Quisiera
que hubieras visto, Leonarda,
la hermosa plaza de Lerma.
Un cuadro como en pintura.
Fuertes pilares de piedra,
905
balcones todos iguales,
ventanajes y vidrieras;
en una de ellas al Rey
con la hermosísima Reina
de Francia; el príncipe, en quien
910
discreción, gracia y belleza
compiten sobre el lugar,
y tienen igual sentencia
los demás ángeles bellos
como el sol y las estrellas;
915
el príncipe de Saboya,
las damas, en quien pudiera
sacar Zeuxis más hermosa
la diosa que admira a Grecia;
el Duque y muchos señores,
920
que la villa entonces era
ciudad, corte y huésped rico
de majestad y grandeza.
Un caballero de Burgos
con ocho rejones entre,
925
galán, de negro y azul,
a dar principio a las fiestas.
Salen los toros, Leonarda,
que la romana soberbia
no corrió en su anfiteatro
930
del Asia tan bravas fieras.
De Segovia un caballero,
que allá en sus fiestas dio muestra
del valor de su persona,
quiso también darle en estas;
935
lanzadas y cuchilladas
como delante el Rey vieras,
porque el Rey es como el sol,
y el sol cuando mira calienta.
Detrás de la galería
940
hay una trampa encubierta,
que el despeñadero llaman
porque, en entrando por ella,
no hay volteador en maroma
que dé tan extrañas vueltas
945
como da un toro hasta el río,
que en su corriente le espera
cubiertas de blancos cisnes,
que le han de hacer las obsequias,
porque cantan en la muerte,
950
y debe de ser en estas.
Muchos cayeron allí,
que, para que el rey los viera,
se arrojaron a morir,
que aun hay lisonja en las bestias.
955
Duró la fiesta la tarde,
y entró por remate de ella,
Leonarda, el juego de cañas,
que de a cuatro pienso que eran.
Seis cuadrillas las más nobles,
960
las más lúcidas y bellas
que tiraron caña a adarga,
ni vieron lanza jineta,
sacó el conde de Saldaña,
hijo del duque de Lerma,
965
con que queda encarecido;
no hay más, Leonarda, que sepas;
dos puestos cuyas colores
eran pardo y verde, y piensa
que una esperanza tan alta
970
tan justos trabajos cuesta.
Don Luis Lasso, hijo del conde
de los Arcos, a quien diera
el suyo Amor aquel día
como al Rentín las flechas,
975
con don Francisco de Prado
y aquel honor de su tierra
don Carlos.