Yo, generoso africano,
soy de los fines de Europa,
hija soy del rey de Atenas,
que no humilde labradora.
1870
Mi proprio nombre es Casandra,
que las desdichas me nombran
Laura, aunque nunca he podido
salir dellas vitoriosa.
Quiso mi padre casarme,
1875
concertáronse las bodas
con el príncipe Seleuco,
hijo del rey de Antioquía.
Labrose una fuerte nave,
que de la popa a la proa,
1880
cuando era gigante el mar
le pudo servir de joya.
Del archipiélago bravo
mansas estaban las olas
cuando me embarcó mi padre
1885
con lágrimas amorosas.
Acompáñanme sus grandes
y algunas grandes señoras,
y el Embajador, a quien
el mar la embajada acorta.
1890
Damos al viento los lienzos,
él brama en las pardas sogas,
a cuya música ayudan
las trompetas sonorosas.
Dejamos atrás las islas,
1895
que el archipiélago adornan
tantas que en lejos parece
que todas son una sombra.
Pero a la vista de Candia,
el viento que estaba en popa,
1900
por proa enviste la nave
con tempestad espantosa.
El Sol se esconde, las nubes
se enlutan de negras tocas,
los elementos se alteran
1905
en batalla tan furiosa.
La confusión va creciendo,
auméntase la congoja,
dan voces, tal vez amaina
y tal vez vira la borda.
1910
Yo triste estaba aprendiendo
estos nombres a mi costa,
lengua del mar que se estudia
cuando es todo Babilonia.
A este tiempo las deidades,
1915
a nuestras lágrimas sordas,
más fuerza al ábrego envían,
más licencia al fiero bóreas.
Rómpese el árbol mayor
y a tres o cuatro personas
1920
quita el temor de aguardar
a que la nave se rompa.
Entonces ya sin consejo
una pobre barca abordan
que iba de la nave asida
1925
con un pedazo de escota.
Métenme en ella bajando
por una embreada soga
sobre quien ha de ir conmigo,
los más nobles se alborotan.
1930
Llegan, en fin, a las manos,
dellos en el mar se arrojan,
dellos en los bordes muertos
beben las saladas ondas.
Impele la barca el mar,
1935
las estrellas y las olas
entran juntas en consejo
de mi muerte lastimosa.
Aquel viento que se engendra
del ártico polo escombra
1940
entonces con tal furor
las montañas espumosas,
que de sierra en sierra de agua,
da con las tablas ya rotas
en una playa y la arena
1945
me sepulta en algas toda,
cuando Leonardo, el villano
que dices, desde las rocas
deste mar de Alejandría
dio mejor fin a mi historia
1950
que Codro a la de Pompeyo,
pues llegando desemboza
la barca de algas y espumas
y hace que en sus brazos ponga
más agua que cuerpo y vida,
1955
donde mi esperanza cobra
la que no pensó tener.
Así los cielos revocan,
tal vez, primeras sentencias,
con revistas más piadosas.
1960
Diome su casa y su pecho,
Laura me nombra y me adora,
esta obligación le debo,
mira si son estas obras
dignas de agradecimiento.
1965
Esto soy, tú piensa agora
lo que soy y cuánto a mí
yo pienso guardar mi honra.