Félix Lope de Vega y Carpio

LA SELVA SIN AMOR




Texto utilizado para esta edición digital:
Menéndez Pelayo, Marcelino (ed.), “Obras de Lope de Vega, XIII, Madrid, Atlas (BAE CLXXXVIII), 1965, pp. 187-198.
Adaptación digital para EMOTHE:
  • Durá Celma, Rosa (Artelope)

ÉGLOGA PASTORAL QUE SE CANTÓ A SU MAJESTAD (Q. D. G.), EN FIESTAS DE SU SALUD
AL EXCELENTÍSIMO ALMIRANTE DE CASTILLA

No habiendo visto Vuestras Excelencia esta égloga, que se representó cantada a Sus Majestades y AA., cosa nueva en España, me pareció imprimirla, para que de esta suerte, con menos cuidado la imaginase Vuestra Excelencia, aunque lo menos que en ella hubo fueron mis versos.
La máquina del teatro hizo Cosme Lotti, ingeniero florentín, por quien Su Majestad envió a Italia para que asistiese a su servicio en jardines, fuentes y otras cosas, en que tiene raro y excelente ingenio. Nuevo Hieron Alejandrino, y no menos admirable en sus máquinas semoventes que aquel insigne griego, o el alemán famoso que hizo el águila que acompaño por el aire la coronada frente de Carlos {V}.
La primera vista del teatro, en habiendo corrido la tienda que le cubría, fue un mar en perspectiva, que descubría a los ojos (tanto puede el arte) muchas leguas de agua hasta la ribera opuesta, en cuyo puerto se vían la ciudad y el faro con algunas naves que, haciendo salva, disparaban, a quien también de los castillos respondían. Vianse asimismo algunos peces que fluctuaban según el movimiento de las ondas, que, con la misma inconstancia que si fueran verdaderas, se inquietaban, todo con luz artificial, sin que se viese ninguna, y siendo las que formaban aquel fingido día más de trescientas. Aquí Venus, en un carro que tiraban dos cisnes, habló con Amor, su hijo, que por lo alto de la máquina revolaba. Los instrumentos ocupaban la primera parte del teatro, sin ser vistos, a cuya armonía cantaban las figuras los versos, haciendo en la misma composición de la música las admiraciones, las quejas, los amores, las iras y los demás afectos.
Para el discurso de los pastores se desapareció el teatro marítimo, sin que este movimiento, con ser tan grande, le pudiese penetrar la vista, transformándose el mar en una selva, que significaba el soto de Manzanares con la puente, por quien pasaban en perspectiva cuantas cosas pudieron ser imitadas de las que entran y salen en la corte; y asimismo se vían la Casa de Campo y el Palacio, con cuanto desde aquella parte podía determinar la vista. El bajar los dioses y las demás transformaciones requería más discurso que la égloga, que, aunque era el alma, la hermosura de aquel cuerpo hacía que los oídos se rindiesen a los ojos. Esto para inteligencia basta, pues no es posible pintar el aparato sin fastidio, ni alabar las voces y instrumentos, sino con solo decir que fue digna de Sus Majestades y AA., y en regocijo de su salud, que siempre vaya en aumento con su fidelidad, a que entonces escribí así:

Alza la frente, de cristal ceñida,
que envidian los corales eritreos,
Manzanares humildes, a los trofeos
sacros al ave del Tusón vestida.
Febo español, la luz restituida,
cándida más que en árboles sabeos,
hoy amanece en almas y deseos
por justos votos de su fénix vida.
Sale de escura noche más hermosa
la blanca aurora a repartir colores,
nieve al jazmín y púrpura a la rosa.
Así Felipe dio rayos mayores,
y amaneciendo su salud dichosa,
los ojos almas y los campos flores.


Elenco

[AMOR]
[VENUS]
[FILIS], [ninfa]
[FLORA], [ninfa]
[JACINTO], [pastor]
[RÍO MANZANARES]
[SILVIO]  , [pastor]
[TRES AMORES: VOLUNTAD, MEMORIA Y ENTENDIMIENTO]

PROLOGO
VENUS y AMOR.

Venus
Silva (tirada)
Cándidos cisnes, que vestís la espuma
de quien yo procedí; llama amorosa,
aunque ella envidia vuestra blanca pluma,
la superficie discurrid undosa,
5
cortando con los pechos los cristales
del húmedo elemento;
dividid con los pies verdes corales,
que ignoran tiernos el color sangriento;
desengañad los nácares, que aurora
10
me presumen, abiertos al rocío
de las preciosas lágrimas que llora
por el hijo querido, en Troya muerto,
en cuyas conchas, breve imperio mío,
también nacen por mí las perlas bellas.
15
Abrid por estas ondas paso incierto,
pues voy segura en ellas
de que otra vez mi pie produzca rosas,
vengando las celosas
ninfas el verde espino, que me debe
20
la púrpura nacida entre su nieve.
No envidie el plaustro mío el de mi hermano,
que, como el rojo Apolo por los cielos,
surcando el Océano,
haréis por estas ondas paralelos,
25
y como por su eclíptica dilata
sonoras ruedas de oro,
vosotros las de plata.
Serán, en vez de Aries y del Toro,
signos aquí los peces; mas ¡ay cielos,
30
qué sombras forman vuestros puros velos!,
que como mengua y crece,
trémula por las ondas aparece;
mas no fue sombra vana.
Mi hijo es este, ¡oh, mal nacida fiera!
35
¿Adónde vas, Amor? Amor, espera.

Amor
Madre querida mía,
en el mar proceloso
templo las flechas, y entretengo el día
jugando por el aire vagaroso,
40
que en este dulce juego
me alegra el convertir el agua en fuego.
Mira cuál van huyendo,
así con paz reposes,
tantos marinos dioses,
45
de quien me estoy riendo;
y en tanta confusión, tantos cuidados,
ejércitos de peces abrasados.
¿Hay más alegre vista, madre hermosa,
que en tocando la flecha enamorada,
50
verlos volver la espalda plateada,
y teñir el cristal sangre amorosa?

Venus
Bárbaro, ¿agora juegas?

Amor
Pues ¿no soy niño yo, querida madre?

Venus
¿La edad conmigo niegas
55
tú, de los mismos elementos padre;
tú, por quien todo se produce y cría,
se aumenta y se sustenta?
Amor, amor, la edad del tiempo tienes;
los dos nacisteis en un mismo día.
60
¿Agora juegas, en eterna afrenta
de tu valor? ¿Agora ocioso vives,
y el arco entero círculo dispones?
¿Para matar nereidas y tritones,
en focas viles, en marinas deas,
65
de las flechas empleas
el oro venenoso,
de quien no se resiste
ni Marte riguroso
armado de diamante,
70
ni Júpiter tonante,
que por los campos de Fenicia viste
pacer, al blanco pie de Europa un día,
las hierbas que pisaba y florecía,
y el que fieros Encélados fulmina,
75
cisne por Leda, fuego por Egina?
¿La fría luna enciendes,
y de su esfera al monte la desciendes?
Y ¿aquí gastas, Amor, por burla y juego,
en campos de cristal flechas de fuego?

Amor
80
Pues ¿qué deidad habrá que Amor no venza?

Venus
Bien lo sé yo, tirano,
que aun hoy, entre las redes de Vulcano,
de los dioses la risa me avergüenza.

Amor
No más, hermosa Venus, madre mía;
85
volved en alegría
las perlas y las rosas.

Venus
Si hoy matas peces viles,
cogerás otro día
pintadas mariposas;
90
¿qué Alejandros, qué Césares, qué Aquiles?

Amor
Madre, ¿por qué me afrentas,
si sabes que sé yo de ti vengarme?

Venus
Por ver qué hazañas intentas.

Amor
Pues si suelen pintarme
95
en una mano un pez y en otras flores,
porque es mi imperio igual en mar y en tierra,
¿por qué no lo ha de ser también la guerra
de mis tiernos amores?

Venus
Yo no te digo, Amor, que no enamores,
100
la mar, la tierra, el aire, el mismo fuego,
ame la salamandra, si en él vive,
pero cuando mayores
hazañas te apercibe
Nemesis para darte honor y gloria,
105
¿tienes tú por victoria
rendir muros de vidrio al transparente
reino sin luz del húmedo tridente?

Amor
¿Qué hazañas, madre amada?

Venus
Hay una selva a Dafne consagrada,
110
opuesta a Pafo, Chipre y Ericina,
en la corte de España, Amor querido,
donde Felipe e Isabel divina
reinan en paz, y muchos años reinen.
Esta selva, este campo, este florido
115
bosque, por más que sus orillas peinen
las aguas del humilde Manzanares,
que envidian por su dueño inmensos mares,
nunca deshace y pierde
del fresco muro la corona verde.
120
Esta la selva sin amor se llama,
si no miente la fama;
aquí tiene su corte la hermosura,
aquí el desdén su esfera,
aquí Dafne cruel, áspera y dura;
125
en paz las fugitivas plantas crecen;
aquí no se obedecen
tus leyes amorosas;
aquí salen al prado desdeñosas
Dórida y Amarilis,
130
Belisa, Flora y Filis;
y si cogiendo rosas
de las verdes orillas,
en sus blancas cestillas,
algún pastor o fauno semideo
135
las ve curioso y mira con deseo,
dejan las flores y se esconden luego.

Amor
Madre, no más; yo haré que en vivo fuego
arda la selva, de la ninfa al ave;
no he menester la nave,
140
que ya surcando estrellas,
pisa, en vez de las ondas, luces bellas.
Yo parto a España, que volver deseo
por mi real decoro;
flechas quiero llevar de plomo y de oro,
145
de desdenes y amores.
Ya parece que veo
las aves suspirar, arder las flores,
las fuentes dilatarse en plata viva,
y quejarse la cierva fugitiva.
150
¡Así, selva traidora,
así, que sois agora
el reino de la nieve!
¿Manzanares se atreve
a no pagar tributo al poder mío?

Venus
155
Diles, querido Amor, que yo te envío.

Amor
No, madre, que dirán que estáis celosa
de que haya algunas de ellas más hermosa.
Madre, yo parto; adió, que cuando vuelva
diréis que es fuego lo que agora es selva.

SILVIO y FILIS.

Silvio
160
Verdes, altos laureles,
adonde aún vive agora
de Dafne rigurosa el alma ingrata,
cuyos brazos crueles
el sol adora y dora;
165
pura corriente, sonorosa plata,
adonde se retrata
una divina fiera,
más que en su espino rosa
defendida y hermosa;
170
mis quejas escuchad antes que muera.
Oíd mi cisne vida,
que canta y llora su mortal partida.

Filis
Verde bosque sombrío,
florido, ameno prado,
175
sagrada selva, a Dafne rigurosa,
claro, apacible río,
de lirios coronado,
del honesto desdén patria dichosa,
y de la casta diosa
180
habitación y esfera,
donde su paz divina
a libertad me inclina
la dulce de los años primavera,
oíd mi pensamiento,
185
que vuela libre en la región del viento.

Silvio
Yo soy, amor ingrato,
quien, más aborrecido,
amó con más verdad; perdone Apolo,
no Dafne; su retrato
190
en belleza y olvido
es de mi vida pensamiento solo.
No mira desde el polo
al término del día
el sol mayor belleza,
195
no tienen más firmeza,
entre tantos desdenes, que la mía,
pues ingrata la adoro,
del celeste cristal los ejes de oro.

Filis
Yo soy quien no ha pagado
200
tributo al amor loco,
tirano sin razón del albedrío,
ni miro con cuidado,
ni amada, me provoco
de ajeno amor para rendir el mío.
205
Riberas de este río,
libre de amor y exenta,
honesta vida paso;
no hay amoroso caso
que no me tenga a defenderme atenta.
210
Así, libre contemplo
mi propia pena en el ajeno ejemplo.

Silvio
Filis hermosa, ¿adónde?

Filis
¿Ay, triste yo?

Silvio
Detente,
vuelve a coger las flores,
215
que si tu sol se esconde
en el mar de Occidente,
mis ojos, mares te darán mayores.
¡Ay, Filis, qué rigores
castigan mis deseos!
220
¿Mis dones dejas, mi cuidado aprestas?
¿Qué primitivas flores
no truje a ser trofeos
del blanco pie con que de mí te ausentas?
Las cérvices exentas
225
del yugo, los novillos
a tus plantas rindieron;
de pluma se vistieron
apenas los pintados pajarillos,
cuando en los aires vanos
230
fueron despojos de tus blancas manos.
Aquí, dulce enemiga,
te traigo ruiseñores,
calandrias y esmaltados colorines,
que a la engañosa liga
235
y reclamos traidores,
bajaron de estas hiedras y jazmines,
porque a pensar te inclines
que así tus ojos fueron;
así dulces llamaron
240
al alma que engañaron
y las potencias que en su red cayeron,
quedando, ingrata, asidos
en su fingida risa mis sentidos.

Filis
Extranjero pastor, ¿por qué me sigues?

Silvio
245
Oye por cortesía.

Filis
Cuando a escucharte mi desdén obligué,
¿qué me puedes decir que no me canse?

Silvio
Que dejes, Filis mía,
que en esas luces mi dolor descanse;
250
déjame verte, y véngate de verme
abrasar en tus rayos.

Filis
¿Que tengo de escucharte y ofenderme?

Silvio
Mis penas, mis desmayos,
mis ansias amorosas, mis fatigas,
255
mueven los montes y las duras fieras,
con ser de los humanos enemigas;
tú sola perseveras
en ser más fiera y dura.
¡Oh, grave desventura!,
260
que lo que un monte mueve,
no mueve un tierno pecho,
un rostro hermoso, un corazón humano.
¿Eres mármol? ¡Oh, Filis! ¿Eres nieve?
Recibe de mi mano
265
esta cárcel piadosa
de tiernos y pintados jilguerillos,
que a traición los prendí por imitarte.

Filis
Recibiré gozosa
esta prisión de simples pajarillos,
270
y no por agradarte,
mas para abrir la puerta,
que como al aire van por senda incierta,
así libre de amor me parto.

Silvio
¡Ay, fiera!
¡Si así tu mano libertad me diera!
275
La suya quieres que en el aire intenten,
piadosa con las cosas que no sienten;
abre la puerta a mi prisión, ingrata;
las almas, no los pájaros rescata.
¡Oh, condición de tu desdén tirano!

Filis
280
Silvio, cánsate en vano,
y mueves sin provecho
los montes y las fieras;
vivir libre me agrada,
a Dafne consagrada,
285
diosa de estas riberas.

Silvio
¡Oh, cuántas confianzas
el amor ha rendido!
¡Ay, Filis, cuántas veces el olvido
despertó sus venganzas!
290
Y cuando amor de ti vencido quede,
podrán los años lo que amor no puede.
Sale la pura noche con el día,
en hojas de esmeraldas arrogante;
viene la noche, y con la mano fría
295
marchita su hermosura.
Pues dime tu, cuando el cristal te espante,
¿qué harás, Filis, qué harás?

Filis
Vivir segura;
y déjame, te ruego.

Silvio
¿Qué cosa sin amor contenta vive?

Filis
300
Amor es loco y ciego.

Silvio
¡Que la soberbia de este bien te prive!

Filis
¡Ay, guárdenme los cielos
que yo sepa de amor ni entienda celos!

Silvio
Filis, Filis cruel, ¿esto permites?
305
Detente, espera, advierte
que has de llorar mi muerte;
así el amor piadoso hará que imites
el alma de Anaxarte, en piedra helada.
¿A qué mujer pesó de ser amada,
310
si no es a ti, cruel? ¿Qué haré?, que muero.
Si no es la muerte, ¿qué remedio espero?
¡Que se fuese y que muerto me dejase!
¡Oh, selva sin amor, amor te abrase!
Hoy se acabó mi vida.
315
¡Ay, Filis homicida!
Hoy a tus manos muero.
Si no es la muerte, ¿qué remedio espero?
¿Que apenas me mirase!
¡Oh, selva sin amor, amor te abrase!

JACINTO y SILVIO.

Jacinto
320
Parece que he sentido
entre estos sauces lastimosas quejas.
¡Hola, pastor perdido!
¿Dónde el ganado y el sentido dejas?
¿Qué pena, qué cuidado
325
te aparta del sentido y del ganado?
¿Qué miras a los cielos?
¿Adónde vas sin alma, Silvio amigo?

Silvio
En tantos desconsuelos
descansaré contigo,
330
si puede alguna cosa descansarme,
Jacinto mío, en tanta desventura,
que me matan deseos de matarme.

Jacinto
Silvio, si la amistad sencilla y pura
es el descanso de los males, solo
335
el alma, que conoces, te asegura.

Silvio
Escucha, pues, en tanto
que igualo con el llanto
las quejas tristes del dorado Apolo,
pues tanto a Dafne Filis, siempre ingrata,
340
en la belleza y el desdén retrata.
De las heladas nieves
del frío Guadarrama
bajé a los campos de Madrid un día.
¡Ay, cuánto en horas breves
345
enciende amor la llama
que desterró la paz en que vivía!
En esta fuente fría
a Filis vi sentada,
el cabello esparcido
350
al viento y al olvido,
de sus mismas acciones olvidada,
pareciendo sirena,
con líneas de oro cándida azucena.
Quedé sin vida en viendo
355
su hermosura, Jacinto;
y ella, en viéndome a mí, las bellas plantas
dio tan ligera huyendo
al verde laberinto,
que venciera Camilas y Atalantas,
360
porque de flores tantas
como el prado tenía,
no lastimó ninguna;
así la blanca luna
el verde monte Latmo discurría,
365
y así, la vista en calma,
suspenso yo, la fue siguiendo el alma.
Pregunto a los pastores
su condición y estado,
y todos me aconsejan que me vuelva,
370
que no saben de amores
las ninfas de este prado.
Aunque amoroso llanto me resuelva,
perdido en esta selva,
no vuelvo al patrio monte;
375
aquí vivo, aquí muero,
espero y desespero;
ni sé más cielo ya que su horizonte,
porque estos verdes sotos,
pues duerme la razón, producen lotos
380
son todas estas fuentes
espejos meduseos;
piedra debo de ser desde aquel día.
¡Ay Dios, cuán diferentes
los humanos deseos,
385
siguiendo van su natural porfía!
Aquí la ingrata mía
de suerte me ha tratado,
que si una roca hubiera,
a Manzanares diera
390
la vida, entre sus aguas sepultado;
que para mis enojos,
se las aumentan, con llorar, mis ojos.

Jacinto
No es en los males el menor consuelo,
Silvio, la compañía;
395
así permite el cielo,
cuando más la esperanza desconfía,
que se mengüe el dolor de padecellos
con ver otros mayores.
Silvio, de Flora vi los ojos bellos;
400
Flora, del prado honor, y a quien las flores,
para vestirse imitan sus colores,
unas tomando nieve y otras grana,
con que también se afeita la mañana,
pero si alguna cosa a su belleza
405
puede igualar, es sola la dureza.
Palabra no la digo
que me escuche jamás, tan mal me trata,
que como quien encuentra a su enemigo,
así pasa por mí la bella ingrata;
410
y aunque morir me vea,
muestra que lo desea,
en que verás que no hay tan gran desdicha.
Que en otro desdichado
no pueda ser mayor, ¡oh, Silvio amado!
415
Y más si tuvo dicha.

Silvio
Jacinto, ¿cómo pasas tú las horas,
que corren perezosas por los males,
después que a Flora adoras?

Jacinto
Huyo la ociosidad, que en casos tales
420
con ella son mayores;
pongo a las aves lazos, siembro flores
o persigo los ciervos fugitivos;
planto vides y olivos,
o saco de los corchos otras veces
425
los panales nativos,
o pongo cebo dulce a simples peces.

Silvio
Irme quiero contigo.

Jacinto
Silvio, yo soy tu verdadero amigo.

Silvio
¡Que la cruel se fuese y me dejase!
430
¡Oh, selva sin amor, amor te abrase!

Coro de los tres amores.

[Coro]
Tres amores venimos
en un supuesto,
voluntad y memoria y entendimiento.
Voluntades aman
435
por lo que entienden,
de lo que han entendido memoria tienen;
divididas quieren en un sujeto,
memoria, voluntad y entendimiento.

[AMOR] solo.

Amor
Obediente al imperio
440
de mi madre ofendida,
del mar de Chipre vengo al suelo iberio.
Este es el centro de la fuerte España,
de su misma aspereza defendida;
este es Madrid, aquella la montaña
445
de cuyas peñas altas y dispares
desciende perezoso Manzanares,
y de una en otra vega
en sí mismo navega,
hasta que besa el pie del edificio
450
del gran Felipe, espléndido solsticio,
que de su luz inaccesible baña,
y la bella Isabel, gloria de España,
lirio divino que bajó del cielo
en puro hermoso velo.
455
Aquí su cuarta esfera
con los rayos de Apolo reverbera;
aquí me ofrecen sus amores fruto,
y tengo por tributo
un ángel tan hermoso
460
de su santo himeneo,
que es amor de mi amor, y amor de amores;
y ¿qué mayor trofeo
que coronar de flores,
de mirtos y laureles,
465
mis flechas dulces, ya que no crueles?
Pues la hermosa María,
la reina serenísima de Hungría,
y el invicto Fernando,
previenen glorias a mis triunfos, dando
470
esperanzas suaves
de producir las imperiales aves
en el sagrado nido;
mas ¿cómo, divertido
en su esplendor, no veo
475
el fin de mi deseo?
Este es el río, el prado, el valle umbroso.
Esta es la selva sin amor, en esta
vive el desdén cruel, reina el olvido.
¡Oh, bárbara floresta,
480
que a las luces de amor rebelde ha sido!
Hoy arderá tu suelo,
que a la naturaleza, al mismo cielo
ofende tu esperanza.
Estas las ninfas son cuya belleza
485
me ha perdido el decoro;
prevengo el arco y las saetas de oro.

FILIS, FLORA y AMOR.

Coro de las dos juntas
Al Amor, que es niño ciego,
y quiere abrasar la tierra,
¡armas, armas, guerra, guerra!
490
Al tirano que se atreve
a la mejor libertad,
al que sin tratar verdad,
menos paga a quien más debe,
armarse el pecho de nieve
495
para resistir su fuego.
Al Amor, que es niño ciego,
y quiere abrasar la tierra,
¡armas, armas, guerra, guerra!

Filis
Esto me dijo Silvio, Flora amiga;
500
pero yo, como siempre, desdeñosa
y de amor enemiga,
del áspid de Eurídice temerosa,
huyendo fui por el ameno prado.

Flora
Jacinto me contaba su cuidado,
505
Filis, también a mí, que a la ribera
bajé por flores a la luz primera
de la clara mañana,
para vestir las aras de Diana,
pero en oyendo yo tratar de amores,
510
como si un áspid venenoso fuera,
dejé las flores y pisé las flores,
y dando envidia al viento,
burlando su atrevido pensamiento,
tomé venganza en risa.
515
Mis armas son desdén, y mi divisa
aborrecer los hombres.

Filis
Para escuchar sus nombres
aún no tengo paciencia.

Flora
Con poca resistencia
520
se vence un niño ciego.

Amor
Agora tiro y las abraso en fuego.

Filis
Repara, Flora, y mira
que aquella blanca tórtola suspira;
¿no ves aquella cierva
525
llamar el gamo, y él pacer la yerba
ocioso y descuidado?
El arroyuelo de este ameno prado
sale a besar las flores,
con lengua de cristal las dice amores.
530
¿Qué novedad es esta?

Flora
¡Ay, Filis! ¿Por qué causa
alma quejosa apresta
al aire filomena en voz suave,
ya trina, ya se queda en dulce pausa?

Filis
535
Advierte que no hay ave
que no cante de amor; todo suspira.
Mira estas vides, mira
cómo con verdes rúbricas se enlazan
a estos olmos que abrazan.

Flora
540
¡Ay, Dios, algo sospecho!

Filis
Fuego siento en el pecho.

Flora
Por la venganza que de ti temía,
callaba yo lo mismo que sentía.

Filis
No me pesara, Flora,
545
de ver a Silvio agora.

Flora
Ni a mí a Jacinto, Filis.

Filis
¡Ay, cielos!, si le viera,
¡qué tiernos pensamientos le dijera!

JACINTO, SILVIO, AMOR, FILIS, FLORA.

Jacinto
Esto dice la mágica Amarilis,
550
de cuya ciencia creo
el fin de mi deseo.

Silvio
No la ha igualado Circe, ni en la selva
ninfa o pastora alguna.

Jacinto
No hay mar que no revuelva;
555
letras escribe en la triforme luna,
y tiembla sus conjuros Aqueronte.

Silvio
Hará de un monte valle, y valle un monte.

Amor
Para mayor venganza del olvido,
con la flecha de plomo herirlos quiero.

Silvio
560
Yo pienso que Amarilis ha tenido
lástima de los dos; que el rigor fiero
no siento de la pena que sentía,
no viendo la cruel pastora mía.

Jacinto
Ni me parece a mí que siento ahora,
565
Silvio, no ver a Flora;
sin duda que la Sabia,
viendo que Amor de su desdén se agravia,
nos ha llevado al agua del olvido.

Filis
¿Mi Silvio no es aquel? ¡Silvio querido!

Flora
570
¿Jacinto no es aquel? ¡Jacinto amado!

Silvio
¿Sois acaso pastoras de este prado?
¿Vivís por estos valles?
Que parecéis de razonables talles.

Filis
¿Qué dices, Silvio mío?
575
Yo soy tu amada Filis.

Silvio
Ese nombre no he oído
jamás.

Filis
¡Qué desvarío!
¿A quién habrá que tu rigor no asombre?

Flora
Y tú, Jacinto, ¿ignoras por ventura
580
que soy tu Flora yo? Mírame atento.

Jacinto
No hay fuera de estos prados hermosura.

Flora
Jacinto, ¿quién mudó tu pensamiento?

Filis
Silvio, ¿no me querías?
¿No era tu dueño yo?

Silvio
585
Mudan los días,
Filis, las condiciones.

Flora
Jacinto, ¿tú no escuchas mis razones?

Jacinto
¿Quién da voces aquí tan desiguales?

Amor
Deidades celestiales,
590
venid a ver arder el hielo frío;
venid, venid a ver el poder mío;
venid a ver lo que mi fuego puede.

Filis
Silvio, vuelve a mirarme.

Silvio
Filis, ¿quieres dejarme?

Flora
595
Oye, Jacinto, y solo le concede
este favor al alma que te adora.

Jacinto
¿Es Flora?

Flora
Yo soy Flora.

Jacinto
Pues yo quien te aborrece.

Amor
Como crece el desdén, el amor crece.

Jacinto
600
Huiré, Flora, de ti; tanto me ofendo
de verte y de escucharte.

Flora
Pues yo te iré siguiendo.

Jacinto
Aborrecerte es fuerza.

Flora
Y fuerza amarte.

Filis
¿Serás tú, por ventura,
605
Silvio, de condición tan fiera y dura?

Silvio
Seré, por no escucharte, el mismo viento.

Filis
Y yo, en seguirte, el mismo pensamiento.

Amor
Madre, ya estás vengada;
de hoy más será llamada
610
de ninfas y pastores,
la selva sin amor, selva de amores.

MANZANARES y AMOR.

Manzanares
¿Quién eres tú, rapaz, quién, que insolente,
de tu veneno ardiente
inficionas el claro imperio mío?
615
Ninfas de mi ribera, un niño ciego
penetra lince vuestro centro frío,
y mi puro cristal convierte en fuego.
¡Prendedle, muera luego
quien viene a interrumpir vuestro reposo!

Amor
620
Madre, diosa de amor, planeta hermoso,
¡favor, pues he venido a obedecerte!

MANZANARES, AMOR, JACINTO, SILVIO, FILIS, FLORA y VENUS.

Venus
Villano Manzanares, ¿de esta suerte
se trata el hijo mío?
¿Quién arde el Océano
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osa afrentar un río
que apenas en invierno tiene aumento?
En pago de tu loco atrevimiento
esta flecha te envío,
que tu corriente seque en el verano,
630
tanto, que por tu margen, siempre amena,
seas cadáver de abrasada arena;
vera tú centro el sol.

Manzanares
¡Detén la mano!
¡Piedad, madre de Amor, piedad, que muero!
Si agua me falta, ¿qué remedio espero?
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Mas, Venus, ya que yo, siendo elemento
tan frío y siempre de tu fuego exento,
quieres que sea salamandra en agua
y que mi hielo se convierta en fragua,
no permitas que pase
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pastor por esta selva
sin que también se abrase
y en amoroso fuego se resuelva.
Los dioses y los reyes
iguales han de establecer las leyes.
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Amén, pues amo yo, pero señala
a quien tengo de amar.

Venus
No sé quién sea.

Manzanares
Amor, tira una flecha a Galatea.

Venus
Aunque esta fuente en su cristal me avisa
que en el desdén y la hermosura iguala
650
a Narciso Narcisa...

Amor
Madre, no pienses a quién ame un río
vestido de ovas y de hielo frío;
yo haré que bajen a bañarse damas,
que por julio le abrasen en sus llamas.

Manzanares
655
Amor, no más crueldad; en paz quedemos.

Amor
¿Bañarse en tu cristal llamas castigo?

Venus
Ven, dulce Amor, conmigo.

Amor
Madre, ya voy, pero los dos extremos
de olvido en los pastores
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serán, de hoy más, extremos en amores
con esta flecha de oro.

Jacinto
¡Ay, Silvio, a Flora adoro!

Silvio
Yo a Filis, a quien antes despreciaba.

Jacinto
¡Amor divino, poderosa aljaba!

Coro de todos
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Quede en los olmos de esta margen verde,
para que siempre la memoria acuerde
de esta historia el ejemplo,
en el sagrado templo
de la amorosa fama,
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escrito que se llama
de ninfas y pastores,
La selva sin amor, selva de amores.