HOMBRE POR SU PALABRA, Comedia famosa, EL
DATOS BIBLIOGRÁFICOS
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Título: HOMBRE POR SU PALABRA, Comedia famosa, EL. Procedencia: Parte 20; P2; Final Acto III
Autoría
Autor: Félix Lope de Vega y Carpio. Fiabilidad: De autoría fiable
Peregrino
Citado en El peregrino I: No
Citado en El peregrino II: Sí
Parte
Parte XX (1625)
Manuscrito
No consta
Otras ediciones del siglo XVII
No consta
Observación: Se conoce un ejemplar en la Biblioteca de la Universidad de Sevilla que es una desglosada de la Parte 20
Colecciones modernas
*Ref. bibliográfica: E. Cotarelo et al. eds.: Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española [nueva edicion] (Con prólogos de E.Cotarelo y Mori y otros, 13 vols.). Madrid, RAE, 1916-1930. VI.
Ref. bibliográfica: VVAA: Teatro Español del Siglo de Oro (Base de datos de texto completo publicada en CD-ROM). ProQuest LLC, Chadwyck-Healey, 1997.
* Edición utilizada
Ediciones singulares modernas
No consta
Versiones y traducciones
No se conocen
Bibliografía secundaria
- Hempel, Wido. "'Lo que manda la Historia': Zu einer Szene von Lope de Vega". Knabe, Peter-Eckhard; Thiele, Johannes. Über Texte: Festschrift für Karl-Ludwig Selig. Tübingen: Stauffenburg. 1997. p. 125-138.
- Hempel, Wido. "En torno a una escena alegórico-onírica de Lope de Vega". Profeti, Maria Grazia. "Otro Lope no ha de haber". Firenze: Alinea. 2000. p. 139-148.
Nota: Actas del congreso internacional sobre Lope de Vega, 10-13 febrero 1999.
ANOTACIONES PRAGMÁTICAS
Ver / Ocultar secciónDatación
Fecha: 1612-1615, probablemente 1614-1615
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 341.
Dedicatorias
Dedicada al licenciado Diego de Molino y Avellaneda, relator del Consejo de Su Majestad en el Supremo de Castilla.
Cómputo de versos
Número: 2934
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 340.
CARACTERIZACIONES
Ver / Ocultar secciónPersonajes no computables
Personajes computables
Universo social
Tiempo histórico
Antigüedad clásica
Marco espacial
Acto 1
Topónimo: Macedonia. Europa. Espacio: Jardín del palacio.
Topónimo: Dalmacia. [Croacia]. Europa. Espacio: Naves frente a las costas; Corte de Arminda; naves nuevamente.
Acto 2
Topónimo: Macedonia. Europa. Espacio: Jardines del palacio.
Acto 3
Topónimo: Macedonia. Europa. Espacio: Interior del palacio.
Duración
Acto 1: Número indeterminado de semanas
Entreacto 1 a 2: 1 día (aprox.)
Acto 2: 1 día
Acto 3: 1 día
Género
Género principal:
- Comedia > universo de irrealidad > libre invención > palatina.
Extracto argumental
Acto 1
Federico y Fineo son dos labradores que deciden marcharse a la guerra por dos motivos: hacer algo de provecho y sobretodo huir del amor. Alberto y Celia, padre y hermana de Federico, pretenden impedir su partida, por la tristeza que les produce y porque piensan que el joven no está hecho para las armas. Federico pide ayuda a la hermosísima infanta Lucinda cuando ésta pasea por el jardín leyendo una carta de su padre, el rey Lisandro de Macedonia, que precisamente está guerreando contra la reina Arminda de Dalmacia. La infanta decide otorgarle su favor después de haber averiguado la principal razón que impulsa a los dos villanos a abandonar su tierra. Federico explica a la infanta que huye de un amor desigual que a punto estuvo de conducirlo al suicidio; afortunadamente, al borde del acantilado, escuchó una cancioncilla que invitaba al que ama sin esperanza a poner tierra de por medio con miras a reducir el sentimiento con la ausencia. Lucinda, que adivina elevados pensamientos y sentimientos en el jardinero, escribe una carta recomendándolo como soldado a su padre. Fineo sí le cuenta los pormenores de su relación amorosa con una labradora del lugar; los celos de ésta hacia un hombre, Federico, con el que pasaba Fineo demasiado tiempo, lo invitaron a escoger la compañía de un amigo, pues mujeres hay de sobra y los amigos escasean.
Por otra parte, y en un espacio distinto, Lisandro, rey de Macedonia, se lamenta ante su sobrino Alejandro por no poder arribar a Dalmacia con sus naves y derrotar así a Arminda. Las aguas le han negado ya por tres veces tomar tierra. Alejandro le habla de la creencia generalizada de que la reina es una auténtica hechicera. Eso explicaría que el mar se alborote cada vez que ellos, sus enemigos, intentan llegar a la orilla. Alejandro desea regresar a su tierra, mas el rey prefiere morir allí antes que volver derrotado. Acto seguido, se presentan ante Lisandro Federido y Fineo, portando una carta de Lucinda. El rey, tras leerla, los admite de buen grado entre sus soldados; su sobrino se interesa por su prima. De las palabras que cruzan Federico y Alejandro se deduce que ambos están enamorados de la infanta.
Al mismo tiempo, Arminda y el duque Albano hablan en el palacio dalmático sobre la fama que de hechicera tiene la reina. Pronto sabremos que el reino por el que luchan pertenecía al hermano de Arminda y, una vez muerto éste, a Lisandro, porque una mujer no puede reinar. La reina cedería gustosa el cetro de Dalmacia a cambio de contraer matrimonio con el heredero de Lisandro, pero éste solamente tiene una hija, Lucinda. Así que debe seguir luchando para conservar sus tierras. Además, ahora cuenta con la armada del príncipe Lisardo, que acaba de llegar a puerto y se presenta ante ella rendido y enamorado, listo para la batalla. La armada de Lisardo no ha sido percibida por los macedonios, entre cuyas naves ha debido pasar necesariamente para ganar el puerto.
Por otro lado, Federico ha ascendido a capitán tras interceptar y asesinar a Ismenio, un traidor entre las filas macedonias que llevaba informes a la reina dálmata. Mientras Federico es premiado por el rey, Mario informa a Lisandro de la presencia de la armada de Lisardo, diez mil soldados. Federico propone al rey acercarse de noche él solo al puerto y prender fuego a las naves; siempre que el monarca le otorgue a cambio lo que él pida. El rey acepta y Federico se prepara para entrar en acción. También Lisandro, como anteriormente Lucinda, intuye que se esconde en el pecho del villano valor más propio de nobles.
Acto 2
Cesarino anuncia a Lucinda que la guerra ha terminado gracias a Federico, el labrador, que actuó valerosamente. La infanta se admira del valor del hortelano: "¡Extraño intento de un labrador!". Por lo que cuenta Cesarino sabemos que Arminda ha sido derrotada por el rey Lisandro porque Federico quemó la armada con la que el príncipe Lisardo pretendía vencerlos. Tras este suceso y la rendición de Arminda, se ha concertado el casamiento entre ésta y Alejandro; Lucinda se lamenta criticando la poca firmeza de su primo en la ausencia.
Inmediatamente después llega Fineo, que se presenta ante la princesa enalteciendo a Federico y le entrega unas joyas que le envía el capitán. El rey desembarca y marchan todos a recibirlo. Mientras tanto, Fineo y Celia, villana, se reencuentran casualmente y confiesan sus deseos de reanudar la relación que tenían antes de que él se marchase. El rey y su comitiva entran en escena celebrando la victoria. Lisandro decide premiar a sus capitanes: Alejandro es nombrado general de mar y tierra; Leonelo recibe los estados del traidor Ismenio; Mario será cónsul de guerra. A Federico le otorga la alcaidía de los palacios reales y escudo nobiliario en el que se representen las abrasadas naves. Federico, sin embargo, no parece contento con semejantes honores, pues no los ha pedido y el monarca se comprometió, no por escrito, pero sí de palabra, a satisfacer su petición. El rey se aviene a cumplir su palabra, pero su rostro muda perceptiblemente ante la solicitud del capitán, que demanda la mano de la infanta Lucinda. Del mismo modo, Alejandro se turba y se violenta, sobre todo cuando el rey decide honrosamente cumplir lo pactado. No sólo Alejandro, sino también Mario y Leonelo, sacan las espadas ante tan arrogante y descompuesta solicitud, pero el rey, ofendido por el recurso al acero, ordena a los agresores que se marchen y queda a solas con Federico. Afirma Lisandro que le otorga su petición, aunque sus deudos sean corroídos por la envidia. A solas con Fineo, Federico confiesa que todo lo hace el amor de Lucinda y el labrador le aconseja que piense bien lo que va a emprender.
No tardará la infanta en reprochar a Federico su extraña conducta, pues su baja condición no le permite alcanzar su mano. Cuando el joven le confiesa su amor, ella se ablanda y reconoce que guarda en su pecho también ella un sentimiento muy semejante al amor, causado por el valor y por el entendimiento de Federico, impropios de un labrador, según se sugiere una vez más. Por ello, trazan juntos un plan que consistirá en que Federico renuncie al matrimonio con la hija de rey para evitar un intento de asesinato por parte del airado Alejandro. Lucinda le pide que confíe en ella, pues sabrá arreglarlo todo.
Cuando el rey y Alejandro descubren a Fineo y Federico labrando de nuevo la tierra, ambos se sorprenden. Lisandro insiste en honrar al joven, pero éste se niega a salir de su estado. Sus razonamientos inquietan al rey, que descubre las armas de soldado de Federico colgadas en los sauces. En el peto, un lema acusador que hiere al monarca: "No es hombre el que no cumple su palabra". Lisandro, algo enigmático, exhorta a Federico a ser fuerte frente a la envidia, pues está decidido a ser hombre por la palabra. Alejandro, ajeno al breve dialogo, confía de nuevo en el hortelano y le confiesa que no piensa casarse con Arminda,pues tiene en mente reinar en Macedonia y casarse con Lucinda. Por eso, le pide ayuda para visitar por la noche a la infanta en el jardín, sobre todo después de que éste lo informe de las visitas nocturnas a Lucinda de cierto extranjero, quizá Lisardo, perdida Arminda. Decidido Alejandro a estorbar tales encuentros, confiesa Federico a Fineo que quizás pueda matar al hombre que por envidia trataría de matarlo si llegase a rey. Aparece en ese momento la propia infanta, entre música, danza y algazara, y confiesa a Federico que anda enamorada perdidamente de un hombre. Duda Federico de la identidad del afortunado, aunque intuye, por el recatado mirar de Lucinda, que lo ama.
Acto 3
En Macedonia, el príncipe Lisardo, enamorado de la reina dálmata, le ruega encarecidamente que abandone su empeño de casarse con Alejandro, pero ella se afirma en su palabra y habla de la importancia de cumplir lo que uno promete, sobre todo en el caso de las mujeres, que son tachadas de poco firmes en caso de no hacerlo. Aunque ama a Lisardo, Arminda debe casarse con Alejandro. Se presenta rendida ante el rey, cumpliendo así su palabra. Lucinda la recibe gustosamente y la trata con todos los halagos posibles. Por otro lado, Alejandro sigue enamorado de Lucinda, pero sabe que tiene que casarse con Arminda. Aun así, confiesa que la aborrece.
También el príncipe Lisardo está en la corte. Ocultando su identidad, sigue a Arminda muy de cerca, muriéndose de celos ante la nueva situación que se avecina. El rey, después de ver que Arminda cumple su palabra, piensa firmemente que debería también cumplir él la suya. Hace llamar a Federico y le expone sus pensamientos. El labrador no duda en afirmar que se encuentra preparado para ser rey y acepta la propuesta de Lisandro. El rey decide anunciar la buena nueva y reúne a sus deudos más próximos: Alejandro, Leonelo y Mario. Les cuenta un sueño que ha tenido esa noche, en el que aparecía en forma de mujer la Historia personificada y le hacía entrega de un libro. Manda a Alejandro leer en voz alta el contenido del mismo, plagado de ejemplos de hombres de bajo origen que llegaron a ocupar destacadas posiciones; al final de un listado de nombres célebres, sacros y paganos, figura el de "Federico, macedonio,/ que con Lucinda se casa,/ la hija del rey Lisandro,/ sus jardines cultivaba". Federico aparece vestido para la ocasión, acompañado de Lucinda, y es presentado como nuevo rey. Todos se postran ante él menos Alejandro, que se niega a aceptarlo: "¡Y vive Dios que primero/ que su azadón y aguijada/ se trueque en cetro o corona/ se ha de revolver la patria!". Pide inmediatamente ayuda a Arminda para destronar a Federico y conseguir dar esposo más digno a Lucinda y rey más propio a Macedonia, él mismo, prometiendo convertirse en su esclavo, pero ella se niega radicalmente, indignada y orgullosa ante la proposición de que una mujer de su valor se convierta en simple tercera. Cuando Lisardo se presenta ante Alejandro, los dos hacen un pacto para recuperar a sus respectivas amadas. Lisardo se ofrece a prestarle tres mil soldados para derrocar al advenedizo y recuperar a Lucinda, a cambio de ello, Alejandro renunciará a Arminda, que volverá a los brazos de Lisardo.
Mientras tanto, en la corte, Federico recibe a Fineo, que le confiesa estar casado con su hermana, Celia, y acto seguido recibe a su padre, Alberto. El viejo ha acudido allí con el propósito de desvelar la verdad. El hermano del rey le confió a su hijo Alejandro cuando era sólo un bebé. El hortelano cambió a su hijo Federico por Alejandro para que llegara a ser rey, pero, a las puertas de la muerte, ha decidido confesar su culpa: "…viendo que mis canas/ son de mi engaño el espejo/ y de mi cuerpo mortaja,/ y que el fuerte Federico/ y no Alejandro reinaba,/ quise decir la verdad,/ pues ya la muerte me aguarda/ por mi delito y mis años". Federico, el actual rey, es en realidad Alejandro, el sobrino de Lisandro. De este modo, cada cosa está donde le corresponde. Alejandro debe, pues, rebajarse a la condición de labriego, villano; Lisandro lo obliga a vestir el rústico gabán que solía cubrir a Federico, para escarmiento de soberbios, como remata el propio Alejandro. Federico se casa con Lucinda y Lisardo recibe por esposa a Arminda.