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Señor Marqués de Villena,
invictísima Corona
de Girones y Pachecos,
cuyas hazañas heroicas
escribe en papel la fama,
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que no hay tiempo que las borra,
que son diamantes las letras,
y bronce eterno las hojas.
Yo soy de León de España,
que justamente se honra
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de aquellos primeros Reyes,
que de la nobleza goda
quedaron para castigo
de los bárbaros que agora
solo viven por reliquias
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de las pasadas historias;
neutrales están mis deudos,
que quiera a don Juan me estorban,
había llegado el mes,
que prados y campos borda,
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aquellos viste de nieve,
estos de flores y rosas,
bajaban los arroyueles
a guarnecer con las olas
de pasamanos de plata,
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las márgenes arenosas.
Yo con ocasión injusta
de enfermedades que toman
más la ocasión que el acero,
tal vez voluntades mozas,
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a hablar a don Juan salía
para escusar mi deshonra,
que quiere amor que el deseo
a la razón se anteponga,
supo don Sancho estos días,
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y una mañana lluviosa,
que para que no saliera,
parece que el alba llora,
llegó más presto,¡ay de mí!,
que aún me matan sus congojas,
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que celos madrugan mucho;
porque duermen pocas horas,
salió de unos verdes ramos,
y asiéndome de la ropa,
que no del alma a escucharle,
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mis pies turbados reporta,
oigo amorosas razones,
si puede ser que las oiga,
quien mirando a quien le habla,
está pensando otra cosa.
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Pero cuando ya atrevido,
más intenta que razona,
puse mi rostro en defensa
con palabras afrentosas,
que los hombres atrevidos
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cuando a su gusto se arrojan,
para entrar a sus deseos
tienen por puerta la boca.
En este tiempo don Juan
con espacio libre asoma,
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que quien anda de ganancia
no le despiertan congojas,
luego que mira el suceso,
como es razón se alborota,
pierden el color entrambos,
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yo entonces el alma toda,
así toros de Jarama
alzan las frentes celosas,
vierten por la boca espuma,
fuego por los ojos brotan,
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así en el arena escarban,
brío enamorado cobran,
y los llaman al desafío,
la palestra polvorosa,
como sacan las espadas
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don Juan, y don Sancho, y doblan
las capas, que al brazo envuelven
mi presencia los provoca,
por estar favorecido
(que pienso que en esto importa)
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dio más ventura a don Juan,
que olvidados tienen poca,
íbale mal a don Sancho,
yo como algunas personas
que están viendo a los que juegan,
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que del uno se aficionan,
deseaba que ganase
don Juan, esperando, ¡ay loca!,
más desdichas debarato,
que estos olmos tienen hojas,
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cayó don Sancho, y don Juan
luego la mano me toma,
y a un pueblo suyo me lleva,
no hay secreto que se esconda,
huye a la justicia un día,
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sígole yo triste y sola,
luego con un escudero,
que en Olías me despoja
de joyas y de consuelos,
y con engaños me roba.
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Mudo el traje, y en Toledo
sirvo humilde labradora,
donde me veis y decís
que mi talle os aficiona;
decís que me hable don Diego,
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a quien doña Antonia adora,
esta dama toledana,
que era entonces mi señora.
Ese don Diego es don Juan,
que deste nombre se adorna,
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por serviros y encubrirse,
tanto el peligro le exhorta
de celos desatinados;
para vengarme a mi costa
entré en la barca esta tarde,
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confianza peligrosa.
Pero justa en la nobleza
de vuestra persona heroica,
que no ha de degenerar
de sus magnánimas obras,
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sino ayudarme a cobrar,
como quien es honra y gloria
de Villenas y Girones,
mi ser, mi vida y mi honra,
por título, por señor,
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por grande, por hombre sobra,
pues soy mujer, y mujer
que os ha contado su historia.