Texto utilizado para esta edición digital:
Gómez, Jesús; Cuenca, Paloma (ed.), La pobreza estimada, en Comedias, IX, Lope de Vega. Madrid, Turner (Biblioteca Castro), 1994, pp. 552-655.
- Durá Celma, Rosa
Nota a esta edición
Esta publicación es parte del proyecto I+D+i «EMOTHE: Second Phase of Early Modern Spanish and European Theatre: heritage and databases (ASODAT Third Phase)», referencia PID2022-136431NB-C65, financiado por MICIN/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER Una manera de hacer Europa.
La Biblioteca Digital Lope de Vega agradece a a Jesús Gómez, Paloma Cuenca y a la Biblioteca Castro la gentileza de conceder permiso para reproducir el texto de su edición en la Biblioteca Digital Lope de Vega, que hemos procedido a adaptar al formato electrónico y a la codificación XML-TEI propios de ARTELOPE.
Copyright Fundación José Antonio de Castro.
Texto utilizado por Gómez y Cuenca para su edición (p. xiv): Parte XVIII, Madrid, Juan González, 1623.
[PERSONAJES]
| DOROTEA, dama |
| RISELA, su prima |
| ISABEL, esclava |
| LEONIDO, hidalgo |
| TANCREDO, criado suyo |
| RICARDO, caballero |
| CELIO, criado |
| JULIO, criado |
| FELISARDO, amigo de LEONIDO |
| AURELIO, viejo |
| AUDALLA, rey de Argel |
| ZULEMA |
| LIMAMI |
| ALIMO |
| ELIZBEY |
| ARNAUTO |
| DON FRANCISCO, capitán |
| RIBERA, soldado |
| ROSADO, alférez |
| ALGUNOS SOLDADOS |
| UN PREGONERO |
| CUATRO LADRONES |
| UNA MUJER |
AL EXCELENTÍSIMO SEÑOR DON FRANCISCO DE BORJA
Príncipe de Esquilache, conde de Mayalde, comendador de Azuaga, gentilhombre de la cámara del rey nuestro señor y su virrey en los reinos de Perú.
Después que V.E se partió a esos reinos, dejando las musas de su patria en tanta soledad de su divino ingenio, pues ocupado en su gobierno era imposible honrarlas como solía, sobrevino en el Parnaso tan estupenda mudanza (perdone V.E que le hable como poeta, pues yo no tengo otros casos de estado ni de guerra), que con tempestad violenta, pretendió llevarse los consagrados templos, los laureles antiguos y los mismos jardines y baños de Euterpe y Clío. Acordábame yo, en estos miserables sucesos, de la autoridad y grandeza de V.E, tan verdadero asilo de nuestra lengua; y no hallando ramas tan seguras de que asirme, dejábame llevar de la corriente del vulgo, de quien la novedad es ídolo; y pasando y advirtiendo los poemas heroicos, líricos, toscanos y franceses, consolábame con que ninguno había hablado con tales locuciones, frasis y metonimias. No acabo de entender el juicio de los hombres, pero ¿quién le ha entendido? Muchos estuvieron de su parte de esta nueva poesía o quimera fantástica, de quien ese insigne libro a V.E será brevemente Belerofonte. ¡Oh, qué grandes palabras son aquellas de Luis Vives!
Vera sapientia est de rebus incorrupte iudicare, ut talem unamquamque existimemus, qualis ipsa est, ne vilia sectemur tamquam pretiosa, aut pretiosa tamquam vilia reiiciamus, ne vituperemus laudanda, neve laudemus vituperanda.
La amistad, la pasión, la envidia suelen contradecir la verdad y hacer lisonja a la mentira, mas ¿quién dirá que la envidia también alaba? Pues es uno de sus efectos alabar los ignorantes por oscurecer los sabios; y, ¡hay tantos de este género que no caen en que los alaban sin razón, por deshacer con malicia a los que tienen méritos! Así la define san Agustín: Mentis atque animi depravatio a tramite veritatis devia, quae incuriosorum animos frequenter obrepit. Alguna defensa se ha hecho a esta fiera introducción de voces; mejor hubiera sido olvidarla, pues como violenta injuria de nuestro idioma, había de ser efímera. Grave socorro se hubiera tenido en V.E, que el excelentísimos conde de Lemos estaba en Galicia y el duque de Taurisana en Italia, pero el doctísimo fray Ángel Manrique, el señor doctor Gregorio López Madera, del Consejo de su Majestad, y don Francisco de la Cueva, jurisconsulto insigne, nos han dado su patrocinio, ya por escrito, ya con voz viva y autoridad irrefragable; lo que estuviera definido sin réplica con presidir a este acto V.E., de quien podré decir con Ovidio:
Sic tibi nec desunt, nec principis artes,
mixta sed est animo cum Iove Musa tuo.
Aquí no permite dilación la verdad, si bien segura de parecer lisonjera. Y con algún miedo de errar (si amor yerra), me paso a decir a V.E. que, en esta edad, se puede dar el parabién a la facultad de los poetas de la honra en favor que su Majestad les hace, cosa que desde el rey don Juan no estaba en Castilla en el lugar que merecía; aunque entonces hubo mejores poetas de aquel estilo, con paz de los que ahora tratan de estos estudios con más arrogancia que ciencia, mayormente después que se dividieron en bandos, como los güelfos y gibelinos, pues a los unos llaman culteranos, de este nombre culto, y a los otros llanos, eco de castellanos, cuya llaneza verdadera imitan. V.E., que no le ha visto, no podrá hacer discurso a este nuevo arte, pero le certifico, así las musas me sean favorables, que no tiene todo su diccionario catorce voces, con algunas figuras imposibles a la retórica, a quien niegan que sea el fundamento de la poética; digo, en las locuciones, que en lo demás ya sé que lo es la filosofía. Es finalmente tan oscura, que tiene por jeroglífico a la puerta la cábala, y por letra, Plus ultra. Pues, no tengo esta controversia por menos grave, si se tratara de hombre que lo fueran, que la de los estoicos y peripatéticos, de que habla Tulio, y más cuando por último encarecimiento dice: Nihil est quod Deus efficere non possit; utinam sapientes stoicos effecisset, ne omnia cum superstitiosa sollicitudine er miseria crederent. Mas ello tendrá sosiego, reduciéndose a su centro la verdad, porque omnia quae moventur (como dijo el filósofo), quum perveniunt ad suum locum, quiescunt. Paréceme que está ya deseoso V.E. de ver algún ejemplo; irá con esta, y ¡plega a Dios que no halle a V.E. en ese reino! Entretanto, digo que es cosa digna de consideración que algunos estudios y no pocos años de lección en esta materia, y tantos versos escritos, no me aprovechen para entender una estancia de uno de los poetas de esta vena, pues muchas veces quisiera, o pedir la construcción de su gramática a los mismos, o que los que dicen que los entienden me la enseñaran; si bien esto último nunca lo he creído, porque por no confesar que no lo penetran todo, hay hombres que los alaban exteriormente, y en sí mismos están corridos de ver que ni lo saben ni lo alcanzan ni tienen esperanza de entenderlo, mas presumen que deber ser muy excelente, pues no lo entienden. Y en esta presunción tienen por mejor alabar lo que no merece, que confesar que hay en el mundo cosa que ignoren.
Esto hay en el mundo de acá, harto mejor para el que V.E. gobierna, por la parte, digo, que hay indicios bárbaros. Esta comedia de La pobreza estimada envío a V.E. donde lo es tanto la riqueza, porque agrade por novedad, que hasta los defectos lo son; si bien no vale el argumento donde pasan por no lo ser, pero válgame a mí para que vuelva esta pobreza enriquecida del favor de V.E., en quien con la generosidad de la sangre compite la abundancia de divinas y humanas letras, lustre de nuestra nación y envidia de las extranjeras. Guarde Dios a V.E., como deseo.
Su capellán,
Lope de Vega Carpio
Acto I
Acto II
Acto III
