeros se han dirigido a la corte con las mismas intenciones. Ambos se disponen a buscar sirvientes y allí encuentran a Roberto y a Lázaro, que se presentan ante los caballeros. El primero en escoger amo es Lázaro, gran conocedor, declara, de los entresijos de la corte, y se decanta por don Lope de Luna, ya que el apellido de éste le parece más afortunado que el de Cabrera: Y Cabrera no me suena / bien, mejor es la Luna, / que quizás se verá llena / de riqueza y de fortuna / y será mi dicha buena. Será Roberto, pues, quien entre al servicio de don Bernardo.
A la salida del Rey y del conde de Ribagorza, se acercan al monarca varios vasallos pidiendo audiencia. En primer lugar, lo hace un gobernador, que, adelantándose a don Lope, pide al Rey, como representante de Valencia y Aragón, que despida a algunos de los que le sirven en palacio y sólo mantenga como gentilhombre de cámara al conde de Ribagorza. Antes de que don Lope llegue hasta el Rey, lo hace todavía un secretario, que le muestra un papel de Leonor, dama que niega al monarca los favores que éste le había demandado. Finalmente don Lope llega hasta Pedro IV, ante quien se presenta como hijo de don Martín de Luna, del que recuerda méritos y cargos en palacio, y pide entrar él mismo al servicio del monarca. Sin embargo, Pedro IV sigue cavilando acerca del contenido de la carta de Leonor y no hace demasiado caso a don Lope; para encubrir esta desatención, le solicita un memorial. A continuación se acerca al Rey don Bernardo de Cabrera; al decir el nombre de su padre, don Sancho de Cabrera, catalán, y recordar sus méritos, Pedro IV lo acepta de inmediato como gentilhombre de cámara, quedando patente desde el inicio la diversa fortuna de uno y otro caballero. Roberto aprovecha la ocasión para burlarse del desacierto de Lázaro al escoger amo.
Acto seguido un soldado avisa al Rey de que algunos sardos se han rebelado contra la corona. El monarca aragonés avisa a don Bernardo de que debe prevenirse para la batalla en Cerdeña mientras se lamenta don Lope, bravo soldado, de que el Rey no haya reparado en su valor. En ese momento, hace su aparición la Infanta Violante, acompañada por una dama vieja, Dorotea, y por Leonor, la dama que ha rechazado al monarca. Violante pregunta a su hermano si ha dado audiencia; el Rey le cuenta que ha recibido un papel, el de Leonor, con malas noticias y comienza a lamentarse. Acto seguido, don Pedro, como contrapunto feliz, presenta a don Bernardo a la Infanta como un nuevo aragonés que lo ayudara a luchar contra los sublevados de Cerdeña, además de servirlo como gentilhombre de cámara; la Infanta no se muestra descontenta con la apostura del recién llegado, que también podría servirla a ella en el amor. También Leonor ha reparado en Bernardo, que, si la pretendiera, más acorde a su nivel social que el monarca, frenaría quizás el asedio de éste. La dama, que ha detectado el interés de Violante, pretende desviarlo diciéndola males de él. Dorotea, por su parte, dama vieja que ya no peina oro, sino nieve, ha puesto su ardor amoroso en la figura del desafortunado don Lope, cuyo padre la sirvió antiguamente. Don Lope, finalmente, se ha inclinado por la belleza de la Infanta.
Don Bernardo no ha quedado del todo satisfecho con las atenciones mostradas por el Rey, puesto que don Lope no ha recibido ninguna merced real y le promete favorecerlo en cuanto le sea posible. La Infanta Violante y Leonor observan a don Lope y a don Bernardo. Violante muestra inclinación por éste último, y Leonor finge rechazarlo. Cuando don Pedro se acerca a los caballeros, don Lope le entrega el memorial, pero al intentar levantar el monarca a Leonora que se había caído al cruzar por allí, se le cae de las manos. Roberto descubre el memorial en el suelo y lo guarda.
Leonor, otra vez libre del asedio del Rey, pregunta a don Bernardo a cuál de las damas prefiere, y éste admite su preferencia por la Infanta. Aunque Leonor opina que es una empresa difícil, lo insta a que escriba un papel para Violante que ella le entregará. Leonor, con la nota en su poder, finge delante de la Infanta que ella misma es la destinataria del mensaje. Violante se dirige entonces a don Bernardo y le recomienda cambiar su objetivo amoroso. En vista de la situación, Don Bernardo entiende que la Infanta lo rechaza y le sugiere que debe dirigir sus anhelos a más baja empresa. Para cerciorarse de haber entendido bien el mensaje, don Bernardo pregunta a Violante a quién debe cortejar y ésta le responde que a la Infanta. Sin embargo, más tarde, Leonor lo engañará diciendo que a ella también la llaman, por juego, de ese modo.
Don Lope, por medio de Lázaro, entiende de que el Rey ha despreciado el memorial que le dio, pues lo arrojó al suelo. El de Luna, que va a seguir a don Bernardo en la misión encargada por el Rey, lo felicita por su fortuna, aunque éste se siente desgraciado, pues, según cree, la Infanta lo aborrece.
Jornada 2
En palacio, algún tiempo después, el Rey está levantado de madrugada y el conde de Ribagorza le pregunta los motivos. Don Pedro le cuenta que se pasó la noche rogando a Leonor y ahora se dispone a acostarse. Don Bernardo, ya de regreso de la campaña militar, se presenta entonces ante el Rey para relatarle la victoria conseguida frente a los sardos; su intención es ensalzar la figura de don Lope, gracias a cuya intervención se rindió Cerdeña, pues, fingiéndose sardo, logró penetrar en la fortaleza de éstos y la abrió para que los aragoneses la ganaran; pero el monarca, vencido por el cansancio, se duerme en el momento en que la figura de don Lope es realzada. El Rey finge haber entendido todo el relato y premia con un almirantazgo a don Bernardo, además de otorgar otros tributos a don Ramón de Moncada, don Tiburcio y don Nuño de Bolea, pero no a don Lope, cosa de la que se queja Lázaro, que denosta al Rey. Mientras don Lope exalta las hazañas de don Bernardo y muestra alegría por su fortuna, el nuevo Almirante reconoce las hazañas de su amigo y las iguala a su mala suerte.
Un secretario enamorado en secreto de Leonor es descubierto por el Rey en plena escritura de un papel amoroso; el monarca le recrimina esta acción y ordena su encarcelamiento. El conde y don Bernardo se dirigen entonces al Rey para interceder por don Lope, pero don Pedro, que cree que pretenden mediar en favor del secretario, les prohíbe toda alusión a éste, a quien acusa de traidor. Don Bernardo, extrañado, pregunta a don Lope en qué ha ofendido al Rey; el desafortunado caballero no encuentra respuesta. Don Bernardo relata entonces a don Lope lo ocurrido con el Rey y promete compartir con él toda su hacienda.
Dorotea, desde el balcón, mira a don Lope, a quien ama a pesar de la diferencia de edad, y le arroja un papel. En la carta, firmada por la Infanta, es citado en el parque por la noche. Don Lope se ilusiona, pues parece que la fortuna está finalmente de su parte. Por otro lado, Leonora consigue convencer a don Bernardo para que deje de servir a la Violante, diciéndole que ésta tiene inclinación por un desconocido Príncipe. Don Bernardo, desengañado, declara su amor a la Infanta y ésta lo cita esa misma noche en el parque de palacio, donde conocerá la identidad de su amado, que no es otro que el propio Bernardo, que no logra, empero, comprender el juego de Violante.
Ya de noche, por el balcón, Dorotea observa a don Lope, que piensa que se va a encontrar con la Infanta, entrando en el parque. Dorotea, haciéndose pasar por Violante, dice que ni lo mirará ni le hablará durante el día para salvaguardar su honestidad. Más tarde, entra Leonor, vestida de hombre, en el parque, donde ya se encuentra don Bernardo, y finge hablar con la Infanta. A continuación, don Bernardo, que se muere de celos al pensar que hay otro hombre con Violante, se entrevista con ella, que le comunica que esa noche ha hablado con su amado. Don Bernardo, que ha presenciado una conversación inexistente entre un hombre y la Infanta, sigue sin captar la indirecta declaración de Violante.
Don Bernardo es llamado por el Rey, quien le encarga una nueva misión: La Señoría de Venecia quiere / hacer conmigo, don Bernardo, liga / contra Génova, que cual ya se sabe / los rebelados de Cerdeña ampara; / y habiendo hecho relación de Córcega, / la Apostólica Silla me la usurpa. Don Bernardo será General de mar y tierra del ejército aragonés contra Génova. El de Cabrera concluye: Al mar no temeré, ni al enemigo/ si don Lope de Luna va conmigo.
Jornada 3
En palacio, don Bernardo se presenta ante el Rey bajo palio; mejor recibido, a juicio del conde de Ribagorza, que habla sin envidia, de lo que lo sería el propio hijo del Pedro IV: don Juan. El de Cabrera se presenta acompañado por don Lope, don Ramón, don Tiburcio, Roberto y Lázaro. Don Lope pide a don Bernardo que no haga mención de su nombre al hablar de sus méritos, pues el Rey lo aborrece. Don Bernardo hace relación a don Pedro y a la Infanta de todo lo sucedido en la batalla y de los méritos de un noble soldado, gracias a cuya valentía, una vez más, se ha ganado la contienda, pues dio muerte en un acto de arrojo, abordando una nave enemiga, al general genovés, Antonio de Grimaldos. El Rey piensa que ese soldado es el propio don Bernardo, que oculta su nombre por modestia. El de Cabrera alaba, además, las hazañas de don Ramón y don Tiburcio, que son recompensadas por el Rey, al igual que las supuetas de don Bernardo, que es nombrado mayordomo mayor, conde de Osuna y ayo de don Juan. Violante sigue pensando que es poco galardón y que el monarca debería casarlo con su hermana, es decir, con ella misma. Don Lope se extraña de que el Rey dilate tanto el pago de sus méritos y de que la Infanta Violante ni siquiera lo mire, y maldice su fortuna. Roberto se propone incluso hablar con el Rey para terminar con la mala fortuna de don Lope, pero Lázaro lo impide diciendo que no son escuderos, sino pícaros y no recogen las venturas de sus señores. Roberto, que sirve a un gran señor, don Bernardo de Cabrera, hace que un portero expulse a Lázaro para que experimente cómo son tratados los pícaros.
Desde el balcón, Dorotea, haciéndose pasar, una vez más, por la Infanta, dice a don Lope que, cuando ni siquiera lo miraba durante la recepción, estaba disimulando. Don Bernardo, que observa la escena, se siente desdichado al no ser correspondido por la Infanta. Don Lope y Dorotea dejan de hablar por la presencia de don Bernardo, que está convencido que es don Lope la persona que goza del amor de la Infanta. El de Cabrera reconoce en este hecho la verdadera fortuna de don Lope, que quizás a través del matrimonio pueda recibir los galardones merecidos.
Lázaro, que ha descubierto que su amo corteja en realidad a Dorotea, anuncia, por burla, a la dama que su don Lope ya conoce la verdadera identidad de su amada, ante la que está rendido, y que, por tanto, ella ya puede hablarle de día. El anillo que Dorotea le lanza para su señor no sale, claro está, de las manos de Lázaro. Por su parte, doña Violante pide a Leonor que aclare a don Bernardo la situación, pues según ha podido observar él piensa que la Infanta ama a otro.
Mientras don Bernardo recibe a varias personas que ruegan distintos favores al Rey, y a las que ayuda con su propia fortuna, la Infanta, junto a Leonor, se acerca a él y le revela su amor, que, sin duda, es correspondido, aunque don Bernardo le comunica que debe renunciar a él por el hombre a quien más debe. Don Bernardo se refiere, claro está, a don Lope, pero Violante entiende que se refiere al propio monarca. Justo en ese momento hace entrada don Lope, que descubre el amor de la Infanta por don Bernardo y se lo reprocha a ella, quien, sin apenas conocerlo, pide que lo expulsen de allí. A continuación, don Lope se topa con el Rey, al que recrimina su ingratitud, y éste lo rechaza igualmente.
Leonor pide entonces al Rey estado para casarse, dejando burlada a la Infanta, pues pretende hacerlo con don Bernardo. Don Pedro, al observar la reacción de Violante, se da cuenta del aprecio que siente ésta por el de Cabrera. A don Bernardo, para observar su reacción, dirá el monarca que va a casar a Leonor con el conde de Ribagorza, algo que no parece afectarlo, mientras que se muestra inquieto a la espera de escuchar a quién ha de corresponder la mano de Violante. Don Pedro, consciente de la inclinación de don Bernardo, le comunica que ha decidido casarlo con la Infanta. La alegría y el pesar se mezclan en su corazón, pues sabe que también don Lope está enamorado de Violante.
Don Lope recibe una carta de Dorotea en la que ésta revela todo el engaño y le ofrece, a cambio de su amor, una bolsa de cien doblones, que el caballero rechaza. Roberto, que va en busca de don Bernardo, descubre la bolsa y se la queda. En el palacio, Lisardo lee al Rey, acompañado por Dorotea y Violante, en un libro sobre cosas sucedidas en el Reino de Aragón, las hazañas de don Lope de Luna contra sardos y genoveses. Don Pedro se disgusta al reconocer su ingratitud con don Lope, pero sigue sin enmendar su error. Por último, tras ser informado por don Bernardo de la próxima llegada a Aragón de don Juan, el monarca sanciona el enlace de doña Violante, su hermana, con el de Cabrera, y anuncia a Leonora que ya ha decidido con quién casarla, lo que provoca una ilusionada reacción en el conde.