Texto utilizado para esta edición digital:
De Vega, Lope, “La pastoral de Jacinto”, “Obras completas de Lope de Vega”. Madrid, Turner, Biblioteca Castro, 1993, Vol. VI, pp. 503-602.
- Durá Celma, Rosa (Artelope)
Elenco
| JACINTO |
| ALBANIA |
| DORIANO |
| FRONDELIO |
| BELARDO |
| FLÓRIDA |
| AGRARIO |
| ELENIO |
| CARINO |
| LEONATO |
| CALCIDONIO, viejo |
| GRINEO, viejo |
Dedicatoria
A DOÑA CATALINA MALDONADO
COMENDADORA DE TORRES Y CAÑAMARES, MUJER DE HERNANDO DE ESPEJO, CABALLERO DEL HÁBITO
DE SANTIAGO, CABALLERIZO DE LA REINA NUESTRA SEÑORA
La estimación que Vuestra Merced hace de mis escritos era bastante causa de agradecimiento, cuando las generosas partes de que la ha dotado el cielo no obligaran a su alabanza cuantas plumas profesan versos. El más lúcido adorno, después de las virtudes que resplandecen en Vuestra Merced, es el entendimiento, y la fuerza que con mayor blandura atrae nuestros ánimos, inclina los deseos y admira los sentidos: lumbre que Dios infunde al alma, le llamó el Filósofo. Y como entre las calidades de la luz no sea la menor el resplandecer, es imposible que se oculte, ni dejar de esparcir su claridad en todas sus acciones, que de la manera que el sol, teniendo por objeto las cosas doradas, vuelve más lustrosos rayos a sí mismo, el entendimiento –parte del alma– dilatado en las gracias exteriores, hace que con mayor claridad todo el sujeto resplandezca. A este, pues que como sol en Vuestra Majestad, adorna tantas excelencias que compiten con sus virtudes, ofrece mi corto caudal esta comedia, escrita en los años de mi juventud, con título de Pastoral de Jacinto, pareciéndome que con más honestidad se cubren los amorosos afectos de esta corteza rústica, como se ve en las églogas que los poetas griegos y latinos más honestos nos dejaron escritas, de quien no menos nuestros españoles sacaron tantas imitaciones. Por esta causa, y por hablar con mayor libertad, dulzura y gracia, entre las soledades, árboles y ríos y fuentes, lo que por ventura pasaba en los suntuosos palacios de los príncipes. El don es corto, y me lo parece más, cuando miro lo que debo al señor Hernando de Espejo y a sus hermanos. En él se mira la cortesía, en Vuestra Merced, la gracia; entre tantas luces, es imposible que se pierda mi buen deseo, ni que se deje de prometer esta fábula la protección y honra de la calidad de su nombre. Dios guarde a Vuestra Merced.
Su capellán,
Lope de Vega Carpio
Acto I
Acto II
Acto III
