Texto utilizado para esta edición digital:
García Fernández, Óscar (ed.), Las mujeres sin hombres / Lope de Vega, León : Universidad de León, Secretariado de Publicaciones, 2009.
- Durá Celma, Rosa
- Tronch Valls, Carme
Nota a esta edición digital
Esta publicación es parte del proyecto I+D+i «Teatro español y europeo de los siglos XVI y XVII: patrimonio y bases de datos», referencia PID2019-104045GB-C54 (acrónimo EMOTHE), financiado por MICIN/AEI/10.13039/501100011033.
La Biblioteca Digital Lope de Vega agradece al Secretariado de Publicaciones de la Universidad de León el permiso concedido para incluir el texto de Las mujeres sin hombres editado por Óscar García Fernández, que hemos procedido a adaptar al formato electrónico y a la codificación XML-TEI propios de ARTELOPE.
Transcripción y codificación del texto digital a cargo de Rosa Durá Celma. Marcado de la métrica a cargo de Carme Tronch Valls.
Comedia famosa / De Lope de Vega Carpio
Dedicada A la señora Marcia Leonarda
No es en disfavor del valor de las mujeres la historia de las Amazonas, que a serlo no me atreviera a dirigirla a Vuesa Merced, antes bien, las honra y favorece, pues se conoce por ella que pudieran vivir solas en concertada república, ejercitar las armas, adquirir reinos, fundar ciudades y dar principio a una de las maravillas del mundo que fue el templo de Diana en Éfeso. Hubo antiguamente muchas y en diferentes partes, de las africanas hace memoria Beroso; de las Scithias, Diodoro, que estas fueron las que mataron sus maridos y que jamás fueron vencidas de Hércules si Antiopía en Temiscira no se enamorara de Teseo. Claro estaba que el valor de mujeres determinadas solo con la blandura del amor podía ser vencido. De alguna lo fue Alejandro visitando en Hircania (como refiere Justino) a Thalestris, su hermosa reina, que llevaba en su compañía trescientas mil mujeres. No le parezca a Vuesa Merced muchas, pues ha visto en la corte un día del Ángel o en el Soto de Manzanares el primero de mayo que llaman verde, pues en aquella república ni hacían labor, ni tenían celos, ni las maltrataban sus maridos y de diez a diez años eran sus partos, que no es lo que menos acaba sus vidas y consume sus hermosuras. Arriano y Jenophonte se ríen de tal fábula, yo las hallo en Virgilio y en todos los autores, y no solo en aquellos tiempos, sino tan cerca de nuestra edad que en el viaje de Magallanes fueron vistas, si no mienten las relaciones de Sebastián del Cano y de Gonzalo de Oviedo, y aún he oído decir que andan algunas entre nosotros, como son: viudas mal acondicionadas, suegras terribles y doncellas incansables, que todas estas infaliblemente son Amazonas o vienen de ellas. Vuesa Merced juzgará a su gusto de esta opinión, pues en todas las cosas la tiene tan excelente, advirtiendo que no le ofrezco su historia para que con su ejemplo desee serlo, antes bien, para que conozca que la fuerza con que fueron vencidas tiene por disculpa la misma naturaleza.
Dios guarde a Vuesa Merced.
Su más aficionado servidor
Lope de Vega Carpio
Personas de la comedia
| Hércules |
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