Llegué con mi padre, hermano,
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al cuarto do amor encierra
las bellezas peregrinas
por peregrinas bellezas,
los extranjeros milagros
en quien con mayor soberbia
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junta marfil para rayos,
guarda cristal para flechas,
que tan valiente en sus rostros
se excedió naturaleza,
que, admirada en ellas, juzga
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soberana omnipotencia.
Salieron a recibirnos,
por epiciclos de puertas
doce estrellas, por que el cuarto
el firmamento parezca.
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Vi en ella un Zodíaco hermoso
con doce imágenes bellas,
tórrida zona en que el sol
abrasaría con más fuerza,
aunque pienso que bañaran
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con más templanza la tierra,
porque todas parecían
signos de la primavera.
Lo extraño de los vestidos,
lo diverso de las lenguas
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otra Babilonia forman,
siendo amor gigante en ella.
Salió Tilene divina
en sí trasladando a Persia,
vestida de nácar y oro,
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tan gentil y tan honesta,
que a la rosa parecía
que a la aurora se desflueca;
para ser del sol pastilla
ardía en sus conchas tiernas.
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Lausinia, de azul, hacía
a los cielos competencia,
siendo entre estrellas de plata
cielo del mayor planeta.
Quedé en su vista abrasado,
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quedé ciego en su presencia;
mas no es mucho si me vi
entre el sol y las estrellas
de plata y de naranjado,
que laberintos se mezclan.
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Salió el fénix de Alemania,
si en nieve el fénix se quema,
el naranjado color
entre la plata y las perlas
una naranja la hacía
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de escarcha y de flor cubierta,
que por el rostro mostraba
lo dulce de su belleza,
que amor para el apetito
cortó naranja tan bella
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de verde laudomia egipcia.
Fue un jardín en quien pudiera
perderse mejor que en Chipre
amor sin arco y sin venda.
De verdes plumas también
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dilataba en su cabeza
una selva por penacho.
¡Quién se perdiera en tal selva!
De pardo rosado y oro
Clotilde salió, y Nerca
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de verde mar, por que el mar
manso y templado parezca,
aunque nadie ve sus ojos
que se escape de tormenta,
Porque son almas de vidrio
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donde las almas se anegan.
Leonora, de amor milagro,
vestida de blanca tela,
sol pareció que, anublado,
en el invierno despierta
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en la nieve de los montes,
que sacudir puede apenas
del cabello que el aurora
con dedos de oro le peina.
Posidonia de pajizo,
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con mil asientos y piezas,
pirámide parecía
hecha de preciosas perlas.
Teodora gentil, sembrando
su buen gusto en copia siembra
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lentejas de plata y oro
en campo de rosa seca.
Estaban tan bien guisadas,
que mil Esaúles pudieran
despreciar su mayorazgo
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por tal plato de lentejas.
Camila, gloria de Italia,
de negro espolín cubierta,
burlar quiso tantos días
fingiéndose noche negra,
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porque no negro, escarchado
en plata y oro, acrecienta
tanta hermosura en su noche,
que a oscuras los días deja.
Las que entran y las que salen
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con admiración se encuentran,
porque magna conjunción
vimos allí de belleza.
Lísipa en ellas se admira,
Ingunda se espanta en ellas,
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y en Lísipa y en Ingunda
ellas quedaron suspensas.
Las suertes propuso el rey,
y alegres y satisfechas
a las suertes remitieron
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la dudosa competencia.
Ya están las estrellas juntas,
ya echando las suertes quedan.
Suerte y estrella tendrás,
seis suertes que estrellas echan;
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medio soberano ha sido,
pues que quedaron contentas.
Y tú, por suerte casado,
¡plega al cielo que la tengas
tan feliz como gloriosa,
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dándole a España una reina
de quien a copias veamos
ángeles que le sucedan!