MEJOR MAESTRO, EL TIEMPO, Comedia famosa de, EL
DATOS BIBLIOGRÁFICOS
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Título: MEJOR MAESTRO, EL TIEMPO, Comedia famosa de, EL. Procedencia: Parte 6 (1615); final del Acto III
Autoría
Autor: Félix Lope de Vega y Carpio. Fiabilidad: De autoría fiable
Peregrino
Citado en El peregrino I: No
Citado en El peregrino II: No
Parte
Parte VI (1615)
Manuscrito
No consta
Otras ediciones del siglo XVII
No consta
Colecciones modernas
*Ref. bibliográfica: E. Cotarelo et al. eds.: Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española [nueva edicion] (Con prólogos de E.Cotarelo y Mori y otros, 13 vols.). Madrid, RAE, 1916-1930. VII.
*Ref. bibliográfica: VVAA: Teatro Español del Siglo de Oro (Base de datos de texto completo publicada en CD-ROM). ProQuest LLC, Chadwyck-Healey, 1997.
Ref. bibliográfica: PROLOPE. Alberto Blecua y Guillermo Serés (directores): Lope de Vega, Comedias. (Edición crítica de las Partes de Comedias de Lope de Vega). Lleida, Milenio, 1997 ss. VI, 3.
Observación: La edición de El mejor maestro, el tiempo incluida en Comedias de Lope de Vega, Parte VI, 3, publicada por el grupo Prolope, corre a cargo de Ingrid Vindel.
* Edición utilizada
Ediciones singulares modernas
No consta
Versiones y traducciones
No se conocen
Bibliografía secundaria
- Osuna, Rafael. Polifemo y el tema de la abundancia natural en Lope de Vega y su tiempo. Kassel: Reichenberger. 1996.
Nota: Tiene una página sobre la pintura del jardín en El mejor maestro el tiempo, p. 127.
- Vindel Pérez, Ingrid. "Política y educación para príncipes en una comedia de 1615 El mejor maestro, el tiempo". Anuario Lope de Vega. núm. 6. p. 209-220. 2000.
ANOTACIONES PRAGMÁTICAS
Ver / Ocultar secciónDatación
Fecha: 1608-1614
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 360, 596.
Dedicatorias
No existe dedicatoria.
Cómputo de versos
Número: 2784
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 360.
CARACTERIZACIONES
Ver / Ocultar secciónPersonajes no computables
Personajes computables
Universo social
Tiempo histórico
Tiempo indeterminado
Marco espacial
Acto 1
Topónimo: Iberia. [España]. Europa. Espacio: interior del palacio real.
Topónimo: lugar indeterminado. Europa. Espacio: interior del palacio del Duque Alberto; exterior del palacio del Duque Alberto.
Acto 2
Topónimo: lugar indeterminado. Europa. Espacio: jardín en la aldea del Duque Alberto; interior del palacio del Duque Alberto; calles de la Corte.
Acto 3
Topónimo: lugar indeterminado. Europa. Espacio: aldea; interior del jardín en la aldea del Duque Alberto; exterior del jardín en la aldea del Duque Alberto.
Topónimo: Iberia. [España]. Europa. Espacio: interior del palacio real.
Observación: La mayor parte de la acción transcurre en tierras del Duque Alberto, situado en un país distinto al de Iberia y que, no obstante, no se nombra en ningún momento de la comedia.
Duración
Acto 1: Número indeterminado de días
Entreacto 1 a 2: Número indeterminado de días
Acto 2: 1 día
Entreacto 2 a 3: Número indeterminado de días
Acto 3: 1 día
Género
Género principal:
- Comedia > universo de irrealidad > libre invención > palatina.
Extracto argumental
Acto 1
El Rey de Iberia comenta con Lidio la preocupación que le causa el carácter extremado, libertino, codicioso y soberbio de sus dos hijos, los príncipes Otón y Eufrasia, cuando aparece, con aire alborotado, Nísida, su sobrina. El Rey sospecha que el enfado de Nísida ha de deberse a algún enfrentamiento con su hija Eufrasia y se marcha a averiguarlo. En efecto, Eufrasia, celosa de Nísida por sus pretensiones de casarse con Clenardo, el Delfín de Francia, ha tratado con desprecio a su prima y la ha golpeado burlándose de su alta presunción. Nísida se lo cuenta a su hermano Rosimundo, que no está dispuesto a tolerar tal agravio a su hermana por parte de su prima. A este propósito, Rosimundo le da las quejas al príncipe Otón del comportamiento de su hermana y entre ambos mantienen una conversación muy tensa -el Príncipe, despreciativo y arrogante; Rosimundo ofendido en su honor- que termina en un combate a cuchilladas. El Rey lanza a sus hijos duros reproches sobre su perversa condición, y su ira aumenta cuando Otón y Eufrasia acusan a Lidio, consejero del monarca, de conspirar contra ellos, y, desafiando la autoridad de su padre, se marchan. Más se enfada el Rey cuando recibe la noticia de que Enrique, el criado de su hijo, ha dejado herido a Rosimundo. Enterado de las razones, manda prender al príncipe y al sirviente. El Rey comparte también su preocupación por el carácter y la educación de sus hijos con el "loco" Camilo, que, entre cuentos y chanzas, le aconseja que no merece la pena buscarles maestros que les eduquen, porque ya es tarde para enderezarlos, que el mejor maestro será el tiempo, que todo lo amansa y lo corrige.
En otra parte, los caballeros Finardo, Liseno y Severo, amigos y partidarios de Rosimundo, viendo a éste herido, deciden matar a Otón, a quien consideran indigno de la corona, para proclamar rey a Rosimundo. Éste acepta encabezar la rebelión, proclamando como blasón suyo el de "César o nada".
El ruido causado por la conspiración llega hasta el lugar de palacio donde Otón y Eufrasia están confinados: los dos hermanos creen que es el clamor del pueblo por su liberación; pero el Rey se alarma, interpretando el alboroto con opuesto significado. Avisados todos de las intenciones de la turba por un criado, el Rey decide huir con sus hijos de palacio, y del país, por una puerta secreta que da al mar.
Mientras tanto, en el palacio del Duque Alberto, una escena graciosa que entretiene el tiempo de la hija del Duque, Clavela, corta el anterior dramatismo. La criada Fabia y el viejo Basilio mantienen una discusión sobre la interpretación de un emblema que el primo y pretendiente de Clavela (Ricardo) le ha enviado: una sirena y un cocodrilo con el lema "con cantar y con llorar". En estas circunstancias, llegan a las puertas del palacio, desterrados y con aspecto miserable, el Rey con sus hijos, que se colocan entre los pobres a quienes el mayordomo de palacio está dando limosnas; pero éste, reconociendo el porte distinguido de los desconocidos, llama a su señor. El Duque, viendo a los recién llegados, les pregunta por su identidad, a lo que el Rey responde que es un mercader malafortunado que no puede volver a su tierra a causa de las deudas. El Duque, entonces, apiadándose de ellos, les da alojamiento en un castillo que tiene cerca, en cuyo jardín podrá trabajar también el hijo. Otón se avergüenza de tanta humildad por parte de su padre, pero éste toma las circunstancias como la mejor ocasión de educar a sus hijos y comprobar si el tiempo es el mejor maestro.
Acto 2
En la aldea del Duque, Fabia, que sospecha que el jardinero, hijo del viejo a quien el Duque dio cobijo en el castillo de la aldea, debe ser de buena cuna, confiesa a Clavela que está enamorada de él, y Clavela le dice que también su hermano Alejandro anda enamorado de la hermana del joven jardinero. A lo lejos ven a Pedro (así se llama ahora Otón) trabajando en el jardín, lamentándose de su suerte, y se acercan a él. Otón recibe la visita de Clavela con las hipérboles más galantes para la hermosura de la dama, comparada con las más bellas flores del jardín; tanto agradan a Clavela las palabras del jardinero, que promete visitarlo esa misma tarde. Por su parte, el hijo del Duque Alejandro corteja a Inés (el nombre fingido de Eufrasia), que le advierte contra los celos y el mal carácter de su hermano, que no respetará, si considera su honor ofendido en su hermana, el rango de Alejandro. Pero éste la tranquiliza diciéndole que para facilitar sus relaciones con ella se hará amigo de su hermano o lo alejará de la aldea. Ambos hermanos (Otón y Eufrasia), conscientes del enamoramiento de los hijos del Duque, deciden ser cómplices en mantener en secreto esos amores hasta ver qué depara la fortuna. Y en estas confesiones los encuentra su padre, el Rey, que lamenta el estado de postración en que se encuentran sus hijos; pero éstos lo consuelan con palabras cariñosas y resignadas, alegrándose al menos de estar vivos y juntos y esperando, quizá, que la fortuna pueda cambiar algún día para restituirlos a su condición.
Por su lado, Alejandro, inquieto por la presencia de Otón que dificulta sus encuentros con Eufrasia, por consejo de su criado Fulgencio decide poner un cebo que haga a Otón alejarse del lugar: depositar una suma de dos mil ducados en un sitio donde pueda encontrarlos el jardinero (Pedro-Otón), quien, una vez que los tenga en su poder, con seguridad escapará a la corte para gastarlos dando lugar a Alejandro de cortejar a Eufrasia.
Mientras, en un nuevo encuentro de Otón con Clavela, ésta le propone al joven la interpretación del emblema de su primo y enamorado Ricardo, y ante la solución tan docta de Otón, la dama queda perpleja y sospechosa de la condición del supuesto jardinero, mientras que éste siente celos de su competidor. Marchada la dama, Otón encuentra el cebo preparado por Fulgencio y, en efecto, resuelve irse con el dinero a la corte. Es entonces cuando Alejandro aborda de nuevo a Eufrasia, que se resiste al amor del noble si no es con respeto para su honor; así que Eufrasia le exige para rendirse que, aunque labradora, le trate con el mismo respeto que una mujer de su igual condición, lo que coloca al hijo del Duque en una situación desconcertante.
El acto termina con una escena ciudadana, en la que Otón, ya vestido de galán con los vestidos que se ha comprado, desea también comprar dos caballos, para lo cual se presenta ante un grupo de lacayos desocupados que están esperando a un amo, y contrata los servicios de Turín, el más gracioso de todos.
Acto 3
En la aldea, el comportamiento y la dignidad del viejo Rey se han granjeado el aprecio de los lugareños, que lo han elegido alcalde a pesar de su condición de forastero, mientras que Eufrasia ha suscitado el enamoramiento de todos los villanos, de los cuales es Antón el que muestra más interés por casarse con ella. Por otra parte Otón, en su escapada a la ciudad, ha participado en un torneo, disfrazado, y ha impresionado a Clavela, con quien ha concertado un encuentro secreto en la aldea esa noche. De regreso con el lacayo Turín, se encuentra con los lugareños, a quienes Antón va contando sus propósitos de pedir al Duque la mano de Inés (Eufrasia). Comienza entonces a urdirse un enredo. Otón se esconde de ellos y pide a Turín que esa noche le aguarde en el terrero con un broquel y una espada. Por su parte, Eufrasia, requerida de nuevo por Alejandro, le advierte de que su hermano está cerca, de lo que se extraña Alejandro, que lo creía lejos; cuando el hijo del Duque se aleja, Otón confiesa a su hermana el encuentro con Clavela. Llega ésta al jardín, confiándole a su criada Fabia el extraordinario parecido del caballero de la ciudad con el jardinero Pedro; al ver a Pedro, Clavela le pide que se encargue de conducir esa noche a su presencia a un caballero que se presentará en el jardín y con el que tiene una cita. Sigue una escena graciosa en la que Turín entra en el jardín a curiosear y, viendo al jardinero, lo reconoce enseguida aunque le confunde verlo de villano; pero Otón, que no quiere revelar su doble identidad, finge no reconocerle y lo acusa de haber entrado al jardín para robar.
La acción se traslada ahora al palacio del Rey, donde los caballeros antes amigos de Rosimundo ahora lo persiguen por su mal comportamiento como gobernante, y piden la vuelta de Otón. Rosimundo se resigna al destierro, proclamando que nadie tiene que fiar en la fortuna, "que es varia rueda".
En el castillo del Duque, Turín se presenta de nuevo en el jardín con el broquel y la espada que le había encargado su amo, quien, disimulando el engaño anterior, esta vez sí reconoce a su lacayo. En una escena de confusiones, en la que Turín y Otón se intercambian los papeles, amparados por la oscuridad de la noche, se mantiene el encuentro entre la dama y el caballero de la ciudad. Pero al mismo sitio llega Alejandro con Fulgencio, en busca de Eufrasia, y se organiza un alboroto que pone en fuga a Otón y Turín y que termina por alertar al Duque, que manda llamar a gente para defender su casa. Clavela, Alejandro y Otón (Pedro) disimulan sobre sus motivos para encontrarse en el jardín; Clavela sólo dice que los que han entrado en el jardín eran dos forasteros. En su calidad de alcalde, el Rey va entonces en busca de forasteros y allana la casa de Turín, a quien, no consiguiendo sacarle el nombre de su dueño porque él mismo está confuso, pone preso. El Duque con los suyos deciden emboscarse para atrapar al desconocido, si vuelve al sitio. Clavela, temerosa, ve acercarse a Otón que, intrépido, ha vuelto para verla; en ese momento lo prenden pero Otón se descubre como Pedro y justifica su presencia como una broma, para la que se ha disfrazado de caballero. Alejandro, no obstante, suspicaz, retiene a Otón y manda traer al preso del Alcalde. Cuando llega el Alcalde con Turín, éste reconoce en Otón a su señor, pero luego se contradice, de modo que el Duque no tiene otro modo de averiguar la verdadera identidad de quien pasa por ser caballero y jardinero que mandar ahorcar al hombre que tiene delante. En ese momento entra un alcalde con unos caballeros a quienes han apresado como forasteros: se trata de Liseno y Severo, que, buscando a Otón, han llegado hasta la costa del país del Duque Alberto. Éstos, descubriendo al Rey, ponen fin a todas las confusiones causadas por el enredo: el Duque reconoce y acoge al Rey en su casa; Pedro se revela como el príncipe Otón; Inés, como la princesa Eufrasia; Turín conoce por fin la verdadera identidad de su amo. Y el Rey decide celebrar las bodas de Alejandro con Eufrasia y Otón con Clavela antes de regresar a Iberia con sus hijos, ahora "bien enseñados" por "el mejor maestro, el tiempo".
Observación: Son de interés las dos tiradas del loco Camilo en su diálogo con el Rey en el primer acto, muy parecidas en su estructura argumental a unas loas: la primera, sobre las desventajas del picarse; la segunda, sobre que "el mejor maestro, el tiempo". También merece la pena recordar el largo diálogo entre el Rey y sus hijos en la parte final del primer cuadro del acto II, especialmente la réplica de Otón donde afirma que "Una comedia, padre, es todo el mundo".
El tercer acto resulta algo descosido en su acción, y el estado textual parece francamente malo, con cantidad de versos demasiado largos o demasiado cortos y lecturas problemáticas.