NUEVA VICTORIA DE DON GONZALO DE CÓRDOBA, LA
DATOS BIBLIOGRÁFICOS
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Título: NUEVA VICTORIA DE DON GONZALO DE CÓRDOBA, LA. Procedencia: Manuscrito autógrafo.
Título: MAYOR VICTORIA DE ALEMANIA DE DON GONZALO DE CÓRDOBA, Comedia famosa de, LA. Procedencia: La Vega del Parnaso (1637) (en el encabezamiento de la comedia)
Título: MAYOR VICTORIA DE ALEMANIA, Comedia de, LA. Procedencia: La Vega del Parnaso (1637) (en el índice del volumen)
Título: DON GONZALO DE CÓRDOBA, Comedia famosa de. Procedencia: Parte 24 (1641)
Autoría
Autor: Félix Lope de Vega y Carpio. Fiabilidad: De autoría fiable
Peregrino
Citado en El peregrino I: No
Citado en El peregrino II: No
Parte
La Vega del Parnaso (1637)
Parte XXIV (1641)
Manuscrito
Tipo: Autógrafo
Localización: Madrid, Biblioteca Nacional (España)
Ref. bibliográfica: M. Presotto: Le commedie autografe di Lope de Vega. Catalogo e studio. Kassel, Edición Reichenberger, 2000. 292.
Tipo: Copia
Localización: Barcelona, Institut de Teatre (España)
Ref. bibliográfica: M. Presotto: Le commedie autografe di Lope de Vega. Catalogo e studio. Kassel, Edición Reichenberger, 2000. 295.
Nota: Letra del siglo XIX.
Otras ediciones del siglo XVII
No consta
Colecciones modernas
*Ref. bibliográfica: VVAA: Teatro Español del Siglo de Oro (Base de datos de texto completo publicada en CD-ROM). ProQuest LLC, Chadwyck-Healey, 1997.
Ref. bibliográfica: Menéndez Pelayo, M., ed.: Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española. ( 15 vols.). Madrid, RAE, 1890-1913. XIII (BAE, CCXXXIII).
Ref. bibliográfica: Antonio de Sancha: Colección de las obras sueltas, así en prosa como en verso, de Frey lope de Vega Carpio. (El tomo XVIII es el de los Autos, loas y entremeses.). Madrid, Imprenta de Sancha, 1776-1779. X.
Observación: Teso edita dos veces la comedia, ya que transcribe La Vega del Parnaso y también la Parte 24. Se conoce una edición del manuscrito autógrafo a cargo de Henryk Ziomek, New York, Hispanic Institute in the United States, 1962.
* Edición utilizada
Ediciones singulares modernas
- La nueva victoria de don Gonzalo de Córdoba, ed de Ziomek, Henryk, New York, Institute in the United States, 1962
Nota: Ed. tesis doctoral University of Minnesota, 1961
Ed. del ms. autógrafo que señala las variantes de las ed. antiguas y las características del ms.
Versiones y traducciones
No se conocen
Bibliografía secundaria
- Crowe Morey, Tracy. Between History and Fiction The Early Modern Spanish Siege Play. Bern, Berlin, Bruxelles, Frankfurt am Main, New York, Oxford, Wien: Peter Lang. 2010.
- Ferrer Valls, Teresa. "Lope y la creación de héroes contemporáneos: La nueva victoria de don Gonzalo de Córdoba y La nueva victoria del marqués de Santa Cruz". Anuario Lope de Vega. núm. 18. p. 40-62. 2012.
Nota: http://revistes.uab.cat/anuariolopedevega/issue/view/v18-anuariolopedevega.
- Ferrer Valls, Teresa. "Teatro y mecenazgo en el Siglo de Oro: Lope de Vega y el duque de Sessa". Egido, Aurora; Laplana, José Enrique. Mecenazgo y humanidades en tiempos de Lastanosa. Homenaje a la memoria de Domingo Ynduráin. Zaragoza: Instituto de Estudios Altoaragoneses-Institución Fernando el Católico. 2008. p. 113-134.
- Kenworthy, Patricia. "Spectacle and Commerce: How the Autores altered Lope’s Staging Instructions". McGrath, Michael J.. "Corónate tus hazañas". Studies in honor of John Jay Allen. Newark: Juan de la Cuesta. 2005. p. 301-306.
- Kirschner, Teresa. "Espectacularidad del montaje audiovisual en La nueva victoria de don Gonzalo de Córdoba, de Lope de Vega". Cuadernos de Teatro Clásico. núm. 8. p. 69-84. 1995.
Nota: Este volumen de la revista se titula La puesta en escena del teatro clásico.
- Navarrete, M. S.; Sáinz de Baranda, P.. "Noticia de algunas comedias y autos originales de Lope de Vega, con un facsímil de su firma, que existen en la Biblioteca del Excmo. Señor Duque de Osuna". Colección de documentos inéditos para la Historia de España. núm. 1. p. 575-576. 1842.
Nota: Toma como autógrafos, en posesión del duque de Osuna: La discordia de los casados, La dama boba, La isla del sol, El desdén vengado, Lo que pasa en una tarde, Las hazañas del segundo David; La nueva victoria de D. Gonzalo de Córdoba, El poder en el discreto, La niñez del P. Rojas, El piadoso aragonés, Amor con vista, Del monte sale quien el monte quema, La reina doña María.
- Nicolini, Fausto. "Una vittima storica di Alessandro Manzoni: Don Gonzalo Fernández de Córdoba. Saggio biografico". Nicolini, Fausto. Arte e storia nei Promessi sposi : con aggiunto Una vittima storica di Alessandro Manzoni, Manzoniana, La battaglia di Fleurus di Lope de Vega Carpio, La battaglia di Fleurus di Francisco de Quevedo Villegas. Milán: Longanesi. 1958. p. 82-263.
- Rodríguez Pérez, Yolanda. The Dutch Revolt through Spanish Eyes. Self and Other in historical and literary texts of Golden Age Spain (c. 1548-1673), Translated from Dutch by Peter Mason. Oxford, Bern, Berlin, Bruxelles, Frankfurt am Main, New York, Wien: Peter Lang. 2008.
Nota: Vol. 16. Serie: Hispanic Studies: Culture and Ideas .
- Villarino, Marta. "La mayor victoria de Alemania de Don Gonzalo de Córdoba, una comedia histórica de Lope de Vega". 2º Congreso Internacional CELEHIS de Literatura, 2004. {Falta año pub}.
URL: celehis.webs.com/actas2004/ponencias/40/3_Villarino.rtf
Nota: Aunque el artículo no está editado aún en papel, sí está disponible en Internet .
ANOTACIONES PRAGMÁTICAS
Ver / Ocultar secciónDatación
Fecha: 1622
Ref. bibliográfica: M. Presotto: Le commedie autografe di Lope de Vega. Catalogo e studio. Kassel, Edición Reichenberger, 2000. 292.
Nota: Ms. Aut. en la B.N. (Madrid), fechado el 8 de octubre de 1622
Dedicatorias
No existe dedicatoria.
Cómputo de versos
Número: 2646
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 68.
CARACTERIZACIONES
Ver / Ocultar secciónPersonajes no computables
Personajes computables
Universo social
Tiempo histórico
Época contemporánea
Nota: Se cita a un rey de España cuñado del de Francia. Se trata de Felipe IV, casado con Isabel de Borbón. Los sucesos relatados corresponden al año 1622, segundo año del reinado de Felipe IV.
Marco espacial
Jornada 1
Topónimo: Nápoles. [Italia]. Europa. Espacio: casa de Lisarda, cercanías de la ciudad.
Topónimo: Flandes, [Holanda/ Bélgica/ Luxemburgo]. Europa. Espacio: aposentos, exterior.
Jornada 2
Topónimo: Flandes, [Holanda/ Bélgica/ Luxemburgo]. Europa. Espacio: posada, campo de batalla, aposentos.
Jornada 3
Topónimo: Flandes, [Holanda/ Bélgica/ Luxemburgo]. Europa. Espacio: exterior, campo de batalla, palacio de la Infanta Isabel Clara Eugenia.
Duración
Jornada 1: Número indeterminado de semanas
Jornada 2: Número indeterminado de semanas
Jornada 3: Número indeterminado de semanas
Género
Género principal:
- Drama > historial > profano > hechos famosos públicos > Europa.
Géneros secundarios:
- Drama > historial > profano > hechos particulares.
Extracto argumental
Jornada 1
En Nápoles, Lisarda, una dama española, se queja agriamente a su criada Fulgencia de la inminente partida de las ciudad de todos los caballeros españoles. No le extraña a la doncella, pues sería motivo de vergüenza no seguir a don Gonzalo de Córdoba a la campaña del Palatinado. Lamenta sobre todo Lisarda la partida de don Juan Ramírez, llegado desde Madrid solo unos días antes. Aparece don Juan entonces en compañía de su criado Bernabé, y se confiesa rendido de amor tras solo cuatro días, y ya olvidado de la dama, Isabel, que dejó en Madrid. Intercambian reproches y requiebros la dama y el galán. Apela don Juan al honor, que lo empuja a la batalla; se queja Lisarda del inminente abandono, y lo amenaza con la muerte y el olvido. Hace el catálogo don Juan de los principales caballeros que seguirán a don Gonzalo y resuelve que no es justo que él, también hombre de alcurnia, renuncie a la obligación de guerrear. Propone a su amada que ambos peleen; él en el frente y ella resistiendo el asedio de todos los pretendientes que traten de conquistarla. Acepta la dama y las promesas de lucha y resistencia amorosas son parodiadas a continuación por los criados. Un hermoso soneto centrado en el motivo del sol, la figura de don Juan, sirve a Lisarda para intensificar el valor de su espera, identificada con la noche.
Sin embargo, antes de que don Juan y Bernabé hayan tenido tiempo de alejarse, Fulgencia se acerca a otros caballeros para concertar un plan amoroso alternativo a su señora. El capitán Medrano, vecino de Lisarda, parece el más dispuesto y ofrece a la dama, por mediación de la criada, regalos, dinero y una agradable merienda esa misma tarde. La dama, a pesar de la resistencia inicial, deja a un lado sus firmes propósitos y acepta la invitación, aduciendo que de nada sirve la tristeza y desconfiando de la fidelidad de don Juan.
Lejos parece, sin embargo, don Juan de olvidar a Lisarda. Duda, también él, celoso, de la voluntad de la dama y decide robar unas horas a Marte para dedicarlas a Venus. Deshará sus pasos y volverá a Nápoles para disipar sus dudas entre las chanzas de Bernabé. La noche lo ayudará a evitar los comentarios de los que lo vieron partir gallardo.
Poco después, la dama merienda a orillas del río Sebeto en compañía del capitán Medrano, que ha desplegado incluso aparato musical para cortejarla. No lejos de allí aguardan don Juan y Bernabé la caída de la noche para penetrar en la ciudad sin ser vistos. Se entretienen precisamente en observar la felicidad de la pareja que comparte mantel en tan agradable paraje. Don Juan piensa que su amor por Lisarda está confundiendo sus sentidos, pues cree reconocer a su dama: "Mil cosas mira quien ama, / como siempre las ideas / en su espejo retratan, / que imitan su pensamiento". Bernabé confirma la realidad del aparente engaño y reconoce tanto a señora y criada como al capitán Medrano y a su lacayo Esteban. Acometen sin demora don Juan y Bernabé con las espadas desnudas.
Entretanto, el bastardo Mansfelt [se trata de Ernst Mansfeld, hijo ilegítimo del conde Pedro Ernesto de Mansfeld] y el Obispo de Olstad [en realidad Cristián, duque de Brunswick-Lüneburg y obispo de Halberstadt], luteranos, recuerdan las dos derrotas que infligió don Gonzalo de Córdoba al bastardo en el campo de batalla. El valor obliga a la venganza. Entre los dos han reunido un numeroso ejército con el que pretenden derrotar las milicias que presenten el duque de Lorena, el barón de Tilly y el propio don Gonzalo, que los han seguido hasta la frontera oriental de Francia. Se encuentran, en realidad, algo acorralados por las fuerzas de la Liga Católica y las del Emperador Fernando II, y además el rey galo, por simpatías religiosas y familiares con el español, no les franquea el paso. Será el poderoso ejército comandado por el duque de Nivéres [sic] el que les corte el camino en Francia. Algo enojado, Mansfelt reprocha al duque de Bullón [sic] sus infructuosas negociaciones con el rey francés. Al fin y al cabo ha sido precisamente el apoyo brindado al sobrino del duque, Federico V, el elector palatino, el que ha llevado a Mansfelt y al obispo a tan incómoda situación, cercados por varios ejércitos católicos. Remontar la frontera gala hacia el norte, hacia los Países Bajos, parece ser la mejor opción. [En realidad, a estas alturas Mansfeld ya no estaba al servicio de Federico V.]
Don Gonzalo de Córdoba, por su parte, discute la situación con el barón de Tilly y don Francisco de Ibarra. Los hombres de Mansfelt y el obispo están sembrando caos y destrucción por donde pasan, algo que no les extraña dada su herética condición. La milicia española es notablemente inferior y no sería prudente acometerlos, pese a hallarse muy cerca de ellos. Don Francisco, sin embargo, anima a don Gonzalo a entrar en combate, pese a tamaña desigualdad, y pronostica que esta será la valiente milicia que dará las primeras glorias guerreras a Felipe IV, coronado rey pocos meses antes. La fama y las armas de don Gonzalo de Córdoba, además de la fe, les brindarán la victoria. Se suma a los ánimos y al pronóstico del barón de Tilly y se decide atacar don Gonzalo para dar " a la Iglesia honor, a mí memoria, / a España fama, y a Felipe gloria".
Llegan en ese momento don Juan y Bernabé. Don Gonzalo recibe con llaneza a don Juan, y hacen lo propio don Francisco y el barón. La presentación formal llega en la carta que el duque de Sessa dirige a su hermano. En ella presenta elogiosamente a don Juan como caballero de la familia Vargas y le pide que lo acoja en confianza. La buena presencia del caballero y la recomendación del duque otorgan a don Juan la primera bandera del ejército español. Bernabé se presenta a sí mismo entre chanzas que son muy del gusto de don Gonzalo. La guerra va a comenzar, anuncia el de Córdoba, mientras don Juan, aunque agraviado, no puede evitar dedicar amorosos pensamientos a Lisarda y recrimina a Bernabé las burlas, pues quien no sabe de amor debería vivir entre bestias.
Jornada 2
En Enao [Henao; Hinaut] Madama Laureta, flamenca, acompañada por sus criados Jaques y Marín [el nombre de Marín aparece sólo en la acotación; en el texto seguramente corresponde a Roberto], busca alojamiento en una aldea a la espera de reanudar su viaje en cuanto amanezca. Su intención es reunirse con Mansfelt, de cuyo ejército están ya muy cerca. Los hombres del duque de Lorena y los de don Gonzalo tampoco andan lejos. No obstante, el superior número de las tropas de Mansfelt y el obispo mantienen tranquila a Laureta, segura de la victoria de los protestantes. No así los criados, que ensalzan la fama y la bravura del español.
A la misma aldea llegan don Juan y Bernabé, que no tardan en enfrentarse y poner en fuga a los criados de la dama flamenca. Los persigue el caballero y queda Bernabé como custodio de Laureta, a la que arrebata una cadena de la que cuelga un retrato. Inventa el criado un divertido linaje en respuesta a las inquisiciones de la dama sobre su origen e identidad: se presenta como un gran caballero de la "Casa lacaya / de lo bueno de Castilla", "conde de la cebada" y "marqués de los arneros". Se sorprende Laureta por el comportamiento poco caballeroso, abiertamente ladrón, del supuesto noble y le pide que le devuelva al menos el retrato del "General del Palatino", seguramente Mansfelt. Consigue escabullirse Laureta de la custodia de Bernabé poco antes de que regrese don Juan. El criado se queja de un imaginario ataque de soldados flamencos que le ha arrebatado a la dama.
Los villanos valones Bulpín y Sabina celebran la llegada de los españoles, pues esperan que castiguen las canalladas de Mansfelt y el obispo, cuyo ejército arruina los lugares por los que pasa. La poca cena no preocupa a Bernabé, más pendiente del apetito sexual que ha despertado en él Sabina. Hasta la misma casa llegan el capitán Medrano y Lisarda, en hábito de soldado. El militar ha accedido ha acompañar a la dama hasta el frente en busca de su amado don Juan. El comportamiento de Medrano sirve para lanzar una de las muchas alabanzas a los militares que menudean en la obra. Lisarda piensa que su arrepentimiento compensará a ojos de don Juan el error cometido. El capitán, enamorado, afirma que dejará a la dama en brazos de don Juan y entregará su vida en el combate. Bulpín acoge a los dos nuevos soldados españoles con similar entusiasmo y no deja de notar la belleza de Lisardo /Lisarda.
No lejos andan Mansfelt y el obispo, cada vez más incómodos por la tenaz persecución de don Gonzalo, pese a que solo cuenta con dos mil caballos. La justifica el obispo en sus pasadas glorias al oeste del Rin. La irritación del bastardo lo impele a prender fuego a la aldea en la que descansan los españoles. No tarda en arder la casa de Bulpín. Sale el capitán Medrano, espada desnuda, a pelear y deja sola a Lisarda. Es don Juan el que la saca de la casa en llamas, y lo propio hace, en clave paródica, Bernabé con Sabina. No tardan en reconocerse los enamorados y se desencadena la ira de don Juan. La dama controla las lágrimas, dispuesta a utilizar las palabras para pedir perdón a su amado y explicarle honestamente su error. El arrepentimiento debe servir a una mujer soltera para alcanzar perdón. No se convence don Juan, pero accede a dar los brazos a la dama, no en señal de perdón, sino para satisfacer el gusto que le da volver a verla. Retomando el razonamiento de la dama, señala que, no habiendo casamiento, no puede haber completa enemistad. Al fin y al cabo, no es propia de los seres humanos la firmeza, "trayendo corcho en los pies ". Cuando la disposición del galán parece a enternecerse, la dama señala que ha llegado a Flandes con el capitán Medrano. Don Juan estalla de celos y desoye las amorosas palabras de Lisarda.
Gonzalo de Córdoba rememora con Francisco de Ibarra y el barón de Tilly los triunfos pasados, y señala los distintos frentes en los que los grandes militares españoles dan lustre al recién estrenado reinado de Felipe IV. Llega en ese momento don Juan para denunciar las pillerías y violencia contra los civiles ejercidas por los ejércitos enemigos, así como su localización, no lejos de Bruselas. Es el momento, sentencia don Gonzalo, de acometer. Juan Ramírez desahoga sus penas de amor con Bernabé, que, a su vez, se queja de haber salvado del fuego a Sabina, pues la villana ha aprovechado la situación para robarle.
Entretanto, Madama Laureta se reúne con Mansfelt, al que avisa de la cercanía de los "papistas" al tiempo que alaba la bravura del general español. El triunfo de Mansfelt ante semejante enemigo redundará en su gloria. Le pide Laureta tres favores al bastardo: la cabeza de don Gonzalo; el guión del rey de España; y el retrato que el "marqués de los harneros" y "conde de la cebada", de la "casa lacaya", le robó. Irrumpe el obispo para anunciar la insistir en la cercanía de las tropas de don Gonzalo. Picado en el orgullo masculino por las palabras de elogio de Laureta para el de Córdoba, declara Mansfelt que desearía enfrentarse en desafío personal con el español.
Jornada 3
Lisarda se muestra decidida ante don Juan. Si no la ama, luchará junto a los hombres de don Gonzalo, pues no es la primera mujer, aduce, que ha entrado en batalla. Las otras, replica el galán, no entraron en la lid por simple despecho y advierte a la dama de que la imagen de su belleza no infundirá respeto en el fragor de la batalla, pues los protestantes deprecian las imágenes. Vuelve don Juan a recriminar la ligereza de la dama, que se fue con Medrano el mismo día en que partió su galán; asume el error Lisarda, pero lo relativiza por considerarlo simple diversión carente de verdadero sentimiento. Los celos se imponen y don Juan sugiere que prefiere verla muerta antes que en brazos de Medrano. La dama a la batalla se marcha ante la sorpresa de Bernabé, que señala la crueldad de su señor. Replica este que, próxima la batalla contra un ejército muy superior en número, es momento de pensar en Dios y no en mujeres.
Al amanecer, la batalla de Fleurus es ya inminente. Nueve mil infantes y siete mil caballos pelearán finalmente del lado de Mansfelt y el obispo, gracias al apoyo militar brindado por el duque de Bullón, tío del elector palatino. Las tropas de don Gonzalo no superan los dos mil caballos. La aparente seguridad de las milicias luteranas, que parecen haber dormido tranquilas pese a la cercanía de los españoles, enciende el ánimo de don Gonzalo. Arenga con fervor a los suyos indicándoles que se enfrentan a enemigos ya vencidos en anteriores batallas y que los soldados de remplazo son tan bisoños que no podrán afrontar la pelea contra un mílite feroz. Es sobre todo la fe la que debe guiarlos contra "estos bárbaros viles luteranos".
La arenga sirve para situar históricamente el argumento de la obra, que seguramente era reconocible para los contemporáneos de Lope, en 1622, pero no para los lectores actuales. El origen de la batalla, poco después de que comenzara la Guerra de los treinta años, radica en la revuelta en Bohemia, de mayoría protestante, contra la elección del católico Fernando II como Emperador, con Matías todavía vivo. El temor a perder privilegios decantó a los bohemios por el elector palatino Federico, protestante, y desencadenó una rebelión contra el Emperador legítimo. El conflicto creció hasta tomar dimensión europea y a las iniciales cuestiones religiosas se sumó la rivalidad entre Austrias y Borbones por la hegemonía europea. Felipe IV movilizo a sus tercios en apoyo de Fernando II, claro está.
Don Gonzalo elogia a su rey utilizando de nuevo al sol como término de comparación y como buen augurio para la batalla: "en fe del sol, la cándida mañana, / Filipe celestial sus reinos dora, / huye la noche de la luz tirana;/ pues si al nacer le huye la herejía, / sus rayos, ¿qué podrán al mediodía?" Acto seguido se encomienda significativamente a las imágenes de Cristo y de la Virgen María que portan sendos soldados. La victoria le parece segura a don Gonzalo y llama a las armas al grito de "¡Ea, españoles, que Felipe os mira!".
No tarda, sin embargo, en sufrir un gran revés con la muerte de don francisco de Ibarra. Vemos aparecer a Mansfelt al frente de los suyos animándolos a vencer a las huestes de Felipe IV, "rey entre cuantos viven poderoso", y a arrebatar "el mundo", por el imperio, a Fernando II. Ve con alborozo cómo la carga de caballería comandada por el obispo desbarata las líneas españolas. No obstante, la figura de don Gonzalo emerge para reordenar a los suyos y acometer al obispo. Mansfelt no puede creer lo que ven sus ojos y teme una nueva victoria del español: "Tercera vez le temo victorioso, / que apenas hay valor que le reprima. / ¿Qué es esto? ¡Cielos! ¿Sin mudanza alguna / puede estar en la guerra la fortuna?" El obispo ha sido herido de gravedad; con su vida parece que también se desvanece la posibilidad de victoria.
Con los luteranos ya en retirada Bernabé acomete a un soldado flamenco en hábito de gracioso. Su objetivo es ir haciéndose con la plata de los soldados que se repliegan en desorden o yacen abatidos en el campo de batalla. Don Juan, espada en mano, anuncia que la victoria está ya muy próxima. Lo confirman las voces ‘dentro’: "¡Vitoria, España, Filipe! / ¡Vitoria por don Gonzalo!" Solo la muerte de don Francisco empaña el éxito. Lisarda llega hasta su amado fingiendo estar herida de muerte. Don Juan, enamorado, amenaza con segar la propia al tiempo que se queja amargamente de semejante pérdida y recrimina a la dama la temeridad de inmiscuirse en la batalla. Lisarda deshace entonces el engaño y afirma haberse puesto a buen recaudo de los peligros. Recrimina al caballero haberla rechazado viva por causa breve y amarla, en cambio, con intensidad al hallarla casi muerta: "¿Qué tenemos las mujeres, / que muertas os agradamos?" Las chanzas de Bernabé son acompañadas ahora por las de Lisarda, que reproduce en clave paródica los lamentos del caballero. Zanja don Juan con una declaración directa de amor y los tres se unen a los soldados españoles en la caza de despojos de los luteranos: "gocemos de los despojos, / -dice Lisarda- tú de los que irás matando, / y yo de haberte vencido." Don Gonzalo anima a sus hombres a no dejar vida en el campo mientras el barón señala que Mansfelt y el obispo moribundo huyen hacia Lieja.
Madama Laureta, entretanto, está convencida de la derrota de los españoles, sobre todo al recibir las noticias del criado Jacques, que vio el inicio de la carga de caballería lanzada por el obispo. Por cobardía, suponemos, se retiró en cuanto empezó la reacción de los españoles y no observó el resultado final, muy distinto de lo que parecía indicar el inicio de las escaramuzas. La aparición de Mansfelt sorprende a la dama: "¿Qué puede llegar / desta suerte un victorioso?" Replica Mansfelt que llega como los vencidos llegan. En ausencia de las tres cosas prometidas, le ofrece el bastardo, por la cabeza de don Gonzalo, la propia, rota; por la bandera de España, las siete banderas que deja entre las huestes enemigas; por la cadena y el retrato, el de la fortuna y "su mudable trato". Las tres cosas las trae Mansfelt en la propia figura, que es la de la derrota. La dama, conmovida, se conforma con que haya regresado con vida el bastardo, sobre todo al conocer que el obispo y muchos de los nobles que acompañaban a Mansfelt la han perdido [en realidad el duque de Brunswick-Lüneburg y obispo de Halberstadt no murió en esta batalla.].
Se acercan los españoles triunfantes a Bruselas, donde serán recibidos por la infanta Isabel Clara Eugenia, a la que saludan con una estruendosa salva. La infanta colma de elogios al valiente don Gonzalo, que le ofrece ocho estandartes enemigos en señal de la victoria; entre ellos están el del bastardo Mansfelt y el del obispo. La infanta aprovecha para elogiar en la figura y las victorias de don Gonzalo de Córdoba, "capitán de la iglesia", a la casa de Sessa. Se produce el reparto de premios y favores, y don Juan cierra la obra con una nueva alabanza a la casa del mecenas de Lope:
Y aquí la victoria cesa,
Aunque no cesan jamás
En la gran casa de Sessa
Las bien heredadas armas,
Que dieron, con dicha eterna,
Reinos al Rey de castilla
Y agora victorias nuevas.
OBSERVACIONES A LA OBRA
Ver / Ocultar secciónObservaciones:
"La poseyó en 1628 Juan Jerónimo Amella, autor de comedias en Valencia" (CR, 480).
En el listado de personajes del Manuscrito autógrafo aparece paralelamente el reparto de los actores que interpretaron la comedia, con la compañía de Juan Jerónimo Amella, también conocido como Juan Bautista Valenciano.