Gracias, inmenso cielo,
a tu bondad divina,
no tanto por los bienes que me has dado,
355
pues todo aqueste suelo
y esta sierra vecina
cubren mis trigos, viñas y ganado,
ni por haber colmado
de casi blanco aceite
360
de estas olivas bajas,
a treinta y más tinajas,
donde nadan los quesos por deleite,
sin las que de henchir faltas
de olivas más ancianas y más altas.
365
No porque mis colmenas
de nidos pequeñuelos
de tantas avecillas adornadas,
de blanca miel rellenas,
que al reírse los cielos
370
convierten de estas flores matizadas;
ni porque estén cargadas
de montes de oro en trigo
las eras que a las trojes
sin tempestad recoges,
375
de quien tú, que lo das, eres testigo,
si soy tu mayordomo,
que mientras más adquiero, menos como;
no porque los lagares,
con las azules uvas
380
rebosen por los bordes a la tierra;
ni porque tantos pares
de bien labradas cubas
puedan bastar a lo que otubre encierra;
no porque aquella sierra
385
cubra el ganado mío,
que allá parecen peñas;
ni porque con mis señas,
bebiendo de manera agota el río,
que en el tiempo que bebe,
390
a pie enjuto el pastor a pasar se atreve;
las gracias más colmadas
te doy, porque me has dado
contento en el estado que me has puesto.
[...]
395
Parezco un hombre opuesto
al cortesano, triste
por honras y ambiciones,
que de tantas pasiones
el corazón y el pensamiento viste,
400
porque yo, sin cuidado
de honor, con mis iguales vivo honrado.
Nací en aquesta aldea,
dos leguas de la corte,
y no he visto la corte en sesenta años,
405
ni plega a Dios la vea,
aunque el vivir me importe
por casos de fortuna tan extraños.
Estos mismos castaños
que nacieron conmigo
410
no he pasado en mi vida,
porque si la comida
y la casa del hombre dulce abrigo
adonde nace tiene,
¿qué busca? ¿Adónde va? ¿Adónde viene?
415
Ríome del soldado,
que, como si tuviese
mil piernas y mil brazos, va a perde ellos;
el otro, desdichado,
que como si no hubiese
420
bastante tierra, asiendo los cabellos
a la Fortuna, y de ellos
colgado el pensamiento,
las libres mares ara
y aun en el mar no para,
425
que presume también beber el viento.
¡Ay, Dios, qué gran locura
buscar el hombre incierta sepultura!