Obedeceros es justo.
Casilda hermosa, escuchadme:
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Dios, que crió cielo y tierra;
serafines, potestades,
tronos y dominaciones,
querubines y otros ángeles;
sol, luna, estrellas, planetas;
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agua, tierra, fuego, aire,
árboles, plantas y flores;
aves, peces, animales,
es un solo Dios, y en El
tres Personas juntas caben,
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que hacen la esencia de Dios
incomprensible, increable.
Llámanse el Padre y el Hijo,
Espíritu Santo, iguales
en la gracia, en el poder,
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en la gloria y majestades;
es el Padre la primera
Persona y el Hijo hace
la segunda justamente
porque procede del Padre;
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es el Espíritu Santo
la tercera, y todos hacen
un solo Dios verdadero,
infinito, sabio y grande.
Todas tres son de una edad
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y ninguna nació antes
que la otra; tienen un ser
y una sustancia inefable;
lo que una quiere, otra quiere;
no hay en ellas voluntades
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más de sola ésta de Dios,
que entre las tres se reparte.
En los ángeles del cielo,
en que hubo desigualdades,
Luzbel, hermoso entre todos,
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opuesto a Dios, quiso alzarse
con la gloria que le dio,
y, soberbio y arrogante,
cayó con decir Miguel,
el uno de los arcángeles,
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«¿Quién como Dios?», y al infierno
le humilló con sus secuaces,
transformada su hermosura
en formas abominables.
Luego crió Dios al hombre
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a (su) semejanza, imagen
de sí mismo, en que mostró
lo que puede y lo que sabe.
Hízole perfecto en todo:
hermoso, discreto, amable,
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como de su mano misma,
sin imperfección de partes.
Diole luego a la mujer
para que le acompañase
y para que ambos el mundo
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con su junta procreasen.
Púsole en el paraíso,
tan hermoso y deleitable
como jardín que Dios hizo
para que se recreasen.
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Hízole dueño de todo,
de las fieras y animales,
que al punto le obedecieron,
del más humilde al más grande.
(A) entrambos puso un preceto,
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mandando que no tocasen
a un árbol de fruta hermoso
que Dios reservó, Él lo sabe.
Quebraron el mandamiento:
¡Ah bocado miserable!,
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pues una sola manzana
tan mal provecho nos hace.
Comieron, en fin, comieron,
con que se hicieron mortales,
quedando en su culpa todos
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partícipes y capaces.
Desterrólos Dios, salieron
llorando, y por ser tan grave
la ofensa, enojado estuvo
con todos largas edades.
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Como el agravio fue a Dios,
no hay ninguno que le aplaque,
y así por todos El mismo
a sí mismo satisface.
Las tres divinas Personas
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ordenaron que bajase
la segunda, que es el Hijo,
al mundo y, tomando carne
en el vientre de María,
hombre se hiciese. Al instante
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que se dispuso se hizo;
y en esta doncella, ave
de gracia, Cristo encarnó,
que así permitió llamarse,
siendo por gracia infinita
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y obra santa y saludable
del mismo Espíritu Santo,
quedando ella, aunque fue madre,
virgen después de parida
y antes que Dios encarnase.
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Creció Dios-hombre; crióse;
hizo milagros notables;
dio muestras de que era Dios,
y permitió bautizarse,
por que todos desde allí
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en lo mismo le imitasen.
Envidiosos los judíos,
gente bárbara e infame,
para que muriese hicieron
bandos y parcialidades.
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Por un discípulo suyo,
vendida su justa sangre,
prendiéronle, y en la cruz,
después de tormentos graves,
clavado en ella murió,
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redimiendo el vasallaje
y esclavitud en que todos,
por nuestros primeros padres,
incurrimos desde el día
del bocado miserable,
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e instituyó el sacramento
de la Eucaristía antes
de su muerte, por que el hombre
de su Dios participase.
Después, al tercero día,
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resucitó y, admirable,
subió al cielo y se sentó
a la diestra de Dios Padre.
Esto es, princesa Casilda,
de Dios la mínima parte
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que puedo decirte yo;
después sabrás lo que baste.