DOS BANDOLERAS Y FUNDACIÓN DE LA SANTA HERMANDAD DE TOLEDO, Comedia famosa, LAS
DATOS BIBLIOGRÁFICOS
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Título: DOS BANDOLERAS Y FUNDACIÓN DE LA SANTA HERMANDAD DE TOLEDO, Comedia famosa, LAS. Procedencia: Doce comedias nuevas de Lope de Vega Carpio y otros autores. Segunda Parte (Barcelona, Gerónimo Margarit, 1630)
Observación: En el índice de Fajardo recibe el título de Las hermanas bandoleras (Castro y Rennert, p. 460).
Autoría
Autor: Félix Lope de Vega y Carpio. Fiabilidad: De autoría dudosa
Peregrino
Citado en El peregrino I: No
Citado en El peregrino II: No
Parte
No presente en la colección de Partes de Lope de Vega
Manuscrito
No consta
Otras ediciones del siglo XVII
Título: LAS DOS BANDOLERAS Y FUNDACIÓN DE LA SANTA HERMANDAD DE TOLEDO
Colección: Doce comedias nuevas de Lope de Vega Carpio y otros autores. Segunda Parte (Barcelona, Gerónimo Margarit, 1630)
Atribución: Lope de Vega Carpio
Ref. bibliográfica: Pérez y Pérez, María Cruz: Bibliografía del Teatro de Lope de Vega (Cuadernos Bibliográficos no.29). Madrid, C.S.I.C., 1973. 398.
Nota: Hay ejemplar en la BNE, signatura R-23.136.
Colecciones modernas
*Ref. bibliográfica: Menéndez Pelayo, M., ed.: Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española. ( 15 vols.). Madrid, RAE, 1890-1913. IX (BAE, CCXI).
* Edición utilizada
Ediciones singulares modernas
No consta
Versiones y traducciones
No se conocen
Bibliografía secundaria
No consta
ANOTACIONES PRAGMÁTICAS
Ver / Ocultar secciónDatación
Fecha: 1597-1603
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 455.
Nota: MB proponen este intervalo, aunque dudan de su autoría, debido al patrón métrico utilizado.
Dedicatorias
No existe dedicatoria.
Cómputo de versos
Número: 3180
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 454.
CARACTERIZACIONES
Ver / Ocultar secciónPersonajes no computables
Observación: Sale un ‘alarde de una compañía marchando en orden’
Personajes computables
Universo social
Tiempo histórico
Edad Media
Nota: La acción transcurre durante el reinado de Fernando III el Santo, concretamente en torno al año 1234.
Marco espacial
Jornada 1
Topónimo: Yébenes. [España]. Europa. Espacio: calles de la ciudad; interior de la casa de Triviño.
Topónimo: Toledo. [España]. Europa. Espacio: interior del palacio real.
Jornada 2
Topónimo: Córdoba. [España]. Europa. Espacio: campamento militar.
Topónimo: Yébenes. [España]. Europa. Espacio: interior de la casa de Triviño.
Topónimo: Sierra Morena. [España]. Europa. Espacio: montaña.
Jornada 3
Topónimo: Sierra Morena. [España]. Europa. Espacio: montaña.
Duración
Jornada 1: 1 mes
Entreacto 1 a 2: 5 meses
Jornada 2: Número indeterminado de días
Entreacto 2 a 3: 10 meses
Jornada 3: 2 días
Género
Género principal:
- Drama > historial > profano > hechos particulares.
Observación: Sobre el fondo histórico de la guerra en Andalucía en la época de Fernando III el Santo, personaje importante en la intriga, se desarrolla una acción cuyo conflicto principal, de índole particular, es la deshonra de sendas doncellas y su venganza
Extracto argumental
Jornada 1
Comienza la acción en los alrededores del pueblo andaluz de Yébenes, donde don Lope Díaz y su primo Álvar Pérez, capitanes del ejército que Fernando III el Santo envía a la reconquista de Córdoba y Sevilla, se quedarán a esperar las compañías de soldados que deben reunirse con ellos para emprender la campaña. Tras comentar el estado de la guerra, los dos primos pasan a hablar de asuntos más personales, y descubren que, casualmente, han puesto los ojos en dos mujeres de Yébenes que son hermanas: Inés y Teresa. Álvar cuenta a su primo que ya ha gozado de Inés, bajo palabra de casamiento (promesa que no piensa cumplir), y se ofrece a ayudar a don Lope a conseguir lo mismo con Teresa; en esto, de una iglesia cercana salen las dos muchachas acompañadas por su criado Orgaz, y, mientras Álvar entretiene a Inés, Lope se acerca a Teresa, la galantea y queda con ella para ir esa misma noche a su casa. Orgaz observa cómo se desarrolla la escena amorosa y comenta aparte que las jóvenes se consuelan a su manera de la muerte de la madre, aprovechando que su padre está en Toledo.
En Toledo, el rey Fernando III está repartiendo los cargos militares para su campaña de reconquista en el sur de España: nombra a don Alfonso Téllez general del ejército y da a don Gonzalo Rodríguez el mando del escuadrón de caballeros. Se anuncia entonces la llegada de Luis Gutiérrez Triviño (que es el anciano padre de Inés y de Teresa), y el rey le da una calurosa bienvenida al recordar que es Cuadrillero Mayor de la Hermandad, y que sirvió tanto al padre como al abuelo de Fernando capturando y ahorcando bandoleros y salteadores. A pedido del rey, Triviño cuenta la historia de la fundación de la Hermandad, que tuvo origen cuando los Golfines, en tiempos de Alfonso VIII, organizaron escuadras de ladrones que ocupaban toda Sierra Morena. Por ello, algunos hombres honrados levantaron una escuadra para recorrer los montes y hacer justicia, limpiando así de bandoleros los montes de Toledo. Fernando III confirma el privilegio otorgado por Alfonso VIII que le lee Triviño, le añade incluso más libertades y le da el nombre de Santa Hermandad. Promete, además, casar bien a sus dos hijas. El viejo padre acepta gustoso.
En Yébenes y en su casa, tanto Inés como Teresa empiezan a dudar de la buena fe de sus amantes, a los que ven bastante tibios en su actitud hacia ellas, lo que las hace estar alerta y muy insistentes; en realidad, tanto don Lope como don Álvar ya se han hastiado de ellas, y sólo desean partir hacia la guerra, que los llama ya (el redoble de las cajas acompaña toda esta escena de recriminaciones y quejas). Cuando los dos capitanes se han ido, sale Orgaz, vestido ‘de soldado gracioso’, a despedirse de sus amas, y les confiesa que don Lope y Álvar quieren huir de ellas y no volver a verlas nunca; les reprocha además con insinuaciones de doble sentido su liviandad, llegando hasta a ofrecerse como marido sustituto para ambas, pues a él no le importa que hayan perdido su virginidad. Mientras las dos hermanas comentan, avergonzadas, la salida de Orgaz, regresa su padre, y, tras alabarlas por su virtud y honor (con una ironía dramática especialmente fuerte) les anuncia que el rey se ha encargado personalmente de casarlas bien, y lo hará en cuanto llegue a su casa, que lo acogerá muy pronto en su trayecto hacia Córdoba. Entonces, para recuperar su honra, Inés y Teresa deciden partir en busca de los traidores en traje de villanas esa misma noche.
Jornada 2
En las cercanías de Córdoba, los soldados del rey se quejan de que, aunque pelean, mueren de hambre porque todavía nos les ha llegado la paga. El descontento es general, y a las recriminaciones de varios soldados se suma Orgaz, que añora su antigua vida de pastor. En esto llega don Lope anunciando que ha llegado la paga, y que será oficial pagador don Álvar: todos deberán desfilar por el paso de la puente de Alcolea y Álvar, sentado delante de un bufete con recado de escribir, se dispone a repartir el dinero. Todos reciben algo, aunque no la totalidad de las pagas debidas, lo cual da pie a algún descontento. Doña Teresa y doña Inés se presentan allí vestidas de labradoras y con las caras cubiertas. Don Lope las alaba, sin reconocerlas, y se muestra dispuesto a hacer cualquier cosa por ellas. Las jóvenes piden su auxilio y el de Álvar, puesto que han ido hasta allí para cobrar una deuda. Lope les promete que cobrarán lo que se les deba de inmediato. Ellas confiesan que se trata de un caso de honor y se lo cuentan todo de manera muy general, de modo que ellos se comprometen a obligar a los responsables a cumplirles la palabra, porque "a delito semejante, / si es verdad lo que contáis, / es el castigo importante". Entonces ellas se destapan y exigen que cumplan su promesa de matrimonio, pero tanto Lope como Álvar fingen no reconocerlas, no haberlas visto nunca y no saber de qué les hablan. Tanto insisten ellas en recuperar lo que es suyo que los dos hombres las amenazan con desterrarlas por rameras que han venido a alborotar a los soldados. Viendo que no tienen nada que hacer, tanto Teresa como Inés se muestran furiosas y prorrumpen en maldiciones, pero finalmente Inés decide dejar las palabras y pasar a la acción, proponiendo a su hermana ser salteadora. Teresa acepta, reconociendo que es un buen plan, puesto que no pueden volver a casa sin su honor restituido porque su padre les dará muerte. A petición de Teresa, que se niega a vestirse de hombre por el agravio recibido, que le hace despreciar hasta el nombre de hombre, tomarán hábito de serranas y su ocupación será guardar la castidad y dar muerte a todos los hombres que se crucen en su camino como acto de venganza por el daño recibido.
Mientras tanto, en Yébenes, Triviño se pregunta, afligido, por el paradero de sus hijas y sospecha que su honor debe de estar en entredicho. Justo entonces el rey llega a la casa del anciano Cuadrillero Mayor, pues va camino de Córdoba, y quiere cumplir la promesa de casar a sus dos hijas. Le anuncia que ha decidido casarlas con Álvar Núñez de Lara y con su general Alonso Téllez. Triviño se siente avergonzado por la traición de sus hijas, pero decide no contarle al rey la verdad e inventa que están con una tía suya enferma en Toledo. Así sale airoso de la situación. Alonso Téllez, que acompaña al rey, se muestra interesado en el casamiento y, convencido de que las dos hermanas están en Yébenes y que lo de su ausencia ha sido una excusa del padre por el gran recogimiento de sus hijas, le ruega que le permita ver a Inés; pero Triviño le asegura que ha dicho la verdad, y recibe incómodo los respetos y las buenas intenciones de don Alonso. Una vez a solas, decide no volver a pisar su casa hasta tener noticia de sus hijas, y juntar gente de la Hermandad para buscarlas, con el pretexto de limpiar de delincuentes la sierra.
La acción se desplaza a la montaña. ‘Sale doña Inés con su vestido de labradora y una capa gascona, y dos pedreñales en la cinta, y una ballesta con su carcax de flechas’, y ‘doña Teresa de la misma manera que doña Inés’. Ambas se quejan ante la naturaleza de sus males, le piden amparo y declaran que de ahí en adelante vivirán para vengarse. Empeñarán su tiempo en matar hombres después de haberles tendido un cebo con su belleza. El acto se cierra con una larga escena en la que ambas hermanas se asignan recíprocamente un papel, a fin de ensayar lo que tendrán que hacer: primero, fingen que roban a un peregrino pobre; luego, fingen una escena de seducción en la que una de las dos representa a un caballero perdido en el monte, y la otra la serrana que lo atrae a su cabaña con la promesa de comida y amores, para luego despeñarle. Tan de veras lo hace, que la otra tiene que recordarle que es su hermana, no un caballero; y doña Inés le contesta "que no es buen representante / quien no representa al vivo". Después se lanzan a los caminos a caza de hombres, "que han de morir, ¡vive Dios!".
Jornada 3
Han pasado diez meses. La jornada tercera empieza con una escena nocturna: hay una fuerte tormenta, y el rey y don Alonso Téllez se han perdido en la sierra. Caminan justamente por la zona que las salteadoras tienen tomada para su masacre masculina. Inés, que ha ido a colocar una linterna para que su hermana encuentre el camino para volver a casa, ve llegar a los caminantes desde lo alto (‘Asómase arriba, entre unos ramos,… como que está en un monte’) y está preparada para el ataque. En la oscuridad y con una lumbre, guía a los hombres hasta su cabaña, fingiendo cortesía y generosidad. Piensa matarlos mientras duermen albergados en su casa, pero se reporta un tanto al ver al rey, afirmando que "en el rostro y en el hablar" éste manifiesta "un no sé qué" que invita a respetarlo. Cuando los huéspedes ya han entrado en la cabaña, se ve a Teresa en el tablado, sola: se ha perdido y busca la seña que debería haberle puesto su hermana. Ésta se asoma "arriba" y le dice que suba, y que tenga cuidado porque en la cabaña hay dos huéspedes, uno de los cuales es el rey. Teresa le objeta que debería haberlo matado como a todos, pero Inés le recuerda que el rey "tiene, por justa ley, / dos ángeles en su guarda", y le dice haberle contado a Fernando que las dos son unas labradoras que viven allí con su padre, un cazador. Vemos que Inés es más calmada y reflexiva; Teresa, en cambio, es impulsiva y cruel. Llega la gente del rey hasta la cabaña y Teresa insiste en matarlos a todos, pero Inés hace gala de su calma y mantiene a su hermana serena. Un soldado trae para el rey una carta de Álvar Pérez, en la que se avisa a Fernando de que la facción cordobesa favorable a los cristianos ha permitido al ejército del rey ganar la batalla y entrar en Córdoba. El rey debe partir para tomar posesión de la ciudad y lo hace muy honrado por el trato que ha recibido de sus anfitrionas; tras darles un diamante, promete que las pagará según sus deseos: ser bien atendidas y ser beneficiadas si presentan ante el rey una querella. Así dejan el terreno abonado para recuperar a sus amados. El rey promete hacerlo así y parte hacia Córdoba. Queda rezagado un soldado, que halaga la belleza de ambas y pretende conquistarlas, pero termina despeñado. Hasta el momento, las damas dicen haber robado a cincuenta hombres y matado a treinta. Sin embargo, Inés se muestra cansada de ese estilo de vida, y trata de persuadir a su hermana a marchar en busca del rey para, en Córdoba, demandarle el favor al que ha quedado obligado. Sin embargo, su plan se desbarata porque en ese momento llega un soldado que resulta ser su criado Orgaz. Lo apresan y van a darle muerte, cuando él, usando el ingenio, dice que tiene nuevas de don Lope y Álvar para que lo desaten. En realidad, no hay nada nuevo que saber, todo era una treta. Furiosa, Teresa se va tras un caminante para matarle, y Orgaz, que queda solo con Inés, logra convencerla para que lo suelte tras prometer que nunca revelará su paradero. No obstante, no tarda en caer en manos de Triviño y los suyos, que recorren la sierra en busca de salteadores; Triviño, a pesar de reconocer en él a su antiguo criado, lo manda ahorcar por desertor, pero Orgaz logra salvarse por segunda vez revelándole que acaba de ver a sus hijas. El afligido padre escucha las noticias y libera a Orgaz, para partir en busca de las deshonrosas y deshonradas.
Mientras, las jóvenes ya se han cobrado la vida de un pobre pastor que cantaba su historia, que se ha extendido. Pues la canción del pastor hablaba de que el padre de las serranas salteadoras las iba buscando para hacer justicia, Inés y Teresa temen ser encontradas por él, y deciden ir a pedir amparo y perdón al rey. Sin embargo, no consiguen marcharse porque a continuación sale Triviño acompañado por Orgaz y ellas se ven cercadas por los ballesteros de la Hermandad. Teresa quiere disparar contra Triviño, pero Inés se lo impide, antes bien, se transforma en cuadrillero para prender a su hermana y entregarla a su padre, rogándole sea piadoso con ambas. Acto seguido es Triviño el que se debate entre los deseos de conservar a sus hijas, matar a las dos o sólo a una de ellas, o matarse a sí mismo por sentirse responsable de su mala conducta. Antes de que se consume la tragedia, aparece el rey, como un Deus ex machina, que viene a saludar a las dos serranas. Cuando las ve atadas a un árbol, y Triviño le dice que esperan la muerte pues son culpables de haber matado a muchos viajeros, el Rey manda que las desaten luego, para pagar su deuda con ellas. Acto seguido, Fernando descubre además el parentesco entre Triviño y las serranas por una parte, y el motivo por el que Inés y Teresa se hicieron salteadoras. Cuando sabe que don Lope y Álvar Pérez no cumplieron la promesa de matrimonio hecha a las dos hermanas, el rey Fernando obliga a los dos traidores a casarse con ellas tal y como habían acordado. Así cumple tanto con lo que prometió a Triviño, como con lo que prometió a Inés y a Teresa. En memoria del hecho, y del alojamiento recibido en la cabaña de las dos serranas, manda que se construya en su lugar una casa que tomará el nombre de Venta de las dos Hermanas.