Convencido de su culpa
Carloto, porque no supo
decir más de que el consejo
fue de Galalón injusto,
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a quien buscaron las guardas
y quien, huyendo de algunos
de un corredor despeñado,
queda en un patio difunto.
Salió de esa fuerte torre
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cubierto de negro luto,
un crucifijo en las manos
que hasta agora en ellas tuvo.
A su lado el Condestable
y un venerable cartujo,
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docto y piadoso cristiano
de la orden de San Bruno.
Y aquel ermitaño mismo
en cuyos brazos estuvo
Baldovinos espirando,
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que gran ánimo le puso,
porque desde Ardenia a Francia,
sin otro intento ninguno
milagrosamente vino,
que de otra suerte no pudo,
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iban diciendo los psalmos,
y aquel que David compuso
cuando a Urías dio la muerte,
que este caso todo es uno.
Llegan al fin a la puerta,
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donde un rato se detuvo
hasta subir en la piedra
de la muerte, carro y triunfo,
donde hincando las rodillas
con alegre rostro y gusto
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se despidió de los grandes
y a la muerte se dispuso.
Cuando el cuello le bajaban,
que en repetillo me turbo,
ayudando al camarero
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dijo: «¡Oh, vanidad del mundo,
rey nací, yo vi mis pies
pisando a otros cuellos muchos
y agora sujeto el mío
a un villano acero agudo!
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¡Oh, padre animoso y sabio,
de mi muerte te disculpo;
da al cuerpo perdón, que al alma
en otra parte le busco!
Con mi deuda y tu justicia,
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en darte mi sangre cumplo.
¡Adiós, padre! ¡Adiós, amigos!
¡Adiós, hermano Rodulfo!»,
dijo, y atada la venda
sobre los ojos enjutos
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halló el cuchillo la mano
del siempre odioso verdugo;
y como la espiga cae
madura en el mes de julio,
que la hoz del segador
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lleva en sus dientes menudos,
diciendo Jesús tres veces
como otro Pablo segundo,
de quien él era devoto,
pagó a la muerte el tributo.
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Luego, entonces, hasta el cielo
el alborotado vulgo
levantó con un ¡ay!, triste
un alarido confuso.
Y viose en el mismo instante
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que todos quedaron mudos,
que la misma admiración
los dejó como difuntos.
Echáronle un paño negro,
no sé cómo el llanto sufro,
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con armas atravesadas
de un lambeo azul escuro,
señal de príncipe muerto
sin heredar, y en un punto,
en los hombros de los grandes,
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sobre un túmulo se puso.