CONDE FERNÁN GONZÁLEZ, Tragicomedia famosa, EL
DATOS BIBLIOGRÁFICOS
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Título: CONDE FERNÁN GONZÁLEZ, Tragicomedia famosa, EL. Procedencia: Parte 19 (1623), P2
Título: LIBERTAD DE CASTILLA POR EL CONDE FERNÁN GONZÁLEZ, LA. Procedencia: FINAL ACTO III
Autoría
Autor: Félix Lope de Vega y Carpio. Fiabilidad: De autoría fiable
Peregrino
Citado en El peregrino I: No
Citado en El peregrino II: Sí
Parte
Parte XIX (1624)
Manuscrito
Tipo: Copia
Localización: Parma, Biblioteca Palatina (Italia)
Ref. bibliográfica: Restori, Antonio: Una collezione di commedie di Lope de Vega Carpio ([CC.* V. 28032 della Palatina Parmense]). Livorno, Tipografia Francesco Vigo, 1891. 18.
Nota: Signatura CC.* V. 28032/ XXX
Otras ediciones del siglo XVII
No consta
Colecciones modernas
*Ref. bibliográfica: VVAA: Teatro Español del Siglo de Oro (Base de datos de texto completo publicada en CD-ROM). ProQuest LLC, Chadwyck-Healey, 1997.
Ref. bibliográfica: Menéndez Pelayo, M., ed.: Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española. ( 15 vols.). Madrid, RAE, 1890-1913. VII (BAE, CXCVI).
* Edición utilizada
Ediciones singulares modernas
No consta
Versiones y traducciones
No se conocen
Bibliografía secundaria
- Belena, Emmanuel. El conde Fernán González de Lope de Vega y sus fuentes literarias e históricas. Florida State. 2002.
Nota: Véase también: Dissertation Abstracts International, Section A: The Humanities and Social Sciences 2002 vol. 62 num. 7, p. 2443.
- Calvo, Florencia. "El conde Fernán González de Lope de Vega: Huellas medievales en la construcción de un héroe dramático barroco". Medievalia. núm. 27. p. 44-51. 1998.
- Swislocki, Marsha . "Lope de Vega entre romancero y comedia. El conde Fernán González ". De la Granja, Agustín; Martínez Berbel, Juan Antonio . Mira de Amescua en candelero. Actas del Congreso Internacional sobre Mira de Amescua y el Teatro Español del Siglo XVII. Granada: Universidad de Granada. 1996. 2, p. 497-506.
Nota: Congreso celebrado en Granada, 27 - 30 de octubre de 1994 .
ANOTACIONES PRAGMÁTICAS
Ver / Ocultar secciónDatación
Fecha: 1606-1612, probablemente 1610-1612?
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 303.
Dedicatorias
A Luis Sánchez García, Secretario del Supremo Consejo de la Santa y General Inquisición.
Cómputo de versos
Número: 3184
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 303.
CARACTERIZACIONES
Ver / Ocultar secciónPersonajes no computables
Personajes computables
Universo social
Tiempo histórico
Edad Media
Nota: Siglo X. Epoca de Fernán González, conde de Castilla.
Marco espacial
Acto 1
Topónimo: Castilla, [España]. Europa. Espacio: campo; ermita; palacio; pueblo.
Topónimo: Navarra. [España]. Europa. Espacio: palacio.
Acto 2
Topónimo: Castilla, [España]. Europa. Espacio: palacio; campo.
Topónimo: León. [España]. Europa. Espacio: palacio.
Topónimo: Navarra. [España]. Europa. Espacio: palacio; cárcel.
Acto 3
Topónimo: León. [España]. Europa. Espacio: palacio; cárcel.
Topónimo: Castilla, [España]. Europa. Espacio: campo; ermita; pueblo.
Topónimo: León. [España]. Europa. Espacio: palacio, jardines, interior; cárcel; monte; palacio, alrededores.
Duración
Entreacto 1 a 2: Número indeterminado de años. Nota: Entre I y II transcurre un número indeterminado de años
Entreacto 2 a 3: 2 años (aprox.). Nota: Entre II y III transcurren más de dos años
Género
Género principal:
- Drama > historial > profano > hechos famosos públicos > España > medievales.
Extracto argumental
Acto 1
El conde Fernán González, de caza por el monte va persiguiendo un jabalí, se encuentra inopinadamente con una ermita donde pide a Dios protección y ayuda contra Almanzor, que se dispone a atacar Castilla. El monje Pelayo, que escucha sus oraciones, le vaticina sus victorias sobre el rey moro y le ruega que honre su ermita en agradecimiento. El Conde le promete que construirá en dicho lugar un templo memorial que será también su sepultura.
Mientras esto sucede, los caballeros del Conde (Nuño Láinez, Gonzalo Díaz, Lope de Vizcaya), que andan buscándole por el monte, comienzan a preocuparse del desamparo en que quedarían frente a las tropas de Almanzor, en el caso de que Fernán González hubiera muerto. Pero el Conde aparece de pronto y les anima con la confianza en la ayuda de Dios que le ha prometido el monje Pelayo y les incita al combate, aunque sólo son trescientos caballeros. Al marcharse todos para preparar el combate, sucede un hecho prodigioso, y es que la tierra se traga a un soldado, lo que interpretan todos, a excepción del Conde, como un suceso de mal agüero.
Con estas graves circunstancias contrasta la jocosidad del diálogo entre la villana Fenisa y su enamorado Mendo, a quien le propone, para evitar que su padre la case con otro pretendiente (Bartol), que la rapte disfrazado de moro. Hasta donde ella se encuentra, sola e inquieta por el sonido de los tambores de guerra, llega Fernán González en persecución de Almanzor, a cuyas tropas ha derrotado. Llega sediento y Fenisa le da de beber. Allí se le reúnen sus caballeros y soldados para celebrar la victoria sobre Almanzor, pero el Conde, recordando sus votos, se dirige a la ermita del monje Pelayo. En ese lugar se concentran también labradores y labradoras que cantan y bailan celebrando la gloria del Conde, quien, de rodillas con sus soldados, ofrece al apóstol Santiago el botín ganado en la batalla para construir la iglesia.
En la corte navarra, el rey don Sancho Abarca, receloso con el Conde por su arrogancia y por su comportamiento nada servil con el Rey de León, y que ha atacado tierras castellanas aprovechando la lucha del Conde con los moros, recibe a un embajador castellano (Gil Velasco), que le exige satisfacciones por su traición y por el saqueo al que ha sometido a Castilla; en caso contrario, el Conde desafiará al rey navarro a batirse en una batalla o en un duelo personal. El rey de Navarra despide al embajador aceptando el desafío.
Nuevamente la jocosidad irrumpe en la escena protagonizada por los villanos. El padre de Fenisa (Aparicio), la madre de Bartol (Marina) y el mismo Bartol se reúnen para concertar el matrimonio de los jóvenes y la dote correspondiente, ocasión que provoca en Marina múltiples chanzas y burlas sobre el matrimonio.
Pero ya el conde castellano, en combate con las tropas navarras, se enfrenta finalmente en un duelo personal con el Rey del que resulta muerto este último. Los caballeros navarros traen el cadáver del Rey ante Fernán González, y cuando éste se dispone a tributarle honores para que sus caballeros puedan restituirlo con dignidad a su corte, suenan ruidos de guerra: se trata de las tropas de Almanzor que se disponen a atacar de nuevo. Fernán González invoca otra vez la protección de Dios contra los musulmanes, y el monje Pelayo (ya muerto) se le aparece vestido de blanco para anunciarle que contará en la batalla con la ayuda de San Millán y de él mismo, capitaneados por el apóstol Santiago, que, montado en un caballo blanco, se le aparece también para prometerle su ayuda en la batalla.
Ajenos a todo ello, en medio de un ambiente festivo, Bartol y Fenisa celebran la ceremonia de sus bodas, que concluye grotescamente: unos cuantos villanos, disfrazados de moros, irrumpen en la fiesta poniendo a todos en fuga hacia el monte con la novia a cuestas. Por ese mismo monte va Fernán González, camino del Monasterio de San Pelayo, y se encuentra con los villanos fugitivos de los fingidos musulmanes. Rastreada la zona por los soldados del Conde, vuelven éstos trayendo a los bromistas villanos disfrazados y queda aclarada la burla.
Acto 2
Tiempo después, quizás años, hasta Fernán González llega un embajador (Fernán Núñez) del rey leonés para pedirle que asista a las Cortes convocadas en León, a las que viene faltando el conde castellano con afrenta para el Rey. Su asistencia será recompensada: "Buen Conde, si vais a ellas / daros han buen galardón, / daros ha el Rey a Paredes, / a Dueñas, a Villalón. / A la Torre, a Palenzuela, / y a Palencia la mayor: / si no vais Conde a las Cortes / daros ha el Rey por traidor, / Y quedareis por retado, / como los villanos son". Fernán González, que a lo largo de toda la acción expresa siempre el deseo de la independencia de su condado y su frustración por deber vasallaje al rey, le responde: "Mensajero eres amigo, / no mereces culpa, no. / Y es justa ley que te valgan / las leyes de embajador: / nunca ha sido inobediente / el Conde al Rey mi señor: / Ni en las guerras le ha faltado, / ni en el campo le dejó: / si ha días, como tu dices, / que a su mandado no voy, / es porque no me ha dejado / el cordobés Almanzor: / di que parto a obedecelle, / y que de camino estoy, / aguardando a que me den / un caballo y un azor". En la corte de León, la Reina, sabedora de la venida de Fernán González, jura que aprovechará la ocasión para vengarse de la muerte de su padre a manos del Conde; al Rey, por su parte, le excita la curiosidad de conocer las maravillas del caballo del Conde que le ha descrito el embajador Fernán Núñez. Llegado por fin el Conde, el Rey pretende comprarle el caballo y el azor, que aquél está dispuesto a regalarle; pero ante la insistencia real en pagarlos, se fija un precio de mil marcos de plata, que el Conde acepta con una condición: que en las escrituras conste que cada día que pase del plazo marcado para el pago se doblará la deuda. Por su parte, la Reina, que ha planeado vengarse del Conde mediante una trampa, le propone casamiento con su sobrina (Doña Sancha), hija del Rey don García de Navarra.
Una escena villanesca corta la acción: las quejas de celos que Bartol le manifiesta a su mujer por su antiguo pretendiente (Mendo); la disputa es interrumpida a su vez por la llegada del peregrino conde Ludovico y de su criado, que, deseando conocer al conde Fernán González, queda defraudado cuando le dicen que se encuentra en León, y que es testigo de la trifulca de los villanos.
Algún tiempo después, en la Corte navarra, el rey don García, cómplice de su hermana en la venganza de la muerte de su padre, le ha preparado al Conde castellano una celada cuando venga a concertar las bodas con su hija. Y, en efecto, según lo convenido, el Conde llega a Cirueña con sólo cinco de los suyos, satisfecho de arreglar una boda beneficiosa para Castilla. Pero la comitiva navarra, más numerosa, logra apresar a Fernán González.
Entre tanto, el conde Ludovico, ya de vuelta de su peregrinación a Santiago, no queriendo volverse a su Lombardía sin haber visitado al famoso caudillo castellano, se dirige a la cárcel donde éste se halla preso y convence al Alcaide para que le deje verlo. Sabedor ya Ludovico de la pena de Fernán González por la frustración de su concierto matrimonial, se dirige, pues, a doña Sancha, muy recelosa por la maledicencia contra su pretendiente, para ponderarle las virtudes de Fernán González y rogarle piedad.
La Infanta, conmovida, esa misma noche va a la torre donde se halla preso el Conde y lo libera, no sin antes hacerle prometerse en matrimonio. Ambos se fugan a través del monte, y casi al amanecer se encuentran con un estudiante (Ugardo), que los reconoce y amenaza con descubrirlos. Pero la Infanta consigue con astucia apoderarse de su caballo, y en su huida se encuentran Fernán González y doña Sancha con los caballeros castellanos que se dirigían a Navarra para liberar al Conde. Al reconocer a su señor, todos lloran de alegría, se rinden a los pies de la Infanta y proclaman vivas a Castilla restaurada. Unos músicos cantan.
Acto 3
Unos dos años después. En la corte de León, el Rey, de nuevo enojado con el Conde castellano por su falta al vasallaje, decide fingir una convocatoria a Cortes para apresarlo. Cuando Fernán González llega ante el Rey, éste le manifiesta de inmediato su animadversión, rechazándole el saludo y reprochándole sus incumplimientos feudales y el saqueo de sus tierras, acusaciones que el Conde interpreta como insidias de sus enemigos. El Rey, entonces, le exige satisfacciones ante jueces y fiadores, a lo que el Conde responde, arrogantemente, que debe ser el Rey el que se las dé a él, recordándole su deuda por la compra del caballo y el azor. La actitud del Conde es considerada por el Rey como una humillación y ordena prenderlo.
Mientras tanto, en Castilla, la Condesa, acompañada de sus caballeros, se encuentra en la ermita del Conde con Mendo, Aparicio y Bartol, que la agasajan con diversos regalos del campo. Pero la Condesa, inquieta por la tardanza de su marido, recibe la confirmación de sus temores cuando Nuño y Gonzalo Díaz le anuncian la prisión del Conde. La Condesa entonces decide reclutar un ejército de quinientos hombres para liberar a Fernán González -nuevamente- de la prisión en que se halla. Los villanos hacen una danza de espadas.
En la corte de León se ha sabido la llegada de la Condesa, sobrina de los Reyes, que pretexta pasar por allí en peregrinación a Santiago. El Rey, su tío, accede a sus ruegos para que pueda ver a su marido y aun para pasar la noche con él , libre de grilletes. Solos Fernán González y la Condesa, ésta le explica la estratagema que tiene ideada para liberarlo, que es intercambiar sus vestiduras. De modo que cuando la condesa, poco antes del amanecer, pide a los centinelas que le abran la puerta, quien realmente sale de la celda es el Conde, disfrazado de mujer. El engaño es descubiertopor la mañana, cuando vuelve el alcaide a colocar las cadenas al prisionero. El Rey va a ver a su sobrina y, admirado de su amor y de su osadía, la perdona en un alarde de la honra y liberalidad que corresponden a su condición real.
En las cercanías de la corte, los caballeros que han acompañado a la Condesa con el ejército aguardan en el monte, inquietos ya por la suerte que haya podido correr su señora, cuando reciben en su lugar al Conde disfrazado con los hábitos de peregrino, que se pone al frente de las tropas para liberar a su esposa.
Pero en la Corte leonesa, la magnanimidad del Rey para con la Condesa ha irritado a la Reina, que hace durísimos reproches a su marido por haber liberado a su sobrina y le augura desgracias. Las huestes del Rey y del Conde se aprestan a una batalla, pero antes se entrevistan ambos: el Rey pretende que, antes de guerrear, traten de resolver las querellas en términos judiciales, y le reprocha al Conde su desagradecimiento por la liberación de su esposa; a lo cual el Conde responde recordándole las cuentas pendientes por la compra del caballo y el azor, que después de dos años suman ya, según lo pactado, una cantidad formidable. Ante la imposibilidad que confiesa el Rey para pagar la cantidad resultante de la deuda, el conde Fernán González le propone su conmutación por las deudas feudales de Castilla con la Corona de León y por el privilegio de la libertad de Castilla y la plena soberanía de los condes castellanos. El Rey lo otorga y se firman las paces.
OBSERVACIONES A LA OBRA
Ver / Ocultar secciónObservación: Una comedia diferente sobre el mismo asunto, y titulada De la libertad de Castilla por Fernán González, es de Hurtado de Velarde, y fue impresa en Seis comedias de Lope de Vega Carpio y de otros. Lisboa. 1603 (BNM, Ti-63). Liñán de Riaza también escribió una comedia titulada El conde de Castilla, desconocida hoy (CR, 455)