1435
Hermana soy de Abisén,
Rey desta provincia bella,
que la dividen de Arabia
estas montañas soberbias.
Pidióme para su esposa
1440
Ardinabel, Rey de Persia,
afable y manso en las paces
y prodigioso en las guerras.
Pero temiendo mi hermano
su valor y fortaleza,
1445
y que eran parte sus partes
para usurparle sus tierras,
no quiso, y él, ofendido
de su bárbara respuesta,
cubrió la tierra de espanto
1450
y los aires de banderas.
Y tras de una clara noche,
el alba, llorando perlas,
amaneció, dando aviso
del daño que verse espera.
1455
Al fin, al subir del sol,
vimos los prados y vegas
matizados de colores,
bordando una primavera;
y en medio de las escuadras,
1460
en una persiana yegua,
monte de nieve de lejos
y blanco cisne de cerca,
con un bozal de oro fino,
lleno de borlas de seda,
1465
cuya color hurtó al cielo
para dar celosas muestras;
con un bastón en la mano
y una marlota de seda
turquí, llena de alcachofas
1470
de plata cendrada y tersa,
al son de las dulces trompas
venía gallardo, y ella
parecía que danzaba
con saltos y con corvetas.
1475
Tocó la ciudad al arma,
acudió el miedo a las puertas,
a las murallas los hombres,
las voces a las estrellas.
Cercados nos tuvo un año,
1480
con tanta infamia y bajeza,
que se atrevió el hambre a entrar
al plato de nuestras mesas.
Pero los vecinos, tristes,
viendo que el daño se acerca,
1485
despechados, salen juntos
una noche oscura y negra.
Desbarataron sus campos,
y él, con infamia y afrenta,
con cien hombres salió huyendo,
1490
dejando sola su tienda.
Salió mi hermano al alcance,
y en más de veintiséis leguas
la sangre de los persianos
fue un mar a las gentes nuestras.
1495
Quedó libre la ciudad,
y los que en muros y rejas
se escondieron, ya en el campo,
viéndose libres, se alejan.
A esta sazón, por el puerto
1500
cinco naves extranjeras
entraron, haciendo salva,
de mil flámulas cubiertas.
Piensa el pueblo que otra vez
vuelve el contrario, y se apresta;
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mas ellos, desde las gavias,
paz demandaron por señas.
Dijeron que eran amigos;
que el furor de una tormenta
les arribó a aquellos puertos,
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faltos de sustento y fuerzas.
Preguntaron qué nación,
y nos respondieron que eran
ninivitas, que pedían
por hospedaje clemencia.
1515
Diles licencia que entraran:
nunca licencia los diera,
que desta licencia, amor
se entró al alma sin licencia.
Luego, de la capitana
1520
echan el esquife a tierra,
donde el Príncipe venía
cercado de su nobleza.
Vile entrar desde unos vidrios
de mi balcón, y fue fuerza
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beber en ellos mi amor,
que se subió a la cabeza.
Viendo al Príncipe salir
de la mar por la ribera,
me pareció ver al sol
1530
tras las confusas tinieblas.
Entró a palacio a besarme
las manos, y dile en ellas,
Lisbeo, mi libertad,
y en los ojos mil ternezas.
1535
Confrontáronse las almas
y entendiéronse las lenguas,
que hablan mucho siendo mudas
cuando quieren y desean.
Declaróme su pasión,
1540
y yo la mía en respuesta,
y luego el respeto quiso
atreverse a mi grandeza.
Concertamos que una tarde
saliese yo a ver la pesca
1545
con dos escuderos solos
y solas cuatro doncellas,
y que tendrían sus naves,
puestas a punta las velas,
porque hiriendo en popa el viento,
1550
se escapasen con la presa.
Hícelo así, y él, a vista
de la ciudad, que me espera
por el muelle, y la marina
con regocijos y fiestas,
1555
me roba y pone en su nave,
que pareció, en ligereza,
al águila del dios Jove,
que a Ganimedes se lleva.
Dio voces mi pueblo junto;
1560
pero el mar, alzando fieras
de plata y de espuma cana,
en agua las voces mezcla.
Navegamos doce días
por zafiros y turquesas,
1565
y al cabo dellos tocamos
de Nínive las arenas.
Y Danfanisbo, traidor,
que en ella entre vicios reina,
nos mandó sacar al punto
1570
de aquella playa desierta,
porque le corrió fortuna,
con virtud y sin prudencia;
conmigo vivía, y él
así las virtudes premia.
1575
Déjame el Príncipe sola
por buscar camino o senda;
tú en esta ocasión llegaste
y me llevaste por fuerza.
En Nínive me tuviste
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cuatro días encubierta,
y contra tu voluntad
mi honestidad se conserva.
Y pues hasta aquí, Lisbeo,
no has manchado mi limpieza,
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quiero que tus mismas manos
su escudo y mi amparo sean.
Y fío decirle a mi hermano:
con esta armada me lleva,
pues voy en aqueste traje
1590
tan segura y encubierta,
que si a Nínive llegamos,
podrá ser que el cielo quiera
que con mi esposo encontremos,
y fin mis desdichas tengan.