CELIO.
Del gran río de Lisboa,
90
la víspera de aquel grande,
que Dios le puso este nombre
y Juan sus dichosos padres,
a quien cristianos y moros
con tanto amor fiestas hacen,
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el Marqués de Santa Cruz
con cinco galeones parte,
treinta naos, doce galeras
y doce armados patajes,
dos galeazas, quince cebras,
100
siete barcas chatas grandes,
con catorce carabelas
y con nueve mil infantes
de bizarros españoles,
italianos y alemanes;
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cuatro mil hombres de mar
en faenas y balances,
y cincuenta aventureros
señores particulares.
Maestres de campo lleva
110
aquel invencible Marte
don Lope de Figueroa,
famoso del Tajo al Ganges;
don Francisco Bobadilla,
ilustre en armas y sangre,
115
y don Juan de Sandoval,
claro en obras y en linaje.
Lleva la coronelía
de alemanes arrogantes
el conde ilustre Lodrón,
120
cuyas hazañas se saben;
Lucio Pinatelo lleva
los de Italia inexpugnable,
y don Félix de Aragón
los portugueses leales.
125
Los cachopos de Navarra
hicieron volver la nave
de don Miguel de Cardona;
lo demás paso adelante,
haciendo que los soldados
130
en los patajes se embarquen,
y con vientos por bolina
se fue siguiendo el viaje
hasta ver a San Miguel,
isla entonces sin el Ángel.
135
A Villafranca y la Punta
Delgada, que está distante
cuatro leguas, el Marqués
pasó a embarcar los infantes
de la muestra del Maestre
140
de Campo famoso y grave.
Agustín Íñiguez luego
a San Sebastián se parte.
Surge en la playa, a pesar
de sus cañones, y hace
145
que un soldado y un trompeta
a los fuertes se acercasen
a publicar el perdón
que del Rey de España trae;
mas respondieron las piezas
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de muros y de baluartes.
Reconociose la isla,
y con acuerdo bastante,
por una ensenada y calas,
entra a seis de julio, un martes,
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remolcando los barcones,
las pinazas y patajes
en que irían cuatro mil
y más quinientos infantes
de los tercios de don Lope
160
y de otros tres capitanes.
Entró, en efecto, el Marqués
al tiempo que el alba sale,
llevando en su capitana
muchas personas notables.
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El Duque de Fernandina,
nuevo español Alejandro;
don Pedro Ponce de León,
Juan Martínez de Recalde,
don Jorge y don Juan Manríquez,
170
con don Alonso de Idiáquez,
a don Cristóbal de Heraso
y al honor de Sandovales,
don Luis, y los dos Antonios
de Enríquez y Portugales,
175
a don Pedro de Padilla
y otros tales capitanes,
comenzando a un cuerpo
de galera el gran combate,
las que llegaban haciendo
180
de suerte, que en varias partes
la gente en barcas arrojan
de asperísimos lugares.
Ganaron, al fin, los fuertes,
sin que a defender bastasen
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los franceses las trincheras,
y manda que desembarquen,
ordenándole a don Lope
los escuadrones formase,
mejorándose los nuestros
190
con valor incomparable.
Vino la segunda gente;
y como al cuerpo llegasen
del ejército enemigo,
se mostraron arrogantes;
195
quisieron desbaratarnos
con mil vacas a la tarde;
mas la orden del Marqués
fue que a ninguna tirasen.
Resueltos estaban todos
200
que de perdón no les traten,
sino que un poder y otro
en la campaña batallen,
y esto fue por el socorro
que trujo monsiur de Xatres,
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y así tornaron al alba
a escaramuzar como antes.
Pero los nuestros lo hicieron
de suerte en este combate,
que del agua los retiran
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y por la montaña esparcen.
Ganose la artillería,
San Sebastián luego dase,
y a la ciudad de Angra vuelve
nuestro ejército triunfante,
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donde a la armada francesa
la nuestra acomete y bate,
y así se entró en la ciudad
sin resistencia notable.
Concedió saco tres días,
220
y después, por bien de paces,
diez y ocho banderas rinden
los franceses capitanes,
dando licencia a los nuestros
que uno a uno los desarmen,
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y quedando victoriosa
la gloria de los Bazanes.