Félix Lope de Vega y Carpio Lope de Vega y Carpio, Félix

LAS JUSTAS DE TEBAS Y REINA DE LAS AMAZONAS




Texto utilizado para esta edición digital:
Cotarelo y Mori, Emilio (Ed.), Obras de Lope de Vega, I, Madrid, RAE, 1916, pp.249-277.
Adaptación digital para EMOTHE:
  • Burgos Segarra, Gemma (Artelope)

Elenco

ARDENIO, príncipe
EBANDRO, su criado
EL REY DE TEBAS
DÉLBORA, princesa, su hija
ADBERITE, reina de las amazonas
PIRENE, su criada
JELANDO, príncipe
DRUSO, su criado
LOTARO, rey, embajador fingido
UN CRIADO suyo
OTRO CRIADO
SERGESTO, duque
BRICEDIO, príncipe
TODOS

Jornada I

(Salen DÉLBORA, princesa y EBANDRO, criado de ARDENIO, con una sortija en la mano.)

PRINCESA.
Quintilla
Alabo el raro juicio,
Ebandro, del que talló
la piedra, cuyo artificio
así en ingenio mostró
5
de su grato amor indicio.
Quintilla
Las culebras esmaltadas
por la sortija enlazadas
ha sido nueva invención.

EBANDRO.
Son de un triste corazón
10
fantasías trasnochadas.
Quintilla
¿No ves que se están mordiendo?

PRINCESA.
Quien las teme las resista.
Aquestas letras no entiendo.
Lee.

EBANDRO.
Soy corto de vista.

PRINCESA.
15
Ten.

EBANDRO.
Muestra ofendido.

PRINCESA.
Quintilla
Empresa celosa ha sido.

EBANDRO.
Dice que ofende, ofendido,
y que, mordiendo, te muerde.

PRINCESA.
Entre memorias se pierde.

EBANDRO.
20
Para ganarse perdido.

PRINCESA.
Quintilla
Desesperar se confiesa.

EBANDRO.
En la letra de la piedra
se ve lo poco que medra.

PRINCESA.
¿Qué peso es este?

EBANDRO.
El que pesa
25
esta pluma y esta hiedra.

PRINCESA.
Quintilla
En lo verdadero estás.
Parece que pesa más
esta pluma que esta hiedra.

EBANDRO.
Así se muestra en la piedra,
30
y en el favor que le das.

PRINCESA.
Quintilla
(Morirán sus confianzas.)
Declárame, Ebandro, en suma,
lo que de su pecho alcanzas.

EBANDRO.
Que pesa más esta pluma
35
que todas sus esperanzas.

PRINCESA.
Quintilla
Mas dile tú que se acuerde
que la hiedra, siempre verde,
a la firmeza se aplica,
porque un verdor siempre aplica,
40
que en ningún tiempo se pierde.
Quintilla
Y siendo aqueste color
la firmeza que le das,
dirás, Ebandro, mejor
que esas plumas pesan más
45
que su firmeza y amor.

EBANDRO.
Quintilla
Divinamente la truecas.

PRINCESA.
De querer.

EBANDRO.
Pues ¿de qué pecas?

PRINCESA.
De alguna, ¿no se te alcanza,
que es hierba verde esperanza,
50
mas antes de hierbas secas?
Quintilla
El campo seco, agostado,
es imagen verdadera
de la esperanza que espera
que de su manto esmaltado
55
le vista la primavera.
Quintilla
Que si está verde la hierba,
que su verdura conserva,
¿qué esperanza significa,
pues a esperar no se aplica
60
lo que a su tiempo reserva?

EBANDRO.
Quintilla
Délbora, si mi señor
quiere que agora concuerde
esa hiedra a su dolor,
es porque todo lo verde
65
es de esperanza el color.
Quintilla
Porque en su opinión me afirme,
contigo es bien lo confirme;
si es siempre verde la hiedra,
bien claro dice esta piedra
70
que tiene esperanza firme.

PRINCESA.
Quintilla
Has hecho buen argumento.
A tu ingenio lo agradece.

EBANDRO.
Yo todo a tu entendimiento,
pues quien a tu luz se ofrece
75
no puede errar pensamiento.

PRINCESA.
Quintilla
Por Júpiter, que es razón
que estorbe tu discreción
al infante algún desdén
a que me obligó mi bien
80
y su prolija pasión.
Quintilla
Y pues eres tan discreto,
con esto, Ebandro, concluyo,
este favor te prometo:
que por ti, y en nombre suyo,
85
tu piedra y sortija aceto.

EBANDRO.
Quintilla
Beso tus reales pies;
que como tus pies me des,
haré cuenta que mi boca
la parte del suelo toca
90
que yo tomara después.

PRINCESA.
Quintilla
Alzate, Ebandro.

EBANDRO.
Sospecho
que ha de ser parte mi fe
para que ablandes el pecho
y al infante se le dé
95
la prenda de su derecho.
Quintilla
Entre el estruendo y ruido
de príncipes que han venido
a fama de tu hermosura,
viene a probar su ventura
100
más penado y más perdido.
Quintilla
Y pues en cuanto desees
lleva el infante la joya,
es justo que en él te emplees
y que juntes a su Troya
105
la gran Tebas que posees.
Quintilla
Perdona mi atrevimiento,
que mi leal pensamiento
me obliga, por mi señor,
a procurar su favor.

PRINCESA.
110
Basta, Ebandro; bien lo siento.
Quintilla
Soberbio viene el troyano.

EBANDRO.
Antes humilde se ofrece
a tu valor soberano.
Si alguien del cielo, merece
115
tocar tu divina mano…

PRINCESA.
Quintilla
A aqueste balcón me subo.

EBANDRO.
(En poco mi suerte estuvo.)
¿Dices del infante, en fin?

PRINCESA.
Que su pasión me detuvo.

(Vase la PRINCESA.)

EBANDRO.
Quintilla
120
Si en ti daba la princesa,
por Júpiter, que me pesa.
Bien le paga tanto amor;
pero yo sirvo a señor
para sentarme a su mesa.
Quintilla
125
Este que viene es Jelando,
nuestro rival enemigo,
que también espera, amando,
de su amor dulce castigo
y de esperanzas el cuándo.

(Sale JELANDO y DRUSO, su criado.)

JELANDO.
Redondilla
130
Vuélveme, Druso, a contar
aquel valor soberano
de quien, no solo a su hermano,
que a mil mundos puede honrar.
Redondilla
Como testigo de vista,
135
cuenta la paz de sus tierras
y con qué fuerzas de guerras
las extranjeras conquista.

EBANDRO.
Redondilla
Ahora bien, partirme quiero
a lo que Délbora encarga.

(Vase EBANDRO.)

DRUSO.
140
Por más que en esto sea larga,
quedará mi lengua corta
Redondilla
para el valor que derrama,
que humanos ingenios bastan.
Si los diamantes se gastan
145
de las lenguas de la fama
Redondilla
de tu valor, raro y solo,
tal hizo al tuyo ser parte,
que te da más guerra, en parte,
que Diana al sacro Apolo.
Redondilla
150
Lleno de penas y enojos
volvió el príncipe de Atenas;
tu hermana, las manos llenas
de los grecianos despojos.
Redondilla
Yo la vi de fina malla
155
cubrir sus carnes hermosas,
con razones animosas
animando a la batalla.
Redondilla
Y aunque de oíllo te asombres,
porque menos tiempo esperes,
160
con solas diez mil mujeres
vi huir quince mil hombres.
Redondilla
Al fin, la greciana armada,
que más los destruye, jura,
de su rostro la hermosura,
165
que no el valor de su espada.
Redondilla
Disculpas deben de ser;
mas ellas, en conclusión,
matan con brazo varón,
no con ojos de mujer.
Redondilla
170
Al fin, con esfuerzo tanto,
a pesar de cualquier hombre,
suena de Adberite el nombre
desde el Termo hasta el Janto.

JELANDO.
Redondilla
Si por engañar mi oído,
175
mi Adberite ensalzas más,
al fin a entender me das
que ha la batalla vencido.
Redondilla
Por esta nueva, si es cierta,
vengo a conocer mejor
180
cuán divino es el valor
si en mujer famosa acierta;
Redondilla
que, puestas donde a sus nombres
se les guarde triunfo eterno,
en la templanza y gobierno
185
hace ventaja a los hombres.
Redondilla
Y es verdad que en la presente
ocasión se determina
aquesa reina divina
venir a Troya con gente.

DRUSO.
Redondilla
190
Como ha sabido tu intento,
y de Arquimundo la guerra,
viene a defender su tierra
y a tratar tu casamiento.
Redondilla
Viene a verte, porque creo
195
que, según amor la anima,
en menos ser reina estima
que cumplir este deseo.

JELANDO.
Redondilla
Dime, ¿por ventura es bella?
Porque apenas fui nacido
200
cuando me fue defendido
gozar de mi madre y de ella,
Redondilla
que la amazona no puede
criar el hijo varón.

DRUSO.
Es tanta su perfección,
205
que a tanta naturaleza excede.
Redondilla
El cuerpo tiene gentil,
entre robusto y brioso;
el brazo, blanco y nervioso,
que cubre un velo sutil;
Redondilla
210
su rostro a la nieve iguala;
mirando a sus ojos, ciego,
que, airados, despiden fuego,
y, mansos, blando regala,
Redondilla
con unas vivas centellas
215
roban las prendas mejores,
y, tiranos o señores,
al fin se quedan con ellas.
Redondilla
Una madeja vistosa
de cabello negro, y tal,
220
que como palio real
cubre la frente espaciosa.
Redondilla
Tiene, señor, aunque poca,
que de exceder me retiro,
parte del color de Tiro;
225
tiene una rosa en la boca.
Redondilla
Esta dicen que, cortando
una vez el niño Amor,
se hirió el dedo, y de dolor
volvió a su madre llorando.
Redondilla
230
El cuerpo es medio y fiel;
el rostro y pecho, engastado,
un pecho tiene cortado
justamente, aunque cruel;
Redondilla
que viendo tantos despojos
235
como pudiera rendir,
se atreviera competir
con sus bellísimos ojos.
Redondilla
Y contando el uno de ellos,
está cierto el ciego dios
240
que, siendo los ojos dos,
no se tomará con ellos,
Redondilla
que como en ellos ha hecho
amor nido soberano
para estancia del verano,
245
dice que le falta un pecho.

JELANDO.
Redondilla
Con justa razón se abona,
por la razón que has mostrado,
traer el pecho cortado,
como es costumbre amazona.
Redondilla
250
Vuélvete, Druso, que siento
ruido en aquel balcón,
que no en balde el corazón
alborota al pensamiento.
Redondilla
Después me dirás despacio
255
lo que resta.

DRUSO.
¿Dónde haré
que tu guarda y gente esté?

JELANDO.
A la puerta de palacio.

DRUSO.
Redondilla
(Apretole amor la cuerda;
que, en abriendo la ventana,
260
ni se acordó de su hermana,
ni aun de sí mismo se acuerda.)

(Vase DRUSO.)

JELANDO.
Redondilla
Acabe el sol de mostrarse
de luz en el alma mía;
mire que le aguarda el día
265
que con él quiere adornarse.
Redondilla
La noche de mi dolor
me tiene hasta agora en calma.
¡Ay, Dios! Amanezca al alma
el alma de su favor.
Redondilla
270
Y si de mi sol que espero
no merezco la luz bella,
al menos salga estrella
que suele salir primero.
Redondilla
Sol, alba, estrella, salí,
275
dadme luz y dalda el suelo,
que tengo celos del cielo
que os goza agora sin mí.

PRINCESA.
Redondilla
Que tenéis, soléis decir,
siempre nublado el placer,
280
y ya sabéis conocer
qué sol pretende salir
Redondilla
con niebla de tal dolor.
¿Conocistes los cabellos?

JELANDO.
Antes, por los cercos bellos
285
de su primer resplandor,
Redondilla
por uno y otro arrebol,
cuando la ventana oí,
claramente conocí
alba, estrella, lumbre y sol,
Redondilla
290
que estando vos detrás de ella,
no fue parte la ventana
que aquesa luz soberana
deje de pasar por ella,
Redondilla
que la ventana pasó
295
y, con dejalla abrasada,
la lumbre en ella templada,
el pecho y alma pasó.
Redondilla
Suplícoos, Délbora mía,
que aquese velo quitéis,
300
que no es justo que estorbéis
tal sol a tan bello día.
Redondilla
Porque es desacato indino
que aquesa mano la ponga,
que, como nube, se oponga
305
a vuestro rayo divino.

PRINCESA.
Redondilla
En nuevo engaño caístes,
quitármele no podré
por no desmentir la fe
que ya de mi sol tuvistes.
Redondilla
310
Vuestra razón me provoca;
si tenéis por cosa llana
que el sol pasó la ventana,
bien puede pasar la toca.
Redondilla
Y si vuestra fe permite
315
el sol en que os abrasáis
por la toca le veáis,
¿por qué queréis que la quite?

JELANDO.
Redondilla
Pues no entendáis de esa suerte,
pues el rayo, es cosa clara,
320
que lo flaco desampara
y abrasa y quema lo fuerte.
Redondilla
Y sin aqueste os condene
vuestra bastante razón:
bien veis que en el algodón
325
siempre el fuego se entretiene.
Redondilla
Serénense mis enojos;
básteme, para tormento,
un injusto atrevimiento
de poner al sol mis ojos.

PRINCESA.
Redondilla
330
Antes es muy importante,
para ver su lumbre clara,
como decís, cara a cara
poner un velo delante.
Redondilla
Y pues mirarle queréis,
335
sea la toca este velo;
mirareisle sin recelo
que deslumbrado quedéis.

JELANDO.
Redondilla
El águila que el valor
de sus hijos quiere ver,
340
al sol los saca a poner
a mirar su resplandor;
Redondilla
desengaña su sospecha,
conoce su pensamiento,
y al que no le mira atento
345
de su nido le desecha.
Redondilla
Delante de vos estoy;
déjame ese sol mirar,
que si no vengo a cegar,
conoceréis lo que soy.
Redondilla
350
Veréis, mi bien, si soy digno;
ya yo a declararme vengo
del parentesco que tengo
con vuestro valor divino.

PRINCESA.
Redondilla
Basta. Estad cierto, Jelando,
355
que soy… ¡Ay, Dios! Gente suena.

JELANDO.
Quedose mi alma en pena
de aquel cabello colgando.
Redondilla
Helo aquí todo eclipsado,
ni sol ni velo parece;
360
mas ya de nuevo se ofrece,
debía de ser nublado.
Redondilla
Bien haya el nublado, amén,
que tan pronto se resuelve,
pues tan hermoso me vuelve
365
el vivo sol de mi bien.

PRINCESA.
Redondilla
Otra vez siento ruido.
Retiráos mientras pasa,
que si el amor os abrasa…

JELANDO.
¿Por qué habéis enmudecido?
Redondilla
370
Tanta razón comenzada,
¿qué quiere significar?
Aquí me quiero arrimar,
que mi ventura es llegada.

(Sale el príncipe ARDENIO y EBANDRO, su criado.)

ARDENIO.
Redondilla
Al fin subiose al balcón.

EBANDRO.
375
Y que del jardín me vaya.

ARDENIO.
Para estar en atalaya
de uno y otro corazón.
Redondilla
¡Ay!, pluguiese al santo Apolo
que viese el que yo le vi.
380
Una mano me veo allí.
Vuélvete y déjame solo.
Redondilla
¿Si es el brazo?... ¡Ay, fiero amor!
Vuelve, Ebandro, que estoy loco,
que no es el brazo tampoco,
385
que es piedra del corredor.

EBANDRO.
Redondilla
Su mano parece, en parte.

ARDENIO.
Y tanto, que ya recelo
que la ha transformado el cielo
en piedra, como a Anajarte.
Redondilla
390
Y fuera de su firmeza,
parece a su compostura,
o por la mucha blancura,
o por la mucha dureza.

EBANDRO.
Redondilla
Bien le guardas el decoro.

ARDENIO.
395
Vete, que si es piedra aquella,
lo mismo es hablar con ella
que con el mármol que adoro.

EBANDRO.
Redondilla
Yo me voy, Amor tirano,
quien te sirve poco medra.

(Vase.)

ARDENIO.
400
Piedra o mano, mano o piedra,
decid si sois piedra o mano;
Redondilla
aquí no hay nadie que os vea,
satisfaced mis preguntas;
si sois piedra y mano juntas,
405
tiradme porque lo crea.
Redondilla
Matadme, dejadme sano,
tirad de los dos cualquiera,
que todo es de una manera,
todo es piedra y todo es mano.
Redondilla
410
Detrás del cristal del marco
se ríe Délbora, cierto;
ya puedo en el mar abierto
llevar seguro mi barco.
Redondilla
¿Dónde vais? ¿No habláis? ¿Sois muda?
415
¿Queréis muriendo dejarme?

PRINCESA.
Por ser piedra habré de estarme,
que la piedra no se muda.

ARDENIO.
Redondilla
Pues oístes mi razón,
no le troquéis el sentido,
420
que si de piedra habéis sido
lo sabe mi corazón.

PRINCESA.
Redondilla
Y el mío sabe también
que aguardo a que te resuelvas.

JELANDO.
(¡Oh! piedra, Ardenio, te vuelvas,
425
que así me estorbas mi bien.)

ARDENIO.
Redondilla
Suspenso estoy en miraros.

PRINCESA.
Y a mí me tiene suspensa
ver que por ajena ofensa
deja el alma de gozaros.

ARDENIO.
Redondilla
430
¿Por ajena ofensa a mí?
¿Quién de mi bien me retira?

JELANDO.
(Conmigo habla y me mira,
ella lo dice por mí.)

PRINCESA.
Redondilla
Cuando en el mayor contento,
435
cuando quise declararme,
mi gloria vino a llevarme,
como mi esperanza el viento.

JELANDO.
Redondilla
(¡Quién pudiera responder!)

ARDENIO.
¿Cuál es aquel, mi señora,
440
que en el alma que os adora
tanto mal pretende hacer?

PRINCESA.
Redondilla
Es de manera mi amor,
que las prendas que yo sigo
delante de mi enemigo
445
parecen mucho mejor.

JELANDO.
Redondilla
(Quítate, fiero, de ahí
y no me atormentes más.)

PRINCESA.
Cuanto más lejos estás,
estás más cerca de mí.

ARDENIO.
Redondilla
450
¿Es posible tal vitoria?
¡Oh, bien de mi alma eterno!

JELANDO.
(Salir quiero de este infierno;
estorbar quiero su gloria;
Redondilla
hacer quiero que paseo
455
porque se quite de allí.)
¿Si le hallaré por aquí?

PRINCESA.
¡Ay, triste! A Jelando veo.

ARDENIO.
Redondilla
Conviéneme retirar,
no me vea hablar con vos.
460
Allí me retiro. Adiós.

JELANDO.
(Y yo me empiezo a llegar.)

ARDENIO.
Redondilla
(Al balcón se va llegando.
¡Oh, pesia tal con el necio!)

JELANDO.
(Crece de mi alma el precio
465
cuanto más me va costando.)

ARDENIO.
Redondilla
(Este, como sombra vana,
parece que anda tras mí.)

JELANDO.
(Pues nadie parece aquí,
quiero hablar con la ventana.)
Redondilla
470
No serán vanas porfías
que aqueste mármol corone,
que es donde sus manos pone
quien tiene atadas las mías.
Redondilla
Mi mármol, yo os agradezco
475
todo el bien que me habéis hecho,
y de nuevo, con mi pecho,
el alma y vida os ofrezco.
Redondilla
¿Estáis ahí, mi señora?

ARDENIO.
(A pecho que amor contrasta,
480
¿qué sufrimiento le basta?
Este no se irá en un hora.
Redondilla
Como que agora he llegado,
quiero pasear el puesto.)
¡Hola, Ebandro! ¡Hola, Sergesto!
485
¡Guardas, llamame un criado!
Redondilla
(Haré que en verme se asombre.)

JELANDO.
(Este necio acá se allega.)

ARDENIO.
(¡Qué dulce pasión me niega!)

JELANDO.
(¡Válgate el diablo por hombre!
Redondilla
490
¡Por Dios, que he de estarme aquí!)

ARDENIO.
(Si se porfía a quedar,
por Dios, que me he de llegar.)

JELANDO.
(Él hace burla de mí.)
Redondilla
¿Es ley de tu Troya, Ardenio,
495
o de tu caballería,
término de cortesía
o aviso de buen ingenio,
Redondilla
llegarte a conversación
donde asiste quien bien ama,
500
a los ojos de una dama
de tan alta estimación?
Redondilla
¿Dónde te lleva el furor?

ARDENIO.
¿Y es de tu Grecia la ley
que ya te juzgas rey
505
de quien eres amador?
Redondilla
¿Sabes tú quién es mi padre,
o quién yo soy por mi lanza?
¿Enseñote esa crianza
la amazona de tu madre?
Redondilla
510
¿Conócesme, mal nacido?

JELANDO.
Tú mientes, bastardo infante.

ARDENIO.
Recibe, infame, ese guante.

JELANDO.
Quedas, al fin, desmentido.

ARDENIO.
Redondilla
Mas tú quedas agraviado.

JELANDO.
515
Pues en este brazo fía,
que dentro el tercero día
te aguardo en el campo armado.

ARDENIO.
Redondilla
No pensé que eras tan bueno;
el término te regracio.

JELANDO.
520
Yo no alboroto el palacio
de vana arrogancia lleno.
Redondilla
Quédate en tu misma parte
y guarda bien el lugar,
que yo te sabré buscar
525
cuando me convenga hallarte.

(Vase JELANDO.)

ARDENIO.
Redondilla
Sabré conservarme en él,
y llegue el propuesto día;
que tú ni el mundo podría
apartarme un punto de él.
Redondilla
530
De Troya te desengaña,
cuando en el campo me aguardes,
que no envía hijos cobardes
a vivir en tierra extraña.
Redondilla
No hayas miedo que me acuerde
535
de que otra espada me ciña
para que con ella tiña
de tu sangre el campo verde;
Redondilla
que así, desarmado, Ardenio
valor en el pecho tiene.
540
El Rey es este que viene
y el embajador armenio.

REY.
Endecasílabos sueltos (tirada)
Del rey no fuerces el intento vano,
que culpó, embajador, tu buen ingenio.

ARDENIO.
Beso tus reales pies, rey soberano.

REY.
545
Vengas con tanta paz, troyano Ardenio.
Así tienen los dioses de tu parte,
como te dije ayer, troyano Ardenio,
que mi hija ha de hacer forzadas bodas,
o jura destruir mis tierras todas.
550
De mi parte le lleva tales nuevas,
y de ellas las albricias no le pidas,
que primero que lanza ponga en Tebas
habrá perdido innumerables vidas;
yo tengo para mí que si las llevas
555
que no te pueden ser agradecidas.
Sola una hija tengo, y esa es justo
que yo la case de mi propio gusto.
Y así viniera humilde, y en mi corte
con otros mil infantes la sirviera,
560
diérase en ello el limitado corte
que a la paz de mi reino compitiera.

EMBAJADOR.
Tu majestad me escuche y se reporte,
porque si el fin de mi razón espera,
verá que no es mi príncipe tan fiero,
565
que rompa un punto de la ley el fuero.
Es de Armenia estatuto y ley que fuerza
a su señor, so pena de ultraje;
que cuando un punto sus derechos tuerza
le hará quien hoy le rinda vasallaje.
570
Que si quiere mujer la sangre fuerza,
por no degenerar de su linaje,
que de otros reinos interoballos,
o en fiera guerra con valor ganallos.
Pues viendo que por paz no puede habella,
575
tebano rey, por fuerza te la pide,
y porque dicen que en extremo es bella
a cosa nunca vista, se comide
que a tu corte camina, y puesto en ella
ese escuadrón de príncipes que impide
580
que con ella se case, uno por uno
los desafía, sin quedar ninguno.
El que estorbar quisiere el casamiento
ármese fuerte y en el campo salga,
y gane en el heroico vencimiento
585
la joya celestial el que más valga.
Y aquesto no parezca atrevimiento
ni ofensa justa de la sangre hidalga,
que, cuerpo a cuerpo, no se elige agravio.

REY.
Como fuerte habló, tú como sabio.
590
Desde hoy, te juro, por Apolo santo,
que esa palabra expresamente aceto
y la mía te obligo en otro tanto.
Por treguas de la paz que te prometo
la mano al cielo como rey levanto,
595
de casalle con ella si, en efeto,
la gana de la suerte que se infiere.

EMBAJADOR.
Menos que con las armas no la quiere.

(Sale JELANDO.)

JELANDO.
Octava real
Aunque parezca, rey, que lo que quiero
juzgado en tu presencia es desvarío,
600
pues de la ley no rompe el justo fuero,
y tan al alma toca al amor mío,
sabrás que con un noble caballero
tengo aplazado reto y desafío,
para el cual, protestando tu obediencia,
605
pido con tu favor dina licencia.
Octava real
Mostrando, pues, la causa competente,
que es honor, y de príncipe agraviado,
que si aqueste remedio no consiente
haré tomar las armas a mi Estado.
610
Y porque a los nacidos igualmente
en casos del honor el campo es dado,
para dentro de tres días, que le aplaza,
espero, firme, desafío y plaza.

REY.
Octava real
Hame llegado al alma que en mi tierra
615
tan desastrado caso te suceda,
que no sé yo qué pecho y brazo encierra
que enemistarse con el tuyo pueda.
Mas antes que yo acete injusta guerra,
y a que por justa ley te la conceda,
620
declárame con quién te desafías
y qué agravio pidió tan pocos días.

JELANDO.
Octava real
Eso perdonarás, a mí me importa,
que no lo sepas; solo, rey, te pido,
pues la razón, como la ley, te exhorta,
625
dejes desagraviar mi honor perdido.
Y si me quieres bien, el plazo acorta,
serate de los dos agradecidos.

REY.
Pides tu honor por término encubierto.
Yo te concedo el plazo y campo abierto.
Octava real
630
Y por lo que me ha dado pesadumbre,
tratad secreto el caso, y no se diga:
guardad en guerra y armas la costumbre.
¡Mal haya ley que a tanto mal obliga!
Vamos, embajador.

EMBAJADOR.
En alta cumbre
635
me va subiendo la fortuna amiga.

CRIADO.
Disimula, señor; abre el sentido;
no entiendan que eres rey, que vas perdido.

ARDENIO.
Redondilla
¿Sabes lo que has intentado?

JELANDO.
Ardenio, si no lo sé,
640
de lo hecho lo sabré
para quedar enseñado.

ARDENIO.
Redondilla
¿Qué? ¿Ya cuentas la vitoria
de tu parte?

JELANDO.
Sabe el cielo
que ser tan humilde el celo
645
merece su honor y gloria.

ARDENIO.
Redondilla
¡Gallardo y fiero te armas!

JELANDO.
Deseo verme vengado.

ARDENIO.
¿Sabes que al desafiado
se le da a escoger las armas?

JELANDO.
Redondilla
650
Bien lo sé.

ARDENIO.
Pues oye atento
las que quiero.

JELANDO.
Sea cualquiera.
Todas son de una manera
para mi buen pensamiento.

ARDENIO.
Redondilla
En la marcial estacada
655
a pie, Jelando, entrarás.
Las armas que llevarás
será tu daga y espada.
Redondilla
Y porque de ti sospecho
que te cansa el temple fino
660
del acero, determino
llevar descubierto el pecho.
Redondilla
Creo que me has entendido.

JELANDO.
El mismo valor te muestro,
que en ellas tienes de diestro
665
como tengo de ofendido.
Redondilla
Señalo al rey por juez.
Queda en paz, y anima el brazo
hasta que, cumplido el plazo,
te vuelva a ver otra vez.

(Vas[e] JELANDO.)

ARDENIO.
Redondilla
670
¡Oh, cuánto obligas, amor,
cuando en un alma confías!
Como que en tus niñerías
se ha de fundar el honor.
Redondilla
¡Ay, Délbora, esquiva y varia,
675
que me mastate y heriste!
Con el favor que me diste
no temo suerte contraria.
Redondilla
Hoy te me muestras rendida,
y ayer enemiga fuerte;
680
deseásteme ayer la muerte,
hoy me alargaste la vida.
Redondilla
Mas, triste, ¿por qué creí
el bien en que ya me pones?
Que aquellas blandas razones
685
no se hicieron para mí.

(Sale EBANDRO.)

EBANDRO.
Quintilla
Príncipe, el paso apresura;
verás todo el bien que encierra
la celestial compostura
y la mayor hermosura
690
que pone planta en la tierra.
Quintilla
Hase apeado a la puerta
de Palacio, aunque encubierta,
una mujer que llegó,
que, al entrar, me pareció
695
que vi la del cielo abierta.
Quintilla
Trae su fuerte persona,
entre uno y otro plumaje,
una vistosa corona.
Murmúrase que en el traje
700
debe de ser amazona.
Quintilla
Por el Palacio entra agora
mostrando el bien que atesora.
Ayuda al gentil donaire
un cabello suelto al aire
705
que al aire mismo enamora.
Quintilla
No hay ojos que verla puedan;
y con ver que a sus despojos
dan la vida y muerte heredan,
la van siguiendo mil ojos,
710
que entre el cabello se quedan.
Quintilla
Y aunque su cuerpo gentil
se queda entre red sutil,
apenas mueve la planta,
cuando, adonde la levanta,
715
se van poniendo otras mil.
Quintilla
Vamos ¿en qué te detengo?

ARDENIO.
La impresa me fuera ufana;
pero, Ebandro, voy y tengo
en que esta reina es hermana
720
del enemigo que tengo.
Quintilla
¿Qué? ¿Tanta belleza tiene?

EBANDRO.
Tal, que al alma le conviene
que la pretenda mirar
creer que se ha de abrasar.

ARDENIO.
725
Ruido siento.

EBANDRO.
Ella viene.

(Sale ADBERITE, reina de las amazonas y PIRENE, dama suya.)

ADBERITE.
Quintilla
¡Cómo que mi suerte ordena
que al cabo de mi porfía
en el más alegre día
borre, ¡oh, Pirene!, esta pena
730
la gloria del alma mía!
Quintilla
El cielo en sus luces bellas
no tiene tantas estrellas,
cuando más sereno está,
como trabajos me da
735
y como le envío querellas.
Quintilla
Cuando el mar y viento insano
ofrecen al alma mía
que pueda gozar mi hermano,
me dicen se desafía
740
con un príncipe troyano.

ARDENIO.
Quintilla
(¡Qué brava señora airada!)

ADBERITE.
¡Y que con voz levantada
diga que a morir le entrega!

ARDENIO.
(¡Qué bien con el brazo juega!
745
¡Cuál debe de ser la espada!)

ADBERITE.
Quintilla
Y sin ver si acierta o yerra
lo diga a voces el vulgo
y cuanto palacio encierra.
¡Si por quien soy me divulgo
750
haré que tiemble la tierra!
Quintilla
¿Sabe el tebano Arquimundo
que puedo abrasar el mundo
y que aqueste brazo fiero,
no solo aguarda el primero,
755
mas no conoce segundo?

PIRENE.
Quintilla
Pon, reina, a tu furia tasa
y déjale al tiempo hacer;
y aunque la sangre te abrasa,
no te des a conocer
760
hasta saber lo que pasa.
Quintilla
Si gozar tu hermano quieres,
pon secreto en lo que hicieres,
que el entrar en el palacio
no ha sido con tanto espacio
765
que se conozca quién eres.
Quintilla
Busca un secreto lugar
donde lo que pasa veas.

EBANDRO.
(Tu casa le puedes dar,
y pues hablarla deseas,
770
agora puedes llegar.)

PIRENE.
Quintilla
Allí he visto un caballero.

ADBERITE.
Ser encubierta no espero.
Gallarda presencia tiene.

ARDENIO.
(Yo llego.)

ADBERITE.
A nosotras viene,
775
Pirene, escucharle quiero.

ARDENIO.
Quintilla
Si para tu real servicio
mi vida y lo yo soy
fuera justo sacrificio,
divina reina, aquí estoy;
780
solo servirte codicio.
Quintilla
Bien sé yo que a tu decoro
se deben palacios de oro,
mas, para estar de secreto,
mi voluntad te prometo,
785
que es todo el bien que atesoro.
Quintilla
Si mi casa mereciere
gozarte en su humilde techo,
solo que la honres quiere,
pues cabrá siempre en mi pecho
790
lo que en ella no cupiere.
Quintilla
Entre ella y mi voluntad
estará tu majestad,
que si una y otra es secreta,
es mejor y más perfeta,
795
que tiene rey ni ciudad.

ADBERITE.
Quintilla
Cuando ya no me agradara
ese valor y ardimiento
que vuestro rostro declara,
el discreto acogimiento,
800
caballero, me obligara.
Quintilla
Parece que el alto cielo,
para mi bien y consuelo,
vuestra presencia me ofrece,
que tanto bien no merece
805
ser de las prendas del suelo.
Quintilla
Y pues sabéis el dolor
que por mi hermano padezco,
cumplid con vuestro valor,
que a vuestro pecho me ofrezco
810
como del mundo el mejor.
Quintilla
Casa y voluntad aceto
con la fe que es secreto
guardaréis, porque yo espero
hacer que este caballero
815
rompa el aplazado reto.

ARDENIO.
Quintilla
De la fe que quiero darte
digo, señora, en resguardo
del alma la mejor parte.

EBANDRO.
(¡Qué presto el alma reparte!)

ADBERITE.
820
¿Cómo te llamas?

ARDENIO.
Belardo.
Quintilla
Mi tierra, señora, es esta,
cuyo rey me hace fiesta;
el pueblo me tiene en algo,
por un soldado hidalgo
825
que alguna sangre le cuesta.

ADBERITE.
Quintilla
Todo se muestra en el brío
de aquese pecho lozano.
Pero, dime, güésped mío,
¿es fuerte aqueste troyano?
830
¿Es desigual desafío?
Quintilla
¿Qué fama se tiene de él?
¿Tiene el aspecto cruel?
¿Qué dice de él esta tierra?
¿Es muy plático en la guerra
835
o es caballero novel?

ARDENIO.
Quintilla
En lo que es el talle y gesto,
aunque tu disgusto temo,
por satisfacerte en esto,
yo le parezco en extremo.

ADBERITE.
840
No es robusto, aunque dispuesto.

ARDENIO.
Quintilla
En lo demás, no se trate;
no hagas miedo que le mate
cuando en el campo le aguarde,
que es el hombre más cobarde
845
que se ha calzado acicate.

ADBERITE.
Quintilla
Eso no infama al valor
de mi hermano, bien se entiende;
nace de un justo temor
que por las nuevas se extiende
850
con el demasiado ardor.
Quintilla
La causa ¿sábesla bien?

ARDENIO.
Sospecho que sí, y tan bien
como tu hermano.

ADBERITE.
¿Y cuál es?

ARDENIO.
Un amoroso interés
855
por un celoso desdén.

ADBERITE.
Quintilla
¿Y a cuál se rinde la dama?

ARDENIO.
A mí me muestra querer.

EBANDRO.
(¡Helo aquí echado a perder!)

ARDENIO.
¿Querer? Luego ¿a ti te ama?

ARDENIO.
860
Querer dármelo a entender;
Quintilla
que tan de su pecho he sido,
que tal vez ha pretendido
descubrirme su pasión…

EBANDRO.
(¡Qué bien trocó la razón!)

ARDENIO.
865
Pero nunca se ha atrevido.

ADBERITE.
Quintilla
¿Y es hermosa?

ARDENIO.
Fuera agravio
cuando, en tu presencia, de ella
moviera en esto mi labio,
ni fuera de pecho sabio
870
poner al sol con la estrella.

EBANDRO.
Quintilla
(Como oráculo responde.
Todo lo deja suspenso.)

ADBERITE.
Sin ver a mi hermana pienso,
que con su amor corresponde
875
por el que le tengo inmenso.
Quintilla
Y más que vuela la fama,
que por Grecia se derrama,
que puede agradarse de él
la que es agora laurel
880
y en otro tiempo fue dama.
Quintilla
Esto dicen de su talle.
No sé cómo he de poder
pasar sin velle ni hablalle.
Mas, ¡ay, Dios!, que en no le ver
885
consistirá el remedialle.
Quintilla
Y estoy desde que te vi
tan satisfecha de ti,
que por él quiero tenerte.

ARDENIO.
Por esclavo hasta la muerte,
890
pues tanto bien merecí.

ADBERITE.
Quintilla
Belardo, alarga esa mano;
toma aquesta por testigo
que por amigo te gano,
porque yo y tan buen amigo
895
hemos de librar mi hermano.
Quintilla
Jura de darme tu ayuda.

ARDENIO.
Hasta la muerte, sin duda.

EBANDRO.
(Para matarle o morir.)

ADBERITE.
Luego bien podré decir
900
que el mismo Marte me ayuda.

ARDENIO.
Quintilla
Pues en tus cosas me empleas,
todo lo que pides firmo.
Cumpla Dios lo que deseas.

ADBERITE.
Por mi hermano te confirmo,
905
para que mío lo seas.
Quintilla
Belardo, a tu casa vamos,
que entre los dos esperamos
de mi Jelando la vida.

ARDENIO.
Para no ser conocida,
910
por esta puerta salgamos.

ADBERITE.
Quintilla
Bien dices; vamos a pie,
y tú mira ese criado
donde el caballo dejé.

PIRENE.
De todo tendré cuidado;
915
a casa le llevaré.

(Vanse ADBERITE y ARDENIO.)

EBANDRO.
Redondilla
Dígame, señora hermosa;
¿hállase bien sin la guerra?
¿Hala probado esta tierra?
¿Es esta ciudad vistosa?
Redondilla
920
¿Estará agora encogida
que deja su natural?
Pues sepa que hay otro mal
del güésped que las convida.

PIRENE.
Redondilla
¡Ay, dígame lo que pasa!

EBANDRO.
925
Que esta noche, sin mentir,
juntos hemos de dormir,
porque es estrecha la casa.

PIRENE.
Redondilla
Bien cupieran treinta damas,
si con la reina vinieran.

EBANDRO.
930
En la calle se estuvieran,
porque no hay más de dos camas.
Redondilla
La primera se autorice
con su ama y mi señor;
la otra, que es la peor,
935
la guitarra se lo dice.

PIRENE.
Redondilla
¡A buen puerto hemos llegado!
¿Ese señor hizo cuenta
que a tan gran reina aposenta?

EBANDRO.
Es necio, después de honrado.

PIRENE.
Redondilla
940
¿Quién, tan fiero arrojadizo,
le ha obligado a la ocasión?

EBANDRO.
Ser de buena condición;
que por aqueso lo hizo.

PIRENE.
Redondilla
No te tengo por fiel.
945
Vamos por este caballo.

EBANDRO.
Si no hay donde llevallo,
¿para qué hemos de ir por él?

PIRENE.
Redondilla
¿Con sus palabras discretas,
tratando de gentileza,
950
nos lleva a tanta pobreza?

EBANDRO.
Para que estén más secretas.
Redondilla
Vivirá mejor en ella,
pues que tan secreta viene;
que la pobreza eso tiene,
955
que nadie se acuerda de ella.
Redondilla
Y vos recibí contento,
que, tan secreta estaréis,
que en un mes no comeréis,
encerrada en mi aposento,
Redondilla
960
que, hermana, no está en su tierra.

PIRENE.
¡Solo falta que me riñas!

EBANDRO.
Diz que cortan a las niñas
los pechos para la guerra.

PIRENE.
Redondilla
El uno es negocio llano,
965
pero a las más principales.

EBANDRO.
Y ella, ¿tiénelos cabales?
¿Podré llegar con la mano?

PIRENE.
Redondilla
¡Ta, ta, ta, que hay más que hacer!

EBANDRO.
Déjeme al uno llegar,
970
quedareme en su lugar,
que bien me habrá menester.
Redondilla
Déjeme en los bellos senos,
que, como quedarme mande,
le haré otro bulto tan grande
975
para que no le eche menos.

PIRENE.
Redondilla
Llegue el villano a tocallos.
¡Por la punta de este estoque,
que primero que los toque
podré de sangre esmaltallos!

EBANDRO.
Redondilla
980
Las burlas basten, no más;
tu gentil ánimo alabo.
Para siempre soy tu esclavo,
y aun para siempre jamás.
Redondilla
Guárdala para tu guerra;
985
vamos a casa, mi amor;
que es del príncipe mejor
que tiene toda esta tierra,
Redondilla
donde será regalada,
y tú de mí tan querida,
990
y de mi alma servida,
cuanto serás estimada.

PIRENE.
Redondilla
¡Qué gran contento me has dado!
¡El alma al cuerpo me vuelves!

EBANDRO.
Y tú con tu miel envuelves
995
el acíbar que me has dado.
Redondilla
Mira: quien presto se arroja,
presto al contrario le pasa.
Vamos, y darete en casa
dos liciones de la hoja.

PIRENE.
Redondilla
1000
Ven, que aqueso quiero yo;
pero primero se advierta
que pasemos por la puerta
donde el caballo quedó,
Redondilla
porque mi ama le estima
1005
lo que decir no sabré.

EBANDRO.
Vamos, y darete el pie
para que subas encima.


Jornada II

(Salen ADBERITE y PIRENE.)

ADBERITE.
Lira
¡Dulce pasión de amor, dulce asistente,
que me mata el alma,
1010
pues de mi libertad llevas la palma,
templa el dolor que de tu pecho siente,
o acaba de matarme,
que bien podrás después resucitarme.
Lira
¡Oh duro, irreparable desvarío!
1015
Pirene, yo me abraso;
apenas puedo ya mover el paso
sin la esperanza de este güésped mío.
¡Ah, güésped lisonjero,
que en tres días de amor por ti me muero!
Lira
1020
¡Buen hospedaje has hecho,
y bien te lo he servido!
Que entrambos nos habemos recibido:
tú a mí en tu casa, y yo a ti en mi pecho.
Troquemos el cuidado,
1025
que por el tuyo te daré mi estado.
Lira
Si en esperanza el corazón desmaya,
güésped, toma tu casa;
dame mi pecho,
que en amor se abrasa,
1030
que no me pedirá cuando me vaya
que el bien te satisfaga,
pues que te dejo el alma por la paga.

PIRENE.
Lira
¡Bien cuadran esas fáciles razones,
de flaca y tierna dama,
1035
en pecho que aguardó tal gloria y fama
entre propias y bárbaras naciones,
que estaba en campo abierto
teñido en sangre de enemigo muerto!
Lira
¡Quien no ha temido arrojadizos fuegos,
1040
una centella siente;
un niño rompe un pecho tan valiente
que no pudiera un escuadrón de griegos!
¡Ay, cómo veo en verte
que eres mujer,
1045
al fin, cuando más fuerte!
Lira
Agora no querrás buscar tu hermano.
Ya dices que le tienes;
muy bien. ¿Su casamiento a trazar vienes,
o a detener el brazo del troyano?
1050
Pues por tratar el suyo,
creo que tratas con engaño el tuyo.

ADBERITE.
Lira
Tienes mucha razón, Pirene mía,
que a mi hermano le importa.
Bien sabes lo que aquesta espada corta,
1055
que si de la batalla llega el día,
en armando estos brazos,
sacalle tengo del palenque a brazos.
Lira
Y con mi güésped tengo concertado
que antes que en la estacada
1060
entre mi hermano, en mi caballo, armada,
y antes de entrar el enemigo airado,
acuda yo primero
y espere al enemigo caballero.
Lira
El pensará, sin duda, que es mi hermano,
1065
y como yo le mate,
en alabanza el bélico combate,
echareme a los pies del rey tebano
para que el pueblo grite
con tal hazaña el nombre de Adberite.
Lira
1070
Y en premio de esto pediré conceda
mi hermano, pues es justo
librándole de muerte me dé gusto,
que con este mi güésped casar pueda,
que dicen que es infante
1075
de unas famosas islas de Levante.
Lira
Que si con él me viese yo casada
mi reino dejaría,
y en el suyo contenta viviría,
renunciándole en ti, Pirene amada.
1080
¡Mira qué bien tendremos,
que yo, Belardo, y tú reyes seremos!

PIRENE.
Lira
Cuanto ha que te conozco no me acuerdo
verte con tal intento,
que abominabas siempre el casamiento.
1085
Perdona, reina, si el respeto pierdo.
Que ese mortal cuidado
es locura o veneno que te han dado.

ADBERITE.
Lira
No es sino de amor piadoso celo.

PIRENE.
No es sino pesadumbre
1090
que rompas de tu tierra la costumbre
contra la ley que te promete el cielo.
Busca otro ayuntamiento;
sin que obligarte a firme casamiento:
Lira
haz lo que han hecho siempre tus pasados.

ADBERITE.
1095
¿No ves que se engañaron,
que por guardar su ley varón buscaron,
sin fe de matrimonio, deshonrados?
Más justo es mi deseo
si le gano con Venus e Himineo.

PIRENE.
Lira
1100
Imposible será que de él te apartes.

ADBERITE.
¡Ay, mi güèsped querido!
¡Si mi hermano te hiciese mi marido,
o por mi obligación o por mis partes!
¿No miras lo que pasa,
1105
que me dejó señora de su casa?

(Sale EBANDRO.)

EBANDRO.
Redondilla
Basta, que anda tramontana;
toda la mar se revuelve.

PIRENE.
Ebandro es este, que vuelve
de adonde fue esta mañana.

ADBERITE.
Quintilla
1110
Pues, Ebandro, ¿qué has sabido?

EBANDRO.
Que todo está apercebido,
que se te acerca la pena,
que en todas las calles suena
de las armas el ruido.
Redondilla
1115
Toda la plaza se arde,
todo es correr y cruzar,
todos procuran lugar
para tenelle a la tarde.
Quintilla
Con ser fiesta de mortajas,
1120
ventanas altas y bajas
cubren de brocado y seda.
No hay razón que oír se pueda,
todo lo atruenan las cajas.
Redondilla
Unos salen y otros entran,
1125
todo es salir y cruzar;
por salir y por entrar
se atropellan y se encuentran.
Quintilla
Aqueste al otro pregunta;
aquí un corrillo se junta;
1130
este defiende tu hermano,
y el otro sobre el troyano
con el amigo se apunta.
Redondilla
Uno está rogando a Dios
naide salga victorioso;
1135
otro, que es más piadoso,
que salgan vivos los dos.
Quintilla
Todos cuentan gentilezas,
pronósticos y destrezas.
Hay, al fin, por que no esperes,
1140
infinitos pareceres
con infinitas cabezas.

ADBERITE.
Redondilla
Suerte, ¿en qué te merecí,
que me seas tan molesta,
que sea del pueblo fiesta
1145
lo que es pesar para mí?
Quintilla
¿Qué hay de mi hermano?

EBANDRO.
Que ha estado
con tu venida turbado,
y por saber si es verdad
no ha dejado en la ciudad
1150
rincón que no haya mirado
Redondilla
hasta hoy, que ya se aplaza
su desafío y encuentro...

PIRENE.
Gente suena.

EBANDRO.
Entrate dentro,
que yo me voy a la plaza.

ADBERITE.
Redondilla
1155
Mi huésped ¿adónde es ido?

EBANDRO.
En cas de un amigo está.

ADBERITE.
¿Sabes si al campo saldrá?

EBANDRO.
Así lo tengo entendido.

ADBERITE.
Redondilla
Pues éntrame a armar, Pirene,
1160
y ensillarasme un caballo
que, fuera de ir a buscallo,
ir al campo me conviene.

EBANDRO.
Redondilla
Si vas al fiero destrozo,
échate al rostro un rebozo.

ADBERITE.
1165
Vamos. Ayúdeme Dios,
que la pena de los dos
yo haré que se trueque en gozo.

EBANDRO.
Redondilla
¡Mal conoces al troyano!
¡No sabes bien lo que pasa!
1170
Que a ti te hospeda en su casa
y va a matar a tu hermano.
Redondilla
Y agora permite el cielo
que, engañada de su celo,
ponga en Ardenio su amor.
1175
¡Ved si hay engaño mayor
en los engaños del suelo!
Redondilla
¡Ved el ejemplo que ofrece
amor, de quien Dios me guarde,
que por él Délbora se arde
1180
y a Délbora él aborrece!
Redondilla
¡Qué grande industria ha tenido!
Estas piensan que han venido
de casa, y al campo va,
y el falso armándose está
1185
en una cuadra escondido.
Redondilla
Triste suceso es el vuestro,
que en las armas que escogió
está, desde que nació,
ejercitado y maestro.
Redondilla
1190
Llevándome del furor,
hablando de mi señor,
poco a poco y de mi espacio,
he llegado hasta palacio.
De él sale el embajador.

(Sale el EMBAJADOR, que es el rey armenio y su CRIADO.)

EMBAJADOR.
Terceto
1195
No es justo, amor, que ya los racionales
traten de encarecer fuego excesivo
más que las plantas, aves y animales.
Terceto
Con despedida voz y acento vivo
muestran que en piedras, aves, fieras, plantas,
1200
te muestras poderoso y vengativo.
Terceto
Pasé la mar después de tierras tantas
solo porque me entraste en el oído,
que hay veces que en el alma te adelantas.
Terceto
Y sin que hubiese visto y conocido
1205
el rostro de la causa por quien muero,
peregrino trocándome el vestido.

CRIADO.
Terceto
Calla, por Dios, que he visto un escudero.

EBANDRO.
Visto me han; yo vuelvo las espaldas.

(Vase.)

CRIADO.
Pasó de largo y escuchó primero.

EMBAJADOR.
Terceto
1210
Si del Oriente las doradas faldas;
si tantas piedras, ámbar, plata y oro,
zafiros, amatistas y esmeraldas;
Terceto
si tan varias riquezas atesoro;
si tantos reinos y vasallos tengo,
1215
¿qué bien del mundo tan sediento adoro?
Terceto
Fingido embajador, con solo un paje,
y con lo que me cuesta me entretengo?
Y si busco mujer que me aventaje,
Terceto
soy rey, si hermosa, siendo reina, hallara;
1220
si en buena ¿qué mejor que mi linaje?
Dime, Evaristo, ¿qué señor dejara
Terceto
el bien que yo poseo, y de un cabello,
por un liviano gusto, le colgara?
Mas tarde ya me desvanezco en ello;
Terceto
1225
ya estoy en la prisión de mi enemiga,
el hierro al rostro y la cadena al cuello.

CRIADO.
¿Tan grande es el deseo que te obliga
Terceto
dejar tu gloria y tu amada tierra,
que con tu injusta ausencia te fatiga?
1230
¿Con tanta fuerza te aprisiona y hierra,
Terceto
que no puedes romper los eslabones?

EMBAJADOR.
Tal es del dulce amor la fiera guerra.
Ya descansa los pies en sus prisiones;
Terceto
el alma alegre entre tristeza y pena,
1235
agravios busco, adoro sinrazones.
Dichoso el que de amor en la cadena
Terceto
toma del tiempo lo que el tiempo diere,
que es luna desigual menguante, llena.
Al rey osé pedir, como quien muere,
Terceto
1240
al príncipe Lotaro permitiese,
diciendo que a su corte venir quiere,
que un día en la estacada amaneciese
Terceto
contra cualquiera príncipe o infante
que aqueste casamiento pretendiese.
1245
Y aunque es verdad que fue reto arrogante,
Terceto
en llegándose el tiempo limitado,
cumplir o no vivir más importante,
yo pienso amanecer en campo armado
Terceto
el quinto día de este, con deseo
1250
de que mi vida acabe o mi cuidado.
El rey, los grandes, la princesa veo.

CRIADO.
Terceto
Deben de ir al palenque de la plaza.

EMBAJADOR.
¡Oh, gloria y bien del alma que poseo!
De cuantas vidas tu cabello enlaza,
Terceto
1255
no es mucho lleves la que ya no es mía,
aunque por tanto bien la muerte abraza.
Aqueste sea de mi muerte el día,
Terceto
que por gozar tu gloria te permito
que la conviertas en ceniza fría.
1260
Mas yo, loco de mí, ¿por qué limito
Terceto
aquella voluntad que me sujeta,
y de los cielos el poder le quito?

CRIADO.
Afloja el duro lazo que te aprieta
Terceto
con lazada mortal; descansa un poco;
1265
vea en el alma la pasión secreta.

(Sale DRUSO, criado de JELANDO.)

DRUSO.
Terceto
¿Hase visto en jamás furor de un loco
cual este ha sido, que me desespero,
y atreverme a los dioses me provoco?—
Terceto
Señores, ¿habéis visto un caballero
1270
con un rebozo y una capa larga,
gallardo, pasear en el terrero?

EMBAJADOR.
Terceto
Ese por quien decís el paso alarga
al puesto donde estamos, y aquí viene.

DRUSO.
Que viene a ejercitar lanza y adarga.

CRIADO.
Terceto
1275
Señor, ¿qué aguardas?

EMBAJADOR.
Gentileza tiene.
Mándanos otra cosa en que sirvamos.

DRUSO.
Serviros solamente me conviene.

EMBAJADOR.
Terceto
Vamos a ver la plaza.

CRIADO.
Vamos, vamos.

(Vase LOTARO y su CRIADO, y sale JELANDO)

DRUSO.
El cielo os guíe.—¿Dónde vas, perdido?
1280
¿Es hora que las armas prevengamos?
Terceto
Tienes un pueblo con atento oído
solamente esperando que le toque
del atambor y pífano el sonido,
Terceto
y vienes donde amor tu fuerza apoque.
1285
Algún desdén que arroja una ventana
a que pierdas la vida te provoque.
Terceto
¡Oh, ley de amor en condición liviana!
Y más que entiendo yo que la princesa
a los teatros fue por la mañana.

JELANDO.
Terceto
1290
Ya iguala mi dolor, o me da priesa.
Este dolor que muere por matarme
verás que entre honra y fama se atraviesa.
Terceto
Verás que yo no puedo remediarme;
verás que fue la causa de este reto
1295
y que es honor del mundo fatigarme.
Terceto
Verás la vida que muriendo sigo;
verás que fue la causa de este reto
la misma causa que a buscar me obligo.
Terceto
Bien me aconsejas tú como discreto,
1300
mas no cabe consejo en ostinado,
aunque ostinar tu corazón prometo.
Terceto
Paréceme que es ley de mi cuidado
que si de mi señora el rastro veo,
como es del rey el hombre condenado,
Terceto
1305
no moriré, mas con igual trofeo
quedaré vencedor de este enemigo,
que es todo el bien y triunfo que deseo.
Terceto
Allí me aguarda, pues, mi caro amigo,
que yo sé que mi diosa allí me aguarda,
1310
si no he tardado y a morir me obligo.

DRUSO.
Terceto
Pláceme; pero entiendo que se tarda
tu entrada en el palenque, que es gran nota.
¡Oh, amor, a quien la muerte no acobarda!

JELANDO.
Terceto
Mi vitoria será deshecha y rota
1315
por vuestras manos, si os habéis perdido.
Todo me sobresalta y alborota.
Terceto
Paréceme que siento allí un gran ruido
detrás de la ventana, y que se suena
una voz lamentable en el oído.
Terceto
1320
Esto debe de ser mi propia pena;
entiendo que muy tarde, ¡oh gran descuido!
¡Ay, Dios! Si está de mi venida ajena.
Terceto
No sé qué pienso, qué imagino y cuido.
¿Quién me puede librar de cruda muerte
1325
si de la propia vida me descuido?
Terceto
Gente hay en esta cuadra. ¡Ay, triste suerte!
Si fuera aquella que morir me deja…
mas tierna planta no pisó tan fuerte.
Terceto
Quiero asirme por una y otra reja,
1330
que la ventana es baja, y ver quién anda,
que con voces de lágrimas se queja.

DRUSO.
Terceto
Mirad el ciego mozo en lo que anda;
ved en palacio el grave atrevimiento,
más que si otro más ciego se lo manda.

(Va subiendo como por reja, y asómase a la ventana una sombra a modo de MUERTE, con su calavera, y JELANDO cae desmayado.)

JELANDO.
Terceto
1335
¡Ay de mí! ¡Amargo fin, duro portento!

DRUSO.
¡Válgate el cielo, oh mozo inremediable!
Mal haya, plegue a Dios, tu pensamiento.
Terceto
¡Oh, fortuna envidiosa y variable!
Desmayo es este y qué mortal desmayo,
1340
o fin de mi sospecha miserable.
Terceto
Abrasole del sol el vivo rayo;
las locas alas abajole al suelo.

JELANDO.
¡Oh mi buen compañero y mi buen ayo!

DRUSO.
Terceto
Esfuérzate, señor.

JELANDO.
Antes recelo
1345
que en vano quedo vivo; si lo quedo,
es que mayor dolor me guarda el cielo.

DRUSO.
Terceto
¿Haste hecho mal?

JELANDO.
Ninguno. ¿Cómo puedo
decirte lo que he visto a la ventana,
si no es imagen de mi propio miedo?
Terceto
1350
Sin duda que mi muerte ya es cercana:
se pronostica del portento duro.

DRUSO.
Calla, por Dios, que fue tu sombra vana.

JELANDO.
Terceto
¡Ay! No me digas tal. Por Dios te juro
que vi una calavera de hombre muerto
1355
cubierta en parte de un nublado escuro,
Terceto
y que me pareció, tengo por cierto,
que se fue por el aire desparciendo,
dejándome, cual ves, helado y yerto.
Terceto
Y aun agora de nuevo estoy temiendo
1360
que apenas muevo las heladas plantas
al corazón la sangre recogiendo.

DRUSO.
Terceto
Quimeras son que el temor levantas.
Esfuérzate, que pierdes honra y vida
y el nombre eterno de victorias tantas.
Terceto
1365
No puede ya dejar de ser cumplida
la palabra aplazada al rey tebano,
y de tu sangre real la ley rompida.
Terceto
Buena fuera la fuerza del troyano
si comprara la vida tan barata.

JELANDO.
1370
Antes le daré muerte con mi mano.
Terceto
Que lo que aqueste miedo desbarata
algún encantador de este cobarde,
que salga al campo y que con él combata.

DRUSO.
Terceto
Vamos luego de aquí, vamos, que es tarde;
1375
las armas pocas son, presto son puestas.
Vamos, y el alto Júpiter te guarde,
que tanta pena y lágrimas me cuestas.

(Vanse, y salen ARDENIO y el duque de SERGESTO, su hermano, con trompeta y caja y acompañamiento.)

SERGESTO.
Redondilla
Ya, Ardenio, estás en el puesto
de la muerte o la victoria,
1380
donde para pena o gloria
viene el corazón dispuesto.
Quintilla
Mira, hermano, cómo pruebas
que si en este campo llevas
del desafío la joya,
1385
honrada tu amada Troya,
te haces famoso en Tebas.

ARDENIO.
Redondilla
Todo lo tengo entendido,
mas dime, Sergesto, agora:
¿cómo, llegada la hora,
1390
el príncipe no ha venido?
Quintilla
Parece que rompe el fuero
de la ley de caballero.
¿Cómo en el campo han entrado
si soy el desafiado?
1395
Como he venido el primero,
Redondilla
tengo yo de ir a buscallo
si nuevo término toma.

SERGESTO.
Un hombre robusto asoma
bien armado y a caballo.
Quintilla
1400
Por entre la gente aprieta,
y sin señal de trompeta
por entre la gente viene.

ARDENIO.
En este campo ¿qué tiene
si no es que alguno me reta?

(Sale ADBERITE armada y arrebozada.)

ADBERITE.
Redondilla
1405
¿Ha venido mi contrario?

ARDENIO.
Aquí delante me tienes.

ADBERITE.
¿Cómo de esa suerte vienes?

ARDENIO.
Yo traigo lo necesario.
Quintilla
Mas tú, que vienes así,
1410
sin las armas que te di
y con ese peto armado
en el palenque has entrado,
¿qué es lo que quieres de mí?

ADBERITE.
Redondilla
(¡Qué mal mi engaño dispuse!)
1415
Es que a mí me han engañado,
que estand así desarmado,
con estas armas me puse;
Quintilla
pero yo ¿en qué me detengo?
Ya mi remedio prevengo.—
1420
¡Hola! Volvedme a escuchar.
Yo me voy a desarmar,
esperad, que luego vengo.

(Vase como que se sale a armas, y suenan cajas y trompetas, y salen JELANDO y DRUSO, su criado con acompañamiento.)

SERGESTO.
Redondilla
Hermano Ardenio, por Dios,
que es el valor necesario.
1425
Allí viene otro contrario,
que debéis de tener dos.

ADBERITE.
Quintilla
Perdiendo se va mi traza.
Ya mi hermano entra en la plaza.

ARDENIO.
¿Quién tal maldad le consiente?

SERGESTO.
1430
Ya viene. Toda la gente
lugar le desembaraza.

JELANDO.
Redondilla
¡Qué tarde habemos llegado!

DRUSO.
El volver es lo que importa.

ADBERITE.
Príncipe, el paso reporta;
1435
mi intento es ya declarado.
Quintilla
Caballero, dad lugar,
déjame al príncipe hablar.

JELANDO.
¿Quién es este caballero?

ADBERITE.
Contigo a solas lo quiero.

JELANDO.
1440
Aquí podemos estar.

ADBERITE.
Redondilla
Mancebo fuerte, aunque tierno,
de real tronco, ilustre rama,
a quien procura la fama
celebrar con siglo eterno,
Quintilla
1445
no porque de tu valor
yo pueda argüir temor;
pero hay, para tus daños,
de esta parte pocos años,
de la mía mucho amor.
Redondilla
1450
Y estas razones me fuerzan
que en tu lugar me señales,
si tú las tienes por tales,
que tu propósito tuerzan.
Quintilla
Digo que trueques la suerte
1455
y que del contrario fuerte
me dejes probar la espada,
y, de su sangre bañada,
te vengarás con su muerte.
Redondilla
A mí nadie me conoce,
1460
y júrate por mi ley
que ni al padrino ni al rey
mi rostro desarreboce.
Quintilla
Concede que al campo salga,
que por más que en armas valga,
1465
ha de quedar muerto allí;
y en fe de que será así,
te doy esta mano hidalga.

JELANDO.
Redondilla
Caballero, a quien yo debo
mi honra,vida y estado,
1470
cuya amistad y cuidado
agora en la muerte pruebo,
Quintilla
¿qué has visto o que ves en mí,
o adónde te merecí,
si no es que ya la aborrezcas,
1475
que por mí la vida ofrezcas
que yo nunca te ofrecí?
Redondilla
Si este Ardenio te agravió
y quieres vengarte de él,
déjame agora con él,
1480
que sabré vengarte yo.
Quintilla
Y verás de aquesta suerte,
aunque soy flaco y él fuerte,
cuando cuerpo a cuerpo esté,
que en pago de aquesta fe
1485
por ti le rindo a la muerte.
Redondilla
Que si el cielo no lo veda
y victorioso quedare,
de la vida que sacare
te ofrezco la que me queda.

ADBERITE.
Quintilla
1490
El suelo y cielo también
sabe que ningún desdén
me puede obligar a tal,
ni deseo de tu mal,
sino de tu propio bien.
Redondilla
1495
Déjame salir al campo;
robusto soy, bien podré.
¿No ves que si asiento el pie
la planta en la tierra estampo?

SERGESTO.
Quintilla
Muy larga plática es esta,
1500
y a todo el pueblo molesta
plática que tanto dura.

JELANDO.
Todo el pueblo me mormura.

ADBERITE.
Pues ¡sus! las armas apresta.
Redondilla
Comienza a hacer tu batalla,
1505
que no quiero estar a vella.

JELANDO.
Ya por fuerza habré de hacella
hasta morir o acaballa.

ADBERITE.
Quintilla
Viendo tu engañado estilo
tiernas lágrimas destilo
1510
porque tú escusar podrías
que flor de tan pocos días
corte de la Parca el hilo.
Redondilla
Aparejadme un caballo,
porque me quiero volver.
1515
Yo no puedo estar a ver
armas donde no batallo.

SERGESTO.
Redondilla
Sacad esas dos espadas
y esas dagas que traéis,
porque seguros estéis
1520
que no son aventajadas.
Quintilla
Las espadas están bien
y las dos dagas también,
restan, porque estén iguales,
que vuestros pechos reales
1525
como las armas estén.
Redondilla
Alzas las manos al cielo
y con firme corazón,
so pena de ser traición,
la mayor de aqueste suelo,
Quintilla
1530
poniendo a Dios por testigo,
por temor de su castigo,
haced firme juramento
que virtud ni encantamento
ninguno tiene consigo.

ARDENIO.
Quintilla
1535
Juro por el santo Apolo
que vengo al palenque solo
y que mi pecho no tray
otra cosa en cuanto hay
de Calisto al otro polo.

JELANDO.
Quintilla
1540
Lo mismo juro y protesto,
de que no he traído al puesto
piedra, palabra, ni hierba,
ni cosa que se reserva
de lo Antártico a lo opuesto.

SERGESTO.
Redondilla
1545
¡Alto! Tocad la trompeta
en nombre de Marte airado,
y cada cual, esforzado,
a su contrario arremeta.

ADBERITE.
Quintilla
Q Amor un diamante labra;
1550
primero mi pecho se abra.—
Jelando.

JELANDO.
(Agora me nombra.
¿Si es esta la triste sombra?)

ADBERITE.
Escúchame una palabra.

JELANDO.
Redondilla
¡Oh pasión desenfrenada!
1555
Señores guardad el fuero;
haced que este caballero
se salga de la estacada.
Quintilla
Fuera de que no es costumbre,
me da mortal pesadumbre.
1560
Haced que el rey se lo mande.

ADBERITE.
Viendo sinrazón tan grande,
vierto por los ojos lumbre.

SERGESTO.
Redondilla
Volved, hidalgo, a la tienda;
poned antes del combate
1565
al caballo el acicate,
o iré y cortaré la rienda.

ADBERITE.
Quintilla
Enhorabuena; cortaldas.

SERGESTO.
¡Cuál anda aquí con sus faldas
de mujer, femenil pompa!

ADBERITE.
1570
(Este ha de hacer que le rompa
con la daga las espaldas.)

SERGESTO.
Redondilla
¿Hay locura semejante?

ADBERITE.
¡Vive Dios! que has de entender
que si es brazo de mujer
1575
es la fuerza de gigante.
Quintilla
¡Prueba el golpe que te doy!

SERGESTO.
¡Oh, gran traición! ¡Muerto soy!

REY.
¿Qué ha sido ese desconcierto?

CRIADO.
Al duque Sergesto han muerto.

REY.
1580
Pues ¿cómo? ¿Dónde yo estoy?
Redondilla
¡Hola, guardas! ¡Hola, gente!
¡Asilde! ¡Habelde a las manos!

ADBERITE.
Naide se llegue, villanos.

ARDENIO.
Mi hermano es muerto, detente.
(Hase de advertir que en un balcón han de estar el REY y la PRINCESA y abajo todos los de acompañamiento, y mata ABDERITE a SERGESTO, y ponen mano dos contra ella, y ella se defiende y descubre.)
Redondilla
1585
Pues ¿cómo su muerte abonas
de esa que al alma le quite?

ADBERITE.
¿Sabéis que soy Adberite,
reina de las amazonas?
Quintilla
Quien me quisiere prender
1590
sígame, que ha menester
lugar para el corazón.

(Vase acuchillando.)

JELANDO.
¡Oh, hermana! ¿En tal ocasión
te me has dado a conocer?

CRIADO.
Redondilla
Ya murió. Su fin es cierto.

ARDENIO.
1595
Ved del mundo el destino,
traigo un hermano padrino
y sale del campo muerto.

JELANDO.
Redondilla
¿Dónde está mi hermana bella,
si ha de escapar o morir?

DRUSO.
1600
El rey la mandó seguir,
y va la guarda tras ella.

JELANDO.
Quintilla
¿Hase visto confusión,
desatino y sinrazón
como aquesta de mi hermana?

ARDENIO.
1605
¡Vengada estás, inhumana,
vengada de mi traición!
Redondilla
Igual queda el desafío,
y aun me ganas por la mano,
que cuando mate a tu hermano
1610
ya me dejas muerto el mío.
Quintilla
Ya la cólera me aprieta.
¿Qué aguardas? ¿Que te acometa?
Ea, buen príncipe, sal,
que el rey ha hecho señal
1615
que se toque la trompeta.

(Tocan la trompeta y pelean los dos, y cae JELANDO muerto.)

ARDENIO.
Redondilla
Esto es hecho. ¿Resta más?

DRUSO.
¡Ah triste y aciago día!
¡Ah, príncipe, bien temía
el triste fin en que estás!

CRIADO.
Quintilla
1620
Gran valor tu pecho encierra.

ARDENIO.
¿Qué resta en aquesta guerra?

CRIADO.
Que los soldados juntemos
y del campo te saquemos,
como es uso de la tierra.

(Tocan las trompetas, y los acompañados toman el cuerpo en hombros y en orden se entran, y salen el REY y LOTARO.)

REY.
Endecasílabos sueltos (tirada)
1625
Extraño ha sido el mísero suceso,
igual puede llamarse desafío.
¡Grande valor del femenino pecho!
No fue posible que a prisión se diese;
hiriendo a todas partes, se ha escapado.

EMBAJADOR.
1630
Gallardo sale de la plaza Ardenio.

REY.
Debe a los dioses justo sacrificio;
pudiera perder mucho.

EMBAJADOR.
Yo lo creo.

REY.
¡Qué triste estoy, y más en ver mi hija
que, como si la muerte lamentara
1635
de algún hermano o de su propia madre,
ha derramado mil piadosas lágrimas,
abrasando los vientos con suspiros,
y así, sin esperanza, casi sola,
por el jardín se ha entrado en el palacio.

EMBAJADOR.
1640
En ánimo, señor, de tiernas damas
es justo y piadoso el sentimiento.
Sabe el excelso Júpiter que tengo
deseo que a tu corte insigne llegue,
mi buen señor y príncipe Lotaro,
1645
para que, como tengo confianza
en el supremo coro de los dioses,
llevando la victoria que merece,
le des el premio que le tienes dado;
para que goce la divina infanta
1650
sus verdes años con igual esposo,
la cual espero que será muy presto,
según espero de esta carta suya
que agora poco ha me dio un correo.

REY.
De todo espero el bien de mis estados.
1655
Leelda, embajador.

EMBAJADOR.
Así comienza:
"Mi caro primo: yo he llegado a Grecia
con todo el bien que te conceda el cielo;
espero verme de hoy en cinco días
en la corte del rey, y así te mando
1660
le avises como voy, y que en su tierra
haga saber el concertado campo."
No escribe más.

REY.
Por cierto que me huelgo
que esté tan cerca de mi corte el príncipe.
Mira si quieres que contigo salga
1665
para el recibimiento alguna gente.

EMBAJADOR.
Beso tus reales pies, pues merced tanta,
si fuese necesario, llevarela.

REY.
Quédate en paz, que voy a mi palacio
a juntar sobre aquesto mi consejo.

EMBAJADOR.
1670
Los dioses te acompañen y te guarden.
(Vase el REY y sale el CRIADO de LOTARO.)
¿Qué sientes, Evaristo, del suceso?

CRIADO.
Estoy metido en confusión tan grande,
que solo puede Júpiter inmenso
desenlazar los intrincados lazos.

EMBAJADOR.
1675
Ya todo está en el alma prevenido.
El rey no te conoce ni te ha visto,
ni la gente repara en un criado.
Vendrás el quinto día con mi gente
todo vestido como rey armenio;
1680
hablarás con el rey con voz muy grave
y, sin que en esto mucho te detengas,
dejándolos a todos satisfechos,
a casa volverás, y a la mañana
saldré yo al campo con mis fuertes armas,
1685
y como gane a todos la vitoria,
declararé quién soy, y del engaño
daré con mis vasallos testimonio.

CRIADO.
Buena es la traza. Calla y disimula,
Terceto
que viene un hombre.

(Sale EBANDRO.)

EBANDRO.
¡Ah! Día de contento
1690
donde tu esfuerzo, Ardenio, al mundo admira.
Pena y pasión en un sujeto siento,
Terceto
aunque lloro la muerte de tu hermano,
celebro tan glorioso vencimiento.

EMBAJADOR.
De la ocasión me pones en la mano,
Terceto
1695
fortuna, los cabellos. ¡Hola, amigo!
¿Sirves al fuerte príncipe troyano?

EBANDRO.
Yo le sirvo, le alabo y le bendigo
Terceto
porque es fuerte, galán, sabio, discreto,
que jamás le rindió fiero enemigo.

EMBAJADOR.
1700
No he tenido, Evaristo, te prometo,
Terceto
hombre en el campo como aqueste mozo.
¿Sabéis si ha de salir al nuevo reto?

EBANDRO.
¡Qué bueno si saldrá! Que hará destrozo,
Terceto
por el infierno, y más por esta dama,
1705
de quien espera su contento y gozo.

EMBAJADOR.
¿No sabe que es Lotaro rey de fama,
Terceto
robusto y belicoso?

EBANDRO.
En eso mira.
¿No ves que no hay peligro en quien bien ama?
¿Y no ves que su brazo al mundo admira,
Terceto
1710
y que ese rey vendrá, para su daño,
como este que hoy tan mal logrado aspira?
Mira el funesto fin de aquellos años.
Terceto
Del templo vengo. Todo está cubierto
de negras hachas y de negros paños.
1715
Y, como ves, sin heredar ha muerto
Terceto
atravesadas la col un lambeo
están sus armas sobre el cuando muerto:
envidia si te agrada ese trofeo.

EMBAJADOR.
Terceto
Vuelves por tu señor. Agora bien, vamos,
1720
que en verle en campo con el rey deseo.

EBANDRO.
Y todos ese día deseamos.
(Vanse y queda EBANDRO, y sale ARDENIO embozado.)
Redondilla
Cerca de casa he llegado.
Ir quiero [a] ver lo que pasa;
pero allí sale de casa
1725
un caballero embozado.
Redondilla
No le puedo conocer.
A muy buen tiempo he salido.

ARDENIO.
Ebandro, tan bien venido
como yo te he menester.

EBANDRO.
Redondilla
1730
¿Cómo vienes, señor mío?

ARDENIO.
Malherido, Ebandro, estoy;
mas consuélome que soy
la gloria del desafío.
Redondilla
Del engaño estaba ufano;
1735
castígome el cielo, cierto.
¡Reina, un hermano te he muerto,
mas hasme muerto un hermano!
Redondilla
No pido al cielo justicia,
antes hago penitencia,
1740
que es pecado de inocencia,
y yo pequé de malicia.
Redondilla
Mas pues quiso castigar
el cielo mi fe deshecha,
con la reina esta sospecha
1745
me cumple disimular.

EBANDRO.
Redondilla
Si tan mal herido sales,
para que la sangre impidas,
muestra, ataré las heridas.

ARDENIO.
No importa, no son mortales.

EBANDRO.
Redondilla
1750
Esa crueldad vuelta y piensa
que matarte es sin razón.

ARDENIO.
Otra mayor confusión
me tiene el alma suspensa.
Redondilla
No sé, Ebandro, cómo sea,
1755
si la reina me ve así,
que pensará que yo fui
cuando las heridas vea.
Redondilla
Industria tengo pensada,
que hacer la razón me manda.
1760
Échate al rostro esa banda
y mete mano a la espada.
Redondilla
Haz que me quieres herir.
Presto, que la reina viene.

(Embózase EBANDRO y pone mano a la espada y éntrase huyendo EBANDRO y sale ADBERITE.)

ADBERITE.
La que ventura no tiene,
1765
¿para qué quiere vivir?

ARDENIO.
Redondilla
¡Oh! ¡Ladrones, salteadores!
(Huye, Ebandro, huye presto.)

ADBERITE.
¡Ay, cielo santo! ¿Qué es esto?

ARDENIO.
¿Tantos a un hombre? ¡Traidores!

ADBERITE.
Redondilla
1770
¿Qué es esto, señor Belardo?

ARDENIO.
Volved en vos, caballero,
[··············-ero]
que es del ánimo gallardo.

ARDENIO.
Redondilla
Desmayome la herida,
1775
y vos me habéis consolado;
si la vida me han quitado,
vos me habéis vuelto a la vida.

ADBERITE.
Redondilla
¡Ay, cielo! Sangre tenéis.

ARDENIO.
Diez hombres muerto me han.

ADBERITE.
1780
¿Qué es de ellos? ¿Por dónde van?

ARDENIO.
Dejaldos; no los busquéis.

ADBERITE.
Redondilla
(Déjame, ¡oh tormento eterno!
No hay [consuelo] que me aplaque.
¡Vive el cielo! que le saque
1785
de las penas del infierno.)

(Sale EBANDRO con la espada desnuda.)

EBANDRO.
Redondilla
Al fin se fueron huyendo.
¡Oh, pese a fortuna avara,
que si yo a tiempo llegara
no se volvieran riendo!

ADBERITE.
Redondilla
1790
Ebandro, ¿qué, no los hallas?

EBANDRO.
Ello fue molerme, en fin;
en siendo gente ruin,
hacen las plantas murallas.

ADBERITE.
Redondilla
Que quiere el cielo concluya,
1795
pues hoy me muestra inhumano
la muerte de un solo hermano
y podrá ser que la tuya.
Redondilla
Viviéndome a consolar
contigo de mi tormento,
1800
herido, señor, te siento,
sin poderte remediar.
Redondilla
Un hombre y muchos maté
por el hermano que lloro,
y por el alma que adoro
1805
no puedo mostrar mi fe;
Redondilla
pues la fe que te tenía
no te la puedo mostrar,
ni hallo vida que quitar,
habré de quitar la mía.

ARDENIO.
Redondilla
1810
Cese el sentimiento fuerte
que al alma pone en la herida.
Creed, reina, que esa vida
yo la pago con mi muerte.
Redondilla
Que porque vi que triunfaban
1815
de ese Ardenio los criados
y en vuestro hermano, vengados,
el cuerpo muerto infamaban,
Redondilla
con sola esta espada, que esta
a un escudero hurté,
1820
un hombre solo maté,
que aquesta sangre me cuesta.
Redondilla
Y aunque pagado os habéis
de la vida que me dais,
mi muerte, reina, lloráis
1825
porque no me conocéis;
Redondilla
mas en sabiendo quién soy,
quedaréis arrepentida
de que dejastes con vida
a quien por quien tal estoy.

EBANDRO.
Redondilla
1830
(Con las verdades la engaña.)

ADBERITE.
Creed que si yo le hallara
para jamás se alabara
de la fementida hazaña.

EBANDRO.
Redondilla
(¡Oh, qué engañada que estás!)

ADBERITE.
1835
Con ser, Belardo, es herida
y la de mi hermano vida,
no digo cuál siento más;
Redondilla
y aquesto no lo juzguéis
a pecho fiero y tirano,
1840
que si volvéis por mi hermano
con razón me lo debéis.
Redondilla
Agora entraos a curar,
que esa muerte y esa herida,
como vos quedéis con vida,
1845
bien lo sabremos vengar;
Redondilla
que si ella queda difunta,
para en premio de mi celo
pondré este pomo en el suelo
y me arrojaré en la punta.

ARDENIO.
Redondilla
1850
Por sola aquesa razón
pido al cielo mi salud.—
Ebandro, ¿a que la virtud
hace mayor mi traición?

ADBERITE.
Redondilla
Vamos, que mis propias manos
1855
te han de curar y servir.

EBANDRO.
(En parte es para reír
el trueco de los hermanos.)

ARDENIO.
Redondilla
¡Ay Dios, qué hermano me cuestas!

ADBERITE.
¿Cómo diré lo que gano
1860
en que le llames hermano?

EBANDRO.
(Buenas andan las respuestas.)

ADBERITE.
Redondilla
¿Dónde tienes las heridas?

ARDENIO.
En el brazo dos pequeñas.

EBANDRO.
Por la sangre las enseñas.

ADBERITE.
1865
Y en ellas tengo dos vidas.
Redondilla
¡Cielo! Tu piedad aguardo,
y perdono de esta suerte
de aquel hermano la muerte
por la vida de Belardo.


Jornada III

(Sale DÉLBORA, princesa, y DRUSO, criado de JELANDO.)

PRINCESA.
Redondilla
1870
He quedado tan rendida
de aquella fuerte mujer,
que he de procuralla ver
para dalla aquesta vida.
Redondilla
¡Ay, Druso! Yo me muriera,
1875
si, ya que venció al tirano,
no le costara un hermano
que algún consuelo me diera.
Redondilla
Para mi tormento fuerte
no hay olvido de provecho,
1880
que con sangre de su pecho
escribe el alma su muerte.
Redondilla
Tales tengo los despojos,
digo, el corazón fiel,
que no tengo humor en él
1885
para regalar mis ojos.
Redondilla
Yo perdí todo mi bien,
tú has perdido tu señor.

DRUSO.
Guarda, señora, tu amor,
que yo le guardo también.

PRINCESA.
Redondilla
1890
Guardarele en la memoria
todo el tiempo que viviere,
que el alma por ello quiere
convertir su pena en gloria.

DRUSO.
Redondilla
Ya le tendrás divertida
1895
con las cosas que se ofrecen.

PRINCESA.
Crecen al dolor, y crecen
para acabarme la vida.
Redondilla
El rey Lotaro ha venido,
y apenas ayer llegué,
1900
cuando en la plaza mandó
lo que tiene apercebido.
Redondilla
Y dicen que armado y fuerte
amaneció con el día,
y el rey, mi padre, porfía
1905
que me lleven a la muerte.
Redondilla
Porque allí tengo de estar
para premio al vencedor,
que es la joya del honor
la mano que le he de dar.
Redondilla
1910
Mas cuando todos le den
mi cuerpo por gloria y palma,
¿cómo he de ajustar el alma
para que le venga bien?
Redondilla
Mas, ¡ay!, que engañada vengo
1915
del alma poder creer,
que ya no la he menester,
que ha días que no la tengo.

DRUSO.
Redondilla
Bien sé yo que no los siente
el alma ni corazón
1920
el querer por elección,
que ha de ser por accidente.
Redondilla
Al fin, tu padre desea
lo que es justo desear.

(Sale ARDENIO.)

ARDENIO.
Déjeme el cielo llegar,
1925
y verá cuando te vea.

PRINCESA.
Redondilla
Este es Ardenio. ¡Ah, traidor!
¿Por do entró? ¿Por el jardín?

ARDENIO.
Mi atrevimiento es, en fin,
tan grande como mi amor,
Redondilla
1930
y aunque son grandes los dos,
tengo, por justa sentencia,
de amor y del rey licencia
de poder hablar con vos.

DRUSO.
Redondilla
Y yo, señora, mejor
1935
la tuya habré menester,
que no puedo estar a ver
quien me mató a mi señor.

PRINCESA.
Redondilla
Aguarda un poco.

DRUSO.
No puedo,
que el corazón se me parte.

(Vase.)

PRINCESA.
1940
Pues sola, Ardenio, en tal parte,
del real respeto excedo.
Redondilla
Yo me voy.

ARDENIO.
Aguarda un punto,
que es injusta crueldad.

PRINCESA.
No hay amor ni crueldad.
1945
[·················-unto.]

ARDENIO.
Redondilla
Sola una palabra quiero.

PRINCESA.
Decid presto qué queréis,
que me aguarda quien sabéis.

ARDENIO.
No soy yo quien desespero,
Redondilla
1950
sino basta quien yo soy,
quien tanto supo quereros,
hasta venir para veros
tan herido como estoy.
Redondilla
Haced que contento muera;
1955
dejadme hablar, pues podéis,
que hoy al fin os casaréis,
y será la vez postrera.
Redondilla
Dejad que el cisne se queje
pronosticando su muerte,
1960
pues hoy permite mi suerte
que para in eterno os deje.
Redondilla
Dejaros, no digo tal,
solo digo a lo que vengo,
porque en el alma que tengo
1965
habéis de ser inmortal.

PRINCESA.
Redondilla
Bien es, Ardenio, que iguales
al tiempo el amor que tienes.

ARDENIO.
Que fin ha dado a mis bienes
principio de tantos males,
Redondilla
1970
si acabase mi esperanza
tu casamiento y mi muerte.

PRINCESA.
¡Oh, Ardenio! Que de esa suerte
quedas con mayor venganza,
Redondilla
que tú, al fin, si me has querido,
1975
con dejarme has de acabar;
mas yo comienzo a penar
con un bárbaro marido.
Redondilla
Mira cuál es mi porfía,
pues no sé en el mar que espero,
1980
si es mano de hombre o de fiero
la que ha de tomar la mía.

ARDENIO.
Redondilla
¡Oh! ¡Maldita sea la hora
que hice tal desafío!
¡Qué presto fue desvarío!
1985
¡Qué presto el alma lo llora!
Redondilla
Que, como fuerzas tuviera,
tal es amor que me ayuda,
que no peleara en duda
que hombre humano me venciera.
Redondilla
1990
Mas aunque poca o ninguna
haya quedado en mis brazos,
hasta hacellos pedazos
he de probar mi fortuna.
Redondilla
Yo determino salir
1995
por no me desesperar,
y para veros gozar,
es enojoso el vivir.

PRINCESA.
Redondilla
Del engaño que has tenido,
Ardenio, asegura el pecho,
2000
que cuando venzas has hecho
lo que quedando vencido.
Redondilla
Y dígote una verdad:
que cuando tal venga a ser,
te quedará por vencer
2005
lo más, que es mi voluntad.

ARDENIO.
Redondilla
¡Oh palabras de mi muerte
escritas con tu mudanza!
¡Ay de mi verde esperanza
rota la coluna fuerte!
Redondilla
2010
¡Ay duras manos sangrientas
adonde mi vida está;
cómo, Délbora, que ya
entre bárbaros me cuentas!
Redondilla
¿Soy algún indio o fenicio
2015
que así me enseñas mis daños?
¿Es este de tantos años
el bien logrado servicio?
Redondilla
¡Qué buen galardón me diste!
¡Antes de morir me matas!
2020
A quien te dio el alma tratas
como a aquel que nunca viste.
Redondilla
Bien sé, Délbora, que ha sido
lo que siempre yo temí,
que el aborrecerme a mí
2025
bastante causa ha tenido.
Redondilla
A Jelando amabas, cierto,
y como yo le maté,
quieres pagalle su fe
como vivo, agora muerto.
Redondilla
2030
Pues, cruel, viendo que estoy
herido a tu causa injusta,
y que si voy a la justa
he de hacer como quien soy,
Redondilla
es imposible reparo
2035
es no dejarme vencer
tu voluntad y querer,
como lo verás más claro.
Redondilla
Pues vete, que yo saldré
haciendo tal sacrificio,
2040
que todo el cielo propicio
en estos brazos esté;
Redondilla
que a los dioses soberanos
tu fiera crueldad indina.

PRINCESA.
Vete, enemigo, camina,
2045
que para eso tengo manos.
Redondilla
Ya deseo que concluyas,
que vencedor quiero verte,
que con darme a mí la muerte
me librarás de las tuyas.
Redondilla
2050
Vencerás, no lo recelo,
no por valor que hay en ti,
mas porque en ser contra mí
te dará fuerzas el cielo.
Redondilla
Verdad es que tuve amor;
2055
pero también es verdad
que una sola voluntad
ha de tener un señor.
Redondilla
Cuando a un bárbaro me den
estaré mejor casada
2060
que en un traidor empleada
que ha muerto a todo mi bien.
Redondilla
Fuera caso vergonzoso
que se acostara a mi lado
quien viniera salpicado
2065
de la sangre de mi esposo.
Redondilla
Y antes que tal pueda verte
de mí seré la homicida,
y no me desees vida,
que te deseo la muerte.

(Vase DÉLBORA.)

ARDENIO.
Redondilla
2070
Vete, fiera venenosa,
hija de algún monte fiero,
que ya ni tu vida quiero
ni tu muerte rigurosa.
Redondilla
Y puedes segura estar
2075
que si la justa venciere,
esta mano que te diere
es la que te ha de acabar.
Redondilla
Que cuando de hacerlo huya
por ver que en mi alma estás,
2080
sospecho que vale más
que no aguardar a la tuya.
Redondilla
Ya del jardín estoy fuera;
la reina viene, y no puedo
esconderme, y tengo miedo
2085
que no me estorbe que muera.

(Vase ADBERITE.)

ADBERITE.
Octava real
¿Así tan ciego de la cama sales?
¿Adónde vas con una y otra herida?

ARDENIO.
Ha sido injusta causa de mis males
de aqueste rey armenio la venida.
2090
Van a convalecer, vuelven mortales,
revientan sangre al despedir la herida.
¿No oyes del pregón la voz injusta,
y que Délbora es premio de la justa?
Octava real
¿Ves que en el campo el bárbaro se arma
2095
y contra todos la princesa pide,
y que no solo a Marte incita al arma
cual mismo amor que su rigor ya pide?
¿Y ves que de sus flechas se desarma
y entre las cajas bélicas reside,
2100
y quieres que quien tienen tanta fama
oiga la trompa en la bordada cama?

ADBERITE.
Octava real
¿Luego de esa manera, güésped mío,
pretendes de la infanta el casamiento?

ARDENIO.
Ese fuera notable desvarío,
2105
conoces tú muy bien mi pensamiento.
¿No sabes que de aqueste desafío
el deshonor y desvergüenza siento
y que, por quien yo soy, quedo obligado
a no quedar de un bárbaro retado?
Octava real
2110
Los que han venido a Tebas de Fenicia,
de Persia, de la India, Siria, Arabia,
de solo de la infanta la codicia
por la fama de hermosa, rica y sabia,
a mí solo el honor y la injusticia
2115
de ver que el reto a mi valor agravia.
No me incita la codicia de la fama;
honor me fuerza, la ocasión me llama.

ADBERITE.
Octava real
Con todo, te disculpan las heridas.

ARDENIO.
¿Tengo de andarme descubriendo el pecho
2120
a todas cuantas lenguas atrevidas
buscan de ajeno daño su provecho?
¿No sabes que en la corte son temidas
por las honras y famas que han deshecho?

ADBERITE.
Viven las lenguas en soberbia corte
2125
por falta de cuchillo que las corte.
Octava real
Si eso te obliga, cuando tal se diga
yo los destroncaré con esta mano.
Mas ¡ay, Belardo! que el amor te obliga;
todo es la culpa del amor tirano,
2130
en tantas obras de piadosa amiga,
que de honesta amistad pasan en vano.
Muy bien me has visto el alma, no lo niegues,
solo esperando que a morir me entregues.
Octava real
No en balde mi engañado pensamiento
2135
de tus suspiros tristes recelaba
cuando mil veces los llevaba el viento,
si alguna vez de Délbora trataba,
que te daba [el] amor fiero tormento.
Y su tibieza a tanto te obligaba,
2140
que estando en tu casa a pena eterna,
aun no me has dicho una palabra tierna.
Octava real
¿Cuál piedra, cuál diamante no rompiera,
ver que un hermano muerto no vengara
y que por no vengarte no saliera
2145
y en propia sangre la ciudad bañara,
o cuál fiero león no agradeciera
que una pequeña herida le curara?
Mas no eres piedra ni león por cierto;
eres feroz cuchillo que me has muerto.
Octava real
2150
Pues que me das tu casa, si mereces
que los sangrientos paños yo te pida,
ponga la boca diez y diez mil veces
como si fueras tú mi propia vida.
Si tu casa me diste, ¿a quién la ofreces?
2155
Por quien soy ¿no merezco ser servida?
Y cuando por ser reina no lo honrara,
ser mujer y adorar ¿no bastara?
Octava real
¡Válgame el alto Júpiter! ¿Qué digo?
¿Estoy fuera de mí, que furor ciego
2160
no me declara que la muerte digo?
¿Estoy fuera de mí, que a un hombre ruego?
Quédate en paz, soberbio mi enemigo.
Hágate guerra amor a sangre y fuego.

ARDENIO.
Vuelve, señora, vuelve.

ADBERITE.
Suelta, fiero.
2165
Hecha ceniza me verás primero.

(Vase ADBERITE.)

ARDENIO.
Redondilla
¡Oh, extraño efeto de un pecho
que adora a quien le desama,
bien dino de que a su fama
quedara un hielo deshecho.
Redondilla
2170
Es de manera su fe,
que, satisfecho, me obliga
a que sin temor le diga
que a su hermano le maté.
Redondilla
¡Cuáles estamos los dos!
2175
Todo es mucho y todo es poco.
¡Ay, amor loco, amor loco!
Vos por otro y yo por vos.
Redondilla
¡Ay, Dios, qué gran confusión!
Aunque, señora, me esfuerzas,
2180
faltan al brazo las fuerzas
que sobran al corazón.
Redondilla
Yo pelearé como pueda,
que si en la dichosa impresa
pierdo la amada princesa,
2185
al final la vida me queda.
Redondilla
Quiero entrar en el combate,
que, aunque es el bárbaro airado,
no he de ser tan desdichado
que en una justa me mate.
Redondilla
2190
Que si con lanza batallo,
podrá ser que pueda más.

(Sale EBANDRO.)

EBANDRO.
Señor Ardenio, si estás
para tomar un caballo,
Redondilla
aunque vayas embozado,
2195
sal a la plaza esta tarde
a ver el vistoso alarde
de tanto príncipe armado.
Redondilla
Como el término se aplaza,
van con bélico tropel
2200
a firmarse en el cartel
que está fijado en la plaza.
Redondilla
Verás en tanta celada,
tanta pluma blanca y negra,
con quien el aire se alegra,
2205
que parece que le agrada.
Redondilla
Y si por señal de celo
algún penacho azul viene,
entre él se envuelve y detiene
probando subir al cielo.
Redondilla
2210
Petos lustrosos, y en ellos
escrito su nombre ilustre;
tal es, que el sol, en su lustre,
se compone los cabellos.
Redondilla
Las cubiertas, de invenciones
2215
de aljófar y perlas vienen;
al fin, lo mejor que tienen
tantas bárbaras naciones.
Redondilla
Y aunque ves tanto valor
al uno y otro rival,
2220
no viene, príncipe, igual
al bravo mantenedor.
Redondilla
Y así, la visera abierta,
gallardea por la tela;
todo es oro, hasta la espuela,
2225
la sobrevista y cubierta.
Redondilla
Y en un insigne teatro
la infanta y el rey se ven,
y de otras tierras también,
fuera del rey, otras cuatro.
Redondilla
2230
No hay bien que no se atesore
en Délbora; todo es lumbre,
no hay vista que no deslumbre
ni alma que no enamore.
Redondilla
Es tanta su compostura,
2235
que si el sol la llega a ver,
luego se vuelve a esconder
de envidia de su hermosura.

ARDENIO.
Redondilla
No más, Ebandro. Yo voy
a tomar presto mis armas.

EBANDRO.
2240
¡A cuál ocasión te armas!

ARDENIO.
A ver si vencido soy.

EBANDRO.
Redondilla
Bien a propósito viene
salir a la justa herido
y sin tener prevenido
2245
lo que a tu estado conviene.

ARDENIO.
Redondilla
De cualquier suerte procura
las armas que he menester.
Las galas no lo han de hacer,
halo de hacer la ventura.
Redondilla
2250
Que si el pecho no desmaya
y venzo con esta fe,
harto galán volveré,
aunque agora no lo vaya.

EBANDRO.
Redondilla
¡Qué soberbia tan injusta!

ARDENIO.
2255
Nadie estorbe que lo intente.

EBANDRO.
Deja que pase esta gente,
que debe de ir a la justa.

ARDENIO.
Redondilla
¿Habré solo de partirme?

EBANDRO.
Que te has burlado confieso.

ARDENIO.
2260
Presto verás el suceso
de mi propósito firme.

(Vase ARDENIO, y sale una caja delante y dos padrinos y príncipes armados de en dos en dos; detrás otro acompañamiento, que van pasando sin hablar y entrándose. Llama EBANDRO a un criado que va detrás.)

EBANDRO.
Redondilla
¡Hola, señor gentilhombre!
Servíos de deteneros
y de aquestos caballeros
2265
me decí la patria y nombre.

CRIADO.
Redondilla
Aquel robusto y galán,
de Atenas, Briserdo es,
y el otro que va detrás
de la India el rey Gualcán,
Redondilla
2270
el señor de Pofo y Samo.

EBANDRO.
¿Y aquel de la buena gracia?

CRIADO.
Es Selémaco de Tracia,
muy valiente, y es mi amo.

EBANDRO.
Redondilla
Ventura será propicia.
2275
¿Y aquel de la mano izquierda?

CRIADO.
Direlo si se me acuerda…
Es el señor de Fenicia.

EBANDRO.
Redondilla
Lleva gallarda divisa.

CRIADO.
Sí, mas el traje es famoso.

EBANDRO.
2280
Brazo muestra belicoso.

CRIADO.
Adiós, que voy muy de prisa.

(Vase.)

EBANDRO.
Redondilla
Agora que solo quedo
es bien que imagine un poco
que tiene este Ardenio loco
2285
mucho amor y poco miedo.
Redondilla
Porque la amorosa herida
le hace no reposar
en lo que está por soñar,
que le ha de costar la vida.
Redondilla
2290
Que si entra en el campo así,
no puede volver con ella.
Hoy dará la infanta bella
fin de tu hermano y de ti.
Redondilla
Esta es la hora sin falta
2295
que sale a su desafío
lleno de amor, y vacío
de la sangre que le falta.
Redondilla
Si él queda vivo, sin duda
pierdo todos sus regalos;
2300
mas para casos tan malos
bien es negalle mi ayuda.
Redondilla
Ya debe de andar allí
brioso y acelerado.
Corre, vete, mal logrado,
2305
que va la muerte tras ti,
Redondilla
la cual yo no pienso ver,
que, al fin, sí se ha de sentir,
más vale oíllo decir
que no sentir y temer.
Redondilla
2310
Ya el fiero rumor atruena,
ya se encuentran, ya combaten,
allá las armas se baten
y acá el alarido suena.
Redondilla
Ya los aires se corrompen
2315
del polvo espero del suelo;
creo [que] los polos del cielo
los quicios eternos rompen.

(Sale el rey LOTARO con un pedazo de lanza.)

LOTARO.
Octava real
Todo para mi mal me fue contrario,
huyó todo mi bien con presta huida.
2320
solo me queda el solo necesario;
quedome, a mi pesar, la infame vida.
El uno y otro bélico adversario
llevaba vitorioso y de vencida.
Vino algún dios de Délbora rendido,
2325
que me ha quitado el bien y me ha vencido.
Octava real
Sin duda es brazo de poder divino,
no cabe tal valor en pecho humano.
Hiriome apenas el acero fino,
cuando sentí la poderosa mano,
2330
y como si su temple diamantino
labraran los ministros de Vulcano,
de mi brazo sentí la fuerza poca,
que era romper un vidrio en una roca.

EBANDRO.
Octava real
(¿Quién puede ser aqueste ¡oh cielo santo!
2335
¿Si dice aquesto por el fuerte Ardenio?)

LOTARO.
¡Que de mortal valor se espere tanto!

EBANDRO.
(Furioso sale el arrogante armenio.)

LOTARO.
Si Diana ha dejado el verde manto
en las famosas cumbres del Partenio,
2340
las armas ha tomado y la defiende.
¿Cuál ocasión me mata o cuál me ofende?
Octava real
¡Oh, rey! Si al cielo estaba consagrada,
¿por qué procura de le dar marido?
Mira con qué furor Diana armada
2345
a reservar su virgen ha venido.
Que no fueran de un hombre atropellada
fuerzas que tantos reyes han vencido,
como el sirio, el fenicio y el de Tracia,
a la diosa atribuyen su desgracia.

(Sale BRICEDIO con otro pedazo de lanza en la mano.)

BRICEDIO.
Octava real
2350
Culpa tiene la fuerza de mi suerte.

EBANDRO.
(Este viene vencido del combate.)

BRICEDIO.
Mas ¿qué puedo esperar de un brazo fuerte
de tantos reyes que en el suelo abate?
Parece ser igual al de la muerte,
2355
porque cuando la vida se dilate,
perdiendo el premio, y honra, y la impresa,
es como carga que a los hombres pesa.—
Octava real
¡Oh rey de Armenia!

LOTARO.
Apasionado vienes.
¿Hate salido en contra la ventura?
2360
¿Perdiste la vitoria?

BRICEDIO.
Quien sus sienes
del justo premio coronar procura,
aquel por quien agora el alma tienes
tras tanto bien en tanta desventura,
aquel a cuya fuerza no hay reparo.

EBANDRO.
2365
(¡Ay, Dios! Si fuese Ardenio.)

LOTARO.
Esfuerzo raro.

BRICEDIO.
Octava real
Todos los ha vencido. Ya no queda
en toda la estacada caballero
que combatirse con su brazo pueda,
aunque se vio dudoso en el postrero.
2370
El pueblo dice a voces le conceda
el justo premio con el justo fuero,
y con tanta afición, que ya se esfuerza
a que en la tela se la den por fuerza.
Octava real
Es ley que en esta puerta de palacio,
2375
antes que el día de él ponga la planta,
sin concedelle término ni espacio,
le den la mano de la bella infanta.
Y aunque de injusta envidia me desgracio
por ver el que ha tenido fuerza tanta,
2380
a ver vengo mi muerte y yo la mía,
que el fuero de la ley bien le sabía.

(Sale ARDENIO como los demás.)

ARDENIO.
Octava real
Como si no valiese, cielo airado,
ser el postrero que llegase al puesto,
sin que un brazo de un hombre ya cansado
2385
de tantos reyes que en el suelo ha puesto,
para que viva en inmortal cuidado
se halla mi dolor fiero dispuesto,
y que derribe por el bajo suelo
las esperanzas que fijé en el cielo.

BRICEDIO.
Octava real
2390
La batalla acabó. Postrero es este.

EBANDRO.
(Perdidos somos. ¡Miserable caso!)

LOTARO.
Bien es, infante, que lo propio os cuesto.

ARDENIO.
¡Ah, caballeros! Detened el paso.
¿Hay de los dos alguno que me preste
2395
de su paciencia, si le sobra acaso?

LOTARO.
De su tormento, príncipe, a lo menos
que sobra, porque de él estamos llenos.
Octava real
Al fin lleva la joya el de la banda.

ARDENIO.
Al fin la lleva, y a palacio viene
2400
todo cercado de una y otra banda,
de espesa multitud, que le detiene.
Que se descubra, el rostro, el rey le manda,
y él dice que cubierto le conviene
tomar la mano a la real princesa,
2405
de lo que a todos en extremo pesa.
Octava real
De él no se sabe, al fin, tierra ni nombre,
ni tiene un solo paje a quien se acuda.

BRICEDIO.
Por ventura no debe de ser hombre.

LOTARO.
Alguna deidad será sin duda.

ARDENIO.
2410
Digno es que su inmortal fama y renombre
no mude el tiempo, que los montes muda.

BRICEDIO.
La princesa es aquesta y Arquimundo.

ARDENIO.
Y el que nació en las armas sin segundo.

(Salen el REY y la PRINCESA y ADBERITE de la mano, cubierta, con música y acompañamiento.)

REY.
Redondilla
Ya que tenéis concluido
2415
el solemne casamiento
y por justo vencimiento
la infanta habéis merecido,
Redondilla
príncipe, alzaos la celada
que tanto enojo nos da,
2420
goce nuestra vista ya
de la vuestra deseada,
Redondilla
que pues el premio tenéis
del gusto que deseáis,
será razón que digáis
2425
que por vos la merecéis.
Redondilla
Es menester conoceros
y saber vuestro valor,
que tanto rey y señor
aguardan por solo veros.
Redondilla
2430
Llegad, descubrid el gesto,
desenlazad la celada.

(Llega a descubrirla ARDENIO.)

ARDENIO.
¡Oh cosa jamás pensada!
Reina Adberite, ¿qué es esto?

REY.
Redondilla
¿Qué dices de reina?

ARDENIO.
Digo
2435
que dos damas desposaste.

REY.
¿Quién hay que a creerlo baste?

ARDENIO.
Yo soy bastante testigo.
Redondilla
Verdad es lo que te dije;
confírmelo su respuesta.
2440
La reina Adberite es esta,
que las amazonas rige;
Redondilla
la que mandaste prender.

REY.
Pues ¿quién la obligó a que entienda
que siendo mujer pretenda
2445
casar con otra mujer?

ADBERITE.
Redondilla
Rey poderoso, si ha sido
después de propia flaqueza,
no digo de tu grandeza
mi proceder atrevido,
Redondilla
2450
suplícote me perdones,
que si esta hazaña intenté,
fuera de mí, te daré
dos bastantes ocasiones.
Redondilla
La primera, por el daño
2455
que la ley honesta pasas,
pues una hija que casas
la des a un bárbaro extraño.
Redondilla
La segunda, porque pueda
casarla yo de mi mano
2460
con un mi querido hermano
que, sin el muerto, me queda.
Redondilla
Y esto de cualquier manera
ha de ser efetuado,
que habiéndola yo ganado
2465
la puedo dar a cualquiera.

REY.
Redondilla
Es tal tu valor profundo,
Adberite, reina bella,
y tu gran fama, que de ella
celebra versos el mundo.
Redondilla
2470
Desde que mandé seguirte
te quisiera conocer,
que si te mandé prender
fue por honrarte y servirte.
Redondilla
Yo sé muy bien quién tú eres,
2475
y quiero que el mundo entienda
que es tuya la rica prenda,
haz de ella lo que quisieres.
Redondilla
La razón me persuade,
todos lo tienen por bien;
2480
dala a tu hermano o a quien
de aquestos reyes te agrade.

LOTARO.
Redondilla
Conbuena razón te mides,
y ¡que un negocio tan grande
pongas en que ella lo mande!

REY.
2485
¿Quién eres tú que lo impides?

LOTARO.
Redondilla
El príncipe armenio soy.

REY.
Ese es engaño mayor.
Tú eres su embajador.

ARDENIO.
(¡En qué confusión estoy!)

LOTARO.
Redondilla
2490
Tu majestad se reporte.
Yo soy el rey, que he querido,
de la princesa el marido,
asistir siempre en tu corte.
Redondilla
El que por mi rey hablaste,
2495
es mi criado el menor.

REY.
Seimpre de tu gran valor,
entendí que me engañaste.
Redondilla
Pero di, ¿por qué razón
pretendes, rey, que Adberite
2500
de la princesa le quite
la debida posesión?

LOTARO.
Redondilla
No se la quiero quitar,
que suya, Arquimundo, es;
antes, postrado a sus pies,
2505
le tengo de suplicar,
Redondilla
si lo que me cuesta sabe,
me la entregue en galardón.
Haré tal satisfacción,
que mi real pecho alabe,
Redondilla
2510
que aunque su valor aspire
a mayores dignidades,
le daré cinco ciudades,
las mejores que el sol mire.
Redondilla
Que mil piedras y esmeraldas
2515
en ellas puede escoger
tantas, que pueda tejer
ricas trenzas y guirnaldas.
Redondilla
Daré cien caballos buenos,
que valen mucho tesoro.
2520
Darele cien vasos de oro
todos de bálsamo llenos.
Redondilla
Y si esto no es de estimar,
yo le doy el alma mía
porque bien me bastaría
2525
la que ella me puede dar.

ADBERITE.
Redondilla
Ya es tiempo que mi enemigo
conozca lo que le amé
y que vea de mi fe
lo que le doy por testigo.
Redondilla
2530
Rey, de nada tengo falta,
si a buscar riquezas vengo,
hartas riquezas me tengo:
solo contento me falta.
Redondilla
Para otro rey nació,
2535
que no nació para ti.

LOTARO.
¿Qué aguarda el cielo de mí?
¿Tal dijo? ¿Tal respondió?
Redondilla
Pues hoy a morir te ofreces.

ADBERITE.
¿Qué dices? ¿Que eres buen juez?
2540
¿Que quien te venció una vez
te vencerá muchas veces?
Redondilla
Mas yo, ¿para qué me tardo,
siendo el dueño, como soy?
Digo, reyes, que la doy…

TODOS.
2545
¿A quién, señora?

ADBERITE.
A Belardo.

REY.
Redondilla
¿Quién es Belardo? ¿A quién nombras?

ADBERITE.
A aquel mi fiero enemigo.

REY.
¿Premio le das por castigo?
¡Por Júpiter, que me asombras!

LOTARO.
Redondilla
2550
Pues ¿cómo a Ardenio le das?
¿Sabes el mal que te ha hecho?

ADBERITE.
Dile el alma de mi pecho,
que es prenda que vale más.

ARDENIO.
Redondilla
Ya no se puede sufrir
2555
tanto valor y virtud,
ni hay humana ingratitud
que no se venga a rendir.
Redondilla
Y aunque mi valor es tal,
y el punto que he sustentado,
2560
¿no he de quedar obligado
a pecho tan liberal?
Redondilla
Ya de tu valor me siento,
abrasar las venas frías;
un alma nueva me crías
2565
con un nuevo pensamiento.
Redondilla
Y pues me das el recibo
de la infanta, en justa ley
por mía la doy al rey
y en su lugar te recibo.

REY.
Redondilla
2570
¡Oh caso grave y extraño!
¡Oh más que dichoso día!

ARDENIO.
Hoy es tiempo, reina mía,
que llegue tu desengaño.
Redondilla
Una merced de tu mano,
2575
señora, me has de otorgar.
Que a Ardenio has de perdonar
de la muerte de tu hermano;
Redondilla
que vendrá donde yo estoy
para que tú le perdones.

ADBERITE.
2580
Yo le doy cien mil perdones.

ARDENIO.
Pues, reina ilustre, yo soy.

ADBERITE.
Redondilla
Muy justo perdón pediste
y con razón le ganaste.
¡Buen hermano me mataste,
2585
mas buen marido me diste!

REY.
Redondilla
Todo para en gusto y gloria.
Después hablaréis despacio.
Vamos agora a palacio,
2590
y demos fin a la historia.