JUAN DE DIOS Y ANTÓN MARTÍN, Comedia famosa de
DATOS BIBLIOGRÁFICOS
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Título: JUAN DE DIOS Y ANTÓN MARTÍN, Comedia famosa de. Procedencia: Parte 10
Título: JUAN DE DIOS. Procedencia: P2
Título: JUAN PECADOR. Procedencia: Final Acto III
Autoría
Autor: Félix Lope de Vega y Carpio. Fiabilidad: De autoría fiable
Peregrino
Citado en El peregrino I: No
Citado en El peregrino II: Sí
Parte
Parte X (1618)
Manuscrito
Tipo: Copia
Localización: Parma, Biblioteca Palatina (Italia)
Ref. bibliográfica: Restori, Antonio: Una collezione di commedie di Lope de Vega Carpio ([CC.* V. 28032 della Palatina Parmense]). Livorno, Tipografia Francesco Vigo, 1891. 27.
Nota: Signatura CC.* V. 28032/ XXXI
Otras ediciones del siglo XVII
No consta
Colecciones modernas
*Ref. bibliográfica: Menéndez Pelayo, M., ed.: Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española. ( 15 vols.). Madrid, RAE, 1890-1913. V (BAE, CLXXXVI).
*Ref. bibliográfica: VVAA: Teatro Español del Siglo de Oro (Base de datos de texto completo publicada en CD-ROM). ProQuest LLC, Chadwyck-Healey, 1997.
Ref. bibliográfica: Lope de Vega: Obras escogidas (Estudio preliminar... de Federico C. Sainz de Robles). Madrid, Aguilar, 3 vols., I-1946;II-1955;III-1958. III.
Ref. bibliográfica: PROLOPE. Alberto Blecua y Guillermo Serés (directores): Lope de Vega, Comedias. (Edición crítica de las Partes de Comedias de Lope de Vega). Lleida, Milenio, 1997 ss. X, 3.
Observación: La edición de Juan de Dios y Antón Martín incluida en Comedias de Lope de Vega, Parte X, 3, publicadas por el grupo Prolope, corre a cargo de Giuseppe Mazzocchi.
* Edición utilizada
Ediciones singulares modernas
No consta
Versiones y traducciones
No se conocen
Bibliografía secundaria
- Basalisco, Luicio. "Tipologia della trasgressività femminile in alcune commedie di Lope de Vega". Il confronto letterario. núm. 12. p. 531-554. 1995.
Nota: Sobre la prostitución femenina en: La Francesilla, La bella malmaridada, El galán escarmentado, El galán Castrucho, El amante agradecido, El anzuelo de Fenisa y Juan de Dios.
- Croizat Viallet, Jean. "Más imitable que admirable: la santidad de Juan de Dios (1495–1550)". Arellano Ayuso, Ignacio; Vitse, Marc (coords.). Modelos de vida en la España del Siglo de Oro. Madrid: Iberoamericana. 2007. 2, p. 375-400.
- Dixon, Victor. "Again the Date of Lope's Juan de Dios y Antón Martín". Hispanic Review. núm. 37, 2. p. 303-306. 1969.
- Giménez Rodríguez, Francisco J. "La música profana del siglo XVII en Andalucía: cancioneros, teatro y poetas". Arellano Ayuso, Ignacio; Vitse, Marc (coords.). Congreso Internacional Andalucía Barroca. III. Literatura, música y fiesta. Sevilla: Consejería de Cultura. 2009. 3, p. 129-136.
Nota: Actas del Congreso celebrado en la Iglesia de San [H] Juan de Dios de Antequera, 17–21 de septiembre de 2007.
- Mazzocchi, Giuseppe. "Juan de Dios y Antón Martín de Lope de Vega: Análisis de los mecanismos de una comedia de santos". García de la Concha, Víctor; Canavaggio, Jean; Berchem, Theo; Lobato, María Luisa. Teatro del Siglo de Oro: Homenaje a Alberto Navarro González (eds.). Kassel: Reichenberger. 1990. p. 407-435.
- Russotto, Gabriele. Lope de Vega e S. Giovanni di Dio. [Luglio]: Marietti. 1954.
Nota: Trata sobre las declaraciones de Lope durante el proceso de beatificación, el poema dedicado al santo y la comedia de la que hace una traducción muy resumida .
- Tyler, Richard W.. "The Date of Lope’s Juan de Dios y Antón Martín". Hispanic Review. núm. 17, 3. p. 250-251. 1949.
ANOTACIONES PRAGMÁTICAS
Ver / Ocultar secciónDatación
Fecha: 1611-1612
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 345.
Dedicatorias
No existe dedicatoria.
Cómputo de versos
Número: 3278
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 345.
CARACTERIZACIONES
Ver / Ocultar secciónPersonajes no computables
Personajes computables
Universo social
Tiempo histórico
Época contemporánea
Nota: Época de Carlos V y comienzo de Felipe II
Marco espacial
Acto 1
Topónimo: Fuenterrabía. [España]. Europa. Espacio: monte; exterior del castillo del Conde; campo de batalla.
Topónimo: Requena. [España]. Europa. Espacio: casa de doña María; casa de Antón Martín.
Topónimo: Granada. [España]. Europa. Espacio: camino en las afueras; calle.
Acto 2
Topónimo: Granada. [España]. Europa. Espacio: calle; casa del veinticuatro; Hospital de caridad; prostíbulo.
Acto 3
Topónimo: Granada. [España]. Europa. Espacio: calle, exterior de una casa; Hospital de caridad; casa del veinticuatro.
Topónimo: Madrid. [España]. Europa. Espacio: palacio del rey; calle; El Prado; Hospital de caridad.
Observación: La localización inicial de la obra es algo confusa, aunque nos decantamos por situarla en Oropesa. Como personaje histórico, podríamos situar a Juan Ciudad Duarte en Oropesa, Toledo, donde servía como pastor a un mayoral, tal y como queda reflejado en la obra. El conde de Oropesa parte hacia Fuenterrabía desde esa zona, donde Juan se une a su ejército.
Duración
Acto 1: Número indeterminado de meses. Nota: Sucede la guerra con los franceses, hasta que termina
Entreacto 1 a 2: Número indeterminado de meses. Nota: Al protagonista le ha dado tiempo a curarse de su locura y empezar a dedicarse a cuidar a pobres y enfermos
Acto 2: Número indeterminado de días
Entreacto 2 a 3: Número indeterminado de años. Nota: Pasamos al reinado de Felipe II
Acto 3: Número indeterminado de días
Género
Género principal:
- Drama > historial > religioso > hagiográfico y leyenda.
Nota: Con rasgos , en el primer acto, de comedia picaresca y soldadesca.
Observación: Se trata de una obra hagiográfica que toma detalles de otro tipo de comedias. Así el comienzo es típico de comedias soldadescas; Juan de dios asume el rol de maltrapillo, es decir, soldado pobre con espada mohosa y sombrero con pluma de gallo. En la compañía de soldados hay una mujer que, aunque no se llega a explicar, se deja entrever que está en la milicia siguiendo a un hombre. También el personaje de Calahorra es típico de la truhanesca de soldados, ya que le gusta el juego y es un ladrón y un mentiroso.
Toma también personajes y situaciones de comedia urbana durante el primer acto, en la acción del hermano de Antón Martín y el problema de deshonor. Y tenemos detalles de picaresca urbana en el cuadro que se desarrolla en el prostíbulo. Sin embargo, todos estos personajes y situaciones sólo tienen una función respecto al protagonista santo, mostrar el pasado de Juan de Dios para enaltecer el proceso hacia su santidad.
Extracto argumental
Acto 1
El pastor Juan, portugués de nacimiento, explica a su mayoral que quiere abandonar el pastoreo y unirse al ejército que el conde de Oropesa dirige hacia Fuenterrabía para ayudar a Carlos V a defender la plaza del ataque del francés. El mayoral comprende el anhelo de Juan y le regala su antigua espada y un sombrero.
El conde y un capitán se muestran satisfechos de la tropa que han conseguido reunir, escuadrón que destacará, a buen seguro, sobre el resto, pese a que lo mejor de la juventud española marcha a servir al Rey en la contienda, primera empresa bélica para el duque de Alba: "El de Alba dicen que su brazo emplea/ en esta empresa por primera hazaña". Juan, con espada, capotillo y sombrero, interpela a Leonor, una dama vestida de soldado, y le pide que lo presente al capitán. El propio capitán acude al encuentro de ambos, no duda en aceptar a Juan y obliga a Leonor a cederle su arcabuz.
Por otra parte, en Requena, doña María, dama, recibe a Velasco, gentilhombre, en su casa y a continuación hace acto de presencia en la misma vivienda el hidalgo don Pedro Martín. Deducimos que ambos caballeros pretenden a doña María y no tarda en producirse un enfrentamiento verbal entre ellos a causa de la discutible nobleza de Velasco. Reacciona éste lanzando un desafío a todo el que dude de su alcurnia y se marcha de la casa. Don Pedro no comprende el mentís en el momento, pero reflexiona sobre él, despistado de la conversación de doña María; al cabo de unos instantes, concluye que Velasco lo ha afrentado y sale precipitadamente de la casa en su busca; de nada sirven las palabras de doña María intentando calmarlo.
En el siguiente cuadro se retoma el ambiente soldadesco, en plena batalla en Fuenterrabia. Los españoles consiguen como botín un cofre y el capitán deja a Juan a su cuidado. En un monólogo, Juan concluye que no es el ejército el camino por le que debe honrar a Dios. Un maltrapillo llamado Calahorra, bergante y jugador, engaña al pastor incitándolo a luchar junto a los demás. El cofre, le explica, pueden enterrarlo hasta que termine la contienda. El truhán convence al pastor y ambos parten al combate. Concluida la batalla, y con los franceses en retirada, el capitán pregunta a Juan por el cofre y éste lo conduce hasta el lugar donde lo enterró y en el que, por supuesto, no hay ya ni rastro de él. El capitán condena a muerte a Juan por ladrón, desoyendo las palabras con las que éste insiste en su inocencia. Sólo la oportuna llegada del Duque del Alba, que perdona al condenado confiando en su inocencia, lo salva de la horca. Queda solo Juan, escarmentado por completo de la milicia, dando gracias a Dios y dispuesto a ofrecerle su vida.
De nuevo en Requena, Antón Martín recrimina a su hermano Pedro la vergonzosa venganza que ha tomado de Velasco. Don Pedro, que no comprendió el "mentís, envuelto en palabras" en casa de doña María, optó por apalear a Velasco, acción peligrosa, juzga Antón, pues no hay restitución posible a semejante deshonra y a buen seguro Velasco intentará asesinar a traición a su ofensor. Antón recomienda a su hermano marchar a Valencia para escapar a tan fatal extremo.
Por su parte, Juan se detiene a descansar y reflexionar sobre los sucesos recientes que ha vivido. Una voz, la de Dios, interpreta Juan, le ordena levantarse, pero el silencio es la única respuesta que encuentran sus posteriores preguntas. Tiene entonces un encuentro con un niño descalzo que sostiene una granada en una mano. Juan se ofrece a llevarlo sobre sus hombros; el niño sólo aceptará si Juan se compromete a transportar en adelante "a pobre gente a algún lugar/ en que descanse". Juan se muestra decidido a curar y regalar a todos los pobres que encuentre, pues representan a Cristo. Juan toma entonces al niño, que lo nombra Juan de Dios y que comparte con él la granada; se abre ésta en cuatro partes y en medio hay una cruz: "esta granada partida/ tiene el fruto de tu vida/ por los granos de mi muerte,/ que gotas de sangre son", explica enigmáticamente el pequeño y señala a Juan que en Granada encontrará a los pobres de los que debe ocuparse. Acto seguido, el niño desaparece y Juan promete partir de inmediato a Granada a compartir la Cruz del Señor.
Peor suerte corre Calahorra, el ladrón del cofre, pues ha perdido en el juego todo lo robado y anda pobre por el campo militar. Pide un adelanto al capitán, pero éste le indica que ya la guerra ha terminado y la gente se despide.
Entretanto ha llegado a Granada Juan de Dios con muchos libros y coplas que expone para su venta. Dos muchachos, Perico y Bernardo, se detienen ante el puesto y Juan de Dios les recomienda especialmente las coplas y estampitas pías. Varios ciudadanos pasan por allí de camino al sermón que debe predicar Juan de Ávila. Juan de Dios, muy interesado, pide a los muchachos que se ocupen del puesto mientras él asiste al sermón. Por poco no se encuentra con Calahorra, que, fingiéndose herido de guerra pordiosea por los alrededores, aunque sin ningún éxito; sólo consigue ser blanco de las burlas de Perico y Bernardo, a quienes no pasa desapercibido el embuste. De vuelta del sermón, enloquecido por lo escuchado, Juan regala todos los libros a los muchachos y se tira al suelo pidiendo disculpas a Dios por sus ofensas; es tomado por loco y llevado al hospital.
Acto 2
Tiempo después, Antón Martín, el caballero de Requena, está en Granada para presenciar la ejecución de Velasco, que terminó asesinando a don Pedro, tal y como temía Antón. Su ansia de venganza lo vuelve inmune a las palabras de un caballero granadino, que lo invita a perdonar la afrenta: "perdonar es acto soberano", y a los lamentos del padre del condenado que ha viajado también él hasta Granada desde Requena para lanzarse a los pies de Antón implorando clemencia para su hijo.
El caballero granadino, sin embargo, no pierde la esperanza de salvar la vida a Velasco y recomienda a su padre que pida la intercesión de un hombre santo, Juan de Dios, que salió del hospital de locos para fundar el suyo propio y amparar a todos los necesitados de la villa, a los que conduce hasta allí a hombros; los granadinos son incapaces de negarle limosna en cuanto escuchan la pregunta de Juan de Dios (que caminaba por la ciudad roto y pobre hasta que el obispo de Tuy lo vistió decentemente para tratar con los nobles: túnica a media pierna, escapulario y capilla), "¿Hacéis bien para vosotros?".
En seguida vemos a Juan de Dios en diálogo con Antón Martín. Insiste Juan en la ofensa que hace el caballero a Cristo tratando de vengar a toda costa con sangre la muerte de su hermano, pues todo precepto cristiano gira en torno al de perdón. La oratoria de Juan termina convenciendo a Antón, en principio reacio a la clemencia, pero finalmente resuelto a perdonar a Velasco, tal y como se lo hace saber al padre del condenado y al caballero granadino. La intervención de Juan, además, ha provocado una profunda conmoción en el alma de Antón, dispuesto a cambiar radicalmente de vida.
A la puerta del hospital se acumulan los pobres en busca de sustento. Cuatro de ellos, Salvatierra, Torrijos, Serón y Portillo comentan la tardanza de Juan de Dios, debida a su intervención en el indulto de Velasco. Aparece por allí Calahorra e insulta al hombre santo, lo que provoca la airada reacción del resto. Llegan entonces Juan de Dios y Antón Martín, cargados ambos con pan y rábanos para los indigentes. Reconoce Calahorra a Juan y pretende escabullirse para evitar un encuentro con el hombre al que engañó en Fuenterrabía. Lo detiene, sin embargo, Juan de Dios, que lo ha reconocido y pretende regalarlo y alimentarlo. Juan de Dios y Antón Martín reparten la comida entre los pobres; como el pan que reparten no alcanza para todos, bajan unos ángeles del cielo con alimento para el resto. Ante tal milagro, tanto Antón Martín como Calahorra deciden tomar los hábitos y ayudar a Juan de Dios en su empresa.
Entre sus quehaceres se encuentra el pedir dinero a los nobles de la ciudad. Por ello Juan va hasta donde está hospedado el Marqués de Tarifa, en Granada, a causa de un pleito, quien en ese momento despluma a los naipes a don Luis y a un Veinticuatro (regidor del ayuntamiento). El marqués, que conoce la fama de Juan de Dios, pues ha llegado hasta Sevilla, lo recibe amablemente y le entrega cien escudos. Al irse, el marqués lo sigue para comprobar si de verdad merece su fama de piadoso: "Veré, Juan, si sois de Dios". Por el camino, embozado, se acerca al hombre santo y le pide dinero ocultando su verdadera identidad; se finge hidalgo empobrecido que, por pujos de honra, teme pedir ayuda de día al descubierto. Para su asombro, Juan de Dios confía sin dudarlo en la inventada historia y le entrega todo lo que había conseguido momentos antes en su casa.
La escena es presenciada por el diablo, que pretende malbaratar la piedad de Juan. Tras irse el noble, le pide limosna a cierta distancia y embozado. No consiente el demonio, sin embargo, en acercarse al santo ni en pedir por Dios, por lo que Juan se la niega. Enfurecido, el diablo lo derriba y lo golpea; Juan descubre entonces su identidad: "Conózcote ya,/ bellaco negro, tiznado,/ rebelde a Dios". En el suelo Juan, ambos discuten y el demonio se marcha derrotado y afrentado por el hombre santo, que lo pone en fuga blandiendo una cruz. Un doctor y su criado encuentran a Juan de Dios en el suelo, lo socorren y lo llevan de regreso a su hospital.
Allí, Antón Martín se muestra satisfecho de haber encontrado el camino correcto, el de la caridad, iluminado por la santa figura de Juan de Dios. Llega entonces Calahorra con una mujer enloquecida. Sale a su encuentro Juan de Dios y la lleva con él para darle salud. La mujer está en realidad endemoniada y recupera la salud tras la confesión. Entretanto llega el marqués de Tarifa al hospital, maravillado por la caridad de Juan, al que confiesa la treta de la noche anterior y promete quinientos escudos, además de ciento cincuenta panes, cuatro carneros y ocho o diez gallinas diarias mientras permanezca en Granada.
Poco después, mientras Antón Martín y Calahorra charlan acerca del espíritu profético de Juan de Dios, arremete contra éste en su celda el maligno; lo levanta en el aire y lo golpea repetidas veces hasta que lo deja caer desde lo alto malherido.
El hombre santo está cada vez peor de salud, pero no deja de ayudar a los pobres y desamparados. Es recibido con desgana por el Padre de las mujeres públicas; su llamamiento a la virtud, condenando el vicio de la lujuria, consigue convencer a muchas prostitutas de que abandonen su oficio y se decanten por una vida más honrada. Doña Inés, una dama granadina, promete favorecer tal intento llevando a su casa a las arrepentidas.
Acto 3
Ha pasado algún tiempo. Juan de Dios no ceja en su labor caritativa pese a estar enfermo. Calahorra, que lo acompaña, le recrimina su tozudez y le recomienda que delegue en Antón Martín para poder él reposar. Ningún caso hace Juan, que pide a su acompañante que "llame a esta casa". Abre una mujer, no antes de pedir a su "amigo" Sebastián que se esconda. Juan de Dios le recrimina su amancebamiento, al que prometió renunciar, máxime cuando el hospital le da lo necesario para vivir: "Si yo quito a mi hospital/ la ración que a ti te doy,/ ¿es bueno que a un hombre tengas?". Ella niega su desvío, pero la intuición de Juan de Dios es certera y ordena a Calahorra que mire detrás de la cama. De allí sale el mancebo arrepentido y dispuesto, tras escuchar al hombre santo, a hacer vida religiosa. Las reconvenciones de Juan de Dios, empero, se dirigen hacia la mujer, que promete lavar su mancha con llanto y penitencia.
Los hermanos comentan la inminente marcha de Antón Martín y Calahorra a Madrid, donde esperan conseguir fondos del nuevo rey, Felipe II, para mejorar y aumentar el hospital. Poco después, llegan al recinto doña Ana Osorio y el Veinticuatro en busca de Juan de Dios, al que no consiguen encontrar, lo que da pie a diversos comentarios sobre su mal estado de salud, que no mejorará, pues se niega a reposar. El hermano Pedro los informa de la gravedad de Juan y del temor que todos tienen a su muerte, que parece pronta e inevitable. Lo hallan tumbado sobre una estera y con una calavera en las manos, reflexionando sobre la cercanía de la muerte. El Veinticuatro y doña Ana logran convencerlo de que se deje cuidar, por una vez, y lo trasladan a su residencia. El demonio presencia la escena, convencido de que Juan de Dios en breve será premiado por sus inquebrantables castidad y caridad, esfuerzo que impresiona incluso al diablo, que quiere asistir a su muerte.
Ya en el hogar del noble, Juan de Dios abandona el lecho y se arrodilla para rezar con un crucifijo en las manos. Rodeado por el Arzobispo de Granada, el Veinticuatro, doña Ana y el hermano Pedro, además del diablo, Juan de Dios se lamenta por tres cosas: por no haber servido a Dios, por los pobres y mujeres recogidas que deja en el hospital y por las deudas que ha contraído durante los años en que ha desarrollado su labor, deudas recogidas en un libro que Juan guarda en el pecho y de las que el Arzobispo promete hacerse cargo. Encomienda su alma el hombre santo ante la atónita mirada del diablo, que no logra explicarse a sí mismo su presencia en el lugar mientras ve descender a los ángeles del cielo para recoger el alma de Juan de Dios. Sin embargo, sabedor de que Antón Martín pretende fundar en Madrid un hospital para sanar a los enfermos lascivos o para que al menos mueran confesados y contritos, marcha a estorbarlo.
Antón Martín y Calahorra, que han sido alojados en Madrid por el noble y generoso Hernando de Somontes, entregaron a Felipe II un memorial sobre el hospital y lo abordan de camino a la capilla, hacia donde marcha el rey, todavía "mancebo", acompañado por el duque de Alba. Éste los informa de que Felipe ha ordenado que "os den quinientos ducados". Cuando los hermanos se retiran hacia su posada, se encuentran con Hernando de Somontes y con Francisco, un estudiante. El noble ha procurado la fundación del hospital de Antón Martín, junto a San Sebastián, se especifica más tarde, para aquejados de enfermedades venéreas, en el que espera colaborar Francisco.
Un grupo de damas y gentilhombres escuchan música por la noche en El Prado. Hasta ellos se acerca Antón Martín para pedirles limosna. Uno de los caballeros, don Alfonso, reconoce a Antón y refiere al resto su caritativa obra de curación para aquejados por el mal francés, obra financiada por la generosidad de Hernando de Somontes. Admirados, todos le dan limosna.
De nuevo en el hospital, el hermano Pedro refiere a Antón y a Calahorra la muerte de Juan de Dios y les habla del enorme cortejo, compuesto de ricos y pobres, principales y humildes, que acompañaron su cuerpo por las calles de Granada. Tras sobreponerse a la noticia se dedican a atender a los enfermos y encontrar lugar para los nuevos. Entre los que llegan está el diablo que intenta de varias maneras corromper a Antón Martín. Se hace pasar por el asesino de su hermano, pero sólo consigue ser perdonado y muy bien recibido y que Antón vaya a por un confesor para poder acomodarle (sin confesión no se puede entrar en el hospital). Mientras va Antón en busca de confesor, habla el demonio con una mujer para que ésta trate de seducirlo, pues es aficionado Antón, le explica, a las mujeres y la recibirá y atenderá mejor si hay trato carnal. La nueva treta es también fallida y el diablo es descubierto tras rechazar frontalmente la confesión.
En cuanto huye aparece la figura de la Caridad rodeada de pobres y niños, con Juan de Dios a su izquierda y un niño Jesús a la derecha. Juan le relata a Antón el futuro de la orden que llevará el nombre de Juan de Dios. Felipe III conseguirá un breve de Pablo V para dar mayor lustre a la congregación. Tras encomendarle el cuidado de sus pobres, desaparece Juan de Dios. Antón da por terminada la obra y promete una segunda parte.
OBSERVACIONES A LA OBRA
Ver / Ocultar secciónObservación: La escenografía cobra la importancia propia del género de la "comedia de santos". En el primer acto el uso de tramoyas se desarrolla en la aparición del niño Jesús con su aspecto de peregrino. Lleva en la mano una granada que se abrirá en cuatro partes (por algún tipo de mecanismo desconocido) para dejar ver una cruz que estará en medio. Y luego desaparecerá de los hombros de Juan misteriosamente: 'Esté arrimado a una tramoya, donde de los hombros mismos, dando una vuelta se desaparezca el niño'. Parece por la acotación que se usa una tramoya de torno, por lo que Juan se arrimaría a la pared del tablado hasta colocar al niño en el torno para que dé la vuelta y desaparezca.
En el segundo acto tenemos el descenso de los ángeles para alimentar a los pobres: 'Oyese música, y bajen dos Angeles que por dos asas traen asida una cesta blanca con pan, y cantan así dentro', 'Váyanse subiendo con música, mientras se reparte'. Es una típica aparición de un ser sobrenatural divino, desde las alturas y acompañado de música (a diferencia de los sonidos que acompañan al demonio, que suelen ser más ruido que música, y a veces acompàñado de la visión de fuego).
Y ya por último, en el tercer acto asistimos a la visión que tiene Antón Martín del difunto Juan de Dios: 'Vayase el demonio, y descúbrase una cortina, y véase la Caridad con un manto extendido, debajo del están algunos pobres, y niños, y a la mano derecha un niño Jesús: a la izquierda Juan de Dios, y enlazados los tres con unos listones encarnados'. Dicha visión se haría detrás de una cortina en la parte alta del tablado y por los personajes que se encuentran formándolo debía ocupar bastante espacio. Es de señalar especialmente el hecho de que se usan listones rojos para representar sangre, efecto especial que también hallamos en otras obras de Lope.