CIERTO POR LO DUDOSO, Comedia famosa, LO
DATOS BIBLIOGRÁFICOS
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Título: CIERTO POR LO DUDOSO, Comedia famosa, LO. Procedencia: Parte 20; últimos versos del Acto III; suelta publicada en Bruselas
Observación: Se dice en los últimos versos del Acto III: "Aqui se acaba Senado / lo cierto por lo dudoso, / si lo queda de agradaros / el autor, serà lo cierto, / y lo dudoso el engaño."
Autoría
Autor: Félix Lope de Vega y Carpio. Fiabilidad: De autoría fiable
Peregrino
Citado en El peregrino I: No
Citado en El peregrino II: No
Parte
Parte XX (1625)
Manuscrito
No consta
Otras ediciones del siglo XVII
Título: LO CIERTO POR LO DUDOSO
Suelta: (Bruselas, Humberto Antonio Velpio, 1649)
Atribución: Lope de Vega Carpio
Ref. bibliográfica: Pérez y Pérez, María Cruz: Bibliografía del Teatro de Lope de Vega (Cuadernos Bibliográficos no.29). Madrid, C.S.I.C., 1973. 98.
Nota: 44 págs., 4º
Madrid, Biblioteca Municipal, signatura C-18871 (2);
París, BNF, signaturas 4- BL- 4098 (4) y 8-YG-1308 (25), confirmadas por RRM en el Catálogo On Line; Bibliothèque municipale de Versailles, signatura Morel Fatio E 419, confirmada por RRM en el Catálogo On Line; Bruselas, Biblioteca Real, signatura V.B.-6608; Milán, Biblioteca Braidense,signatura 25.5 E.17, localizadas por ERG; Biblioteca Central de la Universidad Nacional de la Plata, signatura Arm. 9, T 1. 2. Fila nº 6-6, localizado por NCO.
Colecciones modernas
*Ref. bibliográfica: Menéndez Pelayo, M., ed.: Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española. ( 15 vols.). Madrid, RAE, 1890-1913. IX.
*Ref. bibliográfica: VVAA: Teatro Español del Siglo de Oro (Base de datos de texto completo publicada en CD-ROM). ProQuest LLC, Chadwyck-Healey, 1997.
Ref. bibliográfica: Lope de Vega: Obras escogidas (Estudio preliminar... de Federico C. Sainz de Robles). Madrid, Aguilar, 3 vols., I-1946;II-1955;III-1958. I.
Ref. bibliográfica: E. Hartzenbusch: Comedias escogidas de Lope de Vega. (4 volúmenes) (Integradas en la Biblioteca de Autores Españoles, vols. XXIV, XXXIV, XLI y LII. 4 volúmenes). Madrid, Rivadeneyra (BAE), 1853, 1855, 1857, 1860. I (BAE, XXIV).
Observaciones:
BAE CCXII (en la ed. de 33 tomos de la Acad.) sólo remite a BAE XXIV, no se publica.
Hubo varias ediciones sueltas de esa versión durante el siglo XIX, y se conserva manuscrita en la Biblioteca Municipal de Madrid.
En la Universidad Pontificia de Comillas (Cantoblanco, Madrid) hay un volumen facticio con obras impresas seguramente a mediados del siglo XIX. Contiene: El anzuelo de Fenisa; El ausente en el lugar; Los melindres de Belisa; El acero de Madrid; La dama boba; Lo cierto por lo dudoso; Querer la propia desdicha. Signatura: 4129 7 (8), 4129 7 (9), 4179 7 (10), 4129 7 (11) 4129 7 (12), 4129 7 (13), 4129 9 (21).
* Edición utilizada
Ediciones singulares modernas
No consta
Observación: Se conoce una edición de la comedia, con el título Lo cierto por lo dudoso: comedia en tres actos y en verso publicada en Valencia, Terraza y Aliena, 1877 y reeditada en 1878.
Versiones y traducciones
- Rodríguez de Arellano y del Arco, Vicente, LO CIERTO POR LO DUDOSO O LA MUJER FIRME, Madrid, 1803
Nota: Publ. posteriormente como suelta en Valencia en 1815 y 1825, y en Barcelona en 1834. Se conserva manuscrita en la Biblioteca Municipal de Madrid.
- IL CERTO PER L’INCERTO, trad. de Gasparetti, Antonio, Milano, Rizzoli, 1965
Nota: Traducción al italiano.
- , PASILLO DE LA COMEDIA, LO CIERTO POR LO DUDOSO O LA MUJER FIRME: ENRIQUE Y JUANA, Cádiz, Imprenta de B. Núñez, 1801-1900
Nota: El Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico Español fecha esta obra entre 1801 y 1900 atendiendo a las características de impresión y por otras obras encuadernadas junto a ésta.
- A CERTAINTY FOR A DOUBT, trad. de Garret Underhill, John, Westport Conneticut, Hyperion Press, 1978
Nota: Traducción al inglés.
Bibliografía secundaria
- Basalisco, Lucio. "L'ingelosite speranze del Tauro e Lo cierto por lo dudoso di Lope de Vega". Quaderni di Lingue e Letterature. núm. 12. p. 109-116. 1987.
- Cataldi, Luigi. "Lo cierto por lo dudoso trasformato in Xerse". Studi Urbinati, Serie B: Scienze Umane e Sociali. núm. 65. p. 309-333. 1992.
ANOTACIONES PRAGMÁTICAS
Ver / Ocultar secciónDatación
Fecha: 1612-1624, probablemente 1620-1624
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 302.
Dedicatorias
Al Excelentísmo. Señor Don Fernando Afán de Ribera Enríquez, Duque de Alcalá, Adelantado Mayor de Andalucía, Marqués de Tarifa, Conde de los Molares y Señor de la Casa de Ribera.
Cómputo de versos
Número: 2872
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 302.
CARACTERIZACIONES
Ver / Ocultar secciónPersonajes no computables
Personajes computables
Universo social
Tiempo histórico
Edad Media
Nota: La acción transcurre en la época de Pedro I de Castilla (siglo XIV).
Marco espacial
Acto 1
Topónimo: Sevilla. [España]. Europa. Espacio: orillas del Guadalquivir; exterior de la casa de Teodora; interior y jardines de la casa de doña Juana.
Acto 2
Topónimo: Sevilla. [España]. Europa. Espacio: interior del palacio real; exterior de la casa de Teodora; interior y reja del jardín de la casa de doña Juana; interior de la casa de Teodora.
Acto 3
Topónimo: Sevilla. [España]. Europa. Espacio: interior de la casa de doña Juana.
Duración
Acto 1: 1 día. Nota: Este acto transcurre durante la noche de San Juan y acaba cuando está empezando a amanecer.
Entreacto 1 a 2: Número indeterminado de días
Acto 2: 1 día
Entreacto 2 a 3: (aprox.)
Acto 3: 1 día
Género
Género principal:
- Comedia > universo de verosimilitud > urbana.
Nota: El protagonismo corresponde a personajes históricos: el rey Don Pedro el Cruel y su hermanastro el conde Don Enrique de Trastamara.
Extracto argumental
Acto 1
En Sevilla, en la noche de San Juan, el Conde don Enrique, hermano bastardo del Rey don Pedro, y su criado Ramiro pasean junto al Guadalquivir y escuchan los cantos de unas mulatas que celebran la festividad. Hasta el lugar en el que están, llegan embozados el Rey don Pedro, don Tello, el Maestre de Santiago, también hermano de don Enrique, y su criado Mendo, a los que el Conde quiere evitar debido a una rivalidad con don Pedro de la que aún no tenemos noticia. El encuentro es, empero, inevitable y todos, mientras pasean, mantienen una conversación, entre chanzas de los criados, sobre mujeres y sobre las diversiones de la popular noche en Sevilla. El Rey propone ir a alguna casa de citas para pasar un rato agradable y pide orientación al Conde, experimentado, al parecer, en tales ambientes. Don Enrique, entonces, confiesa a don Pedro que tiene dos amores, uno posible y otro imposible, enigma que provoca los celos del monarca, intrigado por la identidad de esos amores. Don Enrique replica que precisamente se encuentran ya cerca de la casa de su amor posible. Se trata de Teodora, una amiga del Conde, a la que éste revela la identidad de los embozados y pide en secreto que los entretenga por un buen rato, prometiéndole regresar más tarde para estar con ella. Don Pedro percibe inmediatamente la ausencia de su hermano don Enrique, sospecha sus motivaciones y le entran celos. En efecto, el Conde ha aprovechado la ocasión para visitar a su amor imposible, doña Juana, de la que también está enamorado el Rey. La dama, que favorece a don Enrique, no desea casarse con don Pedro, a pesar de los consejos de su prima doña Inés, que también está enamorada del Conde y quisiera verse libre de su competidora. Los amantes protagonizan un diálogo en el que doña Juana confiesa su amor y don Enrique los celos que siente de don Pedro. En la misma escena interviene también el criado del Conde, Ramiro, que se deshace en alabanzas hacia doña Juana mientras ésta le recrimina su locuacidad, que podría poner en peligro el secreto de sus relaciones.
El Rey, que sospecha el encuentro, acude a casa de doña Juana, donde el Conde se halla escondido, sin embargo, el inoportuno sonido del relojillo de don Enrique, que indica las tres, delata su presencia, desencadenando la ira del Rey, que, afrentado por el engaño de doña Juana y don Enrique, destierra a éste último de Sevilla. El Conde intenta salvar la situación indicando a su hermano que no tiene motivos para enojarse, puesto que él había ido a visitar a doña Inés y no a doña Juana, pero el Rey, haciendo caso omiso de sus palabras, advierte al criado Ramiro que la orden de destierro es seria.
Doña Juana, confusa, queda con doña Inés, que de nuevo le aconseja la prudencia de entregarse a los amores del Rey, so pena de perder a los dos enamorados: al Conde, por ausente, y al Rey, por despechado. Don Enrique, antes de marcharse al destierro, vuelve a la casa de doña Juana, que, asustada, lo advierte del peligro que corre si es descubierto otra vez por don Pedro. La prevención de la dama provoca los celos del amante. En vano reafirma doña Juana su amor; el Conde, que se siente desdeñado, se retira definitivamente, y doña Inés se alegra secretamente de este desenlace que juega a su favor en su pretensión de conquistar el amor de don Enrique.
Acto 2
Poco tiempo después, el Adelantado, padre de doña Juana, que regresa a Sevilla victorioso de sus campañas militares contra los musulmanes, es recibido por el Rey don Pedro. En un mensaje que el Adelantado no alcanza a comprender cabalmente, el rey le promete honrar a su hija y a su sobrina doña Inés antes de marcharse de Sevilla. El Adelantado, que sospecha que el Rey tiene la intención de casar a su hija y su sobrina con el conde don Enrique y el Maestre, respectivamente, habla con ellas para disipar sus dudas, pero inesperadamente ellas se niegan a resolverlas.
El Conde don Enrique, por su parte, en contra de los consejos de su criado, desobedece las órdenes del monarca y vuelve secretamente a Sevilla; se esconde en casa de Teodora, que lo informa del rumor que relaciona amorosamente al Rey don Pedro con doña Juana.
Doña Inés, siguiendo su estrategia, trata de convencer a su prima del desatino que supone amar a un hombre desterrado, por el que puede perder de paso el amor del Rey; razones que terminan por convencer a doña Juana, que determina entregarse al amor de don Pedro, un amor seguro, desechando el de don Enrique, con quien la posibilidad de matrimonio resulta incierta. Ante esta súbita mudanza, doña Inés, aliviada, confiesa a su prima el amor que siente por don Enrique y le pide que medie ante el Rey para facilitar su enlace con él. Sin embargo, tal confesión provoca inmediatamente los celos de doña Juana, que reprocha a su prima la imprudencia de esta revelación, al estar todavía tan frescos sus sentimientos por don Enrique. Doña Juana decide, pues, dejar su voluntad amorosa en suspenso, para desgracia de su prima que queda desconsolada.
Entre tanto, Ramiro, el criado de don Enrique, disfrazado de buhonero, llega hasta la casa de doña Juana con una carta de su señor para su amada. Doña Inés, curiosa, le arrebata la misiva y lo despide arguyendo que su prima ya está en tratos de amores con el Rey. Doña Inés, que ha encontrado en la carta un instrumento favorable a sus propósitos, es sorprendida por don Pedro cuando la está abriendo; se la deja leer haciéndole creer que ella misma es la destinataria, y no su prima doña Juana. La carta dice que don Enrique se encuentra escondido en Sevilla y que esa noche se encontrará con su amada para convertirla en su esposa. Doña Inés suplica al Rey que cuando el Conde acuda esa noche a verla, lo case con ella por la fuerza, ya que don Enrique la quiere, pero no le pide matrimonio porque se encuentra forzado por los requerimientos de doña Juana, a quien no ama, pero no quiere desairar.
El Rey visita a doña Juana y para probarla le comunica que ha recibido carta de su hermano donde le manifiesta sus deseos de casarse, y le pide que le dé consejo de quién debe ser su esposa. Doña Juana le responde que ella misma, quedando el Rey, de nuevo, celoso y confuso.
Mientras tanto, Ramiro, inducido por doña Inés, ya ha comunicado a don Enrique que doña Juana ha decidido casarse con el Rey. El Conde, perplejo, decide hacer una visita a su amada para certificar su traición. Embozado, llega hasta su reja y comienza a quejarse de su desdén en el mismo momento en que el Rey, acompañado por el Maestre y por Mendo, llega a la casa de las damas, donde espera encontrar a don Enrique.
La actitud impertinente de doña Juana convence a don Pedro del amor que la dama siente por el Conde. El Rey sale entonces y se encara con su hermano, ya descubierto; hablan y queda aclarado el enredo urdido por doña Inés con la carta, tras lo cual el Rey reprocha a don Enrique haber desobedecido sus órdenes y ordena su prendimiento, aunque sin éxito, pues el Conde consigue huir.
Acto 3
Teodora, disfrazada de florista, logra hablar a doña Juana para hacerle saber que el Conde don Enrique la culpa por su destierro y para suplicarle que interceda ante el monarca para obtener su perdón. Doña Juana, que ha creído, por el enredo de la carta, que en realidad don Enrique la engañaba con su prima, despacha, enfurecida, a Teodora.
Por mucho que don Enrique le asegura a su amada que la carta iba dirigida a ella, las dudas de la dama no se disipan y le promete otorgarle su amor sólo cuando esté convencida de que no la engañará. Entra entonces doña Inés. Cuando don Enrique le pide explicaciones por el trueque que inventó en relación a la destinataria de la carta, ella se excusa diciendo que, al ser sorprendida por el Rey con la misiva, no quiso decirle la verdad para no ofenderlo.
Aparece entonces el Rey y doña Juana le pide a don Enrique que se esconda, pero esta vez cuidando de que el relojillo no lo delate. Don Pedro manifiesta a doña Juana su intención de casarse inmediatamente con ella, pero ésta le ruega que hable primero con su padre. Nuevamente solos, don Enrique, alarmado por las pretensiones de su hermano, cree que ya no hay nada que hacer, pero doña Juana se muestra decidida a evitar el enlace con don Pedro. Con todo, don Enrique queda desconsolado, porque no cree poder oponerse a los deseos de su hermano, y decide despedirse de Sevilla y de su amada.
Entretanto, el Rey ordena a su criado Mendo que traiga al Arzobispo en secreto de inmediato, y le comunica al Adelantado que pronto serán parientes porque piensa casar a su hija doña Juana con un hombre de importancia, que acudirá esa misma noche en secreto a por ella. Intrigado, el Adelantado piensa que debe de tratarse de alguno de los hermanos del Rey, acariciando la idea de que el elegido sea don Enrique.
Doña Juana recibe un sobresalto cuando llega el Maestre con un presente del Rey, la corona de Castilla, que la dama, sin embargo, rechaza por amor al Conde; afirma su fidelidad, aunque le cueste un reino, opta lo cierto por lo dudoso.
Cuando el Rey llega, doña Juana, atrevida, le confiesa que debe casarse con don Enrique para evitar la deshonra, ya que una noche, descuidada, el Conde la había besado. El Rey decide entonces matar a su hermano para respetar el honor de su futura esposa. La dama, alarmada, llama a Elvira para que le escriba al Conde previniéndolo, pero la criada replica que don Enrique ha llegado de incógnito y se halla escondido en su habitación.
El Adelantado, viendo a su hija llorosa, y ya con el Arzobispo dispuesto, pregunta a Inés qué es lo que pasa. Ésta, para vengarse, comete la torpeza de revelar la presencia de don Enrique en la casa, lo que hace pensar al Adelantado que ése es el hombre misterioso al que se refería el Rey y con el que debe casar a su hija.
Así, cuando finalmente vuelve a la escena el Rey y pregunta al Adelantado si todo está dispuesto, éste le revela que ya ha sido ejecutado. El Adelantado le presenta a los nuevos esposos, doña Juana y don Enrique, creyendo haber cumplido las órdenes que él le había dado. Don Enrique, con astucia, excusa también su boda como un acto de obediencia, ya que él venía a ver las bodas del monarca con doña Juana y se ha visto obligado a casarse con ella por orden del Adelantado. Don Pedro no tiene otro remedio que aceptar los hechos consumados y confirmar ese matrimonio, resultado de una confusión generada por él mismo.