Texto utilizado para esta edición digital:
Cotarelo y Mori, Emilio (ed.), Santiago el verde, en Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española (nueva edición), Madrid, RAE, 1930, vol. 13, pp. 539-580.
- Sotomayor Fuentes, Diana
Nota a esta edición digital
Esta publicación es parte del proyecto I+D+i «EMOTHE: Second Phase of Early Modern Spanish and European Theatre: heritage and databases (ASODAT Third Phase)», referencia PID2022-136431NB-C65, financiado por MICIN/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER Una manera de hacer Europa.
Nota preliminar
El texto de la obra que se presenta a continuación ha sido transcrito por Amanda Aniorte Hernández y revisado, modernizado, codificado y anotado por Diana Sotomayor Fuentes.
Siguiendo lo establecido por las normas de ARTELOPE, se modernizan los usos gráficos de acuerdo con las normas de la Real Academia Española; se desarrollan las siglas y abreviaturas presentes en el texto; se siguen las normas de acentuación modernas, salvo por el uso de la diéresis, que se emplea para marcar la presencia de un hiato cuando así se requiere (como en las voces rüido o fïel), y se incluyen apartes cuando la lectura lo exige, los cuales se marcan mediante un paréntesis. Asimismo, se señalan las lagunas métricas mediante corchetes y puntos suspensivos y se justifica en notas las correcciones realizadas sobre el texto utilizado para esta edición digital para ARTELOPE.
No obstante, se mantienen las voces originales cuando así se requiere para mantener la rima o el cómputo métrico, o cuando estas responden al habla particular de algún personaje.
DIRIGIDA A BALTASAR ELISIO DE MEDINILLA
Ganó tanta fama Persio, no habiendo escrito más que aquel pequeño libro de sus sátiras, por opinión de Marcial y de Quintiliano, que a muchos les ha parecido que la hallarían mejor por aquel camino que por el de otras empresas, diciendo bien, difíciles. Mas no es pequeño engaño creer que igualan la antigüedad, que apenas imitan, con libertades bárbaras, y siendo más lo que hablan que lo que escriben. Eurípides decía que si el hablar continuamente era prudencia, que mayor la tenían las golondrinas que los hombres: juicio cruel de algunos, y con extremo en los versificadores de estos años, cuyas plumas parecen a las de los virotes, que ellas no hieren, pero acompañan a las malas intenciones, y dan velocidad al hierro; y no lo es pequeño discurrir en esta materia quien desea huir del odio; pero como ni por bien ni por mal se adquiere más ventura con este género de impertinentes que Liñán llamaba los Impecables, tal vez se deja llevar la queja de la ocasión, y a puros ruegos de la templanza se define la ofensa de la ira; pensión grande de los doctos, como vuestra merced; que también ha empleado su virtuosa vida, desde sus tiernos años. Pero aunque lo sea, le deben consolar aquellas palabras de Aristóteles en el libro de la buena Fortuna, que nihil est melius intellectu, &, scientia prater Deum. Toda diferencia de facultades abrió puerta a la invidia; el teólogo, el jurista, el filósofo y los demás padecen sus contrarios; pero no con la destemplanza que los poetas; debe de ser la causa que se les opone con antojos de mayor ignorancia la calumnia, porque de esta facultad hay pocos que tengas las partes que se requieren, y en juntando consonantes, no sufren igualdad con el sol ni tienen por soberbia ser Icaros de sus rayos. Los que tienen natural, no tienen arte; los que tienen arte, no tienen natural, y si alguno entrambas cosas, o no las ejercita, o le parece que es mejor gastar el tiempo en alabarse a si mismo que en escribir para que sepan lo que sabe. Había en Alemania un catedrático maldiciente de todo, que se llamaba Lázaro, y como jamás imprimía y siempre murmuraba, pusiérole a la puerta de su escuela, de letras grandes: «Lazare, veniforas»; porque hasta dar a luz lo que se sabe no es justo estimar lo que saben los otros. Que el poeta tenga infusión celestial necesariamente, no lo enseñó poco Cicerón, trayendo por testigos a Platón y a Demócrito: Sape audi Poetam bonum neminem sine inflamatiene animorum existere posse, &, sine quodum afflatu quasi furoris. Hacer violencia a la naturaleza es tiranía del apetito, codicia de la fama y vanagloria del gusto. Baja comparación se ofrece, pero altamente significativa: aquel árbol ensebado que se pone en las fiestas es único ejemplo: trepan por él al tafetán algunos que desde la punta les enseña el aire, y con unos como grillos en los pies suben, sudan, resbalan, caen, cuál al principio, cuál a la mitad y cuál cerca del fin. Éstos, los primeros causan risa, los segundos, esperanza, y los terceros, admiración. Estados evidentes de la poesía, y que ya vuestra merced en su entendimiento habrá repartido entre los que conoce. Este premio, este palio alcanzó vuestra merced soberanamente escribiendo aquel libro Verè aureus, diserte, &, graphicè, de la limpia Concepción de la Virgen, no resbalando por la materia deleznable que cubre a los importunos el pirámide de la fama, sino volando como águila caudalosa, y haciendo círculos generosos a su extremo. En tanto amor, en tanta amistad, no hay sospecha de lisonjas, ni lo que todos saben necesita de crédito. Mis comedias andaban tan perdidas, que me ha sido forzoso recibirlas como padre y vestirlas de nuevo, si bien fuera mayor volverlas a escribir remediarlas. De las que lleva esta décimatercia parte cabe a vuestra merced la que se llama Santiago el Verde, imitando la estación que hace Madrid el primero día de mayo al Soto, donde el padre Manzanares, adornado de tantos coches, no envidia las altas ruedas del Tajo, las naves del Guadalquivir ni los naranjos de Guadalaviar. vuestra merced la reciba y lea, si no la vio representar, y se acuerde siempre que tiene en mí un verdadero amigo y Padre, que, como el cazador al pájaro, está mirando la destreza con que hace presa en el laurel que merecen tan pocos y pretenden tantos.
Capellán de vuestra merced,
Lope de Vega Carpio
FIGURAS DE LA COMEDIA
| Celia |
| Lisardo |
| don García |
| Pedro |
| don Rodrigo |
| Teodora |
| Inés |
| Lucindo |
| Fabio |
| Liseo |
| los músicos |
| los caballeros |
REPRESENTOLA RIQUELME
ACTO PRIMERO
La edición que manejamos lee satisfecha. Para restaurar la rima en -eo del romance enmendamos por satisfecho.
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ACTO SEGUNDO
Marcamos la ausencia de este verso, necesario para completar la redondilla. Debe colocarse en esta posición para recuperar la rima con el v. 1907.
ACTO TERCERO
Marcamos la ausencia de tres versos, necesarios para completar la redondilla.
Marcamos la ausencia de estos versos, necesarios para restaurar la estructura métrica del romance.
