Félix Lope de Vega y Carpio

EL MAYORDOMO DE LA DUQUESA DE AMALFI




Texto utilizado para esta edición digital:
De Vega, Lope: “El mayordomo de la duquesa de Amalfi”, Obras completas de Lope de Vega, Colección Biblioteca Castro, Madrid, Turner, 1997, Vol. XIII, pp. 700-799.
Adaptación digital para EMOTHE:
  • Durá Celma, Rosa (Artelope)

Elenco

ANTONIO, mayordomo
LA DUQUESA DE AMALFI
OCTAVIO DE MÉDICIS
FABRICIO, criado
URBINO, secretario de la Duquesa
CELSO, viejo
LIBIA, camarera
MELAMPO, villano
DORISTO, villano
ARSINDO, villano
FURIO, criado
DINARCO, criado
FILELFO, criado
RUPERTO, criado
BERNARDO, criado
BARTOLA
FENICIO
LUCINDO
JULIO DE ARAGÓN
EL DUQUE DE AMALFI
ALEJANDRO, niño
LEONORA, niña

Acto I

Sale ANTONIO.

Antonio
Romance (tirada)
Desiguales prendas mías,
pues al sol os atrevistes,
bien es que tengáis el pago,
y que la tierra se eclipse;
5
ojos que mirar osastes
sus rayos inaccesible,
ícaros de mi deseo,
con alas de plumas viles;
caed del cielo sereno,
10
donde sin fuerza subistes,
al mar de mi justo llanto,
en que la esperanza expire.
¡Ay, prendas mías humildes,
fuego merece quien al viento sigue!
15
De la duquesa de Amalfi,
osaron mis ojos libres,
siendo un hombre su criado,
siendo un hombre que la sirve,
mirar los divinos rayos.
20
Diome licencia; atrevime,
que me llamó con mirarme,
que amor tiene ojos de lince,
y aunque no me dice nada,
mucho mirando me dice,
25
pues me ha obligado a querer
aquel divino imposible.
¡Ay, prendas mías humildes,
fuego merece quien al viento sigue!
Nací en Nápoles hidalgo,
30
estudié, profesión hice
de gentilhombre en la corte.
¡Qué principios y qué fines!
Federico de Aragón
era su rey infelice,
35
echáronle de su Estado;
seguí su destierro, ¡ay, triste!
Amparole Luis de Francia;
canseme, a Nápoles vine.
En mi humildad descansaba,
40
rico el que contento vive.
Como enviudó la Duquesa,
y el hijo es niño, me pide
por carta que a su servicio
o a su gobierno me incline.
45
Nunca yo lo imaginara,
pues aunque con ella prive,
quieren mis locos deseos
que a pretendella me anime.
¡Ay, prendas mías humildes,
50
fuego merece quien al viento sigue!

Sale OCTAVIO DE MÉDICIS, y CRIADOS.

Octavio
Quintilla
¿Vino Antonio?

Fabricio
Sí, señor.

Antonio
Aquí esperando estaba.

Octavio
Debes, amigo, a mi amor
ese cuidado; hoy se acaba
55
de mi esperanza el temor;
Quintilla
hoy pone a su fundamento
de tan rica posesión
la primera piedra mi intento.

Antonio
(Temo que esta pretensión
60
debe de ser casamiento.)

Octavio
Quintilla
No estéis vosotros aquí.

Antonio
¿Qué es, señor, lo que me quieres?

Octavio
Escúchame atento.

Antonio
Di.

Octavio
Antonio, yo sé quién eres,
65
¿sabes quién soy?

Antonio
Señor, sí.

Octavio
Quintilla
Con eso sabrás que soy
del gran duque de Florencia
sobrino.

Antonio
Más gloria os doy
por vuestra virtud.

Octavio
Mi herencia
70
no la sé; a figura estoy
Quintilla
desde que el Duque murió,
el de Amalfi, Antonio, digo;
aunque heredero dejó,
traigo pensado conmigo...

Antonio
75
(No en vano el alma temió.)

Octavio
Quintilla
...casarme con la Duquesa.

Antonio
Por deciros la verdad,
de lo que penséis me pesa,
si es bien que con libertad
80
hable el que verdad profesa,
Quintilla
que aunque la Duquesa mía
es bella y moza, ese día
que el casar le dé cuidado,
de su hijo y de su estado
85
perderá la tutoría.
Quintilla
Pues pobre y sin heredar,
¿qué habéis de hacer?

Octavio
Esperar
al lado de una mujer
que me puede enriquecer
90
con que se deje mirar.

Antonio
Quintilla
Bien entiendo que es amor,
señor, Octavio, el que os mueve,
pero todo ese rigor
es como julio, que llueve
95
para acrecentar calor.
Quintilla
Pasará la tempestad;
al primero mes de mesa
vendrá la serenidad
del alma, y veréis que os pesa
100
de esa loca voluntad.
Quintilla
Porque cuando en una aldea
os retiréis pobremente,
a donde ninguno os vea,
se templará el accidente
105
que ahora el alma desea,
Quintilla
y el justo arrepentimiento
os traerá tanto disgusto,
que no tengáis sufrimiento,
porque del amor el gusto
110
es una cometa al viento.

Octavio
Quintilla
Antonio, yo no os llamé
para pediros consejo
cuando me determiné,
ni ahora sois vos tan viejo,
115
ni sabéis más que yo sé.
Quintilla
Por mayordomo y privanza
de la Duquesa, os quería
dar cuenta de mi esperanza,
y fue porque no entendía
120
que todo el daño os alcanza,
Quintilla
porque si os han de quitar
el gobierno de esta hacienda,
bien hacéis en replicar.

Antonio
Vuseñoría no entienda
125
que interés me ha de obligar
Quintilla
a dejar de ser quien fui.
No vine a servir aquí
por interés, fue afición
que a la Casa de Aragón
130
tengo desde que nací.
Quintilla
Pobre soy, pero no tanto
que hacienda de la Duquesa
me obligue.

Octavio
De vos me espanto,
señor Antonio, y me pesa
135
que mi amor honesto y santo
Quintilla
os parezca mal a vos,
si en esto no os va interés.

Antonio
¡Interés! ¡Bueno, por Dios!

Octavio
¿Qué se os da a vos que después
140
vivamos pobres los dos?

Antonio
Quintilla
Digo, señor, que os caséis
una vez y mil.

Octavio
Antonio,
esto es amor, ya lo veis.

Antonio
Bien lo dice el testimonio
145
del disparate que hacéis.

Octavio
Quintilla
¿Vos quereislo decir?

Antonio
Quiero serviros en eso.

Octavio
Si le habéis de persuadir
como a mí...

Antonio
Verdad profeso;
150
yo os quiero en esto servir.
Quintilla
Id con Dios que, a fe de hidalgo,
de hacer todo buen oficio
si con la Duquesa valgo.

Octavio
Y yo os haré algún servicio
155
si con lo que emprendo salgo;
Quintilla
en albricias, por lo menos
una cadena tendréis
de mil escudos.

Antonio
Los buenos,
Váyase OCTAVIO.
mandando obligan. ¿Qué hacéis,
160
ojos de lágrimas llenos?
Quintilla
¿Por qué no formáis un mar
en que me pueda anegar?
Mas nombre ingrato merezco,
pues la tabla no agradezco
165
donde me puedo salvar,
Quintilla
que, casada la Duquesa,
de este amor y vano empleo
cesará la loca empresa,
si el efecto del deseo
170
cesando la causa cesa;
Quintilla
o conoceré su intento,
tratándole el casamiento.
Ánimo, esperanza loca,
que como vos sois tan poca,
175
desmaya el atrevimiento.

Váyase. Y salgan la DUQUESA DE AMALFI, en hábito de viuda, y LIBIA, camarera suya, y CELSO, viejo.

Duquesa
Redondilla
¿Qué hace el Duque?

Celso
Está en lección.

Duquesa
¿Qué lección?

Celso
Como ya escribe,
también a oír se apercibe
gramática.

Duquesa
Y es razón.
Redondilla
180
Sepa a lo menos latín,
que en un príncipe está bien.

Celso
Él lo decora tan bien,
que le verá presto el fin.
Redondilla
El niño más entendido
185
es su Excelencia, señora,
que Italia conoce ahora.

Duquesa
Dice al padre que ha tenido.
Redondilla
Id, y diréis al maestro
que el de las armas no falte.

Celso
190
Es de las letras esmalte
ser un caballero diestro.
Redondilla
A fe, que si me cogiera
algunos años atrás,
que yo le enseñara más
195
que Rodamonte pudiera.

Duquesa
Redondilla
¿Fuistes diestro?

Celso
¿Pues había
en toda Italia mi igual?
Ya es más diestro, por mi mal,
este bordón, pues me guía.

Duquesa
Redondilla
200
Id a lo que os digo.

Celso
Voy.

Duquesa
¡Ah, Libia, en cuánto cuidado
me ha puesto amor!

Libia
No me ha dado
menos, aunque libre estoy,
Redondilla
que el ver tu desasosiego
205
en cosa tan desigual,
si a ti te tiene mortal,
a mí me deshace en fuego.
Redondilla
Conozco en la libertad
con que te quieres perder
210
que es gran mal en la mujer
enviudar en mocedad.

Duquesa
Redondilla
Luego ¿piensas, Libia mía,
que por mortal interés,
a Dios primero, y después
215
a mi honor, ofensa haría?

Libia
Redondilla
Pues ¿por qué quieres hablar
a Antonio, tu mayordomo?

Duquesa
Yo pienso que entiendes cómo.

Libia
La vida te ha de costar
Redondilla
220
este indigno casamiento.

Duquesa
¿Quiéresle tú?

Libia
¿Yo, señora?
¡Máteme el cielo la hora
que tenga tal pensamiento!

Duquesa
Redondilla
Mucho, Libia, te he fiado;
225
mucho del alma me debes.

Libia
Yo me huelgo que me pruebes.

Duquesa
Lo más que puedo te he dado;
Redondilla
lo que guardaba de mí,
está noche te conté;
230
y si de ti imaginé
que Antonio reinaba en ti,
Redondilla
es porque su entendimiento,
su persona, su valor,
pienso que engendren amor
235
en el más helado intento.
Redondilla
¡Qué bien habla! ¡Qué bien mira!
¡Qué bien escribe y entiende
cualquier cosa que emprende!
¿Su condición no te admira?
Redondilla
240
¿No te espanta su buen modo,
su verdad, su trato honesto,
su vestir noble y compuesto,
y su verdad sobre todo?
Redondilla
¡Qué bien que pone los pies
245
a un caballo! ¡Qué bien canta!
¡Qué gracia!

Libia
A mí más me espanta
que esa alabanza me des.
Redondilla
Mas pues ya tu mala estrella
a tanto mal te inclinó,
250
que tu autoridad bajó
donde Antonio la atropella,
Redondilla
por Dios, te ruego que adviertas
al secreto de tu honor.

Duquesa
A todo vano temor
255
cierra el casarme las puertas,
Redondilla
que siendo con gran secreto,
cuando se venga a saber,
sabrán que soy su mujer.

Libia
Y tú su muerte, en efeto.
Redondilla
260
No sé. Toda estoy temblando;
ni te aconsejo ni impido;
mas si deseas marido,
muchos te están deseando,
Redondilla
si no de tu calidad,
265
poco menos.

Duquesa
Ya he pensado
que casar con mi criado
desdice mi autoridad.
Redondilla
Mas fíome en el secreto,
porque el casarnos los dos
270
es justo temor de Dios,
más que de mi honor respeto.
Redondilla
No se sabrá si se fía
de ti y de él.

Libia
Quiéralo el cielo.

Sale ANTONIO.

Antonio
Amor, con alas de hielo,
275
lleva la esperanza mía,
Redondilla
cual mariposa a la llama,
al sol de unos ojos bellos,
que quien se iguala con ellos
imita a Luzbel la fama.
Redondilla
280
Voy donde me he de abrasar,
mas quiere naturaleza
que me esfuerce su belleza
para atreverme a llegar.
Redondilla
El sátiro que vio el fuego,
285
con las manos le tomó,
pero como le abrasó,
arrojole de ellas luego.
Redondilla
¡Ay! ¡Quién, luego que llegase
al fuego de tanto amor,
290
con la pena del dolor,
de las manos le arrojase!
Redondilla
¿La Duquesa estaba aquí?

Duquesa
¡Antonio!

Antonio
¡Señora mía!
Hablar a solas querría
295
con vuestra Excelencia.

Duquesa
¿Ah, sí?
Redondilla
pues, Libia, aguarda allá fuera;
despeja la cuadra luego.

Antonio
(¡Cielos! Mirándola, ciego.)

Libia
Tu calidad considera;
Redondilla
300
vuelve, señora, por ti.

Vase LIBIA.

Duquesa
Vete, y no repliques más.
¿De qué tan suspenso estás?

Antonio
Señora, de verme aquí.

Duquesa
Redondilla
¿Otras veces no has estado?

Antonio
305
Nunca, señora, he venido
a lo que ahora, que ha sido
causa de haberme turbado.

Duquesa
Redondilla
¿Turbado, Antonio? ¿Por qué?
¿Qué tengo yo de aspereza?

Antonio
310
Aparte.
(Lo que tienes de belleza
causa de turbarme fue.)

Duquesa
Redondilla
Aunque por señora puedo
causar algo que temer,
la blandura de mujer,
315
¿no basta a quitar el miedo?
Redondilla
¿Tengo mala condición?
¿Soy soberbia? ¿Soy muy grave?

Antonio
Ya vuestra Excelencia sabe
de mi temor la razón.
Redondilla
320
Si corriendo una cortina
un ángel se descubriese,
¿no era justo que temiese
ver su figura divina?
Redondilla
No todas las cosas graves
325
dan temor llegando a ellas,
también le ponen las bellas,
por mi experiencia lo sabes.

Duquesa
Redondilla
¿Soylo aquí más que otras veces
que me has visto y me has hablado?

Antonio
330
Habré llegado a tu estrado,
señora, con más jüeces.
Redondilla
Porque ver en soledad
una hermosura divina,
luego el pensamiento inclina
335
a alguna temeridad.
Redondilla
Porque ¿quién ha de tener
las alas del pensamiento?
Que el primero movimiento
a nadie puede ofender.

Duquesa
Redondilla
340
Ni yo, Antonio, me ofendiera
cuando, como hombre, pensaras
que soy mujer.

Antonio
Bien reparas
lo que el temor considera.
Redondilla
A tu gran benignidad,
345
a tu heroica discreción,
debe el alma esa razón.

Duquesa
Dejemos la autoridad.
Redondilla
Háblame familiarmente,
que, aunque tu señora soy,
350
no siempre en el trono estoy
del título impertinente;
Redondilla
y aunque es verdad que he tenido
fama de mujer discreta,
como esto de ser perfeta
355
es raras veces oído,
Redondilla
nunca he querido, en efeto,
a mi discreción creer,
que gobierno de mujer,
¿cómo puede ser discreto?
Redondilla
360
Por eso te traje aquí;
y, pues me has gobernado
hijo, casa, hacienda, estado,
con el valor que hay en ti,
Redondilla
quiero que de aquí adelante
365
me hables de otra manera.
Cúbrete.

Antonio
Señora, espera;
dame lugar que me espante,
Redondilla
dame lugar que a esos pies
derribe la humildad mía.

Duquesa
370
Háblame con osadía,
deja ahora el ser cortés.
Redondilla
Cúbrete, Antonio.

Antonio
Señora,
si tanta merced me hacéis,
atrevimiento daréis
375
a mi pensamiento ahora.
Redondilla
A fe que os he de decir
lo que denantes callé.

Duquesa
(Él me entendió, bien hablé;
basta mirar, basta oír.
Redondilla
380
Si toda el alma me vio,
acábeme de entender,
que basta que una mujer,
y tan noble como yo,
Redondilla
hable con tantas colores.
385
Atrévase, pues; ¿qué tarda?
Que es necio el hombre que aguarda
a que le digan amores.)

Antonio
Redondilla
Sabes, señora, que Octavio
de Médicis...

Duquesa
¡Esto es bueno!

Antonio
390
De alegre esperanza lleno
–no sé si en esto os agravio–,
Redondilla
hoy me ha enviado a llamar,
y me pidió que os hablase.

Duquesa
(¿Que de esto ahora tratase?
395
Él no me debe de amar.
Redondilla
Si, como lo he sospechado,
este me quisiera bien,
entendiérame tan bien
como yo me he declarado.
Redondilla
400
Pues sin conocer su amor,
error será declararme.)

Antonio
O no quieres escucharme,
o te divierte el honor.
Redondilla
Digo, señora, que Octavio
405
adora a vuestra Excelencia;
es hombre de la presencia
que ha[s] visto, es gallardo, es sabio.
Redondilla
Quiere casarse, y no quiere
más que sola su persona.

Duquesa
410
A Octavio su amor le abona;
que es hombre, su amor refiere.
Redondilla
Todo hombre tiene licencia
de decir a una mujer
que la desea.

Antonio
Ha de ser
415
como él a vuestra Excelencia,
Redondilla
que es su igual, y la pretende
por mujer.

Duquesa
Un desigual
ofende si quiere mal,
que si quiere bien, no ofende.
Redondilla
420
¿Es mal hecho querer bien?

Antonio
No es mal hecho, mas ¿si llega
a deseo, y pide y ruega
que de amar premio le den?

Duquesa
Redondilla
¿Ante qué jüez la pide?
425
¿Qué testigos falsos llama,
si la persona a quien ama
es quien la causa decide?
Redondilla
Espántasme, Antonio.

Antonio
¿Cómo?

Duquesa
No mires a mi nobleza;
430
habla como mi cabeza
y no como mayordomo,
Redondilla
habla como hombre.

Antonio
No puedo.

Duquesa
¿Qué tienes?

Antonio
Tiemblo.

Duquesa
¿De qué?

Antonio
Del miedo con que llegué
435
a quitarte tanto el miedo.

Duquesa
Redondilla
¿Mi ánimo te acobarda?

Antonio
No, ¡por Dios! Mas dime ahora,
¿qué diré a Octavio, señora?

Duquesa
Oye, y la respuesta aguarda.
Redondilla
440
Finge que un camino emprendes
largo, por mar o por tierra,
y que al salir de tu tierra,
al tiempo que ir solo entiendes,
Redondilla
se te ofrecen dos que intentan
445
hasta el fin acompañarte,
y cada cual por su parte
a tu lado se presentan.
Redondilla
Al uno de estos dos tienes
natural inclinación,
450
en cuya conversación
te regalas y entretienes.
Redondilla
Al otro, aborrecimiento
con tal fuerza, de pesar,
que solo el oírle hablar
455
te causa desabrimiento.
Redondilla
¿Con cuál de aquestos harías
el camino a que te ofreces,
con el que amas, o aborreces?

Antonio
¿De esa suerte tenías
Redondilla
460
alguna duda?

Duquesa
Pues di,
¿con cuál de los dos irás?

Antonio
Con el que me agrada más.

Duquesa
Lo mismo entiende de mí.
Redondilla
El casarse es un camino
465
largo hasta el fin de la vida;
la compañía ofrecida,
en dos hombres la imagino.
Redondilla
Octavio es el que aborrezco.

Antonio
¿Puedo el que quieres saber?

Duquesa
470
Para tan poco entender,
muy descubierta me ofrezco.
Redondilla
¿Dónde está tu ingenio, Antonio?

Antonio
Mi humildad le tiene ciego.

Duquesa
Con vergüenza a tratar llego
475
del segundo matrimonio.
Redondilla
Pero espera aquí un papel,
sabrás el hombre que quiero,
que a ser su amor verdadero,
él me entendiera sin él.

Váyase la DUQUESA.

Antonio
Silva (tirada)
480
Cobarde pensamiento, nunca el cielo
logre tus esperanzas,
pues cuando el bien alcanzas,
te derribas humilde por el suelo.
Mas tal castigo lleve
485
el que ama y es amado, y no se atreve
cuando ocasión alguna
le ofrece su fortuna.
Si allí no cobra lo que amor le debe,
¿qué esperanza le queda?
490
Merece que jamás cobrarla pueda
quien suelta los cabellos.
¡Ay, dulces ojos bellos,
a mi fortuna detened la rueda!
“El bien perdí cobarde,
495
que perdido una vez se alcanza tarde”,
dirá el papel que espero.
Hoy justamente muero.
Si tuve el bien, ¿qué bien habrá que aguarde?
Que amor no le concede
500
cuando le deja el que gozarle puede.

Sale LIBIA con un papel.

Libia
Redondilla
Este papel me ha mandado
mi señora la Duquesa
que te diese.

Antonio
A mí me pesa,
Libia, de haberla enojado
Redondilla
505
tratándole casamiento.

Libia
Ahí dice que hallarás
el hombre que quiere más.

Antonio
Yo solo su gusto intento.
Redondilla
La Casa Médicis era
510
muy conforme a su valor.

Sale URBINO, secretario.

Urbino
(Sin duda le tiene amor,
papel le dio.) Libia, espera.

Libia
Redondilla
¿Qué quieres?

Urbino
No eran en vano
mis celos. ¿Qué papel diste
515
a Antonio?

Libia
¿Yo?

Urbino
Tú; y le asiste
con tiernos ojos la mano.

Libia
Redondilla
Lo del papel es verdad,
lo de los ojos mentira;
siempre con antojos mira,
520
Urbino, la voluntad.
Redondilla
Aquel papel es memoria
del recado de un vestido.
¡Adiós!

Vase LIBIA.

Antonio
(Desdichado he sido
al principio de mi historia!
Redondilla
525
¿Si me vio dar el papel?)

Urbino
Pues, ¿Antonio?

Antonio
¡Oh, secretario!

Urbino
Si ese nombre es necesario
para un amigo fiel,
Redondilla
aquí le tenéis en mí.
530
Huélgome que Libia os ame.

Antonio
¿En qué lo veis?

Urbino
En que os llame
su dueño.

Antonio
¿A mí? ¿Cómo así?

Urbino
Redondilla
Negad que un papel os dio.

Antonio
(Decir quiero que es verdad.)
535
Tengo a Libia voluntad.

Urbino
¿Sabéis que la sirvo yo?

Antonio
Redondilla
Ahora lo sé de vos;
desde hoy más, por vuestra queda.

Urbino
Cuando aceptarla os conceda
540
por la amistad de los dos,
Redondilla
ha de ser como no entienda
que os cuesta pena el dejalla,
y que el discurso de amalla
no tiene prenda que prenda.
Redondilla
545
¿Tenéis más de ese papel?

Antonio
Solo este papel me ha dado.

Urbino
Si mi amor os ha obligado,
dadme, Antonio, parte de él;
Redondilla
veámosle aquí los dos,
550
por vida de la Duquesa.

Antonio
De que me tratéis me pesa
con tal sospecha, ¡por Dios!
Redondilla
Basta que palabra he dado,
que no hablaré, creed.

Urbino
555
Pues hacedme una merced
de que le rasguéis cerrado.

Antonio
Redondilla
El rasgar de mi memoria
a Libia, haré yo por vos,
y basta que de los dos
560
cese al principio la historia,
Redondilla
sin pedir cosas que son
contra mi buen proceder,
que no es bien que una mujer
me tenga en baja opinión.

Urbino
Redondilla
565
La grande amistad, Antonio,
que hemos tenido los dos,
de que sospecho que vos
tenéis cierto testimonio,
Redondilla
a pediros me obligó
570
todo lo que habéis oído;
mas, pues me habéis respondido
a lo del papel que no,
Redondilla
acabose la amistad;
desobligado me habéis.

Antonio
575
Oíd, si os vais.

Urbino
¿Qué queréis?

Antonio
Si quedo en mi libertad
Redondilla
y hemos de ser enemigos,
a Libia vuelvo a querer.

Urbino
Como eso podéis hacer,
580
Antonio, en no siendo amigos.
Redondilla
Queredla, que yo también
algún día os daré enojos
en la niña de los ojos.

Antonio
Oíd, y tratadme bien,
Redondilla
585
que si no os he respondido,
es porque he considerado
que de un amigo enojado
triunfa mucho el ofendido;
Redondilla
y porque veáis que soy
590
tan hidalgo y liberal,
que en vez de responder mal,
gusto por enojo os doy.
Redondilla
¿Es este el papel?

Urbino
Él es.

Antonio
Pues quito el sello.

Urbino
¿A qué efeto?

Antonio
595
Para verle; y os prometo
que le habéis de ver después.
Sácale con la mano aquel pedazo en que está escrito su nombre.
Redondilla
Mirad qué poco le miro.
Tomad.

Urbino
¿Qué es lo que quitáis?

Antonio
Siete letras.

Urbino
¿Qué me dais?

Antonio
600
El papel.

Urbino
Mucho me admiro
Redondilla
de que tan seguro estéis
del secreto: en blanco está.

Antonio
Probad a entendello allá,
pues tantas cifras sabéis,
Redondilla
605
porque me destruya el cielo
si ninguna tiene en sí.

Urbino
Pues ¿qué guardastes ahí
para aumentar mi recelo?

Antonio
Redondilla
Siete letras.

Urbino
¿No traía
610
otra cosa?

Antonio
No, ¡por Dios!

Urbino
Si vive un alma en los dos
y partí con vos la mía,
Redondilla
dadme las letras primeras
de esas siete.

Antonio
Quiero daros,
615
para más desengañaros,
dos letras de las postreras.
Redondilla
Tomad aquesta.

Urbino
Esta es ‘o’.

Antonio
Esta es ‘i’.

Urbino
Quien dos me da,
las cinco también dará.

Antonio
620
¿Cómo las cinco? Eso no.
Redondilla
¿Soy yo reloj, por ventura?
Llevad, Urbino, esas dos.

Urbino
Dadme las demás, ¡por Dios!,
si mi amor os asegura.

Antonio
Redondilla
625
Si la mayor amistad
es de las cosas partir
la mitad, basta pedir
de estas letras la mitad.
Redondilla
Las tres os tocan. Partamos
630
la una.

Urbino
Dádmela entera,
¡por Dios!

Antonio
Por cosa ligera
no es bien que los dos riñamos;
Redondilla
dos tenéis, veis aquí dos;
a la ‘o’ sigue la ‘i’.

Urbino
635
Esta, ¿no es ‘n’?

Antonio
Es así.

Urbino
¿Van por orden?

Antonio
¡Sí, por Dios!

Urbino
Redondilla
Pues esta es ‘o’.

Antonio
Ya tenéis
cuatro letras, las postreras.

Urbino
¡Ay, si las otras me dieras!

Antonio
640
De la razón excedéis.
Redondilla
Aparte.
(¡Cielos! ¡Antonio decía
en su papel la Duquesa,
dando a entender que esta empresa
es de Antonio, y ella es mía!
Redondilla
645
Las cuatro letras le di,
que no sabrá concertar,
por excusar de criar
enemigos contra mí.
Redondilla
Solo traía el papel
650
este nombre en que reparo,
que soy su dueño está claro,
mi nombre lo dice en él.
Redondilla
Bien sé que me ha de costar
la vida, si a sus hermanos
655
llegan mis intentos vanos;
mas ¿dónde podrá emplear
Redondilla
un hombre tan bien la vida?)
Adiós, Urbino.

Urbino
Él os guarde.
Váyase ANTONIO.
Este sospecha que tarde
660
será su letra entendida,
Redondilla
y mientras secreto habló,
las cuatro letras junté:
‘o’, ‘i’, ‘n’, ‘o’, bien sé
que quieren decir ‘oi no’.
Redondilla
665
Que ‘hoy no’ le podrá gozar,
sin duda quiso decir;
mas ¿por qué le ha de escribir
‘hoy no’, si hoy la pudo hablar?
Redondilla
Las letras dan testimonio,
670
que si a él le quedan tres,
y el ‘oi no’ vuelvo al revés,
es fin del nombre de Antonio.
Redondilla
Porque las tres que le quedan,
sin duda son ‘a’, ‘n’ y ‘t’;
675
luego ‘Antonio’ el nombre fue,
pues ¿qué es lo que estos enredan?
Redondilla
‘Antonio’ solo traía
en un papel, ahora bien,
si las letras no se ven,
680
y es alguna tropelía,
Redondilla
yo le pondré el agua al fuego,
y con humo le daré,
que agua, y fuego, y humo haré
de mi loco intento ciego.
Redondilla
685
Agua mis ojos darán,
fuego el pecho, y la esperanza
humo; mas esta mudanza
los dos me la pagarán.
Redondilla
Yo seguiré de manera
690
a Antonio, pues fue traidor
a nuestra amistad su amor,
y en este amor persevera;
Redondilla
yo diré de él tanto mal
a la Duquesa, aunque sea
695
mentira, que presto vea
que fue a mi amor desleal;
Redondilla
yo le echaré de su casa,
yo le pondré mal con ella.

Sale la DUQUESA.

Duquesa
(Ya la primera centella
700
a incendio del alma pasa,
Redondilla
y va creciendo de suerte,
con haberme declarado,
que ya me ha notificado
mis desventuras la muerte.
Redondilla
705
Pero, como yo me case
y no padezca mi honor,
¿qué muerte por tanto amor
no será justo que pase?
Redondilla
Urbino está aquí.) ¿Qué quieres,
710
secretario.

Urbino
¿Ha respondido,
vuestra Excelencia?

Duquesa
He tenido,
Urbino, mil pareceres
Redondilla
en razón de este concierto.
Es muy niño el Duque ahora.

Urbino
715
Tu hermano intenta, señora,
tu bien.

Duquesa
Créolo, por cierto.

Urbino
Redondilla
¿Y del Duque su sobrino?

Duquesa
Yo responderé a mi hermano.

Urbino
Con vuestra Excelencia en vano
720
se trata, a lo que imagino,
Redondilla
negocio de casamiento.
¿Tanto aborrece el casarse?

Duquesa
De mí no puede tratarse,
ni tengo tal pensamiento;
Redondilla
725
de mi hijo no es razón,
pues no ha llegado a la edad
que nos muestre voluntad,
ni a Ferrera inclinación;
Redondilla
y segunda, no la quiero
730
en instrumento tan mío.

Urbino
Que has de ver presto confío
un casamiento que espero,
Redondilla
dentro de tu misma casa.

Duquesa
¡Válame Dios!

Urbino
No te alteres.

Duquesa
735
¿Alguna de mis mujeres
sin mi voluntad se casa?

Urbino
Redondilla
Juzgando yo sin malicia
entre personas de honor,
pienso que para el amor
740
en casarse.

Duquesa
Eso es justicia,
Redondilla
pero ¿quién le tiene a quién?

Urbino
Libia a Antonio, y él a ella.

Duquesa
¿Sábeslo de él?

Urbino
De él y de ella,
y de mis ojos también;
Redondilla
745
mas mire vuestra Excelencia
que me ha de guardar secreto.

Duquesa
Aparte.
(Secreto, Urbino, prometo,
mas no prometo paciencia.)
Redondilla
¿Qué has visto?

Urbino
Darle un papel
750
Libia a Antonio.

Duquesa
¿Cuándo?

Urbino
Ahora.

Duquesa
Vete, Urbino.

Urbino
Pues, señora,
¿no tengo de ser fiel
Redondilla
al oficio, al pan que como
tantos años en tu casa?

Duquesa
755
Ya sé lo que en esto pasa,
no es culpado el mayordomo.

Urbino
Redondilla
¿No es culpado?

Duquesa
No.

Urbino
Esas alas
que le da vuestra Excelencia...

Duquesa
Salte allá, poca prudencia.
760
Cuando de cosas tan malas
Redondilla
se me ha de dar cuenta a mí,
ha de haber información
muy cierta.

Urbino
Con ocasión
te he contado lo que vi,
Redondilla
765
pensando que era en tu ofensa,
porque las cosas de amor,
al principio del rigor
tienen más fácil defensa,
Redondilla
que Antonio es mi grande amigo,
770
pero si a ti te ofendiera,
de mi padre te dijera
lo que de Antonio te digo.

Sale ANTONIO.

Antonio
Redondilla
La carroza, dice Estacio,
que has mandado prevenir.

Duquesa
775
Fuera quisiera salir
esta tarde de palacio;
Redondilla
no sé si ha de haber lugar.
Secretario, oíd.

Urbino
Señora...

Duquesa
A mis hermanos ahora
780
no quisiera disgustar.
Redondilla
Escribid que no estoy buena,
y que por eso no escribo,
mientras remedio apercibo
para excusarme esta pena.
Redondilla
785
Esto será necesario,
y no digáis mal de quien
me dice de vos más bien
que merecéis, secretario.

Urbino
Redondilla
Voy a escribir lo que mandas.

Duquesa
790
Dilata este matrimonio,
Antonio.

Antonio
Señora...

Duquesa
Antonio,
muy necio en mis cosas andas.
Redondilla
¿Cómo el secretario vio
darte el papel?

Antonio
Libia tiene
795
la culpa.

Duquesa
Lo que conviene
a mi honor, que yo soy yo,
Redondilla
no se mira como es justo.

Antonio
Aparte.
(Bien dicen que en la mujer,
aborrecer y querer
800
es tornasol de su gusto.)
A ella.
Redondilla
De otra manera crecí
que aquel nombre señalabas,
pues en el papel mostrabas
más de lo que cupo en mí.
Redondilla
805
El papel, señora, hiciste
del corazón; con razón
fue mi nombre el corazón,
pues en medio le escribiste.
Redondilla
Con siete letras escribes
810
una mano de papel,
porque la que viene en él,
para dármela apercibes.
Redondilla
Mas fue vano mi placer,
y mi crédito más vano;
815
que fue de papel la mano,
y la firma de mujer.
Redondilla
¡Ay, Dios! Si el amor supiera,
pues andaba entonces franco
tu nombre, porque en lo blanco
820
la obligación escribiera.
Redondilla
Burla fue poner el mío,
pues por luto de mi muerte,
en blanco muestra mi suerte
y en negro mi desvarío.
Redondilla
825
¿De esto solo te ofendiste?

Duquesa
De suerte, que te aborrezco,
pues cuando mi honor te ofrezco,
a donde ves le pusiste.

Antonio
Soneto
¿Que mi humildad la presunción dilate?
830
¿Qué finja el alma que tu amor ignora
te ha podido ofender, dulce señora,
por no rendirte en el primer combate?
¡Plega al cielo, Camila, que me mate
el primer hombre con quien hable ahora,
835
o que antes que otro sol traiga el aurora,
te goce Octavio, comunique y trate!
Que porque veas si me abrasa y arde
el no asir la ocasión por los cabellos,
yo iré donde mi nombre escuches tarde,
840
o por dicha seré Absalón sin ellos,
que no seré para morir cobarde
estando ausente de tus ojos bellos.

Duquesa
Redondilla
¡Detente!

Antonio
¿Por qué razón
me tiene vuestra Excelencia?

Duquesa
845
Antonio, con más paciencia.

Antonio
¿Paciencia en esta ocasión?
Redondilla
¡Matareme!

Duquesa
Aun por ahí
sospecharé que me quieres.
Antonio, a nobles mujeres
850
nunca las trates así.
Redondilla
¿Qué aguardabas, si me vías
perdida, que te dijese?
¿No era razón que entendiese
que algún amor me tenías?
Redondilla
855
Si a la ocasión pintan calva,
mucho tu ingenio condeno.
¿Eran mis brazos veneno,
que a Octavio pides la salva?
Redondilla
¿Querías, contra mi fama,
860
que te pusiese, muy loca,
los favores en la boca,
y que tú fueses la dama?
Redondilla
Habla, dime que me quieres,
di que te mueres. ¿Qué lloras?
865
Porque también las señoras
sentimos como mujeres.
Redondilla
Atrévete; sepa yo
que me quieres. Dime amores,
el título de señores
870
el cielo a los hombres dio.
La de mayor calidad
no es señora, ni lo espere,
pues ni hará lo que quisiere,
ni ha de tener libertad.
Redondilla
875
¡Oh, falta de hombres discretos,
ser turbados y encogidos!

Antonio
Son los necios atrevidos,
que son de su causa efetos.
Redondilla
Si conocer mi humildad,
880
señora, te ha dado enojos;
si el respeto de mis ojos
al son de tu calidad;
Redondilla
si el no me haber atrevido,
puesto que ocasión me has dado;
885
si no te haber declarado
que tu amor he conocido,
Redondilla
vesme aquí que llego a ti,
aunque altar de mi respeto,
porque atrevido un discreto
890
te muestre que yo lo fui.
Redondilla
Tu blanca mano asiré,
osaré abrazarte, y creo
que haré abeja mi deseo,
y flor de tu boca haré.

Duquesa
Redondilla
895
Tente.

Antonio
¿No me das licencia?

Duquesa
¿Tal cosa osaste decir?

Antonio
Pues vuélvome a descubrir,
perdone vuestra Excelencia.

Duquesa
Redondilla
Ahora bien, esto es andar
900
dando vueltas a la vela;
para el amor no hay cautela,
ni fuerzas para callar.
Endecasílabos sueltos (tirada)
Antonio, yo te adoro, pero advierte
que ha de ser de otra suerte el adorarte.
905
No has de tocarme en parte de que sienta
mi honor alguna afrenta. Con secreto
podrás, si eres discreto, ser mi dueño.
Esta prenda te empeño, que es mi honra.
Por excusar deshonra, y por la ofensa
910
de Dios, que ha de ser piensa, amado Antonio,
en justo matrimonio mi deseo.
Si lo entendiesen, creo que mi vida,
y la tuya, perdida fuese a manos
de aquellos dos hermanos generosos,
915
cuyos hechos famosos, Francia, España,
y cuanto cerca y baña el mar, celebran.
Cuantos amores quiebran y se pierden
de la causa se acuerden, que es saberse.
Cuando venga a ofrecerse el ser forzoso
920
dirás que eres mi esposo, y entretanto
que quiere el cielo tanto favor darme,
gozarte yo y gozarme con secreto
será dichoso efecto de mi gusto.

Antonio
Fuera de que es tan justo, gran señora
925
–ya que me pone ahora mi fortuna
sobre la hermosa luna de tu cielo–,
el secreto y recelo del bien mío,
en mi dicha confío que no entienda
ninguno que soy prenda de tu pecho.
930
Hoy me has formado y hecho. ¡Quién pudiera,
sino quien cielo fuera, y que hoy me ampara,
hacer que te igualara! ¿Yo, tu esposo?

Duquesa
Antonio venturoso, hoy atropella
mi autoridad tu estrella. Yo soy tuya;
935
mas porque se concluya nuestro intento,
no hallo al casamiento modo alguno.

Antonio
Si el rumor importuno de la fama
sospechas que te infama, dulce prenda,
yo tengo allá, en mi hacienda, labradores
940
rudos, toscos pastores de ganados.
Podremos disfrazados ir a vellos,
y mezclados con ellos, por ventura,
hacer que el mismo cura de su aldea,
que puesto que nos vea importa poco,
945
nos case, y vuelva loco mi sentido
de ver que he merecido tu grandeza.

Duquesa
¡Extraña sutileza! Pues salgamos
esta noche y vistamos tosco traje.
Yo en hábito de paje iré contigo,
950
hasta llegar, amigo, al dulce puesto
donde, con lazo honesto de casados,
sin ser jamás culpados, nos gocemos.

Antonio
Y en casa, ¿qué diremos de tu ausencia?

Duquesa
Libia, con advertencia, echará fama
955
que estoy mala en la cama.

Antonio
¡Gran remedio!
Cuando la noche, en medio de los polos,
con los luceros solos mire el mundo,
y con sueño profundo esté quieto,
saldremos con secreto en dos caballos.

Duquesa
960
Pues parte a aderezallos.

Antonio
Los vestidos
estarán prevenidos.

Duquesa
Amor quiera
que llegue a la ribera de este río.
¡Adiós, dulce bien mío!

Antonio
¡Adiós, mi cielo!

Duquesa
Ven con grande recelo de mi gente.

Antonio
965
Solo estará presente amor, que guía
mi esperanza, luz mía, al rayo de oro.

Duquesa
¡Ay, Antonio, que adoro esos pies tuyos!

Antonio
Detenga en mí los suyos la fortuna.

Duquesa
Por ti no hay muerte alguna.

Antonio
Por ti es vida
970
la muerte.

Duquesa
¡Ay, mi querida prenda amada!

Antonio
Esposa regalada, adiós te queda.

Duquesa
Solo le pido que gozarte pueda.

Váyanse ANTONIO y la DUQUESA. Y salgan MELAMPO y ARSINDO, labradores viejos, y DORISTO, mozo.

Melampo
Redondilla
¡No os pongáis delante, Arsindo,
que he de matar al traidor!

Arsindo
975
Llevadle con más amor.

Doristo
¿A mí, matarme? ¡Oh, qué lindo!
Redondilla
Teneos, abuelo.

Melampo
El cielo
te ha de dar justo castigo.

Doristo
Teneos, abuelo, digo;
980
digo que os tengáis, abuelo.

Melampo
Redondilla
¿Ese respeto me tienes?

Doristo
¿Qué respeto he de tener?

Melampo
¡Oh, qué presto que has de ver
el engaño con que vienes!

Arsindo
Redondilla
985
¿No sabremos la quistión?

Doristo
Porque me quiero casar.

Melampo
Sí; ya quiere gallear
sin salir del cascarón.
Redondilla
Cuando a su madre casé,
990
sus cuarenta años tenía.

Doristo
Si ella os oyera, a fe mía,
que os desmintiera.

Melampo
¿Por qué?
Redondilla
¿Fue aquesto en reinos extraños?
¿A mí desmentirme quieres?

Doristo
995
Porque todas las mujeres
se casan de catorce años.
Redondilla
Si ha quince que conoció
marido, y tiene cuarenta,
veréis que confiesa treinta
1000
porque de quince pasó.
Redondilla
Si una hija está presente
y en edad para casar,
los cinco le ha de quitar,
aunque solo tenga veinte.
Redondilla
1005
Quince y quince, digo yo
que serán treinta.

Arsindo
Es así.

Doristo
Pues no ha de pasar de allí.
Porque de quince casó
Redondilla
mi madre, también dijera
1010
que era yo de quince ahora...

Melampo
Calla, Doristo, en mal hora.

Doristo
Y ella de sus treinta fuera.
Redondilla
Y aunque con loco engaños
negar la edad se porfía,
1015
cierto discreto decía
que, a ser pecados los años,
Redondilla
aunque se ve en la cara
y es disparate negallos,
solo por no confesallos,
1020
ninguno se confesara.
Redondilla
Ya no es tiempo, abuelo mío,
de andar en antigüedades;
sabed que en estas edades
es muy diferente el brío.
Redondilla
1025
Si en la vuestra se casaban
de treinta años, o cuarenta,
ya es diferente la cuenta,
o es que las cosas se acaban.
Redondilla
Aún no tiene sentimiento
1030
en el pecho de su madre
la niña, y dice a su padre:
“Taita, taita, casamiento.”
Redondilla
Apenas en un quillotro
la comienzan a envolver,
1035
cuando dice que es mujer
para casarse con otro.
Redondilla
Yo soy hombre ya barbado,
y si me quiero casar,
no es sin causa.

Melampo
Esa has de dar.

Doristo
1040
¿Qué más que andar amurado?

Melampo
Redondilla
¿No tienes vergüenza?

Doristo
No.

Arsindo
¿Es mal hecho querer bien
para casarse?

Doristo
También
mi padre se enamoró.
Redondilla
1045
¡Par Dios, Arsindo, si el cielo
lo tiene determinado,
que hoy me habéis de ver casado,
aunque le pese a mi abuelo!

Arsindo
Redondilla
Melampo, no seáis extraño,
1050
el mozo tiene voluntad
de casarse.

Melampo
¿Hay tal maldad?

Arsindo
¿Resulta de esto algún daño?

Melampo
Redondilla
Fuera de que en el gobierno
de su casa andará falto,
1055
me da mayor sobresalto
verlo mochacho tan tierno,
Redondilla
que ha de caer en afrenta
con la novia. Habralde vos.

Arsindo
Mira, Doristo, ¡por Dios!,
1060
que tu bien tu abuelo intenta;
Redondilla
él te quiere casar,
pero eres rapaz ahora,
y teme, aflígese y llora,
que en falta nos ha de echar.

Doristo
Redondilla
1065
¿Cómo en falta?

Arsindo
En no ser hombre
que agrades la desposada.

Doristo
¿Eso teme?

Arsindo
Esto le enfada.

Doristo
Pues para que no se asombre,
Redondilla
aunque vuestra hija sea,
1070
¡par Dios, que lo he de decir!

Arsindo
Deseo como al vivir,
que en paz, Melampo, se vea.

Doristo
Redondilla
En bien o mal gobernada
la casa, no me entremeto;
1075
cuanto a la novia, os prometo...

Arsindo
Dilo.

Doristo
Que está ya preñada.

Arsindo
Redondilla
¿Preñada?

Doristo
Pues ¿qué queréis,
si no fue más en mi mano?

Arsindo
¿Cómo no?

Melampo
Que es cuento vano;
1080
miente porque le caséis.

Doristo
Redondilla
¿Cómo miente? Pues si vos
estuviérades así,
vinieran de Roma aquí,
abuelo, a veros, ¡por Dios!

Arsindo
Redondilla
1085
Melampo, estas burlas son
muy pesadas. Si Bartola
es mi hija única y sola,
¿es buena aquesta traición?

Melampo
Redondilla
Hijo, dime si es verdad.

Doristo
1090
Abuelo, yo no lo sé;
una noche la encontré
camino de la ciudad;
Redondilla
rempujela en un rastrojo,
no adrede, mas por reír,
1095
y diz que quiere parir,
si no lo habéis por enojo.

Melampo
Redondilla
¿Parir? ¡Matarele! ¡Afuera!

Doristo
El dimuño os sufrirá.
Si no me casaban ya
1100
porque en falta no cayera,
Redondilla
cuando han sabido la sobra,
¿de qué sirve este castigo?

Arsindo
Melampo, si sois mi amigo,
mirad que el honor se cobra
Redondilla
1105
de cualquier suerte que sea.

Melampo
Basta, no es la culpa mía;
decid que a la casería
venga el cura del aldea.

Arsindo
Redondilla
Voyle a llamar.

Salen ANTONIO y la DUQUESA en hábito de labradores.

Antonio
Aquí están,
Vase ARSINDO.
1110
señora, dos labradores,
y en no ser de mis pastores,
mayor ánimo me dan.

Duquesa
Redondilla
¿Vamos bien para el aldea?

Melampo
Ese buen hombre va allá.

Doristo
1115
A llamar al cura va.

Antonio
Si es por bien, para bien sea;
Redondilla
si es por mal, pésame.

Melampo
Es bien.

Antonio
Pues del bien, parabién doy;
y si viene, cierto estoy
1120
que a mí también me le den.
Redondilla
¿Cuándo vendrá?

Melampo
De aquí a un hora.

Antonio
(Gran sutileza he pensado.

Duquesa
¿Cómo?

Antonio
El cura que han llamado
pasará este monte ahora;
Redondilla
1125
yo me tenderé en el suelo,
dirás que muriendo estoy
de una herida, y que no soy
tu esposo, y tengo recelo
Redondilla
de perder mi salvación;
1130
que nos case en aquel punto,
porque si quedo difunto,
Dios me conceda perdón.
Redondilla
Viendo la necesidad,
y el peligro que tenemos,
1135
nos casará, y volveremos
casados a la ciudad.

Duquesa
Redondilla
Linda industria entre en el monte.

Antonio
Yo me echaré en el camino.)

Váyase.

Doristo
¿Quién será, abuelo, el padrino?

Melampo
1140
Tu vestido nuevo ponte,
Redondilla
que tu tío lo será.

Doristo
Pues irle a llamar querría,
que es lejos la casería
y no sé si en ella está,
Redondilla
1145
que su amo, el mayordomo
de la señora Duquesa,
le llamaba ayer depriesa.

Melampo
Pues parte.

Doristo
El camino tomo.

Melampo
Redondilla
¡Plega a Dios que en ella esté
1150
y que venga con tu tía!

Doristo
Perdonad, Bartola mía,
si dije que os empreñé.

Abrace.

Acto II

Salen OCTAVIO DE MÉDICIS y criados y URBINO, secretario.

Octavio
Quintilla
¿Dijistes a la Duquesa
que eran cartas de su hermano?

Urbino
1155
Todo amor ahora cesa;
reina aqueste humor tirano.

Octavio
De su enfermedad me pesa.
Quintilla
Dos años forzosamente
he estado en Roma, y ausente,
1160
tanto más mi amor creció,
que parece que dobló
la fuerza del accidente.
Quintilla
Acabé el pleito del Conde;
traté con Julio Aragón
1165
mi casamiento, y responde
que estima mi pretensión
si ella a quien soy corresponde;
Quintilla
pero que sabe su intento,
que es huir del casamiento;
1170
mas, sabiendo mi afición,
me dio cartas en razón
de mover su pensamiento.
Quintilla
Estas traigo, y no quisiera
darlas sin verla.

Urbino
Ha dos meses
1175
que vive de esta manera.

Octavio
Querría que le dijeses
si este mi amor considera,
Quintilla
si mi sangre, mi valor;
mas quien, aunque me desangre,
1180
jamás ablanda el rigor,
no se moverá por sangre,
que no hay sangre como amor.
Quintilla
¿Trátame, Urbino, lealtad?
¿Es por no hablarme, por dicha,
1185
fingir esta enfermedad?
¿Ha cerrado mi desdicha
las puertas de su piedad?
Quintilla
¿Dos meses dice que ha estado
en la cama? Mira bien
1190
si por saber que he llegado
y que la adoro también,
ha de improviso enfermado.
Quintilla
Dime todo lo que pasa.
¿Si por haber yo venido
1195
este accidente la abrasa?
Que un amor aborrecido
puede dar peste a una casa.
Quintilla
¿Mandote que me dijeses
que estaba enferma?

Urbino
La fama
1200
me espanto que no supieses;
es, sin duda, que en la cama
ha estado enferma dos meses.
Quintilla
Hoy no la podrás hablar;
las cartas me puedes dar,
1205
que si mañana se alivia,
haré que le diga Libia
que te dé, Octavio, lugar.

Octavio
Quintilla
¡Que habiendo salud tenido
dos años que he estado ausente,
1210
ahora la haya perdido!

Urbino
No, que este mismo accidente
otra vez ha padecido.
Quintilla
Estuvo el año pasado,
por aqueste tiempo, así.

Octavio
1215
¿Que otra vez enferma ha estado
después que a Roma partí?

Urbino
Casi a la muerte ha llegado;
Quintilla
todas son melancolías.

Octavio
Es moza y está viuda.
1220
¿Privas con ella?

Urbino
Estos días,
de dejarla estuve en duda
sobre ciertas cosas mías.
Quintilla
No solo soy su privado,
pero apenas, de olvidado,
1225
papel en la mano tomo.
Antonio, su mayordomo,
es el señor de su estado.
Quintilla
Por él se vive, él ordena,
él quita, él pone, él da leyes.

Octavio
1230
¿Buena persona?

Urbino
Muy buena.

Octavio
Sirvió en Nápoles los reyes
de Francia.

Urbino
Nadie condena
Quintilla
su privanza, mas yo siento
que me sirva cierta dama
1235
y que trate casamiento.

Octavio
¿Es Libia?

Urbino
Libia se llama,
más no alivia mi tormento.

Sale ANTONIO.

Antonio
Quintilla
Mi señora la Duquesa,
a quien en extremo pesa
1240
de no poderos hablar
–que el mal no le da lugar,
ni solo un momento cesa–
Quintilla
dice que os avisará,
señor Octavio, tan presto,
1245
si el cielo alivio le da,
cuanto con hábito honesto
os pueda hablar.

Octavio
Bien está,
Quintilla
que, por la desdicha mía,
presumí que lo fingía;
1250
mas, sabiendo que es verdad,
que siento su enfermedad
diréis a su señoría,
Quintilla
y que licencia me dé
solo para regalalla
1255
mientras en Amalfi esté;
y que vendré a visitalla
cuando me reciba en pie,
Quintilla
que imagino que ha guardado
tanto decoro a su estado,
1260
que en la cama no querrá.

Antonio
Sabéis su término ya.
En castidad ha igualado
Quintilla
a Zenobia y a Etelfrida.

Octavio
Pues, caballeros, adiós.

Váyase OCTAVIO.

Antonio
1265
Él te guarde.

Urbino
Si a mi vida
fue el amistad de los dos
siempre, Antonio, preferida,
Quintilla
oye, pues Octavio es ido,
cuán justa queja he tenido
1270
de tu proceder extraño.

Antonio
Amor es un cierto engaño,
sueño del loco sentido.
Quintilla
¿No has visto en el azul velo
del aire que cubre el cielo,
1275
nubes a quien damos nombres
ya de sierpes, naves, hombres,
ya de animales del suelo?
Quintilla
Pues tal la imaginación
de un amante pinta en sí
1280
la sospecha, la traición;
pero desháceme de allí,
que, en efecto, nubes son.
Quintilla
Las de los ojos te quita,
y mira que no te ofendo.

Urbino
1285
Siempre el cocodrilo imita
tu llanto; siempre fingiendo,
mi muerte y fin solicita.
Quintilla
Atrevime, aunque me pesa
de mi loco atrevimiento,
1290
a pedir a la Duquesa
que me diese en casamiento
a Libia, mi antigua empresa,
Quintilla
y respondiome que a ti
la tenía prometida.
1295
Pues si esto, Antonio, es así,
¿no ha sido amistad fingida
negarme tu intento a mí?
Quintilla
¿Es esto lo prometido
tantas veces?

Antonio
Yo no he dado
1300
ocasión ni la he pedido.
Si Excelencia habrá pensado
que por haberla servido,
Quintilla
con Libia me ha de pagar.
Si no tengo a Libia amor,
1305
¿por qué me quiere casar?
Si piensa hacerme favor,
¡por Dios, que me hace pesar!
Quintilla
Está cierto que en mi vida
le daré a Libia la mano.

Urbino
1310
Ella está de ti ofendida.

Antonio
Pues también se queja en vano
si no es de mí pretendida;
Quintilla
y si de pensar le pesa
que se ha de casar conmigo,
1315
quéjese de la Duquesa.

Urbino
Según eso, Antonio amigo,
¿bien podré seguir mi empresa?

Antonio
Quintilla
Podrás seguro.

Urbino
Pues voy
a que lo entienda de mí.

Váyase.

Antonio
1320
Urbino, tu amigo soy...
¿Qué me detengo? ¡Ay de mí,
que en tanto peligro estoy!
Quintilla
Dos años ha que, casado
con la Duquesa en secreto,
1325
vivo en tan dichoso estado,
tan seguro, tan quïeto,
que puedo ser envidiado
Quintilla
de cuantos hoy tiene el mundo.
Diome un hijo, que se cría
1330
con secreto tan profundo,
que solo a un monte se fía,
en quien mi esperanza fundo.
Quintilla
Y ahora este mal fingido
es que una hija ha parido
1335
tan bella, si amor no engaña,
que podrán Troya y España
haberse otra vez perdido.
Quintilla
Tal es, sin duda ninguna,
que los hijos de Latona
1340
no harán ventaja ninguna;
la misma luz los corona:
uno es sol y el otro es luna.
Quintilla
¡Oh, qué hijos, santo cielo!
¡Oh, qué gloria! ¡Oh, qué regalo!
1345
Ven, noche, oscurece el suelo;
mas si a la luna la igualo,
antes detendrás tu velo.
Quintilla
Pues tu luna habrá de ser,
que la tengo de sacar;
1350
mas no tienes qué temer,
que no te podrá alumbrar.
Si la tengo de envolver
Quintilla
con mi capa, he de cubrir
su resplandor. Noche, ven,
1355
que a un monte habemos de ir.
¡Ay, luna, escóndete bien,
pues otra quiere salir!
Quintilla
Tú, sol, de salir no trates,
que otro sol tengo mejor.
1360
Mas perdona y no me mates,
que soy padre, y con amor
puedo decir disparates.

Váyase. Y salga de noche URBINO.

Urbino
Redondilla
Con los celos que me ha dado
la intención de la Duquesa,
1365
puesto que a Antonio le pesa,
o muestra que le ha pesado,
Redondilla
vengo con la oscuridad
de la noche, solo a ver
si lo que me dijo ayer
1370
nace de su voluntad.
Redondilla
Hoy se disculpó conmigo:
celos incrédulos son,
y una amorosa afición
vende al más seguro amigo.
Redondilla
1375
Por aquí Libia me hablaba
cuando en su gracia vivía;
aquí su amor me decía,
y de mi amor la informaba.
Redondilla
Si Antonio trata en secreto
1380
el casamiento que dice
la Duquesa, y contradice
la lengua al alma en efeto,
Redondilla
cuán cierto será acudir
a este puerto a requebralla;
1385
que esto de negarme amalla
es un discreto fingir.
Redondilla
Porque dando por disculpa
que por fuerza le casó
la Duquesa, tendré yo
1390
después la pena y la culpa.
Redondilla
Pues impedirlo me importa,
o a lo menos saber bien
si con la espada, tan bien
como con la lengua corta.
Redondilla
1395
¡Válame Dios! ¿Quién abrió
aquella secreta puerta?
Porque eternamente abierta
hombre de casa la vio.
Redondilla
Es de un caracol que sube
1400
al cuarto de la Duquesa.
¡Ay, desengaño, qué apriesa
quitas a mi sol la nube!

Sale LIBIA con un niño en los brazos.

Libia
Redondilla
¡Ce, Antonio!

Urbino
(Antonio llamó,
y la voz de Libia es.
1405
¿Dirame Antonio después:
“La Duquesa me forzó”?
Redondilla
¿Qué pido más desengaño
a las dudas ni a los celos?
¡Noche, luna, estrellas, cielos,
1410
sed testigos de mi engaño!)

Libia
Redondilla
¿Oyes, Antonio?

Urbino
(¿Qué aguardo?
Fingiré que Antonio soy;
tan apasionado estoy,
que de llegarme acobardo.)
Redondilla
1415
Aquí estoy.

Libia
Pues toma presto,
que no puedo detenerme.
Dale el niño y vase.
¡Adiós!

Urbino
Cual hombre que duerme,
esta quimera he compuesto.
Redondilla
¡Cielo santo!, ¿estoy en mí?
1420
¿Qué es aquesto que me ha dado?
Cosa es viva, y que ha llorado.
¿Lloró? Sospecho que sí.
Redondilla
¿Qué dudo? Criatura es.
¡Desdichada suerte mía
1425
o suya, pues este día
en Argel pone los pies!
Redondilla
Si de mis locos engaños
desengaños pretendí,
a fe que me han dado aquí
1430
bien claros los desengaños.
Redondilla
Yo pedía de otro modo
ver un hombre solo hablando,
mas no un niño que llorando
me desengañe del todo.
Redondilla
1435
A otros hombres, de su engaño
dan palabras; mas a mí,
las obras me han dado aquí
por último desengaño.
Redondilla
Ya, ¿qué tengo que saber?
1440
¿A qué pruebas me apercibo?
Pues un desengaño vivo
me basta a satisfacer.
Redondilla
Celos, ¿qué buscáis, después
de haber visto claro el daño,
1445
pues os dan un desengaño
con ojos, manos y pies?
Redondilla
Las sospechas y el amor
dicen que engendran los celos;
¡qué cierta han hecho los cielos
1450
esta junta en mi dolor!
Redondilla
¡Qué amistades tan estrechas,
y qué cierto el parto ha sido!
Pues este niño ha nacido
de su amor y mis sospechas.
Redondilla
1455
Muchos desearon ver
a los celos, por ser cosa
tan varia y dificultosa
para poderse entender.
Redondilla
Ya dicen que son antojos
1460
que hacen las cosas mayores,
ya que piedras de colores
que están burlando los ojos;
Redondilla
ya dicen que envidia son,
ya que crédito perdido,
1465
ya que un monstruo mal nacido
del temor y la opinión.
Redondilla
Y yo, tras tantos desvelos,
digo que este niño vea
quien verlos vivos desea,
1470
porque este niño es los celos.
Redondilla
Un hombre viene, y sin duda
es Antonio.

Sale ANTONIO, de noche.

Antonio
(¿Si he tardado?
Que me ha tenido ocupado
quien mi gozo en llanto muda.
Redondilla
1475
Viene Octavio a pretender
otra vez el casamiento
de la Duquesa... Aquí siento
gente. ¡Ay, Dios! ¿Quién puede ser?
Redondilla
Ya me ha visto, y pues me vio,
1480
saber será bien quién es.
¿Si es Octavio, que después
de hablarle, aquí me siguió?
Redondilla
¡Válgame Dios! Nunca vi
de noche en este lugar
1485
gente, ni pasar ni estar;
hoy es todo contra mí.
Redondilla
No sé qué anoche soñé;
hoy vino Octavio, hoy me ha dado
el secretario cuidado.
1490
Él se está quedo. ¿Qué haré?
Redondilla
Pero ¿qué remedio tiene?)
¡Ah, caballero! ¿No piensa
que es de aquesta casa ofensa
si aquí se para y detiene?
Redondilla
1495
¿No sabe el recogimiento
y de su dueño el estado?
Desde el balcón le he mirado,
y con justo sentimiento
Redondilla
le vengo a quitar de aquí;
1500
vaya, el mayordomo soy.

Urbino
Mejor dijérades hoy,
mayor traidor para mí.

Antonio
Redondilla
¿Es Urbino?

Urbino
¿Son aquestas
las palabras?

Antonio
¿Yo he quebrado
1505
palabra que os haya dado,
ni merezco esas respuestas?

Urbino
Redondilla
Respondiera con la espada
a un hidalgo tan villano,
a no tener esta mano
1510
con vuestra sangre ocupada.
Redondilla
Aunque no era mucho error
ponérosla por broquel
para que vos, dando en él,
me vengárades mejor.
Redondilla
1515
Aquí llegué y me llamó
Libia, que por vos me tuvo,
porque solo se detuvo,
cuanto lo que veis me dio.
Redondilla
Pues ¿cómo, Antonio, tenéis
1520
hijos de Libia, y decís
que os fuerzan? ¡Qué bien fingís!
¡Qué buen mayordomo hacéis!
Redondilla
Gozaisla con tanto espacio,
que tenéis hijos, y os pesa
1525
de que os case la Duquesa.
Fruta llaman de palacio
Redondilla
los abrazos y los besos,
pero aqueste plato no,
que quien a tanto llegó,
1530
pasó de honestos sucesos.
Redondilla
Tomad allá vuestro hijo:
no digáis que somos dos
contra vos, que es otro vos,
y de tenerle me aflijo.
Redondilla
1535
Llevadle al hombro, pues es
vuestra justa obligación,
que conforme a la traición
me satisfaré después.
Redondilla
Por su inocencia me aparto,
1540
que ser alcahuete siento,
ya que no del casamiento,
de la vergüenza del parto.
Redondilla
¡Buena cuenta dado habéis
del honor de la Duquesa!
1545
¡Vive el cielo!, que me pesa,
porque no lo merecéis,
Redondilla
de haberos el niño dado,
que más justa lealtad fuera
que allá su Excelencia viera
1550
testigo tan abonado,
Redondilla
que aunque es de tan poca edad,
lo creyera la Duquesa,
porque en lo poco que pesa
prueba vuestra liviandad.
Redondilla
1555
Mas basta, yo le diré
que un mayordomo traidor,
con ser mi mayor dolor,
su mayor deshonra fue.

Váyase URBINO.

Antonio
Octava real
¿Viose tal confusión como la mía?
1560
¿A cuál hombre del mundo sucediera
que de dos años, el error de un día,
el más secreto amor público hiciera?
Mas no quejarme con razón debría
de mi fortuna, humanamente fiera,
1565
pues ya que tanto mal me ha sucedido,
ha errado el blanco donde el tiro ha sido.
Octava real
El amor de su Libia le ha engañado,
los celos este bien me han hecho. ¡Ay, cielos,
cuánto quedo a sus celos obligado!
1570
Más fueron para mí cielos que celos.
Del honor de Camila confiado,
vencido de sus ansias y desvelos,
a Libia lo atribuye, que, en efeto,
sufrirá el deshonor por el secreto.
Octava real
1575
Que de que este lo diga a la Duquesa
no puede enojo alguno resultarme,
pues vengarse de mí no es tanta empresa,
que no sepa del daño separarme.
¡Hija del alma, caminad apriesa,
1580
que quieren mis desdichas acabarme,
y si por dicha el sobrescrito os vieran,
vieran que para mí las cartas eran!
Octava real
¡Ángel, un libro sois de mi secreto,
guardaos quiero, que ninguno os lea,
1585
que es la cifra mayor vuestro conceto,
que amor a tantos encubrir desea!
Un mayordomo soy; vos, en efeto,
el libro de mis cuentas; nadie os vea,
que soy humilde y es mi dueño altivo,
1590
y no alcanzan los gatos al recibo.
Octava real
Venid, y acompañad a vuestro hermano
con aquellos honrados labradores,
que con su pecho tan sincero y llano,
darán sustento y os dirán amores.
1595
Vuestra inocencia, con piadosa mano,
para cosas más dignas y mayores
ampare el cielo, que lo que él defiende,
en vano el hombre deshacer pretende.

Váyase. Y salgan DORISTO y BARTOLA, labradores.

Doristo
Redondilla
A la villa tengo de ir,
1600
si os pesa, cuarenta veces.

Bartola
Bien a quien eres pareces.

Doristo
No hay quien os pueda sufrir.
Redondilla
¿Caseme con vos, Bartola,
para estar siempre con vos?

Bartola
1605
A lo menos, manda Dios
que me queráis a mí sola.

Doristo
Redondilla
¿Quién os lo dijo?

Bartola
¡Oh, qué bien!
El cura que me casó.

Doristo
Y eso, ¿no lo cumplo yo,
1610
como en el monte lo ven?

Bartola
Redondilla
No lo cumples, pues te vas
y con mil celos me dejas.

Doristo
Con poca razón te quejas.

Bartola
¡Ay, mi bien, no puedo más!

Doristo
Redondilla
1615
Eso de celos, Bartola,
muy de las ciudades es.

Bartola
Si es así, no me los des,
pues son de la ciudad sola.
Redondilla
Pero bien saben los cielos
1620
de aqueste dolor profundo,
que en cualquier parte del mundo
que hay amor, ha de haber celos.
Redondilla
Como el reloj del lugar
sin las ruedas no lo fuera,
1625
o sin cobre la espetera,
o sin platos el vasar;
Redondilla
como casa sin techumbre
y jardín sin hortelano,
como un almirez sin mano,
1630
como un alnafe sin lumbre;
Redondilla
como pila sin hisopo,
como fea sin afeite;
como sartén sin aceite,
y como rueca si copo;
Redondilla
1635
como migas son tocino,
como enfermo sin regalos,
como tamboril sin palos,
como albarda sin pollino,
Redondilla
y berros sin anapelos,
1640
o labranza sin cortijos,
como casados sin hijos,
parece el amor sin celos.

Doristo
Redondilla
Bartola, muy sabia estáis.
Yo os voto al sol que me aprieta
1645
mucho el veros tan discreta.
¿Dónde diablos estudiáis?
Redondilla
¿Habeisos topado acaso
con algún libro del cura?

Bartola
Amor me enseña, y me apura
1650
en el fuego en que me abraso.

Doristo
Redondilla
¡Mas apostemos que son
lecciones de sacristán!

Bartola
Hartas los celos me dan,
si es la escuela el corazón.

Doristo
Redondilla
1655
¡Toma, si afloja!

Bartola
Pues di,
¿a quién no ha enseñado amor?

Doristo
Que me dejes es mejor,
Bartola, salir de aquí,
Redondilla
que no es discreta mujer
1660
la que el marido cautiva;
déjame que libre viva,
pues no te voy a ofender.
Redondilla
Si siempre quieres que esté
en casa, y siempre te vea,
1665
cree que parece fea
cosa que siempre se ve.
Redondilla
Vista siempre en una casa
una mujer, viene a ser
una silla, y no mujer,
1670
una artesa en que se masa.
Redondilla
Más parece la espetera
que la mujer, y así, es justo
que venga picado el gusto,
y que ande el marido fuera.
Redondilla
1675
Tras eso, descubre un hombre
que siempre ha de estar con ellas,
mil faltas, Bartola, en ellas,
de que aun no supiera el nombre.
Redondilla
Velas tocar y afeitar,
1680
al arquilla y al espejo,
y una mujer en bosquejo
es terrible de mirar.
Redondilla
Hallar la mujer tocada
y la mesa puesta es cosa
1685
limpia, agradable y curiosa;
verlo guisar, mucho enfada.
Redondilla
De la mujer el regalo,
como pastel ha de ser,
que no se ha de ver hacer,
1690
porque hay mosca, pelo y palo.
Redondilla
Las libres y las casadas
con este engaño navegan
en su gusto, que unas ruegan
y las otras son rogadas.
Redondilla
1695
Gente parece que siento.

Bartola
Atando un caballo está
un hombre.

Doristo
Él viene hacia acá.

Sale ANTONIO.

Antonio
Corriendo he vencido al viento,
Redondilla
pero más supo correr
1700
el día, pues me alcanzó;
mas donde me amaneció,
ninguno me pudo ver.
Redondilla
A las tapias de esta huerta
dos pastores están. ¡Hola!
1705
¿Cuál cortijo es de Bartola?

Bartola
Él se ha perdido y no acierta.

Doristo
Redondilla
Antes tu nombre nombró.

Bartola
¿Si es nuesano?

Doristo
El mismo es.

Bartola
Dadnos, mi señor, los pies.

Antonio
1710
¿Es Doristo?

Doristo
Luego ¿no?

Antonio
Redondilla
¿Es Bartola?

Bartola
¿No lo ve?

Antonio
¿Mi hijo?

Doristo
Está con dos barbas.

Bartola
Bueno; a las primera parvas,
pondrá sobre el trillo el pie.

Antonio
Redondilla
1715
¿Pariste, Bartola?

Bartola
¡Ay, Dios,
seis días ha que lo enterré!

Doristo
O fue mi desdicha, o fue
prenóstico de los dos,
Redondilla
que el uno y otro decía
1720
que el mochacho había de ser
de la Igreja, por tener
algo de la Igreja un día.
Redondilla
Y tan presto se cumplió,
que es suyo, aunque sin oficio,
1725
hasta el día del Juïcio.

Antonio
(¡Qué bien que me sucedió!)

Bartola
Redondilla
Si sabe de algún criado,
pues ya ve cómo los crío,
y que el suyo, aunque ya mío,
1730
de año y medio destetado,
Redondilla
está como un elefante,
encamínemele acá.

Antonio
De uno sé, y tan cerca está,
que ya le tenéis delante.
Redondilla
1735
Esta es una niña bella,
de ese otro muchacho hermana,
porque el sol de tal mañana
tenga aurora, tenga estrella.

Bartola
Redondilla
Suelte, señor. ¡Ay, bendiga
1740
el cielo tan linda cara!
¡Quién tal ventura pensara!

Doristo
Bartola, dale una higa.

Bartola
Redondilla
Una y mil. ¡Guárdete Dios,
y qué risa! Hablarme quiere.

Antonio
1745
Mi buena dicha se infiere
de hallaros aquí a los dos.

Bartola
Redondilla
¡Por el siglo de mi abuelo,
que parece que me pide
el pecho, que luz despide
1750
de estos dos ojos del cielo!
Redondilla
¡Mi vida, mi emperadora,
mi duquesa!

Antonio
Bueno está.

Doristo
Como esas cosas dirá.
¿No veis que está loca ahora?
Redondilla
1755
Dice que habla, de dos días,
y que le pide la teta;
que a la mujer más discreta
enloquecen niñerías.
Redondilla
Tose una niña, y dirá
1760
su madre que taira dijo.

Antonio
Vamos a ver a mi hijo,
amor, ya que vengo acá,
Redondilla
y dejareles dineros.

Doristo
¿El caballo?

Antonio
Allí le até.

Doristo
Desde la choza se ve,
1765
y aquí hay siempre ganaderos.
Redondilla
¿Quitástele el freno?

Antonio
Allí
pace la yerba con él.

Bartola
¡Qué azucena y qué clavel!
Esto, Doristo, parí;
Redondilla
1770
vivo está, consuelo tengo.
Vete ahora donde quieras.

Doristo
Qué, ¿ya me dejas de veras?

Bartola
Con este bien me entretengo.

Doristo
Redondilla
Luego, ¿ya no me querrás?

Bartola
1775
No hay que tratar de quererte,
porque es la niña de suerte,
que la quiero mucho más.

Doristo
Redondilla
Si así remedias tus daños,
también yo voy a buscar
1780
otra niña que criar,
de hasta catorce a quince años.

Váyanse. Salen la DUQUESA y URBINO.

Duquesa
Endecasílabos sueltos (tirada)
Si es, Urbino, el secreto por Octavio,
no quiero que le tomes en la boca.

Urbino
No es de Octavio el secreto, que ya creo
1785
que de Octavio de Médicis te burlas,
y de cuantos te hablaren en casarte.

Duquesa
Pues ¿qué puedes querer con tal secreto?

Urbino
No quisiera, señora, que este día
en que vuestra Excelencia se levanta
1790
de enfermedad tan larga y melancólica,
que la tuvo dos meses en la cama,
para dar alegría a sus estados,
a su casa y vasallos, yo viniera
a entristecella en pago de este gusto.

Duquesa
1795
¿Cosas, Urbino, son, que pueden darme
tristeza a mí?

Urbino
Tu discreción bien puede
tomarlas de otra suerte, que por eso
pintó al entendimiento un sabio antiguo
con un peso en la mano, que tenía
1800
en la una balanza la fortuna,
con naves rotas, con perdidos bienes,
con honras por el suelo derribadas,
con cetros, con imperios adquiridos,
con laureles, con triunfos y con armas,
1805
y en la otra una pluma solamente.

Duquesa
No estoy para que ahora me des pena.

Urbino
Siempre me escuchas mal.

Duquesa
Vete en buen hora.

Urbino
(Así gobiernan siempre las mujeres.
¡Plega al cielo que llegue presto el día
1810
en que de mis desdenes te arrepientas!)

Duquesa
Vuelve, ¿qué dices?

Urbino
Que tu bien procuro.

Duquesa
Veamos, pues, ¿qué es esto que encareces?

Urbino
¿No es para encarecer que anoche, estando
paseando el terrero, me llamase
1815
Libia, que imaginó que yo era Antonio,
y me diese un testigo de su infamia?

Duquesa
¿Cómo testigo?

Urbino
Una criatura envuelta
en un manteo.

Duquesa
¡Válganme los cielos!
Y tú, ¿qué piensas de eso?

Urbino
Que era suya,
1820
y que los dos te han hecho tanto agravio.

Duquesa
¿Que criatura te dio?

Urbino
Fue tan sin duda,
que quise entrar con ella hasta tu cama.

Duquesa
Debiste de soñar.

Urbino
Sí, sueño era;
y así, como hombre que soñando estaba,
1825
arrojé la criatura en una acequia.

Duquesa
¡Mal cristiano! ¿Qué dices?

Urbino
Si era sueño,
¿qué importa que en la acequia la arrojase?

Duquesa
Oye, ¡por Dios!, que si es verdad, es cosa
de mayor compasión que no mi agravio.

Urbino
1830
Pues fue verdad lo que de Libia digo,
mas no el haberla echado, porque Antonio
venía ya por ella.

Duquesa
Y ¿quién la tiene?

Urbino
A Antonio se la di.

Duquesa
Mejor hiciste,
que a Dios ha de mirarse sobre todo.
1835
Grande es mi agravio, pero, en fin, es alma
que a Dios costó su sangre. ¡Ay, honor mío!
¡Ay, el recogimiento de mi casa!
Antonio, de quien yo mi honor fiaba,
¿ha hecho tal maldad? Llámame a Libia.

Urbino
1840
Señora, si en tu casa se entendiese
este suceso, por ventura luego
por toda Italia se sabrá, y podrían
decir algunos, con dañados ánimos,
de quien no es virtud tan conocida,
1845
alguna cosa que tu honor difame.

Duquesa
¿Qué me aconsejas, secretario amigo?
Urbino, ¿qué haré yo? ¡Válgame el cielo!
¿Llamaré mis hermanos?

Urbino
Lo que puedes
remediar en secreto, ¿ahora pones
1850
en contingencia de que sea tan público?

Duquesa
Haré matar a Antonio.

Urbino
Aun eso es cosa
más segura.

Duquesa
Pues alto, ¡Antonio muera!
Pero ¿qué diré yo, pues no es posible
que deje de saberse y sospecharse,
1855
y es Antonio, en efecto, caballero?
Casarlos es mejor.

Urbino
Si tú los casas,
también sospecharán que lo sabías
y que en tu casa pasan estas cosas.

Duquesa
Pues ¿qué he de hacer?

Urbino
Echalle de tu casa.

Duquesa
1860
Bien dices, pues, sin darle cuenta a Libia
de la razón de aqueste injusto agravio,
echaré al mayordomo fementido,
y después me podré vengar de todos.
¡Oh, consejo discreto! ¡Oh, sabio Urbino,
1865
que nunca yo estimé tu entendimiento!
Pues ahora que el cielo me castiga,
tú serás el gobierno de mi casa,
tú mi mano derecha, tú mi hacienda.
Llama algunos criados, y con ellos
1870
venga Antonio también.

Urbino
De aqueste modo,
con discreción procederás en todo.

Váyase URBINO.

Duquesa
Soneto
¿Hay suerte más cruel, Antonio mío?
¿Cómo tardaste para tanto daño?
Mas pues quedó en su fuerza nuestro engaño,
1875
culpar nuestra desdicha es desvarío.
Cuando nació mi hijo, en quien confío
de toda mi desdicha el desengaño,
hubo secreto, hubo rigor extraño;
trajo consigo de varón el brío.
1880
Cuando nace mi hija, los placeres
del parto mudan en pesar los nombres;
ya se pone mi honor en pareceres.
Hija, no es mucho que a tu padre asombres,
porque desde que nacen las mujeres
1885
comienza la desdicha de los hombres.

Salen FURIO, FILELFO, DINARCO, RUPERTO, URBINO y CELSO.

Urbino
Quintilla
Aquí están Furio y Ruperto
con Filelfo y con Dinarco.

Furio
¿Qué mandas?

Duquesa
Hoy es muy cierto
que en mi deshonor me embarco
1890
y tomo en la muerte puerto.
Quintilla
¿No está en casa Antonio?

Filelfo
Ahora
dicen que viene de fuera.

Sale ANTONIO.

Antonio
¿La Duquesa, mi señora,
me llama?

Duquesa
(Todo me altera;
1895
finge el rostro, el alma llora.)

Antonio
Quintilla
¿Qué manda vuestra Excelencia,
que junta tantos criados?

Duquesa
Hago de mi casa audiencia,
porque ha de haber reformados
1900
de mi salario y presencia.
Quintilla
Furio, tú, porque has servido
al Duque –que tiene el cielo–
y porque leal has sido,
en premio de tu buen celo,
1905
no te riño ni despido;
Quintilla
sé que mi casa anda mal,
al fin casa de mujer.

Furio
Toda es gente principal.
La información puede ser
1910
no ser a la culpa igual.
Quintilla
Nueva cosa me parece
lo que dices, lo que haces.

Filelfo
Alguien que no lo merece,
y de quien te satisfaces,
1915
esta máquina te ofrece,
Quintilla
y serán torres de viento.

Duquesa
Filelfo, ya por mi agravio
son piedras en el fundamento;
bien sé que eres cuerdo y sabio,
1920
conozco tu entendimiento;
Quintilla
quédate en casa también,
que como Furio has servido.

Filelfo
Pagas mis servicios bien.

Dinarco
Ya, señora, estoy corrido
1925
de los ojos que me ven.
Quintilla
¿Soy yo aquel que te ofendió?

Duquesa
No, Dinarco.

Dinarco
Porque yo
siempre te he sido leal.

Celso
Mas ¿que viene a ser el mal
1930
donde jamás se pensó?
Quintilla
¿Son, por dicha, aquestas canas
de quien tienes esas quejas?
Porque tardes y mañanas,
estas puertas, estas rejas,
1935
corredores y ventanas,
Quintilla
saben que no me he quitado
solo un punto de asistir
a lo que estoy obligado.

Duquesa
Celso, ¿quién puede decir
1940
que vos me habéis enojado?
Quintilla
Como a mi padre os respeto.

Celso
Ya mis lágrimas, señora,
muestran un piadoso efeto
de mi voluntad.

Ruperto
Ahora
1945
descifrarás el secreto.
Quintilla
¿Es Ruperto, por ventura?

Duquesa
No eres tú.

Urbino
Pue yo seré,
que bien estarás segura
que no es Antonio, ni fue,
1950
quien tu disgusto procura.

Duquesa
Quintilla
Ni fue Ruperto ni Urbino.

Antonio
Luego ¿soy yo? ¿No respondes?
Ya la ocasión imagino,
y pues tu rostro me escondes,
1955
alguien a informarte vino.
Quintilla
Pues ¿a un hombre que has fiado
tu casa, hacienda, tu estado,
tu honor, tu hijo, condenas,
sin oírle, a tantas penas?
1960
¡Oh, qué bien te han informado!
Quintilla
No te quiero replicar,
sé que te sobre razón;
pero quien te vino a dar
tan presto la información
1965
tendrá presto que llorar.

Duquesa
Quintilla
Villano descomedido,
deshonra de aquesta casa,
no respondáis atrevido,
ya sé todo lo que pasa;
1970
lealtad y justicia ha sido.
Quintilla
Salid luego al punto de ella.

Celso
(¿Qué habrá hecho el mayordomo,
Furio, que así le atropella?

Furio
No lo sé.)

Duquesa
Si aquí no tomo
1975
venganza de vos y de ella
Quintilla
es, infame, porque sé...
Júntese a él, quedo.
(¡Ay, mi Antonio, esto he fingido
por quien lo sabe y lo ve!

Quedo.

Antonio
Discreción, señora, ha sido,
1980
ya que mi desdicha fue.)

Recio.

Duquesa
Quintilla
Salte de mi casa al punto.
Quedo.
(Mi gloria, mi luz, mi esposo,
todo el bien que lleváis junto;
que en destierro tan lloroso,
1985
queda el corazón difunto.)
Recio.
Quintilla
No estéis un momento aquí,
que os haré matar.

Antonio
El cielo
volverá presto por mí.
Quedo.
(¡Con qué extraño desconsuelo
1990
me aparto, mi bien, de ti!)

Quedo.

Duquesa
Quintilla
(No sé te dé, amores, nada;
de secreto me verás.)

Recio.

Antonio
Estás, señora, enojada,
no quiero decirte más.
Quedo.
1995
(De que eres de mí adorada.
Quintilla
Tu hija y mía llevé,
y tal mi ventura fue,
que la que el niño crio,
ha seis días que parió,
2000
y que sin hijo la hallé.)

Recio.

Duquesa
Quintilla
No hay disculpa; vete luego.
Quedo.
(¿Que muerto el hijo tenía?

Antonio
Todo aquel desasosiego
perdió con la nueva cría.

Duquesa
2005
¡Que vivan al cielo ruego,
Quintilla
que, a pesar de mis hermanos,
serás mío. No repliques!)

Recio.

Antonio
¡Que con testigos villanos
tanto deshonor publiques!
2010
¿Esto esperé de tus manos?

Duquesa
Quintilla
Tómele Filelfo cuenta.
Venid, Urbino, conmigo,
y no hable en vuestra afrenta,
que le haré matar.

Antonio
(No digo
2015
cosa, aunque mil cosas sienta.)

Duquesa
Quintilla
Agradézcalo al sagrado.

Váyase la DUQUESA.

Urbino
Él merece ese respeto,
y sin él yo soy honrado,
pues no le debo secreto
2020
habiendo sido engañado;
Quintilla
fuera de que el ser leal
más lo debo a la Duquesa
que no a un hombre desleal.

Váyase URBINO.

Furio
Antonio, mucho me pesa,
2025
siendo hombre tan principal,
Quintilla
de que hayáis dado ocasión
tan notable a su Excelencia.

Antonio
Toda es falsa información.

Filelfo
Mostrad aquí la prudencia,
2030
Antonio, y la discreción.
Quintilla
Yo no sé que estéis culpado;
quizá ahora son enojos.

Dinarco
Mucho, ¡por Dios!, me ha pesado,
Antonio, de estos enojos,
2035
y estoy de Urbino enojado.
Quintilla
Siempre os tuvo envidia.

Antonio
Y tal,
que me ha puesto en lo que veis.

Celso
No querrá el villano igual,
que lo que vos merecéis,
2040
siempre lo ha sufrido mal.
Quintilla
Es cólera de mujer;
dejad pasar estos días.

Antonio
Celso, no hay que pretender
–soy hombre– que niñerías
2045
me pueden descomponer.
Quintilla
Todos sabéis que serví
al rey de Nápoles yo;
sabéis que estimado fui,
y que no me despidió,
2050
como me sucede aquí.
Quintilla
¡Ah, señores poderosos
para hacer y deshacer!

Celso
Todos vamos temerosos.

Antonio
Y de mi honor puede ser
2055
que vais todos sospechosos.

Váyanse. Y salen OCTAVIO y FABRICIO, que quieren ir a caza.

Octavio
Redondilla
Haz que luego se aderece
de monte a aquel español.

Fabricio
De los caballos del sol,
ser el primero merece.
Redondilla
2060
¿Qué mochila le pondrán?

Octavio
La de plata y encarnado.

Fabricio
Cazador enamorado,
con razón te llamarán;
Redondilla
lo verde es al campo igual.

Octavio
2065
No hay verde que bien me venga,
Fabricio, mientras no tenga
nueva esperanza mi mal.
Redondilla
Despréciame la Duquesa
con servicios de tres años.

Fabricio
2070
¿Y con tantos desengaños,
sigues tan cansada empresa?

Octavio
Redondilla
¿Qué tengo de hacer, Fabricio,
si nací para querer
esta divina mujer,
2075
este ángel de mi jüicio,
Redondilla
esta Circe de mi engaño,
esta luna de mi humor,
donde, pidiendo favor,
siempre me dan desengaño?
Redondilla
2080
Al monte me voy ahora
por desechar pensamientos,
y porque lleven los vientos
esta esperanza traidora.
Redondilla
¡Plega a Dios que allá os quedéis
2085
y conmigo no volváis,
que en mis suspiros salgáis
y descansar me dejéis!

Fabricio
Redondilla
Sobre dejar la esperanza
el que ama, era conceto
2090
de un discreto, harto discreto,
esta aguda semejanza;
Redondilla
hay unos dardos atados
al brazo con un cordel,
que vuelven más recio a él,
2095
señor, después de tirados.
Redondilla
Así de quien tiene amor
con esperanzas ajenas,
salen a veces las penas,
y vuelven con más furor.

Octavio
Redondilla
2100
No lo comparaba mal,
pues cuanto más los deshecho,
más recios vuelven al pecho,
ya de sus tiros mortal.

Sale URBINO.

Urbino
Redondilla
Al campo se parte Octavio.

Octavio
2105
¡Oh, secretario!

Urbino
¿Oh, señor,
qué es esto?

Octavio
Engaños de amor,
y desengaños de un sabio,
Redondilla
el ejercicio aconseja.
Voy a caza con Fabricio.

Urbino
2110
Es muy bueno el ejercicio;
mucho el pensamiento aleja.

Octavio
Redondilla
¿Qué hay de aquel ángel cruel?

Urbino
Está en extremo enojada,
y de enojo, retirada.

Octavio
2115
Y retirada con él.
Redondilla
¡Ay, Dios, quién su enojo fuera!
¿No sabremos la ocasión?

Urbino
Cosas de su casa son;
cualquiera sombra le altera.

Octavio
Redondilla
2120
Notables sospechas tomo.
¿Es por mí?

Urbino
Por vos, ¿por qué?
Con su mayordomo fue.

Octavio
¡Jesús! ¡Con el mayordomo!
Redondilla
Menos imposible siento
2125
criar España leones,
el fuego camaleones,
y salamandras el viento;
Redondilla
haber en Citia azahar,
y hielos en Etïopia.

Urbino
2130
Es de suerte, que ella propia
cuentas le quiere tomar,
Redondilla
y quedan solos los dos
donde la da tan estrecha,
que ni el ingenio aprovecha
2135
ni la tardanza, ¡por Dios!
Redondilla
Ya le tiene despedido.

Octavio
¿Despedido? ¡Caso grave!
¿Y la causa no se sabe?

Urbino
Sospecho que se ha sabido,
Redondilla
2140
mas no se puede decir.

Octavio
¿Cómo no? ¡Por Dios, que creo
que me matase el deseo!

Urbino
Pues bien os podéis morir,
Redondilla
que por la fe de hijodalgo,
2145
que es imposible decillo.

Octavio
De quien soy me maravillo,
y de lo poco que valgo.
Redondilla
Fabricio, apártate un poco.

Fabricio
Afuera aguardo.

Octavio
Ya, Urbino,
2150
estoy solo.

Urbino
Es caso indino.

Octavio
Haréis que me vuelva loco.

Urbino
Redondilla
Palabra me habéis de dar,
como caballero, Octavio,
de callar, porque es agravio
2155
que a muchos puede tocar;
Redondilla
y ya que por afición
y amistad a vos lo digo,
no es razón...

Octavio
Urbino amigo,
no hay que acabar la razón.
Redondilla
2160
¡Vive Dios, que eternamente
lo diga a persona alguna!

Urbino
Anoche, dada la una,
me llevó cierto accidente
Redondilla
a pasear el terrero.
2165
Libia a una puerta salió,
y, “Antonio, Antonio”, llamó.
Llego, y cuando hablarla quiero,
Redondilla
me pone –tiemblo en decillo–
una criatura en los brazos.
2170
¡Tomara mejor dos lazos,
o a la garganta un cuchillo!
Redondilla
En fin, pensó que la daba
a su Antonio, que llegó
al mismo punto que yo
2175
en los brazos la tomaba.
Redondilla
Dísela y desafiele
sobre traición de amistad;
guardé a la casa lealtad,
como el que es hidalgo suele,
Redondilla
2180
y contelo a la Duquesa,
que hoy también se levantó.

Octavio
Pues ¿quién pensáis que parió?

Urbino
Libia.

Octavio
¡Buena gracia es esa!
Redondilla
¿No sois más necio?

Urbino
Pues ¿quién?

Octavio
2185
Esos dos meses que ha estado
mala, encubriendo el preñado
pudiera decir más bien.
Redondilla
Y ¡por esa vida, Urbino,
y del Duque, mi señor,
2190
que tiene secreto amor
la Duquesa!

Urbino
No imagino
Redondilla
que hay en Amalfi con quién,
pues en casa es disparate,
que hoy he estorbado que mate
2195
a Antonio, y vos sabéis bien
Redondilla
su grande recogimiento.

Octavio
No fíes de hipocresías.

Urbino
Mis celosas fantasías
tienen justo fundamento.
Redondilla
2200
La Duquesa ha despedido
a Antonio, y le toma cuenta,
y esto con pública afrenta,
y ha llorado, y se ha escondido.
Redondilla
Según esto, no es Antonio.

Octavio
2205
Mal conocéis un monjil.
No suele ser más sutil
el enredo del demonio.
Redondilla
Así parió la Duquesa,
como yo soy yo.

Urbino
¿De quién?

Octavio
2210
De algún duende que no ven
los ojos a quien le pesa.
Redondilla
Ya me espantaba de ver
tanta mocedad con luto,
pues no es campo que da fruto
2215
sin labrador, la mujer.

Urbino
Redondilla
¡Por Dios, que yo me alegrara,
aunque infamia en ella fuera!
Pero, señor, considera...

Octavio
No hay qué, pues la culpa es clara.

Urbino
Redondilla
2220
Pues ¿cómo de Antonio fía
su honor, y despide a Antonio?

Octavio
Pues ¿qué mayor testimonio
de aquesta sospecha mía?
Redondilla
¿No ves que por encubrir
2225
su infamia le finge echar?
Y el encerrarse a contar,
¿piensas que es para reñir?
Redondilla
Da noticia a sus hermanos,
haz como hidalgo.

Urbino
Señor,
2230
calificar es mejor
estos pensamientos vanos,
Redondilla
que, sabidos, yo seré
quien primero le destruya,
aunque al infierno se huya.

Octavio
2235
Y yo, celoso, ¿qué haré?
Redondilla
¡Ay de mí, Urbino, que estoy
sin seso! Camila es mala,
Camila a Faustina iguala.

Urbino
¿Dónde vas?

Octavio
A decir voy
Redondilla
2240
a un monte, a un campo, estos celos.
¡Moriré, voy reventando!
¿No basta morir amando,
sino con infamia? ¡Cielos,
Redondilla
maldigo vuestro rigor,
2245
el día que tal pensé,
el que la vi, y el que fue
causa de tenerla amor!
Redondilla
¡Montes, yo pensé que engaños
llevaba a vuestras defensas;
2250
ya llevo ciertas ofensas,
ya llevo el fin de mis años!
Redondilla
¡Uno de vosotros caiga
sobre mi cuerpo, o si no,
caiga del caballo yo,
2255
muerto a Camila me traiga!

Váyase OCTAVIO.

Urbino
Soneto
Suele sonarte que hace un rey la guerra
al África, y después volverse a Europa;
de un árbol suele amenazar la copa
un rayo, y luego todo el árbol yerra.
2260
El toro a veces con el hombre cierra,
y quédase en los cuernos con la ropa;
toma la nave el puerto, viento en popa,
que estuvo cerca de enemiga tierra.
Tal vez el fuego quema el alto asiento,
2265
y perdona del pobre el corto abrigo,
y queda el trigo del granizo exento;
reino, árbol, hombre, nave, casa, trigo,
libre de guerra, fuego, agua, mar, viento,
pues sano y salvo mi esperanza sigo.


Acto III

Salen ANTONIO y BERNARDO.

Bernardo
Terceto
2270
Proseguid adelante vuestra historia,
porque son los sucesos más extraños
que ha visto el mundo en su inmortal memoria.

Antonio
Terceto
temiendo resultar mayores daños,
me fingió despedir, Bernardo amigo;
2275
en fin, estuve en Nápoles dos años.
Terceto
De allí, más descuidado el enemigo,
me vine a Ancona, y con igual secreto,
el cielo solo de mi bien testigo,
Terceto
caminaba de noche, y, en efeto,
2280
abriendo Libia una pequeña puerta,
gocé su hermoso y celestial sujeto.
Terceto
Pero teniendo ya por cosa cierta
que está tercera vez preñada, ¡ay, cielos!,
declararse con todos se concierta.
Terceto
2285
Y para asegurar tantos desvelos,
a Loreto ofrecida se ha fingido,
huyendo a Octavio y sus crueles celos.
Terceto
Y dejando a su hijo, que ha crecido
gallardamente, a gobernar su estado,
2290
mejor que lo ha trazado, lo ha cumplido.

Bernardo
Terceto
¿Su casa y sus vasallos ha dejado?

Antonio
No ha podido sufrir mi larga ausencia
y los temores del tercer preñado.
Terceto
De Loreto, con grande diligencia,
2295
fingiendo ver esta ciudad de Ancona,
hoy pienso que ha de estar en mi presencia.
Terceto
Y como amor cualquiera yerro abona,
decir quiere que está con su marido,
que estima en más que una imperial corona.
Terceto
2300
Que cuando toda Italia haya sabido
caso tan desigual, ya por lo menos
sabrán que en justo matrimonio ha sido.

Bernardo
Terceto
Pienso que sus hermanos, de ira llenos,
os han de perseguir.

Antonio
Nadie lo duda,
2305
mas yo fío de príncipes tan buenos,
Terceto
que aquella espada contra mí desnuda,
envainará piedad de dos sobrinos,
como a la sangre la nobleza acuda.
Terceto
Hoy vinieron mis ángeles divinos
2310
con un pastor, vestidos de villanos,
ocho años de sus padres peregrinos.

Bernardo
Terceto
Antonio, mucho temo estos hermanos
de la Duquesa.

Antonio
Es gente poderosa,
mas pienso que serán en esto humanos.

Bernardo
Terceto
2315
¡El cielo, con su mano generosa,
del corazón les quite la venganza!

Sale LUCINDO.

Lucindo
Dame albricias de nueva tan dichosa.

Antonio
Terceto
¿Vino ya la Duquesa?

Lucindo
Tu esperanza
cumplen los cielos; ya ha llegado a Ancona.

Antonio
2320
No viva más quien tanto bien alcanza.
Terceto
¡Dichosa vida que tal muerte abona!
¡Mátenme los señores Aragones,
que basta a un hombre humilde esta corona!
Terceto
¡Cielos, para tan altas ocasiones
2325
quiere la vida un noble!

Bernardo
Es alta empresa,
mas notable el peligro a que te pones.

[Antonio]
Terceto
Viva casado yo con la Duquesa
un hora sola en tantos regocijos,
y máteme después a quien le pesa.
Terceto
2330
Vamos a recibilla; traed mis hijos;
conocerá si son suyos ahora,
si miraren su sol con ojos fijos.

Bernardo
¡Oh, qué mal lo miró tan gran señora!

Váyanse. Y salgan todos los CRIADOS que puedan, y la DUQUESA y LIBIA, de camino; y URBINO, secretario; CELSO, FURIO, DINARCO y FILELFO.

Urbino
Redondilla
Pues ¿cómo en casa de Antonio
2335
quieres, señora, posar?

Duquesa
Con eso le quiero dar
de mi perdón testimonio.

Urbino
Redondilla
Pues ¡al cabo de seis años
que de tu casa salió,
2340
donde de tu hacienda dio
en vez de cuentas, engaños,
Redondilla
a la suya te has venido!
¿No hay aquí dos mil señores?

Duquesa
Pienso que son los mejores
2345
si es el dueño conocido.

Urbino
Redondilla
Es pobre Antonio, señora.

Duquesa
¿Cama y mesa no tendrá?

Urbino
No hay que replicarte ya.

Duquesa
Esto me conviene ahora.

Sale ANTONIO con DORISTO, y ALEJANDRO, niño, vestido de villano, y LEONORA, niña, de villanita.

Antonio
Redondilla
2350
Señora, ¿vuestra Excelencia
honra aquesta pobre casa?

Duquesa
¡Oh, Antonio!

Dinarco
(Lo que aquí pasa,
basta a quitar la paciencia...

Furio
Redondilla
Callad, que más justo es
2355
posar en cas de un criado
tan caballero y honrado.)

Antonio
Dadme mil veces los pies.

Duquesa
Redondilla
Tente, Antonio, que han de ser
las cosas de otra manera.

Antonio
2360
Quiero a tu divina esfera
dos ángeles ofrecer.

Duquesa
Redondilla
¿Quién son aquestos villanos?

Doristo
Mis hijos, señora, son.

Antonio
Echadles la bendición.
2365
Hijos, besadle las manos.

Alejandro
Redondilla
(¡Qué grande amor la he cobrado
desde el punto que la vi!

Leonora
Yo, Alejandro, siento en mí
el corazón alterado.)

Duquesa
Redondilla
2370
¿Tenéis madre?

Alejandro
Ya murió
la madre que nos criaba.

Doristo
La muerte todo lo acaba;
en agraz me la llevó.

Duquesa
Redondilla
Vos, niño, ¿cómo os llamáis?

Alejandro
2375
Alejandro, mi señora.

Duquesa
¿Y vos, mi niña?

Leonora
Leonora.

Duquesa
(Temor y amor, ¿qué aguardáis?
Redondilla
¿A qué vengo, si es que tengo
tan justa resolución?
2380
Pues ya llegó la ocasión,
sepan luego a lo que vengo.)
Romance (tirada)
Estadme atentos, amigos,
ya que declararme quiero,
porque sepáis la ocasión
2385
de venir a donde vengo.
Ya no es tiempo de callar,
que si callé tanto tiempo,
era esperando este día.

Urbino
¡Válgame el cielo! ¿Qué es esto?

Dinarco
2390
En gran confusión, señora,
con la prevención que has hecho,
hoy pones a tus criados.
Di, que ya estamos atentos.

Duquesa
Ya sabéis todos, amigos,
2395
que, el Duque, mi señor muerto,
quedé muy moza, y mi estado
con hijo, aunque sin gobierno.
Yo traje al señor Antonio
de Nápoles, cuyo ingenio,
2400
cuya persona y valor
sabe Italia, y todos vemos;
mas como las excelencias
de sus generosos méritos
me diesen justa ocasión
2405
puse los ojos en ellos.
Esto no os parezca ahora
caso en el mundo tan nuevo,
si en los “Triunfos” de Petrarca
vistes de amor el ejemplo.
2410
No hice mi honor infame
por imitar los remedios
que de Semíramis dicen
los que escribieron sus hechos,
que antes que el señor Antonio
2415
me tocara solo un dedo,
estaba con él casada,
o desposada, en secreto.
De él, como de mi marido,
aquestos dos hijos tengo,
2420
que no es de Libia ninguno,
como han dicho algunos celos.
En un monte se han criado,
cuyo segundo suceso
me obligó que desterrase
2425
de mi casa al mismo dueño.
Estos destierros, amigos,
son causa de muchos yerros;
cansados tienen mis ojos,
mis años tienen deshechos,
2430
sospechosos mis hermanos,
mi honor de opiniones lleno.
Y así, para fin de todo,
hoy a su casa me vengo.
El señor Antonio, amigos,
2435
es mi marido. No quiero
título, estado, ni hacienda,
rentas, vasallos, ni reinos.
Señor os dejo en mi estado;
Amalfi tiene heredero.
2440
Ya el Duque es hombre, ya puede
ser de su hacienda gobierno;
ya el Duque se ciñe espada
con que sabrá defenderos,
y os podrá dar sucesión
2445
con un igual casamiento.
El que se quisiere ir
tendrá cartas y dineros;
el que quisiere quedarse
tendrá esta casa y mi pecho.

Urbino
2450
Responded.

Furio
¡Estoy sin mí!

Urbino
Habla vos.

Dinarco
¡Estoy suspenso!
Hable el más viejo de todos.

Celso
Yo hablaré, como más viejo:
señora, en cosa tan hecha,
2455
que no hay humano remedio
que la pueda deshacer,
ya no hay lugar de consejo.
Dar tiene a Italia y a España
qué decir este suceso,
2460
qué pensar a tus hermanos
y qué sentir a tus deudos.
Dios los pacifique a todos,
que solo Dios puede hacerlo,
y sí hará, pues este amor
2465
es lícito casamiento.
Estas canas, que en sus brazos,
de un año, y menos, te vieron,
¿cómo te podrán dejar
por respeto ni por miedo?
2470
Esta vida corta mía,
señora, a tu lado ofrezco
al cuchillo o al perdón,
porque sin ti no la quiero.
Serviré al señor Antonio,
2475
de cuyos merecimientos
no tengo qué te decir,
pues le escogiste por dueño.

Duquesa
No lloréis, padre, que yo
tengo esperanza en el cielo,
2480
que moverá a mis hermanos
la sangre que de ellos tengo,
la inocencia de estos niños
y el valor, partes y ingenio
del señor Antonio, a quien,
2485
con ser quien soy, no merezco.
¿De qué te suspendes, Furio?

Furio
Con tal razón me suspendo,
que no me he atrevido a hablar
por no decir lo que siento.
2490
¡Ah, señora, cuántas veces
tuve de este mal recelos!
¡Cuántas señales me daban
tus ojos, lenguas del pecho!,
pero ya no hay qué decirte;
2495
perdóname si me alejo
de tu servicio este día,
teniendo justo respeto
al señor Duque, tu hijo,
a cuyo servicio vuelvo
2500
por lo que debo a su padre,
a quien tal ofensa has hecho.

Váyase FURIO.

Dinarco
Señora, en esta desgracia
muchas cosas considero
que me obligan a dejarte,
2505
y no es la menor que pienso
el daño que te amenaza.
Dios te ampare y dé consuelo,
que soy pobre, como sabes,
y he de buscar mi remedio.

Váyase DINARCO.

Filelfo
2510
Si las cosas de tu estado
tuvieran otro Filelfo
que las supiera entender,
en el que tú las has puesto,
yo me quedara contigo;
2515
tú sabes que yo no puedo.
Dame licencia y tus manos.

Duquesa
Amigo, yo te agradezco
que con el Duque te vuelvas.

Filelfo
Por lo que digo me vuelvo.
2520
El cielo te dé su amparo.

Váyase FILELFO.

Urbino
Aunque pudiera el ejemplo
de estos bárbaros moverme,
antes su ejemplo condeno;
servirle como a ti misma
2525
al señor Antonio quiero.
Quien mereció ser tu esposo,
¿por qué no será mi dueño?
De rodillas le suplico,
si con amor o sin celos
2530
algún disgusto le hice,
me perdone.

Antonio
Alzad del suelo,
alzad, Urbino, que yo
os tuve siempre, y os tengo,
por amigo y por hermano.

Duquesa
2535
Urbino, obligada quedo
a vuestro amor; y así, os juro
por la vida que deseo
a mi esposo, de mostrarme
agradecida en extremo.

Urbino
2540
Señora, vuestra Excelencia...

Duquesa
Ya las excelencias dejo;
ya tiene su Duque Amalfi;
lo que es mi Antonio ser quiero.
No quiero estados ni vida;
2545
suya soy. Libia, muy presto
te casaré con Urbino,
que aunque pobre y sola quedo,
yo tengo para tu dote.

Libia
Tus pies y tus manos beso,
2550
que solo servirte es paga;
la misma sangre te ofrezco,
si llegare la ocasión.

Duquesa
Doristo, vos lo habéis hecho
como muy hombre de bien.
2555
Mudad el traje, que quiero
que me acompañéis.

Doristo
Señora,
de que vos lo estaréis me alegro.
Aunque quisieran echarme,
no me fuera de con ellos,
2560
que con estos ángeles, mis hijos,
con su amor me tiene preso.
Aunque me dieran mil palos,
me dejara como un perro
matar en estos umbrales,
2565
con ansia de no perdellos.

Duquesa
Ya es razón, Antonio mío,
que otros vestidos les demos.

Antonio
Ya es razón, pues ya se sabe,
mi señora, que son vuestros.

Duquesa
2570
Pues vamos, y vuestra hacienda
con la que traigo juntemos,
que para dos que se quieren,
es la riqueza lo menos.
Podremos vuestra casilla,
2575
que con vos, mi bien eterno,
una ropa de sayal,
una camisa de anjeo,
serán telas de Milán,
serán cambrayes flamencos.

Antonio
2580
Con lágrimas os respondo,
que con palabras no puedo.

Váyanse. Y salgan JULIO DE ARAGÓN y OCTAVIO DE MÉDICIS.

Julio
Octava real
Si lo supiese el Cardenal mi hermano,
¡por los cielos, Octavio, que sospecho
que todo el mundo resistiese en vano,
2585
que no le hiciese atravesar el pecho!

Octavio
El hecho ha sido, Julio, más liviano
que fue jamás de noble mujer hecho.
¡Con su criado, con Antonio!

Julio
¡Ay, loca,
de poca edad y de vergüenza poca!

Octavio
Octava real
2590
Antonio de Bolonia es hijodalgo,
mas desigual para tan gran señora.

Julio
No lo dudéis, que de sentido salgo.
¡Cuñado nuestro un hombre humilde ahora!
Si de locuras del amor me valgo,
2595
que bien es cierto que al infante adora,
hiciéramos la ofensa de secreto,
y su deseo vil tuviera efeto;
Octava real
pero casarse tan desatinada,
que dejase su casa, hijo y estado,
2600
no puede ser locura disculpada,
ni este yerro de amor jamás dorado.
Hoy la sangre Aragón queda afrentada
con la bajeza de tal vil cuñado;
mas yo me vengaré por propia mano,
2605
sin que lo sepa el Cardenal, mi hermano.
Octava real
¡Viven los cielos, que es infamia nuestra
que tenga padre el Duque mi sobrino,
Antonio, vil en la bajeza vuestra,
y que solo en pensarlo desatino!

Octavio
2610
Pues, Julio de Aragón, mi mano diestra,
para hacer la venganza que imagino,
como Médicis soy, y como amante
que ve la infamia y deshonor delante.
Octava real
Por seguros que vivan en Ancona,
2615
hay criados, pistolas y soldados,
o yo le mataré por mi persona.

Julio
Para eso, Octavio, sobrarán criados.
Mientras más lo imagino, me apasiona
con más rigor, que hermanos desdichados...

Octavio
2620
Pues los que al Duque han dado son muy buenos.

Julio
No merecen vivir de infamia llenos.

Octavio
Octava real
En un monte los tuvo con secreto,
en hábito de rústicos villanos.

Julio
¡Qué graciosos hermanos, en efeto,
2625
para ser de un señor tan grande hermanos!
Pero vamos, Octavio, que os prometo
hacer venganza con mis propias manos.
¡Ay, traidora Duquesa!

Octavio
¡Ay, mi Duquesa!
¡Antonio ha de morir, por ti me pesa!

Váyanse. Y salgan el DUQUE DE AMALFI, hijo de la DUQUESA, FURIO, DINARCO y FILELFO.

Amalfi
Quintilla
2630
Ya lo sabe el Cardenal,
todos mis deudos y tíos.

Furio
Todos lo tienen por mal
que hiciese estos desvaríos
una mujer principal.

Amalfi
Quintilla
2635
¿Cómo, que mi madre hiciese
un desatino que fuese
de nuestra sangre deshonra,
que ni mi amor ni su honra
la ejecución resistiese?
Quintilla
2640
¡Válame Dios! Más quería
este Antonio que a mí!
¡Desdichada madre mía!
¡Oh, si cuando yo nací,
muriera aquel mismo día!

Filelfo
Quintilla
2645
Vuestra Excelencia, señor,
no se fatigue ni acabe
con la fuerza del dolor.

Amalfi
Quien eso dice no sabe
qué fuerza tiene el honor.
Quintilla
2650
Ocho años ha durado
esta infamia con secreto,

Dinarco
De algunos fue murmurado,
mas por temor, en efeto,
fue de los mismos callado.
Quintilla
2655
Señales hartas se vieron;
Otavio dijo mil cosas,
aunque nunca se creyeron,
que mucho más poderosas,
señor, las virtudes fueron
Quintilla
2660
que en mi señora se vían.

Amalfi
Todas fingidas serían.
¿Yo tengo padrastro? ¿Yo
soy hijo de Antonio?

Furio
No,
que no lo son los que crían,
Quintilla
2665
sino aquellos que dan ser.

Amalfi
Ya que con él se casó,
que, en efecto, fue mujer,
y como mujer erró,
que no hay más que encarecer,
Quintilla
2670
fuera madre para mí,
no me despreciara así,
ni me dejara sin verme;
mas soy grande para hacerme
esos amores a mí.
Quintilla
2675
Allá, a los hijos de Antonio
tendrá amor, pues fue a su gusto
ese bajo matrimonio.

Filelfo
¿Ya te dan celos disgusto?

Amalfi
¿Yo celos? Es testimonio.
Quintilla
2680
¡Vive Dios, que los pusiera
en el alma a mis hermanos
si aquí presentes los viera!
Que no serán tan villanos,
si esto bien se considera.
Quintilla
2685
Antonio, ¿no es caballero?

Furio
Sí, señor.

Amalfi
Pues de mi madre
la parte que darles quiero
supliera la de su padre
si fuera un bajo escudero.
Quintilla
2690
Escribid, ¡por vida mía!,
a mis tíos grandes honras
de Antonio.

Dinarco
¡Bien haya el día
que naciste!

Amalfi
Estas deshonras
cubrid con justa osadía.
Quintilla
2695
Decid grandes bienes de él,
que yo pienso, de mi parte,
esmerarme hablando en él.

Furio
Mil gracias queremos darte,
señor, por ella y por él.

Amalfi
Quintilla
2700
Nadie diga en casa mal
de Antonio, o sálgase de ella.

Furio
¡Qué nobleza! ¿Hay cosa igual?

Amalfi
Pues bien será socorrella,
amigos, en tiempo tal.
Quintilla
2705
¿Qué llevó?

Dinarco
Sola su plata,
joyas, camas y vestidos.

Amalfi
¿No más?

Dinarco
De aquesto se trata.

Amalfi
¡Qué amores tan bien seguidos!
Los de otro tiempo retrata.
Quintilla
2710
Veinticinco mil ducados
buscad, aunque sean prestados,
y para poner su casa
los llevad.

Furio
Tu piedad pasa
a los ejemplos pasados.

Amalfi
Quintilla
2715
Cinco mil a mis hermanos
les llevad para vestidos;
dejen los suyos villanos.

Dinarco
De escucharte están corridos
griegos, persas y romanos.

Amalfi
Quintilla
2720
Pues vamos, y escribiremos
a cuantos deudos tenemos
de nuestra casa Aragón,
que será justa razón
que al señor Antonio honremos.
Quintilla
2725
Llamadle el señor Antonio,
pues la goza el matrimonio.
¡Ay, Duquesa! ¿Quién te culpa,
si ser mujer te disculpa,
y luego amor, que es demonio?

Váyanse. Y salgan la DUQUESA, ANTONIO y URBINO.

Urbino
Redondilla
2730
Conviene que a toda furia
huyáis los dos, porque creo
que vienen con gran deseo
de satisfacer su injuria.
Redondilla
Y aquí veréis si es verdad
2735
lo que os avisé en Ancona.

Duquesa
¿Mi sangre no te perdona?
¿En mi sangre no hay piedad?
Redondilla
Mis hermanos me persiguen;
ya, ¿qué me pueden querer?

Antonio
2740
La causa debo de ser.

Duquesa
Otras hay que los obliguen,
Redondilla
Antonio, a tener piedad.

Antonio
Como a Venecia lleguemos,
de nuestras vidas tendremos
2745
seguro en su libertad.
Redondilla
De su República espero,
señora, grande favor.

Urbino
Caminad con más furor,
porque viene el mundo entero.

Duquesa
Redondilla
2750
No podré mientras no vienen
mis hijos.

Urbino
Ya están aquí.

Salen LIBIA y los NIÑOS.

Libia
Caminad, ¡triste de mí!,
si pies los que temen tienen,
Redondilla
que un hombre nos ha contado
2755
que al pasar de aquesta fuente,
vio en aquel bosque, de gente
todo un escuadrón formado.
Redondilla
Sin duda no saben bien
el designio que lleváis,
2760
y si tan despacio os vais,
haréis que aviso les den.

Duquesa
Redondilla
¡Ay, hijos del alma mía,
solo aguardaba a los dos!

Sale CELSO.

Celso
Huid, señores, por Dios,
2765
que habemos visto una espía
Redondilla
que esta senda atravesó,
y como nos vio, se fue.

Antonio
¿Iba a caballo o a pie?

Celso
A pie, señores, pasó,
Redondilla
2770
con un arcabuz, volviendo
por momentos la cabeza.

Sale DORISTO, ya de escudero.

Doristo
Id, señores, con presteza
la vecina muerte huyendo;
Redondilla
que en ese cerro subido,
2775
vi por el llano marchando
gente que os viene buscando.

Duquesa
Huye, mi Antonio querido,
Redondilla
huye, mi bien, porque a mí,
¿qué mal me ha de hacer mi hermano?
2780
A ti te busca el tirano;
vengarse quiere de ti.

Doristo
Redondilla
Señor, aunque ayer vivía
en un monte, labrador,
sabed que sé qué es honor,
2785
y sé qué es cobardía;
Redondilla
ninguna es ahora huir,
si el mundo os viene a buscar.

Antonio
¿No veis que siento el dejar
mi esposa, más que el morir?

Celso
Redondilla
2790
Si creéis a aquestas canas,
huir os dan por consejo;
creed esta vez a un viejo,
y más en cosas tan llanas.
Redondilla
Urbino se queda aquí;
2795
yo me quedo aquí también.

Duquesa
Huid, mi señor, mi bien;
huid, y doleos de mí;
Redondilla
no me dejéis sin marido,
ni a vuestros hijos sin padre.

Alejandro
2800
Señor, bien dice mi madre,
yo también que huya le pido;
Redondilla
huya, pues podrá volver,
y no se deje matar.

Leonora
Padre, ¿qué quiere aguardar?

Antonio
2805
Hija, quiéroos defender.

Leonora
Redondilla
Con eso, a todos nos mata.

Antonio
Pues, hijos del alma mía,
si aquesto no es cobardía,
mi sangre a la vuestra ingrata,
Redondilla
2810
quedaos con Dios, él os guarde;
estos abrazos tomad
y estas lágrimas llevad,
que es bien que llore un cobarde.
Redondilla
Y vos, dulcísimo bien
2815
de mi esperanza y mi vida,
perdonad aquesta huida,
pues me lo mandáis también.
Redondilla
Adiós, Libia; adiós, Urbino;
mi Doristo y Celso, adiós.

Duquesa
2820
El alma lleváis con vos.

Antonio
¡Qué desdichado camino!

Váyase ANTONIO.

Duquesa
Redondilla
Hijos, allegaos a mí,
que lo habré bien menester.

Leonora
Luego ¿ya no le ha de ver?

Duquesa
2825
No sé, sin dicha nací.

Alejandro
Redondilla
Callad, señora, que yo
iré a hablar al Cardenal,
mi tío.

Duquesa
No digas tal,
pues ya su sangre negó.

Alejandro
Redondilla
2830
A fe que, si edad tuviera,
que a Julio desafiara.

Duquesa
Ya solo el cielo me ampara.

Leonora
Señora, en el cielo espera.

Duquesa
Redondilla
Mi hijo, el Duque, me deja;
2835
Julio de Aragón me sigue;
el Cardenal me persigue;
mi Antonio de mi se aleja;
Redondilla
pues venga la muerte ya,
que es el remedio postrero.

Leonora
2840
Madre mía, en Dios espero.
[.......................... -a]

Sale JULIO de Aragón, y OCTAVIO con cuatro CRIADOS con arcabuces y alabardas.

Octavio
Endecasílabos sueltos (tirada)
Estos, sin duda, son.

Julio
Teneos, cobardes,
viles, ribaldos, fementidos, locos;
teneos a la furia de mi ofensa.

Duquesa
2845
Aquí, ¿quién se defiende, hermano mío?

Julio
¿Yo soy tu hermano? ¿Yo? ¿Qué dices, bárbara?

Duquesa
¿No eres tú Julio de Aragón?

Julio
El mismo.

Duquesa
Pues ¿no soy yo tu hermana?

Julio
No, villana,
la duquesa de Amalfi, que ya es muerta,
2850
era mi hermana.

Duquesa
Pues ¿no soy la misma?

Julio
¡Oh, qué graciosa cosa! Octavio, escucha:
que la mujer de Antonio de Bolonia
me dice que es mi hermana, y se ha fingido
la duquesa de Amalfi.

Octavio
No pudiera
2855
la duquesa de Amalfi haber pensado,
cuanto más cometido, tal bajeza.

Duquesa
¿Que tú vienes aquí?

Octavio
Pues ¿quién pensabas?

Duquesa
¿De qué te toca a ti la sangre nuestra?
¿No eres Médicis tú?

Octavio
Sí, yo soy Médicis,
2860
sangre en que ha habido reyes y pontífices.

Duquesa
¿Por dónde tienes tú los Aragones?

Octavio
Por amistad, que es la más noble sangre
y el cuartel de las armas de más honra.

Duquesa
¿Aquí paró tu amor?

Octavio
Aún no ha parado,
2865
ni parará mientras la causa vive.

Duquesa
Hermano, ¡oh, Julio!, ¿qué es lo que me quieres?

Julio
¿Quién son aquestos niños?

Duquesa
Tus sobrinos.

Julio
¿Cómo sobrinos? Uno solo tengo,
que es el duque de Amalfi, y este es hijo
2870
de un hombre que era igual a nuestra sangre.

Duquesa
Estos lo son de un hombre que no tiene
igual en la virtud ni en el ingenio,
de que es claro testigo toda Italia;
y estos niños que ves y que desprecias,
2875
si no son tus sobrinos, son mis hijos,
y si no tienen padre, basta el cielo,
que el cielo cubre a quien desprecia el hombre.

Julio
También castiga el cielo a quien le ofende.

Duquesa
Yo me casé por voluntad del cielo.

Julio
2880
Voluntad que le ofende, ¿en qué le sirve?

Duquesa
Más yerro fuera no me haber casado.

Julio
Más secreta estuviera nuestra infamia.

Duquesa
Casada yo, ¿qué infamia te resulta?

Octavio
Déjate de argüir con quien te ofende.

Duquesa
2885
Nunca juzgaron bien de amor los celos.

Octavio
No soy celoso yo, sino ofendido.

Duquesa
Pues ¿cuándo fui yo tuya? ¿Qué te ofendo?

Octavio
¿No basta que engañaste mi esperanza?

Duquesa
No es esperanza confianza loca.

Julio
2890
Ahora bien, ¿dónde queda tu marido,
ese que llamas el señor Antonio?

Duquesa
Ese señor Antonio, y mi marido,
está en Milán.

Julio
¿Que no venía contigo?

Duquesa
No, que supo muy bien vuestras crueldades.

Julio
2895
No importa, dondequiera tendrá amigos
el Cardenal, y yo también los tengo.
Ven presa.

Duquesa
¿Presa yo?

Julio
Pues ¿eso dudas?

Duquesa
Pues ¿tú puedes prenderme? ¿Por qué causa?

Julio
¿No es causa de deshonra y desventura
2900
de la Casa de Aragón?

Duquesa
Pues ¿con qué orden?
¿Del Rey o del Pontífice?

Julio
Camina.
Y estos, ¿quién son?

Urbino
Yo soy su secretario.

Julio
¿Por qué dejaste al Duque?

Urbino
No he servido
al Duque, sino solo a mi señora.

Julio
2905
¿Quién eres tú?

Celso
Quien la crio y la sirve
de bracero más ha de catorce años.

Julio
Y tú, ¿quién eres?

Doristo
Amo de estos niños;
ayer pastor de un monte y cuatro ovejas,
y hoy cortesano para tal desdicha.

Julio
2910
Vamos, Octavio, que el traidor se ha ido
con aviso que tuvo.

Octavio
Dime, Urbino,
¿tú eres también de este delito cómplice?

Urbino
Yo no tengo el casarme por delito.

Octavio
¿No es delito infamar a tantos príncipes
2915
una mujer?

Julio
Dejemos eso ahora;
váyase el que quisiere, que aquí solo
se prende esta mujer y sus dos hijos.

Duquesa
¿Qué culpa tienen estos inocentes?

Alejandro
¿A nosotros nos prende, señor tío?

Julio
2920
¿Yo tío? ¿Hay desvergüenza semejante?
A Amalfi caminad.

Duquesa
No importa nada.
Ya sé que me queréis tener cautiva;
matadme, y el señor Antonio viva.

Váyanse, y entre ANTONIO.

Antonio
Redondilla
¿Dónde me lleva mi suerte
2925
con tan vergonzosa huida,
desamparando la vida
por el temor de la muerte?
Redondilla
¡Triste de mí! ¿Dónde voy,
dejando el alma en las manos
2930
de aquellos fieros tiranos,
a quien cuatro vidas doy?
Redondilla
La de mi amada mujer,
de mi Alejandro y Leonora,
hijos que mi alma adora,
2935
y la que está por nacer.
Redondilla
¿Cuál hombre, de un alto estado
ha venido a tal bajeza?
¿Dónde hallará fortaleza
corazón tan desdichado?
Redondilla
2940
¿Cómo podré yo tener
ánimo, viendo perdidas
cuatro tan amadas vidas
de mis hijos y mujer?
Redondilla
Que si no me engañan señas,
2945
todo es ya todo perdido.
Tentaciones me han venido
de arrojarme de estas peñas.
Redondilla
¡Cielos, tenedme las manos!
¡Quitadme las armas, cielos,
2950
que entre tantos desconsuelos
no valen medios humanos!
Redondilla
¡Ay de mí! ¿Si los han muerto
con la furia del enojo?
¿Cómo de aquí no me arrojo?
2955
¿Qué más justo desconcierto?
Redondilla
¿Dónde podré yo vivir,
dulce Camila, sin vos?
¿Quién nos aparta a los dos?
¿Quién nos puede dividir?
Redondilla
2960
¡Ay, hijos, ay, dulces prendas,
para tanto mal halladas!

Sale DORISTO.

Doristo
Pienso que van apartadas
del real camino estas sendas;
Redondilla
mas con errar, acerté.
2965
Señor Antonio...

Antonio
Doristo,
¿es posible que te he visto?
¿Que tal mi ventura fue?
Redondilla
¿Huiste? ¿Desamparaste
mis hijos? ¿Quedan ya muertos?

Doristo
2970
Antes, de vivir más ciertos
que en tu vida imaginaste,
Redondilla
camino de Amalfi van;
pienso que estarán en ella,
donde, a la Duquesa bella,
2975
todos parabienes dan.
Redondilla
El Duque, su hijo, vino,
y la salió a recibir.
Yo los vi holgar y reír
las más partes del camino.
Redondilla
2980
Sus hermanos abrazó
el Duque con gran contento,
y allí de tu casamiento,
entre los dos se trató,
Redondilla
donde Julio de Aragón,
2985
hermano de la Duquesa,
muestra que de ver le pesa
tu ausencia en esta ocasión.
Redondilla
Que viendo al Duque con gusto,
todos le tienen de verte,
2990
y le han jurado no hacerte
eternamente disgusto.
Redondilla
Aquesta carta es de Urbino.

Antonio
Muestra, y dame mil abrazos,
que del alma y de los brazos
2995
eres por mil causas dino.
Redondilla
¿Qué ha sucedido tan bien?
¿Que todo está en ese estado?

Doristo
Yo digo lo que ha pasado,
y lo que he visto también.

Antonio
Redondilla
3000
¡Cielos, a piedad movidos,
más seso habré menester
para el presente placer,
que en los males sucedidos!
Lea.
“Las cosas se han hecho de otra suerte que las imaginábamos. El Duque ha sido ángel de paz contra la furia de Julio de Aragón y Octavio de Médicis; no se aleje . M., sino esté a la mira de lo que sucede, que espero en Dios le pondrá presto descanso. – Urbino Castelvetro.”
Redondilla
Papel de mi alma y vida,
3005
mil veces quiero besaros,
mas no sé que hallazgo daros
de mi esperanza perdida.
Redondilla
Las lágrimas de placer
en albricias recibid;
3010
esto de un pobre admitid,
en tanto que os puede hacer
Redondilla
una caja de oro y perlas,
porque en tales ocasiones,
merecen estas razones
3015
dentro del alma ponerlas.
Redondilla
Doristo, ¿que tanto bien
me hace el Duque, mi señor?

Doristo
Templó del tío el furor,
y de otros deudos también,
Redondilla
3020
y con entrañas abiertas
habla a su madre y hermanos.

Sale URBINO.

Urbino
¡Con qué pensamientos vanos
voy por sendas tan inciertas!
Redondilla
Dudo que le pueda hallar,
3025
y dejo el caballo muerto.

Antonio
¿Gente por este desierto?

Urbino
Gente siento caminar.
Redondilla
¡Válame Dios! ¿No es aquel
el señor Antonio?

Antonio
¡Ay, cielo!
3030
¿Si es Urbino aquel?

Urbino
Recelo

Doristo
que viene por vos, si es él.

Urbino
Redondilla
¡Señor Antonio!

Antonio
¡Mi Urbino!
¿Qué es esto?

Urbino
Vengo por vos,
y doy mil gracias a Dios
3035
de haber errado el camino,
Redondilla
que por errarle os hallé.

Antonio
¿Por mí?

Urbino
Por vos.

Antonio
¿De qué modo?

Urbino
El Duque lo allana todo,
ángel de estas paces fue;
Redondilla
3040
como príncipe lo ha hecho.
Sosegad el corazón,
que ya a Julio de Aragón
tiene sosegado el pecho,
Redondilla
y aquesta carta os escribe,
3045
porque también han llegado
cartas que le han obligado,
que por momentos recibe,
Redondilla
y entre ellas del Cardenal,
que le manda que no os toque,
3050
ni que a enojo le provoque
porque sois muy principal,
Redondilla
y quiere honrarse de vos.

Antonio
En fin, Príncipe romano.

Urbino
Leed, y vamos.

Antonio
¿Que está llano?

Urbino
3055
Todo está llano, ¡por Dios!
Lea.
“El Cardenal, mi hermano, me ha escrito que os deje en paz con vuestra mujer y hijos; venid por ellos, con tal condición que os vais a vivir a España o Alemania; soy contento de dároslos.”

Antonio
Redondilla
¿Cómo a España o a Alemania?
A Constantinopla iré,
que por mis hijos seré
parida tigre de Hircania.
Redondilla
3060
Urbino, dame esos brazos.
¡Doliose el cielo de mí!

Urbino
¡Qué bien merezco de ti
esos amorosos lazos!
Redondilla
Vamos, señor, que te espera
3065
la Duquesa, que me dio
mil recados.

Antonio
¡Ay, si yo
volar, Urbino, pudiera!
Redondilla
Pero caballos tomemos.

Doristo
Yo os quiero servir de guía.

Urbino
3070
Camine vueseñoría,
aunque mil postas matemos.

Váyanse. Y salgan OCTAVIO, JULIO y el DUQUE DE AMALFI.

Amalfi
Redondilla
Toda mi vida estaré,
señor tío, agradecido
al favor que he recibido.

Julio
3075
Serviros, sobrino, fue
Redondilla
cosa muy puesta en razón,
que si vos contento estáis
de este agravio, sois quien dais
a todos satisfacción.

Octavio
Redondilla
3080
Ya, pues habemos comido,
juntos, no hay más que tratar
del agravio, sino dar
remedio a lo sucedido.
Redondilla
Ayude el Duque a su madre
3085
y a España se pueden ir.

Amalfi
Yo la quisiera servir
con cuanto heredo a mi padre,
Redondilla
pero, fuera de la hacienda
vinculada al mayorazgo,
3090
como si fuera en hallazgo
de alguna perdida prenda,
Redondilla
le doy todo lo demás,
y que se vaya me pesa.

Julio
No ha de volver la Duquesa,
3095
sobrino, a Italia jamás.

Amalfi
Redondilla
No vuelva, pues no queréis.

Julio
(Octavio...

Octavio
¿Qué me mandáis?

Julio
¿Para qué tanto os cansáis
en los conciertos que hacéis?
Redondilla
3100
Que ya tiene en la comida
la Duquesa el justo pago
de haber sido fiero estrago
de nuestra sangre ofendida.

Octavio
Redondilla
¿Qué le habéis dado?

Julio
No sé,
3105
mas no vivirá media hora.

Octavio
¡Ay, desdichada señora,
cuanto tu estrella lo fue!
Redondilla
¡Ay, crueldad! ¡Ay, sinrazón!

Julio
Pues ¿eso decís, Octavio,
3110
viendo tan notable agravio?

Octavio
No me basta el corazón;
Redondilla
quísela, adorela. ¡Hoy muero!