INGRATO, Corona de comedias. Comedia famosa, EL



DATOS BIBLIOGRÁFICOS

Ver / Ocultar sección

Título

Título: INGRATO, Corona de comedias. Comedia famosa, EL. Procedencia: Suelta a nombre de Calderón; suelta a nombre de Lope

Título: INGRATO, EL. Procedencia: Final del Acto III

Autoría

Autor: Félix Lope de Vega y Carpio. Fiabilidad: De autoría dudosa
Observación: Marilyn RUIZ-ASCARZA (An Examination of Objective Methods for Determining "Comedia" Authorship. Together with Case Studies of Eight Plays Attributed to Lope de Vega, Tesis doctoral. Universidad de Virginia, 1975) rechaza que sea de Lope

Peregrino

Citado en El peregrino I: No
Citado en El peregrino II: No

Parte

No presente en la colección de Partes de Lope de Vega

Manuscrito

No consta

Otras ediciones del siglo XVII

Título: EL INGRATO
Suelta: Suelta [s.l., s.i., s.a.]
Atribución: Lope de Vega
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 483.
Nota: En época de MB estaba en propiedad de un coleccionista privado de Nueva York.
Segunda mitad del siglo XVII. Según la Acad. N.: "No he logrado ver esta rarísima impresión, que por su encabezado parece sevillana y que puntualmente describe el Sr. Don Harry Clifton Heaton en su lindísima edición de El ingrato agradecido de Matos Fragoso. De ella he tomado el encabezado que lleva nuestra edición, pues siendo idénticas en lo demás, ésta y la en que se atribuye la obra a Calderón, no hemos querido privar al lector de la noticia que da sobre el autor o director que la puso en escena"
Título: EL INGRATO
Colección: Parte 23 (Valencia, Miguel Sorolla, 1629)
Atribución: Lope de Vega
Ref. bibliográfica: Profeti, Maria Grazia: La collezione "Diferentes autores". Kassel, Reichenberger, 1988. 35-36.
Nota: Esta en la biblioteca de Pennsylvania.
Hay distintas versiones sobre esta obra. Según, Erasmo Hernández González, "Una desconocida parte de comedias de Lope (Parte XXIII, Valencia, 1629)", en Criticón, 56 1992, pp. 179-186, se trata de una edición verdadera, publicada para uso particular, de mínima tirada y emparentada con la Parte 24 (Madrid, 1640?) y parcialmente en la Parte 28 (Huesca, 1634), que a su vez influyó en la Extravagante 28 (Zaragoza, 1639). Sin embargo, para Profeti es un compendio de sueltas.

Observaciones:
Se conocen ediciones a nombre de Calderón que pertenecen a la primera mitad del siglo XVIII, como la de la British Library que pone en el colofón: "Sevilla, a costa de Joseph Antonio de Hermosilla, / Mercader de Libros, en la calle de Genova / donde se hallaron otras / diferentes"
"según Nicolás Antonio, figuraba esta comedia en la parte XXIV, Madrid, 1640" (CR, p. 469)

Colecciones modernas

*Ref. bibliográfica: E. Cotarelo et al. eds.: Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española [nueva edicion] (Con prólogos de E.Cotarelo y Mori y otros, 13 vols.). Madrid, RAE, 1916-1930. VI.

* Edición utilizada

Ediciones singulares modernas

No consta

Versiones y traducciones

No se conocen

Bibliografía secundaria


- Grossi, Gerardo. "Una napoletana alla conquista dell'uomo che ama: El ingrato di Lope de Vega, ovvero l'astuzia delle donne". Grossi, Gerardo; Guarino, Augusto. Le radici spagnole del teatro moderno europeo. Salerno: Edizioni del Paguro. 2004. p. 61–75.
Nota: Actas del congreso internacional celebrado en Nápoles, 15 -16 de mayo 2003.


ANOTACIONES PRAGMÁTICAS

Ver / Ocultar sección

Datación

Fecha: 1620-1635
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 484.

Dedicatorias

No existe dedicatoria.

Cómputo de versos

Número: 2438
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 483.


CARACTERIZACIONES

Ver / Ocultar sección

Personajes no computables

  • Acompañamiento
    Observación: Acompañamiento real

  • Personajes computables

  • Celio, [criado de Porcia]

  • Criado

  • [Criado], [criado de Enrico]

  • El Infante Carlos, infante [de Sicilia], [galán]; que actúa de [Héctor], [marqués]

  • El Rey, el Rey [de Nápoles], [padre de la infanta Elena]

  • Enrico, [duque de Abellina], [marqués de Vallenuevo], [primo de la Infanta y sobrino del rey de Nápoles], [galán protagonista]

  • Fernando, [criado de Enrico]. Nota: Es criado o consejero, en la obra no se especifica ni el rango ni el cargo que ocupa

  • Isabel, [dama [de la Infanta]]

  • La Infanta [Elena], infanta [de Nápoles], [dama protagonista]; que actúa de [aya]

  • Lucrecia, [dama [de la Infanta]]

  • Ludovico, [caballero al servicio del infante Carlos]

  • Pasquín, [criado [del infante Carlos]], [gracioso]; que actúa de [Fabio], [criado]

  • Porcia, [duquesa], [dama], [prima de la Infanta Elena y sobrina del Rey]

  • [Soldado]
  • Universo social

  • Universo de la nobleza. Alta nobleza
  • Universo de la servidumbre. Criados cualificados (mayordomo, escudero...)
  • Universo del poder soberano. Reyes
  • Tiempo histórico

    Tiempo indeterminado

    Marco espacial

    Jornada 1
    Topónimo: Nápoles. [Italia]. Europa. Espacio: salas de palacio.

    Jornada 2
    Topónimo: Nápoles. [Italia]. Europa. Espacio: balcón del terrero; salas; ventana de palacio.

    Jornada 3
    Topónimo: Nápoles. [Italia]. Europa. Espacio: salas de palacio; afueras en Pozo Real.

    Duración

    Obra: 3 días (aprox.)
    Jornada 1: 1 día (aprox.)
    Jornada 2: 1 día (aprox.)
    Jornada 3: 1 día (aprox.)

    Género

    Género principal:

    • Comedia > universo de irrealidad > libre invención > palatina.

    Extracto argumental

    Jornada 1
    En Nápoles, la infanta Elena confiesa, a solas en el jardín del palacio real, que ama a su primo Enrico, quien, gracias a su mediación, se ha convertido en privado del Rey y ha obtenido los títulos de Duque de Abellina y Marqués de Vallenuevo: "Parque hermoso, jardín rico,/ que al de Chipre se adelanta,/ sabed todos que la Infanta/ de Nápoles ama a Enrico". Anuncia entonces Lucrecia, criada de Elena, la llegada del Duque Gobernador, el propio Enrico, pues se ha hecho cargo del gobierno de Nápoles tras la marcha del Rey, a la cabeza del ejército, a la guerra contra Venecia. Enrico, que corresponde en amores a la infanta, se hace eco de un rumor, a saber, que el infante de Sicilia, Carlos, ya es esposo de Elena. Niega la infanta tal enlace y reafirma su amor al satisfecho y rendido Enrico. Lucrecia anuncia entonces el regreso del Rey, al que la infanta pretende salir a recibir hasta el puerto. Se detiene, no obstante, ante el anuncio de Lucrecia de la inminente llegada a Nápoles del infante de Sicilia. Descontenta recibe Elena las nuevas, resuelta a no favorecer al siciliano. Para provocar disgusto en el pretendiente, recomienda la criada a la infanta que se muestre estúpida: "él se precia/ de discreto y entendido,/ filósofo y presumido;/ finge hablando de ser necia/ y no te querrá".
    Mientras hablan, llega el Rey hasta ella pidiendo un informe sobre el gobierno de Enrico durante su ausencia. Elena, para disimular su amor, finge estar enojada con el Gobernador por no haber satisfecho dos de sus deseos: perdonar a un paje suyo y a un ladrón. El Rey se pronuncia en favor de Enrico y comunica a su hija que Porcia ha llegado a Nápoles para asistir a su acordada boda con Carlos. El Rey presenta a Enrico a Porcia, y el Duque no puede evitar una sincera alabanza de la belleza de la dama, lo que provoca los celos de Elena.
    Por otro lado, el infante Carlos explica a su criado Pasquín que ha decidido disfrazarse para comprobar la discreción de Elena, y le pide que cambien ambos de nombre. Pasquín, en un alarde de ingenio, le cuenta dos historias cómicas en las que los protagonistas se cambiaron de nombre por distintos motivos. A partir de ahora Pasquín se llamará Fabio y Carlos será el marqués Héctor. Bajo esa falsa identidad acuden a palacio con la excusa de traer cartas desde Sicilia para la infanta. Son recibidos por Lucrecia, que se da cuenta de que, en realidad, el supuesto marqués Héctor es el infante Carlos. Decide, sin embargo, seguirles el engaño y les pide noticia del infante de Sicilia, futuro marido de Elena, sin dejar de advertirlos de lo mentecata que es ella. Por otro lado, avisa la propia Lucrecia a Elena de quién es en realidad el supuesto marqués que ha ido a visitarla: "El infante Carlos es,/ disimula bien, señora". Carlos / Héctor comunica a la infanta que trae una carta para ella de su prima Celia y que esperará la respuesta. Durante la conversación, Elena finge ser completamente necia; llega a afirmar que no sabe ni siquiera leer para desviar la posible inclinación de Carlos y así "sin ser inobediente/ al Rey, no me casaré".
    El infante se marcha decepcionado y enfadado con el caballero Ludovico, pues éste le había dicho que era Elena hermosa y discreta. Ludovico se sorprende y le enseña unos versos escritos por la infanta para que se dé cuenta Carlos de su sabiduría y lo advierte de que "Podría ser/ que aquellas damas supiesen/ quién eres y te quisiesen/ burlar con otra mujer".
    Porcia confiesa a su criado Celio el motivo de su tristeza desde que han llegado de Milán: hace tiempo hospedó en su casa a doña Flor, marquesa de Monserrat, triste porque estaba enamorada del "hombre más principal/ de Italia". Ella descubrió el retrato de tal hombre y se enamoró profundamente a través de la imagen. Como este retrato es el fruto de su tristeza, se lo entrega a Celio para no volverlo a mirar.
    Un nuevo encuentro entre la triste Porcia y Enrico, espiado al paño por la infanta, aumenta los celos de ésta. Enrico reconoce la belleza de su amada Elena, pero, desarrollando una hermosa comparación, juzga la de Porcia inigualable. Elena sale de su escondite para demostrar su constancia ante su ingrato amado: "cuando vos me ofendéis/ en mí finezas hay", y se dispone a responder negativamente en público a los requerimientos de Carlos / Héctor, que vuelve a visitarla con la excusa de que espera la respuesta para la prima Celia. Esta vez lo acompaña Ludovico, que quiere comprobar cómo es en realidad la infanta, necia o discreta. Al ver a Carlos / Héctor, Celio reconoce en él al hombre del retrato de Porcia y se lo dice. Le pregunta a Pasquín por la identidad del que cree hombre principal y éste le responde que "se llama Pasquín (...)/ bufón discreto y gracioso (...)/ Hase fingido Marqués/ para ver y deleitar/ a la Infanta, y yo descubro/ para que después riáis,/ cuando nos vamos, el caso". Enterada Porcia, no puede creer lo que acaba de oír, pero Elena parece confirmarlo cuando le dice que es un impostor que finge ser otro; en realidad la infanta pretendía decir que es el infante de Sicilia y se finge el marqués Héctor, pero Porcia entiende, al hilo de sus sospechas, que es un bufón y rompe el retrato.
    Elena le cuenta a Enrico que ha fingido ser necia para que el infante no pretenda casarse con ella; Enrico, que se reconoce ingrato, no se atreve a confesar a Elena que está empezando a enamorarse de Porcia.


    Jornada 2
    Lucrecia, en vista del ingrato comportamiento de Enrico, aconseja a su señora que se case con don Carlos: "Con amor se paga amor:/ paga olvido con olvido". Le sugiere que cite al pretendiente siciliano esa noche y, sin que él pueda reconocerla, le dé una lección de inteligencia. En tanto que Lucrecia va en busca de papel, sale Porcia, triste a causa de la condición baja del hombre de cuyo retrato se enamoró; la infanta pretende mostrar a su prima cierto papel y, cuando se marcha en su busca, sorprende Enrico sola a Porcia y le declara su inclinación, algo que enoja a la dama por la falta de respeto mostrada por el privado.
    Por su parte, Carlos, todavía en Nápoles, quizás, sugiere Pasquín, por inclinación a la belleza de la necia infanta, recibe la carta de una dama que dice haberlo reconocido, pese a su falsa identidad, y que lo cita bajo los balcones de palacio para discutir "de amor y filosofía".
    En una complicada conversación sobre la correspondencia entre inteligencia y belleza, el siciliano se declara vencido por la dama, cuya identidad ignora, y que dice ser una pobre mujer aya de Elena. Carlos pregunta por la verdadera condición de la infanta, y ésta misma, en su disfraz, declara que su popular inteligencia sólo es fruto de adulación de la que disfrutan los nobles, y recomienda a Carlos que no case con mujer ignorante: "porque una mujer hermosa,/ soberbia y presuntuosa/ no es para varón constante,/ cuerdo, sabio en dos extremos". Acabada la conversación, Elena confiesa a Lucrecia estar todavía enamorada del ingrato Enrico. Carlos, por su parte, se muestra confuso, inclinado tanto a la belleza sin igual de la infanta como a la rara inteligencia de la desconocida, que sospecha que puede ser Porcia.
    Enrico, entretanto, irremediablemente inclinado hacia Porcia, traza un plan que le procure su mano. El duque se queja de la falta de respuesta que tiene el helado pecho de su amada a la ardorosa llamada de sus ojos: Citia aquél, Etna éstos. Asomada al balcón, Elena trueca los términos y ofrece su ardoroso pecho a su galán, que le pregunta si todavía merece su amor. No se fía en cambio la infanta del afecto de Enrico, que, de repente, es acometido por dos de sus "compinches", que lo apartan de la vista de Elena para, supuestamente, acuchillarlo. La infanta imagina que efectivamente Enrico ha sido asesinado. Fernando, uno de los supuestos atacantes, invita al duque a reconsiderar tan retorcida invención, pero éste sólo tiene interés en cambiar, ingrato, a la mujer que lo adora por el ángel que lo aborrece.
    A continuación, Enrico entabla conversación con el Rey, que está acompañado por Porcia, para explicarle que la infanta ha perdido el juicio y "mil despropósitos dice"; para solucionar el desvarío, propone el duque, quizás sea lo mejor casarla pronto con el infante siciliano, presente en Nápoles para contemplar la belleza de Elena. Solicita, además, Enrico, que el monarca tenga a bien entregarle la mano de Porcia como premio a su lealtad. No se niega, obediente, ésta, pero establece como prioridad el restablecimiento de su prima. Elena aborda a su padre para explicarle que Enrico ha sido atacado y asesinado por dos criados del infante Carlos. Las "imaginaciones" de la infanta entristecen al Rey y a Porcia, y pronto aparece Enrico para desmentir su muerte y confirmar el desvarío de Elena. Entiende entonces la infanta que todo ha sido un engaño de su amado, ingrato y traidor; máxime cuando el Rey le comunica que va a casar a Enrico con Porcia, enlace al que Elena se opone amenazando con la venganza. Poco después, al ver al infante Carlos, ya como tal, Isabel señala a Porcia que se parece mucho al hombre del retrato que ella tenía; cuando el infante le dice que ella es hermosa, pero su prima una necia, Porcia se enfada y lo desprecia. Carlos está convencido de que es Porcia la dama con la que habló la noche anterior.


    Jornada 3
    Lucrecia aconseja a Elena, que dice aborrecer ya a Enrico ("bien dicen que la mujer/ anda de extremo en extremo"), que lo derribe del estado al que ella misma lo levantó, cosa que está dispuesta a hacer la infanta, aunque compara su posible venganza con el ataque de la abeja, que muere matando, lo que demuestra que todavía alberga una fuerte inclinación hacia el duque. Lucrecia, para que se distraiga de su mal, aconseja a su señora marcharse ambas, "tapadas a lo español", a Pozo Real, "que es la casa de placer/ mejor del mundo". Antes de que se marchen, Porcia comunica a su prima que el Rey quiere casarla con Enrico, aunque ella no está inclinada hacia él, y más sabiendo que Elena lo amó y podría causarle algún sufrimiento. Elena confiesa que su amor ahora se ha convertido en venganza a causa del deshonesto comportamiento de Enrico. Porcia decide ayudarla a tomar represalias.
    La infanta habla con su padre para exigirle que elija entre ella y Enrico, pues él es un traidor. Para que crea en su palabra le entrega un papel que Enrico le escribió declarándole su amor. Trata de demostrar Elena que, aprovechando la ausencia del Rey durante la guerra contra Venecia, Enrico le perdió el respeto. Acto seguido, la infanta se arrepiente de haber hecho tal cosa, pues todavía lo ama: "¡él perderá la privanza,/ y yo perderé la vida!"; todo ello para sorpresa de Porcia, que la creía dispuesta a vengarse: "¿No dijiste/ que ya a Enrico aborreciste?". El Rey, enojado con Enrico, le retira sus títulos y su hacienda, y le recomienda volver a tomar una pica para ganar estado. La queja de Enrico ante Fernando sólo provoca la reconvención de éste, que le recuerda que su ingratitud ha provocado su caída.
    Porcia, Elena y Lucrecia disfrutan de Pozo Real, cuya alabanza entonan. Hasta allí llegan Pasquín y Carlos, que encuentran a las damas embozadas. Carlos se sienta a su lado y entabla conversación con Porcia y Elena. Pero se produce otra confusión, pues cuando habla Porcia, Carlos cree que es Elena y, a la inversa, dejándose llevar por su intuición y por la sabiduría o necedad de las palabras de ellas: cuando considera que son razones necias, las atribuye a la Infanta; cuando las juzga sabias, a Porcia. Se quita el manto Elena y Carlos no sale de su asombro "¿qué es esto?/ (...) ¡Elena de noche es sabia,/ Elena es necia de día!/ Tapada Elena discreta,/ necia Elena destapada".
    Entretanto Enrico, arrepentido de su ingrato proceder, ruega a Porcia que le facilite una audiencia con el Rey para poder disculparse y evitar la milicia, pero la duquesa de Milán no se juzga la persona idónea para interferir en su favor; acude entonces Enrico a la infanta, a quien pide disculpas por su comportamiento. Humildemente, no solicita volver a su antiguo y boyante estado, ni, ingrato, ganar el perdón o el amor de su antigua amada, sino simplemente hacerse escuchar; pero Elena lo deja con la palabra en la boca y se marcha; vuelve, sin embargo, a continuación, para asegurar a Enrico que el enojo de un amante es como tormenta pasajera en verano. Enrico le pide entonces que interceda ante el Rey, no para recuperar sus estado, sino para que lo envíe a la guerra a ganar la gracia y el favor reales, "por aquel fingido/ amor que me tuviste". Elena acepta con la condición de que primero acuda a su boda. Ante el Rey, el infante de Sicilia y Porcia, la infanta perdona a Enrico y le da la mano para ayudarlo a levantarse; acto seguido, se dirige a Carlos: "Infante, si divertida/ para levantar del suelo / a Enrico, le di la mano/ (...) ¿qué he de hacer?", a lo que Carlos responde: "Muy bien lo entiendo,/ y lo que puedes hacer/ es que tu divino ingenio/ me dé a Porcia". Enrico se sorprende por la decisión de Elena y se muestra arrepentido de las artimañas que utilizó en contra de su amada "Aunque fui/ El Ingrato, a ser comienzo/ desde hoy el agradecido,/ dando fin a mis sucesos".


    OBSERVACIONES A LA OBRA

    Ver / Ocultar sección

    Observación: Se dice que Representóla Antonio de Prado (Acad. N. VI).


    EDICIONES DIGITALES DISPONIBLES

    Ver / Ocultar sección