Félix Lope de Vega y Carpio Lope de Vega y Carpio, Félix

LA FUERZA LASTIMOSA




Texto utilizado para esta edición digital:
De Vega, Lope, “La fuerza lastimosa”, Obras completas de Lope de Vega, Madrid, Turner, Colección Biblioteca Castro, 1994, vol. VIII, pp. 307-418.
Adaptación digital para EMOTHE:
  • Durá Celma, Rosa (Artelope)

Elenco

EL CONDE ENRIQUE
EL DUQUE OTAVIO
EL REY DE IRLANDA
DOS VILLANOS
BELARDO, criado del Conde Enrique
HORTENSIO, criado del Conde Enrique
CLENARDO, secretario del Rey
CELINDA, dama de la Infanta
EL MARQUÉS FABIO
DOÑA ISABEL, mujer del conde Enrique
DON JUAN, niño, su hijo
POLIBIO, criado del duque Otavio
TEREO, criado del duque Otavio
DOS PESCADORES
EL CONDE DE BARCELONA
SOLDADO ESPAÑOL
SOLDADO ESPAÑOL
EL CAPITÁN CARLOS, español
MÚSICOS
[SOLDADOS]
[CRIADOS]

Jornada I

Sale la infanta DIONISIA sola, de caza, con un venablo en la mano

Dionisia
Quintilla
Si por sendas tan estrechas
al ligero viento igualas,
que yo soy viento sospechas,
o muestras que llevas alas
5
en las plumas de mis flechas.
Quintilla
Párate, ciervo, un momento,
a ver mi cansancio atento,
si algún descanso te da.
¿Piensas que siguiendo va
10
tu curso mi pensamiento?
Quintilla
¡Oh, notable ligereza,
que a la del tiempo equipara
la común naturaleza,
y en aquellas aguas para,
15
bañando pies y cabeza!
Quintilla
¡Dichoso tú, que, afligido,
llegaste al centro querido
de ese arroyo puro y manso!,
que tarde llega al descanso
20
un corazón afligido.

Sale el conde ENRIQUE, de caza

Enrique
Quintilla
Enramadas arboledas,
yedra que las vas vistiendo,
y por sus ramas te enredas;
aguas que, estando corriendo,
25
parece que os estáis quedas;
Quintilla
sombras que el temor alteran,
y contra el sol perseveran;
montes, de aspereza llenos,
para pensamientos buenos,
30
si en vosotros se perdieran;
Quintilla
veis aquí un hombre dichoso
si no estuviera confuso;
pero el punto venturoso,
en que mi estrella te puso,
35
tiene el fin dificultoso.
Quintilla
Donde el alma apenas toca,
en una fortuna loca,
soy Tántalo de mi bien,
que, por más que me le den,
40
no puedo llegar la boca.

Dionisia
Quintilla
¡Enrique!

Enrique
Señora mía...
No en balde esta fuente hermosa
sus márgenes excedía,
y con envidia la rosa
45
más vivo color tenía.
Quintilla
No en balde el viento le daba
música al monte, y tocaba
estas hojas a concierto.
No en balde el sol descubierto
50
las verdes cumbres doraba.
Quintilla
No en balde este claro río,
detenido entre esas piedras,
paraba su curso frío,
y abrazaban estas yedras
55
este olmo, retrato mío.
Quintilla
No en balde por ver, señora,
aquesas plantas ligeras,
todas las flores ahora
se quitan las vidrïeras
60
del rocío de la aurora.
Quintilla
No en balde estaba este prado
de más cambiantes pintado
que del cielo el arrebol,
sirviendo de alfombra al sol,
65
adonde está reclinado.
Quintilla
Que esas estrellas dichosas
alegran, con dar sus lumbres,
al sol, montes, fuentes, rosas,
olmos, ríos, yedras, cumbres,
70
prados y flores hermosas.

Dionisia
Quintilla
Mucho aquestas soledades
me obligan a que te diga,
del alma, grandes verdades.

Enrique
Harto más mi fe te obliga
75
si a mi amor te persüades.
Quintilla
No mires a tu valor;
aparta de tu grandeza
los ojos de mi favor,
que no viendo mi bajeza,
80
es la distancia menor.
Quintilla
Quien en alto está subido
ya no es bien que mire al suelo;
que no me mires, te pido,
que soy suelo de ese cielo,
85
de mil estrellas vestido.
Quintilla
De amor las ciertas señales
es igualar desiguales,
que en su mano celestial
tiene una balanza igual,
90
que hace las almas iguales.

Dionisia
Quintilla
Conde, si tanta humildad
os detiene a mi valor
para tener igualdad,
pensaré de vuestro amor
95
que no me tratáis verdad.
Quintilla
Que como no he de tener
en pensamiento jamás
que menos pudistes ser,
vos os habéis de atrever
100
a no pensar que soy más.

Enrique
Quintilla
¡Oh, divino entendimiento!
¡Por qué camino ha igualado
su amor y mi pensamiento,
y a su grandeza animado
105
mi cobarde atrevimiento!

Dionisia
Quintilla
Dejemos divinidades
y la grandeza humanemos;
desnudemos las verdades,
y, si es posible, juntemos
110
a un alma dos voluntades.

Enrique
Quintilla
Decid, mi bien, que aquí estoy.

Sale el duque OTAVIO

Otavio
Siguiendo mi muerte voy,
perseguido de una fiera,
que hasta que en sus manos muera,
115
ignorante Adonis soy.
Quintilla
¿Quién ha visto que el que caza
vaya de la fiera huyendo
como del toro en la plaza,
sino yo, que voy siguiendo
120
la que mi muerte amenaza?
Quintilla
¿Qué fuerza puede tener
contra un hombre una mujer?
Pero, pues que vence a un hombre,
sin duda es fuerza del nombre,
125
que no valor de su ser.
Quintilla
No es la fortuna importuna
porque tiene fuerza alguna,
ni la muerte tiene ser;
mata el nombre de mujer,
130
si lo son muerte y fortuna.
Quintilla
Puso gran virtud el cielo
en palabras, piedras, yerbas,
que dice y que tiene el suelo,
y aquí, fiero amor, reservas
135
tu poder de fuego y hielo.
Quintilla
En la yerba de tu flecha
hay virtud, piedra en el pecho
que adoro, y que no aprovecha;
pero palabras han hecho
140
más daño que se sospecha.
Quintilla
Y la de mayor poder
es el nombre de mujer;
luego bien se ve que el nombre
es el de la muerte al hombre,
145
que no la fuerza del ser.
Quintilla
¡Ay, enemiga! ¿Aquí estás?
Déjame, amor, que publique
mi pena esta vez no más.
Mas aquí está el conde Enrique.

Hablan los dos aparte, y escúchalos el DUQUE sin que le vean

Enrique
150
¿Esa palabra me das?

Dionisia
Quintilla
Esta palabra te doy.

Otavio
Palabras se dan. ¿Qué escucho?
Aquí más oculto estoy.

Dionisia
¿Puedo hacer más?

Enrique
155
Esto es mucho.

Dionisia
Tu mujer digo que soy.

Otavio
Quintilla
¿Cómo? ¡Ay, cielos! ¡Que la Infanta
confiese que es su mujer!

Enrique
Prenda mía, en merced tanta,
160
el callar, al responder
muchas leguas se adelanta.
Quintilla
Él diga lo que no digo.
Pero con gusto del Rey
ya sabes que el viento sigo,
165
y antes, por justa ley,
me amenaza su castigo.
Quintilla
¿Quién os ha de dar consejo?

Dionisia
No me querer yo casar,
y estar mi padre tan viejo.

Enrique
170
Luego, ¿quieres aguardar
a que se rompa su espejo?

Dionisia
Quintilla
Si quedo sola, ¿no puedo
hacer mi gusto sin miedo?

Enrique
Sí; mas ¿adónde, hasta su muerte,
175
habrá paciencia tan fuerte,
ni amor, que quiera estar quedo?
Quintilla
Yo a lo menos, a esperar,
sin sus ayudas de costa,
no sé si podré llegar.

Otavio
180
Este amor va por la posta;
en mi muerte ha de parar.

Dionisia
Quintilla
Verdad es que es largo plazo;
pero el papel, el abrazo,
y la esperanza con él,
185
bien podrán.

Enrique
Deja el papel,
y al abrazo alarga el brazo;
Quintilla
que amor de papel no es bueno
para andar tanto camino,
ni estar de noche al sereno;
190
que, en fin, el papel más fino
viene de lisonjas lleno.
Quintilla
Que si se viene a olvidar,
cree que el papel mejor
es, llegando a pleitear,
195
cédula por donde amor
a nadie obliga a pagar.
Quintilla
Pero para esperar años
son menester desengaños
que entretengan el deseo.

Dionisia
200
No lo digas con rodeo.

Enrique
Temo tu enojo y mis daños.

Dionisia
Quintilla
Ahora bien, mañana quiero
que vengas por el terrero,
y en mi aposento entrarás.

Enrique
205
No hay que dar ni pedir más.
Dame esas manos.

Otavio
¿Qué espero?
Quintilla
Ya de mi muerte inhumana
Ha llegado la sentencia.

Dionisia
¿Qué dificultad no allana
210
amor?

Enrique
¿Quién tendrá paciencia
para esperar a mañana?

Dionisia
Quintilla
Pues ¡cómo! ¿Aún no estás contento?

Enrique
Como soy buen comprador,
regateo del tormento,
215
porque son años de amor
esperanzas de un momento.

Dionisia
Quintilla
¿Tormento de la esperanza?

Enrique
Mientras el bien no se alcanza,
y mayor cuando es mayor.

Dionisia
220
De aquí a mañana el favor,
¿eso es poca confianza?

Enrique
Quintilla
De hoy a mañana se vio
Troya famosa abrasada,
Roma su lustre perdió,
225
deshizo el viento la armada
que más gallarda se vio.
Quintilla
De hoy a mañana acontece
que el rico pobre amanece,
el privado aborrecido,
230
el levantado abatido,
y que la mar mengua y crece.
Quintilla
De hoy a mañana está el cielo
más sereno, más nublado;
está seco y verde el suelo,
235
y el pájaro más atado
por el aire esparce el vuelo.
Quintilla
Vemos un almendro en flor,
y helado todo mañana;
vemos esclavos al señor,
240
la sierra más alta, llana,
y más mudable el favor.
Quintilla
Entre la taza y el labio
dijo, en cierto pasatiempo,
que había peligro, un sabio;
245
que en dos minutos de tiempo
puede caber un agravio.

Otavio
Quintilla
¡Cómo, si es cuerda la Infanta,
debe al Conde aborrecer,
pues cuando ella se adelanta
250
a lo que no puede hacer,
la aprieta con fuerza tanta!
Quintilla
¡Cuán diferente que fuera,
si ese bien me prometiera
de aquí a una semana, a un mes,
255
a un año, a un siglo y después,
que nunca más lo cumpliera!

Dionisia
Quintilla
Para darte ese contento,
es fuerza que al punto vuelva
a la ciudad.

Enrique
Ahora siento
260
tu grande amor. Esta selva
no fuera mal aposento;
Quintilla
pero no todas las Didos
agua y cuevas han de hallar.

Otavio
Ciegos están y perdidos.
265
Su gusto quiero estorbar
y el fuego de mis sentidos.
[Llégase el duque OTAVIO a ellos.]
Quintilla
¿Ha llegado por aquí,
que habrá mucho que aquí estáis,
gran Dionisia, el jabalí?

Dionisia
270
(El hora mala vengáis.)

Enrique
(Y habrá de ser para mí.)

Otavio
Quintilla
Pienso que va a esta fuente,
bañando en espuma el diente.

Enrique
A lavárselos vendría.
275
(Vamos de aquí, prenda mía.)

Dionisia
Buscad, Otavio, la gente.

Vanse, y queda el duque OTAVIO solo.

Otavio
Quintilla
Buscaré mi muerte fiera,
y haré mucho si la hallo,
cuando va huyendo ligera,
280
¿por qué me detengo y callo?
¡Muera el conde Enrique! ¡Muera!
Quintilla
¿Direlo al Rey? Pero no,
que si en desdichas iguales
solo el ingenio ayudó,
285
siendo las que tengo tales,
¿quién las tendrá como yo?
Quintilla
Mía será esta mujer.
¿Qué dices, alma? –Sin duda,
digo que tuya ha de ser.
290
–¿Quién me ayuda? –Amor te ayuda.
–Pues si es dios, tendrá poder.
Quintilla
¿Gozarela? –Bien podrás;
pues, ¿cómo te atreverás?
–Esta noche ir al terrero,
295
donde llegaré primero...
Y haga el amor lo demás.
Quintilla
Árboles con altas copas,
a quien dio librea junta
el tiempo, de verdes ropas;
300
monte, que con esa punta
en los mismos cielos topas;
Quintilla
prados, hechos a colores
con aromáticas flores,
manchados de varias tintas,
305
ajironados de cintas
de arroyos murmuradores;
Quintilla
animales escondidos,
altas y parleras aves,
que habláis por cuevas y nidos,
310
unas con voces süaves,
otras con fuertes bramidos:
Quintilla
Cáuseos risa, aunque no sea
vuestro el reír ni entender,
que diga un hombre y que crea
315
que gozará una mujer
que a otro esta noche desea.
Quintilla
Pero no importa creello
si así tengo de vivir;
intentallo será hacello,
320
que con ello he de salir,
y de sentido sin ello.

Sale el rey de Irlanda, de caza, con gabán, y dos villanos.

Rey
Quintilla
¿Que no habéis visto la Infanta?

Villano 1º
¡Par Dios, señor, que en correr
de tal suerte se adelanta,
325
que al viento quiere exceder,
y atrás dejar a Atalanta!

Rey
Quintilla
Que se recoja esa gente
será ahora conveniente,
y que a la ciudad volvamos.

Villano 2º
330
Ella suena entre esos ramos...
pero no, que es una fuente.
Quintilla
Allá en su busca partimos.
Su merced sobre esta piedra
se siente, mientras venimos.
[Vanse los VILLANOS.]
335
Será do sale esa yedra
con sus hojas y racimos.

Rey
Quintilla
Id, y diréis que aquí aguardo.

Otavio
Cansado estará su Alteza.

Rey
¡Oh, Duque!

Otavio
Cuando gallardo
340
joven corrió esta aspereza,
venciera al más suelto pardo.

Rey
Quintilla
Pasa, Otavio, nuestra edad
como el sol que da la sombra.
Eso llaman mocedad,
345
esto, en fin, vejez se nombra,
y es la misma enfermedad.
Quintilla
¿Cómo os habéis alejado?

Otavio
Porque solo te he buscado
desde los rayos de Apolo,
350
y, en fin, quiere Dios que solo
te haya en este monte hallado.

Rey
Quintilla
¿A qué efecto solo a mí?

Otavio
No habrá sido sin efeto.
Dame la palabra aquí
355
de guardarme...

Rey
¿Qué?

Otavio
Un secreto

Rey
¡Secreto!

Otavio
Sí, señor.

Rey
Di.

Otavio
Quintilla
Pero no lo digo bien.
Prende aquesta noche a un hombre.

Rey
¿Quién?

Otavio
El Conde Enrique.

Rey
¿Quién?

Otavio
360
El Conde.

Rey
Dudaba el nombre.

Otavio
Duda la prisión también.
Quintilla
La causa no has de saber
hasta mañana.

Rey
¿A qué efeto
sin causa le he de prender?

Otavio
365
En eso estriba el secreto.

Rey
Secreto sabré tener.

Otavio
Quintilla
No hay mucho de aquí a mañana;
y si esta noche lo sabes,
será mi esperanza vana.
370
Tú muestra en cosas tan graves
paciencia madura y cana.
Quintilla
Pero advierte que si entiende
más que un hombre su prisión,
tu vida y honra se ofende.

Rey
375
Extrañas quimeras son.
¿Qué es lo que el Conde pretende?

Otavio
Quintilla
Mañana al amanecer,
gran señor, lo has de saber.

Rey
¿Solo un hombre ha de prendello?

Otavio
380
Llámeme, y podrás hacello.

Rey
Y ese hombre, ¿quién ha de ser?

Otavio
Quintilla
El capitán de tu guarda,
el marqués Fabio, que es hombre
de valor.

Rey
La noche tarda.
385
¿No tendrá esta prisión nombre?

Otavio
Yo sé que tu vida guarda.

Rey
Quintilla
¿Que en el secreto consiste
poner en esto remedio?

Otavio
Sí, señor.

Rey
Vamos.

Otavio
¿Vas triste?

Rey
390
Voy de aqueste mar en medio,
en que ahora me pusiste.
Quintilla
Pero, siendo convencible,
mostraré, Otavio, valor.

Otavio
Muéstrate ahora apacible.

Rey
395
¡El conde Enrique traidor!
Parece cosa imposible.
Quintilla
¿Sabrá, Otavio, esta prisión
mi hija?

Otavio
De ningún modo,
que estorbas mi pretensión.

Rey
400
Ello es tan confuso todo,
que es la misma confusión.

Vanse. Y salen BELARDO y HORTENSIO, criados del conde ENRIQUE.

Belardo
Redondilla
Dicen que ha vuelto su Alteza
a gran prisa en la carroza.

Hortensio
Es briosa.

Belardo
Es gentil moza
405
de los pies a la cabeza.
Redondilla
Otra vez al monte fui,
y al salir de la mañana,
como otra hermosa Diana,
con un venablo la vi.
Redondilla
410
Echela mil bendiciones:
que Dios la diese un marido
galán, gallardo y brioso
en obras como en razones,
Redondilla
más que Alejandro dichoso,
415
más lleno de oro que Midas,
y que alargue Dios sus vidas
un siglo en paz y reposo.

Hortensio
Redondilla
Si nuestro amor el Conde oyera,
Belardo, tus bendiciones,
420
no acabaras las razones,
cuando con algo te diera.

Belardo
Redondilla
¿Qué? ¡Diérame algún vestido?

Hortensio
Sin duda, y de lienzo fuera,
que hasta los pies te cubriera.

Belardo
425
¡Oh loco desvanecido!
Redondilla
Pues qué, ¿piensa, por ventura,
que se ha de casar con él?

Hortensio
No sé si lo piensa él,
pero sé que lo procura.

Belardo
Redondilla
430
Hortensio, los pensamientos
altos se llaman honrados;
pero más que altos, culpados,
y es dar que hacer a los vientos.
Redondilla
Que le Conde la quiere, creo,
435
por muchas demostraciones;
que agradece sus razones,
por los favores que veo.
Redondilla
Mas llegada la ocasión
en que el Rey la ha de casar,
440
el Conde se ha de quedar
con su mal de corazón.

Sale el conde ENRIQUE.

Hortensio
Redondilla
El Conde ha venido, espera.

Enrique
(¡Día enfadoso y pesado!
Sin duda el sol se ha parado
445
en medio de su carrera.
Redondilla
Pero si milagro fue
pararse el sol o ir atrás,
para que corriera más
quisiera fuerzas y fe.
Redondilla
450
¡Oh amor! Pues dicen que estás
allá en la tercera esfera,
de la cuarta a la tercera
poca distancia hallarás.
Redondilla
Ruégale al sol que camine
455
y se vaya a descansar;
ruégale, amor, que a la mar
su dorada frente incline.
Redondilla
Dile que se acuerde bien
cuando por Dafne corría;
460
que yo tendré al fin del día
otros laureles también.)
Redondilla
¿Aquí estáis?

Hortensio
Aquí esperamos.

Enrique
Ya me podéis descalzar,
y para esta noche dar
465
lo que otras veces llevamos...
Redondilla
Digo, en lo que toca al pecho.

Belardo
Nunca defensas son malas.

Hortensio
Yo siempre llevo unas alas
por si fuere el paso estrecho.

Enrique
Redondilla
470
¿Galas decís?

Hortensio
Sí, señor.
(Alas dije; entendió galas.)

Enrique
Las negras todas son malas
de noche. Dadme color.

Belardo
Redondilla
Gala negra, plata y oro,
475
muy bien recibido está.

Enrique
Eso es mal agüero ya,
aunque lo cubra un tesoro.
Redondilla
Dame color, que hoy es día
de que hasta el alma vistamos
480
de color.

Belardo
¡Buenos estamos!
¿Hay favor?

Enrique
¡Por vida mía,
Redondilla
que reviento por deciros
mi bien!, pero su grandeza
me enfrena.

Belardo
¿Fue que su Alteza
485
oyó acaso tus suspiros?
Redondilla
Estará descalabrada
de alguno, si era muy duro.

Enrique
Hortensio, yo no procuro
decir a este necio nada.
Redondilla
490
Ven acá tú, ¡por mi vida!,
sabrás tú solo mi bien.

Hortensio
¿Mas que me dices también
que está de tu amor perdida?
Redondilla
Yo apostaré que te vio
495
si los ojos puso en ti,
y que te dijo que sí,
si no te dijo que no.
Redondilla
¿Cuánto va que la has mirado,
y que la viste muy bien?

Enrique
500
¡Mal fuego te queme, amén!
¡Qué pesadumbre me has dado!
Redondilla
Ven acá, Belardo, tú.

Belardo
¿No sabremos lo que tienes?
Loco parece que vienes.

Enrique
505
(¡Jesú! ¡La Infanta! ¡Jesú!)

Belardo
Redondilla
¿Santíguaste?

Enrique
¡Loco estoy!

Belardo
Loco, pero buen cristiano;
háceme cruces.

Enrique
Es en vano
510
callar el bien a que voy.
Redondilla
De esta va.

Belardo
Hortensio, desvía.

Hortensio
¿Cómo?

Belardo
Pensé que tiraba.

Enrique
(Casi por decirlo estaba.
¡Oh fuerza de mi alegría!
Redondilla
515
Bien dicen que en el pesar,
más fácil que en el placer,
se puede un hombre tener
a las riendas del callar.)
Redondilla
Hijos, mi bien tuvo ya
520
el fin que yo le pedí...

Belardo
¿Cómo, señor?

Hortensio
¿Cómo así?

Belardo
Suspenso y callado está.

Hortensio
Redondilla
¡Ah, señor!

Enrique
¿Qué me queréis?

Belardo
¿No dices eso?

Enrique
Ya no,
525
que un pensamiento llegó
a decir que lo diréis.
Redondilla
A la lengua el bien salía,
y detúvole el temor,
para que fuese mayor
530
cuanto más le detenía.
Redondilla
Desviaos de aquí, enemigos,
que os daré de cuchilladas.

Hortensio
Loco está.

Belardo
¿De qué te enfadas?

Enrique
¡Oh luna, oh cielos amigos!
Redondilla
535
Ni tú salgas, ni vosotros
saquéis vuestro aparador
de estrellas, porque mejor
os las daremos nosotros.
Redondilla
Veranse los ojos bien
540
de aquel ángel celestial.

Hortensio
No nos estuviera mal
que durara su desdén.

Sale CLENARDO, secretario del REY.

Clenardo
Redondilla
¿Está en casa el Conde?

Enrique
Aquí
a vuestro servicio estoy.

Clenardo
545
Una buena nueva os doy:
que os llama el Rey.

Enrique
¿Cómo así?

Clenardo
Redondilla
Pienso, según me encomienda
que yo propio venga acá,
que alguna encomienda os da.

Enrique
550
Vuestra será la encomienda;
Redondilla
que si de llamarme a mí,
a vos, Clenardo, os la dio,
en tenerla antes que yo
no os ofrezco nada aquí.
Redondilla
555
¡Hola! Escuchadme vosotros.

Hortensio
¿Qué mandáis?

Enrique
En el terrero
me esperad.

Hortensio
Yo allí te espero.

Clenardo
(¿Armarémonos nosotros?)

Enrique
Redondilla
(Poneos entrambos bien,
560
y no tenga que buscaros.
Ya sabéis dónde he de hallaros.)

Belardo
(Y a ti nosotros también.)

Enrique
Redondilla
¿Qué quiere el Rey, secretario?

Clenardo
Pienso que haceros merced.

Enrique
565
¡Oh cielos santos, haced
que no sea lo contrario!

Vanse. Y salen la infanta DIONISIA y CELINDA, dama.

Dionisia
Redondilla
En las determinaciones
de pechos enamorados,
los consejos son culpados,
570
y cansadas las razones.
Redondilla
Yo, Celinda, quiero bien.
Deja de pensar que puedo
tener a mi padre miedo
ni al Conde mostrar desdén.
Redondilla
575
Yo nací para servir
a Enrique; Enrique es mi dueño:
todo es viento, es sombra, es sueño,
cuanto me puedes decir.
Redondilla
Si ha sido mala elección,
580
que me disculpes te ruego;
conque, si el amor es ciego,
ciego sus efectos son.

Celinda
Redondilla
Señora, el Conde es muy noble,
pero hay más desigualdad
585
de aquella a tu calidad,
que desde la palma al roble.
Redondilla
Si el amor es ciego, por eso
es un lince la razón,
y siempre la obstinación
590
es madre del mal suceso.
Redondilla
¿Qué bien se puede seguir
de que el Conde entre atrevido
a tu aposento?

Dionisia
El marido
bien puede entrar y salir.

Celinda
Redondilla
595
El marido ¿quién lo duda
Pero el Conde no lo es.

Dionisia
Es lo que ha de ser después,
y en lo que ha de ser no hay duda.

Celinda
Redondilla
Perdida está vuestra Alteza.

Dionisia
600
Ganada, Celinda, estoy.

Celinda
¡Señora!

Dionisia
A fe de quien soy,
que me quiebras la cabeza.
Redondilla
El Conde ha de entrar aquí.
A la ventana estarás
605
hasta que venga.

Celinda
¿Eso más?

Dionisia
¿Óyeslo?

Celinda
Señora, sí.

Dionisia
Redondilla
Pues yo voy solo a rogar
al cielo el tiempo apresure,
y que la vida asegure
610
de quien me la puede dar.
Redondilla
Estarás bien advertida
que no haya luz.

Celinda
Yo lo haré.

Dionisia
Mira que si el Rey lo ve,
puede costarme la vida.

Vase la infanta DIONISIA, y queda CELINDA sola.

Celinda
Soneto
615
Nunca, tirano amor, de tus embustes
resultaron menores desatinos;
ya no podrás hallar otros caminos
para que más de veras me disgustes.
¿Que un conde humilde y una reina ajustes?
620
Enlaza, amor, las hiedras con los pinos;
mas no enredes los frágiles espinos
cuando, por niño, de locuras gustes.
Mira, amor, que era el Conde propio centro
de esta alma y calidad, y que es pequeño
625
para los brazos de la Infanta bella.
Mas eres vino, amor, que una vez dentro,
quieres que te obedezcan más que al dueño,
y echas de casa a quien te puso en ella.

Salen el REY y el marqués FABIO, y CLENARDO, secretario.

Rey
Redondilla
En fin, ¿dijo que vendría?

Clenardo
630
A la puerta le dejé.

Rey
¿Vino triste?

Clenardo
Antes le hallé
con una extraña alegría,
Redondilla
y con la misma ha venido.

Rey
Llamadle, y quedaos allá.
[Vase.]
635
Mirad, Capitán, si está
alguien por aquí escondido.

Fabio
Redondilla
Celinda, pasa al retrete.

Rey
¿Quieres algo?

Celinda
No, señor.

Rey
Pues despeja el corredor.

Celinda
640
Voyme, si te sirvo.

Rey
Vete.
Redondilla
¿Qué hace Dionosia?

Celinda
Después
que te hablé fue a su aposento.

Vase.

Rey
No tiene más fundamento
de lo que os digo, Marqués.
Redondilla
645
Otavio me le ha mandado
prender.

Fabio
Pues, sin dar razón,
¡a un hombre que, en opinión
del mundo, no está culpado!
Redondilla
¡A Enrique! ¡A un hombre leal!

Rey
650
Marqués, no hay mucha jornada
de aquí a mañana.

Fabio
Y ¿no es nada
que a un hombre tan principal
Redondilla
prendas de aquesta manera?

Rey
Con tal secreto, no importa;
655
y pues la distancia es corta,
en mi sufrimiento espera.
Redondilla
¿Qué quieres? ¿Qué puedo hacer,
si dice Otavio que es cosa
tan secreta y tan forzosa?

Fabio
660
Él lo debe de saber;
Redondilla
mas ¡vive Dios!, así ha hecho
Enrique cosa en tu ofensa,
como yo soy...

Rey
Marqués, piensa
que es hombre.

Fabio
Y de noble pecho.
Redondilla
665
¡Plegue a Dios que algún traidor...!

Rey
¿Quieres que piense que fuiste
cómplice en esto?

Fabio
Si diste
crédito al primer error,
Redondilla
dale también al segundo,
670
y manda prenderme a mí.

Sale CLENARDO, secretario.

Clenardo
Señor, el Conde está aquí.

Fabio
Y el que es la lealtad del mundo.

Rey
Redondilla
Ya te he dicho que él me vea,
y que tú no entres acá.

Vase CLENARDO, y sale el conde ENRIQUE.

Enrique
675
Por ver lo que el Rey me da,
Clenardo, el mundo rodea.
Redondilla
Aquí, señor, he llegado,
como tu hechura, a servirte.

Rey
Marqués, no hay más que decirte:
680
harás lo que te he mandado.

Vase.

Enrique
Redondilla
¡Cómo, señor! ¡Así os vais!
Pues ¿qué esto? ¡Vuestra cara
no merezco ver?

Fabio
Repara
un poco.

Enrique
¡Oh Fabio! ¿Aquí estáis?
Redondilla
685
¿Sois vos a quien dice el Rey
que lo que os manda se haga?

Fabio
Así tus servicios paga:
del mundo ordinaria ley.

Enrique
Redondilla
¿Cómo que paga? Pues ¿qué?
690
¿Qué os manda, o qué he de hacer yo?
¿Para qué el Rey me llamó,
y a verme Clenardo fue?
Redondilla
¿En qué puedo al Rey servir?
¿Qué me pude el Rey querer?
695
¿Qué tengo yo que hacer?
¿Qué tenéis vos que decir?
Redondilla
¿Qué importan aquí las leyes?

Fabio
No sé más, en tu disgusto,
de que obedecer es justo
700
de cualquier suerte a los reyes.

Enrique
Redondilla
¡Yo he deservido a su Alteza!
¿Qué es esto, Fabio?

Fabio
No sé.
Callar, Enrique, juré,
705
con pena de la cabeza.

Enrique
Redondilla
Pues sacadme de este enredo,
que me tenéis encantado.

Fabio
Sabéis vos que os he estimado
más que encareceros puedo.
Redondilla
710
Pechos andan por aquí,
que no están del todo buenos.

Enrique
Ahora os entiendo menos
que al principio os entendí.
Redondilla
Yo sé bien vuestra amistad,
715
conozco vuestro valor...

Fabio
¿Dígolo, en fin?

Enrique
Sí, señor:
los prólogos excusad.

Fabio
Redondilla
Vos sois un gran caballero,
mentiras no pueden nada.
720
Con solo darme la espada
podéis saber lo que os quiero.

Enrique
Redondilla
¡La espada yo!

Fabio
Sí, ¡por Dios!

Enrique
Acertó de esa manera
el Rey, porque no la diera,
725
Fabio, a quien no fuera vos.
Redondilla
Desde que fui vuestro amigo,
en serviros procuré
emplearla, y lo mostré
delante de algún testigo.
Redondilla
730
No esté más tiempo ceñida.
[Dale el CONDE la espada.]
Tomadla, que no doy nada
en dar a un hombre la espada
a quien le diera la vida.

Fabio
Redondilla
Conde, no me la habéis dado,
735
ni vos la podéis rendir,
que lo que podéis decir
es que me la habéis trocado.
Redondilla
La mía de vos se fía;
[Dale FABIO la suya al CONDE.]
que persona tan honrada
740
ni ha de ir preso sin espada,
ni le ha de faltar la mía.
Redondilla
Por el nombre de prisión
la espada tomo, y os doy
la mía en fe de que estoy
745
más preso de obligación.

Enrique
Redondilla
Vamos a donde mandáis,
que esperáis, y el Rey espera.

Fabio
Para que quién sois supiera,
basta que eso respondáis.
Redondilla
750
Pues ¿cómo sin preguntarme
por qué os prendo...?¡Extraño pecho!

Enrique
Lo que vos, Fabio, habéis hecho,
no es prenderme, es obligarme.
Redondilla
Y el obligado está preso,
755
como yo lo estoy de vos,
y prisión vuestra, ¡por Dios,
que ha de tener buen suceso!
Redondilla
Y aunque es propia obligación
saber por qué me lleváis,
760
basta que vos me prendáis
para saber que hay razón.
Redondilla
Fuera de eso, no me altera
que el Rey os lo haya mandado;
que ahora no estoy culpado,
765
y mañana lo estuviera.
Redondilla
Y como el llevar razón
hace fácil la pendencia,
así, Marqués, la inocencia
hace alegre la prisión.
Redondilla
770
Sin esto, causa ni ley
para replicarle hallo;
ni prende el rey al vasallo,
basta que lo quiera el rey.
Redondilla
Antes yo le debo en eso,
775
porque me ha dado ¡por Dios!,
más honra en prenderme vos,
que pena en tenerme preso.

Fabio
Redondilla
De todo salís tan bien
como de vos se esperaba.
780
Vamos.

Enrique
(Hoy la envidia acaba
de quitarme todo el bien.)

Vanse. Y salen HORTENSIO y BELARDO, con broqueles y escopetas.

Belardo
Redondilla
¡Gran sueño!

Hortensio
Echose a dormir.

Belardo
No es posible, que tenía
el Conde mucha alegría,
785
que el sueño suele impedir.

Hortensio
Redondilla
El alegre ¿puede estar
sin dormir?

Belardo
Bien puede ser:
tanto desvela el placer
como si fuera un pesar.

Hortensio
Redondilla
790
¿Dijo que aquí vendría?
No debe de ser la hora.

Belardo
A Dios plegue que el aurora
haga madrugar el día.

Hortensio
Redondilla
Según eso, ¿ya imaginas
795
que hasta el alba no vendrá?

Belardo
Primero le correrá
la noche al sol las cortinas.

Hortensio
Redondilla
¿Qué cortinas, mentecato?
¿Es el cielo barbería?

Belardo
800
¿No ves que, hablando poesía,
la metáfora retrato?
Redondilla
Mal sabes tú lo que es esto.

Hortensio
Quisiera ¡pese a la dama!,
ser poeta de mi cama,
805
y estar en ella hecho un cesto.
Redondilla
¿Hay galeras, hay Argel,
hay tahona, hay mal casado,
como servir a un penado
de estos de azúcar y miel?
Redondilla
810
Vendrá la bestia a lo oscuro,
hecho un molde de galanes,
a besar los mazapanes
de las piedras de este muro;
Redondilla
y a lo mejor, una dueña,
815
más sesga que una borrica,
verterá una bacinica,
y él pensará que es la seña;
Redondilla
y recibiendo el favor
sobre mucha tela y gasa,
820
le llevaremos a casa
cubierto de agua de olor.

Belardo
Redondilla
¡De lo que hacen favores
aquestos desventurados!
Nueso amo tiene guardados
825
claveles, listones, flores,
Redondilla
plumas, piedras, palos, lienzo,
guantes viejos, zapatillos,
estuches, clavos, cuchillos,
y cosas que me avergüenzo
Redondilla
830
de decirlas, y aun no quiero,
por no tocar en su honor.

Hortensio
Sábete que tiene amor
mil cosas de buhonero.
Redondilla
Quedo. De arriba desciende
835
un hombre por una escala.

Belardo
No tuvo la noche mala,
ni en vano el Conde pretende.
Redondilla
¡Pese a mí, que el alegría
no era acaso y sin razón!

Hortensio
840
Ten del postrer escalón.

Belardo
Baje derecho vusía.

Descuélgase por una escala el duque OTAVIO y, en viéndose abajo, echa mano a la espada.

Otavio
Redondilla
¿Qué gente? ¿Quién va? ¿Quién es?
Téngase, que haré pedazos
a quien llegare.

Hortensio
Esos brazos
845
nos da a entrambos, o esos pies.
Redondilla
¿Cómo allá te detenías?
Casi has guardado al alba,
que ya con alegre salva
le da al sol los buenos días.

Otavio
Redondilla
850
Ninguno se llegue a mí,
ni procure conocerme.

Hortensio
¿Qué dices?

Belardo
Pienso que duerme.

Hortensio
¿Quieres que nos vamos?

Otavio
Sí.

Hortensio
Redondilla
¿No nos habías mandado
855
guardar aqueste balcón?

Otavio
(Criados del Conde son.)

Belardo
(O está loco, o se ha casado.)

Hortensio
Redondilla
(Pues ¿qué hace el casamiento?)

Belardo
(Muda de gusto y lenguaje.)

Otavio
860
¡Oh, pesar de mi linaje!
¿No se van?

Belardo
¡Extraño cuento!
[Empieza el DUQUE a dar de cintarazos.]
Redondilla
Paso, señor, ya nos vamos.

Hortensio
Belardo, vamos de aquí.

Belardo
¡Bien pagas lo que por ti
865
toda la noche velamos!

Vanse BELARDO y HORTENSIO santiguándose, y queda el duque OTAVIO solo, y ha de haber estado embozado.

Otavio
Soneto
¿A cuál hombre jamás le ha sucedido
que, en lugar de galán que fue esperado,
su dama desdeñosa haya gozado
con el seguro nombre de marido?
870
Fábula le parece a mi sentido
lo que por todos juntos ha pasado.
Todo cobarde, amando, es desdichado,
y solo el venturoso es atrevido.
¡Oh oscurísima cuadra! ¡Oh noche fresca!
875
Yo te ofrezco una lámpara de plata,
agradecido a la ventura mía.
Ni celos temo ya, ni amor me mata;
venciste, noche, el más alegre día,
y yo engañé la más hermosa ingrata.

Vase. Y sale el REY, y el marqués FABIO, y CLENARDO.

Rey
Endecasílabos sueltos (tirada)
880
Apenas se mostraba en el oriente
la blanca aurora, cuando me despierta
este papel del Duque, marqués Fabio,
que ya tenía desde anoche escrito,
porque anoche a su tierra se partía.
885
Extrañas confusiones me ha dejado:
más dudas que al principio tengo ahora,
y más temor de algún siniestro caso.

Fabio
Dame licencia de que lea.

Rey
Toma.

[Lee.]

Fabio
“La causa de haber advertido que prendieses al conde Enrique fue para impedir que anoche no le matasen unos soldados extranjeros, ni que él supiese que le buscaban, porque no los acometiese. Ellos se han ido, temerosos de que han sido descubiertos: bien le puedes dar la libertad, y a mí licencia, que me voy a mi tierra a castigar cierto desacato de mis vasallos. –El duque Otavio.

Rey
¿Qué os parece?

Fabio
Que fue, si es verdad esto,
890
Remedio impertinente, pues pudiera
guardarse el Conde, sin que tú lo hicieses
por medio de alboroto semejante.
Voy, con licencia tuya, por el Conde,
contento de saber que está inocente,
895
y provocado a risa, y aun a enojo,
de ver la necesidad del Duque.

Rey
Parte,
y venga el Conde aquí.

Fabio
Yo voy.

Clenardo
Ahora
acabo de entender lo que me cuesta
haberme desvelado aquesta noche.
900
¿Preso tenías al Conde?

Rey
Preso estaba.

Clenardo
Y ¿esta fue la ocasión?

Rey
La que has oído.

Clenardo
Es el Conde, señor, tan caballero,
tan discreto, leal, noble, sencillo,
tan liberal, tan bien intencionado,
905
tan poco entretenido y cauteloso,
tan bienquisto de todos, tan amable,
tan seguro y tan bueno finalmente,
que cuando me mandaste con secreto
que le llamase, dije que sin duda
910
merced le hacías de algún nuevo título.

Rey
Ventura tiene el Conde.

Clenardo
Tiene méritos.

Rey
Oigo decir a todos que es un ángel.

Clenardo
La voz del pueblo, la de Dios se llama.

Rey
Sí; pero la virtud tiene enemigos:
915
no tiene mucha, pues que no los tiene.

Clenardo
La virtud general vence la envidia,
y al que es en todo bueno, ámanle todos.

Rey
Mi gracia ha conquistado con tu lengua.

Sale FABIO, y el conde ENRIQUE.

Enrique
Aquí tienes, señor, la hechura tuya.

Rey
920
Alzaos, Conde, y cubríos.

Enrique
¿Por qué causa
ayer me prendes, y hoy cubrir me mandas?

Rey
Levantaos, Almirante.

Enrique
Tus pies beso
por merced tan notable.

Fabio
Justamente
el Conde es digno de ese honrado título.

Clenardo
925
Todos, señor, el parabién le damos.

Rey
No os cause admiración haberos preso,
y haceros hoy merced.

Enrique
Mi humildad miro.

Clenardo
Josef, para ser rey dejó la cárcel.

Rey
Ahora bien, yo tendré de hoy más, Enrique,
930
en haceros merced cuidado.

Enrique
Bastan
tantas mercedes para muchas vidas.

Rey
Vamos, Marqués, y vos también, Clenardo,
para que despachemos luego a Escocia
sobre este casamiento de la Infanta.

Vanse, y queda el conde ENRIQUE solo.

Enrique
Redondilla
Engáñase la fortuna,
935
o piensa con este engaño
del ya recibido daño
satisfacer parte alguna.
Redondilla
Toda la noche he pasado
divertido en la ocasión
940
de esta mi nueva prisión,
y nunca en lo cierto he dado.
Redondilla
Porque si el Rey me prendiera
por el concierto que hacía
con su hija y mujer mía,
945
más larga prisión tuviera.
Redondilla
No pregunté la razón,
porque a los reyes no es justo,
en las cosas de su gusto,
preguntarles la ocasión.
Redondilla
950
Como al cielo por qué llueve
no se puede preguntar,
así el Rey no ha de contar
lo que a su gusto le mueve.
Redondilla
En cosas del común bien,
955
o justicia en opinión,
es bien que satisfacción
los reyes entonces den,
Redondilla
y esa de su voluntad;
que el Rey de nadie depende.
960
En fin, anoche me prende,
y hoy me ha dado libertad.
Redondilla
El título de almirante
es agravio a toda ley,
pues tanto me quita el Rey
965
en ocasión semejante.
Redondilla
¡Ah cruel fortuna mía!
¿Cómo hiciste una quimera
tan extraña? ¿No pudiera
aguardar tu furia un día?
Redondilla
970
¿No pudiera suceder
hoy esta prisión sin culpa?
Bien, Fortuna, te disculpa
que eres mudable y mujer.

Salen HORTENSIO y BELARDO.

Belardo
Redondilla
¡Gracias a Dios, que pareces
975
más quïeto y sosegado!

Hortensio
¡Qué bien que me has animado
para esperarte otras veces!

Belardo
Redondilla
¿Así el estarte esperando
toda una noche al sereno,
980
mientras tú en el huerto ajeno
la fruta estabas hurtando,
Redondilla
nos pagas a cintarazos?
Bajas de gozar la Infanta
toda una noche, y ¡te espanta
985
que te pidamos los brazos!
Redondilla
¡Por Dios, si no te reparo
la punta en el vade mecum,
que con un Dominus tecum
me pasas de claro en claro!
Redondilla
990
¡Y dejaste allí la espada!
Que no lo hiciera un... No quiero
decírtelo.

Enrique
Majadero,
vete mucho en hora mala,
Redondilla
que ni la escala me dejé,
995
ni la Infanta anoche vi,
ni cintarazos te di,
ni dentro ni fuera hablé.

Hortensio
Redondilla
¿Niegas que no descendiste
con una escala el balcón,
1000
y al hablarte, sin razón
de cintarazos nos diste?
Redondilla
Que ¡vive Dios, si no eras
que otro galán la ha gozado!

Enrique
¿Hombre dices que ha bajado?

Hortensio
1005
¿Que te demudas y alteras?
Redondilla
¡Vive Dios, que descendió
y que fue burla de fama,
pues te ha quitado la dama,
y muchos palos nos dio!

Enrique
Redondilla
1010
Que por la Infanta no fue,
ese es negocio muy cierto.

Belardo
No; pero es cierto el concierto
de los palos que llevé,
Redondilla
que, a saber que tú no eras,
1015
le hiciéramos mil pedazos.

Salen la infanta DIONISIA y CELINDA.

Celinda
Aquí está.

Dionisia
Dame esos brazos...
¿Qué te detiene? ¿Qué esperas?
Redondilla
Ya me tiene el ciego amor,
prenda mía, de tal suerte,
1020
que he vuelto el rostro a la muerte,
y atropellado el honor.
Redondilla
¿Cómo estás? Que yo estoy tal
con la noche que he tenido
contigo, que no hay sentido
1025
que no tenga gloria igual.
Redondilla
¡Ay, mi bien! ¿Serán verdades
todas aquellas razones
que me dijiste? O ¿traiciones
de hombre al fin me persuades?
Redondilla
1030
¿Cumplirás lo prometido?
Mira, amores, cuál estoy,
pues apenas digna soy
de que seas mi marido.
Redondilla
La mañana maldecía,
1035
viendo que ya de tus brazos
tantos amorosos lazos
con envidia deshacía.
Redondilla
No me atreví, ni era justo
esperar a que llegase,
1040
porque un gusto no quitase
para siempre tanto gusto...
Redondilla
¿De qué me escuchas suspenso?
¿Oféndete el ver quien soy?

Enrique
Suspenso escuchando estoy,
1045
porque en lo que dices pienso.
Redondilla
¿Yo, señora, anoche entré
en tu aposento?

Dionisia
Si es eso
por Celinda, este suceso,
Conde, en su presencia fue.
Redondilla
1050
Si miras a tus criados,
ninguna pena te den.
Tú eres mi esposo, mi bien,
mis padres, reinos y estados.

Enrique
Redondilla
Señora, no es la ocasión
1055
de mi admiración la gente
que está presente o ausente...

Dionisia
Pues ¿qué?

Enrique
Tus palabras son.
Redondilla
¿Yo, anoche te hablé ni vi?
¿Yo, anoche estuve en tus brazos?
1060
Harto diferentes lazos
me puso tu padre a mí.
Redondilla
Preso me tuvo, señora;
mira que yo no sería
el que gozaste hasta el día,
1065
pues el Rey me suelta ahora.

Dionisia
Redondilla
¿Cómo, preso?

Enrique
Aquesto es cierto.

Dionisia
Celinda, ¿tú no le abriste?

Celinda
Luego, ¿niegas que viniste
de galas y armas cubierto,
Redondilla
1070
y que yo te abrí el balcón,
y entraste en el aposento?
Di también, Conde, que miento.

Enrique
Celinda, tus celos son.
Redondilla
¿Yo, te hablé? ¿Yo entré? ¿Yo vi
1075
a la Infanta?

Dionisia
Esos criados
lo dirán, pues embozados
amanecieron allí.

Belardo
Redondilla
Verdad es que bajó un hombre;
pero no se dejó ver.
1080
No pudiera el Conde ser
quien nos negara su nombre.

Dionisia
Redondilla
¿Qué es esto? ¡Que pierdo el seso!
Conde, ¿que no entrasteis vos?

Enrique
No, señora, no, ¡por Dios!,
1085
que esta noche estuve preso.

Dionisia
Redondilla
Daré voces como loca.
Al Rey lo diré, villano.

Enrique
¡Señora!

Dionisia
Suelta la mano.
Tu muerte será mi boca,
Redondilla
1090
pues que la tuya lo fue
de su honor y el mío.

Enrique
Señora,
oye un poco, escucha ahora.

Dionisia
¿Qué dices?

Enrique
Que me burlé.

Dionisia
Redondilla
Pesadas burlas, Enrique.
1095
Siendo reina, y tú vasallo,
¡gozarme, y querer negallo!

Enrique
Pues ¿quieres que lo publique?
Redondilla
¿Así es razón que te entregues?
¿No ves que a gran mal te obligas?

Dionisia
1100
No quiero yo que lo digas;
mas no quiero que lo niegues.

Enrique
Redondilla
Ahora bien, si gustas de eso,
yo lo diré de tal suerte,
que tu deshonra y mi muerte
1105
tengan un mismo suceso.
Redondilla
A mucho el amor te obliga.
¿Quieres que dé voces?

Dionisia
No;
pero que quien me gozó,
si lo pregunto, lo diga.
Redondilla
1110
Y este pesar que me has dado
me aparta ahora de ti.

Enrique
Pues ¿cómo? ¿Así te vas?

Dionisia
sí,
que me has, Enrique, enojado.

Vase la INFANTA y CELINDA.

Belardo
Redondilla
Mal has hecho, ya que vías
1115
que ella no mira a su honor,
en contradecir, señor,
que ya gozado la habías;
Redondilla
que bien podías llegar,
y decírselo al oído.

Hortensio
1120
No sé si discreto has sido
en tanto disimular;
Redondilla
pero no dure el mal año
más que duren sus enojos.
¿Cómo aún no mueves los ojos?
1125
¿Temes, por ventura, el daño
Redondilla
que de saberse tu bien
te podría resultar?

Belardo
¡Qué notable imaginar!

Enrique
Esto me estará más bien.
Redondilla
1130
¡Ea, amigos, alto: a España!

Belardo
¿Cómo, señor? Vuelve en ti.
¡Gózasla, y déjala así!
¿No ves que es infame hazaña?
Redondilla
¿Quién no perdiera mil vidas,
1135
aunque un hombre bajo fuera?

Enrique
Si yo gozado la hubiera,
las diera por bien perdidas.
Redondilla
Amigos, otro hombre fue.
¡Triste de mí, que estoy loco!
1140
Ni entré, ni la vi tampoco,
ni a los balcones llegué.
Redondilla
Prendiome el Rey, y en verdad,
que he estado preso.

Belardo
Confieso
que es un extraño suceso.

Enrique
1145
Salgamos de la ciudad;
Redondilla
no he de estar un punto aquí.
¡Alto, a embarcar!

Hortensio
¿Dónde iremos?

Enrique
A España.

Hortensio
No hagas extremos.

Enrique
¿Cómo no, si voy sin mí?
Redondilla
1150
No me quejaba con poca
razón cuando yo decía
que una desgracia cabía
entre la taza y la boca.
Redondilla
Mi esperanza dejo al viento,
1155
pues que la más cierta engaña.
¡Plegue a Dios, aires de España,
que mudéis mi pensamiento!


Jornada II

Sale el REY, y la Infanta DIONISIA muy triste, y CELINDA, y CLENARDO y unos MÚSICOS.

Rey
Redondilla
Si para darte alegría
mi propia vida bastara,
1160
que mil años la trocara
por darte contento un día.
Redondilla
¿Es posible que el consejo
que firma amor de tus ojos,
quieran quebrar sus enojos
1165
a un rey, a un padre, a un viejo?
Redondilla
¿Hasta cuándo ha de durar
tan fiera melancolía,
que la vida tuya y mía
quiere de un golpe acabar?
Redondilla
1170
Dos filos tiene esta espada,
con que las corta a las dos.
¡Ay, Dionisia, quiera Dios
que acabe la más cansada...!
Redondilla
¿No me hablas? ¿No respondes?
1175
¿No son justas mis querellas?
¿En qué cielo las estrellas
de tu alegre rostro escondes?
Redondilla
Siéntate en este jardín.
¡Hola! Esa silla llegad.
1180
¿Cantarán?

Dionisia
Sí.

Rey
Pues cantad.

Dionisia
A las honras de mi fin;
Redondilla
aunque quien muere sin honra
ninguna honra merece.

Rey
De esta enfermedad padece.

Dionisia
1185
¿Qué mayor que la deshonra?

Rey
Redondilla
¿Tú, deshonra? Loca estás.
Quien da honra, que es un rey,
¿está sin honra? ¿Qué ley
comprehende al rey jamás?

Dionisia
Redondilla
1190
Cantad, o salíos allá.

Rey
Ya cantan; no te apasiones.

Dionisia
Ea, pues, dejad razones.

Celinda
(Loca está.)

Clenardo
(Furiosa está.)

Cantan los MÚSICOS

[Músicos]
Copla (estructura abierta)
Madrugaba entre las rosas
1195
el alma, pidiendo albricias
a las aves y a las fieras
de que se acercaba el día,
cuando, viéndose engañada
del duque Vireno, Olimpia,
1200
a voces dice en la playa
a la nave fugitiva:
“¡Plegue a Dios que te anegues,
nave enemiga!
Pero no, que me llevas
1205
dentro la vida.”

Dionisia
Redondilla
¿Esto consientes cantar?

Rey
Pues, hija, ¿en qué te ha ofendido?

Dionisia
Gozola el Duque atrevido,
y alargó la nave al mar...
Redondilla
1210
Yo sé muy bien lo que siento;
no es locura, sino engaño.

Rey
¿Qué importa el ajeno daño
para el propio sentimiento?

Dionisia
Redondilla
¿No importa? Luego la ley
1215
de Dios, ¿no lo manda así?
¿Queréis vos quebrarla aquí
no más de porque sois Rey?
Redondilla
¡Oh Duque falso, traidor!
¿Que a Olimpia dejas?

Clenardo
Señora,
1220
deje vuestra Alteza ahora
ese fabuloso amor.

Dionisia
Redondilla
¿Quién os mete, majadero,
en si fue verdad o no?
(Verdad es, pues que soy yo
1225
la que por el Duque muero.
Redondilla
Yo soy la que un triste día
a la orilla de la mar,
viendo a Vireno embarcar,
con triste voz decía:
Copla (estructura abierta)
1230
“¡Plegue a Dios que te anegues,
nave enemiga...!”)

Celinda
Redondilla
(¿De qué piensas que se queja?

Clenardo
Ya sé que del conde Enrique.

Celinda
Mucho temo que publique
1235
la razón porque la deja.)

Clenardo
Redondilla
Cuatro años ha que falta;
mucho es durarle el amor.

Celinda
Quizá le falta el honor.

Clenardo
¡Cómo! ¿A persona tan alta?

Celinda
Redondilla
1240
Como, si aquesto no fuera,
la Infanta menos llorara
que el Conde allá se casara
y aquí su mujer trajera.
Redondilla
Todo aqueste sentimiento
1245
es porque el Conde ha llegado
de España a Irlanda casado.

Rey
Descansa, amiga, un momento;
Redondilla
deja esa tristeza extraña,
y procura entretenerte.

Dionisia
1250
¡Que se fuese de esa suerte
el duque Vireno a España!
Redondilla
Que desde la noche al día
en sus brazos le tuviese,
que la gozase y se fuese,
1255
esto, ¿no es alevosía?
Copla (estructura abierta)
“¡Plegue a Dios que te anegues,
nave enemiga!
Pero no, que me llevas
dentro la vida.”

Rey
Redondilla
1260
Hija, aquestas son canciones;
no repares tanto en ellas.

Celinda
(Ella se queja por ellas,
con disfrazadas razones.
Redondilla
Después que el Conde ha venido
1265
ha crecido este furor.)

Clenardo
Bien dices que o es amor,
pues que no le vence olvido.
Redondilla
Sin duda el Conde gozó
de la Infanta.

Celinda
Yo, testigo.

Clenardo
1270
Pues, ¿cómo el fiero enemigo
huyó a España y la dejó?

Celinda
Redondilla
Miedo a su padre tendría.

Clenardo
Sí; mas ¿por qué se ha casado?

Celinda
(Cuatro años ausente ha estado,
1275
que de él ninguno sabía.
Redondilla
Daba el Rey por ocasión
de su ausencia aquel agravio,
cuando por el duque Otavio
le tuvo un hora en prisión;
Redondilla
1280
y al cabo de aquestos años
vuelve con una mujer
y tres hijos, para hacer
más insufribles sus daños.
Redondilla
El Rey le recibe bien
1285
porque no sabe su mal;
la Infanta con pena igual
llora, sin decir por quién.
Redondilla
Dio en esta melancolía,
y de ella en este furor.)

Sale el marqués FABIO.

Fabio
1290
Aquí está el Conde, señor,
que besar tus pies quería,
Redondilla
con su mujer la Condesa;
y a ti, señora, si das
licencia.

Dionisia
(¿Qué aguardo más?)

Rey
1295
Dile, Fabio, que me pesa
Redondilla
que venga en esta ocasión,
que está la Infanta indispuesta.

Dionisia
Antes lo tendré por fiesta,
y les darán colación.
Redondilla
1300
¿No es de España esa mujer?

Fabio
Sí, señora.

Dionisia
Pues deseo
verla, que si yo la veo,
¿qué me queda ya que ver?

Rey
Redondilla
Diles que entren.

Dionisia
(¡Ay, Celinda!
1305
Hoy será aquí mi locura
como mi dolor.

Celinda
Procura
que su fuerza no te rinda.
Redondilla
Para grandes penas hizo
el cielo el grande valor.

Dionisia
1310
Sí; mas perder el honor,
¿a qué valor no deshizo?)

Sale el conde ENRIQUE y la condesa ISABELA, su mujer, y DON JUAN, niño, delante, y HORTENSIO y BELARDO, sus criados.

Enrique
Redondilla
Deme vuestra Majestad
los pies.

Isabela
Y a mí, vuestra Alteza.

Clenardo
(¡Bello rostro!

Celinda
¡Gran belleza,
1315
compostura y gravedad!)

Rey
Redondilla
Seáis, Conde, bien venido
y en hora buena casado,
que estar tan bien empleado,
no poca ventura ha sido.
Redondilla
1320
¿Cómo venís? ¿Venís bueno?

Enrique
A vuestro servicio.

Rey
¿Viene
la Condesa buena?

Enrique
Tiene
salud.

Dionisia
(Más tiene veneno.)

Rey
Redondilla
Dad asiento, por mi vida,
1325
hija, a la Condesa.

Dionisia
Aquí
se sentará, junto a mí.

Isabela
Pues vuestra Alteza es servida,
Redondilla
por los méritos del Conde
tomaré este atrevimiento.

Rey
1330
Tomad vos, Enrique, asiento.

Fabio
Todo a su valor responde.

Clenardo
Redondilla
Toda esta honra merece.

Dionisia
(Si ha cabido resistencia
en mi acabada paciencia
1335
al mal que el tiempo me ofrece,
Redondilla
no debe de ser valor,
sino que, suspensa el alma,
tiene el sufrimiento en calma
la grandeza del dolor.
Redondilla
1340
¿posible es que viendo están
mis ojos a mi enemiga,
sin que a voces se lo diga?)

Enrique
Llegaos vos acá, don Juan;
Redondilla
pedid a su Majestad
1345
las manos.

Rey
¿Quién es?

Enrique
Señor,
es mi hijo.

Rey
¿Es el mayor?

Enrique
Por él lo dice su edad;
Redondilla
que el año de mi partida,
y el mismo que me casé,
1350
nació al fin de él.

Rey
Bien se ve
vuestra imagen esculpida
Redondilla
en su rostro y compostura.

Enrique
A lo menos, en él queda
quien a vuestros nietos pueda
1355
servir con igual ventura.

Don Juan
Redondilla
Vuestra Majestad, señor,
no se dignará ser dueño
de criado tan pequeño;
pero ya tengo fiador
Redondilla
1360
en el Conde, mientras llego
a edad que os pueda servir.

Rey
¿Qué más se puede decir?

Enrique
Haced lo que os dije luego.

Don Juan
Redondilla
Vuestra Alteza, mi señora,
1365
me dé sus manos reales.

Dionisia
(¿En qué penas infernales
hay mayor tormento ahora?)
Redondilla
¡Bonito niño! ¿Tenéis
Más que este, Condesa?

Isabela
Dos
1370
que os sirvan...

Dionisia
Guárdeoslos Dios.

Isabela
...tan fieros como el que veis.

Dionisia
Redondilla
¿Quiéreos mucho el Conde?

Isabela
Él dice
que en su vida quiso bien
sino es a mí; mas también
1375
se enoja y se contradice.
Redondilla
Si, como eso me pregunta
vuestra Alteza, me dijera
si yo le quería, viera
toda la fe y lealtad junta
Redondilla
1380
que en Julia y en Porcia puso
la romana Antigüedad;
y porque es tanta verdad,
mis alabanzas excuso.
Redondilla
Pero dirá vuestra Alteza
1385
que Enrique tiene valor
para merecer mi amor
con esta justa firmeza.
Redondilla
Y no querré yo negallo,
que no pienso que ha tenido
1390
mujer más noble marido,
ni Rey más leal vasallo.

Dionisia
Redondilla
(¡Triste de mí! ¿Por qué gusta
el Rey que me den veneno?
Basta un trago; pero lleno
1395
todo el vaso, es cosa injusta.
Redondilla
Entraban por los oídos
otro tiempo mis enojos;
pero si entran por los ojos,
¿cómo serán resistidos?)
Redondilla
1400
¡Afuera, mujer, afuera!
[Levántase la INFANTA muy furiosa.]
¡Lazo de mi alma estrecho,
de cuatro víboras hecho,
que mi noble sangre altera!
Redondilla
¡Afuera, deshonra mía,
1405
con fruto de bendición,
pues ha sido maldición
de mi esperanza este día!
Redondilla
¡Oh cielo! ¿Cómo adelantas
pasos al fin de mi honra,
1410
y al árbol de mi deshonra
le vas añadiendo plantas?
Redondilla
¿Faltan más muertes, por dicha?

Rey
El mal le ha dado más fuerte.

Enrique
Pésame que vengo a verte
1415
en tiempo de tal desdicha.
Redondilla
Ya me habían dicho allá
que la Infanta padecía
tan fiera melancolía.

Rey
A tiempos, Conde, le da.

Enrique
Redondilla
1420
Tenla, Isabel.

Isabel
Sí haré.
¡Ah, mi señora!

Dionisia
(¡Ah, traidora!
¿Tú me tienes? Pero ahora
tienes... Mi bien, si bien fue.)
Redondilla
¡Échalos luego!

Rey
¡Hija mía!

Fabio
1425
De veros, muestra dolor.

Rey
Idos, Conde.

Enrique
Yo, señor,
no pensé que os deservía.

Fabio
Redondilla
Condesa, vamos de aquí.

Dionisia
Váyanse todos.

Clenardo
También
1430
dice que nos vamos.

Celinda
Ven,
Clenardo.

Clenardo
Yo voy tras ti.

Vanse todos, y quedan el REY y la INFANTA, solos.

Rey
Redondilla
Hija, ya todos se han ido;
sosiega un poco.

Dionisia
No puedo.
De esta vez le pierdo el miedo.

Rey
1435
¿A quién?

Dionisia
A mi honor perdido.

Rey
Redondilla
Hija, ¿qué honor puede ser
este, de cuya razón
toma tu mal ocasión?

Dionisia
¡Oh padre, honor de mujer!

Rey
Redondilla
1440
Yo pienso tantas quimeras
de este tu confuso mal,
que he de hablar lenguaje igual
si a mi pensamiento esperas.
Redondilla
Porque esta locura tuya
1445
nunca tiene más rigor
que cuando tratan de amor;
luego la ocasión es suya.
Redondilla
Tras eso, el honor perdido
muestra que alguien te ha engañado,
1450
que cobarde te ha dejado,
y te ha gozado atrevido.
Redondilla
Yo cumplo mi obligación
en esto; tú ahora puedes
hacer de suerte que quedes
1455
con igual satisfacción.
Redondilla
¿Qué te suspendes atenta?
Padre soy; habla, confía,
pues es tu sangre la mía,
también lo será el afrenta.
Redondilla
1460
Pensé darte en el de Escocia
marido, a Irlanda señor;
pero ya el embajador
que está allá no lo negocia,
Redondilla
porque de tu enfermedad
1465
se va la fama extendiendo.
¿No hablas?

Dionisia
Señor, yo entiendo
que amor te obliga a piedad.
Redondilla
Yo veo que mi tristeza
pone tu vida en aprieto,
1470
y que en padre tan discreto
puede cargar mi flaqueza.
Redondilla
Mas que yo te pueda hablar
en caso tan insufrible
es el mayor imposible
1475
que puedas imaginar.

Rey
Redondilla
Pues algún medio ha de haber.

Dionisia
¡Celinda!

Celinda
Señora...

Dionisia
Aquí
trae tinta y pluma. Así
te quiero satisfacer.

Vase CELINDA.

Rey
Redondilla
1480
Como mal pintos has sido,
que, retratado algún hombre,
le quiere poner el nombre
porque no está parecido.
Redondilla
Si eres mis ojos, mal haces
1485
en no ser también mi lengua,
pues con la tuya mi mengua
remedias y satisfaces.

Sale CELINDA con el recado.

Celinda
Redondilla
Ya tienes papel aquí.

Dionisia
Sobra esta almohada escribo.

Rey
1490
(Gran sobresalto recibo.)

Dionisia
(Duélase el cielo de mí.)

Asiéntase la INFANTA a escribir aparte, y el REY dice entretanto:

Rey
Soneto
(Cual reo, en tanto que el jüez escribe
la sentencia, esperando estoy la mía.
Tiembla el deseo, y la piedad porfía;
1495
muere el remedio, la esperanza vive.
De las vanas quimeras que concibe
mi loca y engañada fantasía,
nace un monstruo, que el miedo después cría,
hasta que el ser de mi dolor recibe.
1500
El de saber el mal es un deseo
común en los mortales desengaños,
que, con saber que es mal, mueren por velle.
Y yo le quiero ver, aunque es tan feo;
que más matan las dudas que los daños,
1505
y el esperar el mal que el padecelle.)

Dionisia
Redondilla
Ya escribí. Déjame ir
antes que abras el papel.

Dale el papel, y vase la INFANTA con licencia.

Rey
Ya sé que has escrito en él
receta para morir.
Redondilla
1510
¡Con qué prisa que se fue!
No menos la tengo yo
de saber lo que escribió.
[Lee el papel.]
Dice así: “Yo me casé
Redondilla
con Enrique de secreto,
1515
y en secreto me gozó;
fuese a España, y me dejó,
padre, sin honra, en efeto.
Redondilla
Como ves, vuelve casado,
con sus hijos y mujer:
1520
juzga de qué puede ser
la enfermedad que me ha dado.”
Redondilla
¡Ah de mis criados! ¡Guardas!
¡Gente! ¡Capitán!

Sale el marqués FABIO.

Fabio
Señor...

Rey
Cielo, ¿para tal rigor
1525
mis cansados años guardas?
Redondilla
¡Pierde el seso!

Fabio
(¿Si le dio
el mal de la Infanta?)

Rey
¡Fabio!

Fabio
Señor...

Rey
(¡Cómo! ¿Que este agravio
sufre el cielo y sufro yo?)
Redondilla
1530
¡Capitán!

Fabio
¿Qué es lo que quieres?

Rey
(¡Que alcanzase a la grandeza
de mi hija la flaqueza
que a las comunes mujeres!)
Redondilla
¡Marqués!

Fabio
¿Qué es lo que mandas,
1535
que no acabas de decillo?

Rey
Error será diferillo.

Fabio
¿También en los aires andas
Redondilla
como la infanta? ¿Qué tienes?

Rey
Llámame a Enrique.

Fabio
Yo voy.

Rey
1540
Pues has de advertir que estoy
penando en tanto que vienes.

Vase el marqués FABIO, y queda el REY solo.

Rey
Soneto
Peligro tiene el más probado vado;
quien no teme que el mal le impida pida,
mientras la suerte le convida vida
1545
y goce el bien tan sin cuidado dado.
Mas cuanto en más afortunado hado
fuerza y poder se descomida, mida
cuán presto a donde más resida, es ida
la gloria vil de este prestado estado.
1550
La honra puede tu estandarte darte,
amor, por quien la recatada atada
tuvo en el fuego que reparte, parte.
Fue la defensa, aunque ordenada, nada,
pues es por ti, sin remediarte arte,
1555
la cuerda, loca; la encerrada, errada.

Sale FABIO con el conde ENRIQUE.

Fabio
Endecasílabos sueltos (tirada)
Aquí está el Conde.

Enrique
¿Qué es lo que me mandas?

Rey
Salte, Fabio, allá fuera, cierra, y guarda
que no llegue ninguno a este aposento.

Fabio
Harelo así.

Vase FABIO.

Enrique
(¡Qué extrañas prevenciones!)
1560
Señor, ¿en qué te sirvo?

Rey
Escucha.

Enrique
(¡Ay cielos!)

Rey
Enrique, este papel es una carta
que del Rey albanés recibo ahora;
contiene en suma una desdicha grande,
y como amigo, pídeme consejo.
1565
Yo, que no fío de mi ingenio cosas
tan arduas, y del tuyo estoy contento,
quiero que me aconsejes lo que pueda
escribirle en desdicha semejante.

Enrique
Señor, si el mundo, y otros mil que hubiera,
1570
pudieran por un hombre gobernarse,
tú solo fueras digno de regirlos;
y espántome que a mí me encargues esto,
sabiendo mi ignorancia; mas presumo
que amor te engaña, y mi lealtad te obliga.
1575
Propón el caso, que a las veces suele
un ignorante dar consejo a un sabio.

Rey
Tiene el Rey albanés, Enrique amigo,
solo una hija, como yo a Dionisia;
pídensela mil príncipes y reyes,
1580
y ella pone los ojos en un hombre,
noble por cierto, mas vasallo suyo.
Este la goza, y con temor del padre,
huye a otro reino, donde al fin se casa,
y casado después a Albania vuelve.
1585
Enferma de dolor la Infanta, y dice
al padre la ocasión; el padre, airado,
no se atreve a matalle por su hija,
ni se la puede dar, porque es casado.
El caso es grave, y pídeme consejo.
1590
Yo te lo pido. ¿Qué te parece?

Enrique
Extraño es el suceso, y que pedía
más ingenio y más tiempos; mas si es fuerza
obedecerte, digo que, aunque mate
el Rey a ese hombre, no remedia nada,
1595
pues se queda la Infanta sin remedio,
y casarla con ella está más puesto
en razón y justicia.

Rey
¿De qué modo,
siendo casado el hombre?

Enrique
Dando muerte
él propio a su mujer, en justa pena
1600
de su delito.

Rey
Pues ¿qué debe, Enrique,
la inocente mujer?

Enrique
Los grandes daños,
con los menores atajarse deben;
menor mal es que esa inocente muera,
que no que el reino quede destruido,
1605
la Infanta sin remedio, el Rey sin honra.

Rey
¿Y si clama la sangre a Dios, Enrique?

Enrique
No clamará, que no es de Abel la sangre.

Rey
Todo inocente, la de Abel refresca.

Enrique
David por Betsabé dio muerte a Urías,
1610
y no era su mujer, sino su dama.

Rey
Y Natán, ¿qué le dijo después de esto?
Y ¿qué lloró David?

Enrique
Fue su deleite
la causa; y aquí, Rey, la causa es honra.

Rey
La honra solamente a Dios se debe;
1615
con ofensa de Dios no hay honra, Conde.

Enrique
También le manda Dios al que recibe
un bofetón que ponga el otro lado,
y en el mundo es deshonra, y es la honra
vengarse, siendo siempre la venganza
1620
odiosa a Dios, cuanto apacible al hombre.

Rey
Las leyes en el mundo recibidas,
si son entre cristianos, no son justas
cuando con las de Dios no se conforman.

Enrique
Toda ley es injusta que no pende
1625
de las leyes de Dios, yo lo conozco,
pero debajo de que no hay remedio,
y que pedir a Dios milagro ahora
para que lo que fue no sea, no es justo,
yo, si fiera este Rey, hiciera a este hombre
1630
que esa mujer matara, y le casara
con mi hija, y después, del homicidio
hiciera penitencia conveniente.

Rey
Bien dices, pues que no hay otro remedio.
Mas lee este papel, por vida mía.
1635
Veamos si confirmas lo que has dicho.

Lee el papel ENRIQUE y vase turbando.

Enrique
Redondilla
Dice así: “Yo me casé
con Enrique de secreto...”
Señor, ¿qué es esto? ¿A qué efeto?

Rey
Ese hombre el vasallo fue.
Redondilla
1640
Esa letra, ¿no es posible
que no la conoces tú?

Enrique
¡Jesús mil veces! ¡Jesú!
¡Caso espantoso y terrible!

Rey
Redondilla
Tú fuiste jüez discreto.

[Vuelve a leer el papel.]

Enrique
1645
“En secreto me gozó;
fuese a España, y me dejó,
padre, sin honra, en efeto.
Redondilla
Como ves, vuelve casado,
con sus hijos y mujer...”
1650
Señor, ¿cómo puede ser?
Mira que te han engañado.

Acaba de leer el papel.

Rey
Endecasílabos sueltos (tirada)
Enrique, Enrique, este papel ha escrito
mi hija, y de esta causa es el proceso;
tú el jüez, que, sin verle, sentenciaste
1655
contra ti lo que has visto; yo no tengo
de buscar más testigos, ni esto es cosa
que tengo yo de andar en su probanza.
Tú me diste el consejo; parte luego,
y a la Condesa quitarás la vida,
1660
para que aquesta noche seas esposo
de la Infanta, mi hija.

Enrique
¡Señor!

Rey
Conde,
no repliques palabra. Tú lo has dicho,
tú has hecho esto; basta. ¡Ah, marqués Fabio!

Sale el MARQUÉS.

Fabio
Señor...

Rey
Id con el Conde a su posada
1665
con cien hombres de guarda que se queden
a la puerta.

Enrique
Suplico a vuestra Alteza
que, si ha de ser, sin alboroto sea,
que yo gano en aquesto un bien supremo,
como se ve tan claro; y pues yo gano,
1670
no será necesario guarda o gente,
y el secreto en aquesto es de importancia
a ti, a la Infanta, a mí y a la Condesa.

Rey
Pues parte, y de su muerte echarás fama
por alguna ocasión, la que tú quieras;
1675
y vuelve luego aquí.

Enrique
Yo vuelvo luego.

Vase el REY.

Fabio
¿Qué es esto, Conde?

Enrique
Mis desdichas, Fabio;
Fabio, mis desventuras. ¡Fabio, muero!
Marqués, mirad qué os digo. Ningún hombre
de cuantos hizo Dios puede haber visto
1680
fuerza tan lastimosa por su honra,
por su gusto, su bien y por su casa.
¡Ah, cielos, penetradme con un rayo!
¡Tierra, centro y tus entrañas rompe,
sepulta en ti la más penosa vida
1685
que fue regida de mortal espíritu!
¿Hay cosa como esta? ¿Hay tal suceso?
¿Hay fuerza tan extraña y lastimosa?
¡Yo a la Condesa, a un ángel en belleza,
en pura honestidad, en mansedumbre!
1690
¡A aquellos ojos, a aquel blanco pecho!
¡Yo mismo! ¡Yo! ¡Sin culpa! ¡Jesús! ¡Cielos!

Fabio
No des voces aquí; sal de palacio.

Enrique
Ven, y sabrás, Marqués, mi desventura.
¡Ay, mi Isabela! ¡Ay, mi querida esposa!
1695
‘Ay, Rey cruel! ¡Ay, fuerza lastimosa!

Vanse. Y sale la condesa ISABELA con BELARDO, su criado.

Isabela
Redondilla
En fin, me quedé sin misa.

Belardo
Está malo el capellán.

Isabela
¿Si tomó lección don Juan?

Belardo
Partes va juntando aprisa:
Redondilla
1700
muy presto sabrá leer.

Isabela
Pena me da, Dios le guarde
al Conde, porque es muy tarde
y no ha venido a comer.

Belardo
Redondilla
El Marqués vino por él.

Isabela
1705
¿Dijo que el Rey le llamaba?

Belardo
Sí, señora.

Isabela
Y ¿quién estaba,
cuando le llamó, con él?

Belardo
Redondilla
Solo estaba y solo fue.
No tengas pena, señora.

Isabela
1710
En mi vida, como ahora,
de su ausencia la tomé.
Redondilla
Esta noche no he dormido,
con mil sueños desvelada.
Una tórtola casada
1715
soñé que estaba en su nido,
Redondilla
y que un fiero cazador
tomó una flecha a su aljaba,
y con tres hijos la echaba
del nido. ¡Ay Dios, qué dolor!
Redondilla
1720
Levanteme, y dando abrazos
a mi Laurencia, sin ver
la ocasión que pudo haber,
cayóseme de los brazos.
Redondilla
Hice vestir a don Juan,
1725
y propuse de ir a misa,
y por más que me doy prisa,
no parece el capellán.
Redondilla
Ahora el Conde no viene,
que nunca suele faltar.

Belardo
1730
Albricias me puedes dar.

Isabela
¿Cómo?

Belardo
En los brazos te tiene.

Sale el conde ENRIQUE y FABIO.

Enrique
Redondilla
¡Isabela!

Isabela
Señor mío,
mi vida, mi bien, mi Enrique,
¿cómo haré que os signifique,
1735
si en lágrimas no la envío
Redondilla
el alma, el placer que tengo
de veros más que otros días?

Enrique
Suspended las alegrías,
mi gloria, mirad que vengo
Redondilla
1740
del Marqués acompañado.

Isabela
Perdonad, señor Marqués,
que esto es amor.

Fabio
Justo es.

Isabela
¿Sois hoy nuestro convidado?
Redondilla
Que en extremo me holgaría.

Fabio
1745
Soy tan vuestro servidor,
que aun pienso que de ese amor
parte alcanzarme podría.

Isabela
Redondilla
Tan divertida quedé
en el Conde, que no os vi.

Fabio
1750
Con lo mismo que entendí,
mi señora, os disculpé.

Isabela
Redondilla
¿Cómo venís, Conde, en quien
tengo vida y por quién soy?
¿Cómo estáis, y cómo estoy
1755
en vuestra gracia también?

Enrique
Redondilla
Aunque ese gusto os resisto,
mi vida, no le tengáis,
que mucho porte pagáis
de cartas que no habéis visto.
Redondilla
1760
Si las abrís, yo sé bien
que os pesará de hacer fiestas
al sobrescrito; y pues estas
es fuerza que hoy os le den,
Redondilla
salte, Belardo, allá fuera,
1765
que esa puerta me es forzoso
que cierre.

Sale BELARDO.

Isabela
¿Qué es esto, esposo?
¿Cómo habláis de esa manera?

Enrique
Redondilla
Ya la puerta está cerrada.
Fabio, decidle lo que es.

Isabela
1770
¿Qué es esto, señor Marqués?
¿Qué es esto? Que estoy turbada.

Fabio
Redondilla
No sé si de enternecido
os podré hablar.

Isabela
¡Vos lloráis!
Mas ¿qué es? Conde, ¿no me habláis?
1775
¿Qué puede haber sucedido?
Redondilla
¿También vos estáis llorando?
¿Tan fuerte yerba soy yo,
que lágrimas os sacó
solo de estarme mirando?

Enrique
Redondilla
1780
¡Ah ojos, que estos adoran!

Isabela
Mirad que es vergüenza ver
con ánimo de mujer
entre dos hombres que lloran.
Redondilla
Dos arroyos parecéis;
1785
yo, la yerba que regáis;
mas, si tanta agua me dais,
mirad que me anegaréis.

Fabio
Redondilla
Isabela desdichada,
en triste punto nacida
1790
debajo de las estrellas
que influyen mayor desdicha;
Romance (tirada)
tan hermosa como honrada,
siendo tú la honra misma,
que en el sol de tus virtudes
1795
las demás luces se miran;
inocente, a quien un rey
os manda quitar la vida
al hombre que más te adora,
y al que más tú bien estimas;
1800
dechado de nobles damas,
adonde los cielos pintan
más valores y excelencias
que en las matronas antiguas;
española milagrosa,
1805
que a las romanas imitas,
y ellas a ti te imitaran
si fueran después nacidas.
Sabe que el Conde, tu esposo,
cuando a España se partía,
1810
amaba, y era adorado
de nuestra infanta Dionisia.
Creció el amor en la ausencia
con tanta melancolía,
que ha llegado a ser locura,
1815
llena de celos y envidia.
Hoy, que te vio con tus hijos,
nació de aquella visita
decir a su viejo padre
una cosa nunca oída,
1820
porque le ha dicho que el Conde
la gozó, siendo mentira,
porque el Conde me ha jurado
tantas cosas, tantas vidas,
que he conocido que amor
1825
a lo que dice la obliga,
con ánimo de gozalle,
loca, furiosa y rendida.
El Rey, por guardar su honor...
No sé cómo te lo diga...
1830
Le ha mandado que te mate
y se case con su hija.

Isabela
¡Jesús, Marqués! ¿Eso es cosa
tan grande y encarecida?
Pensé yo, Fabio, que el Rey
1835
al Conde matar quería.
Vivid vos, amado Enrique,
vivid vos muy largos días;
que como vos la tengáis,
¿qué importa esta triste vida?
1840
No lloro yo de pesar,
lloro de mucha alegría
de que el Conde, mi señor,
en tan alto estado viva.
Mil años gocéis, mi bien,
1845
vuestra esposa, que os estima
y procura con razón.
Reinas es razón que os sirvan.
Vos nacisteis para rey;
rey sois, y Dios lo permita,
1850
que vuestros merecimientos
a cetro y corona aspiran.
Y pues ya sois rey, Enrique,
mercedes es bien que os pida.
No es bien que me las neguéis
1855
por dos cosas que os obligan:
la una, que cuando heredan
los reyes, a sus provincias
y reinos hacen mercedes
por grandeza y por justicia;
1860
la otra, porque os casáis,
que los reyes tales días
muestran el extremo a todos
de su grandeza excesiva.
Yo tengo de vos, Enrique,
1865
tres hijos; no es bien que vivan
con madre tan extranjera,
con madrastra tan altiva.
El conde Barcelona
es mi padre; aquí está Arsinda,
1870
un aya que me ha criado
y vino en mi compañía.
Enviémoslos a España
con ella, que mejor crían
abuelos que padres, hijos
1875
de madre muerta o cautiva.
Haced esto, Enrique amigo,
si por ventura os obligan
tantos días de regalo,
tantas horas de caricias.
1880
Que si Dios me lleva así
–lo que este alma en él confía,
porque, aunque soy pecadora,
su santa sangre me anima–,
yo le rogaré por vos,
1885
por vos, mi prenda querida,
y por la señora Infanta,
mujer vuestra y reina mía.

Enrique
Cesa de matarme hablando;
basten los rayos que tiras
1890
con esos ojos, por donde
mi propia vida destilas;
que ni para que yo sepa
tu virtud, Isabel mía,
ni para darte remedio,
1895
el ver tu humildad me obliga.
Bien sabe Dios que no ha sido
de mí jamás ofendida
la honra del Rey, Condesa,
aunque la Infanta lo diga.
1900
En esta locura ha dado.
Propúsome el Rey la enigma;
yo le he dado este consejo...
Juzgué lo que no sabía.
Dar yo causa de tu muerte
1905
solo en mi deshonra estriba,
matando contigo alguno
de los que en mi casa habitan.
Pero no permita Dios
que con engaño y malicia
1910
te quite el Conde la honra,
ya que te quita la vida.
Esto el Rey por un papel
en este punto me avisa,
que a la puerta me le dio
1915
un paje que con él priva.
Pero más quiero, Condesa,
que los hombres me maldigan,
que no que, en el cielo mártir,
sin honra en la tierra vivas.
1920
Los hijos de mis entrañas
haz cuenta que ya caminan
a España con sus abuelos,
donde venganza les pidan,
que no es justo que en Irlanda
1925
queden sus santas reliquias
con un padre que a su madre
sin razón la vida quita.
Y porque me aguarda el Rey,
por en tierra la rodilla,
1930
en tanto que a tu garganta
pongo esta funesta liga.

Isabela
Quintilla
Hazme, señor, un placer;
por el postrero, bien puedes.

Enrique
¿Que le tengas puede ser,
1935
ni el verdugo hacer mercedes?

Isabela
Mis hijos me deja ver.

Enrique
Quintilla
Vaya Fabio, aunque quisiera
que esto no me enterneciera...
Pero al fin, martirio ahora,
1940
y sin ángeles, señora,
descuido del cielo fuera.

Fabio
Quintilla
Llorando voy a traellos.
[Vase.]
Esta es fuerza lastimosa.

Enrique
Venid, mis ángeles bellos,
1945
a ver vuestra madre hermosa,
para que muera con ellos.
Quintilla
Venid para que os halléis
presentes al sacrificio,
porque contra mí juréis
1950
en aquel alto jüicio,
donde pedirme tenéis.
Quintilla
Que yo me quiera excusar
con huir, no puede ser;
esta isla cerca el mar,
1955
guardas hizo el Rey poner;
el Rey la manda matar.
Quintilla
¡Válgame el poder de Dios!
Si yo he de ser tu homicida,
muramos juntos los dos.

Isabela
1960
¿Qué es eso, Enrique? ¡Ah, mi vida!
¿El ánimo falta en vos?

Enrique
Quintilla
No tiene de qué espantarte
que me falte la osadía,
Isabela, en esa parte,
1965
que, como eras alma mía,
fáltame para matarte.
Quintilla
Dame esos brazos mil veces,
por ver si este bronce duro
con regalalle enterneces.
1970
Cuanto más mal te procuro,
más hermosa me pareces.
Quintilla
¿Qué haré si ahora te mato,
y estando solo, ¡ay de mí!,
imagino en tu retrato...?
1975
¿Qué hará esta noche sin ti
este tu marido ingrato?
Quintilla
¿Qué haré? ¿Qué diré de cosas
tan tiernas, tan amorosas,
tan tristes, tan desdichadas,
1980
que me pasarán de espadas
las entrañas rigurosas?
Quintilla
Perdóname. Vesme aquí
que te mato..., que te adoro.
Duélete, Isabel, de mí,
1985
y allá en el celeste coro
ruega a Dios, ángel, por mí.

Isabela
Quintilla
No llores de esa manera,
que pareces tú el que está
temiendo la espada fiera.

Sale el marqués FABIO con un niño en brazos y dos de las manos.

Fabio
1990
Aquí están tus hijos ya.

Enrique
¿Queda algún hombre allá fuera?

Fabio
Quintilla
Ninguno.

Enrique
¿Cerraste?

Fabio
Sí.

Isabela
Hijos, hoy os llamo aquí
por testigos de mi intento,
1995
que quiero hacer testamento:
bien estáis juntos a mí.
Quintilla
Y sabe Dios que quisiera
volveros donde os tenía,
porque cuando yo muriera,
2000
de una vida con la mía
cuatro almas al cielo diera.
Quintilla
¡Pluguiera a Dios que mi ruego
oyera, para que luego
que me mataran aquí,
2005
salieran almas de mí,
como centellas de fuego!
Quintilla
Hijos, hoy muero, hoy acaba
mi vida, no porque fui
de culpa ni infamia esclava;
2010
la causa es porque nací,
que para morir bastaba.
Quintilla
Mando a Dios el alma mía,
el cuerpo a la tierra fría,
que ya le está deseando,
2015
y estas mis lágrimas mando
al Conde para algún día;
Quintilla
al cual suplico me abone,
y de no le haber servido
como merece, perdone,
2020
pues el tiempo breve ha sido,
y en medio el morir se pone.
Quintilla
Bienes que mandar no tengo;
soislo vosotros no más;
y aunque a daros me prevengo,
2025
no os apartaré jamás
de donde a poneros vengo,
Quintilla
porque es en el alma, adonde
os llevo y amor esconde.
Perdonad, amores míos,
2030
del tiempo los desvaríos
y las desgracias del Conde.
Quintilla
Por manda de testamento,
que la ley hace tan fuerte,
os mando –estad, Juan, atento–
2035
que no le pidáis mi muerte,
pues vos tenéis sentimiento.
Quintilla
Mirad, que más no ha podido
el Conde; pues fue forzosa,
poned mi muerte en olvido,
2040
que esta es fuerza lastimosa
y basta que fuerza ha sido.

Enrique
Quintilla
Isabela, bien está.

Isabela
Juan, vos sois el padre ya
de vuestros hermanos. Creo
2045
que cumpliréis mi deseo.

Don Juan
Señora, ¿adónde se va?

Isabela
Quintilla
Hijo querido, a la muerte.

Don Juan
Lléveme consigo, madre.

Enrique
Deja ya de enternecerte.

Don Juan
2050
¿Por qué la mata mi padre?

Isabela
Por desdicha y por suerte.
Quintilla
No pidáis mi muerte a Dios.

Don Juan
Si él la ve, ¿qué importará
no se la pedir los dos?

Enrique
2055
Metedlos, Marqués, allá.

Don Juan
¡Ay, padre, triste de vos!

Isabela
Quintilla
Besadme, Juan de mi vida;
vos, Laurencia, y vos, Lisandra,
huérfana antes que nacida.

Enrique
2060
Suéltalos.

Isabela
Aguarda, aguarda,
siquiera por despedida.

Lleva los niños FABIO.

Enrique
Quintilla
Isabela, el llanto muda.

Isabela
Ya mi garganta se pone,
Conde, a tu filo desnuda,
2065
que, pues el sol se me pone,
la noche viene sin duda.
Quintilla
Tener vida no es razón
después de aquestos abrazos,
y que dure es confusión,
2070
sacándome tres pedazos
tan grandes del corazón.
Quintilla
Ea, ¿de qué estás temblando?
Mas por merced te demando
que no me alcancen tus ligas;
2075
si con las manos me ligas,
será el tránsito más blando.
Quintilla
Ponme las manos, señor;
salga mi espíritu en ellas...
Mas detendrale el favor.

Enrique
2080
Desvía tus manos bellas.
No despiertes mi furor.

Isabela
Quintilla
Pues ¿no piensas abrazarme?

Sale el marqués FABIO.

Enrique
Ea, Isabela...

Fabio
¿Es ya muerta?

Enrique
No acierto a determinarme,
2085
ni el amor tampoco acierta
a matarla sin matarme.
Quintilla
Llega el brazo, y teme el pecho,
osa el pecho, y tiembla el brazo;
y cuando llego de hecho,
2090
en vez de apretar el lazo,
la abrazo con la lazo estrecho.
Quintilla
¡Ay! ¡Quién no hubiera nacido!

Fabio
Conde, yo he considerado
que ser en esto atrevido
2095
no es labor de pecho honrado.

Enrique
¡Ay, Fabio, remedio os pido!
Quintilla
Que habiéndome de casar,
no es posible sin morir
la Condesa.

Fabio
Otro lugar
2100
se puede en esto elegir,
y a otra mano encomendar.
Quintilla
Venga Isabela conmigo.

Enrique
¿Dónde?

Fabio
Yo tengo un criado
leal y en lugar de amigo;
2105
vive en un monte apartado.
Y este, sin otro testigo,
Quintilla
en el mar la puede echar
en un barco, en que un barreno
se puede dar al entrar,
2110
y así, poco a poco lleno
de agua, irá al fondo del mar.
Quintilla
Esta será de tu esposa
muerte y sepultura junta,
más secreta y más piadosa,
2115
y di, si el Rey te pregunta,
que entre su arena reposa.

Enrique
Quintilla
Bien has dicho, amigo Fabio.

Isabela
Piadoso remedio y sabio.

Enrique
Vete, Isabela, con él;
2120
sea yo esposo cruel,
no verdugo de tu agravio.
Quintilla
Direlo al Rey de esa suerte.

Fabio
De mi lealtad conocida,
no quiero satisfacerte.

Isabela
2125
Adiós, causa de mi vida.

Enrique
Mejor dirás de tu muerte.

Vanse todos. Y sale el REY y la infanta DIONISIA.

Dionisia
Quintilla
Crueldad notable fuera;
por mi voto, está muy cierto
que Isabela no muriera.

Rey
2130
Puesto que inocente ha muerto,
que fue justo considera.
Quintilla
Y pues por tu liviandad
pagó lo que no debía
la inocente castidad,
2135
mira tu culpa en la mía,
y la tuya en mi maldad.
Quintilla
Esto fue razón de estado.

Dionisia
Sinrazones fueron todas.

Rey
Con esto libre ha quedado
2140
el Conde para tus bodas,
aunque no de estar culpado.
Quintilla
Si tuviera posesión,
matara al Conde y pusiera
tu libertad en prisión.
2145
Pero viva el Conde, y muera
de mi infamia la ocasión.

Dionisia
Quintilla
Si fui yo, ¿por qué merece
muerte esa triste española?

Rey
Porque más justo parece
2150
que viva tu honra sola,
que es quien más muerte padece.

Dionisia
Quintilla
No me puedo consolar.

Rey
Ni yo dejar de buscar
remedio a honor perdido.

Dionisia
2155
De tan sangriento marido,
¿qué menos puedo esperar?

Rey
Quintilla
Que me has enojado, advierte.
Los dos somos homicidas:
tú por culpa, yo por suerte.

Dionisia
2160
Mal se lograrán dos vidas
fundadas sobre una muerte.

Rey
Quintilla
No debes ya de querer
que dure mucho la mía,
con tu loco proceder.

Sale el conde ENRIQUE.

Enrique
2165
A besar tus pies venía.

Rey
Habla, Conde, a tu mujer.

Vase.

Enrique
Quintilla
¿Por qué se va el Rey así?
¿Hase enojado conmigo?

Dionisia
Porque represión le di
2170
de tu crueldad, enemigo,
pues fue justo hacerla en ti.
Quintilla
Di, infame Conde, ¿qué hallaste
en mí, que de verme huiste
la noche que me gozaste?
2175
¿Por qué la fe me rompiste,
y con otra te casaste?
Quintilla
¿Fue mejor hija tercera
de un conde de Barcelona
que de tu Rey la primera?
2180
¡Dejas la propia corona
por la nobleza extranjera!
Quintilla
¿No miras lo que has causado?

Enrique
Miro que soy desdichado;
miro que no te gocé.

Dionisia
2185
¿Qué dices?

Enrique
Que Dios lo ve,
y que Dios me ha castigado.

Dionisia
Quintilla
Pensé que negar querías.

Enrique
Ahora bien, muerta Isabela,
¿qué haré?

Dionisia
Pues que tenías
2190
con tu engañosa cautela
secas las entrañas mías,
Quintilla
no puedo negar que has sido
amado como marido,
y que ahora lo has de ser.
2195
Procura, Conde, poner
a tu Isabela en olvido.

Enrique
Quintilla
Yo lo haré, señora, así.

Dionisia
Vamos a desenojar
al Rey.

Vase la INFANTA.

Enrique
Voy... ¡Ay de mí!
2200
¿Si habrán entrado en la mar?
¿Si estaba la barca allí?
Quintilla
Cielo, sol, estrellas, luna,
elementos, hombres, aves,
fieras sin razón alguna;
2205
mar azul, donde mil naves
corren tormenta y fortuna,
Quintilla
esa barquilla que llega
a vuestra piedad temblando,
con dos ángeles navega:
2210
ved que la están barrenando,
ved que se pierde y se anega.
Quintilla
Cargada va de tesoro;
Indias fue mi amor, que, en fin,
de él traje esta plata y oro.
2215
Halle Anfión el delfín
y otra vez, Europa lloro.
Quintilla
Viva el barco, y no perezca
aunque dé en Constantinopla.
Luz en linterna parezca.
2220
Muerte es el viento que sopla;
a su pesar resplandezca.
Quintilla
No seas, mar, su enemigo.
Madre tierra, dale abrigo.
Viento, déjala correr,
2225
que no se puede perder
quien lleva el norte consigo.

Vanse. Y sale el duque OTAVIO con POLIBIO y TEREO, sus criados, y dos PESCADORES, diciendo primero estas dos coplas desde adentro, y habla ISABELA también.

Otavio
Redondilla
Acosta, acosta, patrón.
¡Rema, perro!

Polibio
El viento es bravo.

Otavio
Llega, aborda, dale un cabo.

Isabela
2230
¡Cielo, tus milagros son!

Otavio
Redondilla
Ásela en Brazos, Tereo.

Tereo
Ya la tengo.

Otavio
Camina[d]
a la orilla.

Isabela
Tu piedad,
cielo, en mis desdichas veo.

Sacan a ISABELA en brazos y salen todos.

Otavio
Redondilla
2235
¿Tienes vida?

Isabela
Vida tengo.

Otavio
Esfuérzate.

Isabela
Eso procuro.

Otavio
Ya tienes puerto seguro.

Isabela
Basta que a tus manos vengo.

Otavio
Redondilla
¿De dónde eres?

Isabela
Española.

Otavio
2240
¡Española, y aquí!

Isabela
Sí,
que de una armada yo fui
la que se ha librado sola.

Otavio
Redondilla
¿Eres casada?

Isabela
No sé,
que fue mi ventura corta.

Otavio
2245
Dadla que coma.

Isabela
No importa.
Ánimo, señor, tendré.

Otavio
Redondilla
Ser española te abona.
Dónde naciste, me di.

Isabela
En Cataluña nací.

Otavio
2250
Y ¿en qué ciudad?

Isabela
Barcelona.

Polibio
Redondilla
¿Quién duda que es principal?

Otavio
Necio, ¿no se echa de ver?

Isabela
Quién eres deseo saber.

Otavio
De esta tierra natural.

Isabela
Redondilla
2255
De que me encubras, me agravio,
tu nombre.

Otavio
Hombre noble soy.

Isabela
Pues dime en qué tierra estoy.

Otavio
En tierra del duque Otavio.

Isabela
Redondilla
¿Eres tú?

Otavio
Yo soy, que andaba
2260
pescando en aquesta orilla,
de donde vi tu barquilla,
que el mar furioso anegaba.
Redondilla
No temas, que en mi poder
nada te puede faltar.

Isabela
2265
Solo te quiero obligar
con decir que soy mujer.
Redondilla
La corte del rey de Irlanda,
¿está lejos?

Otavio
Cerca está.

Isabela
¿Tú piensas volver allá?

Otavio
2270
Cualquiera cosa me manda
Redondilla
que ir a la corte no sea,
donde en seis años no entré.

Isabela
Antes yo procuraré
que en ella nadie me vea.

Otavio
Redondilla
2275
Si, para cualquiera cosa
que intentes, menester fuese
que en tu servicio ofreciese
la vida, española hermosa,
Redondilla
no dudes de que me inclinas
2280
de tal manera a tus ojos,
que la ofrezco por despojos
a sus estrellas divinas.
Redondilla
No soy casado ni tengo
a quien dar cuenta de mí.

Isabela
2285
Ya olvido el bien que perdí,
pues en ti a cobrarle vengo.
Redondilla
Mas tu estado, te prometo,
tu vida, tu honor también,
no me pueden dar más bien
2290
que guardarme con secreto.

Otavio
Redondilla
¿Eso te importa?

Isabela
La vida
por lo menos.

Otavio
Pues yo haré
que aquí tu persona esté
cuanto quisiere escondida.

Isabela
Redondilla
2295
Tu palabra me asegura.

Otavio
Al mismo cielo la doy.

Isabela
¿Vamos?

Otavio
(Bien perdido voy
por su divina hermosura.

Tereo
Redondilla
(Pues ¿tan presto estás tan ciego?

Otavio
2300
Todo me siento abrasar.
No sé cómo de la mar
pudo salir tanto fuego.)


Jornada III

Salen el REY y la infanta DIONISIA y CELINDA.

Dionisia
Redondilla
A su culpa corresponde.
Mayor castigo merece.

Rey
2305
En fin, ¿que ya convalece
de su enfermedad el Conde?

Dionisia
Redondilla
Larga y peligrosa ha sido
y llena de confusión,
mas no para la ocasión
2310
que de tenella ha tenido.

Rey
Redondilla
Muy como mujer procedes,
pues viene a aborrecer
lo que solías querer,
cuando ya gozarlo puedes.
Redondilla
2315
Sospecho que quieres mal
a Enrique.

Dionisia
No le aborrezco,
pero mucho me entristezco
de verle tan desigual,
Redondilla
que ya que por tu rigor
2320
a la Condesa dio muerte,
no veo que se divierte
de aquel su pasado amor.
Redondilla
Y no me puede estar bien
casamiento con un hombre
2325
que siempre llora su nombre
y que la adora también.

Rey
Redondilla
Dionisia, si tuyo ha sido
de este suceso el honor,
busca marido a tu amor,
2330
y no a tu gusto marido.
Redondilla
El Conde llora a su esposa.

Celinda
Y razón debe tener,
que fue una santa mujer,
y por todo extremo hermosa.
Redondilla
2335
Mas dame que venga a estar
con tu nueva compañía,
verás que ese mismo día
ama y comienza a olvidar;
Redondilla
que cuando más tiernamente
2340
lloran pasada amistad,
con cualquiera novedad
se consuelan fácilmente.

Rey
Redondilla
Hoy, pues el Conde está bueno.
se desposará contigo.

Sale CLENARDO, secretario.

Clenardo
2345
Parece justo castigo
del cielo, de enojos lleno.
Redondilla
Rayos son de su venganza.

Rey
¿Qué es esto, Clenardo?

Clenardo
El Conde,
que en todo tan mal responde
2350
al gusto de tu esperanza,
Redondilla
acabado de vestirse
las galas de desposado,
cuando en el siniestro lado
quiso la espada ceñirse,
Redondilla
2355
quedose suspenso un rato,
y al fin de esta suspensión
dijo que vía en visión
de su Isabela un retrato;
Redondilla
y diciendo: “Espera, espera”,
2360
se comenzó a desnudar,
y se ha querido matar
si por nosotros no fuera.

Rey
Redondilla
¡Ah, cielo, que de esta suerte
tu justicia me revela
2365
que la sangre de Isabela
la pide a Dios de su muerte!
Redondilla
Hija, ¿qué tengo de hacer?

Dionisia
Aplacar a Dios con ruegos.

Rey
Todos estuvimos ciegos.

Sale el conde ENRIQUE, en calzas y jubón, haciendo locuras, y dos criados huyendo.

Enrique
2370
Aguarda, aguarda, mujer.
Redondilla
Espera, Isabela hermosa.

Rey
Tenedle, asidle.

Enrique
Dios sabe
que me es la vida más grave
que la más pesada cosa.
Redondilla
2375
Ni Sísifo con el canto,
ni con la rueda Ixïón,
siente más grave pasión
en el reino del espanto.
Redondilla
¿Qué esperas, muerte? ¿A quién digo?
2380
Mata, ¡oh, muerte!, un homicida.
Mas déjasme con la vida
por darme mayor castigo.
Redondilla
Si no sabes quién mató
a la Condesa, yo fui.

Rey
2385
Hacedle callar.

Enrique
Y a mí,
este Rey me lo mandó.

Rey
Redondilla
Conde, quien eso te oyere,
¿qué juzgará de los dos?

Enrique
Temed vos que os juzgue Dios
2390
cuando llamaros quisiere,
Redondilla
y al mundo no le temáis.
Si para Dios no sois bueno,
para el mundo to os condeno,
por bueno que parezcáis.

Dionisia
Redondilla
2395
No está loco en lo que dice.

Rey
¿Cómo no? Su furia espanta.

Enrique
¡Diz que yo gocé a la Infanta!
Mal me haga Dios si tal hice,
Redondilla
que la verdad de esto es
2400
que ello estaba concertado,
estando el cielo nublado,
entre las dos o las tres.
Redondilla
Pero púsome en prisión...
¿Quién pensáis? Aqueste viejo
2405
con sus barbas de conejo;
y entretanto un abejón
Redondilla
se comió el panal de miel.
¿Por qué me prenden a mí,
que cuando a cogerle fui,
2410
solo el corcho estaba en él?

Rey
Redondilla
Todavía contradice
tu opinión.

Dionisia
Eso me espanta.

Enrique
¡Diz que yo gocé a la Infanta!
Mal me haga Dios si tal hice.
Redondilla
2415
Algún bellaco embozado,
que se entró por el balcón
viendo en cueros la ocasión,
quiso acostarse a su lado;
Redondilla
que yo, por ningún tormento
2420
que el Rey me pudiera dar,
si la pudiera gozar,
negara el atrevimiento.
Redondilla
¡Ay, Dios! Tapadme los ojos,
tapadme.

Clenardo
¿Qué te desvela?

Enrique
2425
¿No ves cómo está Isabela
llena de tristes despojos?
Redondilla
¿No la veis altos los pies,
cubierta de negro luto,
con el lastimoso fruto
2430
de mis hijos todos tres?
Redondilla
¿No veis a don Juan llorando,
a Ricarda y a Laurencia,
testigos de la sentencia
que el cielo está pronunciando?
Redondilla
2435
¿No veis aquel tribunal
cuyas gradas son leones,
y entre mil santos varones
el Salomón celestial?
Redondilla
¿No veis la sangre que pide
2440
justicia del caso feo?
¿No veis que el engaño es reo,
y la ignorancia preside?
Redondilla
¿No veis contra mí fiscal
el que del cielo cayó?
2445
No se excusa morir yo,
digno soy de pena igual.
Redondilla
Mi conciencia me lo dice.
Maté un ángel, una santa...
Y ¡diz que gocé a la Infanta!
2450
Mal me haga Dios si tal hice.

Dionisia
Redondilla
¡Que aqueste fin ha tenido
tu intento, padre engañado!

Rey
Amor y honor me han forzado,
y tuya la culpa ha sido.

Enrique
Redondilla
2455
¡Oh, Isabela! ¡Oh, serafín,
que hasta el cielo ver no aguardo!
¡Que no hubiera un Mandricardo
que diera muerte a Zerbín!
Redondilla
¡Ah, pesar de mi obediencia
2460
y de quien me lo mandó!

Rey
Enrique, ¿sabes que yo
soy rey?

Enrique
¡Buena impertinencia!
Redondilla
Culebra sois en cautela,
esta Eva; yo fui Adán.
2465
La manzana que me dan
fue la muerte de Isabela;
Redondilla
de la conciencia del aviso
en mi furia declarada
es el ángel con la espada
2470
que os echa del paraíso.
Redondilla
Mas ¿este mi cuerpo es
el de Adán? Mucho lo dudo,
que Adán andaba desnudo
de la cabeza a los pies.
Redondilla
2475
Pero mal he conocido
que en esto soy engañado,
que Adán, después del pecado,
quedó de pieles vestido.

Rey
Redondilla
¿Qué me aconsejas en esto,
2480
causa de todo mi mal?

Dionisia
No sé, padre. Estoy mortal.

Enrique
¡Por Dios, Rey, que sois un cesto!
Redondilla
Ya vuestra opinión y fama
como de ajedrez ha sido,
2485
que el ser rey habéis perdido,
todo por guardar la dama.
Redondilla
¿Qué os hizo a vos, mentecato,
una paloma sin hiel?
Ya vos dijo el rey de Argel
2490
que tocaban a rebato.

Clenardo
Redondilla
Extraña furia le toma;
mas tanto amor le combate.

Enrique
¡Que mi gallina me mate,
y mis tres pollos me coma!
Redondilla
2495
¡Buenos mis negocios van!
¿Quién tendrá en esto paciencia?
Apelo de la sentencia
para el señor preste Juan.
Redondilla
Diralo un jüez de palo.
2500
Término pido y repido;
mas ¿cómo término pido
a quien le tuvo tan malo?

Rey
Redondilla
Ahora bien, Dionisia, este hombre
ha de morir, porque en medio
2505
de este mal, solo es remedio
para su fama y mi nombre.
Redondilla
En este fin se remata
todo el daño que hemos hecho,
pues vivo no es de provecho,
2510
y muerto tu infamia mata.

Dionisia
Redondilla
¿Ese es remedio?

Rey
Este hallo.

Enrique
¡Eso no, milano fiero!
¡Gallina y pollos primero,
y ahora quieres el gallo!
Redondilla
2515
¡Vive Dios, que he de cantar
antes que amanezca Dios,
que me lo mandaste vos,
aunque seáis para negar!
Redondilla
¿Yo, morir, siendo alma en pena?

Clenardo
2520
Señor, matarle es crueldad.

Rey
Pues con esta enfermedad,
¿qué aguardo de él cosa buena?

Clenardo
Redondilla
Señor, causa de esto ha sido
que el Conde dos días ha estado
2525
sin comer, de que ha quedado,
como ves, desvanecido.
Redondilla
Hazle comer y beber,
y verás que vuelve en sí.

Rey
Traed de comer aquí.
2530
Denle a Enrique de comer.

Enrique
Redondilla
¡Ah, perros, que concertáis
darme veneno comiendo!
Si pensáis que no lo entiendo,
muy engañados estáis.
Redondilla
2535
No he de comer ¡vive Dios!,
hasta que a Isabela vea.
¡Caramelos y jalea!
¿Quitarme queréis la tos?
Redondilla
Ven acá, Rey embutido,
2540
Herodes entre inocentes,
remedio de inconvenientes,
y entre remedios perdido;
Redondilla
Rey de paramento viejo,
que el rótulo significa
2545
como caja de botica,
lleve el diablo tu pellejo.
Redondilla
¿Por qué me echaste en prisión?
¿Quién te engañó, Rey mochuelo?
¿Qué capítulo del duelo
2550
te dio mi satisfacción?
Redondilla
¿Por qué me mandaste cortar
el blanco cuello a Isabela?
¿Con qué azúcar y canela
se puede ahora curar?
Redondilla
2555
Todo el mundo te maldice.

Clenardo
Mucho el furor se adelanta.

Enrique
¡Diz que yo gocé a la Infanta!
Mal me haga Dios si tal hice.

Rey
Redondilla
Llevadle luego de aquí,
2560
metedle en una prisión.

Enrique
¿Vos conmigo, Faraón?
¿Vos, conmigo? ¿Vos, a mí?
Redondilla
¡Afuera, perros villanos!

Rey
Asidle, que está furioso.

Criado 1º
2565
¡Ay, que me ha muerto!

Clenardo
Es forzoso
atalle de pies y manos.

Rey
Redondilla
Llamad la guarda.

Enrique
Isabela,
allá te voy a buscar.

Rey
Asidle y hacedle atar.

Enrique
2570
Alguno habrá que le duela.

Clenardo
Redondilla
No hay quien no se atemorice.

Criado 2º
No se ha visto fuerza tanta.

Enrique
¡Diz que yo gocé a la Infanta!
Mal me haga Dios si tal hice.

Vase ENRIQUE haciendo locuras tras los criados, y sale FABIO.

Dionisia
Redondilla
2575
Hazle de suerte encerrar,
que mi infamia no publique.

Fabio
¿Dónde va corriendo Enrique?
¿Por qué le mandas matar?

Rey
Redondilla
Fabio, encerrarle he mandado
2580
porque está loco y publica
mi infamia.

Fabio
¡A buen tiempo aplica
ese sentimiento honrado!

Rey
Redondilla
¿Cómo?

Fabio
Como ahora llega
del conde de Barcelona,
2585
adonde él viene en persona
y mil banderas despliega,
Redondilla
al puerto una fuerte armada,
llena de gente española,
cuya entrada y salva sola,
2590
de la primera rociada
Redondilla
puso el primer fuerte en tierra,
y a la playa en barcos sale,
donde de los pies se vale
tu poca gente de guerra,
Redondilla
2595
que huyendo la fiera muerte
con que te amenaza el Conde,
van enseñando por dónde
puede llegar a prenderte.
Redondilla
Si esto es libertad, perdona,
2600
y procura resistilla;
que viene media Castilla
en favor de Barcelona.
Redondilla
Fuerte gente toledana
–porque jamás supo el miedo
2605
por dónde van a Toledo–,
cordobesa y sevillana
Redondilla
trae el Conde, porque tiene
gran deudo al rey de Castilla.
Ya todos cubren la orilla,
2610
ya en orden marchando viene.
Redondilla
El niño don Juan, su nieto,
dicen que es el General,
a cuyo guion real
guardan los demás respeto.
Redondilla
2615
Este es un negro pendón,
donde pintada Isabela,
por el aire al cielo vuela
a pedir satisfacción.
Redondilla
Mira, señor, qué has de hacer.

Rey
2620
Por puntos crece este daño,
y para mi desengaño
basta ser causa mujer.
Redondilla
¿Quién te parece a ti, Fabio,
que sea mi general?

Fabio
2625
Pues dura del Conde el mal,
haz que venga el duque Otavio.

Rey
Redondilla
Ha seis años que no viene
a la corte.

Fabio
¿Hasle agraviado?

Rey
No.

Fabio
Pues el Duque es soldado
2630
y hombre que experiencia tiene.
Redondilla
¿Irele a llamar?

Rey
Camina,
y entretanto haré juntar
gente que camine al mar.

Dionisia
Esta es justicia divina.

Vanse. Y sale el duque OTAVIO y ISABELA.

Otavio
Redondilla
2635
¡Que eres, hermosa española,
del conde Enrique mujer!

Isabela
Soy la que solía ser,
Otavio, su mujer sola.
Redondilla
Y pues palabra me has dado
2640
del secreto prometido,
y del amor pretendido
ya quedas desengañado,
Redondilla
haz de manera que pueda
volver a mi padre a España,
2645
pues mi vida en tierra extraña
en tanto peligro queda.

Otavio
Redondilla
Enrique, Isabela hermosa,
fue competidor conmigo;
dos años fue mi enemigo
2650
en competencia amorosa;
Redondilla
y aunque entonces es verdad
que está en su punto el rigor,
luego que acaba el amor,
acaba el enemistad.
Redondilla
2655
Y digo que de tu cuento
solo a ti misma te diera
crédito quien conociera
de Enrique el entendimiento.
Redondilla
¿Es posible que, aunque el Rey
2660
mil muertes le amenazara,
y que en él la ejecutara,
ya por fuerza, ya por ley,
Redondilla
osó entregarte a la muerte
y dar tus hijos a España?

Isabela
2665
No fue suya aquella hazaña,
mas del rigor de mi suerte;
Redondilla
aunque no sé si el reinar,
que es poderosa disculpa,
fue la ocasión de su culpa.

Otavio
2670
Al fin te mandó matar,
Redondilla
y debe de estar casado
con Dionisia injustamente.

Isabela
¿Cómo?

Otavio
Porque está inocente
de la culpa que le ha dado.
Redondilla
2675
Y como tú me prometas
que un secreto callarás,
quién la ha gozado sabrás.

Isabela
No han sido menos secretas
Redondilla
las cosas que te he fiado.
2680
Unas por otras troquemos.

Otavio
Mil cosas que escritas vemos,
o acaso nos han contado,
Redondilla
imposibles nos parecen.
Pues sábete que yo fui
2685
quien la gozó.

Isabela
¿Cómo así?
Que mil dudas se me ofrecen.

Otavio
Redondilla
Con una industria amorosa,
en un oscuro aposento
me dio amor atrevimiento
2690
y gocé la Infanta hermosa,
Redondilla
y una sortija la di
por el Conde.

Isabela
¡Extraño enredo!

Otavio
Y esta que traigo en el dedo
me dio también ella a mí.
Redondilla
2695
Cuanto a ella, bien conviene
hacer al Conde casar;
cuanto al Conde, no hay dudar
de la inocencia que tiene.
Redondilla
Él fue a España y yo a mi tierra,
2700
donde seis años he estado,
que es el tiempo que casado
de ella el Conde se destierra.
Redondilla
Discúlpale del error,
y cúlpale de tu injuria.

Isabela
2705
Culparé del Rey la furia
y disculparé su honor.
Redondilla
De Enrique no digo nada,
que le he querido de suerte,
que me pesa que mi muerte
2710
fue sin efecto ordenada.
Redondilla
Pero, pues ya estoy sin él,
déjame, Otavio, gozar
de mis hijos, que es estar
casi con tres partes de él.
Redondilla
2715
Tres son mis hijos, bien digo,
tres partes del Conde son;
una falta al corazón,
téngala el Conde consigo.
Redondilla
Y pues esto fuerza es
2720
o gusto de la fortuna,
mejor estaré sin una,
Duque, que sin todas tres.
Redondilla
Ese anillo te pidiera
por consuelo de mi mal,
2725
si a pedirte merced tal
mi desdicha se atreviera.
Redondilla
Con él fuera consolada;
mas si la tienes amor,
no es justo.

Otavio
Si en tu dolor,
2730
Isabela desdichada,
Redondilla
causa esta prenda consuelo,
servirte de ella podrás.

Dásela.

Isabela
No puedo pagarte más
que con obligar al cielo.

Otavio
Redondilla
2735
¡Polibio!

Sale POLIBIO.

Polibio
Señor...

Otavio
Al puerto
con esta dama camina,
y en llegando a la marina,
la entrega a Atilo o Alberto,
Redondilla
que en este primer vïaje
2740
la pasen a Barcelona,
regalando su persona;
y para el matalotaje
Redondilla
haz que le den mil escudos.

Polibio
(¿Gozástela?

Otavio
Los criados
2745
tienen por blasón de honrados
ser obediente y mudos.)
Por secreto no te encargo
a más gente.

Isabela
Este hombre basta.

Otavio
Adiós, Isabela casta.

Polibio
2750
(Yo llevo un hermoso cargo.)

Isabela
Redondilla
Adiós, duque generoso.

Polibio
(¡Por Dios, que antes de llegar
al puerto, la he de gozar!)

Vase POLIBIO y ISABELA.

Otavio
¡Caso extraño y espantoso!
Redondilla
2755
¿Que de aquel atrevimiento
haya este mal procedido?
¿Que mía la culpa ha sido,
y de Isabela el tormento?
Redondilla
¡Ved, a cabo de seis años
2760
que esto a verdad se reduce,
el fruto que aquí produce
la causa de mis engaños!
Redondilla
Todo engaño y compasión
de una mujer inocente.

Sale el marqués FABIO.

Fabio
2765
Aunque no quiera tu gente...

Otavio
¡Fabio! En aquesta ocasión,
Redondilla
¿adónde bueno?

Fabio
Por ti.

Otavio
¿Llámame el Rey por ventura?

Fabio
Por ventura, y tan segura,
2770
que albricias te pido.

Otavio
¿Ah, sí?
Redondilla
Pues ¿qué me quieres?

Fabio
Que seas,
de una empresa, general.

Otavio
¿Traes gente?

Fabio
El bastón real,
solo para que lo creas.

Otavio
Redondilla
2775
Si es por mi daño, Marqués,
en mi tierra estoy. No quiero
servirle.

Fabio
Soy caballero,
crédito es bien que me des.
Redondilla
Yo hago pleito homenaje
2780
al cielo y a ti que es cierto
lo que digo. Por el puerto
recibe de España ultraje
Redondilla
con navíos que han llegado.

Otavio
(Ya la ocasión adivino.)

Fabio
2785
Vamos, que por el camino
te diré lo que ha pasado.

Otavio
Redondilla
¿Es del conde Enrique hazaña?

Fabio
Y de Dionisia cautela.

Otavio
(Peligro corre Isabela
2790
de no llegar viva a España.)

Vanse. Y sale un alarde de SOLDADOS con caja y bandera negra, y en ella pintada la imagen de ISABELA; el niño DON JUAN, el niño, armado sobre una sotanilla negra, con bastón de general y el CONDE DE BARCELONA detrás.

Conde
Octava real
Aunque justo parece que vengara
la muerte de mi hija como padre,
y que el bastón de general llevara,
mejor será que a vos el cargo os cuadre.
2795
Si a mí por viejo la experiencia es clara,
amor, por el dolor de vuestra madre,
nieto, os hará mover –que este es mi celo–
con guerra en el mundo y con justicia el cielo.
Octava real
No llevaron a Troya los de Grecia
2800
niños tiernos, mas fuertes viejos canos,
por capitanes, que la guerra precia
más que de Aquiles las valientes manos;
Roma triunfante y la sagaz Venecia,
más que los Aníbales y Africanos,
2805
viejos Torcatos, honra de su tierra.
[...]
Octava real
Confieso que esto es justo, pero creo
que el no tener jamás causa tan justa
hizo fiar sus armas y trofeo
2810
más de la antigua que la edad robusta.
Pero ya que en tan justa causa veo
yo el contrario, la defensa injusta,
quiero que en este niño el mundo vea
que no las armas, la razón pelea.
Octava real
2815
Este es el General, nobles soldados;
este es mi nieto y de Isabela hijo.
De su inocencia estáis desengañados;
el Conde por sus cartas os lo dijo.
Pues si vais de razón tan justa armados,
2820
con justa causa un niño tierno elijo
por general contra su fiero padre,
cubierto de la sangre de su madre.

Don Juan
Octava real
Famoso Conde y noble abuelo mío,
gloria y honor del nombre de Moncada,
2825
pequeño corazón y grande brío
rigen este bastón y aquesta espada;
pero tan grande ya con vos le crío,
y con la injuria de mi madre amada,
que dentro de dos días este pecho
2830
ha de romper como aposento estrecho.
Octava real
Para asombrar esta cobarde gente
yo basto solo, fuera de que es justo
que un inocente vengue a otro inocente;
del cielo vengador acuerdo y gusto.
2835
Fuera de que soy hombre tan valiente,
y para casos de honra tan robusto,
que al Rey cruel desafiar pretendo,
y con favor de Dios vencerle entiendo.

Conde
Octava real
Besar quiero la boca que eso dice,
2840
o con aquestos brazos levantarte,
[Toma el niño en brazos.]
porque esta barba blanca te autorice.
Alto estás, mira bien ese estandarte,
y aquí la historia trágica infelice
quiero desde mis brazos enseñarte
2845
de tu difunta madre.

Don Juan
No, no, abuelo;
no la quiero mirar, bajadme al suelo,
Octava real
que pues llorar es fuerza, puesto en alto,
anegaré con otro mar la tierra.
Vamos a darles el primer asalto.
2850
Veréis qué corazón mi pecho encierra.

Conde
Dadme la sangre, de que ya estoy falto.
A fuego y sangre les publico guerra.

Don Juan
Vayan espías a saber qué hace
el Rey.

Un soldado
Bien dice.

Conde
De otra causa nace.

Vanse. Y salen el REY y la infanta DIONISIA y CLENARDO, secretario.

Rey
Endecasílabos sueltos (tirada)
2855
Perdidos somos.

Dionisia
¿Qué remedio pones
en tantas desventuras?

Rey
Ve, Clenardo,
y trae de la prisión atado al Conde.

Clenardo
¿A qué efecto le quieres loco y preso?

Rey
Camina a hacer lo que te mando.

Clenardo
(En todo
2860
se engaña el Rey.)

Vase CLENARDO.

Dionisia
¿Qué intentas con Enrique?

Rey
Dársele intento a quien por él me pone
en tanto aprieto.

Dionisia
Esa es crueldad notable.

Rey
Pues si Ramón, cual ves, desembarcando
tanta copia de gente en esta isla,
2865
desierta de reparo y desarmada,
ya derriba mil villas y castillos,
y sin nuestra prisión no se contenta,
¿qué puedo hacer mejor que darle a Enrique?
Enrique es loco, Enrique es hombre inútil,
2870
por Enrique esta guerra origen tuvo,
A Enrique quiere el Conde.

Salen CLENARDO y ENRIQUE, atado.

Clenardo
Aquí está Enrique.

Rey
Haz luego que lleven cien soldados
al fiero catalán, y di que vengue
en el duro homicida de su hija
2875
la sangre de que yo no estoy culpado.
Matándole podrá vengar mi honra.

Enrique
¡Ahora sí que cumples mis deseos,
piadoso cielo! Ahora sí que llega
otra vez la razón a mi discurso!
2880
Cobré sentido con oír mi muerte,
y con ver que a las manos de mi hijo
voy a vengar la sangre de su madre.
Protesto al cielo y a sus santos ángeles,
a sus inteligencias, a sus luces,
2885
sol, luna, estrella, signos y planetas,
a la tierra, a sus plantas, a sus árboles,
a sus fieras, sus fuentes y sus ríos,
a sus nubes, al aire, a cuantas cosas
en su región tercera se congelan
2890
desde el granizo hasta el ardiente rayo,
a las aves parleras y a las mudas,
al mar furioso y sus nadantes peces,
al fuego elementar y al que hemos visto,
a los hombres más altos y comunes
2895
desde el rey adorado al pastor pobre,
y desde el más letrado al ignorante;
que no debo a la Infanta cosa alguna
de su honor, ni fui yo de ningún modo
aquel de quien se queja, pues la noche
2900
de su desgracia el Rey me tuvo preso.
Verdad es que confieso que esta muerte
la debo por la muerte de Isabela.

Rey
Llevadle luego.

Enrique
¡Oh bárbaro enemigo!
Presto verás por ti mayor castigo.

Lleva CLENARDO a ENRIQUE.

Dionisia
2905
¿A quién no mueve a sentimiento
este desdichado Conde?

Rey
Yo, Dionisia,
quedo temiendo que inocente muere.
Esta protestación que al cielo hace,
a la tierra, a las fieras y a los hombres,
2910
que no ha sido el autor de tu desdicha,
¿a quién no puede dar cuidado?

Dionisia
A aquellos
que supieren que Enrique estaba loco;
que no es tan claro el día como es cierto
ser el autor de la deshonra mía.

Sale FABIO, y el duque OTAVIO.

Fabio
2915
Aquí está el duque Otavio.

Rey
¡Amigo Duque!

Otavio
De vuestra Alteza a Otavio sus pies ínclitos.

Rey
¡Tanto tiempo sin veros!

Otavio
No pudiera,
señor, menos ausencia de la corte
descansar mis estados, que tenía
2920
perdidos y empeñados su asistencia.
Esto, y no ser en ella necesario,
de tu servicio me tuvieron lejos;
pero ofrecida la ocasión ahora,
estados, honra y vida, todo es poco
2925
para emplear en tu real servicio.

Rey
Ya sabes el aprieto en que me ha puesto,
del español, la armada.

Otavio
Ya he sabido
del Marqués el agravio y la venganza.
El remedio conviene que sea presto.

Rey
2930
Venid donde sepáis lo que he trazado,
si no bastare haberle dado a Enrique,
que es lo que dicen que pretende el Conde.

Fabio
¿A Enrique has dado al español?

Rey
Ahora
de dar acabo al español a Enrique.

Fabio
2935
¿Por qué tan gran crueldad has hecho?

Rey
Fabio,
Enrique es la ocasión, Enrique muera.
Fuera de que ya es loco y hombre inútil.

Fabio
Yo perderé la vida en su defensa.

Otavio
(¡Ay, Dionisia! Mirándote, mi herida
2940
vierte sangre de nuevo!)

Dionisia
¿Venís bueno,
Otavio?

Otavio
A tu servicio. (Y tan perdido
como ahora seis años.)

Dionisia
(Sabe el cielo
que estoy arrepentida de no amaros.)

Otavio
(Yo, no de mi afición. ni de gozaros.)

Vanse, y sale ISABELA, en hábito de hombre.

Isabela
Quintilla
2945
Dejando al traidor dormido,
que el Duque me dio por guarda,
y tomando su vestido,
vengo donde el mar me aguarda,
con pensamiento atrevido,
Quintilla
2950
que en esta primera aldea
dicen –¡quiera Dios que sea!–
que de una armada de España
sale gente a la campaña
y estas riberas pasea.
Quintilla
2955
Forzarme quiso el villano,
mas como el sueño y el vino
le retuvieron la mano,
enfrenó su desatino
la noche, descanso humano.
Quintilla
2960
Pero cuando el alba apenas
sobre rosas y azucenas
vertía aljófar, tomé
su vestido, y caminé
por estas blancas arenas.
Quintilla
2965
Allá queda con el mío
y en poder de dos villanos,
que reirán su desvarío.

Salen LUCINDO y FENICIO, SOLDADOS españoles con escopetas.

Lucindo
Rinde a este cordel las manos,
o aqueste, irlandés, te envío.

Isabela
Quintilla
2970
Ten el arcabuz, soldado,
que no soy hombre de guerra,
aunque traigo espada al lado.

Fenicio
Basta ser de aquesta tierra
y que aquí te hemos hallado.

Lucindo
Quintilla
2975
Bien dices, que este es espía.

Átanla.

Isabela
Españoles, no podía
dar al cielo más bien junto
que rendiros a este punto
la espada y la vida mía.
Quintilla
2980
Pero ya que os di la espada
y he rendido mi persona,
decidme cúya es la armada.

Lucindo
Del conde de Barcelona.

Isabela
¿Quién?

Lucindo
Don Ramón de Moncada.

Isabela
Quintilla
2985
¡Cielos! ¿Hay ventura igual?

Fenicio
Aquí viene el General.
Llega, e hinca la rodilla.

Sale DON JUAN niño, con su bastón de general, y el capitán CARLOS con él.

Don Juan
En fin, se rindió la villa.

Capitán
Temió su bando real.

Isabela
Quintilla
2990
(¿Qué es esto, cielos, que veo?
¿No es este niño don Juan?
¡Hijo...! Mas teneos, deseo,
que brazos que atados van,
a mal tiempo los empleo.
Quintilla
2995
Las lágrimas derramadas
por los ojos, del placer,
han sido más desmandadas
que lo pudieron hacer,
como no estaban atadas.
Redondilla
3000
Toma estas lágrimas mías,
nuevo capitán de hazañas,
que son en mis alegrías
reliquias de las entrañas
que habitaste tantos días.
Quintilla
3005
Quiérome disimular
si lo permite el contento.)

Fenicio
Ahora puedes llegar.

Don Juan
¿Qué es esto?

Lucindo
Aquí te presento,
General de tierra y mar,
Quintilla
3010
del enemigo esta espía.

Don Juan
¿A qué venías?

Isabela
Venía
bien libre de ver tal bien
donde no esperaba bien
el mayor bien que tenía.

Don Juan
Quintilla
3015
¿Qué hace tu rey?

Isabela
No sé,
porque jamás mi rey fue.

Don Juan
¿Qué es lo que tienen pensado
para defender su estado
después que a Irlanda llegué?

Isabela
Quintilla
3020
Jamás, señor, lo entendí.

Capitán
Manda que le den tormento.

Don Juan
Traed un tormento aquí.

Isabela
No es el primero que siento,
noble General, por ti.

Don Juan
Quintilla
3025
¿Por mí, dolor has sentido?

Isabela
El mayor que puede ser.

Don Juan
Yo soy muy agradecido.
Eso deseo saber;
que me lo digas te pido.

Isabela
Quintilla
3030
A su tiempo lo sabrás.

Don Juan
Desatadle.

Capitán
Aquí le mata
a tormentos.

Don Juan
Necio estás.
Desatadle, que retrata
la cosa que quiero más.

Capitán
Quintilla
3035
¿Son como tú los soldados?
Porque tendréis buen aliño.

Don Juan
Tendrá el Rey pocos cuidados.
Como ve el General niño,
trae soldados desbarbados.
Quintilla
3040
¿De dónde eres?

Isabela
¿No lo ves?
Español soy de nación.

Don Juan
¿De dónde?

Isabela
Barcelonés.

Don Juan
Que te honremos es razón.

Isabela
Beso, General, tus pies.
Quintilla
3045
Cree que no soy espía,
sino un hombre que servía
al conde Enrique, tu padre.

Don Juan
Y ¿conociste a mi madre?

Isabela