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Si en eso he de hablar, Liseo,
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primero dará la rueca
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del cielo la vuelta a un siglo,
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mas por que la entrega entiendas,
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sabrás que divide un río
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a España y Francia, que encuentra,
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bajando de las montañas,
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la mar la llena marea.
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Las dos orillas tenían
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fabricada de madera
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dos casas con mil pinturas,
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y gradas en torno de ellas;
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con ricas tapicerías
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estaban las dos compuestas,
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y un dosel en cada una,
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correspondiente a la puerta;
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también en medio del agua
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otras dos estaban hechas
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a modo de cenadores
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con mil colores diversas,
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coronadas por lo alto
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y a todas partes abiertas.
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Dos barcas chatas había
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que gobernaban dos cuerdas
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que a este sitio caminaban
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sin otros remos ni velas.
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Bajaron, pues, los de España,
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por su parte, con la reina,
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y los de Francia, Liseo,
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con la divina princesa;
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trájola el duque de Guisa,
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y acompañando a su alteza
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mucha nobleza de Francia
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y brava gente guerrera
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que estaba en dos escuadrones
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sobre una montaña puesta,
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y en las orillas del río
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a este tiempo las trompetas,
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las cajas, las chirimías,
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las dos naciones alegran.
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Entraron en las dos casas,
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y a las dos barcas por ellas,
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donde, en la mitad del río,
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se vieron reina y princesa.
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Habláronse, no lo oí;
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luego dicen que el de Uceda
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hizo su razonamiento
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de aquella famosa entrega,
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a quien respondió el de Guisa
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lo mismo, en lengua francesa.
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Escribióse todo ansí,
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y al despedirse la reina
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le dio una cruz de diamantes
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a la señora duquesa
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de Medina; volvió al fin
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la barca a Francia con ella,
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yo fui a llorar, y mirando
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en España la princesa
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serenísima a los ojos,
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di otro sol que el agua templa,
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andaba encima del río
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la paz, divina doncella,
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con una túnica roja
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y azul a jirones hecha,
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sembrada de lirios de oro
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la parte azul; la sangrienta,
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de castillos y leones,
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y encima de sus cabezas
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sembraba oliva y laurel,
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clavellinas y azucenas
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diciendo: “Filipe y Luis
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vivan en paz, vivan; sean
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Ana y Isabel sus lazos”;
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y luego rompiendo vieras
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la superficie del agua
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sacar la honrada cabeza
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el claro río Behovia
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revuelta en coral y perlas,
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y que cercado de ninfas
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españolas y francesas
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todas respondieron: “Vivan,
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que por muchos años sea”.