EMBAJADOR.
Tu majestad me escuche y se reporte,
porque si el fin de mi razón espera,
verá que no es mi príncipe tan fiero,
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que rompa un punto de la ley el fuero.
Es de Armenia estatuto y ley que fuerza
a su señor, so pena de ultraje;
que cuando un punto sus derechos tuerza
le hará quien hoy le rinda vasallaje.
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Que si quiere mujer la sangre fuerza,
por no degenerar de su linaje,
que de otros reinos interoballos,
o en fiera guerra con valor ganallos.
Pues viendo que por paz no puede habella,
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tebano rey, por fuerza te la pide,
y porque dicen que en extremo es bella
a cosa nunca vista, se comide
que a tu corte camina, y puesto en ella
ese escuadrón de príncipes que impide
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que con ella se case, uno por uno
los desafía, sin quedar ninguno.
El que estorbar quisiere el casamiento
ármese fuerte y en el campo salga,
y gane en el heroico vencimiento
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la joya celestial el que más valga.
Y aquesto no parezca atrevimiento
ni ofensa justa de la sangre hidalga,
que, cuerpo a cuerpo, no se elige agravio.