NADIE SE CONOCE, Comedia famosa



DATOS BIBLIOGRÁFICOS

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Título

Título: NADIE SE CONOCE, Comedia famosa. Procedencia: Parte 22

Autoría

Autor: Félix Lope de Vega y Carpio. Fiabilidad: De autoría fiable

Peregrino

Citado en El peregrino I: No
Citado en El peregrino II: No

Parte

Parte XXII (1635)
Nota: Esta es la conocida como Parte 22 perfecta o genuina, impresa en Madrid, 1635, distinta de la Parte 22 impresa en Zaragoza, en 1630, esta última clasificada por Mª G. Profeti dentro de la Colección de Diferentes autores

Manuscrito

No consta

Otras ediciones del siglo XVII

No consta

Colecciones modernas

*Ref. bibliográfica: VVAA: Teatro Español del Siglo de Oro (Base de datos de texto completo publicada en CD-ROM). ProQuest LLC, Chadwyck-Healey, 1997.

Ref. bibliográfica: E. Cotarelo et al. eds.: Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española [nueva edicion] (Con prólogos de E.Cotarelo y Mori y otros, 13 vols.). Madrid, RAE, 1916-1930. VII.

* Edición utilizada

Ediciones singulares modernas

No consta

Versiones y traducciones

No se conocen

Bibliografía secundaria


- Bogsi, J. Peter. "Laura perseguida, Lucinda perseguida y Nadie se conoce". Segismundo. núm. 1, 2. p. 301-309. 1965.


ANOTACIONES PRAGMÁTICAS

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Datación

Fecha: 1615-1621, probablemente 1618
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 367.

Dedicatorias

No existe dedicatoria.

Cómputo de versos

Número: 3004
Ref. bibliográfica: Morley, S. G.; Bruerton, C.: Cronología de las comedias de Lope de Vega (La 1ª edición, en inglés, es de 1940). Madrid, Gredos, 1968. 366.


CARACTERIZACIONES

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Personajes no computables

  • Labradores
  • Músicos
  • Personajes computables

  • Albano, caballero

  • [Bato], [villano]

  • Belisa, dama, dama [de Celia]; que actúa de [Belisa], [campesina]

  • Celia, dama, [protagonista]; que actúa de [Diana], [campesina]

  • Clarino, labrador

  • Dorista, dama, dama [de Celia]; que actúa de [Celia], [dama]. Nota: No es simplemente que se disfrace de dama, sino que toma la identidad de una dama existente, Celia.

  • El Duque Arnaldo

  • Fabio, lacayo [del Príncipe Lisardo], [gracioso]

  • Feliciano, caballero; que actúa de [Felino], [marido de Diana]

  • Fileno, labrador

  • Lisardo, Príncipe [de Hungría], [protagonista], [hijo del Rey Roberto]

  • Lucindo, criado [del Duque Arnaldo]

  • [Niña]

  • Roberto, Rey de Hungría, [padre del Príncipe Lisardo]
  • Universo social

  • Universo de la nobleza. Alta nobleza
  • Universo del poder soberano. Príncipes
  • Universo del poder soberano. Reyes
  • Universo rural. Villanos
  • Universo urbano. Caballería urbana (caballeros, damas)
  • Tiempo histórico

    Tiempo indeterminado
    Nota: La monarquía húngara fue independiente entre los siglos X y XVI.

    Marco espacial

    Jornada 1
    Topónimo: lugar indeterminado. [Hungría]. Europa. Espacio: Palacio Real, casa de Celia, bosque de Miraflor, castillo de Miraflor.

    Jornada 2
    Topónimo: lugar indeterminado. [Hungría]. Europa. Espacio: Palacio Real, casa de Celia, bosque de Miraflor, castillo del bosque de Miraflor.

    Jornada 3
    Topónimo: lugar indeterminado. [Hungría]. Europa. Espacio: Bosque de Miraflor, castillo de Miraflor.

    Duración

    Obra: 1 año (aprox.). Nota: Probablemente, algo más de un año.
    Jornada 1: Número indeterminado de días
    Entreacto 1 a 2: Número indeterminado de horas. Nota: Pasa aproximadamente una noche.
    Jornada 2: 1 día (aprox.)
    Entreacto 2 a 3: 9 meses (aprox.). Nota: 9 meses o más, puesto que Diana (realmente Celia) ha tenido una hija y en el acto anterior no estaba embarazada.
    Jornada 3: Número indeterminado de días

    Género

    Género principal:

    • Comedia > universo de irrealidad > libre invención > palatina.

    Extracto argumental

    Jornada 1
    El rey de Hungría quiere disuadir a su hijo Lisardo de su amor hacia Celia, dama con fama de virtuosa pero de origen extranjero, para evitar que el reino pase a manos extrañas. Para ello adoptará el plan de Albano, arribista maquiavélico, de provocar celos en su hijo mediante el concurso del duque Arnaldo, quien, en contra de su voluntad, obedece a su Rey y procede a fingir la seducción de Celia.
    En una escena siguiente aparecen Lisardo y Celia junto con Feliciano y Dorista. En medio de un cruce poético de demostraciones de amor entre el Príncipe y Celia irrumpe el criado Fabio, que les informa que el Rey trama separarles, y entre todos comienzan a trazar un plan para poner a salvo la vida de la joven, por la que temen. Celia, disfrazada de labradora, y el caballero Feliciano, que finge ser su esposo, marchan de la Corte para esconderse en un castillo del cercano bosque de Miraflor, lo que además permitirá que los amantes sigan encontrándose. Mientras, Dorista se hará pasar por Celia para evitar que se note su ausencia.
    Ya solo en la Corte, Lisardo habrá de oír dos parlamentos bien diferentes. Por una parte, en tono solemne, su padre le reprocha anteponer su gusto a lo políticamente justo. Por otra parte Fabio, que ya había demostrado sus dotes satíricas esbozando un retrato de las mujeres del día en un diálogo con Velisa, aplicará ahora su escalpelo a otros motivos de la sátira áurea, como las niñas precozmente casadas o la profusión de calvos.
    En otro orden de cosas, el obediente duque Arnaldo se dirige a casa de Celia para intentar seducirla, a pesar del miedo que siente ante una posible represalia por parte del Príncipe, y del pesimismo que le inspira el bien probado amor entre los jóvenes. Por ello, casi no creerá su suerte cuando Dorista, la falsa Celia, lo cita esa misma noche en su casa, afirmando estar cansada de su perpetua reclusión.
    Mientras el Rey, con el fin de distraer a su hijo, organiza una cacería en el monte. Allí, descansando junto a una fuente, se encuentra con Celia ya disfrazada de la campesina Diana. El encuentro es observado en secreto por Lisardo, quien lo interrumpe cuando percibe cómo el Rey se prenda de la belleza y la sensatez de una Celia que llega a reflexionar sobre la educación de los príncipes. El enredo se trenza cuando el Rey, que no conoce a Celia, pone a la campesina como ejemplo de que sin duda existen mujeres más bellas que aquélla a la que ama su hijo. Además decide no regresar a palacio esa misma noche y hospedarse en el castillo donde se aloja Celia, ante la lógica preocupación de Lisardo. Pero éste reflexiona y no tarda en darse cuenta de las ventajas que puede aportarle una predisposición positiva del Rey hacia su amada, por lo que recomienda a ésta que seduzca al Rey con sus virtudes.


    Jornada 2
    Nos encontramos de nuevo en el Palacio del Rey, donde éste, lejos de haber olvidado su amor por la falsa labradora Diana, lo justifica ante Albano encareciendo sus maneras propias de una dama y su belleza. Lo cual, de paso, le hace entender la magnitud del amor que su hijo siente por Celia, pues no se ha visto mermado por el espectáculo de la bella Diana.
    A continuación el duque Arnaldo informa al Rey de sus sorprendentes avances con Dorista, a quien toma por Celia, así como de su acomodado estado y de la existencia de un hijo al que la joven mandó a Alemania, por un temor a una posible reacción del Rey que éste se apresura a desmentir: "Mal hizo; en fin, es mi nieto". El Rey, satisfecho, achaca la volubilidad de Celia, por supuesto, a su condición femenina, e informa a su hijo de la traición de su amada , emplazándole a presenciarla esa misma noche.
    Tras la salida del Rey, el Príncipe llama la atención de Fabio acerca de la doble moral de su padre, que ve los errores ajenos sin advertir los propios, "hecho [...] un Catón / y perdido de afición / de una rústica mujer". El criado hará una sátira más general del tema, concluyendo que "quien puede su gusto goce, / porque nadie se conoce / ni advierte en su propio error". Además, Fabio aclara a su señor lo que su padre le acaba de insinuar, pues Dorista le ha puesto al corriente del plan del Rey, utilizar al duque Arnaldo para dar celos a Lisardo y conseguir que abandone a Celia (siempre creyendo que es Dorista).
    Celia, movida por los celos que le despierta la falta de visitas de Lisardo, regresa a su casa en la Corte. Allí se muestra ofendida por el comportamiento que Dorista ha tenido con el Duque, pues es su honor el que puede verse afectado. Por si fuera poco, Lisardo llega a su casa y se produce el típico equívoco que parece relacionar al joven con Dorista, provocando unos celos que inmediatamente serán despejados por las reflexiones y muestras de amor del Príncipe.
    El diálogo es interrumpido por la llegada del duque Arnaldo, que viene a cortejar a quien cree Celia, por lo que ésta y el Príncipe se ocultan. Lisardo permite al duque que comience su galanteo, para después irrumpir en escena fingiendo ira y querer darle muerte por su atrevimiento. La aparición del Rey interrumpe la trifulca y precipita los acontecimientos, pues castiga al príncipe, a quien manda apresar en el castillo de Miraflor, y resuelve encerrar a Dorista, todavía Celia, en una torre. Dorista se defiende alegando que es hija de un general del Emperador Conrado que murió prestando servicio, pero el Rey le responde que no le tiene respeto porque, si bien su calidad sería suficiente para igualar a un rey, no ha guardado la ley del honor ni de la honestidad. La escena se cierra cuando Fabio, llamado por el Rey para obtener noticias sobre Celia y su hijo, revela muy a su pesar que tienen un hijo conde, de cinco años, un hijo marqués y tres hijas, lo que despierta la ira del Rey hacia tan funesto mensajero.
    Lisardo es conducido al castillo por Albano, cuyo afán de medro le lleva a declararse a disgusto con la obligación que cumple. También Lisardo finge: protesta ante su suerte y justifica su amor como un error juvenil común a todos los mortales, insistiendo en su idea de que "nadie se conoce". Con ello oculta la satisfacción que realmente siente por la resolución del Rey, que le permitirá gozar de la compañía de Celia, disfrazada de Diana, y de sus hijos ("siendo el tercero" su padre, como puntualiza el criado Fabio).
    Quien no se muestra tan complacido es el Rey, a pesar de que la reclusión de su hijo le sirve como excusa para visitar a su amada Diana. Mientras los jóvenes hablan, manifiesta a su confidente Albano su temor de que ésta pueda agradarle a Lisardo. Albano le recuerda que si así fuera se resolvería su problema de Estado, pues se podría casar al Príncipe con alguien diferente a Celia. Pero el Rey lleva al extremo su decisión de anteponer su gusto a lo justo, y ahora se muestra complacido de que su hijo tenga un amor que lo mantiene alejado de la falsa Diana.


    Jornada 3
    Han pasado unos meses, y nos encontramos de nuevo en el bosque de Miraflor. Allí unos labradores se entregan a la murmuración en torno al Rey y a la hija que Diana acaba de tener, así como a criticar la creciente riqueza de su supuesto marido, el labrador Felino. De paso, por boca de uno de ellos se insiste en el tema de que "no os conocéis; / que lo que en los otros veis / tenéis en la frente escrito".
    Hablando del mismo tema pero desde otro punto de vista entran Albano y el Rey: el arribista informa a su señor del afecto que siente el Príncipe hacia la campesina Diana y, sobre todo, hacia la niña que acaba de nacer, pues con ambas pasa la mayoría de las horas de su reclusión. El Rey gesta un nuevo plan para evitar que Lisardo se quede con Diana: dejar en libertad a Celia y llevar a su hijo de nuevo a la Corte, para casarlo con ella. Con una novedad, y es que ahora el Rey ya es consciente de su equivocada conducta: "Burlo del que cayó y estoy en tierra, / y conozco por mi fin sin conocerme, que nadie se conoce cuando yerra".
    Sin embargo, acto seguido el Rey intenta galantear con una Diana cuyas maneras de noble le admiran cada vez más, y ésta sale del paso pidiendo al Rey que apadrine a su hija, tras lo cual ambos podrán considerarse parientes. El Rey interpreta estas palabras como una promesa de obtener sus favores tras el bautizo, por lo que acepta y además propone su traslado y el de su marido a la Corte, con un cargo real. Tras el bautizo, Lisardo y Celia se cruzan a escondidas demostraciones líricas de amor, y luego un cortejo de músicos y villanos acompaña con sus canciones al Rey y a su ahijada, a la que otorga una renta de dos mil ducados.
    Cuando llega la recién liberada Dorista, en compañía del duque Arnaldo, que ya la ama de verdad, Lisardo finge mostrarse furioso con ella por serle infiel con el Duque, y amenaza castigarla con la muerte. El Rey, una vez más oculto, lo impide alegando su alta alcurnia, que ahora sí considera motivo suficiente para facilitar la boda con su hijo. Lisardo acepta con una condición, que junto a él se case el duque Arnaldos con una dama cuyo honor ha puesto en entredicho. Al mismo tiempo tranquiliza, aparentemente, los celos de su padre: a su pregunta de si ama a Diana, el Príncipe contesta que nunca ha amado a nadie más que a Celia.
    Así, la sorpresa del Rey cuando deba oficiar la boda será mayúscula, al verse obligado a celebrar un matrimonio que él mismo ha propiciado y al descubrir el error que ha cometido al enamorarse de quien creía la campesina Diana. El duque Arnaldos también consigue su objetivo, casarse con Dorista, con el valor añadido de que la joven es prima de Celia e hija del Conde Alberto. También contraen matrimonio Velisa y Fabio, al que el Rey, escarmentado, perdona junto a los demás y otorga un oficio nuevo, el de guía de amor.


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