Tuvo esta insigne ciudad,
1380
faro de la mar de España,
espanto de berbería
y primer paso de Italia,
un caballero muy noble
que Dionís Ponce llamaban,
1385
tan rico y tan avariento
que aun hoy lo dice su fama.
A don Pedro Ponce tuvo,
único hijo, con tantas
partes, que por serlo yo
1390
mi amor y lengua las callan.
En Lérida el mozo ilustre
leyes, ¡oh, Pedro!, estudiaba,
cuando las leyes de amor
su escuela hicieron mi casa.
1395
Pintor era el padre mío,
arte tan noble, que basta
decir que a naturaleza
tal vez enmienda las faltas.
No me venció con papeles,
1400
no me rindió con palabras,
no me ganó con terceros
ni ellos con promesas falsas.
Casose conmigo y diole
mi podre padre en su casa
1405
de comer mientras vivió.
Murió y con él mi esperanza.
Quedáronnos por hacienda
algunas pintadas tablas,
bien hechas, pero tenidas
1410
pocas por bien estudiadas.
Y como el arte y el tiempo
no agradece la ignorancia,
harto fue que nos valiesen
para volver a su patria.
1415
Pero apenas Dionís Ponce
supo que casado estaba
su hijo tan pobremente
cuando intentó mil venganzas.
No nos quiso recibir.
1420
Yo, Pedro, preñada estaba
de ti. Llevome a una quinta,
huerta o casa de labranza.
Diome el parto, y él, sabiendo
que estaba en su quinta, arranca
1425
en un caballo, furioso,
para repartir dos balas
de una pistola en los dos.
Él huyó por la montaña,
y mientras que le seguía
1430
con criados y con armas,
me escondieron sus pastores
en una pobre cabaña
que cubrían en un monte
sabinas y verdes hayas.
1435
Don Pedro, en fin, y un criado
que en Lérida acompañaba
sus estudios, discurrieron
del mar las vecinas playas,
donde dicen pescadores
1440
que en una humilde tartana
para Italia se embarcaron,
mas no llegaron a Italia.
Tantos años como tienes
falta de su esposa y patria.
1445
Todos le tienen por muerto,
sola yo vivo en el alma.
De la cabaña que dije
vine a la ciudad, que estaba
armada de sus amigos,
1450
poniéndonos acechanzas.
El padre de Serafina,
mozo entonces y que amaba
a don Pedro, ocultamente,
hijo, nos tuvo en su casa.
1455
Fue padrino en tu bautismo,
y con su hijo, que andaba
niño entonces, al escuela
te enseñó en letras y en armas.
Serví en su casa y la sirvo.
1460
Tú, con altiva arrogancia,
¡oh recelos de mi honor!,
vida miserable pasas.
Das en decir que ese traje
para un desdichado basta,
1465
y dices bien, pues lo eres
desde la cuna y la faja.
Murió tu abuelo, tan necio,
que en la muerte me declara
por adúltera, y a ti
1470
del justo derecho aparta
de legítimo heredero,
aunque esta falsa probanza
en el tribunal de Dios
divina sentencia aguarda.