Félix Lope de Vega y Carpio Lope de Vega y Carpio, Félix

LA MEJOR ENAMORADA, LA MAGDALENA




Autoría: Dudosa
Texto utilizado para esta edición digital:
Vega, Lope de. La mejor enamorada, la Magdalena Editado por Cotarelo y Mori, Emilio Obras de Lope de Vega, publicadas por la Real Academia Española (Nueva Edición). Obras Dramáticas, Tomo II, Madrid: Tipografía de la <Revista de Arch., Bibl. y Museos>, 1916, [vol. 2], pp. 431-459.
Adaptación digital para EMOTHE:
  • Martínez Fernández, Ángela (Artelope)

Elenco

JULIO
CAMILO
MAGDALENA
LÁZARO
MÁXIMO
CLAVELA
ALEJANDRA
ALECH
CLAUDIO
TEODORO
CÓNSUL
MARTA
SIMÓN
CRISTO
ISAAC
RABÍ
SILECH
PAJE
OCTAVIO
CONDE
CONDESA
MARCOS
MACHUCHES
JUAN
MINGOS
CARDENIO
TODOS
ÁNGEL 1
CONDE
CONDESA
MARCOS
LAURO

Jornada I

(Salen JOSEFO y JULIO CAMILO, y dice JOSEFO:)

JOSEFO.
Redondilla
¿Faltan en Jerusalén
mujeres, Julio Camilo,
que con más famoso estilo
materia a vuestro amor den?
Redondilla
5
Mal el sujeto mostráis
de la amistad que tenéis,
si [a] Alejandra amáis y veis
la muerte que a mí me dais.
Redondilla
¿Es buena correspondencia
10
tratarme de aquese modo
y que busquéis nuevo todo
para nuestra competencia?
Redondilla
Mirá que en nuestra amistad
no seguís lo que yo sigo,
15
y esa no es ley de amigo,
sino ley de liviandad.

JULIO.
Redondilla
Antes vos muy mal seguís
la amistad que me tenéis,
pues vuestro bien pretendéis
20
y mi sospecha admitís.
Redondilla
Y ansí, para que no vaya
vuestra amistad adelante,
aunque os preciéis de arrogante,
no paséis de aquesta raya;
(Hace una raya.)
Redondilla
25
porque si de ella pasáis,
o venís por esta calle,
yo os daré, aunque ahora calle,
el premio que vos buscáis.

JOSEFO.
Redondilla
Camilo, en esta ocasión
30
no es de hombre docto y prudente
querer mostrarse valiente
con sombras de fanfarrón;
Redondilla
que aunque queréis siempre vos
vuestra sangre mejor sea,
35
la que yo tengo de hebrea
nos hace iguales los dos;
Redondilla
y esto sin adelantarme,
como muestro…

CAMILO.
Paso, paso;
porque no hago de eso caso,
40
que entonces querré vengarme.
Redondilla
No paséis de aquesta raya,
que [os] importa a vos y a mí.

JOSEFO.
Hablarme, Camilo, así
parece pasa de raya.
Redondilla
45
Pero, pues sois tan valiente,
las espadas lo dirán,
que ya en ocasión están.

CAMILO.
Aguarda, que sale gente;
Redondilla
que ha de ser donde no vea
50
persona aquí si reñimos.

(Sale LÁZARO y MAGDALENA, MÁXIMO Y CLAVELA, dos PAJES que alumbran con hachas.)

JOSEFO.
En eso los dos cumplimos
lo que el gusto nos desea.

LÁZARO.
Redondilla
Hemos llegado de noche.

MAGDALENA.
Sí, pero poco me agrada.
55
Lo que más, señor, me enfada
fué venirnos en [el] coche;
Redondilla
que por no me marear,
hermano, en él no viniera,
que sólo por eso diera
60
algo que pudiera dar.

LÁZARO.
Redondilla
Hermana, eso es ansí;
pero en aquesta ocasión
vais contra alguna opinión
de los que viven aquí.
Redondilla
65
Que como es Corte y Magdalo
es más recogido y bueno,
de esos muchos gustos lleno
y de mucho más regalo.
Redondilla
Aunque es un gusto sin tasa,
70
sin llegarte a marear,
porque sólo [es] caminar
por la tierra en una casa.

MAGDALENA.
Redondilla
Hermano, no es la razón
ésa que deciros quiero;
75
pero venir a un cochero
sujeta, me da pasión,
Redondilla
que ya se trastorna el coche;
ya tiene que ha de rezar;
luego, en llegando al lugar,
80
andemos, que no es de noche;
Redondilla
y más si es pertinaz
el cochero, es gran pasión:
mejor en otra invención
camino, aunque cueste más.

LÁZARO.
Redondilla
85
¡Muy bueno estuvo el discurso!
De suerte, hermana, tratáis
esas cosas, que me dais
a entender que tenéis curso
Redondilla
de ellas, pues venís cansada.
90
Ya dentro en Jerusalén
estamos; vamos también,
Magdalena, a la posada,
Redondilla
donde quedaréis las dos
con Clavela, mientras voy
95
a negociar, pues yo soy…

MÁXIMO.
Pues, Lázaro, adiós.

LÁZARO.
Adiós.

MÁXIMO.
Redondilla
¿Cuándo, mi bien, te hablaré?

MAGDALENA.
Yo buscaré la ocasión.

MÁXIMO.
¡Qué buenos mis bienes son!
100
Luego, ¿otra vez te veré?

MAGDALENA.
Redondilla
Sí, Máximo; yo quisiera
que esta jornada durara
un siglo, si te gozara
y por momentos te viera.

LÁZARO.
Redondilla
105
Vayan las hachas con vos.

MÁXIMO.
De aquí, a fe, no pasaré.
Allá os acompañaré.

LÁZARO.
No, Máximo: adiós.

(Vanse LÁZARO, MAGDALENA y CLAVELA.)

MÁXIMO.
Adiós.
Redondilla
¿Hay tan divina belleza?

JOSEFO.
110
¿Hay tan famosa figura?

CAMILO.
¿Hay tan extraña hermosura?

JOSEFO.
¿Hay tan grande gentileza?

MÁXIMO.
Redondilla
¡Por Dios, que muero por ella!

JOSEFO.
¡A fe, que quedo picado!

CAMILO.
115
Déjame a mí en excusado.

MÁXIMO.
¿Hay hermosura tan bella?

CAMILO.
Redondilla
¿Qué gente?

JOSEFO.
¿Qué gente va?

MÁXIMO.
¿Es Julio Camilo?

CAMILO.
Sí;
¿es Máximo?

MÁXIMO.
Estáis aquí
120
¿y no me habláis? ¡Bueno está!

CAMILO.
Redondilla
¿Qué gente [es] esta, decí,
que ahora pasó?

MÁXIMO.
Pues ¿no
conocéis la que ganó
tan gran fama por sí?
Redondilla
125
Son Lázaro y Magdalena,
que hoy llegaron de Magdalo,
y dejando su regalo
vivir en la Corte ordena
Redondilla
Magdalena, por gozar
130
de la Corte, que es su gusto:
hallélos, con gran disgusto,
a la puerta del lugar.
Redondilla
Mareóse Magdalena
de venir dentro en el coche,
135
y por ser ya muy de noche
y hallarlos en tierra ajena
Redondilla
los acompañé hasta aquí.

CAMILO.
¿Tan hermosa es?

MÁXIMO.
¡Por Dios,
que es única y sola!

CAMILO.
Y vos,
140
¿llevaréisme allá?

MÁXIMO.
Yo, sí.
Redondilla
Y ansí quiero adelantarme;
y porque en ella contemplo,
junto del famoso templo,
Camilo, podéis hallarme.
Redondilla
145
Adiós.

(Vase.)

CAMILO.
Él vaya con vos.
Si yo gozo a Magdalena
saldré de gusto y de pena.
Pero, pues solos los dos
Redondilla
quedamos, en buen estado
150
se queda nuestra pendencia.

JOSEFO.
Digo que en mi competencia
que ya por mí se ha quedado.
Redondilla
Ama [a] Alejandra, Camilo;
amalda.

CAMILO.
Amalda vos.

JOSEFO.
155
¡Bueno! ¡Oh, qué bueno, por Dios!
Llevaldo por buen estilo.

CAMILO.
Redondilla
Amalda; que a Magdalena
sólo estimo y sólo quiero.

JOSEFO.
Eso no, pues que el acero
160
de la espada no lo ordena.

CAMILO.
Redondilla
Yo os dejo por fanfarrón,
necio, tonto y arrogante,
hasta malo para amante,
pues que dejáis la ocasión.

(Vase.)

JOSEFO.
Redondilla
165
Ios, que aunque me hacéis guerra
ya si vuestro amor se fragua
haré una raya en el agua,
pues la hicisteis en la tierra.

(Vase. Salen LÁZARO, y MAGDALENA y CLAVELA.)

LÁZARO.
Octava real
Del gran César, [emperador Tiberio,]
170
en este punto recibí una carta,
en que me dice con mayor misterio
que al momento a su ejército me parta;
y estando, hermana, en Roma, que es su imperio,
antes escribo [a] Máximo y [a] Marta
175
porque con ésta sólo nuestra ausencia
pueda hacer a los llantos resistencia.
Octava real
Habrélo de cumplir, querida hermana;
que soy vasallo y cumplo lo que debo,
y si es ansí, tu pena y llanto allana,
180
que a dejar lo que manda no me atrevo.
Parto con la esperanza muy ufana,
porque no es en los nobles uso nuevo
seguir lo que le mandan, y ansí hallo
que es muy mayor la culpa del vasallo.
Octava real
185
Sólo siento dejarte aquí en la Corte
sola, sin Marta y sin más compañía,
y no poder dar a tu pena un corte
para que se renueve tu alegría.
Y más siento otra cosa; que en la Corte,
190
noche de bienes y de males día,
que todo lo destruye y lo destroza,
y eres muy rica tú, discreta y moza.
Octava real
Y como, al fin, la Corte es una pena
y un laberinto donde naide sale,
195
con gran disgusto parto, Magdalena,
y no hay dolor que a mi tormento iguale.
Aquí todo lo bueno se enajena;
el docto mengua donde el necio vale:
todo es disgustos, todos pensamientos
200
para se acrecentar los descontentos.
Octava real
En fin, parto fiado en tu prudencia:
dame los brazos, Magdalena mía.

MAGDALENA.
¿Cómo podré sufrir tan larga ausencia,
(Abrázale.)
hermano, si eres tú bien y alegría?

LÁZARO.
205
Desconfiado voy, que la presencia
de tu hermosura al gusto no desvía;
pero muy confiado en que te dejo
las virtudes de Marta por espejo.

(Vase.)

MAGDALENA.
Redondilla
Tarde el consejo llegó.
210
Ya llegó el consejo tarde.
¡Afuera, temor cobarde!
Luego ¿no soy rica yo?

CLAVELA.
Redondilla
Sí, señora; no procures
pasar ansí por la vida,
215
que no habrá nadie que impida
que tú tu amor asegures.
Redondilla
¿No eres moza, hermosa y rica?
Pues goza tu amor primero,
antes que el caduco enero
220
quite el bien que hoy te publica.
Redondilla
Goza, señora, de amor
y los desvaríos deja,
pues que con causa se aleja
de ti la pena y dolor.
Redondilla
225
Porque hay más de cuatro viejas
que, cuando mozas se hallaron
porque al amor no gozaron,
se están pelando las cejas.

MAGDALENA.
Redondilla
Clavela, graciosa estás:
230
mucho me agrada tu humor.

CLAVELA.
Goza, señora, tu amor
y no quieras buscar más.
Redondilla
Y si procuras los hombres,
no procures uno solo,
235
que del uno al otro polo
los hay de diversos nombres.
Redondilla
Haz de todos una prueba;
busca, señora, el placer;
que siempre es bueno tener
240
a la mesa fruta nueva.

MAGDALENA.
Redondilla
Graciosa estás por extremo.
El espejo puedes darme,
porque quisiera tocarme;
mas ¿qué es lo que yo en mí temo?

CLAVELA.
Redondilla
245
Deja las melancolías;
toma el espejo, señora;
(Dale el espejo.)
no te entristezcas agora,
procura tus alegrías.

(Vase.)

MAGDALENA.
Romance (tirada)
Vení acá, cabellos míos,
250
más hermosos y más bellos
que los del sol cuando esparce
el Cielo de ellos cubierto.

(Canta CLAVELA de adentro.)

CLAVELA.
“Estima mucho tus rayos
y procura tus cabellos,
255
que debajo de los pies
de un hombre los verás puestos.
Porque aunque hagas siete trenzas
por los siete vicios hechos,
has de estimar que se pongan
260
debajo de sus pies bellos.
Y tendrás a mucha dicha
el llegar a merecerlo;
porque cabellos tan malos
bien se parecen cabe ellos.”

MAGDALENA.
265
¿Qué es aquesto que me cantan?
¿Qué es esto que escucho? ¡Cielos!
¿Yo mis cabellos debajo
de los pies de un hombre? ¡Bueno!
(Cantan.)
“Estarán junto a sus pies
270
enjugando el sudor de ellos,
y en medio de dos ladrones
le has de hallar que está muriendo
y tendrásle tanto amor,
que bebas por él los vientos,
275
siguiendo tú sus pisadas
sólo por llegar a verlo.”

MAGDALENA.
¿Yo amor a un ajusticiado?
¿Yo amor a un hombre, qué es esto?
que, en medio de dos ladrones,
280
he de ver que está muriendo?
¿Yo le tengo que buscar?
¡Por mi vida, que está bueno!
No ha de entrar en esta casa
quien no fuere caballero.
(Cantan.)
285
“Abrazada con su cruz,
perdón le estarás pidiendo
de tus culpas infinitas
y de tus pecados hechos.”

MAGDALENA.
¿Yo le he de pedir perdón?
290
Ya lo tomo por agüero.—
¡Hola, Clavela! ¡Hola! ¡Hola!
¿Nadie me responde? ¡Cielos!
Pero a mí ¿qué me da pena,
si están cantando allá dentro
295
mis doncellas lo que saben?
¿Yo me aflijo? ¡Bueno, bueno!—
Vení acá, vaso precioso;
vení acá, famoso ungüento,
porque os queréis poner todo
300
encima de mis cabellos.
(Toma un vaso que tiene y se irá quitando de él ungüento y poniendo por los cabellos así como fueran cantando.)
(Cantan.)
“Ese vaso de alabastro
llevarás de olores lleno
para darlos a los pies
que han de limpiar tus cabellos.
305
Has de estar en un sepulcro,
su divino cuerpo ungiendo
con ese vaso precioso,
guardando siempre su cuerpo.”

MAGDALENA.
¿Yo he de andar por los sepulcros
310
los cuerpos muertos ungiendo?
¿Yo? ¿Qué es esto que me dicen?
Pero ya no lo consiento,
si es Clavela.— ¡Ah, Clavela!
¿No me oyes? ¡Este es sueño!

(Sale CLAVELA.)

CLAVELA.
315
¿Qué es lo que tienes, señora?

MAGDALENA.
Di: ¿quién cantaba allá dentro?

CLAVELA.
Ninguno allá te cantó.

MAGDALENA.
Pues, dime: aquestos cabellos
¿son para limpiar los pies
320
de algún hombre?

CLAVELA.
No por cierto.

MAGDALENA.
Pues agora oí una voz
que me dijo que con ellos
los pies limpiaré de un hombre
entre dos ladrones muerto.
325
¿Parécete a ti que es justo?

CLAVELA.
Mas, ¿que te estabas durmiendo?

MAGDALENA.
Si yo durmiera, Clavela,
no sintiera lo que siento.

CLAVELA.
Deja todos los enojos
330
y dame licencia presto
para que entre un mercader,
que habrá que vino un momento,
que trae, señora, joyas
de gran valor y de precio,
335
si tú las quieres comprar.

MAGDALENA.
Dile que entre.

CLAVELA.
Voy de presto.

(Vase.)

MAGDALENA.
¿No es bueno que me turbé
y aun pienso agora que sueño?
Sombra fatal, ¡oh, mentistes
340
lo que en la voz me dijeron!

(Sale CLAVELA y JOSEFO con una caja de precio.)

CLAVELA.
Aquí está el mercader.

MAGDALENA.
¿Qué joyas traéis, mancebo?

JOSEFO.
Aquí dentro podéis ver…
(Dale una caja.)
(¿Cómo a decirle me atrevo
345
lo que yo traigo a vender?)

CLAVELA.
Quintilla
Mira, señora, lo que es.

MAGDALENA.
Muchas joyas hay aquí.

JOSEFO.
(Yo haré, ingrata, aquesta vez
que te goce y busque ansí,
350
pues te vence el interés.)

CLAVELA.
Quintilla
Aquésta es una cadena
llena de esmaltes y fuerte.

JOSEFO.
(Con otra cadena ordena
darme el Amor dura muerte,
355
pues que mi vida encadena.)

CLAVELA.
Quintilla
Aquéste es un corazón.

MAGDALENA.
Hechura de buen maestro.

JOSEFO.
(Con él en esta ocasión,
siento tú ingrata, demuestro
360
si yo te tengo afición.)

CLAVELA.
Quintilla
¡Ay, qué arracadas tan bellas!

MAGDALENA.
¡Qué cosa tan bien labrada!

CLAVELA.
¡Lindas hechuras y bellas!

MAGDALENA.
Tiene en dos gallos cifrada
365
un Marte de sus querellas.

CLAVELA.
Quintilla
Pues ¿por qué de leer le dejas?
Léele al fin, señora mía.

(Lee MAGDALENA.)

MAGDALENA.
“Gallos pongo a las orejas
porque de noche y de día
370
se pueden cantar mis quejas.”—
Quintilla
¿Por qué precio se darán,
mancebo, aquestas joyas
que en aquesta caja están?

JOSEFO.
(Amor, si mi amor apoyas
375
mil alabanzas te dan.)
Quintilla
Este papel lo dirá:
quedaos, mi señora, adiós.

MAGDALENA.
Ven acá.

CLAVELA.
¡Qué bueno está!
¿Si nos quedamos las dos
380
y se queda el oro acá?

MAGDALENA.
Quintilla
Luego, de mí ¿qué dirán?

CLAVELA.
Señora, a decir me atrevo
que nada.

MAGDALENA.
Buenos están.
Mas ¿dónde es este mancebo?

CLAVELA.
385
¿Dónde? Del tribu de Dan.
Quintilla
Estos galanes ignoro
por qué su vergüenza espanta
y tienen tanto tesoro,
porque es muy buena la planta
390
que nos da su fruto en oro.
Quintilla
Señora, estos que se van,
si en tu casa los recoges
muchas joyas te darán,
porque amantes y relojes
395
no se estiman si no dan.

(Salen JULIO CAMILO y MÁXIMO.)

MÁXIMO.
Endecasílabos sueltos (tirada)
Tráigoos a ver, Camilo, la más bella
mujer que en vuestra vida conocistes
en quien adoro y tengo la esperanza;
cuya presencia alabo de contino,
400
de cuyo amor recibo tanto gusto.—
Mi bien, mi gusto, mi contento y gloria,
vengo a enseñar a quien de amor me mata.

CAMILO.
Y yo vengo a morir con sólo verlo.

MAGDALENA.
¿Es Máximo?

MÁXIMO.
Es la luz de aquestos ojos.

MAGDALENA.
405
Vengáis en hora buena, que ya había
mucho tiempo que estábades sin verme.

MÁXIMO.
A mí me pareció cada hora un siglo.
Pero, para principio de mi gusto,
dadme esos brazos, Magdalena bella;
410
fruto del alma, dadme un solo abrazo,
que muero por gozar de tu hermosura.
Dadme un abrazo.

(Abrázanse.)

CAMILO.
(¿Abrazo? ¡Santos Cielos!
Muero de amor y me deshago en celos.)

MÁXIMO.
Quisiera yo, mi bien, para ofrecerte
415
de las plumas del fénix las más ricas;
pero, dejando atrás los imposibles,
tengo para ofrecerte dos vestidos,
ambos de tela sobre nácar fina,
dándome el oro Arabia, plata Tarso,
420
esmeraldas el mar, y de las minas
las perlas y topacios de más lustre.—
Y tú, Clavela, para dar principio
a la paga, te doy aqueste anillo.

(Dale el anillo.)

CLAVELA.
Máximo, vivas infinitos años.

CAMILO.
425
Quien no tiene que dar y es [solo un] pobre
razón es, pues no tiene, que no cobre.

MÁXIMO.
Prevenido un sarao tengo, señora,
y quiero que acá vengan caballeros,
por que tengan envidia de mi gusto.
430
Llama tú tus amigas y las damas
que debes conocer, mi Magdalena.

MAGDALENA.
¿Saraos hoy en mi casa?

CLAVELA.
Sí, señora,
por que a ti te conozcan en la Corte.

MÁXIMO.
Dadme, mi bien, un guante, prenda mía,
435
que los vestidos vienen esta noche.

CLAVELA.
Dale, señora, el guante. ¿En qué reparas?
¿Tan malo es por un guante dos vestidos?

MAGDALENA.
Toma, mi bien, y créeme que quisiera
(Deja caer un papel.)
que de mayor estima el guante fuera.

(Vanse MAGDALENA y CLAVELA.)

CAMILO.
Redondilla
440
¿Hay más venturoso amante?
¡Qué pronto el bien alcanzó!
Pues sacando le cayó
este papel con el guante.

MÁXIMO.
Redondilla
¿Papel? Dad acá, leerélo.

CAMILO.
445
Luego. ¿Vengo yo sin ojos
y habré menester antojos
para leerlo? Verélo,
Redondilla
y luego lo podéis ver.
¿Impórtaos algo?

MÁXIMO.
A mí, sí.

CAMILO.
450
Pues también me importa a mí,
que sabéis si a esta mujer
Redondilla
la estimo, la quiero, adoro
desde que yo la miré,
y tengo en ella mi fe.

MÁXIMO.
455
Yo lo que decís no ignoro;
Redondilla
mas si sabéis que primero
la amé yo…

CAMILO.
Pues si es ansí,
troquemos, Máximo, aquí,
que en eso serviros quiero.
Redondilla
460
Dadme el guante y os daré
el papel, porque, trocado,
ni vos quedéis enojado,
ni yo quedo en menos fe.

MÁXIMO.
Redondilla
Camilo, de caballero
465
no puede ser lo que habláis,
pues que conmigo tratáis
ese término grosero;
Redondilla
y ansí, la espada dirá
cuál de los dos lo merece.

CAMILO.
470
¿Sabéis lo que me parece?
Que mal en esto os irá.
Redondilla
Pero, pues sois arrogante,
hoy vuestro esfuerzo veré,
y espero que os dejaré
475
sin daros papel ni guante.

(Echan mano a las espadas y salen MAGDALENA y CLAVELA al balcón.)

CLAVELA.
Redondilla
En la calle hay cuchilladas;
sal a verlas, mi señora,
porque suceden agora.

MAGDALENA.
¡Linda danza ésta de espadas!
Redondilla
480
¿No es Máximo aquél?

CLAVELA.
Sí, a fe.
Y el otro merece nombre
de valiente.

(Entranse los que riñen.)

MAGDALENA.
Algún hombre
que se mate me holgaré.
Redondilla
Que una dama, cuando es bella
485
y pretende cobrar fama,
se han de matar por la dama
dos o tres hombres por ella.

(Sale CAMILO.)

CAMILO.
Redondilla
Veréis agora, arrogante,
si por no ser homicida
490
os dejo la espada y vida;
pero vos papel y guante.

CLAVELA.
Redondilla
Ya vuelve, señora mía,
y que [ya] llamarle quiero.—
¿Caballero, caballero?
495
¿No responde? ¿En qué se fía?
Redondilla
¿Ah, galán?

CAMILO.
¿Quién es quien llama?
¿Es Magdalena?

MAGDALENA.
Yo soy.
Subí acá arriba.

CAMILO.
Ya voy.
El mundo ensalce mi fama.

CLAVELA.
Redondilla
500
¿Estás en ti, di, señora,
que llamas sin ocasión
a un hombre?

MAGDALENA.
Finezas son
del amor que empieza agora.

(Vanse. Sale JOSEFO y ALECH, padre e hijo, tirándole una cadena que trae en la mano.)

JOSEFO.
Terceto
Suéltame, padre, presto la cadena.

ALECH.
505
Hijo perdido ya de todo tiento.

JOSEFO.
Más, mucho más, merece Magdalena,
Terceto
que es mi gusto, mi bien y mi contento.

ALECH.
Luego ¿ésa es a quien, desenfrenado,
las joyas diste ayer de mi aposento?

JOSEFO.
Terceto
510
Suéltala, padre, no seas porfiado.
¡Qué propio es en los viejos la codicia!

ALECH.
¿Todavía no estás desengañado?
Terceto
¿Tan adelante pasa tu malicia?

JOSEFO.
Suéltala, padre, porque naide entienda
515
que eres tú solo monstro de avaricia.
Terceto
¿No soy tu hijo? ¿Mía no es tu hacienda?

ALECH.
Aún no soy muerto yo para que heredes,
ni aún el punto ha llegado de tu enmienda.
Terceto
Que después de morir, creer puedes
520
no llegue a tanto extremo tu malicia
para que tan atrás en bienes quedes.

JOSEFO.
Terceto
Suélta[la ya;] no muestres tu codicia.
Suéltala, ingrato; suéltala, tirano;
(Suéltala.)
suéltame la cadena.

(Vase.)

ALECH.
¿No hay justicia?
Terceto
525
¿Ansí, teniendo término villano,
hijo, me tratas tan rebelde y fuerte,
poniendo tú en mí mismo dura mano?
Terceto
¡Ah, Magdalena! Si vas de esta suerte,
mejor fuera quedarte allá en Madrialo,
530
o te acabara, sin llegar, la muerte.
Terceto
Tú de la corte buscas el regalo;
a Lázaro escribiré para que entienda
que el honor al bien de Marta iguala.
Terceto
Si no es ansí, vendré a perder mi hacienda,
535
pues tengo un hijo que de sí destierra
el bien, el gusto y natural enmienda.
Redondilla
El del honor que Magdalena encierra
he de decir para que tú te acuerdes,
que honor que Lázaro hoy gana en la guerra
540
tú, por tu desvergüenza, acá lo pierdes.

(Vase. Salen CLAVELA, MAGDALENA y CAMILO.)

MAGDALENA.
Redondilla
Eres galán y discreto,
y ansí, en aquesta ocasión,
te he entregado el corazón,
siendo tú mismo su objeto.
Redondilla
545
Quiérote bien por extremo;
en ti puse mi querer
de suerte, que tú has de ser
el fuego en que yo me quemo.

CAMILO.
Redondilla
Señora, para serviros
550
mucho más puedo hacer [yo,]
pues mucho el alma ganó
en buscaros y admitiros.
Redondilla
Sois mi bien, sois mi consuelo,
mi gusto, mi pensamiento,
555
al fin, todo mi contento,
pues sois sol de nuestro cielo.

MAGDALENA.
Redondilla
Al sarao puedes venir,
que contigo danzaré.

CAMILO.
Digo que asina lo haré,
560
si en esto te he de servir.

MAGDALENA.
Redondilla
Y por conocerte bien
y mi amor no se trasnoche,
al sarao de aquesta noche
con esta banda aquí ven
Redondilla
565
y danzaremos los dos.

CAMILO.
Yo voy muy agradecido,
y del bien que he recibido.
Adiós, mi bien.

MAGDALENA.
Ve con Dios.

CLAVELA.
Redondilla
¿Qué has hecho, dime, señora,
570
o por qué causa le diste
la banda que te pusiste?

MAGDALENA.
Amor me lo manda agora;
Redondilla
que son extremos de amor
todos los que ves hacer,
575
porque es amor un placer
que nunca tuvo dolor.

(Sale ALECH, viejo.)

ALECH.
Redondilla
¿Sois vos, por ventura, aquella
de quien nos cuenta la fama
ser la más hermosa dama,
580
la más prudente y más bella?
Redondilla
¿Sois María Magdalena?

MAGDALENA.
Yo soy. ¿Qué es lo que queréis?

ALECH.
Quiero sólo que escuchéis
mi llanto, disgusto y pena.
Redondilla
585
Tengo un hijo que os adora;
pero de eso no me espanto,
que podéis, señora, tanto,
que cualquiera se enamora.
Redondilla
Digo que si por espejo
590
todas las cosas tenéis,
que es gran razón que escuchéis,
pues soy viejo, mi consejo.
Redondilla
Mirad que dicen de vos
cosas, bella Magdalena,
595
que todos merecen pena
que os ven, de no amar a Dios.
Redondilla
Mirad que de vos se aparta
todo el bien y el mal se allana,
que sois de Lázaro hermana
600
y también lo sois de Marta.
Redondilla
Mirad que con el amor
que a todos siempre mostráis,
que por vuestra parte echáis
a perder todo el honor.
Redondilla
605
Mirad que de sangre real,
Magdalena, descendéis,
y que, al fin, por vos perdéis
vuestro bien, no vuestro mal.
Redondilla
Mirad que en todas las plazas,
610
en las calles, dais, señora,
mucho que notar agora
[y] en los lugares y casas.
Redondilla
Mirad que ya en vos se piensa
y que el mundo mala os llama,
615
y por las calles la fama
es ardor a la vergüenza.
Redondilla
Y si no os parecen buenos
consejos, amor tratad;
mas solamente dejad
620
a mi hijo por lo menos.
Redondilla
¿Qué decís con tal desprecio?

MAGDALENA.
Que a quien, sin pedirlos, da
consejos, bueno será
el dejarle para necio.

ALECH.
Redondilla
625
¡Ah, Magdalena, que aparta
su honor ya del pensamiento!
Pero voy en un momento
para escribir una carta
Redondilla
a Lázaro, porque ansí
630
gano mucho y poco pierdo,
y ando, con hacello, cuerdo.
¡Pobre mujer! ¡Ay de ti!

(Vase y sale ALEJANDRA y JULIO y CAMILO.)

CAMILO.
Redondilla
¡Por Dios, que estás enfadosa!

ALEJANDRA.
¡Muy buena la banda está!
635
¿Es favor? Favor será
de otra dama más hermosa.

CAMILO.
Redondilla
Déjame y no me aflijas,
pues que sólo a ti te quiero.

ALEJANDRA.
Mira que por ti me muero
640
y quiero mi amor colijas.
Redondilla
Dame, pues amor lo ordena,
y a mí a que lo comete
aquesa banda, y daréte
por ella aquesta cadena.
Redondilla
645
Mira que el alma te adora;
dame la banda y diré
que yo te la volveré
antes que se pase un hora.
Redondilla
Mira que tengo sabido
650
que la amas; ten sosiego…

CAMILO.
¡Ruego al Cielo!…

ALEJANDRA.
Deja el ruego
y dame lo que te pido.
Redondilla
La cadena te daré.

CAMILO.
(Ahora bien, para jugar
655
la banda quiero dejar
por que la cadena dé.
Redondilla
Que siempre al juego me entretengo,
y quedaré despicado,
porque contino el [picado]
660
tiene las armas en juego.)
Redondilla
Pues si dices tú que a mí
en un hora volverás
la cadena, ¿es lo más
que tú [te] la prendes?

ALEJANDRA.
Sí.

CAMILO.
Redondilla
665
Una dama, porque quiere
darle agora un picón
a un amante valentón,
me dijo que la trujere.
Redondilla
(Y ansí bien puedo a las dos
670
engañar de esta manera,
pues no será la primera
vez.) Mi bien, adiós.

ALEJANDRA.
Adiós.
Redondilla
Ve, que no te alabarás
de haberme dejado en pena,
675
y en pensar que en la cadena
llevas ganado lo más;
Redondilla
porque yo enredo haré
que te venga a costar caro,
que de sólo éste me amparo
680
para que celos te dé.

(Vase. Salen MÁXIMO y JOSEFO.)

MÁXIMO.
Redondilla
Esta fue poca ventura.

JOSEFO.
¿Qué vistes estar delante
Magdalena cuando el guante
os tomó?

MÁXIMO.
Quien más procura,
Redondilla
685
en esto viene a parar
mientras no pasa de aquí.

(Sale TEODORO.)

TEODORO.
¿Está aquí Josefo?

JOSEFO.
Sí.

TEODORO.
A solas os quiero hablar.

MÁXIMO.
Redondilla
Pues habláis solos los dos,
690
quiero pasar adelante.

JOSEFO.
Luego os sigo, en un instante.

TEODORO.
Díjome, señor, que a vos
Redondilla
Magdalena aquesta banda
os diera.

JOSEFO.
¡Oh, caso extraño!
695
Aún parece un duro engaño,
según mi bien en mal anda.
Redondilla
¿Hay tal bien? ¿Hay tanta gloria?
¿Magdalena?

TEODORO.
(Si dijera
Alejandra, no mintiera.)

JOSEFO.
700
¿Qué, tiene de mí memoria,
Redondilla
Magdalena en mis despojos?
Mas, porque mejor se entienda
amor, en vez de la venda,
ponte esta banda a los ojos.

(Vanse. Salen ALEJANDRA, MAGDALENA y CLAVELA.)

MAGDALENA.
Redondilla
705
Al sarao quise llamaros
por tan vecina y tan dama
y por vuestra mucha fama,
y también para obligaros
Redondilla
a que aquí me conozcáis.

ALEJANDRA.
710
Es porque merced me hacéis.

MAGDALENA.
Vos, señora, merecéis
mucho más, porque buscáis
Redondilla
quien os sirva y quien os ame.

ALEJANDRA.
Sentémonos, Magdalena,
715
porque ya el sarao se ordena,
y es bien, señora, se llame
Redondilla
al músico. Mas ya viene.

MAGDALENA.
Suplícoos yo que os sirváis
de mi casa.

ALEJANDRA.
Bien andáis
720
para quien tal falta tiene.

(Junto de MAGDALENA, con la banda, entra el músico tocando; salen dos HOMBRES y dos MUJERES danzando, los hombres con máscaras, y después de danzar sale JOSEFO y siéntase junto a MAGDALENA, con la banda.)

MAGDALENA.
Redondilla
Yo quiero danzar con vos.

JOSEFO.
Yo voy, señora, a sacaros.

(Va JOSEFO a danzar y haciendo la reverencia.)

MAGDALENA.
Yo a vos quiero convidaros.

ALEJANDRA.
Pues vamos luego las dos.

(Sale MÁXIMO y CLAUDIO.)

MÁXIMO.
Redondilla
725
¿Hay [tal] desdicha? ¿Hay tal pena?
¿Tú no dices que no vido
la banda?

CLAUDIO.
Así lo [he] oído;
pero aquí con Magdalena
Redondilla
Josefo danzando está.

(Vase. Sale JULIO CAMILO; todos como de sarao.)

JULIO.
730
La banda le dió ¡Ah, ingrata!
¿De aquesta suerte se trata
a quien favores te da?
Redondilla
Mas la culpa no fué ajena,
pues sólo me culpo a mí,
735
que [a] Alejandra se la di
dándomela Magdalena.

ALEJANDRA.
Redondilla
(Ya alguno tiene desvelos
con la banda, y he de dar
dentro en ella [rejalgar]
740
con una banda de celos.)

MÁXIMO.
Redondilla
(Buena ocasión se me ofrece,
aunque parece cruel;
pero no conozco de él
que de mis bienes supiese.
Redondilla
745
La banda quiero quitarle.)
¡Suelta la banda, tirano!

(Arremete a quitarle la banda.)

JULIO.
¡Suelta la banda, villano!

MAGDALENA.
Quiero, Alejandra, ayudarle.

JOSEFO.
Redondilla
¿Quién sois?

CAMILO.
Máximo y Camilo.

JOSEFO.
750
Si, cruel, ¿no me mandaste
(A MAGDALENA.)
aquesta banda y dejaste
de hacer este falso estilo?

MAGDALENA.
Redondilla
¿Yo, cruel? ¿Cuándo te vi?

JOSEFO.
(En gran confusión me han puesto.)

JULIO.
755
Alejandra, ¿qué es aquesto?

ALEJANDRA.
Esto es vengarme de ti.
Redondilla
Esto a entender te dará
qué bien puedes tú tener
de seguir una mujer
760
que ves que a tantos se da.

(Vase.)

MÁXIMO.
Redondilla
Quédate con Dios, ingrata,
pues que ya esto [sé] que das;
que no quiero querer más
quien se vende tan barata.

(Vase.)

JOSEFO.
Redondilla
765
Quien en estos pasos anda
su honor ha menospreciado,
pues con esta banda ha echado
todo su honor a una banda.

(Vase.)

CAMILO.
Redondilla
Pensaba ser en tu amor
770
como en los cielos Apolo,
singular, único y solo;
mas pues tantos tu favor
Redondilla
gozan, quédate, tirana,
que no quiero pretender
775
alcanzar una mujer
que para todos se allana.

(Vase.)

MAGDALENA.
Redondilla
¿Este es el mundo, Clavela?
¿Esto son todos sus gustos?
Mas ¿qué [no] tendrá en disgustos
780
quien por ellos se desvela?

CLAVELA.
Redondilla
Pues ¿eso te da cuidado?
De poco, señora mía,
cobras la melancolía.
Deja que se haya pasado
Redondilla
785
esta nube de recelos;
pasará aqueste arrebol
y verás salir el sol
con menos nubes de celos.


Jornada II

(Salen como de alarde algunos SOLDADOS y después de salir algunos sale LÁZARO y un CÓNSUL detrás.)

CÓNSUL.
Quintilla
Roma, por que se acrecienteN
X
Nota del editor

«Las variantes en esta jornada y la siguiente corresponden al segundo manuscrito, que llamaremos B, cuando haya que distinguirlo del primero, o sea A.»

790
la grandeza de su alarde,
instituyó sabiamente
castigos para el cobarde
y premios para el valiente.
Quintilla
Siguió en esto el parecer
795
que mejor se dió a entender,
y ansí, Lázaro, procura,
por que goces tu ventura,
romano te quiero hacer.
Quintilla
Tú mereces mucho más,
800
y asina de no hacer tuerzo,
lo que me mandan y más,
porque muestras de tu esfuerzo
mejor que ninguno das.
Quintilla
Hoy, para ensalzar mi nombre,
805
de Cónsul me da renombre,
y pues que Roma te abona,
te he de poner la corona
(Pónele una corona de laurel.)
para que tu esfuerzo asombre.
Quintilla
Y pues que en aquesto gano
810
lo que tú debes saber,
y te corono, y no en vano,
pues te quiere Roma hacer,
siendo tú hebreo, romano.
Quintilla
Y pues que a su cargo toma
815
la cerviz que nadie doma,
y de ello el bien en ti estriba,
romanos: ¡Lázaro viva
por ciudadano de RomaN
X
Nota del editor

«Falta este verso en el manuscrito A. Suplido por B.»

!

(Dicen todos lo propio.)

LÁZARO.
Quintilla
¡Gracias a Dios que alcancé
820
lo que yo más deseaba
y por romano quedé!

CÓNSUL.
Roma en aquesto ganaba
lo que hoy a todos diré.
Quintilla
Bien, Lázaro, te enriqueces
825
en los bienes que floreces,
y ansí tienen de ser buenos,
aunque es eso lo de menos
para lo que tú mereces.

(Tocan y vanse todos y queda Lázaro solo.)

LÁZARO.
Soneto
Bien, Roma, los que sirven los abonas,
830
aunque la cara a la ocasión se hurta;
el honor vuelves cuando alguno lo hurta,
y su valor por todo lo pregonas.
Tú levantas al cielo las personas
cual un nuevo Alejandro o cual Yugurta;
835
de robles, de laurel, de grama y murta
pones en sus cabezas mil coronas.
Formas con sus ejércitos crueles
quien se levante, pues mereces, Roma,
que el Cielo mismo tu valor ampare.
840
Y pues que me coronas de laureles,
tu famosa cerviz que naide doma,
al cielo subiré si no bastare.

(Sale un PAJE.)

PAJE.
Quintilla
Agora llegó un correo
en el traje y habla hebreo,
845
que, sin aguardar respuesta,
me ha dado, señor, aquésta
para ti.

(Vase dándole una carta.)

LÁZARO.
El gran deseo
Quintilla
que he tenido de saber
de Magdalena y de Marta
850
aquesto debe de hacer.
La carta quiero leer.
(Abre la carta.)
Sin firma viene la carta.
Quintilla
Leo, pues, mas con cuidado
de ver lo que viene en él,
855
y, estando tan apretado,
más temor me da un papel
que me diera un campo armado.
(Lee la carta.)
Quintilla
“Lázaro: Vuelve a tu tierra,
porque tu casa se abrasa,
860
y habiendo guerra en tu casa,
¿por qué buscas otra guerra?
Tu hermana el honor destierra
Quintilla
que dentro en su pecho mora;
Vesta fué, pero ya es Flora.
865
Ven a restaurar tu fama,
porque tu hermana se llama
la pública pecadora.”
Quintilla
A buen tiempo habéis llegado,
carta, y a buena ocasión,
870
cuando tengo el galardón
de mi esfuerzo y de mi estado.
Honra, en mal habéis parado;
Quintilla
que pues del bien os reserva
y para el mal os preserva,
875
no es honra, sino dolor.
Mas ¿qué puede ser honor
que viene a parar en la hierba?
(Arroja la corona.)
Quintilla
Arrójete mi locura,
que no es bien que un hombre lleve
880
bien que se acaba tan breve
y mal que ha tanto que dura.
Loca hermana: tu hermosura
Quintilla
pone a mis hazañas tasa,
que es honor que presto pasa
885
y honra que nunca fué buena,
pues es mala la honra ajena
cuando la propia se abrasa.
Quintilla
Aguárdame, hermana vil,
porque he de hacer, por tu mal,
890
este acero criminal
en tus entrañas sutil.
¡Afuera, trofeo gentil,
Quintilla
que voy a vengarme agora,
y no he de vivir un hora,
895
que no es bien, si tiene un hombre
viva una hermana con nombre
de pública pecadora!

(Vase. Salen MAGDALENA, JULIO CAMILO y CLAVELA.)

CLAVELA.
Redondilla
No haya más, por vida mía;
mi señora, no haya más,
900
porque si en aquesto das
es quitar el alegría.
Redondilla
Deja esos vanos enojos.—
La rodilla en tierra pon
y pídela allí perdón.
905
Mírala con buenos ojos.—
Redondilla
Y tú, señor, no seas
tan cruel; vuelve a miralle;
procura, señora, amalle,
pues es lo que tú deseas.
Redondilla
910
¡Ea! pasen los enojos,
que parece grande mengua
que esté callando la lengua
si lo declaran los ojos.

CAMILO.
Redondilla
Déjala, porque bien sabe
915
ella con quién hace aquesto,
y, con el semblante honestoN
X
Nota del editor

«Verso suplido por el ms B.»

,
ceño quiere mostrar grave.
Redondilla
Dolerála la cabeza,
que no está Josefo aquí;
920
daráse muerte.

MAGDALENA.
Es ansí,
pues sólo en veros me pesa.

CAMILO.
Redondilla
Quien da favor a un galán
que una rueca mereciera,
¿tengo de hablar? antes fuera,
925
donde mis males están.

MAGDALENA.
Redondilla
¡Pluguiera a Dios que le amara
y que nunca a ti te viera,
que entonces yo tuviera
quien me sirviera y amara!
Redondilla
930
Pésame que aquí no está,
porque a estar, a tu pesar
favor le hubiera de dar.

CAMILO.
Pues podrá ser…

(Finge que se va.)

CLAVELA.
Vuelve acá;
Redondilla
porque aunque agora se escapa,
935
aunque en huír se resuelva,
no es necesario [a] que vuelva
que le tiren de la capa.
Redondilla
Vuelva acá, señor famoso,
no vaya de esa manera.

CAMILO.
940
(¿Quién ha visto tal tercera?)

CLAVELA.
¡Qué galán tan enfadoso!
Redondilla
¡Ea, llegue, llegue acá!

CAMILO.
A no ser tú no lo hiciera.

CLAVELA.
Venga, que de esta manera
945
luego en la paz se hallará.

CAMILO.
Redondilla
¿Quiéresme bien?

MAGDALENA.
Un poquito.

CAMILO.
¿Darásme más celos?

MAGDALENA.
No;
mas no venga a saber yo
que tú quieres infinito
Redondilla
950
a Alejandra.

CAMILO.
No sabrás,
aunque el amor me lo impida,
ni tú celos, en tu vida,
con Josefo me darás.
Redondilla
Porque ansí todo el dolor
955
se pasa y me satisfaces.

CLAVELA.
¡Qué alegres son unas paces
tras unos celos de amor!

MAGDALENA.
Redondilla
Vete, mi amado CamiloN
X
Nota del editor

«Los diez versos anteriores son del ms B. porque en el otro están mal dispuestos, aunque casi son los mismos, faltando sólo las palabras “A Alejandra”.»

,
porque si mi hermana viene,
960
como tanta virtud tiene,
lo tendrá por mal estilo.

CAMILO.
Redondilla
Yo voy, mi bien. Queda adiós.

(Vase.)

MAGDALENA.
Vete tú con Dios, mi bien.—
Clavela, hablemos también
965
de Dios, pues juntas las dos
Redondilla
[nos] quedamos.

CLAVELA.
Sí, por cierto.
En verdad que era bien justo.
Trata, señora, tu gusto;
deja aquese desconcierto.
Redondilla
970
Con buena melancolía
empezábamos, a fe.
Deja aquello, que yo sé
que todo eso es fantasía.

MAGDALENA.
Redondilla
¡Ah, Clavela! Que de Marta
975
son tan dulces las razones,
que ablandan los corazones.

CLAVELA.
Aquese disgusto aparta.

MAGDALENA.
Redondilla
Cada vez que Marta viene,
Clavela, en el corazón
980
siento una grande afición
del mucho amor que me tiene.
Redondilla
¡Qué de aldabadas me da
el corazón por momentos!
Siento dentro unos contentos
985
en que parece que está.

CLAVELA.
Redondilla
¡Buena estás, por vida mía!
¿Dónde predicas mañana?
Deja la pasión de hermana;
quita la melancolía.

MAGDALENA.
Redondilla
990
Sí hará, Clavela, que es poca;
y aquesto de devoción
nunca me entró al corazón,
aunque me llegue a la boca.

CLAVELA.
Redondilla
Eso sí que es ocasión
995
que siempre se da a entender.
Búscate nuevo placer
y deja la devoción.
Redondilla
Tú y Marta, de quien arguyo
tenéis dos gustos las dos;
1000
pero aunque el suyo es de Dios,
a fe es más gustoso el tuyo.
Redondilla
¿Por qué ha de andar como viuda
una mujer que es doncella,
hermosa, discreta y bella?
1005
¿Por qué de intento no muda?
Redondilla
Que, al fin, parece muy mal
andar buscando trabajos,
vestirse toda de andrajos,
de hospital en hospital.

(Sale MARTA.)

MARTA.
Octava real
1010
Emperador del cielo y de la tierra,
divino Querubín del Arca santa
adonde todo nuestro bien se encierra
y hasta su mismo cielo nos levanta:
aquesta alma librad, que vive en guerra;
1015
ésta, cuya deshonra al mundo espanta.
Libralda, gran Señor, mirad por ella,
que va perdida por los gustos de ella.

MAGDALENA.
Octava real
¡Querida hermana!

MARTA.
¡Hermana de mi vida!
Tú, que siguiendo vas tan mal camino,
1020
siendo por ti de ti misma homicida
siguiendo tu furioso desatino.
Ama a Dios, bella hermana; al mundo olvida,
y procura gustar su amor divino,
que si una vez le buscas, te prometo
1025
que seas en buscalle un gran sujeto.
Octava real
Búscale, hermana, al Cristo; deja el vicio,
busca el Pastor divino, hermana mía,
no des de tu flaqueza claro indicio,
no muestres en hacerle fantasía,
1030
no tengas tus deleites por oficio,
busca a tu Dios y cobra tu alegría,
que, aunque agora te aguarda manso y tierno
deleites breves trueca en fuego eterno.
Octava real
Razón es que tus bienes autorices
1035
y que tu alma a su clamor recuerde.

MAGDALENA.
¿Qué me quieres, hermana? ¿Qué me dices?
¿Del Infierno procuras que me acuerde?
Cuando el tiempo borrase los matices
que con el tiempo la hermosura pierde,
1040
entonces son muy buenos los trabajos;
que el camino del Cielo tiene atajos.
Octava real
¡Si supieras, hermana, en qué me fundo;
cuánto provoca una curiosa galaN
X
Nota del editor

«Este verso es de B. En A dice: “Cuánto alegra una furiosa gala.”»

y los regalos con que busca el mundo!
1045
Cuánto a todo levanta y lo exhala
un nuevo Apolo, un Marte sin segundo,
que todo lo más bello en todo iguala,
yo prometo que, al fin, no lo dejaras,
antes lo pretendieras y buscaras.

MARTA.
Octava real
1050
¡Oh, hermana! Si supieses qué perdida
estás, sin ser del mismo Dios ganada,
y aun con aqueso cómo no te olvida
el Rey del Cielo y Majestad sagrada;
y antes que otra ocasión decirlo impida,
1055
pues dices que un buen talle a ti te agrada,
óyeme, hermana, atenta; un poco escucha,
y contaréte su hermosura mucha.
Octava real
Alto de cuerpo, alegre y soberano;
mas no tan alto como bien medido;
1060
cabello del color del avellano,
cuando el fruto nos da más escogido,
baja por las orejas crespo y llano,
y de allí, por los hombros esparcido,
rayos parece que le traen sol bello,
1065
porque contiene un sol cada cabello.
Octava real
Frente espaciosa, larga, en compostura;
los ojos son dos cándidas estrellas,
cuyas divinas aras y hermosuraN
X
Nota del editor

«Falta el verso que debía seguir a éste.»

tienen también compuesta la estatura;
1070
cejas que tiene el sol envidia de ellas,
tanto, que se [le] quitan mil enojos
[a todo aquel a quien] mira[n] sus ojos.
Octava real
La gracia que la cara le autoriza
muestra los bienes que por él se aumentan,
1075
yendos ya con ella nos avisa
que los que más le ofenden más le afrentan.
Afilada nariz, boca sin risa;
porque, según los que le tratan cuentan,
nunca creyó reír; llorar sí, y tanto
1080
que cualquier compasión le mueve a llanto.
Octava real
Oyele, Magdalena, gime y llora;
llama a Dios, Magdalena de mis ojos;
su divina presencia y vista adora;
saca de aquesta guerra los despojos.

MAGDALENA.
1085
Que no es tiempo de oír sermón agora,
que hace mucha calor.

MARTA.
Menos enojos;
a fe que lo has de hacer por darme gusto;
a Dios no trates con rigor injusto.
Octava real
Lo menos es que a mí a decir me esfuerza,
1090
en el templo predica cada día,
razón es que le oigas y que tuerza
en esto tu deleite, hermana mía.

MAGDALENA.
¿No es bueno que he de oír sermón por fuerza?
Clavela, dame un manto, pues porfía.

MARTA.
1095
Divino Emperador, autor de vida,
aquesta alma ganad, que anda perdida.

(Vanse. Salen JOSEFO y MÁXIMO.)

JOSEFO.
Endecasílabos sueltos (tirada)
¡Bueno estuvo el picón de aquella noche!
Con la banda nos dió muy buen disgusto.

MÁXIMO.
A mí me cupo parte de la pena
1100
pues me quedé con el picón a cuestas.

JOSEFO.
No estuvo buena traza ¡vive el Cielo!,
que para darnos celos fué lo propio.

(Sale OCTAVIO.)

OCTAVIO.
¡Magdalena en sermón! ¿Hay tal grandeza?

JOSEFO.
Octavio, ¿qué es aquesto? ¿Qué cuidado
1105
os da tanta pasión? Decildo, presto.

OCTAVIO.
Que agora en este punto Magdalena
vi que estaba en sermón, y me parece
que más lo debe hacer por gallardía
y llevarse tras sí los boquirrubios,
1110
renacuajos amantes y otros hombres
de que ella gusta mucho por extremo,
que por oír sermón, que ¡vive el Cielo!
que en su vida lo oyó, según me dicen.

MÁXIMO.
¿Mas que no la convierta este profeta
1115
con lo que dice en sus palabras dulces?

JOSEFO.
En eso estaba esotra, ¡vive el Cielo!
Aunque volviere Elías de la parte
adonde fué en el carro, no convierta
semejante mujer tan pecadora.

MÁXIMO.
1120
¿No convirtió a Mateo el trapacista
haciendo que dejase por los cambios
el cambio que hoy alcanza con más fruto?

JOSEFO.
¡Por Dios, no la convierta; buena es ella,
sino el Mesías que Israel espera!

MÁXIMO.
1125
¿No oís decir de la Samaritana
que, con tener siete hombres, convertida,
en una cueva está llorando siempre?

JOSEFO.
Si aquésa tuvo siete, aquésta tiene
setenta, si no son ya setecientos.
1130
Pero ésta debe ser; irme pretendo
para que no me vea y me conozca.

(Vase JOSEFO y sale MAGDALENA quitándose los vestidos y CLAVELA.)

MAGDALENA.
Lira
Emperador divino;
Señor de los ejércitos del Cielo,
sigo vuestro camino,
1135
adonde hallo mi gusto y mi consuelo;
que siempre el que lo sigue
cosa no puede hallar que le fatigue.
Lira
¡Qué amor tan verdadero!
¡Qué palabras tan dulces y amorosas!
1140
Vuestro camino quiero
y dejaré las sendas peligrosas,
porque vuestro camino
es sólo el amoroso y el divino.
Lira
¡Qué fuego que me abrasa!
1145
¡Agua, santo Señor, que el alma [es] fragua!
¡Agua que ponga tasa
a tanto fuego! ¡Que me abraso! ¡Agua!
¡Agua, si el agua ablanda,
que el fuego en que me quemo lo demanda!
Lira
1150
Ropa de mi alegría
que un tiempo fuiste, ¡afuera, ropa vana!

CLAVELA.
¿Qué haces, señora mía?
¿Qué es esto? ¿Ya contigo tan tirana?

MAGDALENA.
Si la casa se abrasa,
1155
¿la ropa no es muy bien sacar de casa?
Lira
Si Cristo, esposo mío,
ansí me abrasa en fuego de tal gloria,
no es bueno el desvarío,
ni le quiero tener en mi memoria.
1160
¡Afuera, ropas vanas,
que sois pesadas, cuando sois livianas!
Lira
Y vos, lazos, que fuistes
(Ase de los cabellos.)
lazos para enlazar tan mal sosiego,
[y] que a tantos prendistes,
1165
yo no quiero que os queme tan buen fuego.
¡Agua, si el agua ablanda,
que el fuego en que me quemo lo demanda!
(Vase quitando las trenzas.)
Lira
Ropas, salid afuera,
que por sacaros ya mi alma llora
1170
y veros no quisiera.

CLAVELA.
¿No miras dónde estás? Dime, señora.

MAGDALENA.
Por Dios quiero ser loca,
pues mi ventura es mucha, que fué poca.

MÁXIMO.
Lira
Magdalena, ¿qué es esto?
1175
¿Haces aquí a tus locuras resistencia?
Mira que es muy molesto.

MAGDALENA.
Ministros de tormento y pestilencia,
dejadme, pues condeno
vuestras aguas sabrosas por veneno.

MÁXIMO.
Lira
1180
Sin duda convertida
viene de este Profeta, como os digo,
y muy arrepentida.

OCTAVIO.
Partámonos de aquí, Máximo amigo,
que ser buena no hay duda
1185
la que tan presto de su intento muda.

(Vanse MÁXIMO y OCTAVIO.)

CLAVELA.
Lira
¿No miras lo que dicen?

MAGDALENA.
No miro más que a mí, que basta aquésto.
Que ellos se contradicen
y dirán hoy de sí, a de, más presto.

CLAVELA.
1190
Llamar a Marta quiero.

(Vase.)

MAGDALENA.
Por Vos, divino Dios, me abraso y muero.
Lira
A Vos sólo procuro;
a Vos, mi bien, Señor y Dios, me inclino,
cuya defensa y muro
1195
me alivió de este fuerte torbellino;
y, al fin, si he de buscaros,
desde [este] punto voy a procuraros.
Lira
Por Vos quiero perderme,
que perdida por Vos he de ganarme.
1200
A Vos quiero volverme,
y en el fuego divino he de abrasarme.
¡Agua, si el agua ablanda,
que el fuego en que me quemo lo demanda!

(Vase. Salen dos PAJES llamados ADIAS y SILECH.)

SILECH.
Redondilla
Comiendo está con los tres
1205
ese divino Profeta,
a quien el mundo respeta
porque digno de ello es.

ADIAS.
Redondilla
Silech, todo aqueso entiendo
cosa extraña y peregrina.

SILECH.
1210
Corred aquesa cortina
y los hallaréis comiendo.

(Corren la cortina y dentro de ella están CRISTO, SIMÓN, ISAAC y RABÍ MOISÉN.)

SIMÓN.
Redondilla
Con tan grande convidado,
Maestro, vengo a ganar
lo que no pude alcanzar
1215
en todo lo que he alcanzado.

CRISTO.
Redondilla
Simón, mi amor no es injusto,
y soy vuestro convidado
para comer un bocado
a medida de mi gusto.

(Alza los ojos al Padre y levanta las manos.)

ISAAC.
Romance (tirada)
1220
Maestro, bendecid aquí
la mesa, santo Maestro.

(Sale MAGDALENA con el vaso y descabellada.)

MAGDALENA.
Aquí, divino Señor,
para suplicaros vengo
que a mí me oigáis como Rey,
1225
pues que ya hablaros no puedo
con la mucha multitud
de mis pecados inmensos.
Mas ¿por dónde empezaré?
¿Cómo podré, santos Cielos?
1230
Que como él es Dios, yo nada,
aun a llegar no me atrevo.
Mas Vos, santo Emperador,
como sois tan manso y bueno,
podrá la misericordia
1235
con Vos mucho, como hebreo.
Pero ya quiero llegar,
pues por las espaldas puedo
llegar a besar los pies
de mi divino Maestro.
(Arrójase a los pies de CRISTO.)
1240
Pies que por pies me prendistes;
pies soberanos, ya llego
para que no os vais por pies,
pues que por los pies os tengo.
Pies divinos, con mis ojos
1245
os quiero lavar, pies buenos,
que sois pies por donde alcanzo
salir de tanto tormento.
Pies, pues mis ojos os lavan,
decilde allá, a vuestro dueño,
1250
que yo me llego a lavaros
con mucho arrepentimiento.
Pies de mi Cristo piadoso;
divinos pies de un Dios bueno;
pies que por pies me ganasteis,
1255
y pies que sin vos me pierdo,
con este ungüento he de ungiros,
vení acá, precioso ungüento,
porque he menester agora
vuestros olores diversos.
(Va poniendo por los pies el ungüento.)
1260
Ya por los pies vuestro fruto
estoy por ellos poniendo
para que de mi salud
me sirva sólo ponerlo.
Mis culpas limpio en los pies,
1265
que ofenden mucho en extremo
mis culpas y mis pecados,
santos pies, a vuestro dueño.
Ya, pies, no os podéis huír;
de paz he de daros beso,
1270
porque, como soy de paz,
daros las llaves prometo.
Y aquí me dejáis ver sola
no más guerra, porque pienso
que yo quedaré sin nada
1275
y Vos llevaréis el premio.
Pies divinos, todo paz,
ya sólo la paz pretendo,
que en la guerra todo es penas,
disgustos, ansias, tormentos.
1280
Ya mis ojos os lavaron;
ya os ungí con el ungüento;
ya voy quedando con paz,
pues que de paz os di el beso.

SIMÓN.
(¿No es aquéste el gran Profeta
1285
a quien llama Cristo el pueblo,
el que pone freno al mar
y que hace parar los vientos?
¿No es éste el que dicen todos
que es el Dios más verdadero,
1290
aquel que llaman Jesús,
solo Dios y solo eterno?
Pues si es ansí, si es Dios todo
y esto fuera verdadero,
no consintiera en llegar
1295
así esta mujer, que pienso
que sus culpas infinitas
y sus pecados inmensos,
los desatinos formados,
sus trazas y sus enredos,
1300
sus engaños, sus mentiras,
sus daños y sus deseos,
no son dignos de llegar
a un Profeta tan supremo.)

CRISTO.
Simón, una cierta duda
1305
se me ofreció, y ansí quiero
que me respondas a ella.

SIMÓN.
Yo responderé, Maestro,
a lo que me preguntares
lo que mi corto talento
1310
pudiere alcanzar. Pregunta,
que yo responderé presto.

CRISTO.
En una ciudad famosa
hubo un acreedor un tiempo,
a quien dos deudores pobres
1315
debieron unos talentos,
y fué tanta la pobreza,
que pagarle no pudieron
cincuenta talentos uno;
pero el otro hasta quinientos.
1320
Y el acreedor era rico,
y conociendo que aquéllos
nada pagarle podían,
les perdonó los talentos.
Ahora quiero saber
1325
el que quedó más sujeto
a tenerle más amor.

SIMÓN.
Fácil te respondo a éso,
que aquel a quien perdonó
más cantidad de dinero,
1330
ése está más obligado.

CRISTO.
Hablaste como discreto.
Pues asina esta mujer,
viendo cómo es uso nuevo
al que tiene convidado
1335
dar aguamanos primero,
y que tú no me mandaste
dar aguamanos, ni menos
ungir con olio mis pies,
ni de paz me diste beso,
1340
ella con lo que debía
cumplió, pues ha estado haciendo
sus ojos dos ríos de agua
para que me lave en ellos.
Con un olio muy precioso,
1345
de mil olores diversos,
para darme mayor gusto
estuvo mis pies ungiendo.
Y pues muestra con su amor
que en cosas del universo
1350
no puede pagarme a mí
las ofensas que me ha hecho,
viene a arrojarse a mis pies,
que es el amor más perfecto
que muestra tenerme a mí,
1355
y ansí [yo] no la condeno;
antes, Simón, la perdono
sus pecados y defetos.—
Mujer, levanta que ya
de pena y culpa te absuelvo.

MAGDALENA.
1360
Albricias, alma dichosa;
albricias, dichoso cuerpo,
que hoy por los pies he ganado
el primero jubileo.

(Vase.)

ISAAC.
¿Quién es éste que perdona
1365
pecados, Simón maestro,
y que le quita el oficio
al Dios que gobierna el Cielo?

RABÍN
X
Nota del editor

«En el texto dice SIMÓN, pero no parece propio de él este lenguaje.»

.
¿Un hombre perdona culpas?
Castigo caiga en el suelo
1370
para que sólo castigue
tan notable atrevimiento.

CRISTO.
Quédate con Dios, Simón.

SIMÓN.
Pues ¿asina os vais, Maestro?

CRISTO.
A cumplir lo que mi Padre
1375
me manda.

SIMÓN.
Seguiros quiero.

(Vanse CRISTO y SIMÓN.)

RABÍ.
¿Quién es éste que perdona
pecados, Isaac? ¿Qué es esto?

ISAAC.
El fin de todas las cosas
con su muerte lo veremos.

RABÍ.
1380
Vamos; para prevenirlo
vamos allá en un momento.

ISAAC.
De rabia me abrasa el alma.

RABÍ.
De rabia me abrasa el pecho.

(Vanse. Salen OCTAVIO y JULIO CAMILO.)

JULIO.
Redondilla
¡Magdalena convertida
1385
sólo porque tenga enojos
la luz que fué de estos ojos
y la vida de esta vida!
Redondilla
Pues ¿cómo es posible, ingrata
que ansina mi amor pagaste?
1390
¿Cómo tan mal me trataste?
¿De aquesta suerte se trata
Redondilla
quien por ti quiso vivir?
Dejad que muera de pena,
que vivir sin Magdalena
1395
no es vivir, sino morir.

OCTAVIO.
Redondilla
Dejaos de esos desatinos,
porque son muy excusados;
buscá otros nuevos cuidados
y de vuestro gusto dignos.
Redondilla
1400
Volvé otra vez a querer
a Alejandra.

JULIO.
¿De qué suerte,
si yo solo le di muerte
con amar esta mujer?

OCTAVIO.
Redondilla
Con dalle un hora de celos,
1405
procurando de otra parte
una nueva traza o arte
para que la deis recelos,
Redondilla
porque los que no procuran,
nunca vienen a ganar.
1410
Volvelda otra vez a amar,
si esperanzas aseguran.

JULIO.
Redondilla
En hacer eso imagino.

OCTAVIO.
Andad; volvelda a querer,
que todo eso puede hacer
1415
un celoso desatino.

(Vanse. Salen MARTA y MAGDALENA de la mano, vestidas de pardo, con el vaso en la mano.)

MARTA.
Quintilla
Ven, pues, esposa de Cristo;
ven, amada del Señor,
pues te tiene tanto amor
como en tus penas le has visto.

MAGDALENA.
1420
En vano el llorar resisto,
Quintilla
Marta, hermana de mi vida;
porque nada se me olvida
de los pecados que he hecho.

MARTA.
Ven conmigo, que sospecho
1425
que eres ya de Dios querida.

(Sale LÁZARO.)

LÁZARO.
Quintilla
Honra, despacio venís
y me traéis apretado;
pues despacio habéis llegado,
aunque a la posta venís.
1430
Y vos, honor, ¿qué decís?
Quintilla
Que pues tiene tanto amor
tu hermana a su deshonor
que es justo que se desangre,
porque las manchas de sangre
1435
sacan manchas del honor.
Quintilla
Mas, ¡Cielos! ¿qué es lo que he visto?

MAGDALENA.
Ya, hermana, me ha conocido,
pues tengo por apellido
la enamorada del Cristo.

LÁZARO.
1440
(En vano el puñal resisto;
Quintilla
pero ¿cómo tembláis, mano,
de esta suerte?)

MARTA.
¡Dulce hermano!

LÁZARO.
¡Mi querida y bella Marta!

MAGDALENA.
Dame esos pies.

LÁZARO.
Presto aparta,
1445
que será tu ruego en vano.

MARTA.
Quintilla
¿A tu hermana?

LÁZARO.
¿Cómo hermana?

MARTA.
La más querida del Cielo;
la que ha de ser mi consuelo,
y la que se guarda ufana
1450
de la fruta más temprana
Quintilla
que Dios para sí cogió.
A quien Dios ya perdonó;
la que es de Dios más querida;
la que nunca a Dios olvida,
1455
pues que siempre le buscó.

LÁZARO.
Quintilla
Hermana, yo te perdono,
pues que Dios ya te abonó,
y no quiero juzgar yo
si fué malo aqueste abono.
1460
De tu valor te corono,
Quintilla
que, pues la santa persona
ser hijos de Dios pregona,
yo te perdono en su nombre,
que no es bien castigue un hombre
1465
pecados que Dios perdona.
Quintilla
Levántate de mis pies
y salgamos de la Corte,
porque quiero dar un corte
a tus males esta vez.
1470
No es bien que en la Corte estés,
Quintilla
busquemos nuevo sosiego;
vamos a Betania luego
y acabe la desventura,
que en la Corte la hermosura
1475
es hacienda en mar o en fuego.


Jornada III

(Salen JOSEFO y MÁXIMO.)

MÁXIMO.
Romance (tirada)
Confuso estoy. Proseguid.

JOSEFO.
De aquesta suerte en Betania
los tres hermanos vivían,
Lázaro, María y Marta.
1480
En sus virtudes y bienes
Marta siempre se ocupaba,
y Magdalena en servir
a Dios, que es lo que más ama;
Lázaro en sus hidalguías
1485
y en las virtudes andaba,
sirviendo a Dios, porque asina
mucho más con Dios alcanza.
Y sucedió, pues, que estando
Lázaro echado en la cama,
1490
le dió un terrible accidente,
y ansí, Magdalena y Marta,
a Jerusalén al punto
cierto correo despachan,
escribiendo a su Maestro
1495
una breve y corta carta.
Leyóla el Maestro, y sólo
decía en breves palabras:
“Quien más amas está enfermo.
Partí al momento a Betania.”
1500
Tardó por llegar tres días,
y, cuando llegó, ya estaba
Lázaro en la sepultura.
Halló muy triste la casa
y cercada de judíos,
1505
que a las dos acompañaban,
dándole aliento en sus penas.
Todos de Dios murmuraban
porque, siendo hijo de Dios,
cómo no resucitaba
1510
a Lázaro, que es su amigo.
Todos juntos le llamaban.
Llegó Dios en este punto
adonde Lázaro estaba
enterrado, y allí Dios
1515
dijo: “La piedra levanta.”
Y en diciendo aquesto, al punto,
sólo en oír su palabra,
la piedra se levantó
obediente a su ley santa.
1520
Y luego, alzando los ojos
a Dios, que el Padre llamaba,
dijo: “Lázaro, revive”,
y Lázaro se levanta
con las ataduras todas,
1525
con el sudario y mortaja,
dándole los tres a Dios
infinitas alabanzas.
Quedaron, pues, los judíos
llenos de pavor y rabia,
1530
y procurando con tino
tomar de aquesto venganza.
Dios, pasando por allí,
a todos los vesitaba,
porque con ellos tenía
1535
gusto alguno en tantas ansias.
Magdalena sólo en Dios
y sus cosas se ocupaba,
y Marta la reprendió,
porque la vido asentada
1540
a los pies de Dios, y Dios
dijo con breves palabras:
“No reprendas mi querer,
porque más importa, Marta,
la salud y vida suya
1545
y la salvación del alma.”
Fueron corriendo los tiempos,
y a tanto extremo llegaba
el odio de los judíos,
que darle muerte intentaban.
1550
Vendióle uno de los doce
de quien Dios se acompañaba
en sólo treinta dineros
a aquesta infame canalla.
Yo de su muerte no os cuento,
1555
que, aunque fuera de la patria
habéis estado y ausente,
es su muerte tan nombrada;
los llantos de Magdalena
que a su cruz divina y santa
1560
hizo cuando Dios murió
delante de aquella escuadra,
que no os lo digo por no
enfadaros. Esto basta
para quien lo entiende todo
1565
y en Jerusalén se alcanza.

MÁXIMO.
En verdad que estoy suspenso
de oír cosas tan extrañas.

JOSEFO.
Entre todas las que he dicho
sólo por deciros falta
1570
que dicen que al tercer día,
que con aquéste se acaba,
resucitará tan Dios
como de antes Dios estaba.
Y si este Dios resucita,
1575
os doy, Máximo, palabra
que he de renovar mi vida,
y que ha de ser tan contraria
hasta la que aquí he tenido,
que dé ejemplo en muchas causas.

MÁXIMO.
1580
Temblando voy de temor.
¡Qué confusa llevo el alma!

(Vase.)

JOSEFO.
¡Ay de ti, Jerusalén,
qué de males te amenazan!

(Vase, y sale MAGDALENA.)

MAGDALENA.
Quintilla
¡Cielo santo y poderoso,
1585
el pecho tengo apretado,
y pienso que me han hurtado
a mi Señor y mi esposo.
En trance tan peligroso
Quintilla
todo mi bien se me muda,
1590
que me le hurtaron no hay duda,
pues que mi Señor no hallé,
y asina por mí diré:
“Quien madruda, Dios le ayuda.”
Quintilla
Que no tengo amor declara
1595
el alma, y lo considera
que si firme amor tuviera
nunca de aquí me quitara.
¿Quién mi Señor me tomara?
Quintilla
¿Quién me ha hurtado a mi Señor?
1600
¿Quién mi soberano amor
me hurtó en aquesta ocasión
que me llega al corazón
la fuerza de este dolor?
Quintilla
¿Quién con tan grande osadía
1605
tuvo atrevimiento tal
para renovar mi mal
y acabarme mi alegría?
¿Quién a la esperanza mía
Quintilla
ansí de aquí me llevó?
1610
Mas ¿cómo acá me dejó
sin que me llevase allá,
que dejó lo malo acá
y, al fin, mi Señor me hurtó?

(Salen dos ÁNGELES junto al sepulcro.)

ÁNGEL 1.
Quintilla
¿Para qué lloras, mujer?
1615
que no aprovecha el llorar.

MAGDALENA.
Porque no he podido hallar
a mi Señor.

ÁNGEL 1.
¿Qué has de hacer?

MAGDALENA.
No me lo habrán de volver
Quintilla
quien le tiene, porque ansí
1620
culpo yo la suerte en mí
y a mí misma me condeno.

ÁNGEL 1.
Mujer, Jesús Nazareno
resucitó; no está aquí.

(Entranse los ÁNGELES y sale NUESTRO SEÑOR vestido de hortelano.)

MAGDALENA.
Quintilla
¡Buena sin Vos he quedado,
1625
soberano Emperador,
pues Vos os fuisteis, Señor,
y asina me habéis dejado!
Ya, corazón, apretado
Quintilla
estáis de penas y daños,
1630
ya los bienes son extraños
y no hay nadie que los goce,
pues ninguno se conoce
si no es en los desengaños.

CRISTO.
Quintilla
Mujer ¿por qué lloras tanto?

MAGDALENA.
1635
Porque mi Señor me hurtaron.
Como sin Él me dejaron
detener no puedo el llanto.
Pero de verte me espanto,
Quintilla
hortelano, puesto aquí.
1640
Pero ¿tú sabes de Él, di?
¿Adónde le puedo hallar
para que venga a ganar
lo que en un punto perdí?

CRISTO.
Quintilla
Magdalena, mira bien
1645
y verás quien has buscado,
(Cáele el gabán y la montera, y quédase de resurrección, con una cruz en la mano.)
pues con hallarlo has ganado
de albricias un grande bien.
Yo te busco a ti también
Quintilla
porque te procuro a ti;
1650
pero, pues que Yo te vi,
justo es, en tanto pesar,
que Yo te venga a buscar,
pues tú me buscas a Mí.

MAGDALENA.
Quintilla
¡Pies divinos, soberanos!

(Allégase a los pies de CRISTO.)

CRISTO.
1655
Detente en tus desconsuelos,
que aún no he subido a los Cielos
y no procuro tus manos.
Ve y diles a mis hermanos,
Quintilla
que buscándome andarán,
1660
pues aguardándome están
para que todo se crea,
que vayan a Galilea,
donde todos me hallarán.

(Vase.)

MAGDALENA.
Quintilla
Con contento me conquisto
1665
a mí misma en tanta gloria,
cuando vuelva a la memoria
mi Dios, mi Jesús, mi Cristo.
Yo misma no sé qué he visto
Quintilla
¡ah, Señor! que más me agrada;
1670
mas, pues en esta jornada
ya tal bien vine a gozar,
con razón me he de llamar
la mejor enamorada.

(Vase. Dicen unos labradores de adentro: “Aba el dragón”, y salen todos que son cuatro: MINGOS BERMEJO, MACHUCHES, JUAN COLORENO y MARCOS DE LA VIÑA.)

MINGOS.
Redondilla
Lleguémonos, pues, allá
1675
y cojamos al dragón,
que vos, con vueso lanzón,
lo aguardaréis por acá.

MARCOS.
Redondilla
¡Ah, quién le diera, par Dios,
en medio del pestorejo!

MINGOS.
1680
¿Mas que no puede un concejo,
y aunque se juntaran dos,
Redondilla
con este fiero tributo?

MACHUCHES.
Pues ¡par Dios! que con la cola
de una rebanada sola
1685
mate un hombre.

JUAN.
¡Oste, puto!

MACHUCHES.
Redondilla
¡Mal haya quien le engendró
con el tarasco ruín,
que me mató a mi mastín
y de un golpe lo comió.

JUAN.
Redondilla
1690
Vamos con nuesos cayados
y la vida le quitemos
dándole bien.

MACHUCHES.
Si volvemos…

JUAN.
¿Cómo volver?

MACHUCHES.
Derrengados.

MARCOS.
Redondilla
Que todo nueso concejo
1695
no mate aqueste animal…
¡Vive Dios que lo hace mal,
y que por eso lo dejo!

MACHUCHES.
Redondilla
No hará en mayor igualdad
todo eso por nueso Dios.

MARCOS.
1700
¡Ay, lo que dijo de Dios!

MACHUCHES.
Yo digo mucha verdad;
Redondilla
y ansí, si os dan mal ejemplo
mis palabras, todos vamos
y, coronado de ramos,
1705
le sacaremos del templo.
Redondilla
Y si el animal con eso,
visto lo que en ello medra,
aunque esté hecho de piedra,
no le come como queso,
Redondilla
1710
yo diré que soy mal hombre.

MARCOS.
Cállate, necio, brasfemo,
que de sólo oíllo temo
que al dragón ¡par Dios! asombre.

MACHUCHES.
Redondilla
Pues vamos, que si en mi burra
1715
no le llevase, diré,
hasta que le mate, a fe,
que el dragón me le espachurra.

(Vanse. Sale el CONDE DE MARSELLA y CARDENIO, su criado.)

CONDE.
Terceto
En todo lo que tengo prevenido,
Cardenio, de la muerte de mi esposa,
1720
es lo acertado y lo mejor cumplido.
Terceto
Que pues mi Estado sabes que no goza
de heredero ninguno, me conviene
tenello, pues en él mi bien reposa.
Terceto
Que visto que mi Estado no lo tiene,
1725
todo, con gran soberbia y arrogancia,
para darme la muerte se previene.
Terceto
Porque, después de muerta, el Rey de Francia
quiere que [yo] me case con su hija,
y hace en que sea ansí muy grande instancia.

CARDENIO.
Terceto
1730
Mejor de tu valor, señor, se elija
que mandes que dé muerte a la Condesa,
porque el alma con eso se me aflija.
(Échanse de rodillas.)
Terceto
Por los dioses, señor, al que profesa
de nuevo aquí en tus reinos a adorarse,
1735
que muerte no la des con tanta priesa.

CONDE.
Terceto
¡Cómo viene, Cardenio a declararse
del valor del vasallo la acogida,
y dónde en la ocasión pudiera hallarse!

CARDENIO.
Terceto
Pues que te prometí atajar la vida
1740
de lo que tanto mal pone en tu casa
y a vos el Cielo su crueldad impida.

 (Vase.)

CONDE.
Terceto
Como aquesta mujer pone al bien tasaN
X
Nota del editor

«En ambos manuscritos está igualmente viciado este pasaje.»

.

(Sale SIMÓN y ADIAS.)

SIMÓN.
Aquí está el Conde.

CONDE.
Simón, de las apuestas
me contad y las cosas de la caza.

SIMÓN.
Terceto
1745
Garzas hay descubiertas, redes puestas,
conocidas las cuevas y venados;
sólo falta que escojas sobre aquéstas
Terceto
a cuáles más se inclinan tus cuidados.

CONDE.
A que se corra un jabalí primero.

SIMÓN.
1750
Estén los perros a ello aparejados.

CONDE.
Verso suelto
Aquesta tarde toda cazar quiero.
(Salen los cuatro VILLANOS, uno con una guitarra, otro danzando, otro con el dios Pan, que será una estatua, y vienen cantando.)
Canción (canzone)
“Hagan todos fiesta
al dios Pan, pastor;
dancen y bailen
1755
y canten hoy.”

JUAN.
Redondilla
Aquí le quiero poner,
que aún no es tiempo que combata
con el dragón.

MACHUCHES.
Si él le mata,
honrado debe de ser;
Redondilla
1760
mas ¡par Dios! que no le maten
ni aun seis dioses.

JUAN.
Bien están.
A fe que le matarán
cuando con el dragón traten.

CONDE.
Redondilla
¿Quién son aquéstos que cantan?

SIMÓN.
1765
Hablá al Conde.

MACHUCHES.
¿El Conde?

SIMÓN.
El Conde.

MACHUCHES.
Hábralo tú, pues adonde
ellos están no se espantan.

MARCOS.
Redondilla
Sabrás, pues, señor, que aquí
una carta te traemos,
1770
en que queremos… queremos…

CONDE.
Sosegaos, y proseguí.

MACHUCHES.
Redondilla
Sabrá su monstruosidad
que un animal de la tierra
en nuestra tierra hace guerra…
1775
¡Juro a Dios que es gran verdad!
Redondilla
Porque su abominación
nos saque de tanta pena
y nos quite la cadena
de aqueste fiero dragón.
Redondilla
1780
Que [es] tan grande el animal
como vos, y de esta suerte
nos procura dar la muerte
haciéndonos mucho mal.
Redondilla
Ello la carte, heisla ahí,
(Dale una carta.)
1785
allá lo habed vos con vos;
miralda, que ¡juro a Dios!
que lo haréis muy mal ansí.
Redondilla
De parte de mi concejo,
y la escribió el escribén,
1790
que es un hombre muy de bien.—
¿No es ansí, Mingos Bermejo?—
Redondilla
Juro a Dios que es muy honrado
y que por tal le tenemos:
que es muy honrado sabemos,
1795
lo demás no da cuidado.
Redondilla
Líbrenos de este animalN
X
Nota del editor

«Este y los cuatro versos anteriores suplidos según el Ms. B.»

y de su mala arrogancia.
“Para el Conde: fecho en Francia.
Dios os guarde. Porte un real.”

CONDE.
Redondilla
1800
¡Qué rustiquez tan donosa!
(Dicen dentro:)
¡Hola, que la mar los traga,
y que pedazos se haga
la nave que se le acosa!

MAGDALENA.
Redondilla
¡Gracias a Dios que llegamos
1805
a las orillas de tierra
y salimos de la guerra!

LÁZARON
X
Nota del editor

«En el original CONDE; lo que no puede ser.»

.
¿Qué es esto? ¿En qué tierra estamos?

(Sale LAURO.)

LAURO.
Romance (tirada)
Conde invicto de estos reinos,
ven y verás en tu tierra
1810
la cosa más milagrosa,
más conocida y más cierta
que hayas en tu vida visto.
Seis hombres de ajenas tierras,
en quien los dioses parece
1815
que, por usar de clemencia,
se encerraron para darte
gusto y quitarte de pena,
pues vienen a aposentarse
al Condado de Marsella
1820
para honrar toda tu patria
y darnos aliento en ella,
vestidos de peregrinos,
ya llegan a tu presencia.

(Salen LÁZARO, MARTA y MARÍA MAGDALENA, y échase de rodillas el CONDE.)

CONDE.
(Dioses son todos, sin duda,
1825
pues lo dice su librea.)

MAGDALENA.
Óyenos, Conde, y aguarda.
Señor Conde de Marsella…

CONDE.
(Dioses son, pues me conocen
sin haberme visto.)

MAGDALENA.
Espera,
1830
que todos somos mortales
y más malos de la tierra.
Solamente a ti venimos
a decirte que no creas
en esos dioses que adoras,
1835
pues son estatuas de piedraN
X
Nota del editor

«Falta este verso. Suplido por el Ms. B.»

.

(Álzase el CONDE.)

CONDE.
Agora digo que sois
blasfemos, gente perversa,
pues no adoráis a los dioses
ni conocéis sus grandezas.
1840
Júpiter, ¿qué es de tus reinos?
¿Cómo, Apolo, no los quemas?
Mas, pues son todos blasfemos,
¡mueran todos!
(Dicen todos:)
¡Mueran! ¡Mueran!

LÁZARO.
Aguarda, Conde, que en vano
1845
contra los cielos peleas;
que vienen a defendernos
de tu gente torpe y ciega.
Escucha, y presto sabrás
si la divina ley nuestra
1850
es muy mejor que la tuya,
pues es de Dios suma esencia.
Vistióse Dios de hombre solo
para la redención nuestra;
murió en la cruz, que por eso
1855
la santa ley se profesa.
Resucitó al tercer día,
y, para que sólo entiendas
a lo que venimos todos,
te lo he de contar, espera.
1860
Volvió a subir a los cielos
Dios, y se puso a la diestra
de su Padre, porque ansí
es la ley de su Iglesia.
Vino el Espíritu Santo,
1865
bajando en forma de lenguas,
para darnos más consuelo,
que era poco y mucha pena.
Subió a los cielos eternos
aquella divina Reina
1870
que, para nuestro remedio,
el mismo Dios nació de ella.
Quedaron los doce santos
Apóstoles, que en la tierra
prediquen la ley de gracia,
1875
pues, muriendo Dios, fué muerta
la ley escrita, y ansí,
por las provincias diversas,
de dos en dos se reparten
y a nós nos cupo tu tierra.
1880
Todos los cristianos prenden,
y, hallado también Esteban,
lo mataron a pedradas,
que fué cosa clara y cierta.
Él, de la Iglesia de Dios,
1885
fué la primer fruta nueva,
que, aunque estaba apedreada,
la puso Dios a su mesa.
Huyendo todos venimos
en esta nave pequeña,
1890
que somos por todos seis,
Marta, María Magdalena,
Maximino, con los otros
dos que en la nave se quedan.
En la mar, como es sabido,
1895
tuvimos esta tormenta,
quebrándose las escalas,
hundiéndose las entenas;
que aqueste peligro corre
el que por la mar navega.
1900
Ya la ley de Dios te dije,
y para que mejor creas
quién es Dios, “Estatua vil,
cae al momento por tierra.”
(Cae el dios Pan, y sale una cruz de la tierra.)
Mira como todo es cierto.

CONDE.
1905
Justo es que todo esto crea,
porque a ser Dios esta estatua
y las demás, no cayeran
de aquesta suerte en el suelo.
Digo que estatuas son muertas,
1910
y ansí digan todos juntos:
¡Los dioses y estatuas mueran!

TODOS.
¡Mueran!

CONDE.
¡El Crucificado viva!

TODOS.
¡Viva!

MACHUCHES.
¡Hola, Juan! Mira qué es esto
que de la tierra salió.—
1915
¡Hola, Marcos! Mira aquesto.
Llevemos aquesta cruz.
Cógela, Marcos.

MARCOS.
Bien piensas.
(Va a cogella, y no puede.)
Yo la voy a coger. Ten,
que me abrasa una centella.
1920
¡Que me abraso! ¡Que me quemo!

(Vase y MACHUCHES.)

CONDE.
Vení, amigos, a Marsella,
y todos venid conmigo.

MAGDALENA.
No, Conde, que el Cielo ordena
que allá no vamos contigo
1925
y quiere de otra manera
que quedemos. Vaya Lázaro
a predicar a tu tierra,
porque ansí lo ordena Dios.
Y, Marta, porque se crea
1930
mejor sus leyes divinas,
vaya a matar esa fiera,
que bien puede, aunque mujer,
porque harta defensa lleva
en la cruz y agua bendita;
1935
y yo, pues que Dios lo ordena
que me quede sola, quiero
quedarme entre aquestas peñas,
donde alabaré su nombre
y su soberana esencia.

(Salen MACHUCHES y MARCOS, y CARDENIO, como que le traen corriendo, y la CONDESA.)

MACHUCHES.
1940
Andad, bellaco, ruín;
que os han echar a galeras,
pues sois tan grande bellaco.
Castigue su menudencia
este bellaco, que quiso
1945
echar agora a la fiera
esta mujer tan humilde.

CONDE.
¡Ay, mi inocente cordera!
Yo tengo la culpa toda,
pues con presunción soberbia,
1950
viendo faltar heredero
en mi Estado, en mi tierra,
os mandé echar al dragón.

MAGDALENA.
Pues, Condes, ya Dios ordena
daros por vuestro consuelo
1955
un hijo santo, que seaN
X
Nota del editor

«Falta este verso. Suplióse por el Ms. B., y se enmendó el anterior.»

un rayo que alumbre al mundo,
siendo Patrón de su Iglesia.

CONDESA.
Conde de los ojos míos,
pues Dios asina lo ordena,
1960
vamos con la compañía
todos juntos a Marsella.

 (Vanse, y quedan los LABRADORES.)

MACHUCHES.
Aun Condesa la llamó.

MARCOS.
Talle tiene, y aun de reina.

JUAN.
Marcos, ¿habéis visto aquello,
1965
que ha salido de la tierra,
que diz que se llama cruz,
y que un señor murió en ella
que se llama Cristo?

MACHUCHES.
¿Hay tal?

MARCOS.
Llevémosla a muesa tierra.

MACHUCHES.
1970
Y decí: ¿Qué es de dios Pan?

JUAN.
Que al dios tragóse la tierra.

MARCOS.
Pues todos juntos cantemos
en las alabanzas della,
y llévatela tú, Marcos,
1975
pues llevando esta bandera,
en lugar del dios a voces,
cantemos de esta manera:
(Lleven la cruz y van cantando y danzando.)
Canción (canzone)
“Esta sí que se lleva la gala,
que es la cruz en que Dios murió,
1980
éste sí que se lleva la gala,
que los otros árboles no.”

(Vanse todos cantando. Sale LÁZARO y SIMÓN.)

SIMÓN.
Endecasílabos sueltos (tirada)
¿Qué es esto, Lauro? ¿Tantas novedades,
tan grandes alborotos en Marsella?
¿Qué puede ser aquesto?

LAURO.
Hoy el Conde
1985
viene con presupuesto muy terrible
de derribar los dioses por el suelo
y poner la señal que de la tierra
salió cuando cayó de los villanos
el dios que haciendo fiesta le venían.

SIMÓN.
1990
Luego ¿pensáis que aquestos hechiceros
que engañaron al Conde y la Condesa,
no son encantadores, por lo menos,
que con sus falsedades y embelecos
quieren postrar los dioses por la tierra
1995
y levantar el árbol que cruz llaman
por insignia de un Dios que murió en ella?
¡Desdichada de ti; pobre Marsella!

(Salen MARCOS y MACHUCHES.)

MACHUCHES.
Redondilla
¡Ay, borrica de mi vida;
muerta en la flor de tu edad!

MARCOS.
2000
Eso sí: llorad, llorad.

MACHUCHES.
¡Ay, mi borrica, comida
Redondilla
del dragón! ¡Ay, burra parda,
que ansí el dragón te tragó!

MARCOS.
¿Comióla?

MACHUCHES.
Sí; la comió
2005
con las cinchas y la albarda.
Redondilla
Iba cargada de leña;
estaba el camino malo;
dila, porque andase, un palo,
y cayendo de una peña
Redondilla
2010
hasta el río no paró,
y hasta acabar con su fin.
Mas la tarasca ruín
entera se la comió,
Redondilla
sin decir: “Dios vaya.” “Y lejos
2015
—le dije— pues despachurra,
señor tarasco, a mi burra,
déjeme los aparejos.”
Redondilla
Mas, “a esotra puerta…”

MARCOS.
Oí:
luego ¿no había cerrado?

MACHUCHES.
2020
¡Par Dios! El marzo pasado
cerró, porque yo lo vi.
Redondilla
Mas, ¡par Dios! que era muchacha.

MARCOS.
Luego no lloréis.

MACHUCHES.
Sí quiero:
que fué mi mal el primero.

MARCOS.
2025
¡Par Dios; si asina despacha
Redondilla
los más asnos del lugar,
que hay muchos, habrá muy pocos!

MACHUCHES.
Suénale, ¡par Dios!, los mocos,
sin llegarlos a limpar.
Redondilla
2030
¡Ay, mi borrica, querida
de los burros del lugar,
a quien solían cantar,
lo que nunca se me olvida,
Redondilla
en el sotillo sus quejas!

MARCOS.
2035
Pues ¿cómo se las cantaban?

MACHUCHES.
Como luego rebuznaban
alzándose las orejas.

(Sale CARDENIO.)

CARDENIO.
Redondilla
¿Hay tan grande maravilla?

SIMÓN.
Cardenio, decid: ¿qué es esto?

CARDENIO.
2040
Vení, si queréis ver presto.

LÁZARO.
¿Habéis visto, Simón, tal?

CARDENIO.
Redondilla
Que aquella mujer que vistes
que ya mató el animal.

LÁZARO.
Vamos a verla, Simón.

SIMÓN
2045
No en vano hoy os persuadistes
Redondilla
a que era todo verdad
lo que os conté.

MARCOS.
¿Ya murió?

CARDENIO.
Sí, hermano.

MARCOS.
Diz que acabó
ya el animal.

MACHUCHES.
Pues, dejad;
Redondilla
2050
que si yo nuevos intentos
busco, la tengo de ver;
¡par Dios!, que no ha de comer
más albardas ni jumentos.

LÁZARO.
Redondilla
Vamos a verla, Simón.

(Da vuelta un palo, donde viene encima de él.)

CARDENIO.
2055
Bien os podéis detener,
pues de aquí la podéis ver
todos en esta ocasión.

MACHUCHES.
Redondilla
Vamos, porque en su alabanza
todos hemos de cantar.
2060
¡Por Dios, que le he de sacar
mi borrica de la panza!

(Vanse. Un animal con siete cabeza y SANTA MARTA encima con una cruz y una caldera de agua bendita. Dice el CONDE DE MARSELLA de adentro:)

CONDE.
Redondilla
Háganse todos pedazos,
que no quiero más su guerra;
no se gobierne mi tierra
2065
con tan torpes embarazos.

 (Salen la CONDESA y el CONDE, y LÁZARO, vestido de obispo.)

LÁZARO.
Redondilla
Muy grande premio alcanzastes
con lo que habéis hecho, Conde;
y todo esto corresponde
a aquel valor que mostrastes
Redondilla
2070
cuando el ídolo cayó.

CONDE.
Ya pues estos vanos dioses
como de mi tierra alojes
todos los he echado yo.
Redondilla
Quiero irme a Jerusalén,
2075
a ver el santo lugar
donde muerto llegó a estar
aquel soberano bien.

CONDESA.
Redondilla
Yo me ofrezco a acompañaros.

LÁZARO.
Ya vuestro valor se aumenta,
2080
y de aqueso se contenta
Dios para más esforzaros.

CONDE.
Redondilla
Pues, alto; démonos prisa,
que hoy nos hemos de partir,
pues que me queréis seguir
2085
vos, bellísima Condesa.
Redondilla
¡Hola! Aprestad un navío,
que hoy nos hemos de embarcar.

CONDESA.
¡Que he de adorar el lugar
donde moristeis, Dios mío!

CONDE.
Redondilla
2090
Pedro, llavero de Dios:
¡que yo os he de conocer!

CONDESA.
¡Cristo! ¡Que tengo de ver
adónde estuvistes Vos!

CONDE.
Redondilla
Lázaro, nuestra partida
2095
luego pienso que será,
pues aparejada está,
si no hay cosa que lo impida.
Redondilla
Mi condado os encomiendo
y que lo vais gobernando,
2100
los cristianos animando
y los demás convirtiendo;
Redondilla
que bien podemos los dos,
Conde, luego partir,
y vos, pues que no habéis de ir,
2105
os podéis quedar con Dios.

LÁZARO.
Redondilla
Él os guarde y acompañe
y os traiga a vuestra Marsella,
para que no halléis en ella
cosa que en algo os engañe.

(Sale MAGDALENA.)

MAGDALENA.
Endecasílabos sueltos (tirada)
2110
¿Adónde, Esposo santo, —Esposo casto,
le estaréis dando el pasto —en dulces quejas
a las santas ovejas— que guardáis?
¿Dónde, mi Dios, estáis —porque no os veo,
y es tan grande el deseo —que yo tengo
2115
de veros, que ya vengo— por miraros
y a sólo enamoraros —con mis ojos,
y saque los despojos —de esta guerra
adonde el bien se encierra —y no los males,
los bienes eternales —son los vuestros,
2120
porque todos los nuestros —son mudables
y todos variables —en un punto,
porque cuando está a punto —la esperanza,
entonces de mudanza —se apercibe;
nadie seguro vive —en esta vida;
2125
todo lo bueno olvida; mas ya es hora
de completas, oíldas, —alma, agora.

(Álzase un poco de un tafetán y entra MAGDALENA, y después de entrarse levanta todo y aparécese en lo alto DIOS, de resurrección, y dos ÁNGELES, y bajan los ÁNGELES mientras cantan un poco de completas y suben a la MAGDALENA, y después de subida dice DIOS:)

CRISTO.
Redondilla
¿María?

MAGDALENA.
¿Qué es lo que escucho?
¿No es mi Jesús el que llama?
¡Pies divinos!

CRISTO.
¿Quién te ama?

MAGDALENA.
2130
Vos, señor.

CRISTO.
¿Y tú a mí?

MAGDALENA.
Mucho.

CRISTO.
Redondilla
No llores tanto, María.

MAGDALENA.
Señor, dejar de llorar
es para mí gran pesar,
y llorar grande alegría.

CRISTO.
Redondilla
2135
María, menos enojos;
y estos cabellos que ves,
con que enjugaste mis pies,
hoy quiero enjugar tus ojos.

MAGDALENA.
Redondilla
¿Cuándo de vuestra belleza
2140
he de gozar sin mudanza?
Porque amor sin esperanza
no es amor, sino tristeza.

CRISTO.
Redondilla
Hoy, María, pues te agrada
mi presencia, he de hacer
2145
que los cielos han de ver
la mejor enamorada.

(Vuelvan a bajar la MAGDALENA tocando chirimías y canten en llegando abajo ¡Aleluya! y después dice la MAGDALENA:)

MAGDALENA.
Redondilla
Cuerpo, pues quedáis en calma,
os quedad, cuerpo, con Dios;
que es fuerza partir sin vos,
2150
pues de vos se aparta el alma.

(Vuelva a caer el tafetán encima y grita de adentro un pastor que se llama MARCOS:)

MARCOS.
Romance (tirada)
¡Hola! ¡Que se hunde la nave,
y que van todas quebradas
las velas, y lastimadas
las entenas y las jarcias!

(Salen MACHUCHES, MINGOS BERMEJO, JUAN CORALERO y MARCOS DE LA VIÑA.)

MACHUCHES.
2155
¿Qué nave es ésta, Bermejo?

MINGOS.
¿No la veis puesta en la playa?

JUAN.
Parece que el mar al Cielo
le quiere poner escalas.

MARCOS.
¡Por Dios!, que ha salido de ella
2160
un hombre con una dama,
y que la trae en los brazos.

 (Salen el CONDE y la CONDESA.)

JUAN.
Ya llegan a las cabañas.

CONDE.
¡Ánimo, bella Condesa,
que ya estamos en la playa!

MARCOS.
2165
Lleguémonos allá todos,
si os mueve piedad humana.

CONDE.
Aquí hay pastores, mi bien.

CONDESA.
Nada con esto se paga.

MACHUCHES.
Porque ya de ver echamos
2170
que sois gente muy honrada,
cuando os quisiereis servir
de nuestras pobres cabañas,
aquí hallaréis voluntad,
aunque, a Dios gracias, no falta
2175
que comer cuando nos sobra.

CONDE.
¿Cómo esta tierra se llama?
¿Qué nombre tiene esta tierra?

MARCOS.
Esta es Marsella de Francia.

CONDE.
Por tan famoso milagro,
2180
mi Condesa, demos gracias
al Señor, que nos volvió
a la venturosa patria
adonde tiene su cueva
la divina enamorada;
2185
la santa que a nós nos guía,
una gran santa…

MACHUCHES.
Y ¡qué santa!
La enamorada del Cielo
por sobrenombre la llaman.

CONDE.
¿Queréis guiarnos, pastores,
2190
a su dichosa cabaña?

JUAN.
A tiempo llegáis, señor,
cuando aprieta su jornada
para el Cielo, porque ha mucho
que una enfermedad muy larga
2195
no la deja. Esta es la cueva.

CONDE.
¿Hay más venturosa patria?

MACHUCHES.
Quién sois nos decid, ¡por Dios!

CONDE.
Vuestros Condes somos; basta.

MARCOS.
Luego en el traje parece
2200
que sois gente muy honrada.
Dadnos a besar los pies.

 (Échanse todos.)

CONDE.
Alzaos del suelo, que el alma
ya por ver a Magdalena
no sosiega ni descansa.
2205
Abrid aquesa cortina,
veremos si es cosa clara
lo que vosotros decís.

CRISTO.
¡Ay, divina enamorada!
Sube, mi querida esposa
2210
y paloma regalada.

CONDESA.
¡Ay, qué amores tan suaves!
¡Qué tiernas son sus palabras!

(Abren la cortina; está la MAGDALENA de rodillas. Va subiendo un alma vestida de blanco, y levántase un tafetán, donde [está] un niño crucificado. Va uno bajando y otro subiendo, y en llegando uno a otro, se abraza la MAGDALENA a los pies de la cruz y CRISTO extienda los brazos y abraza el alma de MAGDALENA. Y vuelva a subir hasta donde estaba la cruz, y cae el tafetán encima, y dice el CONDE:)

CONDE.
¿Hay más venturosa tierra?
¿Hay más dichosa comarca?
2215
Indigna eres, Marsella,
de tener tan grande santa.
Para celebrar su entierro
hoy se junte la comarca,
y aquí dé fin con aquesto
2220
la mejor enamorada.