Esto es Dios, el Padre eterno,
increado, como dije,
y el santo y divino verbo,
que este, a quien comunicase
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su esencia, engendró ab eterno
y el que de los dos procede,
que es su amor santo y inmenso.
Ya te dije la caída
de los ángeles soberbios
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y la del primero padre
por quebrar aquel precepto.
Ya te dije cómo entró
la muerte en el mundo, y luego
la torre, el diluvio, el arca
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y la división que hicieron
los tres hijos de Noé,
del mundo, tres partes hecho;
la promesa que Abrahán
le hizo Dios, bendiciendo
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su santa generación,
y de José los sucesos
hasta que salió de Egipto
del nuevo Israel el pueblo,
y cómo a la prometida
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tierra por aquel desierto
vinieron, después que en él
cuarenta años estuvieron.
Ya te dije de David,
a quien prometió de nuevo,
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como a Abrahán y a Jacob,
Dios que nacería de ellos
su hijo, para que fuese
de nuestros males remedio;
la historia de Salomón,
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la máquina de su templo,
sacerdotes, sacrificios
y el arca del Testamento.
Ya te referí la línea
de reyes malos y buenos,
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de David y las catorce
generaciones, haciendo
largos discursos de todo,
hasta aquel dichoso tiempo
en que de María Virgen
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nació el que dos nacimientos
tuvo en el cielo y la tierra,
uno sin tiempo, otro en tiempo;
los discursos de su vida,
su doctrina y Evangelio,
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y la envidia que causaron
sus milagros estupendos;
cómo murió por los hombres
llevando al hombro su imperio,
y cómo fue el sacrificio,
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mudo, este manso Cordero;
cómo bajó al Limbo el alma,
aunque siempre con el cuerpo
quedó la divinidad,
como arco, vemos asida
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la cuerda a los dos extremos.
Su resurrección te dije
y cómo todos le vieron
tan en su llaga, que Tomás
metió en su llaga los dedos;
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su ascensión maravillosa
y cómo quiso, partiendo,
quedarse, y se fue y quedó
en divino sacramento;
cómo el Espíritu Santo,
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bajando en lenguas de fuego,
las dio para todo el mundo
a su divino Colegio;
cómo se fundó la Iglesia
sucediendo a Cristo Pedro
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y a él los demás que agora
a Pedro van sucediendo.
Lo que escribieron te dije
Lucas, Juan, Marcos, Mateo,
que del viejo a diferencia
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en el Testamento nuevo;
las piedras de Esteban santo
y Pablo, niño pequeño,
guardando entonces las capas
y después vaso tan lleno
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de divina erudición,
y cómo por su Maestro
murieron todos los doce
predicando su Evangelio,
fuera de Juan, reservado
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para escribir los conceptos
que la noche de la cena
vio velando, aunque durmiendo.
La confirmación te dije
de los muchos que murieron
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por la verdad de esta fe,
niños, mujeres y viejos;
de manera que tres leyes
fueron del mundo gobierno:
ley natural, ley escrita
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y ley de gracia. Vivieron
en la natural los padres
de aquellos siglos primeros;
desde Moisés en la escrita,
porque de Dios con el dedo
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se la dio en tablas de mármol
con aquellos diez preceptos;
en la de gracias nosotros
con los siete sacramentos
que salieron del costado
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de este divino Arquitecto:
el primero es el bautismo
de agua y soberano fuego,
sin el cual es imposible
entrar ninguno en el cielo.