MALCASADA, Comedia famosa, LA
DATOS BIBLIOGRÁFICOS
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Título: MALCASADA, Comedia famosa, LA. Procedencia: Parte 15 (1621); final del Acto III; P2
Autoría
Autor: Félix Lope de Vega y Carpio. Fiabilidad: De autoría fiable
Peregrino
Citado en El peregrino I: No
Citado en El peregrino II: Sí
Parte
Parte XV (1621)
Manuscrito
No consta
Otras ediciones del siglo XVII
No consta
Colecciones modernas
*Ref. bibliográfica: E. Cotarelo et al. eds.: Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española [nueva edicion] (Con prólogos de E.Cotarelo y Mori y otros, 13 vols.). Madrid, RAE, 1916-1930. XII.
*Ref. bibliográfica: VVAA: Teatro Español del Siglo de Oro (Base de datos de texto completo publicada en CD-ROM). ProQuest LLC, Chadwyck-Healey, 1997.
Ref. bibliográfica: E. Hartzenbusch: Comedias escogidas de Lope de Vega. (4 volúmenes) (Integradas en la Biblioteca de Autores Españoles, vols. XXIV, XXXIV, XLI y LII. 4 volúmenes). Madrid, Rivadeneyra (BAE), 1853, 1855, 1857, 1860. II (BAE, XXXIV).
* Edición utilizada
Ediciones singulares modernas
No consta
Versiones y traducciones
- Lucio, José de; Gómez Hidalgo, Francisco, LA MALCASADA, 1928
Nota: Adaptación estrenada en 1928.
- Machado, Manuel, LA MALCASADA, 1962
Nota: Adaptación estrenada en 1962.
- Morales y Marín, Antonio; González Vergel, Alberto, LA MALCASADA, 1991
Nota: Adaptación estrenada en 1991.
- Luca de Tena, Cayetano, LA MALCASADA, 1973
Nota: Estrenada en el Español en 1947. Versión filmada para "Estudio 1", que se transmitió por TVE el 25 de mayo de 1973.
Bibliografía secundaria
- Anónimo. "Informaciones y noticias teatrales: La malcasada". ABC. núm. 28 de enero. p. 43. 1928.
Nota: Crítica de la adaptación de José de Lucio y Francisco Gómez Hidalgo.
- Gavela García, Delia. "La autoinspiración como método dramático en algunos personajes lopescos". Lobato, María Luisa; Domínguez Matito, Francisco. Memoria de la palabra. Madrid / Frankfurt am Main: Iberoamericana / Vervuert. 2004. I, p. 873-885.
Nota: Actas del VI Congreso de la Asociación Internacional Siglo de Oro.
- Gillet, Joseph E.. "Lucrecia-necia". Hispanic Review. núm. 15. p. 120-136. 1947.
Nota: Sobre: La cortesía de España, El dómine Lucas, Las ferias de Madrid, La malcasada, El perro del hortelano, El valor de las mujeres.
- Haro Tecqlen, Eduardo. "La cabeza de Lope de Vega". El país. núm. 24 de septiembre. {Falta páginas artículo}. 1991.
Nota: Crítica de La malcasada, de Lope de Vega ; versión de Antonio Morales y Marín y Alberto González Vergel.
- López Sancho, Lorenzo. "La malcasada, un delicioso musical moderno de Lope de Vega, en el Marquina". ABC. núm. 21 de septiembre. p. 79. 1991.
Nota: Crítica de La malcasada, adaptación de Antonio Morales y Alberto González Vergel.
- Marquerie, Alfredo. "Informaciones y noticias teatrales: La malcasada en el Goya". ABC. núm. 8 de febrero. p. 58-59. 1962.
Nota: Crítica de La malcasada de Lope de Vega, adaptación de Manuel Machado.
- Marquerie, Alfredo. "Informaciones y noticias cinemotográficas: La malcasada de Lope de Vega obtiene un resonante triunfo en El Español". ABC. núm. 15 de febrero. p. 17. 1947.
Nota: Crítica de la representación de la versión de Cayetano Luca de Tena.
- Paso, Alfonso. "Informaciones y noticias teatrales: autocríticas". ABC. núm. 7 de febrero. p. 55. 1962.
Nota: Autocrítica de Rebelde por su autor Alfonso Paso, y La malcasada de Lope de Vega, adaptación de Manuel Machado.
- Pérez Rasilla, Eduardo. "La malcasada: Lope en los años 30". CESI-JESPRE. núm. noviembre. p. 18. 1991.
Nota: Crítica de La malcasada de Lope de Vega, versión de Antonio Morales y Marín y Alberto González Vergel.
.
- Sacks, Diane. Breaking the silence: an archetypal and feminist analysist of La hermosa Ester, Fuente Ovejuna and La mal casada. Universioty of Utah. 1989.
Nota: Publicada por Ann Arbor, UMI 1991.
- Santa-Cruz, Lola. "La malcasada, de Lope, en el Teatro Municipal. Años de amor y jazz". El público. núm. 86. p. 46-47. 1991.
- Villán, Javier. "Versión libre". El Mundo. núm. 23 de septiembre. {Falta páginas artículo}. 1991.
Nota: Crítica de La malcasada, de Lope de Vega ; versión, Antonio Morales y Marín y Alberto González Vergel.
ANOTACIONES PRAGMÁTICAS
Ver / Ocultar secciónDatación
Fecha: 1610-1615
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 352, 597.
Dedicatorias
Dedicada a Francisco de la Cueva y Silva, insigne jurisconsulto (y autor dramático).
Cómputo de versos
Número: 2858
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 351.
CARACTERIZACIONES
Ver / Ocultar secciónPersonajes no computables
Personajes computables
Habla sólo en italiano.
Universo social
Tiempo histórico
Época contemporánea
Marco espacial
Acto 1
Topónimo: Madrid. [España]. Europa. Espacio: exterior de la iglesia del Carmen; interior de la casa de Lucrecia; exterior de la casa de Lucrecia.
Acto 2
Topónimo: Madrid. [España]. Europa. Espacio: interior de la casa de Lisardo; interior de la casa de Lucrecia; interior de la casa de don Juan; jardín en la casa de Lucrecia; exterior de la casa de Lucrecia.
Acto 3
Topónimo: Madrid. [España]. Europa. Espacio: interior de la casa de Lucrecia; interior de la casa de don Juan.
Duración
Acto 1: 2 días
Entreacto 1 a 2: 3 años
Acto 2: 2 días
Entreacto 2 a 3: Número indeterminado de meses
Acto 3: 2 días
Género
Género principal:
- Comedia > universo de verosimilitud > urbana.
Extracto argumental
Acto 1
Delante de la iglesia del Carmen, don Juan, un caballero gallego que ha venido hace un año a Madrid, espera la salida de una doncella de la que cree haberse enamorado, según comenta a su criado Hernando; éste, hombre de gran sentido del humor, le pide entonces más dinero por sus servicios, pues considera más costoso servir a señor que a su vez sirve a dama. Al fin sale la dama, que se llama Lucrecia. Va acompañada de su viuda madre Feliciana, así como de la criada Isabel y el escudero Ordóñez. La madre, según afirma, se desvela buscando una buena boda para su hija. Cuando sospecha que el caballero que las observa va tras Lucrecia, anima a ésta a que coquetee con él utilizando los ojos y las caídas del manto. Don Juan se apresta pues a seguir a la joven, en el momento mismo en que llega al lugar el letrado Lisardo, acompañado de su criado Millán. Lisardo también pretende a Lucrecia, y se queda decepcionado cuando ve que otro galán (don Juan) sigue a su dama. Sin embargo, está dispuesto a justificar el comportamiento de Lucrecia, por más que su criado le eche un sermón acerca de cómo debe ser la buena mujer y del cuidado que hay que poner de parte del hombre en escogerla. Vuelve entonces don Juan, y Lisardo se le acerca, inventando un pretexto, para conocer su identidad y lo avanzadas que están sus relaciones con Lucrecia. Le dice que tiene una carta para la dama y que, ya que le ha visto con ella, se la entregue personalmente. Don Juan, sin embargo, descubre la estratagema y advierte a Lisardo que, si quiere pretender a Lucrecia "con sus letras", él la pretenderá con su espada, pues a él no le infunde ningún miedo un competidor letrado. Cuando Lisardo y Millán se van, llega Hernando que ha ido a informarse sobre la dama. Lo bueno es que ella es honrada y honesta, mas resulta ser pobre. Don Juan, tras vacilar algo, cuando sabe que la pobreza de Lucrecia no es extremada, decide que eso no es impedimento y resuelve cortejarla.
En casa de Lucrecia, la madre la anima a decidirse por el letrado, pues parece tener más dinero. Sin embargo, a Lucrecia le gusta don Juan. Recibe entonces sendas cartas de los dos en las que solicitan verla y cortejarla. La de don Juan, que Lucrecia lee con agrado evidente, recibe una serie de sarcásticos comentarios de estilo de parte de la madre. La de Lisardo, en cambio, es juzgada favorablemente por la viuda, en contra del parecer de la joven. Un juego análogo se da en el encuentro con los criados de los dos pretendientes: gracioso y ocurrente Hernando, demasiado serio y engreído Millán. Con permiso de su madre, Lucrecia, para decidirse, cita a ambos galanes para el día siguiente por medio de los criados. Sorprendentemente, llega entonces a la casa Julio, un anciano y rico caballero milanés que finge tener cuarenta y seis años cuando tiene sesenta, y que ha visto a Lucrecia en la iglesia del Carmen. Julio pide en matrimonio a Lucrecia y para ello le ofrece toda su fortuna así como una sustanciosa dote para el día en que se quiera casar la hermana pequeña. Los problemas de la familia parecen resueltos y pueden pasar a la opulencia. Lucrecia se resiste, pues no le gusta el viejo, sino don Juan, mas acaba cediendo a las presiones de la madre y a la seducción del dinero.
Al día siguiente, don Juan se acerca con Hernando a la casa de Lucrecia y llama a la puerta, cuando se acercan también Lisardo y Millán; los dos galanes empiezan a discutir porque cada uno reivindica para sí el derecho a entrar y la preferencia de la dama. La discusión se zanja de la forma más inesperada cuando sale la criada Isabel a pedirles que entren para ser testimonios del desposorio entre Lucrecia y Julio. Incrédulos, ambos se ven ridiculizados por sus criados, que concluyen que es más fuerte y sabio el oro / que las letras y las armas, aunque temen que Lucrecia va a ser la malcasada.
Acto 2
Han pasado tres años. Lisardo vuelve de Roma y es recibido con alborozo en su casa. Millán le cuenta que Lucrecia se casó y que su marido la trató muy bien, aunque prácticamente la había recluido en casa por los celos que tenía de su belleza. Muy sabia, Lucrecia no se había rebelado nunca, esperando que el yugo del Argel en que vivía se acabase con la muerte de su esposo. En efecto, Julio acaba de fallecer, dejándola heredera de treinta mil ducados. Lisardo se entusiasma con la idea de volver a cortejarla, aunque Millán le avisa de que, ahora que ella es rica, muchos la pretenden, entre ellos su antiguo rival don Juan. Lisardo confía que conseguirá el corazón de la joven viuda, pues según él viudas nunca tratan de valientes, / aborrecen plumitas y bigotes.
En casa de la dama madre e hija hablan de su nueva condición. Muchos galanes la cortejan ahora por su dinero. Sin embargo, su fortuna no es tal, pues el difunto dispuso que se le fuera administrando regularmente en forma de pensión, cosa que enfurece a Lucrecia. Para colmo, todo está sujeto a la obligación de casarse con el sobrino de Julio, Fabricio, que para ello viene en esos momentos de Milán a Madrid. Llega Ordóñez con un retrato que el prometido ha enviado por correo. En él, el milanés parece ser gallardo y apuesto. Gusta mucho a Lucrecia aunque recela de la fidelidad del dibujo. También envía una carta en la que demuestra que sólo sabe el italiano; una dificultad más. Ya en privado Lucrecia comenta todo con Isabel. Le cuenta que ha citado esa noche a don Juan en el jardín. La criada le advierte que pone en peligro su honra pero es ignorada por la dama.
En casa de don Juan, éste comenta con Hernando las expectativas que despierta en él la cita con Lucrecia, aunque el criado trata de mostrarle todos los peligros que pueden derivar de un encuentro nocturno en el que hay que escalar las tapias de un jardín. Sin hacerle caso, don Juan se va para vestirse de noche, con capa de color y sombrero.
Poco después, en su jardín, Lucrecia espera impaciente la llegada del galán; la criada no quiere creer que su señora quiera conservar intacto su honor sin concederle nada a su enamorado. En efecto, Lucrecia se debate en sus dudas: por una parte se siente obligada a esperar a su nuevo prometido, por otra maldice la riqueza que le prohíbe elegir un marido a su gusto. En esto, don Juan acude junto a Hernando al jardín. Allí tiene lugar una escena de seducción amorosa que interesa, por una parte, al galán y la dama, por otra, a los dos criados. Don Juan suplica a Lucrecia que lo admita como amante, pues lo merece por su desinterés y su larga espera. Ante las negativas de la dama, que se escuda en el honor, el galán amenaza con matarse, y Lucrecia admite entonces corresponderle, pero declarando que no podrá ser su mujer. La explicación cumplida se la da enseguida, pues justo cuando don Juan está por saborear su victoria llega Ordóñez a comunicar a su señora que acaba de llegar a la casa el sobrino de Julio, su prometido. Don Juan suplica a Lucrecia que abandone al milanés y su riqueza y se vaya con él; pero Lucrecia no quiere darle un disgusto a su madre, que se quedaría sin dineros. De repente, Feliciana llega a la ventana y sorprende a los amantes: don Juan se defiende diciendo que Lucrecia es su mujer y se niega a marcharse, mientras Feliciana se enfurece por el riesgo que corre su hija de perder a un marido rico. Entonces Lucrecia le dice algo al oído a don Juan, y éste acepta irse. Llega entonces Fabricio, con una muleta y parche en un ojo. En nada se parece al galán del retrato; un criado suyo cuenta a Lucrecia que el milanés perdió el ojo hace poco tiempo. La dama se desespera ante la desdicha que, una vez más, se le viene encima, y que parece condenarla a ser dos veces la malcasada.
El día siguiente, muy de mañana, se acerca a la casa de Lucrecia Lisardo, acompañado como siempre de Millán y, además, de su tío Fulgencio. Éste viene, a petición de su sobrino, para pedir formalmente a Feliciana la mano de su hija Lucrecia. Cuando llegan a la casa, Millán entra a anunciarlos y vuelve con la noticia de que esa misma noche Lucrecia se casa con otro. Lisardo imagina que el esposo es don Juan, y cuando lo ve salir se apresura a darle la enhorabuena. No se ha fijado en que don Juan sale medio desnudo, medio loco, con Hernando que trata de detenerle; las palabras de Lisardo le suenan obviamente a burla a don Juan, que, en un acceso de locura por los acontecimientos recientes, la emprende a espadazos con Lisardo, su tío y su criado, poniéndolos en fuga.
Acto 3
Ha pasado un tiempo. En su casa, Lucrecia discute con su madre, pues a ésta le parece problemático el motivo que la hija quiere aducir para el pleito de divorcio que ha entablado contra su marido. Lucrecia insiste en su buen derecho, pero Feliciana, para llevar el recurso ante la justicia con esperanzas de ganarlo, la obliga a recurrir al letrado Lisardo. A su pesar, Lucrecia debe acceder. Cuando su madre se va a escribir a Lisardo, Lucrecia se entera por Isabel de que don Juan no está en Madrid pero que ha dejado allí a Hernando que diariamente se pasa por la calle frente a la casa para pedir noticias de Lucrecia. Entra entonces Hernando y Lucrecia le anima a que escriba a su amo y le pida que vuelva. Le cuenta sus planes de divorcio y le asegura que esta vez pretende al fin ser suya. En esto llega a la casa Lisardo. Feliciana, a cambio de su ayuda, le promete la mano de su hija si el recurso sale adelante. En privado Lucrecia confiesa con pudor a Lisardo que el motivo que alega es que Fabricio ha resultado ser impotente y no han consumado el matrimonio.
Al día siguiente, llega don Juan a Madrid. No cabe en sí de contento por las noticias que ha recibido de Hernando que, por su parte, le recibe con alborozo. Don Juan quiere ver a Lucrecia enseguida y, para ello, busca un pretexto: él y Hernando irán a su casa fingiendo ser notario y asistente encargados de escuchar los testigos para la causa de divorcio de la dama.
Mientras, en casa de Lucrecia, Fabricio se ha enterado del pleito y está furioso porque se hayan desvelado semejantes intimidades suyas. No quiere saber nada de España y declara que se volverá a Milán. No bien Fabricio sale, don Juan y Hernando se presentan en casa de la dama, disfrazados de ayudante y notario, fingiendo estar dirimiendo el pleito del divorcio. En presencia de Lucrecia, Hernando interroga a los criados en una serie de divertidas indirectas. El que más abiertamente confirma las acusaciones de su señora es Ordóñez, pues, dice, jamás han visto a su señora levantarse con una sonrisa en los labios y los cabellos alborozados; clara señal de que su marido es impotente. Cuando Feliciana se va, don Juan, que no puede más, desvela su identidad y los enamorados se juran amor recíproco; pero al poco son sorprendidos nuevamente por la madre. Ésta anuncia a don Juan que no es bien recibido y que Lucrecia se casará con Lisardo. Para ganar tiempo, don Juan dice que no le importa, que a quien en verdad ama es a ella, a la madre. La viuda, sorprendida, admite amarle también, y dice que se oponía al matrimonio de él con su hija por celos. De este modo Feliciana se aleja muy alegre, repitiendo a su hija en un arrebato de engreimiento que casarme quiero; / más moza soy que tú. Lucrecia estalla entonces acusando a su galán de traición; en vano don Juan trata de convencerla de que ha sido una estratagema para poder quedarse en casa. La dama, ahora despechada, jura que se casará con Lisardo. Hernando, para arreglar semejante desaguisado, habla aparte con Lisardo, que llega en ese momento muy ufano, habiendo vencido el pleito de divorcio de Lucrecia, pues su ya exmarido ha admitido su incapacidad y ha renunciado al matrimonio. Hernando le cuenta a Lisardo que no le conviene a su honra casarse con Lucrecia, pues todos saben que su galán ha sido siempre don Juan, y él puede jurarle además que, en secreto, los dos ya son de hecho marido y mujer. Asimismo, le cuenta que cuando la madre se ha enterado de las relaciones ha puesto el grito en el cielo y que don Juan la ha convencido prometiendo casarla con algún caballero de confianza, asignándole en dote la mitad de la cuantiosa herencia de Lucrecia. Lisardo cae en la trampa y, convencido por su criado Millán, acepta pedir a la viuda por esposa. Don Juan se ofrece entonces a arreglarlo todo hablando con Feliciana, que llega justo en ese momento en compañía de su hija, de Isabel y de Ordóñez. Don Juan comunica a la viuda que ahora es Lisardo quien ardientemente pretende su mano. Ya no le interesa la de su hija Lucrecia, pues las dudas sobre su honor son la comidilla de todo Madrid. Así, prosigue el galán, él, don Juan, hará el esfuerzo de casarse con la joven dama y ambos matrimonios partirán en dos la herencia de Lucrecia. Todos parecen entonces contentarse y, con este subterfugio, unas bodas múltiples ponen fin a la acción: Feliciana se casa con Lisardo, don Juan con Lucrecia y Hernando con Isabel.
Observación: Son de gran interés los pasajes en los que se juega con el plurilingüismo italiano-español (la carta de Fabricio a Lucrecia y la mala interpretación del criado basada en una serie de "falsos amigos" lingüísticos; el primer encuentro entre Fabricio, que sigue hablando italiano, y Lucrecia y Feliciana; la pelea final entre Fabricio, su mujer y su suegra). Asimismo, el personaje de Lisardo se caracteriza por sus alardes de latín jurídico, sobre todo en el tercer acto, cuando el letrado va a casa de Lucrecia a tomarle declaración sobre el pleito de divorcio; forma "pendant" con esta escena el fingido interrogatorio de los testigos que lleva a cabo Hernando, en el que también se incluyen unos latinajos destinados a deslumbrar a los presentes.
OBSERVACIONES A LA OBRA
Ver / Ocultar secciónObservación: En la Parte 15 se indica: "Representóla Riquelme".