2020
Aquel miserable día
de este trágico suceso,
si agüeros fueran verdades,
tuve mil tristes agüeros.
Con esta imaginación
2025
retirado a mi aposento,
más temprano que solía,
por la ausencia de mi yerno,
quise entregar mis cuidados
a los engaños del sueño;
2030
pero vino mal y tarde,
y para dejarme presto.
Algunas voces oía
entre dormido y despierto,
que a haberlas creído entonces
2035
tuviera mi mal remedio.
De mis cuidados pensaba
que eran quimeras, y haciendo
más fuerzas para dormir,
estaba un rato suspenso.
2040
Sentí un golpe, como cuando
nadador ligero y suelto
desde un peñasco a las aguas
se arroja y detiene dentro.
Aquel murmurio sentí
2045
que forma en doblados ecos
la espuma y agua azotada,
hasta que él parece en medio,
que esto debía de ser,
cuando estrellada en el suelo
2050
sembró la triste Isabela
por las piedras sangre y sesos.
Tras esto otra vez oí,
y parece que dijeron:
“¡Muere, traidor!”, y esta voz
2055
me puso en mayor desvelo;
y era, sin duda, Florante,
a quien mató Floraberto.
Detrás de unas telas de oro,
cargado de armas y miedo,
2060
tomé apriesa mi vestido,
más turbado y descompuesto
que al llamar de la justicia
el delincuente ligero.
Tomé la espada, que ya
2065
es la espada con quien duermo;
tardé en sacarla gran rato,
porque en la vaina el acero
de la sangre de los moros
estaba pegado y seco,
2070
y embarazando una rodela
oigo: “¡Confesión!”, y luego
se me cayó de las manos,
cubriéndome todo un hielo.
Vuélvola a tomar y parto,
2075
y cuando a la cuadra llego
hallo al Conde con la espada
puesta del Príncipe al pecho.
Entra un criado a este punto,
y dice, todo sangriento:
2080
“Ya Flordelís expiró”.
Yo pregunto: “¿Quién la ha muerto?”
El Conde responde que él;
yo le doy gracias por ello,
solo quejoso de ti,
2085
que hiciste el casamiento.
En este medio, señor,
al generoso mancebo
oigo tan graves palabras,
bajando la espada al suelo:
2090
“No hay ley de honor que disponga
que muera un rey, ni yo quiero
para tenerle en el mundo
quitar un rey a su reino.
Yo quiero perder mi honor
2095
y tenga Francia heredero,
porque en razón de su vida
viene a ser mi honor lo menos.”
Salió Carlos, que un criado
le abrió siete puertas luego,
2100
que el Conde cerrado había
para asegurar sus celos.
Doy a las tres de la noche
sepulcro a los tres, haciendo
de mis canas las mortajas,
2105
que arranqué sobre sus cuerpos.
No había mostrado el alba
su rostro al mundo sereno,
que más triste en sesenta años
nunca mis ojos le vieron,
2110
cuando me cuentan que el Conde,
por los bosques discurriendo
como otro Orlando Furioso,
llegó a unos pueblos pequeños.
Villanos vasallos suyos
2115
dicen que le recogieron
y que le tienen cerrado,
si por ventura no es muerto.