Luego, famoso Aldemaro,
que diste el precio a Florela,
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hermana de Feliciana
y del firmamento estrella,
aquella Florela en flor,
que en la primavera bella
de sus años hace al mundo
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rico del fruto que espera,
un tropel de aventureros
a entrar por orden comienza,
hurtando a las aves plumas
y al pensamiento libreas.
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El hijo del condestable
bizarro a las fiestas entra
en un overo andaluz
larga cola y crines crespas.
Sobre un húngaro pajizo
110
claveles de nácar siembra
con unas muertes de plata
que los claveles enredan.
Las letras que arroja al vulgo
así declaran su pena:
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«Tal fruto da la esperanza
que de tal campo se espera.»
Presentose a los jueces,
y dando vuelta a la tela,
se conciertan los padrinos
120
y corre un hilo de perlas.
Bien pasa el mantenedor;
pero con mayor destreza
sale de Lerín el conde,
lindo bridón, lanza y fuerza.
125
Saca el brazo al requerilla
y así la apunta derecha,
que, al poner la lanza en cuja,
halló la sortija en ella.
Pasaron las otras dos,
130
o tocadas, o tan cerca,
que ya le daban el precio;
pero faltole una espuela,
que a la fuerza del picar,
en medio de la carrera,
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cayó a los pies del caballo
rota una blanca correa.
Dio el precio el mantenedor
a una dama aragonesa,
y sosegose el aplauso;
140
y entrando gente a las fiestas.
Eran dos santas viudas,
blancas tocas, sayas negras,
con dos ramos que salían
de en medio de las cabezas.
145
La letra que traen dice
y la que el padrino muestra:
«Verde está de dentro el alma,
aunque la corteza seca.»
Entró un galán peregrino,
150
con su túnica de jerga
y, en un sombrero francés,
imágenes y veneras.
Diez lacayos peregrinos
por padrinos, dan por letra:
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«A ofrecer voy a un milagro
estas rotas cadenas.»
Luego entraron dos pastores,
y estos por padrinos llevan
al Amor flechando el arco
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una pastora de piedra.
«De allí vuelven a nosotros»,
dice la letra, sus flechas,
que por el pecho traían
con un artificio puestas.
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Un alférez de Pamplona
entró sobre un alta peña,
vestido de verde todo,
ropilla y calza tudesca.
Asido a un laurel venía
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con una letra discreta:
«De aquí tengo de caer,
si esta esperanza se quiebra.»
Entró luego un arriero,
que en un macho de su recua
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traía al amor por carga,
con sus alas, arco y venda;
la letra deste decía:
«Tanto aquesta carga pesa,
que vengo a correr aquí
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por ver si puedo perdella.»
Corrieron todos, en fin,
y por remate de fiesta,
seis moros entran gallardos,
de morado, a la jineta;
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lanzas de juego de cañas
con encarnadas banderas,
como si fueran de miembres,
juntas, levantan y juegan.
Corrieron de en dos en dos,
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dieron sus letras y empresas,
y mudándose a la brida,
al mantenedor esperan.
Corrieron bien, y entre todos,
en gala, destreza y fuerza
195
se señaló Bandalino
como galán de Florela.
De la letra, dieron premio
al alférez de la peña,
que así dicen que era el nombre
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de su dama y de su empresa.
Al hijo del condestable
de galán, con razón, premian
y de mejor hombre de armas
el mantenedor le lleva.
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Con esto, queda el palenque
solo y las ventanas quedan
sin Florela y Feliciana,
llorando del sol la ausencia.