PRÍNCIPE INOCENTE, Comedia de, EL
DATOS BIBLIOGRÁFICOS
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Título: PRÍNCIPE INOCENTE, Comedia de, EL. Procedencia: Manuscrito Gálvez; P1; P2; final del Acto III.
Observación: Se dice en el verso final del Acto III: "Aquí se acaba el Príncipe Inocente."
Autoría
Autor: Félix Lope de Vega y Carpio. Fiabilidad: De autoría fiable
Peregrino
Citado en El peregrino I: Sí
Citado en El peregrino II: Sí
Parte
No presente en la colección de Partes de Lope de Vega
Manuscrito
Tipo: Gálvez (apógrafo)
Localización: Madrid, Biblioteca Nacional (España)
Ref. bibliográfica: Iriso Ariz, Silvia: "Estudio de la colección Gálvez: fiabilidad y sentido de los apógrafos de Lope de Vega". Barcelona, Anuario Lope de Vega, III, pp. 99-131, 1997. 100, 106, 107.
Nota: BNE, Mss. 22423, signatura confirmada por RRM e el Catálogo On Line. Se incluye en el tomo III de la llamada Colección Gálvez que contiene copias apógrafas. Según esta copia, Lope firmó el autógrafo en Madrid, a 2 de junio de 1590. Lleva el título de Comedia del Príncipe Inocente.
Observación: Se conoce una edición facsímil del manuscrito, edición y prólogo de Justo García Morales, Madrid, Junta Conmemorativa del IV Centenario (Colección facsimilar de la Biblioteca Nacional, 1), 1964.
Otras ediciones del siglo XVII
No consta
Colecciones modernas
*Ref. bibliográfica: Paloma Cuenca Muñoz y Jesús Gómez: El teatro de Lope de Vega. Madrid, Editorial Turner-Fundación Castro, 1993 ss. I.
* Edición utilizada
Ediciones singulares modernas
No consta
Observación: La edición de Justo García Morales, de 1964, es, en realidad, una reproducción facsímil de la Copia Gálvez (nota ERG)
Versiones y traducciones
No se conocen
Bibliografía secundaria
- Arata, Stefano. "‘Il principe selvaggio’: La Corte e l’Aldea’ nel teatro spagnolo del Siglo de Oro". Carandini, Silvia. Teatri barocchi: tragedie, commedie, pastorali nella drammaturgia europea fra ‘500 e ‘600. Roma: Bulzoni. 2000. p. 439-468.
Nota: Sobre: Contra valor no hay desdicha, Lo que está determinado, La mocedad de Roldán, El nacimiento de Ursón y Valentín y El príncipe inocente.
- Arellano, Ignacio. "Casos de honor en las primeras etapa del teatro de Lope de Vega". Arellano, Ignacio. El arte de hacer comedias. Estudios sobre teatro del Siglo de Oro. Madrid: Biblioteca Nueva. 2011. p. 91-122.
Nota: Utiliza cerca de 30 comedias de la primera etapa de Lope. Ed. anteriormente en: Anuario Lope de Vega, IV (1998), p. 7-31.
- García Morales, Justo. "Dos ‘nuevas’ comedias de Lope de Vega". Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos. núm. 70. p. 393-408. 1962.
Nota: Comenta: El príncipe inocente y Amor desatinado, las dos comedias inéditas de las copias Gálvez de las que estaba haciendo edición.
- González de Amezúa, Agustín. Una colección manuscrita y desconocida de comedias de Lope de Vega Carpio. Madrid: Centro de Estudios sobre Lope de Vega. 1945.
Nota: Menciona las comedias siguientes:
El favor agradecido, El amor desatinado y El príncipe inocente
Publicación posterior: en Opúsculos histórico-literarios. II. Madrid. CSIC, 1951, p. 364-417.
- Mac Cready, Warren. "The sonnet in Lope's El Principe Inocente". Romance Notes. núm. 2. p. 257-259. 1967.
Nota: vol. 8.
ANOTACIONES PRAGMÁTICAS
Ver / Ocultar secciónDatación
Fecha: 1590
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 42.
Nota: En la copia Gálvez, 2 de junio de 1590
Dedicatorias
No existe dedicatoria.
Cómputo de versos
Número: 2529
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 42.
CARACTERIZACIONES
Ver / Ocultar secciónPersonajes no computables
Personajes computables
Universo social
Tiempo histórico
Tiempo maravilloso (intemporal)
Nota: Una ilusoria evocación del histórico ducado de Cleves, del imperio romano-germánico, combinada con imposibles asociaciones de un supuesto principado de Dacia (en el Danubio) y Frisia (en los países bajos), y con un inexistente Rey Dinacreo de Suecia, así como con una guerra entre Grecia y Cleves, componen una ambientación epocal arbitraria, de tiempo maravilloso vaguísimamente inspirado en la Edad Media centroeuropea.
Marco espacial
Acto 1
Topónimo: Cleves, [Cléveris]. Imperio Germánico, [Alemania]. Europa. Espacio: Exterior del palacio del Duque; interior del palacio (salas, alcoba de Alejandro); una cabaña de pastores; la selva, donde se realiza la cacería de leones.
Acto 2
Topónimo: Cleves, [Cléveris]. Imperio Germánico, [Alemania]. Europa. Espacio: Interior del palacio: salas; jardines; el balcón de Rosimunda.
Acto 3
Topónimo: Cleves, [Cléveris]. Imperio Germánico, [Alemania]. Europa. Espacio: Interior del palacio: salas; jardines; alcoba de Rosimunda.
Exterior del palacio: vistas del Duque y el rey.
Duración
Género
Género principal:
- Comedia > universo de irrealidad > libre invención > palatina.
Extracto argumental
Acto 1
Alejandro, Príncipe de Frisia y de Dacia, que ha sido depuesto y desterrado por su tío Dinacreo, el Rey de Suecia, llega junto a su criado Tacio hasta Cleves. Elogian ambos la ciudad y el palacio del Duque al tiempo que se dan ánimos para sobrellevar su exilio. Alejandro es conducido por unos cazadores ante la presencia del Duque, al que se tacha de imprudente por llevar a cazar leones a sus hijas; éste lo recibe en una escena cortesana en la que le ofrece su palacio y le presenta a las bellas herederas de su trono, Rosimunda e Hipólita, que estaba ya enamorada del Príncipe Alejandro por su fama y por un retrato. Concluidas las presentaciones, el Duque sale con sus hijas de cacería mientras Alejandro permanece en palacio para descansar de su viaje, aunque promete reunirse con ellos al alba.
En la cabaña del pastor Liseno, su hijo Rosino y su hijo adoptivo Torcato, el inocente, juegan a las adivinanzas en una característica escena rústico-pastoril cuando llegan los cortesanos. Rosimunda e Hipólita, temerosas de la oscuridad, han pedido a su padre postergar la cacería hasta el día siguiente y pasar la noche en la cabaña, solicitud que el Duque ha atendido. Torcato centra la atención de todos con sus simplezas, algunas escabrosas y muchas impertinentes, que tratan en vano de reprimir Liseno y Rosino, tratándolo de bestia, pero que divierten a los señores. Además, Hipólita está encantada con la presencia de Torcato, pues ha descubierto en él un gran parecido físico con Alejandro. Liseno y Rosino, por otra parte, no pueden dejar de comentar, con extrañeza, el cambio experimentado por Torcato en contacto con los cortesanos: de mudo y melancólico a bellaco, agudo y travieso. Debe ser inclinado / a grandezas de señores, dice Liseno, que evoca el momento en que encontró al niño en un río y decidió criarlo como hijo propio.
En palacio, Alejandro, que se acostó vestido, impaciente y enamorado, despierta a Tacio y quiere ponerse de inmediato en camino para unirse a la cacería, después de recitar un soneto de referencias mitológicas, dedicado a las dos hermanas. A solas, el Secretario Celindo, que ha escuchado detrás de una cortina a Alejandro confesar su amor por Rosimunda, expresa sus temores y sus celos, pues también él la ama, pese a su humilde estado.
En la cabaña, todos se preparan ya para la cacería. Las damas, temerosas y a la vez encaprichadas con Torcato, quieren que las acompañe para entretenerlas, cosa que tratan de impedir los pastores, pero Torcato, que ha comido como un león, se presenta armado con un enorme bastón y decidido a seguir a los cortesanos. Entre simpleza y simpleza, antes de partir, da a entender su incipiente pasión por una de las damas. Liseno, que quiere a Torcato como a un hijo, se muestra temeroso por el peligro al que éste se va a ver expuesto; Rosino incita a su padre a seguir a la comitiva para tratar de conseguir su regreso.
Al dar con un león, todos los cazadores y cortesanos huyen, dejando solas a las damas, que se desmayan, no sin haber renegado de su padre por haberlas expuesto a un peligro semejante. ‘El león salga y éntrese por la otra puerta, sin hacer nada, y esté Torcato con el bastón alzado delante de ellas’. Tras ahuyentar al león, Torcato manifiesta su amor, en términos nada rústicos, por la hermosa Rosimunda y sale a buscar agua para devolver el sentido a las muchachas.
En su ausencia, aparece Alejandro y hace creer a las damas, que vuelven en sí, que él ha sido su salvador y ha matado a la fiera; a su regreso, Torcato, sin embargo, les dice que fue él quien las defendió y les señala dónde aguarda el Duque, desesperado por la suerte de sus hijas y furioso por la cobardía de los cazadores. Van a su encuentro Hipólita, celosa porque ha descubierto que Alejandro a quien ama es a Rosimunda, Alejandro enamorado, Rosimunda interesada por Torcato, a quien trata con delicadeza, Torcato, en fin, que descubre en sí a otra persona: Callemos, que es fuerza y ley,/ que a fe que el sayo villano/ os muestre, tarde o temprano, / que cubre un alma de un rey.
Acto 2
El Duque despide de su casa a todos los cazadores que pusieron en riesgo, con su fuga, las vidas de Hipólita y de Rosimunda, y se dispone a organizar un ejército que apoye al Príncipe Alejandro, a quien cree salvador de sus hijas, contra el Rey de Suecia. Se despliega en palacio la intriga amorosa. La presencia de Alejandro provoca los celos del Secretario Celindo, a quien Rosimunda e Hipólita desprecian. Ésta, por otra parte, informa a su hermana del amor que le tiene Alejandro y le pide que lo rechace, comprometiéndose Rosimunda a ayudar a Hipólita. Así, cuando el Príncipe declara su amor a Rosimunda, ella lo declina y lo invita a dedicar sus atenciones a Hipólita, ante la desesperación del Alejandro, quien, despechado, amenaza con suicidarse. Entretanto, Torcato, cuyo comportamiento con las damas oscila entre las simplezas y las sutilezas, por medio de las que se atreve a insinuar su amar imposiblemente, se asombra, en solitario, de sus altas pretensiones y de la grandeza de ánimo que en él promueve el amor a Rosimunda.
El Secretario, enamorado de Rosimunda y celoso de Alejandro, trata de utilizar a Torcato, valiéndose de su condición de inocente, para hacerle llegar un papel a la dama. Alejandro, por su parte, cambia de táctica, aconsejado por su criado Tacio, y pasa a cortejar a Hipólita, lo que, como era de esperar, provoca los celos de Rosimunda, que ahora arde de amor por el galán al que poco antes ha rechazado. Torcato intriga en su propio interés y entrega el papel del Secretario a Rosimunda, pero haciéndole creer que es de Alejandro e induciéndola sutilmente a aceptar una cita secreta esa misma noche, a las ocho, en un balcón, sin dar cuenta de ello a su hermana. A la vez, engaña al Secretario, a quien hace creer que Rosimunda lo cita esa noche, pero siempre que intercambie sus ropas con Torcato, pues la visita de un rústico no levantará sospechas.
Disfrazado con la ropa del Secretario, pero haciéndose pasar por Alejandro, Torcato se presenta ante el balcón de Rosimunda, la corteja y la convence de mantener en secreto sus amores mientras en público él sigue la ficción de cortejar a Hipólita, valiéndose para ambas cosas de los servicios de Torcato. Mientras tanto, el Secretario, que acude a su supuesta cita disfrazado de Torcato, tiene un mal encuentro con el Cocinero y dos pícaros, que se la tenían jurada al rústico por haber saciado su enorme apetito en la cocina y aprovechan la ocasión para pegarle una paliza. Lo recoge molido el propio Torcato, que lo avisa de que Rosimunda espera su cortejo; Celindo, quebrado, se confiesa físicamente incapaz de requebrar a su amada.
Intercalada con la intriga amorosa, prosigue la política. Los embajadores del Rey de Suecia declaran la guerra al Duque de Cleves por haber acogido a Alejandro, a quien acusan de ser hijo natural y de haber usurpado el trono de Dacia, para lo cual hizo desaparecer, muertos los Reyes, a su pequeño hermanastro Evaristo, hijo legítimo, que era el heredero. El Duque no cree estas acusaciones y reitera que pondrá a disposición de Alejandro un ejército.
Acto 3
Alejandro, que ahora ama a Hipólita, le pide que sea su esposa, cosa que ella acepta siempre y cuando su hermana no se oponga. Ambos se abrazan en señal de compromiso y en ese abrazo los sorprende Rosimunda, que se siente desfallecer de celos. Confía entonces a Torcato lo ocurrido y le ruega que haga de mensajero, tal como había quedado pactado en la cita previa bajo el balcón, y riña a Alejandro por ese abrazo, y para que no vuelva a repetir tan cariñoso acto. Torcato promete a Rosimunda que esa misma noche el Príncipe acudirá al aposento de la dama y le entregará su anillo en señal de compromiso, aunque el inocente trama en realidad algo muy distinto.
De nuevo engaña Torcato al Secretario, a quien hace creer que Rosimunda lo espera esa noche en su alcoba; sin embargo, le explica, la guardia no lo dejará pasar a menos que les muestre el anillo de Alejandro, como hace el Príncipe cada noche cuando va a visitar a Hipólita. El Secretario consigue obtener el anillo de Alejandro, haciéndole creer que lo necesita para sellar ciertos documentos de la guerra que se prepara.
Torcato, disfrazado de nuevo de caballero y exhibiendo el anillo de Alejandro, que el Secretario le ha confiado, es invitado por Rosimunda a acceder a su alcoba, una vez que le da fe y palabra de matrimonio. Mientras tanto, el Secretario, que se dirige disfrazado de Torcato a esa misma habitación, es sorprendido por Alejandro y Tacio, que van al encuentro de Hipólita y que, creyendo que es el inocente, lo ahuyentan de mala manera. Él se retira desalentado, pero contento por salir, al menos por esta vez, ileso. A continuación, Hipólita recibe a Alejandro en su aposento.
Mientras el Duque prepara un alarde de sus tropas y ratifica su apoyo a Alejandro, Dinacreo, el Rey de Suecia, marcha con su ejército sobre Cleves. Sin embargo, el Rey sueco se muestra reacio a bañar su espada en sangre inocente por una causa que puede ser resuelta por la diplomacia y decide verse personalmente con el duque.
De madrugada, un Torcato exultante y refinado monologa sobre el amor y confiesa no importarle tener que pagar la gloria de la pasión consumada con la muerte bajo la hoja del verdugo. A esa misma hora, Alejandro se retira, después de haber pasado la noche llamando inútilmente a la puerta de Rosimunda, sin que ésta le abriera, para obtener su autorización, condición que Hipólita pone para entregarse a su galán.
En ese momento Rosimunda lee el papel que Alejandro le ha pasado bajo la puerta y descubre, indignada, que el galán con el que cree haber gozado esa noche le confiesa amar a su hermana y querer casarse con ella. Hipólita, enterada por su hermana de lo supuestamente ocurrido, se indigna a su vez al comprobar que mientras Rosimunda tiene el anillo del Príncipe como señal de matrimonio, a ella le ha firmado un papel comprometiéndose a lo mismo. Ante el furor y las acusaciones de Rosimunda, que amenaza con quitarse la vida por su deshonra, Alejandro confiesa que entregó su anillo al Secretario, noticia que provoca un inmediato desmayo de la dama, que imagina haber sido gozada por Celindo. Interrogado el Secretario, confiesa a su vez que entregó el anillo a Torcato, y Rosimunda, más horrorizada todavía, vuelve a amenazar con quitarse la vida. Se conduelen Celindo y Alejandro de la pobre muchacha, deshonrada por el hombre más infame de la tierra.
Llega entonces el pastor Liseno, dando la alarma por la invasión del ejército sueco. El duque y Alejandro se disponen a la defensa. Se anuncia la llegada del embajador Leoniso, quien propone al duque unas vistas con el Rey de Suecia para tratar de evitar la guerra; el de Cleves las acepta. Alejandro refiere entonces al duque, entre lamentaciones desesperadas, el triste caso de una hermana suya, muy poco honesta, que quiso aceptar en su lecho a su galán antes de casarse y se encontró burlada por un villano inocente. El duque sentencia el caso: mata al villano, y encerradla a ella. Alejandro le revela entonces la verdadera identidad de los sentenciados, Torcato y Rosimunda.
Se presenta Dinacreo y, ante el duque, pregunta a Alejandro si mató al Príncipe Inocente, legítimo heredero de los reinos que ha usurpado, pues corre la fama de que está vivo y en escondida prisión desde hace veinte años. Si es así, lo insta a que lo libere por el bien de la paz, pero si no es así, y lo mató, entonces lo desafía cuerpo a cuerpo en campo abierto. Alejandro confiesa entonces que, para heredar el reino, metió al niño en una cesta y lo echó al río. Liseno aclara que ese niño es el mismo seguramente que él encontró y crió. Se produce entonces el reconocimiento por todos de Torcato como soberano de Frisia y de Dacia; el Príncipe Inocente declara entonces que ya sabía quién era, en su pensamiento. La obra se cierra con las bodas dobles de Rosimunda con Torcato, y de Hipólita con Alejandro, herederos éstos del ducado de Cleves. El Príncipe inocente termina recompensando al Secretario con diez mil coronas de renta por los palos recibidos y por el anillo. Es el propio Torcato quien despide la obra:
Aquí se acaba el Príncipe Inocente.
OBSERVACIONES A LA OBRA
Ver / Ocultar secciónObservación: Dinacreo dirige a Alejandro, en el desenlace, una curiosa frase:
"Ni ya, Alejandro, aquel rigor me asiste
con que fuiste del reino despojado,
que ya por su república se rige"