PRÍNCIPE MELANCÓLICO, Comedia de, EL
DATOS BIBLIOGRÁFICOS
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Título: PRÍNCIPE MELANCÓLICO, Comedia de, EL. Procedencia: Manuscrito apógrafo; P1; P2.
Observación: Dice Leonido en los versos finales de la Jornada III: "Ya ves la verdad desnuda. / Aquí la comedia acaba."
Autoría
Autor: Félix Lope de Vega y Carpio. Fiabilidad: De autoría fiable
Observación: Nadie ha puesto en duda la autenticidad de la comedia, pero el estudio de la rimas le induce a Morley-Bruerton (1968, 254) a pensar en posibles cambios en el manuscrito.
Peregrino
Citado en El peregrino I: Sí
Citado en El peregrino II: Sí
Parte
No presente en la colección de Partes de Lope de Vega
Manuscrito
Tipo: Copia
Localización: Madrid, Biblioteca de Palacio (España)
Ref. bibliográfica: S. Arata: Los manuscritos teatrales (siglos XVI y XVII) de la Biblioteca de Palacio. Pisa, Giardini Editori, 1989. 35, 54.
Nota: Ms. II-463; ff. 221r-242v. Letra del siglo XVII. Lleva el título de Comedia del príncipe melancólico.
Otras ediciones del siglo XVII
No consta
Colecciones modernas
*Ref. bibliográfica: E. Cotarelo et al. eds.: Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española [nueva edicion] (Con prólogos de E.Cotarelo y Mori y otros, 13 vols.). Madrid, RAE, 1916-1930. I.
Ref. bibliográfica: Paloma Cuenca Muñoz y Jesús Gómez: El teatro de Lope de Vega. Madrid, Editorial Turner-Fundación Castro, 1993 ss. III.
* Edición utilizada
Ediciones singulares modernas
No consta
Versiones y traducciones
- Prieto Benito, Francisco, EL PRÍNCIPE MELANCÓLICO, s.l., s.e., 1996
Nota: Programa de mano de la obra representada en el Teatro Palacio Valdés de Avilés. Ejemplar conservado en la Biblioteca del Fundación Juan March, con signatura: T-Pro-Pal-P.
Bibliografía secundaria
- Arjona, J. H. . "Did Lope de Vega Write the Extant El príncipe melancólico?". Hispanic Review. núm. 24. p. 42-49. 1956.
- Orobitg, Christine. "Le prince mélancolique dans la "comedia"". Littérature et politique en Espagne aux siècles d'or. Actes du Colloque international, (Paris, 8–10 décembre 1994). Sous la direction de Jean Pierre Étienvre. Paris: Klincksieck. 1998. p. 269–281.
- Serralta, Fréderic. "Sobre disparate y comedia burlesca en el teatro de Lope". Criticón. núm. 92. p. 171–184. 2004.
ANOTACIONES PRAGMÁTICAS
Ver / Ocultar secciónDatación
Fecha: 1588-1595
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 254.
Nota: Probablemente "con reservas" entre 1588 y 1595 (MB, 254).
Dedicatorias
No existe dedicatoria.
Cómputo de versos
Número: 3182
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 58.
CARACTERIZACIONES
Ver / Ocultar secciónPersonajes no computables
Personajes computables
Universo social
Tiempo histórico
Tiempo indeterminado
Marco espacial
Jornada 1
Topónimo: lugar indeterminado. [Hungría]. Europa. Espacio: Corte del rey de Hungría (en una especie de plaza pública dentro del palacio).
Jornada 2
Topónimo: lugar indeterminado. [Hungría]. Europa. Espacio: Corte del rey de Hungría (salas del palacio).
Jornada 3
Topónimo: lugar indeterminado. [Hungría]. Europa. Espacio: Corte del rey de Hungría (salas del palacio).
Duración
Jornada 1: 1 día
Entreacto 1 a 2: Número indeterminado de días
Género
Género principal:
- Comedia > universo de irrealidad > libre invención > palatina.
Géneros secundarios:
- Comedia > universo de irrealidad > tradición literaria > novelesca.
Extracto argumental
Jornada 1
En la corte de Hungría, el Infante Leonido y la duquesa Rosilena se han prometido amor pese a la oposición del Príncipe heredero, que ha puesto los ojos en la dama. Desdeñado por ella, éste acude de noche a la habitación de Leonido para desafiarlo, pero el hermano menor no quiere atacar al mayor ni ofender al Rey en su figura. La obra comienza con las palabras de Fabio, paje del Príncipe, quien, alertado por la acalorada discusión entre los dos hermanos, decide avisar al Rey para que ponga paz. Mientras tanto, el Infante propone a su hermano mayor una solución pacífica a sus diferencias: llegar al terrero donde vive la duquesa para que ella misma anuncie hacia cuál de los dos se inclina su afecto. Una vez allí, Leonido sopla un pito y sale la duquesa a la ventana: el joven pronuncia amorosas palabras y ella responde dulcemente, demostrando claramente que es Leonido el objeto único de sus amores, lo que azuza de nuevo el enfado del Príncipe.
El Rey acude al terrero, en compañía de Fabio, para restablecer el orden fraterno: en adelante, Leonido deberá guardar respeto a su hermano mayor, que es su señor y Príncipe heredero del reino de Hungría. El Infante resta importancia a los dos años que lo separan del Príncipe y anuncia que él también espera gobernar en otro reino, aunque no sea el suyo de Hungría, refiriéndose, probablemente, al de Polonia, donde reina su tío. Allí precisamente lo obliga a viajar inmediatamente su padre: a estar con el Rey, mi hermano. El monarca ordena a continuación al Príncipe que se retire a sus aposentos.
En cuanto se marchan Príncipe e Infante, el conde Marcelo explica al Rey que Leonido no ha sido el responsable de la disputa. De hecho se ha negado, por respeto, a batirse con el Príncipe, que había acudido hasta su habitación celoso por el favor que su hermano pequeño recibe de la duquesa Rosilena, dama que al parecer había favorecido anteriormente al Príncipe. Leonido en ningún momento quiso responder a la provocación ni enojar al Rey; simplemente se avino a demostrar al Príncipe a quién favorecía la duquesa. El Rey escucha atento esta explicación y exige al conde que haga regresar a Leonido.
Mientras tanto, el Príncipe retorna a la ventana de la duquesa Rosilena con ánimo de cortejarla y, valiéndose de la contraseña sonora que aprendió en la visita anterior, no le resulta difícil entablar comunicación con ella, si bien Rosilena lo desengaña inequívocamente; ante este desprecio el Príncipe afirma que está dispuesto a vengar los desdenes de la duquesa dando muerte a Leonido. Esta conversación, que ha sido escuchada por el Rey, el conde y el Infante, provoca la indignación del monarca, que, por una parte, vuelve a ordenar al Príncipe que se retire a descansar a sus aposentos y, por otra, autoriza al infante para que prosiga sus amores y sirva a la duquesa, aunque bajo juramento de no contraer matrimonio con ella sin la autorización expresa del propio monarca. El infante promete: Por la más alta deidad / juro, y por el alto cielo, / de no casarme en el suelo, / señor, sin tu voluntad. Sin embargo, en su fuero interno, está pensado cómo interpretar graciosamente este juramento para desobedecerlo.
Jornada 2
El Príncipe ha ideado maliciosamente una trama para ganarse el favor del Rey y arrebatar al Infante sus posesiones antiguas, es decir, a Rosilena: no mudar su apariencia de desolación y melancolía hasta que le sea entregada su prima la duquesa. Será Fabio, su criado, quien avise al Rey, al inicio del acto, de la extraña actitud del Príncipe, que unas veces habla de veras y otras se deja llevar por quimeras extrañas: A ratos vocea y grita, / y otras está sosegado, / diciendo que está cargado / de una pena infinita. A continuación, es el propio Príncipe quien se presenta ante su padre como si estuviese loco y enfermo: primero dice sentirse condenado a tener dos cabezas, afirma acto seguido que es invisible y termina diciendo que no conoce a su hermano. El engaño del Príncipe deja consternados a los familiares, convencidos de que su locura es real: el Rey está abatido y Leonido siente pena. Lo que más les preocupa es su inapetencia, también fingida por supuesto, ya que la inanición podría incluso llevarlo a la tumba. El único que comienza a sospechar de los embustes del Príncipe es el conde Marcelo, y, así, cuando Fabio explica que el Príncipe no come nada porque cree estar muerto, habiendo sido el rigor del Rey el origen de su trastorno, idea un lúcido plan. Aprovechando una gran abertura que hay en el suelo del palacio, dos criados se aparecerán ante el Príncipe, amortajados, fingiendo que vienen de ultratumba y rogándole un poco de pan; de esta manera, le será demostrado que también los muertos comen y recuperará el apetito. El Príncipe, claro está, no ha dejado en ningún momento de comer, bien servido por Fabio.
La trama ideada por Marcelo no surtirá efecto porque inmediatamente Fabio avisa al Príncipe de la próxima aparición de dos amortajados, que son, en realidad, dos vasallos suyos disfrazados: el uno es un gran borracho, / y el otro es un gran ladrón, comunica Fabio a su señor. A continuación, los dos criados mueven una piedra colocada sobre la abertura y se presentan amortajados ante el Príncipe, pidiendo que se les dé algo de comida. El Príncipe entabla tranquila conversación con ellos y les insinúa que quizá conozcan a dos criados traidores a los que él quiere ahorcar. Los amortajados defienden su honradez y veladamente anuncian al Príncipe que en el infierno hay una caldera esperándolo. La amenaza de los criados provoca la ira del Príncipe, que empieza a quebrarles las espaldas y amenaza con estrangularlos, provocando la huida de los criados por la misma abertura que han utilizado como entrada.
Después de este infructuoso episodio, el Rey vuelve a reunirse con sus allegados para comunicarles una brillante idea. Como está temeroso por la vida del Príncipe, es mejor que el propio Rey se despose con la duquesa, porque así logrará apaciguar a los dos hermanos; sin embargo, el conde, con la idea de favorecer al Infante, objeta que desde hace tres años él mismo está desposado en secreto con Rosilena, ante lo cual el monarca desiste: que mi edad helada y fría, / no pide mujer le dé. La duquesa promete que las palabras de Marcelo son verdaderas y que incluso teme estar embarazada de él. Leonido comienza a irritarse, pero el conde lo tranquiliza: todo el cuento ha sido fingido para quitarle al Rey de la cabeza la idea del matrimonio. Leonido y Rosilena quedan de nuevo enamorados y reconciliados.
Jornada 3
A la hora de la comida Fabio proporciona al Príncipe una suculenta ración que éste, escondido, engulle a dos manos. La fingida melancolía, traducida en inapetencia, del Príncipe preocupa al Rey, que en ese momento acude al aposento de su hijo para suplicarle que se alimente. El monarca, ciego de amor paterno, irrumpe en la estancia cuando su hijo tiene el plato delante; Fabio, para salir del apuro, explica al Rey que acaba de servir comida al Príncipe para intentar vencer, sin éxito, su desgana. La pena del padre, todavía convencido de la enfermedad de su hijo, es circunstancia que aprovecha el Príncipe para pedirle que le conceda a la duquesa: Sólo pudieras curarme / en que comiera de todo. El Rey sabe que la petición de su hijo no podrá verse satisfecha, pero le asegura que antes de una hora se presentará allí su prima Rosilena.
Entretanto Leonido recibe la visita de dos embajadores del difunto Rey de Polonia, que le ofrecen el trono. El Infante acepta cumplir las leyes y los fueros establecidos por su difunto tío y, mientras prepara el despacho, permite que los embajadores se retiren a descansar. El Infante pretende partir a Polonia en compañía de Rosilena, por lo que debe casarse con ella sin quebrantar la promesa hecha a su padre. Antes de eso, decide tornar el disgusto a su amada y se finge, ya Rey de Polonia, olvidado de ella para desesperación de la duquesa. Acabada la broma y reconciliados los amantes, surgen nuevas dificultades cuando el Rey pide al conde Marcelo que su mujer, es decir, Rosilena, vaya a alegrar las horas del Príncipe.
Fingiendo alegría y gozo, la duquesa Rosilena acude al aposento del Príncipe, que, viéndola tan receptiva, le confiesa que toda la melancolía y la locura han sido burlas fingidas para que lo casasen con ella; mientras el Rey y sus familiares andaban preocupados con tales crisis, le explica, Fabio le servía secretamente la comida. Rosilena decide seguir el juego amoroso para darle un escarmiento: diciéndole palabras tiernas logra sonsacarle toda la verdad, y así, en cuanto se presenta la ocasión, advierte al infante Leonido de los embustes de su hermano. El Infante promete a su amada que ese mismo día verá cumplida su palabra de matrimonio.
Finalmente todos los interesados acaban concurriendo en el aposento del Príncipe, donde el impostor come servido por Fabio. Cuando llega el Rey, vuelve a fingirse inapetente, pero no tardan el Infante y el conde en descubrirlo de nuevo comiendo. Indignado por tantas patrañas, Leonido pide permiso al Rey para experimentar con su hermano un remedio que le han enseñado los embajadores de Polonia. Si sana el Príncipe y vuelve a reaccionar con normalidad, el Rey se compromete a no contradecir el gusto de Leonido. Como la cura necesita de mil cercos en el cielo y que aparezcan visiones en la tierra, el Rey debe subirse al corredor y el Infante cerrará con llave el aposento. Para sorpresa de todos, Leonido conjura al infierno para que salga una figura que resulta ser Rosilena, que aparece por la ya conocida abertura sepulcral; a continuación el Infante se ausenta un momento y vuelve a aparecer sentado sobre unas andas que cuatro criados traen sobre los hombros. Tras recriminar al Rey su parcialidad y al Príncipe sus fingimientos, Leonido se entrega como esposo a Rosilena. La inmediata reacción del Príncipe es aprovechada por el Infante para demostrar que la cura ha sido provechosa. El Rey acusa Leonido de traición por no haber cumplido su palabra de casarse sólo con su consentimiento, pero el Infante replica que él se comprometió a no casarse con los pies en el suelo y lo ha hecho sobre los hombros de los criados. El Rey baja del corredor y no puede sino perdonar el carrusel de fingimientos de todos los presentes: la melancolía del Príncipe, las tretas del Infante, la aparente obediencia de la duquesa y el matrimonio fantástico del conde.