Texto utilizado para esta edición digital:
Cotarelo y Mori, Emilio (ed.), Quien ama, no haga fieros, en Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española (nueva edición), Madrid, RAE, 1930, vol. 13, pp. 403-434.
- Sotomayor Fuentes, Diana
Nota a esta edición digital
Esta publicación es parte del proyecto I+D+i «EMOTHE: Second Phase of Early Modern Spanish and European Theatre: heritage and databases (ASODAT Third Phase)», referencia PID2022-136431NB-C65, financiado por MICIN/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER Una manera de hacer Europa.
Nota preliminar
El texto de la obra que se presenta a continuación ha sido transcrito por Amanda Aniorte Hernández y revisado, modernizado, codificado y anotado por Diana Sotomayor Fuentes.
Siguiendo lo establecido por las normas de ARTELOPE, se modernizan los usos gráficos de acuerdo con las normas de la Real Academia Española; se desarrollan las siglas y abreviaturas presentes en el texto; se siguen las normas de acentuación modernas, salvo por el uso de la diéresis, que se emplea para marcar la presencia de un hiato cuando así se requiere (como en las voces rüido o fïel), y se incluyen apartes cuando la lectura lo exige, los cuales se marcan mediante un paréntesis. Asimismo, se señalan las lagunas métricas mediante corchetes y puntos suspensivos y se justifica en notas las correcciones realizadas sobre el texto utilizado para esta edición digital para ARTELOPE.
No obstante, se mantienen las voces originales cuando así se requiere para mantener la rima o el cómputo métrico, o cuando estas responden al habla particular de algún personaje.
DEDICADA A DON JORGE DE TOBAR VALDERRAMA
ALCAIDE DE LA FORTALEZA DE COMPETA, Y OFICIAL PRINCIPAL DE JORGE DE TOBAR, SU PADRE, DEL CONSEJO DE SU MAJESTAD, Y SU SECRETARIO DE ESTADO, CAMARA Y PATRONAZGO REAL DE CASTILLA
Por dos cosas principales se dirigen a los hombres que lo son, los cuidados de los estudios y los trabajos del ingenio: o por celebrar sus virtudes y dar (siendo tales los escritos) alguna inmortalidad a sus nombres, o porque a la sombra de su protección ellos la alcancen: en que parece que corre el interés de entrambos. Cansados están ya los oídos de esta proposición en tantos libros; mas como es uno el intento, no es mucho que sean las razones identidades. Si yo quisiera celebrar las excelentes partes que en v. m. puso el cielo, así de su generoso nacimiento como de su natural valor, persona y cortesía, hiciera sospechosa la dirección de esta comedia,
y fuera mayor que el presente el papel con que le envío; de suerte que me está más bien la segunda intención que la primera, poniendo a la sombra de la luz de su valor y entendimiento el discurso de esta fábula, tanto por honrarla de su favor cuanto por agradecer los que he recibido siempre del señor Jorge de Tobar, su padre, persona tan digna de la confidencia de los papeles de Estado y de mayores lugares, si a mayores puede aspirar la pluma, acompañada de tanta virtud y confianza en los reinos y sucesiones de tales príncipes, luciendo su verdad, integridad y celo entre los excelentes ministros que ha tenido esta Monarquía, dicha grande del imperio; pues cuando dijo Plinio que tenía necesidad de amigos la fortuna del príncipe, yo siempre entendí que hablaba de los ministros: fundamento de su conservación, en que está la dificultad, pues el suceder es por naturaleza. Alabo, entre otras partes, su cortesía, rara en los hombres de lugares eminentes, y no soy solo en estimar esta virtud con tanto extremo, pues escribiendo Cicerón por Marco Fabio a Celio, fiel mayor entonces, entre las partes de que le alaba, dice que era cortés y comedido. Yo, por lo que tengo advertida esta modestia suya tantos años, digo con Ovidio:
Huic igitur merituas grates ubicunque licebit, Pro tam mansueto pectore semper agam.
Que mirando muchas veces a v. m. me parecía justamente que no podía ser de otro original tal ejemplo de modestia, afabilidad y cortesía: no menores causas que para amarle, para osar dirigirle esta imitación de un amante al uso de estos tiempos, la furia con que le ausenta la fuerza del agravio, y la invención con que le vuelve la tibieza que imagina, cuando con más paciencia no le llaman. Puede ser que este carecer de la posesión sea amor propio, por la falta que hace el deleite a la costumbre: así fue opinión de Aristóteles, que el hombre naturalmente con más afecto se ama a sí mismo. V. m. lea los que este discurso tiene, para que juntamente queden corregidos y honrados: lo primero con la lima de su gran juicio, y lo segundo con su nobleza y virtud, tan conocida y estimada, que solo hablar en ella me pueden culpar por atrevimiento. Dios guarde a v. m. como deseo.
Su Capellán,
LOPE DE VEGA CARPIO.
Figuras de la comedia
| Don Félix, caballero |
| Gastón, su criado |
| Lisardo, novio |
| El conde Otavio |
| Marcelo, su criado |
| Fineo, casamentero |
| Doña Ana, dama |
| Flora, su madre |
| Doña Juana, dama |
| Inés, criada |
ACTO PRIMERO
ACTO SEGUNDO
En el original dice, por errata, «sus seles». Hartzenbusch enmendó «sus simas». El valle de Carriedo no tiene simas.
sepultura;
ACTO TERCERO
