CONDE.
Un amigo tuve un tiempo
a quien amé más que al alma,
que era, si le conociste,
el Príncipe de Tesalia.
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Dio en servir a la princesa,
y ella, en pago, le hablaba,
sus preseas recibía
y sus billetes y cartas.
Y delante de los grandes
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él mostró grande arrogancia;
que [un] favor demasiado
vuelve loco a quien lo alcanza.
Dijo que de la princesa
tenía firme palabra,
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que a ninguno sino a él
se mostraría alegre y blanda.
Pues como esto engendra envidia
siempre en la parte contraria,
no faltó quien se lo dijo
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a la descuidada dama.
Ella, pues, como se precia
igual de honrada y [de] casta,
como parida leona
se enciende en cólera y rabia,
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tanto, que en público dice
que el que la cabeza ingrata
del príncipe le llevara
le da su firme palabra
que será su esposa luego.
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Y aun hubo quien lo intentara;
pero costole la suya,
de su intento digna paga.
Al fin, el príncipe, en corte
procuraba con el alma ,
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volver al primer estado
con la princesa y su gracia,
para lo cual convidó
a una silvestre caza
al heredero de Hungría,
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que era esposo de la hermana,
que agora tiene, viuda,
a esta princesa agraviada.
Porque él era el más amigo
que después de mí trataba,
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hizo llevar a su esposa,
y ella una niña llevaba
de dos años solamente,
en quien ambos adoraban.
Llegamos al sitio ameno
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otro día, cuasi al alba;
reposamos en las tiendas,
que ya plantadas estaban;
y el ama, mientras durmiendo
se quedó la madre amada,
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tomó la niña y se fue,
por ver el mar, a la playa.
Había acaso aquella noche
una nave de piratas
bien cerca de allí surgido
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con intento de hacer agua.
Cógenla y dan en la nave;
con ellos pónense al arma;
van a nosotros, que estábamos
descuidados y sin guarda;
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matan a tres caballeros
de los primeros que hallan.
Salimos al alboroto,
y, en fin, que se nos escapan;
mas costonos la vitoria
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una notable desgracia:
que uno al príncipe de Hungría
mató de una cuchillada.
Tú puedes considerar
lo que haría la infanta
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viendo que a su dulce esposo
la muerte se lo arrebata,
y las nuevas que le traen
de que el ama no parece
con la niña, que era niña
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de los ojos de su alma.
Viendo el desdichado príncipe
que de este daño era causa,
se partió a desesperar;
y debió de ser sin falta,
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pues pasan ya diez años
y de él no se sabe nada.
Este es, amigo, el proceso
de aquesta tan larga historia.