Félix Lope de Vega y Carpio

EL GANSO DE ORO




Texto utilizado para esta edición digital:
Cotarelo y Mori, Emilio (Ed.), Obras de Lope de Vega, I, Madrid, RAE, 1916, pp.153-184
Marcación digital para Artelope:
  • Burgos Segarra, Gemma (Artelope)

Elenco

BELARDO.
PRADELO.
ERGASTO.
QUIRARDO.
SILVERO.
LISENA.
BELISA.
CONDE RODULFO.
CESARINO.
JULIO.
PRUDENCIO.
LEONATO.
ESTACIO.
HORACIO.
UN PAJE.
TIBERIO,, cazador.
FELICIO,, mágico.
DARDANIO,, mágico.
UN ALGUACIL.
DOS RUFIANES.
UN ALCAGÜETE.
UN GITANO.
DOS RAMERAS
UN POETA.
UN SOLDADO.
UN DESPENSERO.
FROMINIO,, villano.
MONTANO,, villano.
EL PRÍNCIPE DE NÁPOLES.
BARDINELO,, salvaje.
DOS CAMINANTES.
MACERO 1º
MACERO 2º.

Jornada I

(Sale BARDINELO, salvaje, huyendo con un cabrito en las manos, y salen tras él, ERGASTO y PRADELO, pastores, y dicen de dentro: )

DENTRO.
Quintilla
¡Guarda, Bardinelo, guarda!
¡Guardá la choza, vaqueros!

ERGASTO.
¡Oh, mal golpe de alabarda
te corte esos pies ligeros!
5
¡Mal fuego te abrase y arda!
Quintilla
¡Pies sapos y culebras!
¡Caigas en hoyos y quiebras,
y en las trampas de los lobos
vengas a pagar los robos
10
que a nuestra costa celebras!
Quintilla
¿Qué te parece cuál huye?

PRADELO.
Como cobarde ladrón,
en los pies la vida incluye.

ERGASTO.
¡No diera algún tropezón!

PRADELO.
15
Con el mismo viento arguye.
Quintilla
¿Qué te ha llevado?

ERGASTRO.
Un cabrito
todo manchado y escrito,
que era de la cabra hermosa.

PRADELO.
¿Hate llevado otra cosa?

ERGASTO.
20
La salsa y el apetito.

PRADELO.
Quintilla
Él no lo habrá menester;
con pellejo y mal asado
lo suele, a veces, comer.

ERGASTO.
El suyo bien desollado
25
diera un dedo por tener.
Quintilla
Sin que juzgara Tímolo,
como a Marcias hizo Apolo,
por que le gozara el valle,
de un gancho había de colgalle
30
de este robre seco y solo.

PRADELO.
Quintilla
A todo el valle persigue;
no sois el quejoso vos.

ERGASTO.
¡No hay quien su furia mitigue!

(Entra huyendo LISENA.)

LISENA.
¡Favor, pastores, por Dios,
35
que Bardinelo me sigue!

ERGASTO.
Quintilla
Ya está encima aquella sierra,
Lisena, el miedo destierra.

LISENA.
Defenderme quiero aquí.

PRADELO.
Tendremos miedo de ti,
40
que das a los hombres guerra.

LISENA.
Quintilla
¿Yo, guerra, Pradelo?

PRADELO.
Y tanta,
cuanto lo sabe mi pecho,
que en mi rendida garganta
varias veces has deshecho
45
esa victoriosa planta.
Quintilla
Das guerra, huyendo ligera.

LISENA.
¡Ay! ¡El monstruo!

PRADELO.
No te asombres.

LISENA.
Aquí donde estoy me altera.

PRADELO.
Tú, de quien huyen los hombres,
50
¿por qué huyes de una fiera?

LISENA.
Quintilla
¿Fiera soy?

PRADELO.
Eres en rostro
un ángel, a quien me postro
por un milagro del cielo.
Pero en condición… ¿direlo?

LISENA.
55
Dilo.

PRADELO.
Pareces monstruo.

LISENA.
Quintilla
Si aqueso fuese muy cierto
desterráranme del prado.

PRADELO.
No fue muy gran desconcierto,
que más prendas has robado
60
y más animales muerto.
Quintilla
¿Ahora, por dicha, ignoras
que cubierto de estas ovas,
juncos, lirios y espadañas
el monstruo roba cabañas
65
y tú corazones robas?
Quintilla
Aquel, para hurtar, se encubre,
y del robo se sustenta,
cosa que sus faltas cubre;
mas tu condición exenta
70
para matar se descubre.
Quintilla
Él come de lo que mata;
lo que ella prende, maltrata;
aquel hurta por oficio,
y tú, Lisena, de vicio
75
y de ser al cielo ingrata.
Quintilla
¡Qué mal, cruel, le agradeces
esos ojos celestiales
con que a sus luces pareces,
y esos rayos orientales,
80
que le dan envidia a veces!
Quintilla
¡Esa tez blanca y lustrosa,
como cándida cuajada!
¡Y esa frente tan hermosa!
¡Y esa boca colorada,
85
que no es boca, sino rosa!
Quintilla
¡Ese cuello que encadena
y aquese todo, Lisena,
que eres toda bella, al fin,
toda de rosa y jazmín,
90
oro, clavel y azucena!

LISENA.
Quintilla
Harto de lo que me dices
con el miedo se me pierde.

PRADELO.
Con eso mi fe desdices,
que de mi esperanza verde
95
has secado las raíces.

LISENA.
Quintilla
Toda me has hecho un jardín,
que eres toda bella, al fin,
que eres setiembre, en efeto.

ERGASTO.
Antes un mayo perfeto,
100
lleno de rosas y jazmín.
Quintilla
Cien mil años que viviera
vuestra discordia escuchara;
Lisena, no seas tan fiera,
que te digan en la cara
105
que el valle de ti se altera;
Quintilla
que, si ven que tus amores
dan la muerte a dos pastores,
jutaranse contra ti.

(Entra SILVERO, pastor.)

SILVERO.
¿Habéis visto por aquí
110
la causa de mis dolores?

PRADELO.
Quintilla
Solo aquesta, por quien muero,
habemos visto, Silvero;
que es la que presente ves.

SILVERO.
Tras esos veloces pies
115
voy como el viento ligero.

(Vase SILVERO.)

PRADELO.
Quintilla
Bien quiero a aqueste pastor,
porque tienen semejanza,
en el desdén y rigor,
su ventura y mi esperanza,
120
su cuidado y mi dolor.
Quintilla
Muere por Belisa bella
y con la misma querella
que tengo, ingrata, de ti.

LISENA.
Tan mal te quejas de mí
125
como este se queja de ella.
Quintilla
El amor no quiere fuerza,
que es una dulce amistad
a quien la sangre se esfuerza
que la llamen voluntad,
130
porque ninguno la fuerza.
Quintilla
¿Forzarme quieres a amarte?

PRADELO.
A lo menos, obligarte;
que suele la obligación
engendrar el afición
135
de que el talle no fue parte.

LISENA.
Quintilla
Sabes ya que quiero bien.

PRADELO.
Ya lo sé, para mi mal.

LISENA.
Pues si lo sabes tan bien,
luego ya no es general
140
mi condición y desdén.
Quintilla
¿Téngome yo de partir?
¿Puedo, por dicha, acudir
a aquel, si contigo quedo?
Bien ves, pastor, que no puedo.

PRADELO.
145
Ni yo te puedo sufrir.
Quintilla
Voime.

ERGASTO.
Espérame, Pradelo.

PRADELO.
Voy a colgarme de un árbol
solo para ver si el cielo
convierte a Lisena en mármol
150
ese corazón de hielo.

(Vase PRADELO.)

ERGASTO.
Quintilla
¡Él hará algún disparate!
Yo voy por que no se mate.

(Vase ERGASTRO.)

LISENA.
Déjale; riéte de él,
que, aunque veas el cordel,
155
no hayas miedo que le ate.
Quintilla
Sois los hombres de esta suerte,
que siempre nos engañáis
con fingirnos que os dais muerte,
y de cuantos os matáis
160
muy poca sangre se vierte.
Quintilla
Que si Leandro murió,
fue porque no pudo más,
que no poco porfió
por deja el agua atrás
Quintilla
165
que tan por fuerza bebió.
Píramo, como es su fama,
sobre el espada cayó,
tropezando en una rama,
y Isis subiendo se asió
170
de una reja de su dama.
Quintilla
Que pensar que por amor
ha muerto nadie, es mentira.

(Entra SILVERO, pastor.)

SILVERO.
Creciendo va mi dolor
por los puntos de la ira,
175
Belisa, de tu rigor.
Quintilla
¿Adónde huyes de mí?

LISENA.
¿No la has hallado?

SILVERO.
No la hallo.
Lisena, ¿qué haces aquí?

LISENA.
Buscar, perdida y ajena,
180
aquel por quien me perdí,
Quintilla
que al fin tiene dueño ajeno.

SILVERO.
Y el que lo es de mi vida.

LISENA.
Al fin, penas como peno.

SILVERO.
Sí que en aquesta bebida
185
nos dan un propio veneno.
Quintilla
Belisa quiere a Belardo,
tú a Belardo, yo a Belisa;
no sé qué remedio aguardo,
que todo el mal viene aprisa
190
y el bien, perezoso y tardo.
Quintilla
¡Ah, Lisena, y quién pudiera
hacer que yo te quisiera,
y porque esto fuera ansí
que me quisieras a mí,
195
al fin, que una cosa fuera;
Quintilla
pues quieres a quien te olvida
y yo a quien me olvida quiero.

LISENA.
Mal puede un hombre, Silvero,
forzar su dicha perdida.
200
Por quien me aborrece, muero.

SILVERO.
Quintilla
¿Quieres que nos esforcemos
a amarnos los dos? Quizá
que porfiando podremos.

LISENA.
¿Quién al amor forzará?
205
Pero, Silvero, probemos;
Quintilla
que, cuando no sirva más
que dar a entender al valle
que por mí penando estás
y que me abrasa tu talle,
210
doy celos y celos das.

SILVERO.
Quintilla
¿Qué más bien que dar fatiga
tan celosa a mi enemiga?

LISENA.
¿Qué más bien que a mi enemigo
dalle un celoso castigo
215
de cuanto a mí se me castiga?
Quintilla
Yo sé que lo sentirá,
que a Pradelo sabes ya
le aborrezco, y este día,
si a otra amase, me daría
220
la pena que no me da.

SILVERO.
Quintilla
Brava pena da, Lisena,
ver que quien nos ha querido
ya quiera persona ajena,
que quizá de igual olvido
225
tomó principio mi pena.
Quintilla
Por lo menos, les daremos
a entender que nos amamos,
y a fe que pena les demos
viendo que no nos lloramos
230
las lágrimas que solemos.
Quintilla
Ahora bien, quiero empezar.

LISENA.
¿A qué, Silvero?

SILVERO.
A probar
a decirte alguna cosa.—
¡A fe, que vienes hermosa!

LISENA.
235
Bien dices para burlar.
Quintilla
¡Qué gentil hombre que estás!

SILVERO.
Para burlarte bien dices.
¿Amasme, mi bien?

LISENA.
Bien vas.
Como el agua a las raíces
240
de verde trigo, y aun más.
Quintilla
Y aun es mayor mi deseo
de que te juntes conmigo.

SILVERO.
No es posible, no lo creo;
pongo al cielo por testigo
245
de que a la muerte me veo.

LISENA.
Quintilla
¿De qué enfermedad?

SILVERO.
De amarte,
porque en mi cuerpo no hay parte
donde no tenga su herida.

LISENA.
Pues ¿qué soy yo?

SILVERO.
¿Tú? Mi vida.

LISENA.
250
Quiero en mis brazos curarte.

SILVERO.
Quintilla
Tomarelos, no hay que hablar.

LISENA.
Tente afuera; aqueso no.

SILVERO.
¿No ves que todo es burlar?

LISENA.
Sí; mas no se concertó
255
que me habías de abrazar.
Quintilla
Las burlas, burlas, Silvero;
que eso de los brazos es
prendas de amor verdadero.

SILVERO.
Así, pues, háblame, pues.
260
¿Qué me dices?

LISENA.
Que te quiero.

SILVERO.
Quintilla
Y yo sin comparación.
Por justa satisfacción
te ofrezco mi voluntad.

LISENA.
¿Qué más tiene la vedad,
265
Silvero, que esa afición?
Quintilla
¡Oh, malhaya la mujer
que pone su fe en vosotros!

SILVERO.
Mejor se puede poner,
cuando la hubiese, en nosotros;
270
pero no la puede haber.
Quintilla
Oye, que Belisa es esta.
A fe que tenemos fiesta.
Hazme favor, por tu vida.

(Entra BELISA, haciendo una trenza de cabellos de seda azul y verde.)

BELISA.
Vaya la esperanza asida
275
entre amor y celos puesta,
Quintilla
aunque lo azul con lo verde
no diga bien.

LISENA.
¡Ah, mis ojos!

SILVERO.
¿Qué, mi bien?

LISENA.
Que se os acuerde
que soy yo vuestros despojos.

BELISA.
280
¡Oh, cuánto la cinta pierde
Quintilla
en llevar aquestos celos!
Mas yo diré que el turquí
era color de los cielos.

SILVERO.
¿Qué? ¿Al fin me quieres a mí?

BELISA.
285
¿Pondrelos o quitarelos?

SILVERO.
Quintilla
Alza más la voz, Lisena,
que, en la trenza embebecida,
viene de sentido ajena.

LISENA.
¿Quiéresme?

SILVERO.
Como a mi vida.

LISENA.
290
¿Qué tienes?

SILVERO.
Amor y pena.
Quintilla
Dime más.

LISENA.
No puedo más,
que si de acá no me sale
cánsame mucho.

SILVERO.
Verás
cuánto la industria nos vale.

LISENA.
295
No escucha, y es por demás.
Quintilla
Ya Belardo viene aquí.
Yo sé que ahora hablarás.

(Entra BELARDO haciendo en una tablilla esta cifra: b (flor de lis) a.)

BELARDO.
Bien irá la letra ansí
y este rasguillo de atrás.

BELISA.
300
¡Qué bien los celos tejí!
Quintilla
A fe que sin que lo diga
mi lengua en esta ocasión
ha de entender mi fatiga.

SILVERO.
Abrásasme el corazón,
305
y el propio a tu ardor se obliga.

LISENA.
Quintilla
Tú me abrasas los sentidos.

BELARDO.
La flor de lis pondré en medio.

LISENA.
Están tan embebecidos,
que de oírnos no hay remedio.

SILVERO.
310
Bien parecemos fingidos;
Quintilla
que si tú a mí me quisieras
y de mí querida fueras,
árbol ni piedra quedara
que no te oyera y mirara,
315
y escuchada y vista fueras.

LISENA.
Quintilla
Desdichado es el amor.
Nunca le faltan testigos.

SILVERO.
Por mí lo dirás mejor,
que tiene mil enemigos
320
mi verdadero dolor.

BELARDO.
Soneto
Hermosas plantas de encarnadas rosas;
doradas y extendidas clavellinas,
que en verdes hojas de esmeraldas finas
con nuevo olor resplandecéis [vistosas].
325
Altos jazmines, vides amorosas,
de consumirse, con el tiempo, indinas;
¿vistes del sol las luces más divinas
mirarse en verdes ramas victoriosas?
¿Vistes jamás tan apacible el día?
330
¿Reverdecieron más vuestros despojos
con el rocío que del alba os toca?
Aquí debe de estar la prenda mía,
que aquese resplandor es de sus ojos
y aquese aljófar de su dulce boca.

BELISA.
Soneto
335
Marchitas plantas, ramos, fruto y rosas,
fe de los hombres, tiernas clavellinas,
que siendo falsas, como piedras finas
a nuestros engaños relucís [vistosas].
Robles, desenlazad las amorosas
340
yedras de engaño y deslealtad indinas,
porque las apariencias más divinas
de fes rotas vivan victoriosas.
Pastor injusto, pues que llega el día
de tu mal pensamiento, estos despojos
345
recibe, que es más justo a quien le toca.
No soy tu prenda, ni eres prenda mía;
solo me pesa, que a tan buenos ojos
el cielo diese tan fingida boca.

BELARDO.
Quintilla
Amor: que esto que siento
350
que no suele el corazón
en vano hacer movimiento,
correos del alma son
que vienen del pensamiento.-
Quintilla
¡Ay, mi Belisa! ¿Aquí estás?

BELISA.
355
En mis brazos te recibo,
por no negallos jamás.

SILVERO.
De lo dicho me desdigo;
no pienso quererte más.
Quintilla
Para ver, sí tienen ojos,
360
no los tienen para verme.

BELARDO.
Causa me has dado y enojos,
y ocasión para ofrecerme
a la muerte por despojos.

BELISA.
Quintilla
Esta trenza de cabellos
365
que he tejido para ti,
te dirá la causa de ellos.

BELARDO.
Si ello me lo dice ansí,
por Dios, que me cuelgue de ellos.
Quintilla
Aquí el verde y mi esperanza
370
muestran el valor que alcanza
el que sirve con firmeza;
pues no hay negro, no hay tristeza,
ni en pardo desconfianza.
Quintilla
¡Ay, color, que ya te veo!
375
No hay por qué te disimules;
ni vienes bien, ni lo creo,
que no da llamas azules
al fuego de mi deseo.
Quintilla
Es mi pena celestial
380
y esas llamas están mal,
porque azules son de azufre,
y no es la pena que sufre
tan sin remedio infernal.
Quintilla
Mi bien, ¡que puedes creer
385
que se ha de compadecer
haberte visto y no amarte
y que pueda celos darte
hermosura de mujer!
Quintilla
De quién temes?

BELISA.
No querría,
390
mi bien, decirte mi pena;
pero vite estotro día…

BELARDO.
¿A mí? ¿Con quién?

BELISA.
Con Lisena.

BELARDO.
¿Qué dices, Belisa mía?
Quintilla
¿Yo con Lisena?

BELISA.
Tú, pues.

BELARDO.
395
Puede ser, pero ¿no ves
que guardaría el decoro
a que los ojos que adoro
y esto[y] poniendo en mis pies?

SILVERO.
Quintilla
¿No escuchas esto, Lisena?

LISENA.
400
Ya lo escucho, que ya estoy
ardiendo en celosa pena.

BELARDO.
Bien sabes que tuyo soy,
sin tener sospecha ajena;
Quintilla
y créeme sin recelo,
405
que es Lisena un frío hielo
para mis ojos, y que es
la tierra de aquesos pies
y el infierno de ese cielo.

LISENA.
Quintilla
¿Esto tengo de escuchar?
410
¿Estos desprecios merezco
por un injusto adorar?

BELISA.
Ya que a creerte me ofrezco,
la palabra que me has de dar
Quintilla
de no hablar más con Lisena.

BELARDO.
415
Cuando la hablare otra vez
me condene a eterna pena
aquel sangriento juez
que a los infiernos condena.
Quintilla
Pero ya que eso me pides,
420
y con tu amor verdadero
la razón que tienes mides,
deja de hablar a Silvero,
por que del todo le olvides.

BELISA.
Quintilla
¿Yo a Silvero?

LISENA.
¿Oyes aquesto?

SILVERO.
425
Ya lo escucho. ¡Ah, tiempo ingrato,
qué firmeza has descompuesto!

BELARDO.
Ayer rasgué aquel retrato
que estaba en el olmo puesto;
Quintilla
que le di con el cayado
430
en la adornada cabeza
tantos palos al cuitado,
que allá saltó la corteza
y esotro volvió quebrado.

SILVERO.
Quintilla
¿Esto tengo de sufrir
435
por un injusto adorar
hasta llegar a morir?

BELARDO.
¿Juras que no le has de hablar?

BELISA.
Y cuando le viere, huir.
Quintilla
¿Qué traías en la mano?

BELARDO.
440
Una tablilla en que hacía
aquel nombre soberano.

BELISA.
¿Cuyo?

BELARDO.
Tuyo, gloria mía.

BELISA.
Muestra a ver. ¡Por Dios, galano!
Quintilla
¿Qué dice en la be y el a?

BELARDO.
445
Con la lis en medio puesta,
Belisa, mi bien, dirá.

SILVERO.
Cara me cuesta la fiesta,
y el alma me costará.

BELISA.
Quintilla
¿Quiéresme le dar?

BELARDO.
¿Pues no?
450
Pues yo ¿para quién lo hacía?

LISENA.
¿Ves que el retrato le dio?
He visto la muerte mía,
y la que nunca me vio.

BELISA.
Quintilla
Traerle quiero en mi cuello
455
en poniéndole una cinta.

BELARDO.
Yo la trenza y tu cabello
cuando con muerte sucinta
me obligare a suspendello,
Quintilla
aunque esto nunca será.
460
Vámonos aquella fuente
que junto al encina está.

SILVERO.
Este es tiempo conviniente.
Lisena, el brazo me da,
Quintilla
que viéndonos abrazados
465
irán de celo abrasados.

LISENA.
Tal estoy, que te los doy.

BELARDO.
Yo soy tuyo.

BELISA.
Tuyo soy.

BELARDO.
¿Cómo iremos?

BELISA.
Enlazados.

(Entranse abrazados, sin mirarlos.)

SILVERO.
Quintilla
Con nuestra burla nos deja.

LISENA.
470
Suelta, Silvero, los brazos,
pues aquel traidor se aleja,
pues que voy a ahorcarme en los lazos
de la vid más firme y vieja.
Quintilla
Que pues un tiempo lo fui
475
y el cuello ingrato ceñí
pensando que era árbol fuerte,
serán lazos de mi muerte
los que en la vida tejí.

(Vase LISENA.)

SILVERO.
Quintilla
Si he de mirar a tu ejemplo
480
y acaso el rigor no templo
con mudanzas manifiestas,
de la primera y de aquestas
como un Isis me convierto.
Quintilla
Pero quiérome valer
485
de mi padre en este caso,
que es de la mágica un vaso
en que puedo recoger
la triste vida que paso.
Quintilla
Pero está tan escondido,
490
que no sé si atento oído
querrá prestar a mi ruego.
Pero si en esto voy ciego,
ciego amor, tus pasos mido.
Terceto
¡Oh gran Felicio! Que del cielo y tierra
495
pastes y mides viendo los secretos
que en sus entrañas nuestra madre encierra.
Terceto
Tú que a tu voluntad tienes sujetos
los moradores del estigio lago;
tú que del cielo entiendes los efetos,
Terceto
500
si fue verdad que son fingido halago
a cándida engañaste, madre mía,
en cisne vuelto por el aire vago;
Terceto
si la abrazaste, y si ella tu osadía
con virginal vergüenza repugnaba,
505
y si rendir la viste a tu porfía;
Terceto
si me parió de ti, si me criaba
de tu ganado una cabrilla hermosa
que a mí y a sus cabritos leche daba;
Terceto
si me parezco acaso alguna cosa,
510
¡oh, padre! aquese rostro venerable
y aquesa gravedad maravillosa,
Terceto
permíteme, señor, mi rey, que hable
a esa presencia de quien tiembla el suelo,
como de padre con su hechura afable.
Terceto
515
Silvero soy, a quien un pobre velo
cubrió en la selva de quien tengo el nombre,
recién nacido y tiritando al hielo.

(Suenan por la cueva tres o cuatro cohetes y sale por ella FELICIO, mágico.)

FELICIO.
Terceto
Silvero, no te espante ni te asombre
esta espantosa vista; sé mi idea,
520
que más tienes de mí que mortal hombre.
Terceto
Cándida fue tu madre, a quien desea
a uno y mi corazón. Tú eres mi hijo,
y esto haré que se conozca y vea.
Terceto
Si tu servicio y padecer prolijo
525
no agradan a Belisa, fuerzas tengo
para estorbar lo que en tu daño dijo;
Terceto
y pues que a solo tu remedio vengo,
haré lo que pudiere, y puedo mucho,
que muchos ríos en el correr detengo.

SILVERO.
Terceto
530
Padre ¿es posible que tu voz escucho?
¿Que recibo de ti tales mercedes?
¿Que vencí las sospechas con que lucho?
Terceto
¿Que eres mi padre, al fin?

FELICIO.
Decirlo puedes,
y en mis obras verás que soy tu padre,
535
porque del todo satisfecho quedes.
Terceto
Todo lo que jamás ajuste y cuadre
a tu remedio tengo prevenido.
¡Tanto de fe y amor debo a tu madre!
Terceto
Entra en mi cueva, y tú verás que ha sido
540
privilegio que naide alcanzar puede,
a un hijo solamente concedido,
Terceto
que yo haré que aquesta noche quede
Belisa arrepentida de su engaño,
si esta licencia el cielo me concede.

SILVERO.
Terceto
545
Vamos, que solo aquese desengaño
de que eres tú mi padre me bastaba.

FELICIO.
Entra y no temas que te hagan daño.
Terceto
¡Oh, cuánto, cielos, a tu madre amaba!

(Vanse, y sale el SALVAJE con BELISA, robada.)

BELISA.
Quintilla
¡Favor, pastores del valle;
550
favor, que presa me lleva,
si no venís a matalle,
este enemigo a su cueva,
demonio en obras y talle!

(Entranse y sale BELARDO.)

BELARDO.
Quintilla
Suela el ángel, Bardinelo;
555
vuelve su tesoro al suelo,
restitúyelo a mí mismo,
no hagas cielo tu abismo,
que darás envidia al cielo.
Quintilla
Suelta, ladrón. Ya se fue.
560
¡Ay cielos! Si aquesto vistes,
si no fue invidia , ¿por qué
por qué un áspid no pusistes
en cada estampa del pie?
Quintilla
Por menos que esto Aristeo
565
llora su incasto deseo,
y por menos Eurídice
sus vanas querellas dice
a las aguas de Leteo.
Quintilla
Menos sacrilegio hecho
570
tiene a Sísifo deshecho.
Por menos brama Egión,
y por menos a Egeón
un Etna le oprime el pecho.
Quintilla
Estoy por entrar adentro,
575
aunque salga más aprisa
la dura muerte al encuentro,
que no es mucho por Belisa
bajar al escuro centro.
Quintilla
Puédeme aqueste matar,
580
puede más; pues quiero entrar,
que más puedo y soy más fuerte,
pues que resisto a la muerte,
que es un valor singular.
Quintilla
Mas ¡ay! que hazaña cual esta
585
no es gallardo atrevimiento
que el alma noble me presta,
sino poco sufrimiento
de la vida que me resta.
Quintilla
Pues entraré.

(Sale Lisena y ásele.)

LISENA.
Tente un poco.

BELARDO.
590
¿Que me tenga?

LISENA.
Espera, loco.

BELARDO.
¿Que me espere?

LISENA.
Espera, pues.

BELARDO.
No me detengas los pies,
sino el alma que provoco.

LISENA.
Quintilla
Digo que no quiero que entres
595
adonde a pequeño trecho
mil animales encuentres,
aunque es digno aquese pecho
de sepultarse en sus vientres.

BELARDO.
Quintilla
¿Hante dicho a ti, Lisena,
600
lo que aquí vengo a buscar?

LISENA.
Ya por todo el valle suena;
ya me han venido a avisar
los correos de mi pena.

BELARDO
Quintilla
¿Qué correos, di?

LISENA.
Mis celos,
605
que con carta de recelos
llegan al alma por puntos
y agora vinieron juntos.
¡Tan mal me quieren los cielos!

BELARDO.
Quintilla
¿Ahora en conceptos vanos
610
dilatando mi pasión,
detiene mis fuertes manos
cuando las pone un ladrón
en mis ojos soberanos?

LISENA.
Quintilla
¿En quién?

BELARDO.
En Belisa.

LISENA.
En quien es todo mi bien.

LISENA.
615
¿Osas mentarme a Belisa?
Pudieras moverme a risa
a serlo mi mal también.

BELARDO.
Quintilla
Como la que tengo dicha
¿no es toda el alma que ves?
620
¿Es esto nuevo, por dicha?

LISENA.
No es nuevo, que no lo es
todo lo que es mi desdicha.

BELARDO.
Quintilla
Pues déjame que allá baje,
porque rabio de coraje
625
de que un salvaje ladrón
me robe mi corazón.

LISENA.
También eres tú salvaje.

BELARDO.
Quintilla
Pues ¿qué quieres?

LISENA.
Que me des
el que me has robado mío,
630
y cobra el tuyo después,
que poco en tus manos fío
si te me vas por los pies.

BELARDO.
Quintilla
Suelta.

LISENA.
No te soltaré.

BELARDO.
Matarete.

LISENA.
No querrás.

BELARDO.
635
Pues matareme y podré.

LISENA.
No, no, que me matarás;
no, no, que me moriré.

BELARDO.
Quintilla
¿Melindres conmigo ahora?
Suelto el pellico, ¡malhaya!

LISENA.
640
¡Malhaya, amén, quien te adora!

(Sale el SALVAJE y coge a LISENA.)

BARDINELO.
Vaya con las otras, vaya.

LISENA.
¡Ay! ¡Belardo!

BELARDO.
Ve en buena hora.
Quintilla
No hayas miedo que defienda
lo que no fuere mi hacienda.

LISENA.
645
¡Ay! ¿Belardo?

BARDINELO.
Callad, dama,
que habéis de ser cena y cama
y Belisa la merienda.

(Vase el SALVAJE con ella.)

BELARDO.
Quintilla
¡Oh! Mal provecho te haga
antes que llegues allá
650
y si de esto amor se paga,
veneno bebas con ella
que el corazón te deshaga.
Quintilla
¡Qué grande alboroto suena!
¿Si entraré? Mas ¿qué he de hacer?
655
Tanto aborrezco a Lisena,
que por solo no la ver
dejaré a Belisa en pena.

(Salen ERGASTO, PRADELO y QUIRARDO.)

QUIRARDO.
Quintilla
Por aquí, en efecto, vino.

PRADELO.
Este es el mismo camino.

ERGASTO.
660
Y esta la cueva, Quirardo.

QUIRARDO.
Ya está a la puerta Belardo.

PRADELO.
A fe, que es diamante fino.

QUIRARDO.
Quintilla
¿Cómo has llegado primero
a ver al ladrón ligero?
665
Di, cuidadoso amador.

BELARDO.
Llegué primero al dolor,
pero al remedio postrero.
Quintilla
A Belisa me ha llevado
este Bardinelo, aqueste.

QUIRARDO.
670
Viva el ladrón con cuidado;
que yo haré que le cueste
caro el precioso bocado.
Quintilla
Él sabe bien cómo riño
cuando aquesta me desciño.

ERGASTO.
675
¿Si la forzará?

PRADELO.
¿Quién duda
de una bestia fiera y ruda?
¿Qué más dijeras de un niño?
Quintilla
Ya la estará destripando.

BELARDO.
¿Ríes de verme llorando?
680
Pues, por Dios, que está con ella
quien te parece más bella
que el cielo que estás mirando.

PRADELO.
Quintilla
¿Bella?

BELARDO.
Y bellísima pues.

PRADELO.
¿Quién es, Belardo?

BELARDO.
Lisena.

PRADELO.
685
Calla, por Dios.

BELARDO.
Ella es.

PRADELO.
¿Burlas?

BELARDO.
De verte sin pena
cuando con ella me ves.

PRADELO.
Quintilla
¡Oh, malhaya mi linaje!
Quirardo, a Lisena tiene
690
en su cueva este salvaje.

QUIRARDO.
Buscar remedio conviene
que tanta desdicha ataje;
Quintilla
mas yo no siento ninguno.

BELARDO.
Yo sé solamente uno,
695
y uno solo lo ha de hacer,
que es uno solo en querer
como no ha querido alguno,
Quintilla
y es entrar a ver muy quero
qué hace el fiero ladrón.
700
Si está solo, salir puedo
y, juntando un escuadrón,
podremos entrar sin miedo.
Quintilla
Si hay mucho es peligroso,
y ansí, por caso dudoso,
705
buscaremos otro acuerdo.

PRADELO.
Hablas animoso y cuerdo.

BELARDO.
Háceme el tiempo animoso,
Quintilla
que amor, que me abrasa y arde,
me hace, que en ve la muerte,
710
ni huya ni me acobarde,
sien el más flasco, más fuerte,
y más rebusto el cobarde.

PRADELO.
Quintilla
Si entras, ¿cómo volverás
a salir después, si vas?

BELARDO.
715
¿Cómo? Poniendo un cordel
podreme volver por él
aunque entre una legua y más.

ERGASTO.
Quintilla
Aquí tengo yo un ovillo
que para ciertas abarcas
720
truje ayer; toma, carillo.

QUIRARDO.
Guárdale bien de las Parcas.

BELARDO.
¿Es recio para el cuchillo?

PRADELO.
Quintilla
Embotarele su filo.

BELARDO.
Espera, que quiero atar
725
en aquesta puerta el hilo
para mejor imitar
del griego el sagaz estilo,
Quintilla
y estotro tomaré yo
y en la mano tomarelo.

PRADELO.
730
¡Qué ingenio el cielo te dio!

BELARDO.
Mas ¡qué desdicha, Pradelo!

PRADELO.
¡Esta sí, que esotra no!

ERGASTO.
Quintilla
Los tres aquí te aguardamos.

BELARDO.
El cielo vaya conmigo.

(Entra por la cueva.)

PRADELO.
735
Desde aquí se lo rogamos,
que bien ves,
Belardo, amigo,
con cuánta pena quedamos.

QUIRARDO.
Quintilla
Paréceme que a Teseo
en el laberinto veo
740
dar la muerte al Minotauro.

PRADELO.
Y a mí, que para él restauro,
Quirardo, el bien que deseo.
Quintilla
De Ariadna me promete
en mi Lisena, que adoro,
745
si aquesta impresa acomete.

ERGASTO.
Merece una estatua de oro.
¿Qué dije una estatua? Siete.
Quintilla
Por Apolo, que este mozo
pone regocijo y gozo
750
en su brío y ademán.

QUIRARDO.
Él y sus bríos ya están
como tras la soga el pozo.
Quintilla
La hazaña ha sido bien loca;
que mil veces a mi abuelo
755
le oí decir que esta roca
era un azote del cielo
y del infierno una boca,
Quintilla
y los que han entrado en ella,
si no han muerto dentro de ella,
760
han salido enhechizados.

ERGASTO.
Los cabellos erizados
tengo solamente en vella.
Quintilla
No me cuentes esas cosas,
que soy medroso en extremo.

PRADELO.
765
Para mí serán medrosas,
pues por ella perder temo
mis esperanzas gloriosas
Quintilla
que se apilan en Belardo,
porque es base, Quirardo,
770
de todo aqueste edificio.

QUIRARDO.
Hará Belardo su oficio,
que es animoso y gallardo.
Quintilla
Vámonos, allí debajo
de aquel roble esperaremos
775
con menos pena y trabajo,
por ser acopado y bajo,
[·················-emos]
Quintilla
y contaros he mil cosas
increíbles, monstruosas,
780
de estas encantadas cuevas.

ERGASTO.
Hecho una nieve me llevas
hasta las plantas medrosas.

(Vanse y sale BELARDO por la cueva.)

BELARDO.
Quintilla
Es tanta la escuridad
y los pasos tan inciertos,
785
que sola mi voluntad
los pudiera hallar abiertos
a tanta dificultad.
Quintilla
Largo trecho he caminado,
y tanto, que estoy cansado.
790
Pues de un frágil hilo asido
voy entre riscos perdido,
y aun es lo más que he ganado.
Quintilla
Ni hallo el fin, ni saber puedo
más, de que me pesa el miedo
795
la sombra por donde voy.
Mal griego es la industria soy:
todo me entrilo y me enredo;
Quintilla
pero fin ha de tener
ventura tan atrevida,
800
y si no le puede haber,
haberle tiene en mi vida,
que esta por fuerza ha de ser.
Quintilla
Ruido siento. ¡Ay de mí!
Arrimarme quiero aquí.
805
Fiesta viene. ¿Qué será?
Música suena. Quizá
sale a recibirme a mí.

(Sale una boda de diablos y músicos delante, y el PRÍNCIPE DE NÁPOLES y BELISA.)

PRÍNCIPE.
Quintilla
El haber con vos juntado
la sangre real que tengo,
810
amor lo tiene ordenado,
pues por él, Belisa, vengo
desde el más remoto Estado
Quintilla
El Rey del Nápoles soy,
que a vuestro rústico traje
815
toda esta licencia doy,
pues quiere amor que me abaje
a la coyunda en que estoy.
Quintilla
¿Estáis contenta de darme
esa blanca mano, hermosa,
820
que pudo el alma robarme
de que sois mi dulce esposa
y habéis de resucitarme?

BELISA.
Quintilla
Digo, mi señor, que sí,
y que ya de hoy más de mí
825
podréis gozar los despojos.

BELARDO.
¿Qué es esto que ven mis ojos?
¿Belisa se casa aquí?

PRÍNCIPE.
Quintilla
Pues, alto. Sentémonos
en mi tálamo real.
830
Tañed y danzad los dos.

BELARDO.
¿Quién vio casamiento igual?
¡Loco me torno, por Dios!

(Bailan algunas figuras graciosas.)

PRÍNCIPE.
Quintilla
Basta ya el sarao, que amor
no requiere tanto espacio,
835
y más creciendo el rigor.
Vamos, mi vida, a palacio
a templar aqueste ardor,
Quintilla
donde en mi bordada cama
menguando crezca mi llama,
840
y creciendo mengüe, y sea
tan sabrosa esta pelea
como lo dice la fama,
Quintilla
que yo juro que sois vos,
mi bien, la primer mujer
845
que me ha dado el ciego dios
para el conyugal placer.
Y juntémonos los dos
Quintilla
para que, con buen agüero,
Nápoles tenga heredero
850
y los dos un bello hijo.

BELARDO.
¡Cielos! ¿Qué es esto que dijo?
De celos me abraso y muerto.
Quintilla
¿Esto tengo de sufrir?
¿Delante de mí se ha de ir
855
este con mi propia dama
y no menos que a su cama?
Por Dios, que lo he de impedir.—
Quintilla
Señores, aunque no soy
conocido en esta tierra,
860
ni menos sé dónde estoy,
si es ciudad, montaña, o sierra,
si me estoy quedo, o si voy,
Quintilla
sepan que a ese casamiento
pongo justo impedimento:
865
que Belisa es mi mujer,
y aquí lo podrán leer
en este conocimiento.
(Aquí le aporrean con matapecados.)
Quintilla
¡Ay de mí, triste! ¡Ay de mí!
¿Nadie me socorre? ¡Ay!
870
Digo que desisto aquí
y que en todo lo que hay
una y mil veces mentí;
Quintilla
que ni es, ni fue mi esposa,
ni me dio ninguna cosa.
875
¡Reniego del casamiento!
Si es su carga la que siento,
por Dios, que es dificultosa.
Quintilla
¡Bueno quedo, por mi vida!
Todo quedo disistido,
880
y aun creo que la comida.
¡Cielos! ¿Es esto fingido?
¿Es esta boda fingida?
Quintilla
¿Estoy loco? ¿Estoy despierto?
¿Si duermo?...Mas ¡ay de mí!
885
¿Qué fuera de que estoy muerto?
El hilo y cordel perdí
para que fuese más cierto.
Quintilla
¿Por dónde tengo de ir
a contar este suceso?
890
¿A que me trujo a morir,
amor, tu amoroso exceso?
Entré para no salir.
Quintilla
Ahora bien: volver atrás
ya no es posible, pues quiero,
895
pues quiero caminar más,
que, al fin, llegaré primero
a la muerte que me das.
Quintilla
De un deseo vamos llenos;
camina, que ya camino,
900
muerte, amiga de los buenos,
partiremos el camino
y cansarémonos menos.
Quintilla
Que este galardón alcanza
quien, sin temer la mudanza
905
de amor, siempre trae asida
en un cabello la vida
y en un hilo la esperanza.


Jornada II

(Salen dos caminantes; el uno se llama TANCREDO y el otro es un PEREGRINO.)

TANCREDO.
Redondilla
Es imposible, sospecho,
que en esta ciudad entremos,
910
si no es que ya aventuremos
a tanto peligro el pecho;
Redondilla
porque toda contagiosa
de pestilencia se abrasa,
desde la más pobre casa
915
hasta la más poderosa.

PEREGRINO.
Redondilla
¿Qué dicen que es la ocasión?

TANCREDO.
Una luz o encantamento,
cuya llama, envuelta en viento,
dicen que sale un dragón.
Redondilla
920
Unos dicen que es un sabio,
otros que es un cuerpo muerto
cuyo monumento abierto
no da olor sabio ni arabio,
Redondilla
antes fiero y pestilente,
925
y tal, que en esta ciudad
de común enfermedad,
[se muere toda la gente.]
Redondilla
La Casa Real ha hecho
una Troya de abrasada,
930
que fue su primer posada
su rico y dorado techo.
Redondilla
Han muerto la reina y rey,
los hijos también han muerto,
más que Tiro está desierto
935
cuando Dido cortó el buey.
Redondilla
No hay quien reine ni hay quien viva,
todo es confusión y llanto.
Han hecho a Júpiter santo
una y otra rogativa.
Redondilla
940
Pero tan airado está,
que nada les aprovecha,
y ansí la ciudad sospecha
que es azote que les da;
Redondilla
y temiendo su ruina,
945
piden de una misma suerte
la brevedad de su muerte
por última medecina.

PEREGRINO.
Redondilla
Hasme dejado, por Dios,
de ese suceso espantado.

TANCREDO.
950
El camino hemos errado
por ir hablando los dos.
Redondilla
Mucho a la ciudad llegamos;
alguna desgracia temo.

PEREGRINO.
Si es el mal con tanto extremo,
955
en solo mirarla erramos;
Redondilla
porque de la vista rompe
los espíritus visivos,
que son, Tancredo, atractivos
de la sangre que corrompe.
Redondilla
960
Un pastor sale hacia acá
de entre estos riscos que tiene,
que como un éxtasis viene
y mirando al cielo está.
Redondilla
Es traje no es de esta tierra.

(Sale BELARDO por la cueva, como espantado.)

BELARDO.
965
¡Válame Dios! ¿Dónde estoy?
Gracias, ¡oh cielo! te doy,
que veo un monte y una sierra.
Redondilla
Mis ojos, tomad consuelo,
haced fiestas y alegrías,
970
pues ha tan prolijos días
que no veis la luz del cielo.
Redondilla
Parece que el [...-ado]
todo el mundo por la cueva
viendo el sol y la luz nueva
975
y la verdura del prado,
Redondilla
porque desde el casamiento
de Belisa no he podido
cobrar el hilo perdido
que hilaba mi pensamiento.

TANCREDO.
Redondilla
980
Este pastor nos dirá,
pues anda por esta sierra,
si está sigura esta tierra.—
Buen hombre, llégate acá.
Redondilla
¿Cuánto ponen desde aquí
985
a Nápoles?

BELARDO.
¿Luego es
aquesta Nápoles?

TANCREDO.
Pues
¿quién ha de ser?

BELARDO.
¡Ay de mí!
Redondilla
¿No estaba en Arcadia yo?
¿Tanta tierra y tanto mar
990
pude tan presto pasar?

PEREGRINO.
¿Eres de esta tierra?

BELARDO.
No.

TANCREDO.
Redondilla
¿Qué nación?

BELARDO.
De Arcadia soy.

PEREGRINO.
De esta pestilencia, acaso,
¿sabes algo?

BELARDO.
El primer paso
995
es este que en ella doy.
Redondilla
Pues qué, ¿tiene pestilencia?

PEREGRINO.
Este mozo es forastero
y, al fin, pobre ganadero,
sin otro trato ni ciencia.
Redondilla
1000
Y pues el peligro es tal,
no le escuchéis sus palabras,
que de usado a hablar con cabras
responde a los hombres mal,
Redondilla
y hacia aquel viejo casar
1005
sigamos este repecho.

TANCREDO.
Eso será de provecho.
Empezad a caminar.

(Vanse los dos.)

BELARDO.
Redondilla
¿Qué? ¿Es posible que salí
a ver tu luz, claro cielo,
1010
para mayor desconsuelo
y para matarme ansí?
Redondilla
¿Qué tan lejos de mi tierra
y de Belisa viniese
y a tierra que no pudiese
1015
volver jamás a mi tierra?
Redondilla
Pero, Belisa casada,
¿qué mal habrá que no venga?
Mas ¿quién habrá que no tenga
dudosa el alma y turbada?
Redondilla
1020
¿Qué más claros testimonios
de que ha sido aquella boda
dentro del infierno y toda
sombra y ficción de demonios?
Redondilla
Pues solo el que dio la mano
1025
a mi Belisa era un hombre
con rostro, apariencia y nombre,
cortés, afable y ufano.
Redondilla
¡Triste!, ¿qué tengo de hacer?
¿Solo a Nápoles y muerto?
1030
Aquí he visto un risco abierto;
por él me quiero meter,
Redondilla
que si en cueva comenzó
la muerte a buscar mi vida,
aquí he de hallar escondida
1035
la gloria que me quitó.
Redondilla
Que es el acabar del todo
para que tenga descanso
pel espíritu, que canso,
y el cuerpo del mismo modo.
Redondilla
1040
Podreme entregar al sueño,
de que vengo fatigado,
que en esta cueva no he osado
dar al sentido otro dueño.

(Quiere entrar por el risco, y sale la sombra de DARDANIO, mágico, y suenan tres o cuatro cohetes.)

DARDANIO.
Octava real
En este punto los precisos hados
1045
de Nápoles revocan la sentencia,
pastor dichoso, a quien están guardados
los altos fines de mi oculta ciencia.
En aqueste sepulcro sepultados
los huesos de que es sombra mi presencia,
1050
diez siglos han estado en estas piedras
cubiertas de ellas y de verdes hiedras.
Octava real
Decretaron los hados que ese día
que mi sepulcro abierto fuese,
ellos lo saben; o por honra mía,
1055
daño común o pestilencia hubiese.
Cierto ganado que estos montes cría
quiso la dura suerte que viniese
por entre aquestos riscos y paciendo,
fue mis secretos huesos descubriendo.
Octava real
1060
Desde este día Nápoles padece
aquesta grave enfermedad que digo.
Ha muerto el Rey, y la ciudad perece
que ya llegaba su final castigo.
Mas hoy el daño general fenece;
1065
por ti su redención, que el cielo, amigo,
no quiere que tan gran ciudad se acabe,
que aún tiene su Sirena voz suave.
Octava real
Dardanio soy, el inventor primero
de la mágica diestra y estudiosa.
1070
Entra en mi cueva, que mostrarte quiero
una sierpe encantada y venenosa,
cuya cerviz degollarás primero
que la región del aire contagiosa
que agora sobre Nápoles se extiende
1075
tiemple el rigor furioso que la ofende.

BELARDO.
Octava real
No son palabras de los hados fuertes
para un pastor de ovejas y de cabras,
pero, en efecto, mi sentido advierte
de que son su decreto tus palabras,
1080
por varios modos y de varias suertes,
que cuando el pecho y mis secretos abras
sabrás, Dardanio, ya lo sabes; vengo
desde el lugar donde mis padres tengo.
Octava real
Aunque es verdad que nunca yo he sabido
1085
que fuesen más de un monte y una sierra.
Por padre y madre aquestos he tenido,
ni saben otra cosa por mi tierra,
y en el monte Partenio fui nacido,
y una alta sierra que dos valles cierra
1090
me dio la edad que tengo entre otros mozos,
que aún les apuntan los primeros bozos.
Octava real
Vamos donde me mandas, que no es justo
que de los hados el decreto ofenda.
Valor me sobra y ánimo robusto
1095
para que el mundo conquistar emprenda.

DARDANIO.
De verte alegre y animoso gusto.
Toma del risco la torcida senda,
por donde aquesta luz y largos pasos
guíen los tuyos a tan varios casos.

(Éntranse por la cueva y sale el CONDE RODULFO y JULIO, HORACIO, ESTACIO, PRUDENCIO, CESARINO y LEONATO.)

CONDE.
Terceto
1100
Siendo, pues, tanta la común dolencia
y creciendo, senado, cada día
en aquesta ciudad la pestilencia,
Terceto
por buen acuerdo, y el mejor, tendría
que nos pongamos en el templo santo
1105
de la que tanto su ciudad quería.
Terceto
Y allí, de los mayores el ejemplo
imitemos, poniendo en sacrificio
que ya bañada en sangre la contemplo.
Terceto
¿Qué delito cruel, qué inorme vicio
1110
ha hecho esta ciudad ¡oh! gran Sirena,
que hiciste con tu mano su edificio?
Terceto
¿Qué pecado su rey dejó sin pena?
¿Qué tiranía hizo? ¿A quién ha muerto
que está de muertos esta plaza llena?
Terceto
1115
¿Acaso profanó tu templo abierto?
¿Robó de tus altares la riqueza?
¿Qué puede ser pecado tan cubierto?

JULIO.
Terceto
No creo, Conde, yo que la fiereza
de su furioso brazo vengativo
1120
castigo fue de la real cabeza.

LEONATO.
Terceto
Ni yo le tengo al Rey después que vivo
ni hombre que los dioses profanaba.

CESARINO.
Ni le conozco por primero altivo.

HORACIO.
Terceto
¿Qué pebetes ni mirra no quemaba
1125
de su sacra Sirena en los altares?

PRUDENCIO.
¿Qué fiesta o bacanal no celebraba?
Terceto
Digan aquesto los humildes lares;
los penates lo digan, que mil veces
escucharon sus himnos y cantares.

CESARINO.
Terceto
1130
Tu misma fundación desfavoreces,
Partenope santa, y no conoces
que con ella tus manos engrandeces.

PRUDENCIO.
Terceto
¡Oíd! ¿Qué gente es esta, estruendo y voces?

JULIO.
Débense ya de ir los desterrados,
1135
los viciosos, juglares y feroces.

CONDE.
Terceto
Como yo sospeché que los pecados
de esta ciudad causaban su dolencia,
ordené desterrar los declarados.
Terceto
Que aquí cesará la pestilencia,
1140
quedando la ciudad tan libre y sana.

PRUDENCIO.
Muchos de ellos vendrán a tu presencia
Terceto
que su vida torpísima y liviana
querrán acreditar con sus razones.

CONDE.
Será, sin duda, su esperanza vana.
Terceto
1145
Vayan de ella rameras y ladrones
y toda la demás gente vagante,
y luego nuestras justas oraciones
en el cielo tendrán lugar bastante.

(Sale un ALGUACIL, un GITANO, dos RUFIANES, dos mujeres RAMERAS, un ALCAGÜETE y un VOLTEADOR, que son los volteadores.)

ALGUACIL.
Quintilla
Ea, señores, acaben.
1150
¿De qué se van deteniendo
si el pregón público saben?

HORACIO.
De la ciudad van saliendo.
Tu justo decreto alaben.

RAMERA 1ª.
Quintilla
Al Conde nos hemos de ir,
1155
que le queremos decir
de nuestra vida se informe.

ALGUACIL.
Si él la sabe tan inorme;
la muerte vais a pedir.

CONDE.
Quintilla
¡Hola! ¿Qué alboroto es ese,
1160
que mayor serlo podría
cuando yo ausente estuviese?

RAMERA 2ª.
¿Este es el Conde? A fe mía
que le he de hablar, aunque os pese.
Quintilla
Señor, ya que nos destierras
1165
y para extranjeras tierras
de la nuestra nos envías,
¿por qué por falsas espías
como cautivas nos hierras?

CONDE.
Quintilla
¿Quién eres?

RAMERA 2ª.
Una mujer
1170
que ha vivido libremente.

CONDE.
Bien te puedo responder
tan libre y públicamente
[····················-ente/er]
Quintilla
si es público tu pecado
1175
y has públicamente errado.
No hierra el castigo en ser
para tan libre mujer
tan público y declarado.
Quintilla
¿Y quién eres tú?

RAMERA 1ª.
Yo soy
1180
una casada, que dicen
que no buena cuenta doy;
algunos lo contradicen,
y, al fin, desterrada voy.
Quintilla
Galas e injusto me han dado
1185
nombre en Nápoles de ruin,
y algo de ello es levantado,
y algo de ello no, que al fin
mi marido es descuidado.

CONDE.
Quintilla
Agravio se te hace a ti
1190
en que vayas desterrada.

RAMERA 2ª.
Dios te guarde más que a mí.

CONDE.
Que habías de estar quemada.
Levanta; vete de ahí.

JULIO.
Quintilla
Por esta sin resistencia
1195
no mengua la pestilencia.

CONDE.
¿Quién eres tú?

RUFIÁN 1º.
Soy un hombre
que dicen que obras y nombre
me dio la muerte en herencia.
Quintilla
Algunos me hacen tan fuerte,
1200
que dicen que por dineros
doy a cualquier hombre muerte.

CONDE.
¿Y es tu nombre?

RUFIÁN 1.º.
Tragafieros

CONDE.
¿Y tú?

RUFIÁN 2º.
De la misma suerte,
Quintilla
dicen que suelo traer
1205
por el mundo una mujer
con afeites y vestidos
para dalla a mil maridos
y por ganar de comer.

CONDE.
Quintilla
¿Cómo os llaman?

RUFIÁN 2º.
Matracón.

CONDE.
1210
¿También seréis vos ladrón?

RUFIÁN 2º.
Bien alzo lo que se cae,
y aun lo que guardado trae
el más guardado jubón.

CONDE.
Quintilla
Y tú, mozuelo, ¿quién eres?

ALCAHUETE.
1215
Dicen que alcahuete soy
de los humanos placeres,
y por ello vengo y voy
con recaudos a mujeres.
Quintilla
Y a fe que todo es fingido,
1220
que sola una vez lo he sido
de personas principales
por unos ciertos reales
y la tela de un vestido.

CONDE.
Quintilla
¿Quién eres tú?

GITANO.
Soy gitano,
1225
que a jugar con la correa
mi vida sustento y gano.

CONDE.
¿Y esotro?

GITANO.
Este voltea
con esta espada en la mano.
Quintilla
Volteamos y danzamos,
1230
y con esto entretenemos
a cuanta gente topamos,
y a ninguno mal hacemos
y ansí la vida pasamos.

CONDE.
Quintilla
Ahora bien. ¡Hola! Alguacil,
1235
toda esta canalla vil
echalda de la ciudad.

ALGUACIL.
¡Ea! gente, caminad.

RUFIÁN 2º.
Oyete, esclavo servil.

CONDE.
Quintilla
Quiera ya el supremo cielo
1240
que, viendo ya de esta gente
limpio nuestro patrio suelo,
vuelva piadoso y clemente
los ojos a nuestro celo.

PRUDENCIO.
Quintilla
No hay duda, sino que entiendo
1245
que está la plegaria oyendo
de este pueblo miserable.

JULIO.
Oíd qué fuego notable
y qué temerario estruendo.

CONDE.
Quintilla
Senado, a portento tal
1250
apenas la vista aplico.

HORACIO.
Ve; un águila caudal,
con papel en el pico,
llega al palacio real.
Quintilla
Sobre la puerta se ha puesto.

CONDE.
1255
¡Oh, suceso que provoca
a escándalo manifiesto!

(Atraviesa de una parte a otra por un hilo una águila con un papel.)

HORACIO.
Llega, Conde, y de la boca
el papel le quita presto.

CONDE.
Quintilla
¡Oh, santa Partenopea!
1260
no juzgues a gran delito
que yo tus secretos vea
y que el prodigioso escrito
para bien del pueblo sea.
Quintilla
Ya le he tomado. ¡Oh, papel!
1265
¡Oh, mensajero fiel,
de todo nuestro remedio!

CESARINO.
Gobernador, ponte en medio
y di lo que viene en él.

(Lee el CONDE el papel, recio.)

CONDE.
Quintilla
"A Nápoles ha venido,
1270
ni por tierra ni por mar,
quien su voluntad ha sido,
y este le vendréis a hallar
pastor en solo el vestido.
Quintilla
De la sierpe que causaba
1275
esta pestilencia brava
trae la cabeza en la mano."

JULIO.
¡Oh, pueblo napolitano,
aquí tu desdicha se acaba!
Quintilla
Conde, ¿de qué estás suspenso?

CONDE.
1280
En la gravedad del caso,
Julio, considero y pienso;
pero alarguemos el paso
a sabello por extenso.
Quintilla
¡Ea, nobles ciudadanos,
1285
todos alegres y ufanos
cortad oliva y laurel!
Él para su frente de él,
y ella para nuestras manos.
Quintilla
Salga toda la ciudad,
1290
hombres, niños y mujeres.

HORACIO.
Hoy muestra tu majestad,
tú que todo lo prefieres
en grandeza y santidad.

ESTACIO.
Quintilla
Hacé del público erario
1295
se gaste lo necesario
para tal recibimiento,
que le ofrezco un talento
de mi parte, voluntario.

JULIO.
Quintilla
Vaya un público pregón
1300
que lo diga por ahí.

CONDE.
La fama tiene ocasión,
ella lo dirá por mí.
[………..-í/ón]

HORACIO.
Quintilla
¿Hay bien que más bien ofrezca
1305
a tan largo padecer?
Baste ya, pastor merezca.
Este algún dios debe ser,
o que algún dios le parezca.

PRUDENCIO.
Quintilla
¡Cómo debe de ser fuerte
1310
el que a tal sierpe dio muerte
y ha deshecho tanto mal!

CONDE.
Poder trujo celestial,
que no pudo ser de otra suerte.
Quintilla
Vamos luego, y prevengamos
1315
un palio en que a la ciudad
nuestro nuevo Rey traigamos
con aplauso y majestad.

JULIO.
Camina, buen Conde, y vamos.

(Vanse y salen ERGASTO y PRADELO.)

PRADELO.
Quintilla
¿Qué no ha parecido, Ergasto,
1320
Belardo, aquel nuestro amigo?

ERGASTO.
A imaginallo no basto
por más horas que conmigo
en imaginallo gasto.
Quintilla
¡Válgame Dios! ¡Que saliese
1325
Belisa de aquella cueva
y que saber no pudiese
de Belardo alguna nueva,
porque ella no le viese!

PRADELO.
Quintilla
¿Cómo ansí?

ERGASTO.
Como ha contado,
1330
ya todo el valle ha escuchado,
que en entrando se durmió
y que cuando despertó
se halló en mitad del prado.
Quintilla
Bien sabe que el monstruo o brujo
1335
a la cueva la retrujo,
pero no sabe después
si era el mismo, ni quién es
el que a la fuente la trujo.

PRADELO.
Quintilla
¡Pobre de aquel mal logrado!
1340
Aunque de mí naide duda,
me haya del caso holgado,
pues que de mi vida muda
su muerte el enfermo estado.
Quintilla
Mucho debo a mi fortuna
1345
pues, ya, sin duda ninguna…

ERGASTO.
Lisena te hará favor.

PRADELO.
Y cómo muerto el pastor
y la esperanza importuna
Quintilla
que aún la cruel le tenía
1350
de que algún tiempo el cruel,
que entonces le aborrecía,
que espirando amor en él
la amase como solía.

ERGASTO.
Quintilla
Ahora, amigo Pradelo,
1355
el campo te queda franco.
Ni ternás temor ni celo,
ni temerás suerte en blanco
por más que se mude el cielo.
Quintilla
Mas ¡desdichado de mí!
1360
que he de confesar aquí
un secreto que he tenido
dentro del pecho escondido
después que a Belisa vi.

PRADELO.
Quintilla
¿Cómo? ¿Estás enamorado?

ERGASTO.
1365
Tengo el pecho de sufrir
la llagar antigua del lado,
y de callar y encubrir
carcomido y cancerado.

PRADELO.
Quintilla
¿Hasle dicho tu pasión?

ERGASTO.
1370
Ahora, en esta ocasión,
le he dicho mi sentimiento;
más son palabras al viento,
al fin, porque mías son.
Quintilla
Dichoso tú que el favor
1375
gozarás seguro y cierto,
ya muerto el competidor.
No yo, que si aqueste es muerto,
aún me queda otro mayor,
Quintilla
no el mayor en ser querido,
1380
sino sólo en porfiar
como ninguno lo ha sido,
que aquesto viene abrasar
el hielo mayor de olvido.
Quintilla
Por aquesto me acobardo.

PRADELO.
1385
No temas, pastor gallardo,
de ese vaquero atrevido,
que di es de ella aborrecido
más muerto está que Belardo.
Quintilla
Del muerto que amada fue
1390
más que del vivo olvidado,
Ergasto, celos tendré.

ERGASTO.
En tu causa has sentenciado
si al muerto se guarda fe.
Quintilla
Pero no se trate más
1395
que viene Silvero aquí.

PRADELO.
Pues, Silvero, ¿adónde vas?

SILVERO.
Amor delante de mí
y la fortuna detrás.
Quintilla
A caza de aquella altiva.

PRADELO.
1400
¿Con esta color esquiva?

SILVERO.
Vengo a ver si aquí, a la sombra,
de aquel su Belardo, nombra,
abrazada de esta oliva,
Quintilla
a quien, como si tuviese
1405
lengua, por él le pregunta,
y como si vivo fuese
más veces con él se junta
que yo muero si muriese.

PRADELO.
Quintilla
¿Y es verdad que ya murió?

SILVERO.
1410
No lo sé, creo que no,
pues más vive para mí
que entonces vivir le vi.
Tan vivo en ella quedó.

ERGASTO.
Quintilla
¿Qué? ¿Le quiere mucho ahora?

SILVERO.
1415
De su boca, Ergasto, sé
que sus memorias adora
como prendas de la fe
que en el alma vive y mora.
Quintilla
Y tan rebelde e ingrata,
1420
de aquestas reliquias trata,
y se enloquece de suerte
que está pidiendo la muerte
sin ver las vidas que mata.
Quintilla
Solo un consuelo me queda
1425
que me saque de esta duda,
que dando vuelta su rueda
aquel que todo lo muda,
hará que mudarse pueda.
Quintilla
Que el curso de algunos años
1430
y los ciertos desengaños
de la falta de esta gloria,
harán borrar la memoria
de la ocasión de mis daños.

ERGASTO.
Quintilla
¿Tanto podrás esperar?

SILVERO.
1435
Podré, sin duda, aguardar
que el sol, por sus para[lel]os,
dé mil vueltas a los cielos
sin que me canse de amar.

ERGASTO.
Quintilla
Mucho, por el santo Apolo,
1440
Belisa, hermosa te debe.

SILVERO.
Algo está más piadosa,
pero no es tan agria y alta
la sierra más pedregosa,
Quintilla
que cuando pienso que estoy
1445
en el extremo que doy
envidia de mi subida,
vuelvo a dar tan grande caída
que casi al infierno voy.

ERGASTO.
Quintilla
Exaspera.

SILVERO.
En intratable.
1450
Pero, paso, no se hable,
que viene.

PRADELO.
A rogarla, ponte.

SILVERO.
Y ¿para qué, si no hay monte
tan duro e inexorable?

(Sale BELISA, melancólica.)

BELISA.
Soneto
Entra aquestas columnas derribadas,
1455
frías cenizas de la ardiente llama
de la ciudad famosa que se llama
ejemplo de soberbias acabadas.
entre estas otro tiempo levantadas
y ya de tierras deleitosa cama;
1460
entre aquestas ruinas que la fama
por memoria dejó medio abrasadas,
y entre estas ya de púrpura vestidas
y ahora solo de silvestres hiedras,
despojos de la muerte rigurosa,
1465
busco memorias de mi bien perdidas;
hallo solo una voz que entre estas piedras
responde: "¡Aquí fue Troya, la famosa!"

SILVERO.
Quintilla
Deja la melancolía,
pastora, así Dios te guarde.
1470
Flor de aquesta serranía,
tú que la mañana y tarde
eres del valle alegría,
Quintilla
vuelve los airados ojos
que del sol los rayos rojos
1475
eclipsaron tantas veces,
que más de un sol escureces
con esa nube de enojos.
Quintilla
Vuélvelos, pues, gloria mía,
aquesas luces que han hecho
1480
tantas veces claro el día
cuantas ceniza algún pecho
sembrado de nieve fría.

BELISA.
Quintilla
Silvero, ¿por qué despiertas
el sueño del corazón
1485
y tantas memorias muertas?
¿Por qué a su pena y pasión
abres al alma las puertas?
Quintilla
Si estoy muerta, ¿qué te ofende
el ver que un muerto me ofenda?
1490
Muerto con muerto se entiende.

SILVERO.
¿Tan muerto estoy que no entienda
lo que tu vida pretende?
Quintilla
Mas vive y muere, homicida,
que no es inmortal la vida
1495
que el cielo te dio.

BELISA.
Bien fuera
que vida inmortal me diera,
con tan rigurosa herida,
Quintilla
¿quién tal bastaba a sufrir?

SILVERO.
Quien basta a querer un muerto.

ERGASTO.
1500
Pradelo, quiérome ir,
que este es el proceso abierto
que me condena a morir:
Quintilla
cómplice soy con Silvero.
Sí, porque a Belisa quiere,
1505
como yo a Belisa quiero,
tan injustamente muere,
¿qué mejor sentencia espero?

PRADELO.
Quintilla
Vete, que yo aguardo aquí
quien a mí me trata ansí,
1510
si no me engaña el deseo,
que me parece que veo
la que nunca alegre vi.
Quintilla
[…………….-echo]

(Sale LISENA.)

LISENA.
Después que en burlas hablé
1515
tan verdadera mi fe
que me ha robado del pecho
aquel que primero amé,
Quintilla
que no hay monte ni diamante,
que no hay tigre ni león
1520
tan áspero y arrogante,
pues con toda su pasión
hoy me ha llamado inconstante.
Quintilla
Díceme que no le quiera
y que por Belardo muera,
1525
siendo ya muerto Belardo.
Yo, ¡triste!, abrásome y ardo,
siendo a su acero de cera.
Quintilla
¡Oh! Hele aquí.

PRADELO.
¿Oyes la voz
al oído regalad[a]?
1530
¡Cuánto es el alma feroz
de aquella tigre enojada,
que me ha dado muerte atroz!
Quintilla
Mas ¿quién duda? Aquella es,
pues de tocarle sus pies
1535
ha reverdecido el prado.

LISENA.
Seáis, pastor, bien hallado.
Y tú norabuena estés.

BELISA.
Quintilla
Vengas, Lisena, en buena hora.

LISENA.
Pues, Belisa, ¿en qué se entiende?

BELISA.
1540
En ver, hermosa pastora,
de la manera que extiende
su manto, en el campo, Flora.

SILVERO.
Quintilla
También se entiende en matarme.

LISENA.
¿Quién te mata?

SILVERO.
Quien aquí
1545
pudiera resucitarme.

LISENA.
¿Díceslo por mí?

SILVERO.
¡Por ti!
¿Vienes, por dicha, a burla[rme]?

LISENA.
Quintilla
¿A burlarte yo, traidor?

PRADELO.
¿Eso consientes, cruel?
1550
Vuelve y conoce mi amor,
y no hagas burla de aquel
que burla de tu dolor.

LISENA.
Quintilla
Déjame, Pradelo.

PRADELO.
Deja,
cruel, de matarme; luego
1555
pondré silencio a mi queja.

SILVERO.
¿Sientes, Belisa, mi fuego?

BELISA.
¿Adónde mi bien se aleja
Quintilla
que no he de verme con él?

SILVERO.
Así respondes, cruel?

LISENA.
1560
Cruel, ¿ansí me respondes?

PRADELO.
¿Ansí, ingrata, correspondes
a fe tan puera y fiel?
Quintilla
Mira mi bien, que te adoro.

LISENA.
Mira, mi bien, que te quiero.

SILVERO.
1565
Mira que suspiro y lloro.

BELISA.
Pues yo por Belardo muero,
muerto, le guardo el decoro,
Quintilla
Silvero, a quien presumo.
Por Belardo me consumo.

SILVERO.
1570
Lisena, aquí me resuelvo;
por Belisa arder me vuelvo,
aunque me deshaga en humo.

LISENA.
Quintilla
Pradelo, [resuelta estoy]
en que de Silvero soy.

PRADELO.
1575
Pues, Lisena, yo me incito.
A darme la muerte voy
para tu infierno precito.
Quintilla
¿Que, en efecto, no me quieres?

LISENA.
¿Que no me quieres, Silvero?

BELISA.
1580
¡Ay, Belardo, por quien muero;
moriré, pues que tú mueres!
[···········-ero/eres]
Quintilla
Deja, Silvero enemigo,
de estar burlando conmigo.

SILVERO.
1585
Déjame, Lisena amiga,
no burles de mi fatiga.

LISENA.
Déjame, Pradelo, amigo.

PRADELO.
Quintilla
¿Qué te deje? ¿Cómo puedo?

LISENA.
¿Cómo te puedo dejar?

SILVERO.
1590
Si te dejo, muerto quedo.

BELISA.
Déjadme todos penar,
que tengo a la vida miedo;
Quintilla
que no es posible que olvide
aquel que los cielos mide
1595
y sus nubes de oro pisa.

SILVERO.
No es posible que a Belisa
olvide; mi amor lo pide.

LISENA.
Quintilla
No es posible que a Silvero,
Pradelo, pueda olvidar.

PRADELO.
1600
No es posible, pues ya muero,
dejar de desesperar
de los remedios que espero.
Quintilla
¡Cruel, que nada te obliga!

LISENA.
¡Nada te obliga, cruel!

SILVERO.
1605
¡Nada te obliga, enemiga!

BELISA.
Oblígame a ser fiel,
Belardo, tu muerte amiga,
Quintilla
que yo creo que lo estoy
y tú vivo para mí.
1610
¡Oh, qué desdichada soy!

SILVERO.
¡Oh, qué desdichado fui!
[·············-í/oy]

LISENA.
Verso suelto
¡Oh, cuántas desdichas veo!

PRADELO.
Quintilla
Mi desdicha en todo crece.
1615
¿Qué? ¿mi amor no te enternece?

LISENA.
¿No te enternece mi amor?

SILVERO.
¿No te enternece el dolor
que un alma tuya padece?

BELISA.
Quintilla
Ya digo que te aborrezco.

LISENA.
1620
Que ya te aborrezco, digo,
y a aborrecerte me ofrezco.

LISENA.
Ya te aborrezco, enemigo.

PRADELO.
¿Tan mal galardón merezco
Quintilla
que este galardón me das?

LISENA.
1625
¿Qué? ¿Me das tal galardón?

SILVERO.
¿Qué? ¿Ansí pagado me has?

BELISA.
No espera más mi pasión,
porque amarte es por demás.

(Suenan tres o cuatro cohetes.)

LISENA.
Quintilla
¡Ay, ay! ¿Qué fuego es aqueste?

BELISA.
1630
Huyamos de aquí.

PRADELO.
Pastores,
cada cual sus pies apreste.

SILVERO.
Ya no me espantan rumores.
¿Quién viene? Mi padre es este.

(Sale por la cueva FELICIO, mágico, con una daga desnuda.)

FELICIO.
Terceto
Ni te alborote ni te mueva a espanto
1635
de verme en tu presencia, mi Silvero.

SILVERO.
¡Oh, padre, a quien adoro y quiero tanto!
Terceto
A tiempo vienes; que el desdén más fiero
que se vio jamás en Dafne altiva
al lance y punto me llegó postrero.
Terceto
1640
Siempre responde, como suele, esquiva;
que ahora, más que en vida de Belardo,
exaspera, intratable y fugitiva.
Terceto
¿Vasla corriendo como suelto pardo,
que a un muerto adora y menosprecia un vivo?
1645
Al viento mira entre sus pies gallardo.

FELICIO.
Terceto
No es muerto, no, Belardo, ni cautivo,
ni tiene daño alguno en su persona.
Cortome el cielo el brazo vengativo.
Terceto
No sé cuál Dios de un hombre se aficiona
1650
tan encendidamente, que se mueve
de Nápoles a dalle la corona.
Terceto
Salió, Silvero, de la oscura cueva
por la boca que sale al fuerte muro
que al gran sepulcro los oídos lleva.
Terceto
1655
Está abierto el de Dardanio oscuro,
por quien los hados prometieron antes
de su centro dañar el aire puro.
Terceto
Y como sus secretos importantes
el hombre, como indigno, [los] ignora,
1660
mayormente en sucesos semejantes,
Terceto
llegó Belardo, como llegó ahora.
Y como ni por mar ni tierra vino,
suerte del hado, que la de él mejora,
Terceto
es sola fuerza del cruel destino.
1665
Y la ciudad, de un mágico avisada,
con la corona le salió al camino.
Terceto
Pero ¿ves esta daga, no manchada
de humana sangre, ni de filo oscuro,
sino luciente, lisa y afilada?
Terceto
1670
Pues con aquesta y con tu brazo juro
de darle muerte, que yo haré de suerte
que vayas hasta Nápoles seguro.

SILVERO.
Terceto
Padre, tu gusto y voluntad me advierte,
que de tus trazas mi remedio espero.
1675
Yo iré, sin duda, y le daré la muerte.

FELICIO.
Terceto
Pues toma aquesta daga, mi Silvero,
que yo te pondré presto donde veas
cuánto a tu madre, ya difunta, quiero,
dándote mayo bien del que deseas.

(Entranse, y salen BELISA y LISENA con un lío de vestidos.)

LISENA.
Quintilla
1680
¿Esta cuenta das de ti,
Belisa amiga?

BELISA.
¿Qué quieres?
Amor la dará por mí.
Darate cuanto pidieres,
que yo por él me perdí.
Quintilla
1685
Voy de perderme contenta,
y para el remate atenta.
Amor pregona mi vida,
que una cosa tan perdida
no es bien que a nadie dé cuenta.
Quintilla
1690
Ha ya no sé cuánto días
que de partirme a perder
me matan melancolías;
y ahora, a más no poder,
me rindo a sus fantasías.

LISENA.
Quintilla
1695
¿Adónde vas?

BELISA.
A buscar
un apartado lugar,
para no ver cada punto
memorias de aquel difunto.

LISENA.
¿Por dónde vas?

BELISA.
Por la mar.

LISENA.
Quintilla
1700
¿Y sabes tú qué hay en qué?

BELISA.
Que hay una fusta he sabido
de un peregrino que hablé.

LISENA.
¿Qué llevas?

BELISA.
Este vestido,
[…………………..-ido/é]
Quintilla
1705
y en no teniendo dinero,
lo más de ello vender quiero.

LISENA.
¿Qué papel es ese?

BELISA.
¡Ay, Dios!
¿Cómo tenéis, papel, vos
la prenda que yo más quiero?

LISENA.
Quintilla
1710
¿Qué es, por tu vida?

BELISA.
¿No ves
aquesta tablilla escrita,
con esta cifra después,
y aquesta flor ya marchita?

LISENA.
Ya la he visto. ¿De quién es?

BELISA.
Quintilla
1715
De aquel malogrado, amiga,
que tanto ahora me obliga
y que más que si vivo fuera.

LISENA.
¿Qué? ¿Te vas de esa manera?

BELISA.
Esta cifra te lo diga.

LISENA.
Quintilla
1720
¿Qué has de hacer en tierra extraña?
¿No estás mejor en tu tierra?

BELISA.
No ver aquesta montaña,
el valle, el prado y la sierra,
y aquella humilde cabaña.
Quintilla
1725
Aquí me vió; allí le vi;
aquí me hablaba, y allí
le hablaba yo, y estas glorias
para no ver sus memorias,
no me tratarán ansí.
Quintilla
1730
Que, en efecto, estará el fuego
cubierto con la ceniza,
y no donde apenas llego
cuando ya el lugar me atiza
quitando al alma el sosiego.

LISENA.
Quintilla
1735
Tanto, Belisa, te quiero,
que te quiero acompañar,
que del mismo dolor muero,
por no ver aquel lugar
adonde le vi primero.
Quintilla
1740
Que me vi favorecida
un tiempo que fui querida
como lo fuiste después.

BELISA.
Echarme quiero a tus pies.
Quiero ofrecerte mi vida.

LISENA.
Quintilla
1745
Pues vámonos a embarcar.
¿Dónde iremos?

BELISA.
Donde el ciego
amor nos quiera guiar.
Y ahora a Italia.

LISENA.
¡Oh! ¡Si el fuego
de las dos templase el mar!

(Entranse, y sale BELARDO por la cueva con una espada y ropas, y una cabeza de sierpe.)

BELARDO.
1750
¿Adónde el alto cielo
Verso suelto
quiere guiar mis pasos
por tan varios caminos de fortuna?
Pues de la oscura cueva,
el cabello erizado,
1755
seguí el camino tras el negro espíritu,
donde aquestos despojos,
en una plaza abierta,
hallé sobre una tabla
de blanco mármol, de oro
1760
aquesta espada en su dorada vaina.
De todo me he vestido,
que ansí fui del espíritu advertido.
Entré la cueva adentro,
donde la sierpe fiera
1765
ya con la boca abierta me esperaba.
Cortele el duro cuello
y salí victorioso
adonde dicen que me aguarda el premio
de haberle dado a Nápoles
1770
remedio saludable.
Mas ¿qué alboroto es este
de voceadora gente
que de este cerro a toda furia sale?
A mí viene derecha.
1775
El efecto confirma la sospecha.

(Salen el CONDE RODULFO y SENADORES y MÚSICA y palio y otras gentes.)

CONDE.
Digo que por las señas
es aqueste, sin duda.
¿No veis la sierpe y la sangrienta espada?
Danos tus pies reales
1780
o la tierra que pisan
deja que bese nuestra indigna boca.
¡Oh, capitán ilustre!
¡Oh, redención y vida
de aqueste muerto pueblo!
1785
¡Tú, gran señor! ¡Tú, grande, a quienes los dioses
envían ni por mar ni por tierra
por el secreto que en su pecho encierra!

BELARDO.
No soy grande ni fuerte,
sino pequeña hormiga.
1790
Un hombre humilde soy, a quien los dioses,
por verme perseguido,
favorecerme quieren.
Alzaos todos del suelo; alzaos, Senado,
que el pueblo que aquí viene
1795
molestarame mucho
si llega, como veis, alborotado.
Pues, alto; alzad el palio
y haced poner la guarda
de suerte que no llegue,
1800
y suene alegre música,
porque triunfando por las puertas entre
de Nápoles gallarda,
que ver su Rey y su remedio aguarda.

(Vanse y salen los desterrados.)

RUFIÁN 2º.
Redondilla
Volved a Nápoles ya,
1805
que ya no vale la ley.
Con la venida del Rey
todos cabremos allá.
Redondilla
Esa, señor volteante,
haga alguna cosa nueva.
1810
Tú las castañuelas prueba
al son de aqueste discante.

GITANO.
Redondilla
Volteemos y dancemos,
y tras el palio nos vamos.

RAMERA 2ª.
Pues nosotras ayudamos.
1815
Bailad todos.

ALCAGÜETA.
Sí haremos.

(Baila una figura graciosa y dice el VOLTEANTE.)

VOLTEANTE.
Copla (estructura abierta)
¡Viva la gala, galanes, faltaría verso?
pues hoy triunfa el rey de Nápoles!
Pues ya tenemos licencia
de volver a la ciudad,
1820
¡viva su gran majestad
y muera la pestilencia!
Bebamos en competencia
de tudescos y alamanes.
¡Viva la gala, galanes,
1825
pues hoy triunfa el rey de Nápoles!


Jornada III

(Salen el CONDE y HORACIO y JULIO, senadores.)

CONDE.
Endecasílabos sueltos (tirada)
Si quisiese alabaros, caballeros,
la virtud y el valor de nuestro príncipe,
fuera de ser tan grande atrevimiento
lo que dijese de él, respondería
1830
como, en efecto, de la esfera un punto
o [bien] arder alguna luz delante
del sol y resplandor del dios divino.
¡Qué manso, qué apacible, qué agradable!
¡Qué honesto libremente y qué discreto!
1835
¡Qué liberal, qué padre de la patria!
¡Oh, hijo de algún dios!

HORACIO.
Repara luego,
y dinos, Conde, qué se sabe agora
del nacimiento, origen y principio
de aqueste Rey pastor.

CONDE.
Ninguna cosa;
1840
que, aunque es verdad que algunos le preguntan
de los que más con su grandeza privan,
a todos les responde que sus padres
son, en Arcadia, un monte y una sierra.
Mas ¿qué importa, señores, la nobleza
1845
que hereda el hijo de su noble padre,
pues esto a su valor tan poco debe?
Ha de ser la nobleza de aquel mismo
que se quiere llamar noble, y no de otro.
Y ved probado aquesto, por ejemplo,
1850
pues hoy el rey de Roma, por sus cartas,
concierta de casalle con su hija.

JULIO.
¿Es posible, señor? ¿Es nueva cierta
que el Rey se casa con la hermosa Emilia,
y que tan grande ha sido ya su fama
1855
que merezca tan alto parentesco?

CONDE.
De la manera que lo digo Julio.
Yo he estado a los despachos de las cartas,
y por palabras queda efectuado
y remitido a irrevocables obras.

HORACIO.
1860
Alma, alegre de tan dulce nueva,
ya por los ojos vierte el alegría.
¿Habemos de ir a Roma?

CONDE.
No, sospecho
que, por solo excusar los grandes gastos,
a Nápoles Certirio se la envía.

JULIO.
1865
Habrá considerado que está pobre
con los extraordinarios gastos que hace
en reparar caídos edificios,
en sustentar a huérfanos ingenios
y en dar a todos con tan larga mano.

CONDE.
1870
Su majestad, sin duda, sale fuera,
que van haciendo plaza.

(Salen dos MACEROS y el REY.)

MACERO 1.º.
¡Plaza! ¡Aparte!

REY.
Pues, Conde, ¿en qué se entiende?

CONDE.
En celebrarte
y en pedir al gran Júpiter tu vida.

REY.
Entren aquesos hombres de negocios.
1875
¡Hola! Con orden, entren uno a uno.

(Entra un DESPENSERO y híncase de rodillas.)

REY.
¿No iremos esta tarde, Conde, a caza?

CONDE.
Como a su majestad le pareciere.

REY.
¿Quién eres tú?

DESPENSERO.
Quien no soy, porque solía
del Rey, tu antecesor, ser despensero;
1880
y como le sucedes por su muerte,
quiérenme suceder en el oficio,
dejándome tan pobre, con dos hijas
y seis varones, que, de rico y noble,
hoy he venido a la miseria extrema.

REY.
1885
¿Quién te ha usurpado aqueste oficio?

DESPENSERO.
Lepido,
con el favor del Conde y otros grandes.

REY.
¿Hay, Conde, algún oficio que esté vaco?

CONDE.
Tapicero mayor era Leonido.
Murió, señor.

REY.
Pues denle aquese a Lepido
1890
y sirve tú de hoy más tu oficio antiguo.

DESPENSERO.
¡Prospere el cielo tu dichosa vida!

REY.
Pues, Conde, concertad para esta tarde
lo necesario y prevenid la gente.

(Entra un SOLDADO muy roto, cojo y manco, y dale un memorial.)

CONDE.
Haré, señor, lo necesario.

SOLDADO.
Téngale.
1895
Mírele bien y mírele y remírele;
y si no le mirare y proveyere,
ofrezco al diablo quien otro le diere.

REY.
¿Qué pides?

SOLDADO.
Mi servicio, que me niegan
por ser ya muerto el Rey a quien le hice.
1900
Y si esto es razón, ya que tú reinas,
vuélveme aqueste brazo como estaba,
que mando está de un golpe de una pica,
y cúrame esta pierna garretada
de un pasaalfanje, y sáname esta mano,
1905
rotos los nervios de una flecha alarbe.

REY.
Denle cuatro talentos, con que viva;
que yo, pues soy del Rey el heredero,
he de pagar sus deudas.

SOLDADO.
¡Dios te guarde,
padre de todos! Vivas más que Néstor.

REY.
1910
Haced que saquen todos los sabuesos,
y llevad la mitad de los lebreles,
y estén aquí a buen hora los monteros.
(Sale un POETA mal vestido.)
¿Quién eres tú?

POETA.
Diodoro soy, poeta;
asisto en la Academia de los físicos;
1915
he escrito dos librillos, aunque humildes,
sobre los metereos de Aristótiles;
tengo aqueste Platón y aquesta capa,
y no otra cosa, por el santo Apolo.

REY.
Denle de ayuda cuatro mil coronas,
1920
y entre en el Senado, su lugar y plaza,
y desde aquí por senador le elijo,
honrando, como es justo, sus estudios,
que yo sé que no tiene precio humano.
Que me muero por ver rico a un poeta.

POETA.
1925
Yo gastaré, señor, de hoy más, mis años
en componerte [himnos], epigramas,
epitalamios, églogas y epístolas,
[atributos] délficos, condamos,
subiéndote al atlética y haciéndote
1930
que el coro de Agatecpi te celebre
y te saquen los cines del Leteo.

REY.
Conde, haced lo que os digo;
que solo he de comer y mudar de hábito.

(Vase el REY.)

CONDE.
Vaya su majestad, que desde agora
1935
haré que se prevengan los monteros
de caballos, de perros y venablos.
Señores senadores, yo me parto
a lo que manda el rey.

JULIO.
Partamos todos.

(Vanse, y salen FROMINIO y MONTANO.)

FROMINIO.
Quintilla
Bien estoy, señor Montano,
1940
con aquese honroso intento
en este, sincero y sano,
y ¡ojalá que el casamiento
pudiera estar en mi mano!
Quintilla
Pero la ajena os agravia.

MONTANO.
1945
¿Qué? ¿No es vuestra hija Fabia?

FROMINIO.
¡Mi hija! ¡Ojala lo fuera
y que yo engendrado hubiera
cosa tan hermosa y sabia!

MONTANO.
Quintilla
Todos los de mi lugar
1950
por vuestra hija la tienen.

FROMINIO.
Mi amor les puede engañar,
y en esas fianzas vienen
a redoblarme el pesar.

MONTANO.
Quintilla
¿De dónde es?

FROMINIO.
Es de muy lejos.
1955
No lo creeréis.

MONTANO.
¿Cómo no?

FROMINIO.
Es de Arcadia.

MONTANO.
¿Y qué consejos
para venir se tomó,
dejando sus padres viejos?

FROMINIO.
Quintilla
Son unas largas historias
1960
que, para ser entendidas,
no bastan treinta memorias,
y, aunque parecen fingidas,
tienen verdades notorias.
Quintilla
No temas de que con ella
1965
viene esta pastora bella
que la llamamos Pinarda,
tan humilde y tan gallarda
y tan honesta doncella.
Quintilla
Acogilas en mi casa
1970
luego que del mar salieron,
que nunca con mano escasa
estos brazos recibieron
al extranjero que pasa.
Quintilla
Y, como habéis visto vos,
1975
salen al campo las dos.
La Fabia mis gansos guarda,
y las cabrillas, Pinarda,
y a entrambas el ciego dios.
Quintilla
Como yo nunca he tenido
1980
hijos, Montano, en lugar
de propios las he querido.

MONTANO.
Debeislas, Frominio, amar,
premio a la virtud debido.
Quintilla
La una a Palas imita,
1985
y la otra siempre incita
en su ejército a Diana.

FROMINIO.
La Fabia es muy cortesana;
la Pinarda, muy bonita.

MONTANO.
Quintilla
¡Ah, Frominio! ¡Si quisiera
1990
Fabia casarse conmigo,
qué buen marido tuviera
y vos qué perfecto amigo,
que el alma y hacienda os diera!
Quintilla
¿Qué, en efecto, está resuelta
1995
en decir de no?

FROMINIO.
¿Quién duda?
No libre ni desenvuelta;
pero respóndeme muda
y atrás la cabeza vuelta.
Quintilla
Al fin, lo escucha muy mal.

MONTANO.
2000
¿Y hallará marido igual
con aquel pobre capote?

FROMINIO.
¿Y pensáis que es poco dote
tal virtud y gracia tal?
(Salen BELISA y LISENA.)
Quintilla
Veisla aquí.

BELISA.
Pues, Lisena,
2005
¿date, acaso, la memoria
de la nuestra Arcadia pena?

LISENA.
Ni de la tuya a mi historia
y mi proceso condena,
Quintilla
que siento lo que tú sientes:
2010
estos trabajos presentes
y aquellos males pasados.

MONTANO.
¡Ay, ojos de amor vendados,
por quien los míos son fuentes!
Quintilla
¿Hablarela?

FROMINIO.
¿Pues no? Llega.

MONTANO.
2015
¿Dó bueno, Fabia?

BELISA.
A llevar
nuestros gansos a la vega.

MONTANO.
¿En qué se entiende?

BELISA.
En mirar
la hierba que baña y riega.

MONTANO.
Quintilla
¿Qué te parece el Seveto?
2020
¿Es mejor que el Amaranto?

BELISA.
Más copioso, te prometo,
y le ha crecido mi llanto.

MONTANO.
¿Qué lloras?

BELISA.
Un mal secreto.

FROMINIO.
Quintilla
Y tú, ¿cómo vas, Pinarda?

LISENA.
2025
A tu servicio, muy bien.

FROMINIO.
¿Pareció la cabra parda?

LISENA.
Y la manchada también.
Ya nuestro corral las guarda.

MONTANO.
Quintilla
Ea, no tratemos de eso,
2030
Frominio, ¿no ves que amor
me penetra carne y hueso?

FROMINIO.
Pues vámonos, que es mejor
guardar de su fuego el seso.

MONTANO.
Quintilla
¡Que nos vamos! ¿Vos no veis
2035
que es imposible moverme?

FROMINIO.
Yo os diré cómo podéis
ir adonde Fabia duerme,
y allí la fiesta tendréis.
Quintilla
Que es un secreto lugar,
2040
de unas zarzas encubierto,
donde se puede hablar;
que en ese campo desierto
a muchos dais que notar;
Quintilla
fuera de que pasa gente
2045
de Nápoles por aquí.

MONTANO.
Fabia, el sol de aquesa frente
me vuelve, huyendo de ti,
a templar tu rayo ardiente.
Quintilla
Yo me voy, todo envidioso
2050
de aqueste valle dichoso.
Él te mire, goce y hable,
que, pues no te soy afable,
no quiero serte enojoso.

(Vanse los VIEJOS.)

LISENA.
Quintilla
¡Ya se fueron!

BELISA.
¡Quién me viera
2055
con este viejo casada,
Lisena!

LISENA.
Mayor bien fuera.

BELISA.
Y según soy molestada,
no es mucho que lo estuviera.
Quintilla
Esta sí que era desdicha
2060
jamás pensada ni dicha.
Mas, pues estoy apartada,
no soy la más desdichada.

LISENA.
Pudieras serlo por dicha.
Quintilla
No hay estado miserable
2065
que no tenga algún consuelo,
viendo que de otro espantable
os ha hecho libre el cielo,
que fuera un daño notable.

BELISA.
Quintilla
¿Adónde nos sentaremos?

LISENA.
2070
Donde a ti te diere gusto,
y en esta hierba podemos,
que tiene de mi disgusto
la color y los extremos.

BELISA.
Quintilla
¿Cómo?

LISENA.
Amarilla y quemada
2075
de la aspereza del hielo.

BELISA.
¡Oh, esperanza mal lograda!
Si te abraza el justo cielo,
ser verde no importa nada.

LISENA.
Quintilla
¡Qué bien suena aquella fuente!

BELISA.
2080
Todo para mí disuena.
Es música su corriente,
y así, al triste, triste suena,
y al alegre, alegremente.

LISENA.
Quintilla
¿No sientes una bocina?

BELISA.
2085
Gente en el bosque camina.
Los gansos me alborotaron.
¡Oxte acá! todos volaron.
¿Veslos? van junto al encina.

(Dicen de dentro:)

CONDE.
Quintilla
¡Ataja, ataja al olivo!
2090
¡Ya vuelve atrás! ¡Ah, pastor!

BELISA.
¡Ah! ¡Nunca acá llegues vivo!—
Este es algún cazador.

LISENA.
Y no como quiera; altivo.
(Sale el REY vestido de caza.)
Quintilla
¿No le ves qué galán viene?

BELISA.
2095
Echarais por otra parte,
que menos maleza tiene,
sino es que el venir de ese arte
[··············-arte/-ene]
Quintilla
[············-ado/-ín]
2100
Acordaraseos el fin
de Adonis el desdichado,
cuando el erizado espín
le abrió con el diente el lado.

LISENA.
Quintilla
¿No os pudierais apartar
2105
de los gansos norabuena?

REY.
Bien me podéis perdonar,
o si no, dadme la pena
que me quisiéredes dar;
Quintilla
que vuestros gansos no vi
2110
cuando el venado seguí,
y si alguno se os perdió
de oro os le daré yo,
y esos os dirán de mí.

BELISA.
Quintilla
¡Ay de mí, Lisena! ¡Ay, Dios!
2115
¿No es el rostro de Belardo?-
Mi Belardo, si sois vos,
volved los ojos y el dardo
a cualquiera de las dos;
Quintilla
que el recibiros con ira
2120
ha sido el no conoceros.

LISENA.
Tu disparate me admira.
Mas pensamientos ligeros
hacen verdad la mentira.
Quintilla
¿Este ilustre caballero
2125
se te antoja que es Belardo,
pastor rústico y grosero?

(Salen el CONDE RODULFO y TIBERIO, cazador.)

CONDE.
¿Por dónde va el Rey?

BELISA.
¿Qué aguardo,
o qué desengaño espero?
Quintilla
A mi señor ¿qué le digo?
2130
¿Es el Rey aquel mancebo?

CONDE.
El Rey es. ¿Habló contigo?

BELISA.
Conmigo habló.

CONDE.
¿Qué hay de nuevo?

BELISA.
¿Importa aqueste testigo?

CONDE.
Quintilla
No, que bien podéis hablar.

BELISA.
2135
Cuando por aquí pasó,
allí, junto al encinar,
los gansos me alborotó.

CONDE.
¿Qué gansos?

BELISA.
Los del lugar.
Quintilla
¿No ve que soy yo su guarda?

CONDE.
2140
Y, por mi vida gallarda,
¿sois hermanas?

BELISA.
Sí, señor.

CONDE.
¿Cómo os llaman?

BELISA.
Fabia a mí,
y a estotra moza Pinarda.
Quintilla
Alborotolos, y han ido
2145
por encima de la cuesta
haciendo infinito ruido;
mas, par Dios, que el gallo cresta
pagallos ha prometido.

CONDE.
Quintilla
Yo salgo por su fiador.
2150
¿Qué valen? Pagallos he.

BELISA.
No, no; téngase, señor,
que el premio que él dijo, a fe
es conforme a su valor.

CONDE.
Quintilla
¿Cómo?

BELISA.
Igual a su decoro;
2155
que darme otro ganso de oro
por el que hubiere perdido
me tiene el Rey prometido.

CONDE.
Podéis ganalle un tesoro.
Quintilla
Decid que nada quedó,
2160
que yo juraré.

BELISA.
No, no;
que no los podrá pagar.

CONDE.
¿Del Rey habéis de dudar
palabra que prometió?
Quintilla
Y por que los dos partamos,
2165
decid que soy y que he sido,
aunque ahora nos veamos,
de ese ganado un perdido,
y veréis lo que ganamos,
Quintilla
que yo pesaré por ciento.

BELISA.
2170
¿Ese engaño en detrimento
del Rey y de mi descanso?
Sois muy grande para ganso;
mejor sois para jumento.

CONDE.
Quintilla
Si bien me atrevo a llevaros
2175
y quereisme dar licencia…

BELISA.
¿Para qué?

CONDE.
Para tocaros.

BELISA.
Venís con la pestilencia.

CONDE.
Ahora bien, quiero dejaros.
Quintilla
Id, por mi vida, a palacio
2180
y veréis al Rey despacio
por que os pague lo que os debe.

(Vase el CONDE.)

BELISA.
El cielo con bien os lleve,
y el buen aviso os regracio.
Quintilla
¡Ah! Señor montero.

TIBERIO.
¿A mí?

BELISA.
2185
A él digo. Escuche acá.
¿Quién es el que va de aquí?

TIBERIO.
¿Este que de aquí se va?
El Conde Rodulfo.

BELISA.
¿Ansí?

TIBERIO.
Quintilla
Señora, sí.

BELISA.
Y en efeto,
2190
¿es el Rey aquel galán?

TIBERIO.
El mismo es.

BELISA.
¡Qué discreto!
Por mi fe que en él están
dos gracias en un sujeto.
Quintilla
¿Cómo se llama?

TIBERIO.
Ha tenido
2195
otro nombre diferente,
otro traje, otro vestido
y ha nacido humildemente.

BELISA.
¿Cómo?

TIBERIO.
En Arcadia ha nacido.

BELISA.
Quintilla
¿En Arcadia?

LISENA.
Son palabras.-
2200
Creo que nos descalabras,
porque nos has conocido.

TIBERIO.
¡Vive Júpiter!, que ha sido
pastor de ovejas y cabras.
Quintilla
Partenopeo se llama
2205
después que le hicieron Rey
por nuestra Sirena o dama;
que cuando aguijaba el buey,
Belardo dice la fama.

BELISA.
Quintilla
¡Ay, santo Apolo!

TIBERIO.
¿Qué has?
2210
¿Es tu pariente o tu hermano?

LISENA.
Lejos de su intento vas.

BELISA.
Dame, Pinarda, la mano.

LISENA.
Fabia, mira dónde estás.

TIBERIO.
Quintilla
El Rey se va, mis señoras.
2215
Quedense adiós.

LISENA.
¿De qué lloras?
¿Qué tienes? Vuelve en tu seso,
pues con aqueste suceso
tu pobre estado mejoras.
Quintilla
¿No ves que es gran desconcierto
2220
no agradecer el favor
del cielo, a tu bien abierto?

BELISA.
Rey es Belardo. Mejor
se estaba Belardo muerto;
Quintilla
que aunque aquella voluntad
2225
de la pasada amistad
en él ahora viviera,
la borrara y deshiciera
la mucha desigualdad.
Quintilla
Pero, al fin, Belardo vive.
2230
Basta, no más, ya he pensado;
ya la memoria apercibe
lo que tengo fabricado
para ver si me recibe;
Quintilla
digo, si tiene memoria
2235
de aquella pasada historia.
Conmigo puedes venir,
que en el campo he de morir
o salir con la vitoria.

(Entranse, y sale PRADELO y SILVERO.)

PRADELO.
Octava real
¿No me dirás, Silvero, de qué suerte
2240
hemos venido tanto mar y tierra,
sin miedo alguno de naufragio o muerte
desde la Arcadia y nuestro monte y sierra?

SILVERO.
Nápoles es aquesta, rica y fuerte,
que el gran sepulcro y la Sirena encierra,
2245
que se precipitó por el engaño
del griego Ulises.

PRADELO.
Pensamiento extraño.
Octava real
¿Y a qué venimos?

SILVERO.
¿Cómo a qué, Pradelo?
Con el favor y ciencia de Felicio,
a darle fiera muerte aquel mozuelo
2250
que fue de nuestras vidas sacrificio.

PRADELO.
¿No es muerto?

SILVERO.
[No,] ni lo permite el cielo.
Antes goza el más alto beneficio
que el cielo ha dado a hechura de su mano.

PRADELO.
¿Cómo, Silvero?

SILVERO.
Es Rey napolitano.

PRADELO.
Octava real
2255
¿De qué manera es Rey?

SILVERO.
Es un proceso
que pienso yo contártele despacio.

PRADELO.
Que no te entiendo nada [de todo esto],
y que de haber venido me desgracio.

SILVERO.
¿Dónde piensas que estás?

PRADELO.
O loco o preso.

SILVERO.
2260
Antes pisando su real palacio.

PRADELO.
¿Su palacio es aqueste?

SILVERO.
Sí.

PRADELO.
Huyamos.

SILVERO.
Sosiégate, porque seguros vamos.

PRADELO.
Octava real
¿Cómo seguros?

SILVERO.
Vamos invesibles;
que nadie puede vernos, y podemos
2265
por lugares entrar inaccesibles
y atravesar el mar sin lienzo y remos.

PRADELO.
¿Y fuéronte mis fuerzas convenibles
para aquesta traición?

SILVERO.
Sí, porque est[e]mos
juntos a ver morir quien nos ha muerto.
2270
Calla, que gente viene.

PRADELO.
¿Estoy cubierto?

SILVERO.
Octava real
Cubierto estás, no temas.

(Entran en REY y el CONDE y TIBERIO.)

REY.
¡Qué cansado
vengo de haber corrido tan furioso,
conde Rodulfo, tras aquel venado!

CONDE.
Pensó vencer el viento presuroso
2275
y al fin quedó, señor, atravesado
de aquese diestro brazo valeroso.
Éntrese a descansar vuestra grandeza.

REY.
Vamos, que llevo una mortal tristeza.

(Vase el REY.)

CONDE.
Octava real
¿Qué tiene el Rey, Tiberio?

TIBERIO.
No lo entiendo.
2280
Todo el camino viene de tal suerte.

CONDE.
Saber su mal, si hay ocasión, pretendo.

SILVERO.
Sosiégate, que naide puede verte.

TIBERIO.
No sé qué estoy en esta sala oyendo.
¡Ah, de la guarda!

PRADELO.
Ahora nos dan muerte.

TIBERIO.
2285
Haced que se sosieguen allá fuera,
que el Rey sosiega.

PRADELO.
El corazón me altera.

SILVERO.
Octava real
Sosiégate en buena hora, ya te digo
que estamos invesibles y seguros.

PRADELO.
Silvero, es grande un Rey para enemigo
2290
y, al fin, estamos dentro de sus muros.

SILVERO.
Vente, Pradelo, sin temor conmigo,
ni temas lanzas ni venablos duros,
que no pueden herirte ni matarte…

PRADELO.
Si no me aciertan en ninguna parte.

(Vanse y sale FROMINIO.)

FROMINIO.
Redondilla
2295
Alegre y gozoso vengo
de la nueva que he tenido,
que en la ciudad he sabido
todo el contento que tengo.
Redondilla
Fui a Nápoles a buscar
2300
una reja, y juri a mí,
que en pública voz oí
que el Rey se quiere casar,
Redondilla
y que dentro de dos días
le han de traer su mujer,
2305
y que manda proveer
todas las plazas vacías.
Redondilla
Venderemos esta vez
como cada cual querrá
lo que se llevare allá
2310
sin tener miedo al juez.
Redondilla
¡Hola, Fabia, Pinardica!
¡Mochachas!

BELISA.
Señor, ¿nos llamas?

FROMINIO.
¿Y de dónde venís, damas?

BELISA.
De dar agua a la borrica.

FROMINIO.
Redondilla
2315
¿Y vos?

LISENA.
De echarles orujo
a las palomas.

FROMINIO.
Bien va.
Traed los gansos hacia acá.

LISENA.
Ya Fabia a comer los trujo.

FROMINIO.
Redondilla
¿Están acá?

BELISA.
Sí, señor.

FROMINIO.
2320
Sabed que es mi voluntad
que vayáis a la ciudad.

BELISA.
Y la de entrambas, mejor.
Redondilla
¿A qué nos quiere enviar?
¿No viene de allá?

FROMINIO.
Sí, vengo;
2325
mas por cosa cierta tengo
que el Rey se quiere casar.

BELISA.
Redondilla
¿El Rey?

FROMINIO.
El rey.

BELISA.
¿Quién? ¿Belardo?

FROMINIO.
¡Qué sé yo cómo es su nombre!

BELISA.
Ya no hay temor que me asombre.
2330
Ninguna esperanza aguardo.

FROMINIO.
Redondilla
[Y es voz común que la hija]
del Rey de Roma ya viene,
que dentro en dos días tiene
de jugar a la sortija.
Redondilla
2335
Manda en público pregón
que del valle convecino
se lleve de pan y vino
a la ciudad provisión,
Redondilla
y carne también se lleve,
2340
que bien será menester
para la gente que a ver
el regocijo se mueve.
Redondilla
Quiero, Fabia, que llevéis
dos cargas de gansos llenas,
2345
aunque llevéis tres docenas,
o cuatro, si vos queréis;
Redondilla
que no habrá en esta ocasión
más en Nápoles que hacer
sino llegar y vender
2350
entre aquella confusión.
Redondilla
¿Qué decís? ¿No vais contenta?

BELISA.
Sí, mi señor. ¿Pues no había?
Es tu voluntad la mía.

FROMINIO.
Haréis una buena venta.
Redondilla
2355
¡Pardiez, ningún ganso habrá
que no valga seis monedas!

LISENA.
¿Las cabras?

FROMINIO.
Estense quedas,
que su día les vendrá.

LISENA.
Redondilla
Luego, ¿yo no tengo de ir?

FROMINIO.
2360
Sí; ¡pues no!, pan llevarás,
que a fe que lo venderás
a como quieras pedir.
Redondilla
¡Es, que entro aderezar
el jumento y el serón!

LISENA.
2365
¿Sin almorzar?

FROMINIO.
No es razón.
Primero habéis de almorzar.

(Vase FRONIMIO y quedan ellas.)

BELISA.
Redondilla
¿Qué te parece?

LISENA.
Que estoy
admirada del suceso.
Y una cosa te confieso:
2370
que alegre a Nápoles voy.

BELISA.
Redondilla
¿Por qué, Lisena?

LISENA.
¿Por qué?
Por ver a este Rey casado.

BELISA.
¿No sabes qué he fabricado?
Pero yo te lo diré.
Redondilla
2375
Ven conmigo a la ciudad.
[…………-ega]
una mujer loca y ciega,
mártir de su voluntad.

(Vanse, y sale el CONDE RODULFO y el REY.)

REY.
Endecasílabos sueltos (tirada)
Vengo, Rodulfo, de un profundo sueño
2380
tan escandalizado, que a gran furia
dejé la cama y cuadra, y he jurado
de no dormir en ella mientras viva.

CONDE.
¿Qué tiene vuestra alteza, excelso Príncipe?
¿Qué alboroto es aquese que en su rostro
2385
muestra y escribe la inquietud del alma?

REY.
Soñaba, Conde, que esta gran Sirena,
que tiene agora en Nápoles sepulcro,
me apareció, durmiendo yo en mi cama,
con una arpa en las manos y cantando
2390
profetizaba ansí mi injusta muerte:
"¡Oh, gran Partenopeo, que mi nombre,
en honra de mis huesos has tomado,
despierta, que te quieren dar la muerte,
sin que la veas, a traición un hombre
2395
que es de tu misma tierra y de tu sangre.
Pero toma este anillo, que sin duda
verás con él la daga, ya que sea
ver al traidor tan imposible caso."
Y diome, al fin, Rodulfo, aqueste anillo.

CONDE.
2400
¿Cómo, señor? ¿Luego verdad ha sido
que en sueños te habló la gran Sirena?

REY.
¿No ves la piedra que de sí despide
una luz celestial? ¿No consideras
que no es esta labor tan peregrina
2405
hecha de mano de mortal artífice?

CONDE.
Raro suceso, por misión del cielo
solo a tu pecho ilustre concedida.
No temas, gran señor, que el fin te aguarda.
El águila ponte del gran Júpiter;
2410
guarda el anillo; vive y viviremos
todos con el cuidado que nos fuerza
del importante aumento de tu vida.

(Entre un PAJE.)

PAJE.
Dos villanas, señor, quieren hablarte,
que están llorando juntas a la puerta
2415
de la primera sala.

REY.
No les nieguen
licencia para verme a las mujeres;
mas téngase gran cuenta de los hombres,
y no me vea sin licencia alguno,
y pues veis lo que importa, esté mi guarda
2420
[…………………]

(Entran BELISA y LISENA con el PAJE y un ganso con la tablilla colgada al cuello.)

BELISA.
Redondilla
¿Cuál es de todos aquestos?

PAJE.
Aquel mancebo; llegad.

BELISA.
Dios guarde a su majestad.

REY.
Rostros, por mi vida, honestos.

BELISA.
Redondilla
2425
¿Han vido qué tieso está?
¿Qué? ¿Aún merced no nos haréis
de mirarnos?

REY.
¿Qué queréis?

BELISA.
En ganso se lo dirá.
Redondilla
¿No se acuerda de aquel día
2430
que los gansos me espantó
y que palabra me dio
que de oro me le daría?
Redondilla
Pues otro de este tamaño
es el que se me ha perdido.
2435
Palabra de Rey os pido,
que en fe de Rey no hay engaño.

REY.
Redondilla
Creo que me acuerdo ya;
pero no de que se os pierda.

BELISA.
Ahora bien; si no se acuerda,
2440
el ganso se lo dirá.

REY.
Redondilla
¿Habéisle enseñado a hablar?

BELISA.
Puédelo haber aprendido,
que una tablilla ha traído
con letras para estudiar.
Redondilla
2445
Pero no penséis por eso
quebrar la palabra dada,
aunque ya tenéis quebrada
la primera del suceso.

REY.
Redondilla
En lo que allí sucedió,
2450
mayor que aquesta os la di.

BELISA.
Otra me habéis dado a mí;
otra vos y aun otra yo.
Redondilla
Muy diferente estáis ya
de cuando guardastes cabras.

REY.
2455
¿Yo te he dado dos palabras?

BELISA.
El ganso se lo dirá.
Redondilla
Pero despácheme aprisa,
que no he venido a otra cosa.

REY.
Hasta la lengua sabrosa
2460
hurtó su rostro a Belisa.
Redondilla
¡Ay de mí! ¡Memorias tristes
qué bien me representastes!

BELISA.
¡Oh! Gracias a Dios que hablastes
[…………..-istes]

REY.
Redondilla
2465
¿Harasme que piense ya
que?... Pero quiero callar.

LISENA.
¿Ves? ¿Qué hace de dudar?

BELISA.
El ganso se lo dirá.

REY.
Redondilla
Conde, escuchad al oído.

(Habla el REY al CONDE al oído.)

LISENA.
2470
¡Ay, Belisa! ¿Qué será?

BELISA.
¿No ves que hablándole está?
Ya le despertó el sentido.
Redondilla
¡Válame Dios, que ha tardado,
Lisena, en hacer memoria
2475
de aquella pasada historia!

LISENA.
¡Cuánto muda un nuevo estado!

CONDE.
Redondilla
Pastoras, el Rey me manda
que os entréis conmigo.

BELISA.
¿Adónde?

REY.
Andad.

CONDE.
Él mismo os responde.

LISENA.
2480
Si sabe el mármol que ablanda.

CONDE.
Redondilla
Quiere el Rey, de su tesoro,
por el ganso que perdistes
cuando en la caza le vistes,
daros otro ganso de oro.
Redondilla
2485
Entrad, y el arca veréis
donde hay mil joyas guardadas,
y con las más señaladas
vuestro ganso pesaréis.

BELISA.
Redondilla
Eso; entremos norabuena
2490
y pesaremos mi ganso.
Ya se ordena mi descanso.
Vente conmigo Lisena.

(Entranse y queda el REY solo.)

REY.
Redondilla
Las memorias sepultadas
han resucitado en ver
2495
el rostro de esta mujer.
¡Ay, burlas de amor pasadas,
Redondilla
cuál un tiempo me trujiste
por los ojos soberanos
y por las hermosas manos
2500
a quien las mías rendiste!
Redondilla
¿Es posible que haya el cielo,
hecho dos rostros conformes?
Suplícote que me informes,
divino señor de Delo;
Redondilla
2505
que tú, que tu resplandor
tomaste de aquellos ojos
que causaron mis enojos,
podrás saberlo mejor.
Redondilla
¿Cómo a dos rostros presentes
2510
el alma, cielo, consagro,
siendo tu mayor milagro
hacerlos tan diferentes?
Redondilla
¿Si es esta Belisa acaso?
Pero ¿cómo, si esta tierra
2515
está de su monte y sierra
lo que hay de oriente al ocaso?
Redondilla
No es posible, ni tampoco
parecerse tanto a ella.
Descúbreme, amor, si es ella;
2520
¿gustas que me vuelva loco?

(Sale el CONDE RODULFO alborotado con un ganso y una tablilla al cuello.)

CONDE.
Endecasílabos sueltos (tirada)
¡Oh! caso nunca visto ni pensado.

REY.
¿Qué alboroto es aquese, di, Rodulfo?

CONDE.
Metí, como mandaste, las villanas
en tu cámara, Príncipe, y apenas
2525
quise, como mandaste, abrir las otras
que salen al balcón de tus jardines,
donde dejando aqueste ganso puesto
sobre un bufete de la primera sala
se salieron huyendo y me burlaron.
2530
Sin duda que han caído en la malicia
o se quieren burlar de tu grandeza.

REY.
Redondilla
¡Extraño caso, por Dios!
¿Que se han ido? ¿Que no vieron
por dónde o cómo salieron
2535
si eran fantasmas las dos?
Redondilla
Cielos, ¿qué sombras son estas?
¿Qué agüeros o qué portentos,
o qué sueños tan sangrientos
para principio de fiestas?
Redondilla
2540
¿Qué cinta es esa, decí?

CONDE.
En ella viene colgada
una tablilla cifrada.

REY.
¿Qué es esto? ¡triste de mí!
Redondilla
Mostrad a ver, ¡oh retrato
2545
de aquel soberano nombre!

CONDE.
¿Es posible que te asombre?
[···············-ato]

REY.
Redondilla
Mas ¿qué me estoy deteniendo
en disculpas y querellas?
2550
Vaya mi guarda tras ellas.
Id, Conde, vos; id corriendo.

CONDE.
Redondilla
Iré, señor, y traerelas
aunque al centro se bajasen.

BELARDO.
¿Es posible que me hablasen
2555
y las vi, vilas, y hablelas?
Redondilla
¿Por adónde o por qué parte
Belisa ha venido aquí,
si ya quien me trujo a mí
no ha sido el todo o la parte?
Redondilla
2560
Háblame, pues, tabla mía,
y da soltura a mi sueño,
que bien me dijo tu dueño
que el ganso me lo diría.
Redondilla
Háblame y dime por dónde
2565
has venido a este lugar.
De mí se quiere burlar
la cifra, pues no responde.

(Entran PRADELO y SILVERO.)

SILVERO.
Redondilla
Entra, Pradelo, muy quedo,
que esta es la ocasión que aguardo
2570
en que ha de morir Belardo.

PRADELO.
Temblando llego de miedo.

SILVERO.
Redondilla
Este es el Rey; hazte aparte
sin que te sientan; un paso
te llega mientras le paso
2575
el pecho de parte a parte.

REY.
Redondilla
¡Que se pudieron tan presto
desaparecer de palacio!
¿Cómo que en tan breve espacio
en salvo se me hayan puesto?

TIBERIO.
Redondilla
2580
Ya el Conde viene con ellas.

REY.
Venga norabuena el conde.

(Entra el CONDE con ellas.)

BELISA.
¿Dónde nos lleváis?

CONDE.
¿Adónde?
Quiere el Rey ver si sois bellas.

BELISA.
Redondilla
Ya nos ha visto otras veces.
2585
Dios guarde a su majestad.

REY.
¿Cón aquesa crueldad
ante mis ojos pareces,
Redondilla
Belisa mía?

BELISA.
¡Mi Belardo!

REY.
Luz y gloria de mis ojos.

BELISA.
2590
Fin de mis penas y enojos.

REY.
¿Qué me detengo, en qué tardo?
Redondilla
¡Dame esos brazos, mi bien!

BELISA.
Y el alma, que al fin es tuya,
es bien que se restituya
2595
al primer dueño también.

SILVERO.
Redondilla
Cielo, ¿qué es esto que veo?
Pradelo ¿es Belisa aquella?

PRADELO.
¡Cómo y Lisena con ella!

SILVERO.
No es posible, no lo creo.

PRADELO.
Redondilla
2600
Ellas son; ¿para qué dudas?

SILVERO.
De verlas aquí me espanto.

REY.
Pues las almas hablan tanto,
las lenguas estense mudas.
Redondilla
¿Lisena, cómo has venido,
2605
quién te trujo a este lugar?

LISENA.
Un deseo de olvidar,
pero no se me ha cumplido.

SILVERO.
Redondilla
Vive Dios, que es cierto el caso.
Aguarda, que este puñal
2610
templará en ocasión tal
los celos en que me abraso.

(Quierele dar con la daga.)

REY.
Verso suelto
Tenelde, caballeros, que me mata.
¿No veis la daga? ¿No le veis? Tenelde.

CONDE.
¿Adónde está, señor? ¿Dó está la mano?

REY.
2615
¿No veis la daga, el filo relumbrando?

TIBERIO.
Ninguna cosa vemos.

CONDE.
¡Santo cielo!
¿qué ruido es este, si se hunde el suelo?

(Sale FELICIO, mágico, y suenan cohetes.)

FELICIO.
Terceto
Belardo, no te aflijas, que los hados
de aquesta suerte ordenan el discurso
2620
de tus males presentes y pasados.
Terceto
Del tiempo el veloz curso
[………….
……………..]
Terceto
saca del centro la verdad oscura,
2625
por más que la fortuna lo defienda.
Felicio soy, el que tu bien procura,
Terceto
no padre de Silvero, que ha venido
sólo a martate por su amada prenda,
creyéndose que yo su padre he sido.
Terceto
2630
Hermanos sois, y la verdad se entienda,
hijos del Rey de Nápoles, ya muerto
que yo os crié por última encomienda.
Terceto
Tomó en Arcadia el rey Trasandio puerto
cuando a la guerra de los persas vino
2635
por el invierno frío y el mar incierto,
Terceto
y allí del bello rostro peregrino
de la ninfa Niseida enamorado
tuvo dos hijos, cada cual divino,
Terceto
Belardo y tú, Silvero, que engañado
2640
para traerte aqueste punto has sido.

REY.
¡Oh, caso nunca visto ni pensado!

SILVERO.
Terceto
Belardo, pues que ya te conocido,
dame esos brazos y persona el yerro
por orden de los hados cometido.

REY.
Terceto
2645
Es posible que al fin de mi destierro
recibo tanto bien […..-ido].
Felicio, amigo, y en el alma un hierro!

FELICIO.
Terceto
¿Viste en la cueva que tu amada y cara
esposa el Rey de Nápoles tenía?
2650
Pues es la cifra que hoy se te declara.
Terceto
Rey de Nápoles eres y este día
a Belisa darás palabra y mano,
que es de sangre real y hija mía.
Terceto
Rey fui de Atenas, y el rigor tirano
2655
del tiempo me retrujo adonde estuve.
[………………-ano.]
Terceto
Silvero agora a Rey de Roma sube,
porque se casará con la princesa,
que este camino guardado le tuve.
Terceto
2660
Pradelo con Lisena, que esta impresa
merece bien su angustia, pena y lloro,
y en esto el hado de seguiros cesa,
y aquí, senado, acaba EL GANSO DE ORO.
FINIS.