CABALLERO DE ILLESCAS, Comedia famosa, EL
DATOS BIBLIOGRÁFICOS
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Título: CABALLERO DE ILLESCAS, Comedia famosa, EL. Procedencia: Parte 14 (1620); P1; P2; final Acto III
Autoría
Autor: Félix Lope de Vega y Carpio. Fiabilidad: De autoría fiable
Peregrino
Citado en El peregrino I: Sí
Citado en El peregrino II: Sí
Parte
Parte XIV (1620)
Manuscrito
No consta
Otras ediciones del siglo XVII
No consta
Colecciones modernas
*Ref. bibliográfica: E. Cotarelo et al. eds.: Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española [nueva edicion] (Con prólogos de E.Cotarelo y Mori y otros, 13 vols.). Madrid, RAE, 1916-1930. IV.
Ref. bibliográfica: Paloma Cuenca Muñoz y Jesús Gómez: El teatro de Lope de Vega. Madrid, Editorial Turner-Fundación Castro, 1993 ss. VIII.
Ref. bibliográfica: VVAA: Teatro Español del Siglo de Oro (Base de datos de texto completo publicada en CD-ROM). ProQuest LLC, Chadwyck-Healey, 1997.
* Edición utilizada
Ediciones singulares modernas
No consta
Versiones y traducciones
No se conocen
Bibliografía secundaria
- Alonso, Dámaso. "De El Caballero de Illescas a Los Intereses Creados ". Revista de Filologia Espanola. núm. 50, 1-4. p. 1-24. 1967.
- Oleza Simó, Joan. "Las comedias de pícaro de Lope de Vega: una propuesta de subgénero". Diago, Manuel; Ferrer, Teresa. Comedias y comediantes. Estudios sobre el teatro clásico español. Valencia: Universitat de València. 1991. p. 165-187.
Nota: Sobre El caballero de Illescas, El caballero del milagro, El anzuelo de Fenisa. Actas del Congreso Internacional sobre Teatro y Prácticas escénicas en los siglos XVI y XVII (Valencia, 9-11 de mayo de 1989). .
ANOTACIONES PRAGMÁTICAS
Ver / Ocultar secciónDatación
Fecha: 1601?-1603, probablemente 1602
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 81, 592.
Nota: 1602 lo propone Cotarelo en Acad.N, IV. Se representó en Lerma en 1605
Dedicatorias
Dirigida al Maestro Vicente Espinel y su maestro.
Cómputo de versos
Número: 2901
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 48.
CARACTERIZACIONES
Ver / Ocultar secciónPersonajes no computables
Personajes computables
Universo social
Tiempo histórico
Época de los Reyes Católicos
Nota: La acción abarca desde los días del cortejo entre Isabel y Fernando hasta el comienzo de su reinado.
Marco espacial
Acto 1
Topónimo: Illescas. [España]. Europa. Espacio: campos de labranza a las afueras; camino de Toledo; plaza ante la Iglesia; calles.
Topónimo: Madrid. [España]. Europa. Espacio: exterior del palacio real.
Acto 2
Topónimo: Nápoles. [Italia]. Europa. Espacio: interior de un mesón; interior de la casa del Conde Antonio; exterior de la casa del Conde Antonio.
Acto 3
Topónimo: Cataluña . [España]. Europa. Espacio: orilla del mar.
Topónimo: Nápoles. [Italia]. Europa. Espacio: interior de la casa del Conde Antonio.
Topónimo: Illescas. [España]. Europa. Espacio: calles; campos de labranza a las afueras.
Duración
Acto 1: Número indeterminado de días
Entreacto 1 a 2: Número indeterminado de semanas. Nota: Transcurre el suficiente tiempo como para que el protagonista se traslade de Madrid a Nápoles.
Acto 2: 1 día
Entreacto 2 a 3: Número indeterminado de semanas. Nota: Transcurre el suficiente tiempo como para que los personajes se trasladen de Nápoles a la costa catalana.
Acto 3: Número indeterminado de días
Género
Género principal:
- Comedia > universo de verosimilitud > picaresca.
Nota: No obstante, tiene algunos rasgos de comedia urbana en el Acto II.
Géneros secundarios:
- Drama > historial > profano > hechos famosos públicos > España > Reyes Católicos - Carlos V.
Nota: La acción describe las disputas por el trono de Castilla y también el compromiso y desposorios entre Fernando de Aragón e Isabel de Castilla
Extracto argumental
Acto 1
En una hacienda rural, a la hora del almuerzo, Juan Tomás, joven villano, y su padre Pedro Tomás disputan acerca de la vida rústica y del futuro, como labrador y quizá también como soldado, que el viejo proyecta para su hijo bajo la esperanza de que esto pueda enmendarlo de los malos vicios del juego, los engaños y las mujeres. Enfadado por el sermón de su padre, el orgulloso Juan jura a Dios "que algún día / me dé de almorzar el Rey". Las burlas de su padre irritan tanto a Juan que finalmente acaba marchándose, "espadilla mohosa" en mano, a Illescas.
De camino, tropieza Juan Tomás con dos damas, Dorotea y Teodora, que se dirigen a Toledo. Al verlas, el muchacho trata de cortejarlas, pero sus requiebros sólo logran arrancar las burlas de las jóvenes, "que bien puede repicar / un villano". Furioso, Juan arremete contra ellas dándoles coces hasta que sus dos acompañantes, Clenardo y Felino, llegan y meten mano contra él. La disputa termina con la muerte de Clenardo a manos de Juan, que huye a la torre de la iglesia, perseguido por el Corregidor y dos alguaciles. Subido en lo alto del campanario, Juan se niega a entregarse a la autoridad y desde allí comienza a tirarles piedras. La llegada de una tropa a Illescas obliga al Corregidor a marcharse, oportunidad que Juan Tomás aprovecha para huir de la iglesia sorteando la vigilancia de los dos alguaciles a los que da una paliza antes de escapar.
En su huida, Juan Tomás llega hasta la mesa de reclutamiento ordenada por el Capitán de la tropa, donde se inscribe como soldado. Una vez registrado, el gracioso villano logra hacerse con su primera renta, un real que invierte en una partida de naipes en la que se hallan entretenidos el resto de los soldados. A ella se incorpora también el recién llegado Alvarado, dispuesto a jugarse una cadena de oro a pesar de las advertencias de su compañera Lisena, oculta bajo el hábito de hombre. Por la joven sabemos del concierto de las bodas de Isabel de Castilla con el infante Fernando de Aragón y de las circunstancias del conflicto por la sucesión de Enrique IV. Su discurso queda interrumpido por los gritos de los soldados que, acusando a Juan de tramposo, arremeten contra él. Afortunadamente, el Capitán se interpone y los soldados se marchan enfadados. Finalmente, Juan se queda a solas con Lisena a la que rápidamente reconoce como mujer. Las bravuconadas del villano logran deslumbrar a la joven que, maltratada por Alvarado, enseguida se ofrece para acompañarlo, servicio que Juan acepta entre bravatas. Ambos se ponen en camino hacia Madrid, perseguidos por el Capitán y los soldados.
Llegados a la villa, Juan, exaltado por su aventura, multiplica ante Lisena sus bravezas, mientras ella, encandilada por su brío, talle y valor, le confiesa, gustosa, la servidumbre de su amor. Su conversación con la joven sorprende al pobre Juan al verse a sí mismo convertido en soldado, dotado de valor, capaz de hablar con soltura y de decir amores a una mujer. Los sorprenden entonces los soldados y un alguacil, pero, lejos de entregarse, Juan arremete contra ellos y mata a uno, tras lo cual huye una vez más.
A los muros de palacio, llega el infante Don Fernando, embozado y acompañado de tres nobles castellanos, por orden de Isabel que desea conocerlo antes de llevar adelante sus desposorios. Los bravos caballeros vienen entretenidos en la conversación. Tan pronto hablan de la belleza de la reina como de la situación peligrosa que se vive por su conflicto con Juana y Portugal, del rechazo de muchos Grandes a la candidatura de Fernando, de las esperanzas de reunir Aragón y Castilla. Mientras sus caballeros se adelantan para preparar el encuentro, el infante se queda solo. En ese instante entra Juan huyendo de sus perseguidores que irrumpen en escena con las espadas desnudas. Viendo a don Fernando disfrazado, lo confunden con el labrador y arremeten contra él. Ante el ataque, Juan sale y se pone al lado del infante logrando que los soldados huyan. Fernando, agradecido, le ofrece un diamante mientras dicta al villano instrucciones muy precisas sobre lo que debe hacer con él: si Isabel se casa con Fernando, le advierte, y la guerra se termina, habrá de vender la joya al nuevo Rey y no a ningún otro por más que la necesidad le apremie. El infante se aleja acompañado de sus hombres hasta entrar en palacio, mientras Juan lo observa admirado de su buen talle. Finalmente, el joven labrador decide marcharse a Italia "que de villano espero / volver a ser de Illescas caballero".
Acto 2
En Nápoles, el villano Juan Tomás, haciéndose pasar por caballero noble de Illescas, da cuenta falsamente a su huésped Camilo del modo en que había llegado a la ciudad italiana, víctima de un naufragio que le habría arrebatado toda su hacienda, a excepción de un diamante que está dispuesto a vender a cambio de algo de dinero. Camilo, compadecido y admirado de tener tan noble gente en su casa, se ofrece a llevar la joya al conde Antonio, hombre experto en piedras preciosas, para conocer el precio y préstamo que se puede hacer por ella. Ya solo, Juan Tomás, renombrado por sí mismo don Juan de la Tierra, entretiene su espera cortejando a Sirena, la hija del mesonero. Los malentendidos generados por el intercambio lingüístico italiano/español elevan el grado cómico de esta escena.
Visto el diamante, el conde Antonio lo tasa en doce o trece mil ducados, de los que está dispuesto a prestar, de entrada, dos mil, una vez conozca al caballero español. Antes de que éste llegue, el conde promete a su hija Octavia entregarle el diamante en su dote. Vestido de galán, Juan se presenta ante el conde para recoger su dinero; nada más verlo, Octavia se queda prendada de su talle y compostura y confía a Celio, uno de sus pajes, su deseo de convertirse en su esposa y sus planes para lograrlo.
Ya de nuevo en la posada y con el dinero en la mano, Juan, aconsejado de nuevo por Camilo, se declara dispuesto a cortejar a Octavia. No obstante, antes decide tomar casa y otros elementos que atestigüen su nobleza. Para ello se vale de su huésped, al que envía a buscar una vivienda así como un mayordomo, un lacayo, dos pajes de espada, y un frisón napolitano. Ido Camilo, Juan está reflexionando sobre lo variable de su destino cuando llega Celio con los primeros regalos de Octavia: guantes, lienzos y camisas. Minutos después, Camilo regresa con Filandro, candidato a mayordomo, Fabricio y Horacio, pajes, y Roberto, lacayo. Subido en su nuevo frisón, en postura grave, aunque cómica por su exceso, Juan se dirige a la iglesia acompañado en ceremonia y pompa por su nuevo servicio.
En medio de la noche, ante la casa del conde Antonio, Leonelo, antiguo pretendiente de Octavia, acaba de saber por sus criados el peligro que Juan representa para sus pretensiones amorosas y por ello ordena darle muerte. Mientras, Juan, vestido de galán, acompañado de sus pajes y lacayo, ha logrado subir y acceder a la alcoba de su amada bajo su consentimiento, ante la mirada atenta de Leonelo, que se vuelve loco de celos.
Ya a solas en la alcoba, Octavia y Juan se confiesan mutuo amor. Tras hacerle a la joven una curiosa relación de sus orígenes con la que, a pesar de no faltar nunca a la verdad, Juan logra engañarla, ambos deciden partir, a escondidas de don Antonio, hacia España.
Acto 3
Como si de un castigo del cielo se tratara, la nave en la que viajaban Juan y Octavia ha naufragado. Malheridos y prácticamente desfallecidos por el esfuerzo, logran llegar a tierras españolas. Una vez allí, comprueban que han perdido todo lo que traían de Nápoles: joyas, dineros, vestidos, a excepción del diamante. Ante la crueldad de la fortuna, Juan se ve obligado a confesarle a su joven amada la verdad de su historia: su origen villano, la huida de su hacienda para convertirse en soldado, el episodio vivido con aquel joven noble que le había entregado el diamante y finalmente, su llegada a Nápoles donde se había hecho pasar por noble. Dividida entre el amor y el aborrecimiento, finalmente Octavia se resigna a seguirle hasta Illescas y llevar allí una vida como labradora. Tras un discurso de Juan Tomás alabando la vida en el campo (según el tópico literario del "menosprecio de corte y alabanza de aldea"), los dos parten hacia Illescas por Barcelona.
Mientras, en Nápoles, el Conde, mal consolado por Leonelo de la pena de haber perdido a su hija, sospecha que los fugitivos pueden haberse refugiado en Illescas, lugar del que Juan se había declarado señor, así que decide ir hasta allí para poner remedio a su deshonra.
Al amanecer en Illescas, el viejo Pedro Tomás y su hija, Casilda, se encuentran negociando con tres jornaleros el salario de la siega. El regreso de su hijo, Juan, acompañado de su "media esposa", Octavia, no conmueve al viejo, que recuerda con sorna a su hijo sus pasadas pretensiones. Finalmente, el padre acepta acogerlos en su casa a condición de que se casen. Las sentenciosas frases de su padre conminándole a abandonar sus galas de soldado y tomar las de villano atormentan a Juan, apenado por su triste destino.
En ese momento, un labrador anuncia a Pedro la llegada a Illescas de los recién casados reyes de Castilla para cumplir un voto a la Virgen. Como regidor de la villa, Tomás se marcha corriendo para preparar las fiestas del recibimiento.
En el campo los jornaleros esperan la llegada de Casilda con la comida. Mientras se disponen a comer, llegan el conde Antonio y Leonelo, de camino, que se paran para asegurarse de que siguen la dirección correcta para ir a Illescas. A través de la conversación con los labradores, ambos se dan cuenta de que Juan de la Tierra era un impostor, de manera que deciden acudir a los reyes para reclamar justicia valiéndose para ello de las cartas que traen del rey de Aragón, tío del infante Fernando, convertido ya en rey de Castilla. Finalmente, todos, labradores y viajantes, se marchan para contemplar la llegada al lugar de los nuevos monarcas.
Ya en hábito de labradora, Octavia trata de persuadir a Juan para que haga pregonar el diamante ante el Rey, con la esperanza de que quien se lo dio forme parte del séquito real y pueda ayudarlos a "torcer su fortuna". En ese momento el labrador Belardo les avisa de la llegada de los monarcas, ocasión que propicia un discurso de alabanza por parte del villano en torno a ellos a ellos y su cortejo, con el correspondiente inventario de los grandes linajes y el vaticinio de la conquista de Granada. Finalmente, Belardo convoca a todos al recibimiento.
Tras el cortejo real aparecen los reyes, Isabel y Fernando, éste último leyendo la carta en la que su tío le informa del agravio cometido por el caballero de Illescas, Don Juan de la Tierra, contra el conde Antonio. Sorprendido, Fernando envía al marqués de Santillana a averiguar quién es este Juan de la Tierra. A su regreso, el Marqués le informa del pregón que va corriendo por el lugar sobre un diamante por valor de catorce mil escudos, cuyo dueño podrá recuperar si se identifica como tal. Admirado por el suceso, el rey don Fernando lo reconoce como suyo. Tras confirmar que realmente Juan Tomás fue el verdadero destinatario de la joya aquella noche en la que el monarca se dirigía a conocer a su futura esposa, Fernando le ofrece sus brazos agradecido, ante la mirada entristecida del conde que reclama la vuelta de su hija. Mientras llaman a Octavia, el viejo Pedro Tomás revela, para sorpresa de Juan, que éste no es en realidad hijo suyo, sino de un señor napolitano de nombre Fabricio, vasallo del rey Enrique, y una bella dama que, "por ser prenda secreta", lo habían entregado a una campesina, esposa de Tomás, para que lo criara como suyo. El Conde reconoce en el señor napolitano a su hermano fallecido, por lo que abraza a Juan, emocionado, aceptándole como sobrino y yerno. Todos se congratulan, incluidos los Reyes que, emocionados, se ofrecen como padrinos de la boda y premian a todos con importantes dotaciones.
OBSERVACIONES A LA OBRA
Ver / Ocultar secciónObservaciones:
En la edición princeps consta: "Representola el famoso Ríos".
Una y otra vez se compara a Juan Tomás con Roberto el diablo.
Se repite en diversas ocasiones la palabra picaño con un sentido muy cercano al de "pícaro", y se utilizan también picado y picarón.
Al final del Acto I hay un diálogo de versos cortados entre Juan Tomás y Lisena.
En el Acto II comenta un Conde napolitano sobre España: Es rica, aunque por las guerras / no están fértiles las tierras / que el mar en su margen baña.
Leonelo, pretendiente de Octavia, desprecia al padre de ésta, el Conde Antonio porque ayer era mercader a quien dio hacienda el mar fiero / y el título dio el dinero!.
En el Acto III aparece un jornalero llamado Belardo, que evoca los amores de Lope en Andalucía con Micaela Luján. Belardo, además, canta una deliciosa canción a Lucinda.
En el Acto III se hace una alusión a la leyenda genealógica que sustenta Los Tellos de Meneses.